Disclaimer: applied
※
_Inalcanzable _
※
.
.
.
El tercer príncipe sorbe pausadamente su infusión, mientras observa a su prometida degustar la repostería que consiguió en esa ocasión para su deleite.
—¡Son deliciosos Geordo-sama! —exclama la joven con la mirada perdida en su panquecito y el rostro sonrojado.
—Me alegra que lo disfrutes.
Oh sí, Katarina puede creerse muy astuta por haber dilucidado su fobia a las serpientes y gastarle bromas en cada oportunidad disponible. Pero Geordo también conoce la debilidad de su invitada, y esa es el gusto por los dulces. Caseros o de alta cocina; la joven no reprime su goce al deslizarlos por su paladar, y el príncipe no desaprovecha tampoco esos escasos momentos en los que se puede permitir disfrutar de su hermosa compañía, esos escasos momentos que solo a él pertenecen, cuando Keith no está molestamente pegado a su hermana y haciendo mal tercio.
«Siempre estorbando»
Observa aquellas manos enguantadas en fino satén blanco sostener el asa delicada de la tacita con decoraciones azul pálido. Sus labios rosas bebiendo el líquido caliente. Geordo se sorprende envidiando a la costosa cerámica presionando esos labios tan anhelados ¡Cómo le gustaría ser aquel té Gourmet acariciando su lengua!.
El joven príncipe es consciente de lo bajo que ha caído al recurrir a semejantes artimañas para obtener al menos un poco de la atención de su futura esposa, pero ya no sabe que más hacer, sus incipientes intentos de seducción no parecen tener ningún efecto en Katarina y eso lo vuelve loco.
En la celebración de sus quince años claramente le había insinuado su deseo de hacerla completamente suya, y que no había lugar a réplicas con respecto al compromiso que el no estaba dispuesto a disolver. Le había besado el cuello, la había presionado sensualmente contra su cuerpo y luego nada.
No conseguía alcanzarla.
Cuando ingresaron a la academia de magia ilusamente creyó que todo iría viento en popa con su prometida, grande fue su decepción al suceder todo lo contrario, la joven atrajo todavía a más personas a su alrededor matandolo de celos posesivos.
Katarina quiere a todo mundo y todo mundo la quiere a ella. Así es como funciona.
Es como los brotes de tierra labrada bajo su cuidado; florece con afecto y cuando germina, envuelve todo con la belleza y calidez de su alegría.
Katarina es como una planta. Katarina es como un espejo, refleja lo mejor de los demás, irradia simpatía, su superficie es cálida como si la luz se encontrase a gusto con ella y se multiplica como un prisma hacia todas direcciones tiñendo de colores las superficies donde toca.
Es el arcoíris tras la tormenta gris que solía ser su existencia. Tan inalcanzable.
Katarina tiene diminutas partículas de azúcar en la comisura de su boca y Geordo coloca su taza en el pequeño plato sobre la mesa al terminar su infusión, pensando en su adoración hacia esa forma de ser tan fresca y despreocupada.
Simplemente encantadora.
—Desconocía tu afición hacía la lectura Katarina, me he enterado a través de Nicol que intercambias gustos literarios con su hermana.
—Uhm... así es. Tenemos una especial inclinación por las novelas románticas —responde sonriente tomando ahora una galleta—. Quizás podrías acompañarnos un día de estos en una de nuestras sesiones de lectura Geordo-sama.
Geordo resopla y mira la pared detrás de Katarina, luego mira el techo y cierra los ojos cansados. Sonríe una vez más, se pone de pie y camina hacia la ventana, observando los matices del atardecer a través del vidrio.
—Muy considerado de tu parte. Sin embargo me temo que mis gustos difieren mucho de los suyos —ríe con elegancia.
—¡Oh en serio! ¿Y cuál es tu libro favorito? —pregunta curiosa mientras sorbe su té.
—Veamos —responde pensativo tomando su barbilla—. Un libro de fabulas que solía leer de pequeño. De hecho hay una que recuerdo bastante bien.
La historia hablaba sobre un pintor solitario que vivía en un castillo. Solía pintar solo en blanco y negro. Para el, eran esos dos colores los únicos que existían en el mundo. Un día, una mariposa muy hermosa apareció ante él. Sus alas tenían colores vividos y nítidos como nunca había visto. El pintor estaba fascinado con la mariposa y la pintaba día tras día. Pero empezó a preocuparle que la mariposa desapareciera un día. Entonces se le ocurrió que si capturaba a la mariposa, podría tenerla para siempre a su lado.
—Debió temer mucho perderla —Geordo no vio la sonrisa triste de Katarina—. Pienso que de ser yo, habría actuado diferente.
—¿Por qué lo dices? —pregunta sorprendido dándose vuelta.
—Seguro que la mariposa tampoco quería perder sus cielos y su libertad para volar. Por eso en vez de atraparla, yo la perseguiría. Sin divisar un futuro sin ella. Siempre avanzando —concluye sonriendo dulcemente—. Atesorando cada momento a su lado, para después ser capaz de dejarla libre sin remordimientos de no haber hecho lo posible por estar con ella.
Esa respuesta toma desprevenido al príncipe. Entonces llega a la resolución de que él también procederá de ese modo, y no se dará por vencido hasta que sus sentimientos alcancen a la bella mariposa que a llenado su mundo gris, de vividos colores.
Tal vez...
—Katarina... yo...
Geordo no sabe en qué momento se acerca a Katarina y la toma por los hombros, así como está, aún sentada en aquel elegante sofá de la estancia en su habitación que da la espalda a la entrada. Es mejor así, si se inclina y le susurra al oído lo que siente sin más preámbulos, sin introducciones elegantes.
Tal vez ahora sea capaz de alcanzarla.
—Te a...
¡Plap!
El «Nēsan te estuve buscando hasta por debajo de las piedras» y el sonido del portazo que casi le fractura la columna frenaron sus intenciones. Una. Vez. Más.
—Keith, tan oportuno como siempre —lo recibe con su sarcástica cordialidad. «Respira, respira. Eres un caballero».
—Solo velo por él bienestar de mi nēsan, se está haciendo tarde, y una dama no puede permanecer en el dormitorio de un hombre a estás horas por muy príncipe o «prometido» que este sea —apunta sonriendo con suavidad—. Estoy seguro que la academia no mira semejante comportamiento inapropiado con buenos ojos.
¡Maldito Keith de los cojones!
Ajena al duelo de sonrisas cordiales al que se baten ambos jóvenes a sus espaldas, Katarina se enternece de la afición de niño pequeño de Keith por seguirla a todas partes, alegrandose de que siempre se lleve tan bien con Geordo.
¡Uy, aún queda una galleta!
.
.
.
※
Me encontré deseando escribir sobre Geordo en esta ocasión jaja. (Con mi Keith latosito como siempre rompiéndole las pelotas xD)
No tengo nada contra las otras shipps, yo amo a cada personaje de esta bella obra y voy a escribir al menos una viñeta o one-shot de cada pareja ;)
Disculpen los posibles fallos y gracias por su lectura y comentarios! :D
¡¡Si no han leído Razones pasen a leer, es una viñeta Keith/Katarina!!
※
