Disclaimer: Personajes inspirados de la obra de Jane Austen "Orgullo y Prejuicio/Pride and Prejudice". Laina Lee es quien posee los completos créditos por la creación de esta increíble historia.

Título al español: La Redención de un Hombre Honorable: Ganar su corazón

Traducción: Serendipia Efímera cuenta con la autorización de la autora de "Vindicating a Man of Consequence: Gaining Her Heart" para su traducción al español.

Link de la Historia Original: s/12973663/1/

Historia Original: Este trabajo se encuentra completo en su versión original (inglés), el cual se puede encontrar en el perfil de la autora.

Adicional: La historia se mantendrá contada mayormente por nuestro Sr. Darcy, desde niño, joven, en su tiempo para la historia original, etc.

Me demoré porque es un capítulo largo y estoy un poco enferma por el cambio de clima.


.6.

"Cumpliendo su promesa"

Sabía que tenía la obligación de no solo casarme, sino de casarme bien. Mi padre me había inculcado repetidamente que debía casarme con una mujer importante, alguien cuya crianza y estilo pudieran coincidir con lo que esperaban nuestra familia, que lo que pudiese creer o querer no tenía importancia a comparación de lo que alguien pudiese hacer para solidificar mi lugar dentro de la sociedad. Era lo que se esperaba. Era lo que se necesitaba para asegurar que el legado de los Darcy continuara, que aquel linaje que fluía en mis venas siguiera presente en cada Darcy que siguiera en generación en generación posterior a mí.

Aun así, solo tenía una vaga idea de cómo se suponía que lo lograría. Cuando pensaba en el matrimonio, el deber y obligación no formaba parte de lo que yo realmente pudiese desear. Sin embargo, después de que Bingley dijo que deseaba ayudarme, mi mente a menudo volvía a aquella conversación. ¿Era posible que pudiera hacerlo? ¿Realmente podría encontrar a una mujer que quisiera casarse conmigo, que realmente quisiera poder cuidar de mí? ¿Recordaría él siquiera su oferta, lo que ahora yo había llegado a considerar como su promesa?

Mientras todavía estábamos juntos en Cambridge, ninguno de los dos volvió a plantear el asunto. Tampoco se planteó durante nuestra correspondencia posterior de más de tres años.

Aunque me alegraba en recibir las cartas de Bingley, sus palabras escritas no eran un buen sustituto de su presencia. Él se expresaba mucho mejor verbalmente y era más difícil sentir su presencia mientras yo luchaba por descifrar el significado contenido en la correspondencia con muchas manchas y palabras faltantes.

Después de haberlo ayudado antes, estaba más familiarizado con su escritura y podía encontrar más sentido que la mayoría de los pensamientos detrás de su ejecución. Sin embargo, aunque pude entenderlos, eventualmente leerlos fue como manejar una cuerda que estaba deshilachada al punto de casi romperse en algunos lugares y enredarse en otros; en resumen, me molestó como una cuerda así me molestaría.

Era una lucha para mí no corregir las cartas de Bingley como lo había hecho con sus trabajos durante mi época universitaria. Cada vez que recibía una nueva carta, el deseo crecía. Capturaba mis dedos moviéndose en el aire por encima de sus misivas como si estuviera sosteniendo un bolígrafo. Sentí una necesidad física de corregir sus garabatos, de ordenar el caos, de domarlo con la gramática y la ortografía correctas, de llenar todas las omisiones.

Un día, mientras sostenía su nueva carta, me pregunté por qué estaba luchando tan duro contra este impulso. No era como si alguna vez fuera a ver mis correcciones. Nadie lo haría.

Cuando comencé a editarlas, inmediatamente me sentí mejor. Después de mi primera corrección, redacté una carta nueva y perfeccionada. Podría ir y venir sobre qué palabra se pretendía decir: ¿era "fortaleza" o "entereza", "enterrar" o "entrecerrar"? ¿Acaso eran otras palabras? Yo haría mi mejor suposición y luego volvería a revisar la carta original para hacer correcciones adicionales antes de que finalmente escribiera un borrador final. Revisar sus cartas podría hacerme una velada alegre.

Originalmente, nunca tuve la intención de compartir mis escritos con nadie, pero no pude resistir mostrarle a Georgiana mi trabajo después de una sesión de descifrado particularmente intensa. Ella tenía doce años en ese momento, pero ya estaba muy por encima de mí para dar sentido al mundo que la rodeaba.

La carta que estaba corrigiendo parecía haber sido escrita sobre el escritorio de su carruaje en un camino particularmente accidentado mientras estaba algo ebrio. Fue el desastre más revuelto que jamás había visto de él. En la misiva creía que se lamentaba de la pérdida de una mujer que se había casado recientemente con otro hombre, pero era difícil aclarar el asunto. Decidí pedir la opinión de Georgiana, para saber si había descifrado con éxito su ilegible confusión de una oración que decía: El* * t*n*ia *os **jos mas herm*****… Yo n***a p*d*** ver el c**** en *n d*a d*****o de ot**o sin pe***** en ella

Mi primer esfuerzo dio como resultado: Él tendría los hombros más hermosos, yo no pude ver el cerro en un día doloroso de otro sin pensar en ella.

Sin embargo, dudaba que Bingley describiera de esa forma a un hombre, y el resto de la oración no tenía sentido.

Insatisfecho con esta versión, lo intenté de nuevo: Ella tendría los hombros más hermosos, yo no podré ver la cerca en un día doloroso de otoño sin pensar en ella.

Le mostré estas dos versiones a Georgiana después de obtener una promesa de ella de que no le diría a nuestra madre sobre las palabras inapropiadas contenidas en la carta. Estudió el original y mis transcripciones durante un rato antes de sugerir: "Creo que la tercera y cuarta palabra no son esas. Déjame intentar".

Esto dio como resultado: "Ella tenía los ojos más hermosos, yo no podré ver nunca el cielo en un día despejado de otoño sin pensar en ella".

Satisfecho con la ayuda de Georgiana, y feliz de que ella pareciera disfrutar también de la actividad, convirtió lo que al principio era solo descifrar en forma solitaria lo que Bingley quería decir, en algo que empecé a compartir regularmente con mi hermana al punto que ella estaba tan ansiosa por recibir cartas de Bingley como yo.

Después de un tiempo de comunicación a través de este medio, Bingley planteó ayudarme con las mujeres. Yo estaba escribiéndole para decirle que pronto estaría en Londres por negocios y esperaba que me visitara después de mi llegada. Por supuesto, sabía que debía ser yo quien fuera a verlo, pero no quería conocer al resto de su familia.

Así fue que, en esta última carta Georgiana y yo supimos cómo Bingley pretendía cumplir la primera parte de su promesa: ayudarme a aprender a hablar con las mujeres. Por supuesto Georgiana no sabía nada de la señorita Wilde ni de la promesa de Bingley.

La carta que ella y yo acabábamos de corregir, y que nos había llevado más dos noches gracias a que mi hermana insistía en usar palabras que me hicieran reír, decía:

'Te echo de menos y ciertamente estaré encantado de visitarte el martes veintitrés como lo pediste. Sin embargo, en lugar de vernos en tu casa de Londres, deseo que vengas a la mía para que conozcas a mi familia. Vivo con mi madre y dos hermanas. Mi madre está enferma y es probable que no la veas muy a menudo, pero su presencia en la casa asegura que haya propiedad. Mis hermanas son a quienes realmente deseo que conozcas. Ellas serán pacientes y amables contigo. De hecho, están muy deseosas de conocerte. Les he dicho que eres un poco tímido y torpe pero que eres mi mejor amigo.

Si vienes, mis hermanas te brindarán muchas oportunidades para practicar cómo hablar con las mujeres. Ellas serán responsables en ayudarte a mejorar tus habilidades. Louisa es mi mayor y tiene la misma edad que tú y Caroline tiene diecinueve años y aún no se encuentra fuera.

Louisa es morena, o bueno, su cabello es un poco más claro, pero no sería una buena pareja para ti porque tiene una personalidad demasiado suave y no tiene mucha curiosidad por el mundo que la rodea. Ella te aburriría como esposa.

Además, Louisa está siendo cortejada por el Sr. Hurst. No es una gran historia de amor, pero se llevan bastante bien. No tienen prisa por casarse. Antes de que mi padre falleciera, él les concedió su permiso de forma condicional. Aunque Louisa alcanzó la mayoría de edad y podría casarse ahora si así lo deseara, ambos están honrando los deseos de mi padre.

El motivo del retraso es que Hurst está esperando una herencia de su tío abuelo que le permitirá vivir separado de sus padres. Creo que este tío tiene ahora casi ochenta años y nadie esperaba que viviera tanto. Si Hurst recibe su herencia entonces será una muy buena unión, pero imagino que Louisa se casará con él tarde o temprano. Entonces, como ya debe quedar claro para ti, ella no tendrá expectativas tuyas.

Como aún no se ha casado, nuestra madre ha indicado que Caroline no podrá ser presentada hasta que cumpla los veintiún años o hasta que se case Louisa, lo que ocurra primero. Estoy casi seguro de que Caroline estará esperando ese cumpleaños, así que tienes casi dos años para ser amigable con mi hermana sin que ella tenga derecho a pensar en ti como una opción matrimonial. Caroline es inteligente pero no tiene el color de cabello que buscas. No creo que te convenga nunca, ya que puede ser un poco tosca con otras personas, pero debajo de eso tiene un buen corazón. Ella estará ansiosa por impresionarte.'

Cuando terminamos de leer esta carta Georgiana me preguntó: "¿Lo visitarás a él y a sus hermanas?"

No quería, pero no dije nada mientras Georgiana me miraba con los ojos muy abiertos.

Luego ofreció: "Hermano, el Sr. Bingley es un amigo bueno y leal. ¿Seguramente no piensas esperar hasta que yo sea lo suficientemente mayor para ser presentada ante la sociedad y pueda ayudarte a encontrar una esposa?"

La imagen de mí dependiendo de que mi hermana pequeña me ayudara a encontrar pareja finalmente me hizo decidir aceptar la oferta de Bingley y conocer a sus hermanas. Durante mi visitada de quince minutos dije muy poco, pero la siguiente vez no fue tan difícil y hablé un poco más.

Bingley tenía razón en que sus hermanas serían muy amables conmigo y pronto me convertí en un visitante frecuente de su casa cada vez que estaba en Londres. No era tan difícil hablar con ellas y Bingley siempre estaba ahí para ayudar a facilitar la conversación. Encontré a la señorita Caroline Bingley como la más interesante de las dos, pero aunque siempre era amable conmigo, podría ser bastante mala con otras personas. Mi otra objeción general hacia ella era que su cabello, aunque atractivo, era cobrizo, tenía un color demasiado llamativo que no me reconfortaba.

Como no tenía planes para ninguna de las hermanas Bingley, logré tener conversaciones con ellas y ganar un poco más de facilidad en tales charlas, sin embargo, sí tuve problemas para interesarme en lo que ellas hablaban. Esto debido a que a menudo, las conversaciones que fluían a mi alrededor no llegaban a requerir que replicara, y no era algo que me importase, ya que, ¿qué de interés hay en la moda o en el chisme?

Con el paso de los años, la señorita Bingley se convirtió en la señora Hurst y todos se mudaron al nuevo hogar de Hurst mientras que la señorita Caroline se convirtió en la señorita Bingley. Me las arreglé para adaptarme a estos cambios y seguí siendo amigable con ellas. Después de todo, aunque con alteraciones, seguían siendo esencialmente las mismas.

Cuando la señorita Caroline Bingley asistió a su primer baile después de ser presentada en sociedad, la acompañé a ella y al resto de su grupo. Por cortesía, bailé un set con ella y su hermana. Su cabello pelirrojo estaba cuidadosamente arreglado sobre su cabeza y usaba joyas finas y un vestido nuevo de color rosa pálido.

No fue muy diferente hablar con la señorita Bingley mientras bailábamos en comparación a como cuando la vi en su casa. Su conversación no se había alterado materialmente ahora que era una mujer en lugar de una niña. Como de costumbre, trató temas familiares: elogiándome 'Oh, Darcy, esta es una habitación bastante bonita, pero imagino que no es nada para el salón de baile de Pemberley'; preguntándome sobre Georgiana 'Tengo tantas ganas de conocer a tu hermana, ¿has recibido alguna carta de ella últimamente?'; criticando lo que llevaban otras mujeres y su falta de logros 'Dios mío, no sé quién le ha dicho a la señorita Granger que el tono de amarillo que lleva todavía está de moda y ¿viste esas joyas que llevaba la señora Blogging? Todo el mundo sabe que a su marido se le están acabando los fondos. Me imagino que son una simple copia'. Yo ya lo había oído decir esto antes y traté de responder con la menor cantidad de palabras posible a su pregunta sobre Georgiana. Tuve la libertad de dejar que mi mente divagara, de echar un vistazo a la habitación y ver qué mujeres morenas estaban presentes, catalogándolas, aunque no me atreviera a hablar con ellas.

Cuando terminó el set, me disculpé y contemplé invitar a alguien más a bailar. Había una mujer encantadora, la hija de nuestra anfitriona, de cabello color chocolate y ojos claros. Me la habían presentado antes, pero no pude pronunciar ninguna palabra más allá del apropiado "Es un gusto", antes de que me mirara y sintiera la necesidad de retirarme rápidamente, como así hice.

Ahora estaba a unos metros de mí y estaba hablando con un hombre guapo que era mucho más locuaz que yo. No estaba lo suficientemente cerca para escuchar su conversación, pero lo que sea que él estaba diciendo la estaba haciendo sonreír a la par que sus ojos brillaban. Intercambiaron más palabras mientras ella escribía su nombre en su tarjeta de baile.

Me imaginé acercándome a ella para pedirle un baile, pero las palabras se entrecortaban y quedaban en la boca. Entonces su sonrisa se desvanecería cuando la mera cortesía le impedía apartarse. En lugar de intentarlo y enfrentar el fracaso, lentamente me alejé de ella y traté de evitar hablar con nadie.

Me sentí mal. Bingley se había equivocado. El hecho de que pudiera hablar y bailar con sus hermanas no significaba que ahora me sintiera preparada para hacer lo mismo con otras mujeres.

Cuando me retiré al borde de la habitación, vi como Bingley encontraba pareja tras pareja para bailar. Le envidiaba su facilidad, la forma en que todos le sonreían. Bailó principalmente con rubias. Cuando los músicos estaban tomando un descanso, se acercó y dijo: "Hay tantas mujeres guapas aquí, incluidas algunas morenas encantadoras. ¿Quieres que te las presente?"

Negué con la cabeza.

"Bueno, al menos estás aquí. Será más fácil con el tiempo". Finalmente me dejó en paz.

Más tarde, la señorita Bingley volvió a buscarme. El baile de la cena estaba a punto de comenzar. Ella se aferró a mi brazo. Yo la dejé.

"No hay nadie más con quien prefiera bailar este set que tú", comentó la señorita Bingley, tratando de captar mis ojos, que estaban fijos con determinación sobre su cabeza en las velas del otro lado de la habitación. No dije nada. Mi falta de contribución no le impidió persistir en hablar conmigo. Escuché todo sobre sus opiniones sobre la vestimenta que todos usaban, pero no respondí. Fue muy grosero de mi parte, pero no me atreví a preocuparme. Al final, la señorita Bingley se fue, supongo que con la esperanza de atraer a una pareja más participativa.

Asistí a otro baile con Bingley y sus hermanas antes de irme de Londres a mi propiedad. Una vez más, bailé con cada una de sus hermanas. Una vez más, la señorita Bingley me buscó y se quedó un rato atada a mi brazo. Se demoró tanto que no tuve más remedio que acompañarla a la cena. No estuvo tan mal prepararle un plato de comida y sentarme a su lado.

No pensé mucho en su comportamiento en estos bailes, pero aparentemente Bingley sí lo notó después de esa vez, vino a visitarme al día siguiente y me dijo: "Creo que mi hermana Caroline cree que serías un buen esposo para ella. Honestamente me gustaría que fueras mi hermano (cuñado), he tratado de decirle que ustedes no se llevarían bien, pero ella es terca, casi tan terca como otra persona que conozco".

"¿Quién?" Pregunté, confundido en cuanto a quién estaba hablando.

"Tú, por supuesto. No puede haberte pasado por alto que eres muy particular en muchos aspectos, queriendo que las cosas estén ordenadas y así. Tal vez quieras distanciarte de Caroline, o tal vez sea hora de que busques una esposa, ya que así cualquier esperanza y expectativa que ella tenga hacia ti se pueda acabar. Creo que su interés se debe en parte a que ella cree que si se casa contigo tú estaría dispuesto a darle algunas sumas generosas para facilitar sus favoritos actos caritativos."

Pero no quería hacer nada diferente de lo que estaba haciendo; estaba lo suficientemente cómodo con cómo eran las cosas, y eso era algo que ocurría rara vez. Además, pronto me iría a Pemberley.

Sin embargo, no asistí a más bailes mientras estuve en la ciudad.

En mi visita más reciente a Londres con Georgiana y su nueva dama de compañía, yo estaba más que preparado para reanudar la agradable amistad que tenía con la familia de Bingley. Deseé una distracción del dolor que todavía pesaba sobre mi corazón por la muerte de mi madre y por cómo le había fallado a Georgiana al no advertirle sobre George Wickham.

Cuando fui a visitarlos, los Hurst y la señorita Bingley no estaban en casa, pero Bingley sí. Después de las necesarias expresiones de simpatía por la muerte de nuestras madres que habían fallecido con meses de diferencia entre sí, Bingley me dijo: "Debes felicitarme".

Cuando lo hice pensando que tal vez estaba a punto de casarse ahora que había terminado el período oficial de duelo por su madre, me explicó: "He encontrado mi nuevo hogar, es una finca en Hertfordshire y ya he firmado el contrato de arrendamiento. Es perfecto, está a poca distancia de Londres y si lo encuentro satisfactorio, también está disponible para ser comprado".

Me dio muchos detalles antes de finalmente concluir: "Lamento decirte ahora que acabas de llegar a la ciudad, que mañana salgo con los Hurst y Caroline para instalarme allí. Espero finalmente cumplir los deseos de mi padre de ver a nuestra familia establecida con una finca. El arrendamiento es hasta la cosecha del próximo año, pero puedo comprarlo en cualquier momento".

Mientras decía esto, no parecía tan feliz como yo esperaría. De hecho, basándome en su falta de sonrisa parecía menos feliz que de costumbre.

Al no estar seguro de la causa de su infelicidad expresé algunas dudas: "¿Estás seguro, Bingley, de que deseas comprar tan pronto? Acabas de tomar el contrato de arrendamiento. Administrar una propiedad es un negocio serio, incluso con un mayordomo, hay muchas decisiones que tomar para que sea un éxito. Y tenerte permanentemente tan lejos... ¿No puedo persuadirte de que consideres buscar una propiedad más cercana a la mía?"

"Creo que preferiría vivir más cerca de Londres. Netherfield es una finca excelente y la gente de Meryton es amable y amistosa. Espero conocer a muchos de mis vecinos, y muy especialmente a sus hermosas hijas en una de las asambleas", aquí movió las cejas. "De hecho, hay una programada para la noche de nuestra llegada. Estoy más que listo para enamorarme para siempre y sentar cabeza. Los Hurst no planean quedarse mucho tiempo, pero espero poder convencer a Caroline de que se quede más tiempo como anfitriona".

Me pareció dudoso que tuviera mucho éxito con esto. La señorita Bingley nunca parecía contenta con lo que tenía. Ella siempre parecía buscar diversión en cualquier otro lado. Con frecuencia se encontraba fuera de Londres haciendo viajes y visitando amigos. Incluso, la señorita Caroline a menudo me mencionaba que acababa de conseguir una nueva sirvienta, ya que la anterior había conseguido otra patrona. Pensé que probablemente era una mujer exigente y ellas estaban más ansiosas por dejarla (quizás no les gustaba viajar tanto como a ella), pero nunca la hermana de Bingley habló mal de las que se iban. En cambio, decía cosas como: "Extrañaré a Tabitha, pero estoy segura de que estará muy feliz en Cornwall".

Bingley y yo hablamos un rato sobre la propiedad que estaba alquilando. Me contó mucho sobre la casa, pero parecía no conocer muchos detalles del terreno. "Darcy, quizás podría persuadirte de que me visites uno o dos días y me des tu impresión de la casa."

"Quizás", respondí sin tener la intención real de hacerlo, al menos no en este momento, pero ciertamente lo haría antes de que hiciera la compra. No quería estar lejos de Georgiana, incluso si ella no quisiera pasar tiempo conmigo en estos días, más bien, prefería quedarse en su habitación. Estaba considerando que se quedara con el conde (mi tío) y mi tía por un tiempo. Aunque Georgiana estaba lo suficientemente bien vigilada en mi casa de Londres, pensé que tal vez su tía podría llegar a ella de una manera que yo no podría, pero la cuestión era que yo no la quería particularmente cerca del Conde.

"Tengo una idea mejor", me dijo Bingley, "Debes venir a Hertfordshire con los Hurst y Caroline mañana. Por supuesto la señorita Darcy también está invitada. Será una oportunidad perfecta para ti. Nadie te reconocerá allí y podrás relajarte un poco, ser más tú mismo. Incluso puedes probar cosas nuevas sin miedo a fallar en ellas. Los que he conocido hasta ahora son muy amigables. Sería una buena oportunidad para que practiques hablando con más mujeres. Incluso podrías intentar bailar con alguien que no sean mis hermanas. Nunca encontrarás una esposa sino te esfuerzas. No espero que encuentres a nadie allí, pero al menos podrías tener más práctica. Si prestas más atención a otras mujeres, es posible que Caroline finalmente ponga su mirada en otra parte".

"¿Asumes que no tengo ningún interés en casarme con tu hermana?"

"¿De verdad considerarías a Caroline?" Preguntó Bingley con una ceja levantada.

"No lo sé. Me siento más cómoda con ella que con otras mujeres solteras que conozco, pero no es el tipo de esposa que mi padre hubiera querido para mí".

"¿Qué otras mujeres solteras conoces realmente?"

Me puse a pensar; estaba mi prima Anne, sin embargo, lo que fuera que me pasaba a mí parecía agrandarse aún más en ella. No había decidido si mencionarle a Anne a Bingley cuando agregó: "El hecho de que puedas tolerar a Caroline y estés acostumbrado a su presencia no es una buena razón para casarme con ella. Creo que Louisa se casó con Hurst por razones similares y sé que no está muy feliz con él. En el mejor de los casos, diría que está contenta. Lejos de insultar a mi hermana, ¿se puede comparar Caroline con la señorita Wilde?"

Respondí sin vacilar, "No".

"Bueno, entonces, ciertamente no creo que debas casarte con Caroline. ¡Ni siquiera lo consideres! En su lugar, trata de encontrar a alguien que al menos te haga sentir lo que esa chica hizo hace mucho tiempo."

Quería tener la esperanza de que sería posible encontrar a alguien que fuera su igual, pero no parecía ser así, e incluso si la conociera, ¿qué tan probable era que le agradara? Nuevamente vi la mirada de disgusto de Lucy Wilde mientras se limpiaba la boca con un pañuelo.

Aun así, las palabras de Bingley me afectaron, ya que de una forma u otra en el transcurso de media hora logró persuadirme de que me fuera con ellos al día siguiente. Georgiana, a pesar de mis mejores esfuerzos, decidió quedarse en la casa de Londres con la señora Annesley.

Pero asistir a la asamblea fue demasiado. En Londres al menos conocía a algunas personas en los bailes a los que había asistido y la formalidad y la estructura lo hacían más llevadero. En Meryton la danza era mucho más ruidosa. Las personas tenías menos modales y todo era menos de lo que yo estaba acostumbrado.

Me tomó mucho tiempo llegar a adaptarme, mi analogía era el hecho de la expectativa de Bingley hacia mí a bailar y hablar con las mujeres de aquel pueblo era como lanzar al agua a un hombre que no sabe nadar.

Estoy seguro de que tuvo buenas intenciones, pero no creo que Bingley realmente comprenda lo que es ser yo y lo difícil que es para mí mantener una aproximación a la normalidad. ¿Cómo realmente podría? Tampoco sé lo que es ser él, salvo que a pesar que su posición en el mundo es más humilde que la mía, parecía más fácil ser él que yo.

Si hubiera podido, me habría alejado de allí, habría huido de todos ellos en mi caballo y no habría hablado con nadie. En una carretera, siguiendo un camino familiar, me habría sentido seguro, al menos por un tiempo.

oooooOooooo

Después de que las señoritas Bennet dejaran Netherfield y se fueran a su casa, Bingley estaba muy ansioso por ir a visitarlas. Anunció en el desayuno: "Es mi deber asegurarme de que la señorita Bennet no sufra ningún efecto negativo en su traslado de mi casa". Luego, mirándome a mí y a sus hermanas preguntó: "¿No quieren acompañarme?"

Quería acompañarlo y rechazarlo a la vez. Pero antes de que pudiera responder, la señorita Bingley habló: "Charles, visitarlas al día siguiente sería indecoroso. Déjalas tener la oportunidad de volver a instalarse en su casa. No puede haber ninguna razón para ir ahora".

Bingley no parecía muy feliz con esta respuesta, pero vio la sabiduría en ella y no dijo nada más.

No estoy seguro de cuándo decidí acompañarlo la próxima vez que me propuso hacerlo, pero supe que iría con él cuando al día siguiente Bingley me dijo en el desayuno: "Estoy muy decidido a visitar a las Bennet hoy. Lo haré, debo preguntar sobre la salud de la señorita Bennet."

Bingley siguió tirando de su corbata cuidadosamente arreglada y desordenando su cabello volviéndolo un tanto rebelde como jugueteando con los huevos que quedaban en su plato, aparentemente queriendo que el tiempo pasara más rápido hasta que fuera un apropiado momento visitarlas.

Le propuse: "Quizás podamos dar un paseo primero y luego presentar brevemente nuestros respetos". Se apresuró a estar de acuerdo. Caminaba mientras esperaba que ensillaran nuestros caballos.

En consecuencia, una vez que montamos, cabalgamos de lado a lado para ocupar nuestro tiempo. Bingley urgía a su caballo a que fuera más rápido, obligándome a hacer lo mismo, y revisaba la hora en su reloj de bolsillo. Me resultaba desconcertante ver a Bingley tan obsesionado con algo. No estaba seguro de por qué me molestaba hasta que en una epifanía me di cuenta de que estaba actuando como yo al hacer algo repetidamente. Aunque si tuviese un buen sentido del tiempo no habría revisado mi reloj de bolsillo repetidamente, sino que había elegido otra cosa.

Estábamos cruzando Meryton cuando Bingley se adelantó hacia un grupo de personas que eran a quienes planeábamos visitar. Nos detuvimos junto a ellas y desmontamos. Bingley no perdió tiempo en saludar a las Bennet y dirigirse a la hermana mayor. "Buenos días, señorita Bennet, estábamos de camino a Longbourn para preguntar por usted".

Hice una ligera reverencia ya que era más fácil hacer esto que hablar. Pude ver que la señorita Elizabeth estaba justo al lado de su hermana mayor y en ese momento no quería hacer nada más que mirarla, pero también tenía miedo de verme atrapado nuevamente en sus ojos.

Lejanamente escuché a Bingley continuar: "Esperaba saber que había mejorado mucho, pero me atrevo a decir que ciertamente debe estarlo, o no estaría caminando con sus hermanas".

Al evitar su mirada, miré ligeramente hacia el lado de la señorita Elizabeth y noté con gran horror que George Wickham estaba cerca de ella.

De pronto una ira repentina me invadió junto al inmenso deseo de alejar a la señorita Elizabeth de George y golpearlo. Wickham debió haber visto algo de lo que estaba sintiendo cuando se puso pálido y se alejó un poco de la señorita Elizabeth.


Agregué un poco del siguiente capítulo que no es tan largo. Quizás demore unos días, sino dos serán 3 en que vuelva a actualizar. Lo que harían dos capítulos, probablemente, en esta semana.

Ya vamos más de lleno a la historia misma, Wickham aquí es mucho más detestable porque sabemos cómo trató a Darcy, ni qué decir que quizás renieguen por causa de Elizabeth. Ya, mucho spoiler.

Nota de la traductora: Sigue la historia para sus actualizaciones. Puedes comentar aquí o en la versión original. Me disculpo si hay algún horror ortográfico que se me haya pasado.

Queda prohibida su reproducción sin autorización de la autora original.