Una navidad en México
Coqui Andrew
ANEXO III
Candy y Albert
Estoy en espera de que nazca mi tercer hijo, hoy precisamente cumplen cinco años de cuando conocí a mi bellísima esposa.
Recuerdo que iba en la carreta para dirigirme al pueblo, hacer las compras para mi Tía Elroy, me dirigía hacia allá cuando la vi caminando a un lado del camino, me acerque y la salude, ella me vio, me sonrío y me pregunto - ¿Se le ofrece algo, joven? ¿Quiere alguna indicación? – cuando escuche su hermosa voz quede encantado y sus ojos son bellísimos, verdes como las esmeraldas y mostrando una pureza, recorrí su rostro todo en ella era perfecto y armonioso.
-¿Está bien? – pregunto
-Si estoy bien, gracias, ¿va al pueblo? – le pregunte
-Si me dirijo allá – me dijo con una bellísima sonrisa
-Perdone mi atrevimiento, mi bella dama, pero ¿me podría acompañar?
- Ella me miro, pero acepto, el sol y lo lejos que nos encontrábamos, hicieron que aceptara.
-¿Cómo se llama, señorita?
-Candice White, pero todos me dicen Candy y ¿usted?
-Me llamo Albert
-¿Trabaja usted para la familia Stewart?
Voltee a verla, me sorprendió que no me conociera, siendo hijo del administrador de los trenes. Creí que todos me conocían.
-Si trabajo para él – No le mentí, si trabajo para mi padre
-Mi Abuelito trabaja para el Sr. Stewart, pero lo trata muy mal – me dijo con tristeza.
-Qué mal, si he escuchado que trata mal a sus trabajadores – comente - ¿Dónde vives Candy? -
-Vivo cerca del río, Albert, pasando el bosque –
-¡Qué coincidencia! yo vivo cerca de la cascada – No mentí al decirle que vivía ahí, es mi refugio, es una pequeña cabaña, mi abuelo me ayudo a construirla.
-Está un poco de donde vivo Albert, estamos al otro extremo del río – me dijo
-¿Vives con tus padres, Candy?
-No, mis padres murieron hace cinco años, vivo con mis abuelitos y no tengo hermanos y ¿tu? – me pregunto, se nota que ella es sincera, sus ojos me lo dicen.
-Si tengo una hermana se llama Pauna, pero ahora no está conmigo está viviendo con una tía que cuida a sus nietos, ¿qué edad tienes Candy?
-Tengo 17 años, Albert ¿Tu cuántos tienes?
-22 años Candy, soy mayor que tu – Ella se sonrojo
Llegamos al pueblo hicimos nuestras compras y nos regresamos, pase a la casa donde vivo con mi hermana y mi tía.
-Espérame aquí Candy voy a dejar esto en la casa de mi patrón y te llevo a la tuya.
-No, te lo agradezco, pero puedo irme sola… - negué con mi cabeza
-Te dije que yo te llevo, no tardo –Le sonreí y acepto
Después de descargar todo, lleve a Candy la deje cerca de su casa, es muy pequeña, fue lo que pude apreciar.
En ese momento nació una amistad que con el tiempo se convirtió en amor, me fui enamorando de ella poco. Hasta le pedí que fuera mi novia, ella acepto con gusto, empezamos a salir, nuestras familias no sabían absolutamente nada, era nuestro secreto.
Un día estábamos en el río junto a mi cabaña, almorzamos, nos quedamos viendo, nuestros rostros se fueron acercando poco y nos besamos, su beso era tímido, tierno, la aprisione un poco más, ella me dio a acceso a su boca, le enseñe como jugar y disfrutar de nuestras lenguas, cuando terminamos, su rostro, estaba sonrojada, su mirada brillante, limpia, eso siempre me ha gustado de ella.
-Es mi primer beso – me dijo con timidez
-Está mal que te pregunte ¿te gusto? – le pregunte tomando sus manos
-Sí, me gustó mucho – dijo muy bajo, pero la escuché perfectamente, me reí
-¡Oh! Creo que te estás burlando de mi – me dijo enfada
-No, bonita, no me río de ti, me da gusto que te haya gustado siendo tu primer beso y eso es un honor para mí – le dije volviendo a tomar su rostro, esos ojos me tienen hechizado y la vuelvo a besar, tomándola por sorpresa.
Después de algunos besos más, me dijo – Hace calor, ¿podríamos nadar un rato? – Me pregunto
-Pero no tengo un bañador – le dije - ¿Tu traes?
Me miro muy extrañada - ¿Necesitas ropa especial para nadar? – pregunto
-Bueno yo sí, ¿acaso tu nadas, desnuda? – pregunte rascándome la cabeza, no entendía, ella se empezó a reír
-Eres extraño, yo nado con mis enaguas y si a veces lo hago desnuda – esta pequeña me lo dice sin vergüenza alguna - ¡Voltéate! Para que me pueda desvestir - la miro, le sonrió, me giro en dirección a mi cabaña, cierro los ojos, solo escucho, un rato después, que se lanzó al agua, volteo. la veo en el río, me mira, hace señas de que me acerque, obediente lo hago - ¡El agua está rica, anda ven a mi lado! – me dice, solo asiento, me quito la camisa, pantalones y las botas, ella me ve, pero su mirada es limpia sin morbosidad.
Me lanzo al agua, empezamos a nadar, llegamos al centro del río, ahí jugamos lanzándonos agua, se acerca hasta donde hay una roca, se sube, quedo con la boca abierta, pues a pesar de estar en ropa interior su figura se trasluce con los rayos del sol, ¡es hermosa! ¡Toda ella perfección! Me acerco y la recibo en mis brazos, la beso, porque mi deseo es más grande, ella me corresponde, me la llevo atrás de la cascada y ahí continuamos una larga sesión de besos y manos la acarician, es timida, pero poco a poco me corresponde, escucho ruidos cerca, me separo de ella – Espérame aquí, no salgas, le digo, esta confundida, salgo a la superficie y veo un caballo, lo reconozco en seguida, es de mi padre.
-¿Qué haces? – Escucho una voz atrás de mi
-Vine a nadar ¿hay algún problema con eso? – Le contesto
-¿Me crees estúpido? Sé que estás revolcando con una cualquiera, recuerda que estás comprometido, asi que deshazte de tu querida, si no quieres que lo haga yo.
Apreté mis manos – No te metas en mi vida, sabes que nunca me casaré con la mujer que escogiste, así que vete ¡déjame en paz! – Le grite
Él me sonrío con burla – Eso lo veremos - monto su caballo y se alejó, cuando vi que se perdió en el bosque, regresé con Candy –Vamos, preciosa, es hora de irnos – Ella solo asintió, pero antes de salir le di un último beso.
Llegamos donde se encontraban nuestras ropas, entre a la cabaña por unas toallas para secarnos, regrese con ella, le entregue una, me tenía embelesado, ese rostro perfecto, sus labios que invitan a darle besos, su cabello largo y rizado, ¡estoy enamorado!
Nos vestimos, ella recogió todo, la monte en mi caballo, después yo, la sujete por la cintura y nos dirigimos a su casita.
Los días pasaron siempre disfrutaba de su compañía, estábamos en mi cabaña, cenando, le tenía una sorpresa, hoy le voy a pedir que sea mi esposa, si me acepta, nos iremos lejos.
-¿Pasa algo, Albert? – me pregunta
-Este… si … es que – me rasco la cabeza de los nervios – no sé cómo comenzar –Bueno, por el principio, ¿no crees?, la cena estuvo deliciosa, Albert – me sonríe
-Si, Candy, te quedo deliciosa, espero que me sigas consintiendo con tus artes culinarias – Me acerco a ella.
-Candy, mi amor, desde que te conocí, quede prendado de tu belleza, pero mientras más te conocía, me enamore, porque eres bella en tu interior, eso me cautivo, por eso quiero pedirte que seas mi esposa ¿Aceptas? – Ella estaba sorprendida, la tomo, de las manos, me acerco más, le doy un beso, no lo pude resistir, cuando nos separamos, me sonríe
-Si, Albert, acepto ser tu esposa – Ahora ella tomo mis labios.
Al separarnos, saque de mi bolsillo un anillo sencillo, sé que no es de la calidad que puedo comprarle siendo yo rico, pero si se lo compraba, pensaría que lo robe, así que tome su mano y le introduje el anillo, está encantada y con lágrimas en los ojos.
-¿Por qué lloras, mi bella? –
-Es de felicidad, amor, esta bellísimo, gracias –
-Me encanta cuando me dices amor, por cierto, mañana hablare con tus abuelitos, para casarnos lo más pronto posible –
-Está bien, ¿a qué hora? Quiero prepararte algo especial y por fin mis abuelitos te conocerán –
-Así es mi amada, mañana arreglare todo con ellos –
-Está bien – me dice y me abraza, yo la acerco más a mí, la beso con necesidad, pasión y la tomo en mis brazos, llevándola hasta mi habitación, la coloco suavemente en la cama y me acuesto a su lado, sin soltar esos labios rojos que me vuelven loco.
Paso mis manos sobre su cuerpo, ella se estremece, pero solo suspira dejándome continuar, ella con sus pequeñas manos me recorre desde mis cabellos hasta mis brazos, le retiro la ropa que lleva, me separo y me levanto de la cama, para desvestirme, se sonroja, esta adorable y voltea su cara, es una penosa, me vuelvo a costar a su lado y empiezo a besar su rostro hasta volver unir nuestras bocas, las caricias se hacen más atrevidas y pasionales, hasta entregar nuestras almas y cuerpos.
Abrí mis ojos vi por la ventana que era de noche, voltee a ver a Candy dormía plácidamente en mis brazos, me siento un canalla por robarle su virginidad, pero no me arrepiento, fue hermoso, ella es fuego, pasión. Le doy un beso, la desperté con muchos más besos, ella solo sonreía, es tan hermosa.
-Oh, Albert ya es de noche, mis abuelitos han de estar preocupados, se paro dejándome con un vacío en mis brazos, la vi vestirse apresuradamente, yo tuve que hacer lo mismo, pues tenía que dejarla en su casa, salimos apresurados de la cabaña, monte mi caballo y le di mano para ayudarla subir, sentir su cuerpo cerca del mío es gratificante, nos dirigimos a su humilde cabaña, ella se sorprendió porque no la deje donde siempre, vimos dos siluetas afuera, se notaban preocupadas, cuando oyeron los cascos de mi caballo, voltearon.
-¿Albert, qué haces? -
-Pues dejarte con tus abuelitos, quiero que me conozcan y avisarles que mañana quiero hablar con ellos –
Los abuelitos de Candy, esperaban a que bajemos del caballo
-¿Candy, eres tú? – pregunto el señor
-Sí, abuelito, soy yo-
-¿Quién viene contigo? –
-Este… abuelito…- mi princesa estaba muy nerviosa, asi que desmonte del caballo y la ayude a bajar.
Me acerque a los señores - Mi nombre es Albert Johnson y soy novio de Candy, ellos me miraron con sorpresa y voltearon a verla, ella estaba sonrojada.
-¡¿Tu novio, Candy?! ¿Desde cuándo? – preguntaron
-Si me permiten hablar señores White, les explicaré – dije para salvar a mi amada.
-Está bien, pase, señor Johnson – Me sorprendió mucho, su invitación para entrar a su casa.
-Gracias – dije, ellos entraron después de mí.
-Tome asiento, por favor, perdone, pero nuestra casa es humilde a comparación donde vive usted – comento el señor
Eso me hizo pensar que saben quién soy, al ver mi cara de sorpresa creo que entendieron algo.
-Candy, hija puedes ir a traer agua del pozo, por favor – dijo el señor
-Sí, abuelito, ahora regreso Albert- me dijo, tomo un balde y salió
-Señor William – me dijo su abuelito – sé quién es usted, es el hijo de ese desalmado y ruin hombre, administrador de los trenes, no entiendo qué hace usted con mi nieta, ¿acaso está jugando con ella? ¡Los ricos como usted son unos miserables! – me sentía mal porque el señor tenga esa impresión y si era por el comportamiento de esos ricos y mi padre, que estaban repercutiendo en mí.
-Señor White, yo no soy como mi padre, asi que le pido que me escuche antes de seguir juzgando, por favor –
-¿Cómo no pensarlo, cuando viene presentándose con otro apellido, dígame por qué hace eso? –
-Tiene toda la razón señor, pero me avergüenza mi apellido, por eso me presento con otro, no quiero que como usted lo hace se me juzgue por mi apellido que está mal representado por mi padre y no pretendo jugar con su nieta, la conocí hace unos meses atrás, me gustó mucho y nos frecuentamos para conocernos, con el tiempo le pedí que fuera mi novia, mis intenciones son casarme con ella, por eso vine hoy, para me permitan venir mañana a pedirla en matrimonio, señor White. Solo le pido que no mencione mi apellido, pues deseo cambiarlo, estoy en trámite de hacerlo, por favor.
Además, quiero irme a otro lugar a iniciar nueva vida con ella y con ustedes, si quieren acompañarnos – le dije
Ellos estaban sorprendidos, por lo que decía –Esta bien, pero ¿qué apellido va usar para cuando se case con mi nieta?
-Andrew, señor, dejaría de ser Stewart, para ser William Albert Andrew – dije con orgullo mi nuevo nombre – aún está en trámite en dos meses me dan oficialmente mi nuevo documento.
-Está bien, esperaré, pero si no lo hace. ¡Olvídese de mi nieta! – Me dijo
-Sí, señor White, asi será – dije todo nervioso, en ese momento, entro Candy con un balde lleno de agua, me apresure ayudarle, bajo los observadores ojos de sus abuelitos.
-Sobre la petición de mi nieta Candy, lo hacemos ya oficial, para que esperar hasta mañana – dijo el abuelito – Asi que tome asiento y cene con nosotros.
Candy y yo nos quedamos sorprendidos, acepte de inmediato, pregunte a ella –Candy ¿Aceptas ser mi esposa? – mirándola a los ojos
-¡Albert! Si, acepto – Me abrazo y después fue con sus abuelitos.
-Bien a celebrar – dijo la abuelita.
Todos nos dispusimos a cenar, con ellos me sentía feliz, en familia, son las personas más sencillas y humildes que conocí esa noche.
Pasaron los días y tuve que ir a la ciudad para recoger mis papeles.
-Candy, tengo ir a Chicago, voy a recoger unos documentos, para podernos casar, son muy importantes para mí, quiero que me esperes, por favor – le dije a Candy, estábamos en la cabaña.
-Está bien, Albert, te esperaré y extrañaré – me dijo con su suave voz
Me acerque y la tome por la cintura, para besarla. Esa tarde nos entregamos a nuestro amor.
Al día siguiente partí a Chicago, pasaría a comprarle un vestido a Candy para nuestra boda. Llegue al Registro.
-Buenas días, ¿se encontrará el juez Smith? – Pregunte
-Sí, señor, en un momento lo atenderá – Me dijo la secretaria del Juez
-Gracias – tome asiento en la pequeña sala de espera.
Mi pequeña Candy, ¿Cómo estaría? Estaba tan ensimismado en mis pensamientos, que no escuche que me llamaron, hasta que la secretaria me toco el hombro, muy molesta, me dijo – Qué ya puede pasar – señalándome la puerta de la oficina del Juez.
-Muchas gracias, señorita – le dije con una sonrisa
-Pásele –
-Buenos días, señor Juez, vengo a recoger los documentos, que hacemos cambio de apellidos –
-Ah sí, ya recuerdo, los de su tía, hermana y usted ya están listos, los de sus sobrinos aún no están, como son menores de edad y están bajo tutela de la abuela, van a tardar al menos dos semanas más –
-Oh, pensé que ya estrían todos los documentos, me hubieran avisado, no puedo quedarme dos semanas, tengo que hacer allá en el pueblo – dije con algo de molestia.
-No se preocupe, puede volver, pero yo le enviaré un telegrama cuando estén listos, le parece, ahora le hago entrega de los demás papeles – Me extendió la documentación para que la revisará.
Una vez que revise que todo estuviera en orden, firme de recibido.
-Pues todo está en orden, le agradezco Señor Smith, la atención hacia mi persona – Me levante para despedirme.
-Bien señor Andrew, usted ya es oficialmente William Albert Andrew, espero verlo pronto – Nos despedimos.
Salí contento del lugar, pues ya podía casarme con mi pequeña, pero ahora tendría que decirle mi verdadera identidad.
El viaje de regreso, se me hizo eterno, pues quería verla, extrañaba, su sonrisa, sus besos, su calor y sobre todo esos ojos verdes que me decían "Te amo"
Llegue a mi casa, para mi desgracia estaba mi padre con los señores Wilson y su horrible hija Mary, supuestamente es "mi prometida", pero solo aceptaron porque creen que mi padre es rico, chasco que se van a llevar cuando sepan que dejo a mi hermana sin herencia y él ya no tiene dinero, solo yo guarde mi herencia porque la retire a tiempo del banco, gracias a mi amigo George Johnson.
-Buenas tardes, padre – dije – señores Wilson, Mary, un placer verte -
-Buenas tardes William – dijeron
-Qué buenos que llegas, hijo, te aviso que los señores vinieron para que el sábado sea anunciado su compromiso – dijo mi padre.
-¿Qué estás diciendo? – pregunto alzando la voz.
Mi padre me miro con resentimiento y amenaza.
-Lo que escuchaste y no me hagas repetirlo -
-Esta noche cenaremos para los detalles de la fiesta – así que vayan a descansar – dijo mi padre – Hija que bueno que estas aquí. ¿puedes llevar a los señores Wilson y a su hija a sus respetivas habitaciones – se dirigió a mi hermana Pauna, quien había ingresado junto con mi tía Elroy.
-Buenas tardes –dijo mi tía.
Los señores Wilson y su hija se retiraron, mi padre se volteo a verme enfurecido.
-¿Cómo te atreves a preguntar, cuando tu matrimonio está planeado desde hace dos años? – me pregunto
-Ya te lo he dicho, no voy a casarme con esa señorita – lo mire retando
-¡Eres un desgraciado! Lo único que haces que me enferme, ¡de seguro sigues revolcándote con la campesina esa! – Me grito
-Ese asunto no es de incumbencia – Le dije en el mismo tono
-Es mía, porque sabes que los señores Wilson son los que nos sacaran de la pobreza que hemos caído –
-Jajajaja – Me reí – No creo que acepten, pues ellos tampoco tienen riqueza, perdieron todo por los malos negocios que hicieron. Al igual que la familia del prometido de Pauna, pero eso ya está hecho –
-¿¡Qué estás diciendo!? ¿No son ricos? –
-No – fue mi respuesta
-Te aviso de una vez que me iré lejos de aquí y conmigo se irán mi tía, sus nietos y Pauna –
-¿Es cierto Elroy? –le pregunto
-Sí, ya me cansé de estar a tu lado, ¡te has gastado la herencia de tu hija! y quieres gastarte la que nos pertenece mis nietos y a mí. Y no lo voy a permitir, prefiero irme a quedarme contigo y ser infelices – le dijo con mucho rencor.
-No creo que Pauna, se quiera ir, su prometido está aquí y pronto se casarán, además tú ya firmaste el acuerdo prenupcial, así se quedarán hasta que se case y es una orden.
Mi tía y yo lo vimos con rencor, pero nos dimos cuenta que la dama de compañía de Mary, estaba escuchando todo, nos miramos y sonreímos, ellos ya se enterarían de que mi padre está quebrado.
-Sobre lo de mi hermana, seré yo quien decida, cuando nos vayamos de aquí, veremos si se casa con ese patán de Frank Chester – le dije y salí de la sala, obviamente mi padre se quedó con el coraje.
Llego la hora de la cena, todos estábamos en el comedor, terminamos de gustar la cena, cuando el señor Wilson tomo la palabra
-Señor Alexander, me he enterado que sus finanzas no son buenas y que tiene muchos adeudos, además de llevar mal la administración de los trenes, así sin más preámbulo, hemos decido dar por anulado el compromiso de nuestra hija Mary con su hijo William, le agradezco la atención que tuvo con nosotros para recibirnos en su casa, pero mañana mismo nos iremos – dijo el muy cínico
Mi padre solo empuño sus manos -¡LARGO DE MI CASA! – grito, golpeando la mesa, se acercó al señor Wilson lo levanto de la silla y lo arrastro hasta la salida, su mujer e hija, salieron tras ellos, con gritos insultantes para él. Le pedí a los sirvientes que empacaran sus cosas y los llevaran al hotel, que los dos primeros días de hospedaje iban por mi cuenta en lo que decidían sobre sus vidas.
Al día siguiente, me dirigí a la cabaña, para dejar el regalo que le traía a mi pequeña, ¡cuál fue mi sorpresa, ella estaba ahí!
-Candy – le llame, ella se giró hacia mí, corrió a mis brazos, que la recibieron con gusto, ni tarde en darle un beso, nos adentramos en la cabaña y nuestras caricias subieron de tono hasta entregarnos al amor y placer.
Los días pasaron y llego el momento que tenía que volver a irme a la ciudad para recoger los documentos de mis sobrinos, esa tarde después de nadar y comer, hicimos el amor, estábamos acostados en la cama, cuando escuchamos que abrieron la puerta de un golpe, nos levantamos asustados, mi reacción fue poner a Candy detrás de mí, cuando vimos quien entro a la cabaña ¡mi padre!
Él nos vio con rencor y me abofeteo, me dijo qué hacía allí con esa golfa, cosa que me molesto mucho –Ella no es ninguna golfa, es MI MUJER – le dije
"Él se empezó a reír, mi Candy lloraba, se vistió y salió sin darme la oportunidad de hablar
-Bien lograste que ella se fuera, pero es la última vez que te diriges asi, es MI MUJER Y ME VOY A CASAR CON ELLA, TE GUSTE O NO, es más ni me interesa lo que piensas, ni lo que digas – Así que lo tome por la chaqueta y lo saque de la cabaña.
-¡TE VAS ARREPENTIR, ALBERT! ¡JAMÁS TE CASARÁS CON ESA! Y se fue.
Ingresé a la cabaña y me vestí, para después salir en busca de mi pequeña.
Llegue a su casa, su abuelito está en la entrada y me pidió que me fuera, que Candy no quería verme por el momento.
-Está bien señor White, solo dígale a Candy que me espere regresando de la capital, nos casaremos y nos iremos de aquí todos – el abuelo asintió.
Me fui a la casa donde estaba mi Tía –Albert, tenemos que hablar – dijo muy seria -¿Qué pasó Tía? – pregunte
-Hijo, vino el Alcalde de aquí y nos dejó este oficio, donde se notifica que nos debemos ir de Chicago a la brevedad, por culpa de tu padre, si no queremos que todos vayamos a la cárcel, debemos irnos – Me dijo al mismo tiempo mostrándome el documento, lo leí y efectivamente decía que nos deberíamos ir.
-Tía empaque todo, váyanse a la cabaña, allí me esperan, de ahí paso por la que va ser mi esposa y nos vamos a México, George ya está allá para hacer la compra de una hacienda, si usted y los muchachos se quieren quedar aquí en los Estados Unidos, no hay problema, pero yo no me quedo – le comenté
-¿Y tu hermana? – pregunto
-Ella se irá conmigo, Tía, no creo que se realice su boda con el mantenido de Frank, quieren casarlo con ella para que yo les lleve sus negocios y gratis, ¡están locos! Así que cambie el acuerdo prenupcial, cuando se den cuenta ya estaremos lejos, le pido Tía no le comenté nada a mi hermana, por favor
-Claro que sí, hijo cuenta conmigo, además nos vamos contigo, yo tampoco me quedo en este país, si crees que allá estaremos mejor ya no hay nada de qué hablar – me dijo mi Tía convencida.
-Está bien, avísele al Alcalde, que nos iremos, que proceda contra mi padre, no me interesa lo que le pase, mañana voy a recoger los documentos de los muchachos y regresaré a la brevedad, para irnos todos.
Al día siguiente partí a la Capital para recoger los documentos de los muchachos, ese mismo día le mande un cable a George para que me diera noticias sobre la compra de la hacienda, espere algunos días, que se me hacían eternos, pero era necesario pues no quería irme sin saber a dónde, aún no ha encontrado la indicada. Así que me regrese, iría por mi familia y la mujer que amo.
Fui directo a la cabaña, ahí me encontré con mi tía, los muchachos y mi hermana.
-Hijo, vino un señor a dejarte esta carta – me la dio mi Tía
Abrí la carta y empecé a leerla
"Albert, me voy de tu lado para siempre, no quiero saber nada de ti ni de tu familia, pues sé que están en la quiebra, solo estaba a tu lado por tu dinero"
Candy
No lo podía creer, mi Candy, no me amaba, lloré y rompí esa maldita carta
-¿Quién trajo esa misiva? ¿Cómo era la persona?
-Pues era un señor grande, hijo
Monte mi caballo y me dirigí a la casa de ella, al llegar vi que estaba vacía, no había nadie ahí, me adentre más y vi algunas cosas tiradas en el piso, es como si hubieran huido de ahí. Eso me dio mala espina y recordé que Candy no sabía escribir, ni leer.
Me regrese, mi tía me pregunto qué pasaba, le explique algo no sé si me entendió, pero solo les dije que nos iríamos a la Capital a esperar noticias de George.
Mi padre fue arrestado y enjuiciado, fui a verle porque lo solicito, de mala gana acepte verlo
-Se fue tu paloma, jajajaja, esa es un cualquiera, le ofrecí dinero y acepto, eso te enseñara a no creer en las mujeres y menos con las de carita de ángel, esas son las peores – me dijo burlándose
Me enoje – Y solo eso es lo querías decirme, no era necesario, ya lo sabía y espero nunca volverte a ver ¡Adiós! - Me retiré de ahí y nunca más volví a saber de él.
Pasaron unos meses y al fin recibí carta de George, asi fue como llegamos a Guadalajara, México y pues saben que allí me encontré a mi amor Candy, ella me dijo que mi padre mando a golpear a su abuelito, si no se iban, me conto que encontró al señor González y se fueron con él y lo mal que paso con la hija del señor, pero gracias a Dios se encontró con una familia que los acogió y le enseño a leer y escribir a mi pequeña.
Pero lo mejor de todo es que ella tenía el fruto de nuestro amor ¡mi hijo! Y yo pensando en que mi padre había dejado hijos regados por ahí, ¡Qué estúpido!
Cuando le pedí a Ramiro para que nos ayudara a escapar para casarnos, él acepto encantado, pero me puso de condición que mi hermana nos acompañara, eso me agrado porque ese arroz se iba cocinando lentamente.
En todo el camino, ellos iban peleando y mi hermana reprochándome que hacía mal, pues la Tía se iba enojar mucho, pero a mí no me importaba en lo absoluto.
Ramiro le estaba enseñando hablar español, pero la bruta de mi hermana caía en sus trampas, Candy y yo solo nos reíamos. Después de que nos casamos y registramos a nuestro hijo, fue el momento más feliz de ambos, mi retoño era el primero de mi descendencia con el apellido Andrew.
Los años pasan y Candy, me dio otro hijo al cual le dimos el nombre de William, hoy me da al tercero, estoy en espera de que nazca y ver a mi amor.
El vivir aquí fue la mejor decisión que tuve, mis sobrinos están felices, están en espera de su primer hijo, parece que las hermanas y amiga se pusieron de acuerdo, pues en algunos meses más nacerán. Mi hermana esta por cuarto embarazo y Ramiro está muy feliz. George tiene dos bellas hijas y un varón.
Escucho el llanto de un bebé, me paro de inmediato, me acerco a la habitación, en espera a ver quién sale, Ramiro y mis sobrinos se acercan también.
-¡Albert! – me dice mi tía quien salió de la habitación – Puedes pasar tu esposa te espera – me dice y se hace a un lado para dejarme pasar, veo al doctor con un pequeño bulto en sus brazos -¡Muchas felicidades! Es una hermosa nena y me entrega a mi hija, descubro su rostro ¡es hermosa!, igual a su madre.
Me acerco a Candy quien está en la cama con los brazos abiertos para recibirnos, toma a su hija y yo la abrazo con todo el amor que le profeso. Mis pequeños entran para conocer a su hermanita, se acercan, mi amada y yo los abrazamos, ellos felices y reciben con amor a su pequeña Candy.
Nuevamente los meses pasan, ya nacieron los demás pequeños y pequeñas, los Arizmendi felices y los Andrew igual, estamos por festejar otra Navidad en México.
Fin
Casi un año después doy fin a esta hermosa historia, la cual gano el año pasado en la dinámica de Navidad. Le agradezco a todas, sus hermosos comentarios y que la pareja de la Rejega y el Peón grosero les haya gustado.
Infinitas gracias y bendiciones
Coqui Andrew
