Una navidad en México

Coqui Andrew

ANEXO II

LA REJEGA Y EL PEÓN GROSERO

PARTE 2

Cuando se separaron, ella lo vio a los ojos con furia, se hizo hacia atrás, él la soltó y le sonrió, ella sin más se echó a correr, Ramiro le grito- ¡Espere, señorita! ¡no se puede ir!- pero ella no le hizo caso, siguió corriendo, el muchacho le dio un tiempo, monto su caballo e hizo que el caballo corriera, Pauna al escuchar los cascos del animal, volteo, vio Ramiro que se acercaba, de repente sintió que era levantada y montada delante del joven. Volteo a verlo y le dijo

-Bájeme, grosero, no tiene ningún derecho hacer lo que hizo, trato de bajarse, pero no logro, Ramiro la sostenía fuertemente.

Llegaron a las caballerizas, bajo Ramiro, ayudo a Pauna a bajar, ella trato de irse, pero él la tomo por las muñecas y la jalo hacia las pacas de paja que había ahí, se sentó en una de ella y tiro de Pauna, poniéndola boca bajo y le dio tremendas nalgadas – Esto es porque se fue exponiéndose, ¿sabe que su hermano me podría haber golpeado por su imprudencia? ¡Está loca! – la levanto aún sosteniéndola de las muñecas, ella lloraba de impotencia.

-¡Majadero! Peón mal educado, cuándo se entere mi hermano voy hacer que lo corra, ¡¿Cómo se atreve a pegarme?!-

-¡Cállese, mujer loca!

Pauna logró zafarse y le propino tremenda bofetada que hizo que Ramiro se enfureciera más, pero él solo sonrió, desconcertando a Pauna, se acercó a ella, el tomo de la cintura y la besó, Pauna abrió sus ojos, con los puños trato de romper el beso, pero Ramiro no la dejo, logró domarla e hizo que le correspondiera gustosa.

Ellos eran observados por un par de ojos azules. Cuando vio que se separaron, ella trato de darle otra bofetada, cuando se escuchó- ¡¿qué pasa aquí?!- Pregunto Albert

Ambos voltearon hacia dónde provenía la voz asustados.

-¡William! Este… no sé cómo decirte…mmm- Pauna estaba muy nerviosa-

-Este peón majadero, ha tratado de abusar de mi- dijo con cierta inseguridad

Albert se le quedo mirando a Ramiro - ¿Es cierto lo que ha dicho, mi hermana?-

Dirigiéndose a Ramiro al ver que no le contestaba, volteo hacia su hermana y le dijo -Vete a la casa Pauna, tú y yo hablaremos después-

-Pero, William… - dijo ella

-¡He dicho qué te vayas! ¡Ahora! - casi grito, haciendo que ella se fuera corriendo a la casa –

Cuando vio que su hermana ya se encontraba lejos, soltó la carcajada, sorprendiendo a Ramiro

-¿Te encuentras bien, William? – Pregunto con cautela

-¡Claro, hombre! ya la tienes comiendo de tu mano jajajaja, no te preocupes vi todo, pero ¿qué te hizo, para que le dieras tremeeendass nalgadas? Jajajaja-

Ramiro desconcertado le contesto – Pues la bruta de tu hermana se cayó al río y pues yo me reí, se enojó y me abofeteo y pues yo le di un beso, se enojó más y salió corriendo y tú sabes que el camino es peligroso, pues monté mi caballo y la alcance, me hizo encobronar, William, por eso le di sus nalgadas, se las merecía- dijo tranquilo.

-Pues déjame felicitarte, eso le hacía falta, tienes su mano, hermano, solo falta que la pidas formalmente, no tardes mucho ¿Eh? - Dijo Albert

-¿Qué? ¿Acaso viene el prometido? Ese estirado del que me platico George-

-Jajajaja, ¿cómo crees? Ese ya no va a venir, ni hoy ni nunca, el muy cobarde le mando carta a mi hermana rompiendo el compromiso. Te prefiero a ti, que a ese holgazán y patán de hombre. Mi hermana merece lo mejor y quién mejor que tú, Ramiro.

-Por cierto, mañana los esperamos, van a llevar las figuras representativas del nacimiento, ahí les explicamos todo sobre esa hermosa tradición. Nos vemos William y gracias.

Al día siguiente llegaron todos, se les presento a las hermanas de Ramiro, Anne y Paty. Mientras estaban en la explicación llego la Tía Maru, los muchachos se retiraron un poco y comentaron sobre las serenatas que era una forma de conquistar a la mujer y regarles flores.

En la noche llevaron serenata a cada una de las bellas mujeres que había ahí instaladas, Pauna desde su ventana veía a Ramiro, feliz se encontraba, pero se hacía la interesante, cuándo Ramiro la vio le lanzo un beso, ella se molestó, pero abrió la ventana, sucedió algo inesperado Ramiro la esperaba un lado, pues se subió por una escalera, le dio un beso y le dijo- Esta flor se llama clavel y es para ti, belleza- Se bajó dejándola totalmente sorprendida.

Al día siguiente Pauna se encontraba dormida, cuando escucho que tocaban la puerta, se desperezo –Adelante- dijo; entro una doncella con un jarrón lleno de claveles rojos y blancos, hermosos- Abrió sus hermosos ojos y pregunto -¿Quién las envía? -

-Se las envía el joven Ramiro, aquí tiene la nota, señorita Andrew- entregándole un pequeño sobre, Pauna lo saco y leyó:

"Le envío estos claveles, que son como usted, única, la invito a almorzar. La espero donde se encuentra el gran manzano. Su Peón"

-Puedes retirarte, gracias- le dijo a la doncella, cuando se retiró, ella salió de la cama y se puso a brincar como niña, cuando termino, se dirigió al ropero a buscar un vestido adecuado para el paseo.

Llego la hora, le aviso a su tía que saldría a dar un paseo que no la esperaran a la hora de la comida, porque iba a visitar a una amiga.

-¡¿Una amiga?!- se preguntó la Tía - ¿Se estará volviendo loca? Que yo sepa aquí en Jalisco, no tiene amigas, pero en fin le seguiré la corriente- Si, hija, ve, pero procura estar a la hora de la cena, ¿Entendido?

-Sí, Tía- le dio un beso y se fue, salió por la parte trasera pues había investigado cómo llegar al gran manzano, hacía un poco de calor y el sol estaba en todo su esplendor, abrió su sombrilla de encaje y siguió el sendero, cuando se iba acercando vio al caballo de Ramiro, después vio una mesa bien puesta y hermosa, pues en centro había un jarrón con claveles, vio a Ramiro, quedando impactada, esta vestido a la usanza española, se veía espectacular pues era un muchacho alto, espalda ancha, brazos fuertes caderas proporcionadas, nalgas duras, firmes, piernas largas, musculosas, rostro muy varonil, ojos cafés claros, hermosos, eran muy transparentes, labios rojos y carnosos. Cabello negro y rizado.

-¿Estaré en el paraíso? - pensó Pauna- Es un ángel bajado del cielo- Suspiro

Al escucharlo, Ramiro se giró y lo que vio lo dejo sin habla. Pauna iba con un vestido blanco con azul celeste, guantes blancos, su rostro era hermoso, piel blanca, ojos azules como el cielo, pestañas largas, nariz respingada, labios carnosos, color rosa, apetecible, sus mejillas sonrojadas, su andar pausado y candente, el pobre hombre casi le da un infarto.

Continuará…

Chicas, gracias por sus comentarios y me da muchísimo gusto que les guste y amen a esta pareja.

El siguiente capítulo es el desenlace de esta hermosa historia.

Saludos y bendiciones,

Coqui Andrew