Disclaimer: Personajes inspirados de la obra de Jane Austen "Orgullo y Prejuicio/Pride and Prejudice". Laina Lee es quien posee los completos créditos por la creación de esta increíble historia.
Título al español: La Redención de un Hombre Honorable: Ganar su corazón
Traducción: Serendipia Efímera cuenta con la autorización de la autora de "Vindicating a Man of Consequence: Gaining Her Heart" para su traducción al español.
Link de la Historia Original: s/12973663/1/
Historia Original: Este trabajo se encuentra completo en su versión original (inglés), el cual se puede encontrar en el perfil de la autora.
Adicional: La historia se mantendrá contada mayormente por nuestro Sr. Darcy, desde niño, joven, en su tiempo para la historia original, etc.
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"Gusanos y serpientes"
Desde que tengo memoria, siempre me ha fascinado las cuerdas, el hilo, la lana o cualquier cosa que pueda desenrollar. Tengo una predilección por todas las cosas largas y delgadas, pero especialmente aquellas que puedo sostener en mis manos y manipularlas. ¿Quizás la enfermera Storey se dio cuenta desde la primera vez?
Recuerdo que en la guardería había un armario completamente lleno con toda variedad de cosas largas y delgadas que podían desenrollarse. Nada me deleitaba más que relajarme con eso. A veces era la mera acción de hacer una pila y ver lo que había sido algo compacto y organizado convertirse en una colina de enredos y vueltas. A veces era ver cuánto tiempo podía llevarme colocar largas filas de esas cosas. A veces solo era yo dándole vueltas a las manos extendidas de la enfermera Storey. A veces tiraba un bulto y miraba qué podía agarrar.
Mi madre solía darme hilo de bordar, lana y cintas largas, pero me emocioné especialmente cuando me trajo una cuerda larga.
Cuando era joven, no dudaba en jugar con mis gusanos y serpientes, como era que los llamaba. No me importaba quién me viera con ellos, pero ahora sé que este es otro ejemplo de mi rareza. Ciertamente, las cuerdas y demás son útiles, pero ninguna otra persona las consideraría juguetes.
Mi institutriz Hayes chilló cuando entró a la guardería por primera vez y encontró mi colección tirada por el suelo. El sonido fue ensordecedor y lastimó mis oídos (desde entonces aprendí que mis oídos son inusualmente sensibles). Salté y me escondí detrás de la enfermera Storey, sin siquiera atreverme a mirar alrededor, protegido entre sus faldas.
La enfermera Storey trató de callarla, hablándole en el tono suave que usaba conmigo cuando estaba molesta, pero la institutriz Hayes no se quedó callada. Intercambiaron muchas palabras, la suavidad de la enfermera Storey contra la dureza de la institutriz Hayes.
Al final, la enfermera Storey se volteó a verme, se inclinó y me abrazó. Me quedé acurrucado en ella incluso después de que me soltó. Dijo con una voz tranquilizadora: "Adiós, joven Darcy. Siento no poder quedarme. Haz tu mejor esfuerzo. Recuerda, eres un buen caballero". Luego, en un susurro muy tranquilo, murmuró: "Te amo".
Yo sabía que eran las despedidas. Ella me había dicho "adiós" muchas veces; Madre también. Sin embargo, sabía de alguna manera que esta despedida era diferente. Traté de seguirla fuera de la guardería, agarrando su falda fuertemente con mi mano.
Sin embargo, la institutriz Hayes me tomó con fiereza, me apartó y luego cerró la puerta. Grité y lloré, pero la enfermera Storey no regresó.
La institutriz Hayes me soltó y seguí llorando junto a la puerta. Finalmente me calmé lo suficiente como para darme cuenta de lo que sucedía a mi alrededor. Vi a la institutriz Hayes y a la criada de la guardería recogiendo mis gusanos y serpientes y arrojándolos a la basura. Corrí hacia el basurero, llorando y tratando de usar palabras para detenerlas, pero me ignoraron hasta que traté de sacar mis gusanos y serpientes por mí mismo.
Solo había logrado sacar una pequeña cantidad cuando escuché un chillido y sentí un dolor floreciente en mis manos, la institutriz Hayes las había golpeado con mi serpiente más grande. Recuerdo haber gritado mientras ella sacaba las cintas y cuerdas de mis manos, manos que no podían sujetar lo suficiente. Cuando estuvieron vacías, me rodeó con sus brazos y me apartó. Su agarre era tan fuerte que era difícil respirar y aunque lo intenté, no pude patearla.
Dejando de lado los sonidos de mi desesperación, fueron sus palabras exigentes ordenando a la niñera que continuara tirando a la basura mis objetos preferidos. Así que fue que, a través de mis lágrimas vi que la criada continuaba recogiendo mis gusanos y serpientes tirándolos más al fondo. Finalmente, cuando el piso de la guardería quedó vacío y la criada se había llevado el basurero, la institutriz Hayes me soltó. Recuerdo mecerme y llorar hasta que no quedó nada más que yo en un lugar oscuro dentro de mí.
Quizás me hubiera quedado en ese lugar oscuro si no fuera por mi madre. Esa noche vino a la hora habitual y le pidió a la Sra. Hayes (mi institutriz) que nos dejara solos. Me dejé caer en su regazo, todavía meciéndome.
Acarició mi espalda, tratando de calmarme, pero yo no dejé de moverme. Me habló durante unos minutos con palabras que yo realmente no entendía, excepto por el reconocimiento de los nombres la enfermera Storey, Papá y la Institutriz Hayes. Luego usó palabras más fáciles y me dijo: "La enfermera Storey se ha ido. Papá quiere que la Sra. Hayes se quedé". Entonces debió haber notado que mis manos estaban vacías (normalmente, cuando estaba molesto, pasaba mis manos sobre un gusano o una serpiente para ayudarme a calmarme).
Ella preguntó: "¿Quieres un gusano?"
Le dije: "Quiero gusanos, quiero serpientes". Canté esto una y otra vez mientras ella observaba, esperando que encontrara uno, incluso el grande que había sido usado para lastimarme.
Ella empezó a buscar uno, revisó cada armario, canasta y estante. Finalmente, se volvió a mí, sacudió la cabeza de lado a lado y dijo: "Sin gusanos, sin serpientes". Se volvió a sentar y yo me subí a su regazo de nuevo. Me acarició la espalda por un rato y dije "Mamá, Mamá, Mamá" una y otra vez. Entonces sentí sus manos alejarse de mí, miré hacia arriba para ver que las tenía detrás de su cabeza. Vi cómo se soltaba el pelo, largos mechones rubios ondulados. Ella me dijo: "El pelo de mamá es de gusanos y serpientes". Ella separó un gran trozo y me lo tendió. Esa noche enrollé y desenrollé esa hebra (de cabello) alrededor de mis dedos hasta que tuve mucho sueño. Parecía un tiempo muy largo y muy corto. Recuerdo que todavía me aferré al mechón hasta que me quedé dormido.
Todas las noches de esa semana, cada que mamá me visitaba se soltaba el cabello. A veces, sus elaborados peinados incluían trenzas, lo que me daba una textura diferente al tacto. También me trajo cintas y cuerdas. Ella me daba uno nuevo cada noche y yo jugaba furtivamente con él a la luz de la luna después de que ella se fuera, pero cada mañana cuando despertaba, ya no estaba. Yo buscaría y buscaría y no lo encontraría.
Más tarde supe que una criada de la guardería los recogía temprano cada mañana mientras yo dormía. Supongo que era necesario evitar que yo sufriera la ira de la Institutriz Hayes.
Mi madre de forma secreta también me pasaba hilos a través de las medias que tejía para mí. Eran gruesos y suaves, muy superiores a la mayoría de las medias. Cada uno tenía un extremo largo de lana que no estaba cosido a la media, sino que un poco suelto. La institutriz Hayes no pudo quitarme las medias, pero me gritó cuando me vio jugando con las puntas, aun sabiendo que estaban allí, pegadas a mis piernas, fue una ayuda para mí.
Solo me di cuenta más tarde de que tejer, especialmente las medias, era algo peculiar que mi madre hacía, ya que generalmente ella solo tejía mal. El comercio de objetos utilitarios, como medias, es una importante fuente de ingresos para muchos. Sin embargo, mi madre a menudo no se ajustaba a lo que se esperaba de ella.
"Oportunidades perdidas"
Tuve muchas ocasiones para arrepentirme de no bailar con la señorita Elizabeth, como en la asamblea. Después tener que esperar hasta el baile de Netherfield para tener otra oportunidad. Hubo un momento en la fiesta de Sir William Lucas, donde él habló una y otra vez sobre el baile, poco después llamó a la señorita Elizabeth y, dirigiéndose a mí, dijo: "Señor Darcy, debe permitirme presentarle a esta joven como su acompañante. Estoy seguro que no puede negarse a bailar cuando tiene tanta belleza ante usted ". Luego tomó su mano.
En ese momento parecía inevitable que la pequeña mano de la señorita Bennet se colocara en la mía, que era mucho más grande, para que yo la guiara hacia donde se encontraba otro grupo bailando. Su falda azul se movería de un lado a otro, y tal vez incluso rozarían con mis medias y zapatos. Yo ya estaba estirando mis dedos cubiertos por mis guantes para recibir su mano, cuando ella se apartó como si algo le quemara. Mi mirada se dirigió a su rostro, sus ojos eran profundos charcos que parecían más oscuros que el cielo nocturno cuando estaban iluminados solo por la luz de las velas.
La escuché decir palabras de rechazo, pero aun así pensé que solo estaba esperando una solicitud adecuada y por eso le pedí con la frase formal que me habían inculcado desde joven cuando me enseñaron a bailar, solo necesitando añadir su nombre: "Señorita Elizabeth, ¿me haría el gran honor de bailar conmigo?
La señorita Elizabeth negó con la cabeza y mientras lo hacía, un pequeño rizo oscuro se soltó y balanceó en su sien. Ella ignoró las súplicas de Sir William que apenas oí. En cambio, me concentré en ver ese rizo moverse. Cuando se dio la vuelta, la ligera luz captó un poco de cada rizo brillante que estaba prendido de esa manera. Fue entonces cuando me di cuenta de que me habían rechazado rotundamente. Quizás fue algo justo, ya que estaba casi seguro de que la señorita Elizabeth me escuchó cuando rechacé bailar con ella en la asamblea.
Me retiré al borde de la habitación para pensar. Me pregunté cuántos cabellos de la cabeza de la señorita Elizabeth formaban cada rizo, cuánto tiempo tomaría contarlos todos y cómo se sentirían en mis dedos. Cuando era más joven, solía pensar que Dios debía ser como yo. ¿De qué otra manera podría contar todos los cabellos de la cabeza de un hombre (o incluso importarle saber la respuesta)? ¿Qué otra persona querría hacer un seguimiento de cada ave que surcaba el cielo? Entonces pensé que Dios debía llevar listas interminables como yo solía hacerlo en estos días. Ahora sé que él lo sabe todo, por lo que no debe ser ningún esfuerzo, no debe requerir ningún enfoque específico.
Luego hubo ese momento en Netherfield, cuando la señorita Bingley estaba tocando un animado aire escocés que yo me acerqué a la señorita Elizabeth específicamente con el propósito de bailar con ella. Le pregunté, sin mirarla directamente, sino más bien hacia el instrumento: "¿No siente una gran inclinación, señorita Bennet, a aprovechar esta oportunidad de bailar un "reel"?"
Supongo que debería haber solicitado formalmente un baile de nuevo como lo hice en la fiesta de los Lucas, pero no quería pedirlo explícitamente y ser rechazado nuevamente. Cuando no respondió, me pregunté a medias si no me había escuchado. El silencio creció y creció.
Parecía ser una de las pocas oportunidades en las que, en verdad, sería apropiado repetir lo que dije. Mi mente puede quedar atrapada en un bucle que desea volver sobre lo mismo una y otra vez, lo que hace que desee repetirlo varias veces. A veces puede ser como un eco.
La institutriz Hayes siempre trató que yo dejara de hacerlo, obteniendo solo un éxito parcial. Mi tutor, el señor Stowbaugh, no fue tan duro, pero me había desanimado enormemente explicando que era inquietante hacerlo para los demás. Entendí la sabiduría en lo que dijo, pero es difícil que siempre sea yo quien necesite cambiar por otras personas en lugar que ellos lo hagan por mí. Ahora, por lo general, mantengo esas repeticiones sin pronunciar palabra, excepto cuando estoy solo. Luego digo las cosas tantas veces como quiero.
Sentí la necesidad de mirar directamente a la señorita Elizabeth cuando le pregunté una vez más: "¿No siente una gran inclinación, señorita Bennet, a aprovechar esta oportunidad de bailar un "reel"?"
Estaba atrapado mirándola a los ojos. A la luz actual, eran del color del chocolate caliente. Aparté mis ojos hacia un lado, a medio camino entre ella y el piano para prestar mejor atención a sus palabras y no distraerme con lo que su cercanía podría hacerme.
Estaba diciendo, con un tono encantador en su voz: "Usted quisiera que dijera 'sí', lo sé, para que pudiera tener el placer de despreciar mi gusto", hizo una pausa y no pude evitar mirarla de nuevo. Era como una polilla atraído a la luz. "Pero siempre me deleito en derribar ese tipo de esquemas y engañar a una persona por su desprecio premeditado. Por lo tanto, he decidido decirle que no quiero bailar un reel en absoluto, y ahora usted puede despreciarme si es lo que quiere".
Sentí una sensación creciente en mi pecho, y ciertamente no era una emoción negativa. No pude evitar responder: "De hecho, no".
Pensé en ese momento en todas las cosas que no me atrevía a hacer con respecto a la señorita Elizabeth Bennet. No me atrevía a tocar su cabello, aunque mis dedos estaban ansiosos por hacerlo, sería de lo más impropio e indecoroso. No me atrevía a pedirle directamente que bailara conmigo sabiendo que me enfrentaba al rechazo. No me atrevía a permitirme sentir mi creciente inclinación por ella. No me atrevía a imaginarme buscando una asociación más cercana con ella, porque entonces ella sabría inevitablemente lo que me esfuerzo por mantener oculto.
No me atrevía a imaginar lo que sería comprometerme con ella y tenerla siempre a mi lado; mi deber es casarme tan bien como lo había hecho mi padre. Recordé a mí mismo la inferioridad de sus conexiones, una madre vulgar, ridículas hermanas menores que coqueteaban y eran atrevidas. Con esas cosas en mente, podría tratar de evitar el peligro de desearla como mi esposa.
Aun así, no pude evitar imaginarme ver las diminutas manos de la señorita Elizabeth posadas para quitarse el cabello de su arreglo actual, alfiler por alfiler como lo había hecho mi madre. Pero mi imaginación se detuvo ahí porque no estaba seguro de cómo sería su cabello. ¿Caería hasta la mitad de su espalda o incluso hasta la cintura en ondas gruesas, rizadas principalmente en las puntas, o su cabello solo llegaría a sus hombros en comprimidos rizos? Ningún hombre, salvo su esposo, vería su cabello suelto y sabría la respuesta a esta pregunta.
Quería que fueran mis ojos los que vieran su cabello caer, mechón por mechón. Quería que fuera mi mano deslizándose por su cuello mientras movía sus mechones recién liberados desde su hombro hasta su espalda. Si tenía rizos gruesos, quería que fuera yo agarrando uno de sus rizos, estirándolo hacia abajo, soltándolo y viéndolo volver a subir. Quería que fuera yo sintiendo la sensación de enrollar un rizo en forma de cinta alrededor de mi dedo o deslizar mis manos por sus ondas.
Pero antes de que pudiera tener lugar tal intimidad, tendríamos que casarnos. Aunque no podía casarme con ella, podía imaginarme diciendo esas palabras que eran como cuando me enseñaron a solicitar un baile: "Señorita Bennet, ¿me haría el gran honor de casarse conmigo?"
¿También les encanta esta perspectiva desde Darcy? Ya se va cerrando el conocer el Darcy antes de seguir con las nuevas escenas. No olviden seguir la historia para sus actualizaciones.
Nota de la traductora: Sigue la historia para sus actualizaciones. Puedes comentar aquí o en la versión original.
Me disculpo si hay algún ortográfico que se me haya pasado.
