Disclaimer: Personajes inspirados de la obra de Jane Austen "Orgullo y Prejuicio/Pride and Prejudice". Laina Lee es quien posee los completos créditos por la creación de esta increíble historia.
Título al español: La Redención de un Hombre Honorable: Ganar su corazón
Traducción: Serendipia Efímera cuenta con la autorización de la autora de "Vindicating a Man of Consequence: Gaining Her Heart" para su traducción al español.
Link de la Historia Original: s/12973663/1/
Historia Original: Este trabajo se encuentra completo en su versión original (inglés), el cual se puede encontrar en el perfil de la autora.
Adicional: La historia se mantendrá contada mayormente por nuestro Sr. Darcy, desde niño, joven, en su tiempo para la historia original, etc. Además, aunque haya eventos que sucedan en el presenta habrá muchos relatos contados del pasado.
Fue una semana muy ocupada para mí.
.9.
"Tomando una pareja"
La Sra. Hurst agarró la mano de su hermana y luego dijo: "¿Podrías pedirle bailar este set a Caroline? Ella ha estado tratando de insinuarte que quiere que se lo pidas. Por favor, haz esto, sino ella se pondrá insoportable."
En ese momento, la señorita Bingley empezó a sonrojarse mientras intentaba apartarse, aunque no pudo hacerlo con la fuerza que su hermana la sostenía.
Estaba a punto de hacerlo cuando mis ojos vieron más allá de ella, a la señorita Elizabeth; que estaba mucho más cerca de lo que había estado antes. De forma distraída le dije a la señorita Bingley: "Me alegraría bailar un set con usted más tarde, pero primero hay algo que debo hacer". Sin esperar una respuesta, caminé hacia la señorita Elizabeth. Mientras lo hacía pude escuchar las primeras líneas del poema de Samuel Coleridge Taylor en mi cabeza:
Y en las horas más ruidosas de la razón,
Todavía existe un incesante susurro: Te amo;
Único consuelo y soliloquio del corazón. (1)
¿Qué no un baile era el momento más ruidoso? ¿No sentía todavía, a pesar de las distracciones, algo profundo dentro de mí, vibrante y decidido? Dejé que las siguientes palabras sigan jugando:
Tu moldeas mi esperanza, vestida en mi interior; (1)
Entonces yo estaba ante ella. No me di tiempo para cambiar de opinión y no me importaba si estaba interrumpiendo su conversación. "Señorita Elizabeth, ¿me haría el honor de bailar el próximo set conmigo?"
"Sí." Ella respondió y me di la vuelta. Necesitando un momento para recomponerme después de mi éxito –no inesperado, pero aun así emocionante–, caminé por el salón trazando el rectángulo más externo con mis pies evitando chocar con las personas que descortésmente estaban paradas cercas o sobre el borde que era mi destino y por el cual había practicado antes. Mientras caminaba, la cuenta de mis pasos fue reemplazada por las siguientes palabras del poema.
Liderando todas las palpitaciones de mi corazón,
a través de mí, a través fluyendo en mi dolor. (1)
Sentí que mi corazón latía más rápido. ¿Por qué mi corazón latía más rápido? ¿Por qué debajo de mis guantes podía sentir mis manos húmedas? Me desvié en dirección al cuarto de baño, tomé un poco de agua, me lavé las manos y me miré por el espejo. El tumulto dentro de mí no se veía completamente reflejado, pero esperé a que lograra volver a mi expresión de completa calma antes de salir.
Para no volver a sentirme intranquilo, decidí caminar otra vez por el rectángulo más externo. Me recordé a mí mismo que esta habitación –en todos los aspectos esenciales– estaba tal como cuando la recorrí solo por primera vez hace no mucho. Tuve tiempo de dar dos vueltas completas al gran rectángulo que formaba la pista de baile antes de poder buscar a mi pareja para el siguiente set. Al caminar las palabras reanudaron su reproducción en mi cabeza.
Tú yaces en mis muchos pensamientos, como la luz,
Como la dulce luz del crepúsculo,
O la visión anticipada del verano rompiendo en el arroyo,
Nubes reflejadas en un lago. (1)
Sí, la señorita Elizabeth estaba en mis muchos pensamientos, estaba conectada a la cinta que pasaba por mis manos todos los días antes de volver a guardarla en el cajón, la cinta que pensé muchas veces poner en mi bolsillo con mi propia cuerda. Realmente no entendía cómo una mujer podía yacer en pensamientos como la luz, pero podía imaginar la luz reflejándose en una corriente ondulante. Me hizo pensar en el arroyo de Pemberley, en la belleza de mi finca y en lo mucho que quería compartirla con ella.
Y mirando hacia el cielo que se arquea sobre ti, (1)
Los cielos se habían doblado a su alrededor, enmarcándola, mientras caminaba hacia Netherfield, mientras caminaba por los jardines de Netherfield, cuando caminaba a cualquier parte.
¡Con qué frecuencia bendigo al Dios que me hizo amarte así! (1)
Me dije a mí mismo que mi próximo baile con la señorita Elizabeth no era importante, que sería casi lo mismo que bailar con la señora Hurst o la señorita Bingley, pero mi cuerpo no creía aquella mentira. Mi corazón seguía latiendo rápida e insistentemente en mi pecho, mi garganta seguía tragando la saliva que abrumaba mi boca que ahora se sentía seca.
Consideré dejar el salón de baile y no cumplir con mi set designado a la señorita Elizabeth. Sería muy grosero, muy grosero, pero eso me daría la opción de verme como una figura severa y orgullosa, no como el idiota que podría verme bailando con ella. Pero por mucho que anhelara huir, era aún mayor mi anhelo de bailar con ella.
Cuando fui a buscarla para colocarnos en la línea de la coreografía del set, traté de moderar mis expectativas. Había pensado tantas veces en bailar con la señorita Elizabeth que el evento en sí probablemente me decepcionaría. En mi imaginación yo sería todo lo que un verdadero hombre Darcy debe ser, pero cuando seguía con esa ilusión en mi mente, inmediatamente me llegaba la idea de que no la llegaría a sorprender, sino que la terminaría decepcionando. Aunque parte mía se encontraba agradecida por nuestro amigable silencio, que me protegía de decir algo fuera de lugar, anhelaba escuchar su voz dirigiéndose a mí.
Concentré mi atención en los pequeños detalles de ella que quería recordar: las tres pecas de su nariz que formaban un triángulo, la suave curva de su labio inferior que era quizás demasiado grande en comparación con el superior, el contorno de sus cejas, que se veía rodeado de pocos cabellos rebelándose por estar en su lugar, el patrón de sus parpadeos, el brillo de su cabello a la luz de las velas, cómo las sombras y la luz caían sobre su cuerpo de mujer, el sonido de sus faldas y sus pies ligeros, el sentir su mano enguantada en la mía. Finalmente comprendí todo el anhelo en El Cantar de los Cantares: "Has apresado mi corazón, hermana mía, esposa mía; has robado mi corazón con uno de tus ojos, con una gargantilla de tu cuello". (2)
De alguna manera ella debió haber sabido de mi anhelo por escucharla cuando comenzó a hablar. "Este es un baile alegre". Hizo una pausa, esperándome, yo concordé con ella.
"Ahora le toca a usted decir algo, señor Darcy. Hablé del baile y ahora debería hacer algún comentario sobre el tamaño de la sala o el número de parejas."
Reflexioné sobre las palabras de la señorita Elizabeth. Ella solía hacer de las conversaciones una especie de juego, un rompecabezas para armar y luego reorganizar para formar una imagen diferente. ¿Estaba siendo simplemente ingeniosa o alguien le había dicho todas las cosas que yo tenía que aprender de niño mientras que los otros de mi edad lo aprendían por su propia cuenta, y ahora ella me estaba instruyendo? Si era esto, era un arte ruin. Decidí asumir que era lo primero y sonreí a través de la duda y el dolor.
Le aseguré: "Todo lo que quiera que diga, será dicho de inmediato". Esperé. ¿Me dirá que hacer o me censuraría ahora?
La señorita Elizabeth me miró, inclinó levemente la cabeza con un gesto juguetón, sonrió y luego respondió. "Muy bien. Esa respuesta servirá por el momento. Quizás con el tiempo yo pueda decir que los bailes privados son mucho más agradables que los públicos. Pero ahora podemos guardar silencio."
No pude leer con qué espíritu pretendían sus comentarios. ¿George le había hablado de mí? Necesitaba advertirle sobre él. Pero todavía no, todavía no. Para tener algo que decir, pregunté: "¿Habla por regla entonces, mientras baila?"
Ella me miró intensamente. Su mirada era demasiado fuerte; centre mis ojos en Bingley que estaba detrás de ella, mientras esperaba su respuesta. "A veces", dijo. "Uno debe hablar un poco, ya sabe. Sería extraño estar en silencio durante media hora juntos, sin embargo, para la ventaja de algunos, la conversación debería sostenerse de manera que puedan tener la molestia de decir lo menos posible."
Me preguntaba, ¿era esta una referencia oculta a mis primeros años cuando todavía tenía tantos problemas para comunicarme? ¿O estaba comentando mi casi mutismo durante sus últimos días en Netherfield, haciendo una referencia sobre mi silencio en la biblioteca cuando temía que si yo intentaba entablar una conversación la alejaría?
Le pregunté: "¿Está consultando sus propios sentimientos en el presente caso o se imagina que está satisfaciendo los míos?"
"Ambos", dijo. La señorita Elizabeth era encantadora, ligeramente sonrojada por el baile, sus rizos rebotaban tanto como podían mientras estaban domesticados por muchas horquillas. Todas las distracciones a mi alrededor se volvieron borrosas mientras me enfocaba en ella. Agregó, "porque siempre he visto una gran similitud en el giro de nuestras mentes. Somos de una disposición taciturna y antisocial, no estamos dispuestos a hablar, a menos que esperemos decir algo que sorprenderá a toda la sala dejándolos callados con nuestra brillante respuesta."
Me deleité un poco con nuestro combate verbal, que también había disfrutado durante su estadía en Netherfield, pero nuevamente me pregunté por qué estaba hablando de esta manera antes de responder: "Estoy seguro de que eso no se parece mucho a su propio carácter, aunque qué tan cerca pueda estar del mío no podría decirlo. Sin duda, le parece un retrato fiel.
Ella miró hacia abajo. ¿Estaba avergonzada por mi respuesta? Susurró: "No podría decidir sobre la mía". Me preguntaba quién iba a juzgarlo si no era ella o yo.
Seguimos bailando, pero el placer que había tenido antes se había desvanecido. Mis dudas estaban en plena vigencia. Cuando pudimos conversar una vez más, decidí tratar de descubrir si conocía mucho a George, y como preludio le pregunté: "¿Usted y sus hermanas caminan a menudo a Meryton?"
Ella respondió que sí, luego sonrió y agregó: "Cuando nos encontró el otro día, estábamos formando un nuevo conocido".
Sentí que la sangre me subía a la cara. Quería golpear a George, pero me conformé con decir: "El Sr. Wickham tiene la suerte de fingir modales agradables que le aseguren hacer amigos donde lo desee; pero es menos seguro que sea igualmente capaz de retenerlos".
Ella frunció el ceño antes de responder: "Ha tenido la mala suerte de perder su amistad y de una manera que probablemente sufrirá toda su vida".
Sentí que mi ira amenazaba con abrumarme, pero hice todo lo posible por responder con calma. Le dije: "Hubo un momento en que deseé su amistad, pero él nunca deseó la mía. Él era feliz de fingir que era mi amigo cuando se adaptaba a sus propósitos. Mi padre ciertamente deseaba que fuéramos amigos y lo trataba como familia, no obstante, nunca hemos sido amigos y nunca lo seremos después de todo lo que él ha hecho. Debe tener cuidado en cualquier trato con él; no es un buen hombre".
Mis oídos se agudizaron esperando su respuesta, pero fuimos interrumpidos por Sir Lucas quien hizo una referencia a Bingley casándose con la señorita Bennet. Ellos estaban dos parejas atrás de nosotros. ¿Acaso era una probable perspectiva y una expectativa general de la ciudad? Mis pensamientos habían estado tan concentrados en la señorita Elizabeth... Me preguntaba, ¿me había perdido de la relación entre mi querido amigo y su hermana?
Aparté la mirada de ellos y miré a la señorita Elizabeth con mucha seriedad. ¿Respondería ella a lo que le había revelado o la interrupción la silenciaría? ¿Debo repetirme o esperar su respuesta?
Ella me miró y no pude decidir qué significaba esa mirada. Luego comentó: "Recuerdo que una vez lo escuché decir, señor Darcy, que casi nunca perdonaba, que su resentimiento una vez creado era insaciable. Supongo que es muy cauteloso en cuanto a cómo fue su creación".
Sentí que su declaración era una prueba. Esperaba que no decepcionarla.
"Así es. He tratado de vivir según la instrucción del Señor, de perdonar el pecado de mi hermano contra mí cuatrocientas noventa veces (3), pero confieso que solo hay dos personas a quienes no puedo perdonar, aunque el número de sus ofensas contra mí pueda ser menor de esa cantidad".
Ella negó con la cabeza levemente, "Estoy tratando de descifrar su carácter, pero escucho relatos tan diferentes de usted que me desconciertan enormemente".
Este comentario me recordó la discusión de la señorita Elizabeth con Bingley acerca de descifrar su personalidad. Bingley realmente pudo haber querido decir en sus palabras, que "Ser visto tan fácilmente... es lamentable".
Sin embargo, al menos la señorita Elizabeth (asumiendo que estaba siendo honesta) reconoció su valor cuando respondió: "No significa necesariamente que una personalidad profunda e intrincada sea más o menos estimable que uno como la suya".
Bingley no tiene astucia, lo cual es parte de la razón por la que le tengo tanto cariño, no tengo que tratar de encontrarle sentido a las capas ocultas y los dobles sentidos. Él nunca parece participar en el sarcasmo, que fácilmente puedo pasar por alto cuando otros lo usan. George estaba particularmente enamorado de usar el sarcasmo a mi alrededor, pero al menos Bingley tuvo la amabilidad de identificarlo por mí.
Me pregunté si la señorita Elizabeth tenía alguna idea de cómo es mi carácter y si lo consideraría complicado con las capas de lo que pretendo ser, en lugar de quién soy bajo esta fachada cuidadosamente construida. En verdad, creo que soy un hombre sencillo cuando una vez me conoces.
Habiendo sido ya audaz, decidí confiar en ella. "Le diré todo lo que quiera saber, pero no puedo estar aquí donde alguien pueda escuchar. Entonces, tal vez, pueda descifrar correctamente quien soy".
La señorita Elizabeth no respondió mientras nos movíamos por el otro baile. Nos separamos en silencio, ella se despidió diciendo "Gracias" , asintiendo con la cabeza con conformidad.
Estaba insatisfecho, pero no la culpaba a ella sino a él. Sin duda, George es mejor que yo para encantar a la gente. En esto, él, Bingley y mi primo Edwin (el coronel) tienen un don similar, pero ahí terminan las similitudes. A George le encanta usar a otras personas para sus propios fines. El encanto de Bingley viene de un interés genuino hacia otras personas; no tiene malicia, que es parte de la razón por la que le tengo tanto cariño, no tengo que tratar de encontrarle sentido a las capas ocultas y los dobles sentidos. Mi primo Edwin se encuentra en algún lugar entre los dos, pero quiero creer que tiene buen corazón y buenas intenciones.
Me alejé distraídamente unos metros y me quedé de espaldas a la pared. Sabía por mi lectura previa del salón de baile que estaba situado bien lejos de cualquier puerta.
Vi a la señorita Bingley hablando con la señorita Elizabeth, pero no supe de qué. Sin embargo, me di cuenta de que la señorita Bingley era la que más decía y la señorita Elizabeth parecía enojada.
Esperaba que la señorita Elizabeth me buscara cuando concluyera su conversación, pero en cambio, unos minutos después, la señorita Bingley se me acercó. Ella me dijo: "Eliza ha hecho un favorito suyo al Sr. Wickham y se enojó conmigo cuando cuestioné la sabiduría de esa decisión. Ella me preguntó por él y, naturalmente, le dije que siempre has sido amable con el señor Wickham, aunque él te trató de una manera infame. Traté de explicarle que, dada su crianza, no se debe esperar nada mejor. Si usted confía los detalles, podría darle mayor información".
Esperó expectante, pero no teniendo deseos de confiar en ella, simplemente dije: "Aprecio su defensa mía". Sin embargo, temí que pudiera haber hecho que la señorita Elizabeth dudara aún más de mis motivos.
"Siempre estaré a su lado", me dijo, "pero basta de tonterías. No debería esperar nada mejor que esto de la gente de este lugar; sería bueno que volviéramos a Londres y los dejáramos a todos atrás. Ahora, hablemos de cosas más agradables. Tengo el próximo set libre si es cuando le gustaría reclamar su baile".
Asentí distraídamente. Sabía que sería de buena educación responderle algo, pero no se me ocurrió nada. Aunque aprecié su apoyo, hubiera preferido el de la señorita Elizabeth.
La señorita Bingley comenzó a preguntarme: "¿No escuché de mi hermano que tiene una tía viviendo a un día de viaje de aquí?"
Me encontré hablándole de Lady Catherine y la señorita de Bourgh mientras veía a Bingley acercarse a la señorita Bennet. Cuando empezó a conversar con ella, la señorita Elizabeth se acercó a la señorita Lucas y empezó a hablarle. Me sentí desesperado; ¿no se dignaría ella a venir a hablar conmigo a preguntarme por el señor Wickham?
A medida que mi interacción con la señorita Bingley se prolongó, deseé que el próximo set comenzara pronto para poder cumplir con mi deber hacia ella y luego terminar todo, pero los músicos parecían estar tomando un descanso más largo. Consideré si después de nuestro set podría irme a la cama.
Mi humor era sombrío y resentido cuando se me acercó la primera pareja de baile de la señorita Elizabeth. Hizo una profunda reverencia, casi como se haría ante el rey, y dijo: "Señor William Collins, rector de Hunsford bajo el patrocinio de la honorable Lady Catherine de Bourgh, a su servicio. Declaro que debo disculparme abyectamente por no darme cuenta que usted era sobrino de Lady Catherine. Me complace informarle que Lady Catherine y la Srta. de Bourgh estaban bien de salud cuando las vi por última vez, ayer por la noche."
Hablaba una y otra vez sobre el honor que era para él conocerme y lo afortunado que era de que estuviera visitando a sus primas mientras yo era un invitado en Netherfield. Mi estado de ánimo se volvió aún más oscuro cuando me informó: "Lady Catherine ha sugerido que encuentre una esposa en Longbourn, entre mis primas".
Habiendo visto al Sr. Collins bailar por primera vez con la señorita Elizabeth, antes de saber quién era, temí que la hubiera elegido para este puesto. Me sentí profundamente inquieto por la imagen de ella en sus brazos, debajo de su cuerpo, su olor empalagoso superando al de ella, los niños feos que él engendraría rodeándola.
¿Podría salvarla de tal destino? ¿Ser un marido alternativo para ella? ¡Seguramente ella me preferiría a mí que él! Pero, ¿quería tenerla como mi futura esposa y me consideraría una opción superior si realmente entendiera y conociera como yo era? Tales pensamientos todavía ocupaban mi mente mientras bailaba con la señorita Bingley.
Después de completar nuestro set, decidí no bailar más esta noche. Era mucho más agradable recordar mi tiempo al lado de la señorita Elizabeth que bailar con cualquier otra persona.
Decidí sentarme cerca de ella durante la cena, con la esperanza de poder hablarle más. Me sentí realmente afortunado cuando logré colocarme frente a ella, aunque eso significaba que estaba lejos de Bingley. Me imaginé a la señorita Elizabeth y a mí conversando agradablemente (ciertamente no podríamos hablar del señor Wickham delante de su madre y Lady Lucas), tal vez sintiendo su falda rozar mis piernas, tal vez incluso ayudándola a llenar su plato.
Pero en lugar de tener la oportunidad de hablar con ella una vez más, o de tener alguna interacción, escuché el fuerte susurro de la Sra. Bennet a Lady Lucas: "Oh, Dios mío, ¡qué suerte para mi familia que pronto podré llamar al Sr Bingley "hijo" cuando Jane y él se casen! La fortuna nos ha sonreído a los Bennet con este brillante matrimonio. El señor Bingley es un joven encantador, y tan rico, sin dudas un hombre bastante mejor que su amigo, incluso si el señor Darcy es más rico. No estaría bien tener el favor de un hombre tan miserable".
No me gustó que la Sra. Bennet tuviera una opinión tan pobre de mí, ya que apenas había intercambiado una palabra con ella antes, sus impresiones sobre mí deben provenir enteramente de sus hijas, principalmente de la Srta. Elizabeth. Sin embargo, no tuve tiempo para reflexionar más sobre esto, ya que cuando la Sra. Bennet hizo una pequeña pausa, su hija siseó, un rubor comenzó a inundar su rostro: "¡Mamá, cállate! ¡El amigo del Sr. Bingley está aquí! ¿No puedes mantener la voz baja?"
Su madre la ignoró y continuó un poco más alto: "Y pensar que mi Jane estará tan bien asentada a tres millas de nosotros, y las hermanas de él ya le tienen tanto cariño a ella. No tengo ninguna duda de que estarán muy contentas cuando el compromiso se formalice".
"¡Por favor, mamá, desista! El señor Darcy puede oírte." El rubor de la señorita Elizabeth creció; pero decidió ignorar mi mirada para centrarse en su madre, que solo estaba separada de ella por Lady Lucas.
"¿Y qué me importa lo que piense el señor Darcy?" dijo su madre enfadada. "Él no es el que se casará con tu hermana".
La Sra. Bennet se volvió hacia Lady Lucas. "Y qué bendición para mis otras hijas", continuó ignorando deliberadamente a su hija, que continuó protestando en voz baja, "Porque como la Sra. Bingley, Jane podrá poner a sus otras hermanas en el camino de hombres ricos, no es que Elizabeth lo necesite porque tengo la expectativa de que ella misma, muy pronto, pueda establecerse. En este momento de mi vida, solo puedo imaginar lo grandioso que será que Jane se convierta en una acompañante adecuada para sus hermanas."
"¡Mamá, por favor!" Pensé que sería imposible para mí no poder darle a la señorita Elizabeth cualquier cosa que pudiera pedirme si lo hiciese al menos con la mitad de su fervor actual.
"Oh, Lady Lucas, si tan solo pudieras ser tan afortunada con Charlotte y María, haría mi felicidad completa. Le deseo esto a usted y sus hijas. El destino sonreirá a su familia muy pronto."
La Sra. Bennet, por lo que sé de ella, parece que siempre habla lo que sea que tenga en mente. Fue refrescante escucharla compartir sin rodeos sus opiniones sobre la señorita Lucas anteriormente, cuando ella y sus hijas menores visitaron Netherfield cuando la señorita Bennet estaba enferma. A mí también me gusta decir lo que pienso, sin el estorbo de las expectativas sociales de un discurso cortés, pero sé que debo hacer todo lo posible para evitarlo, porque no sería apropiado. Aparentemente, la Sra. Bennet no tiene tales escrúpulos.
Pero al menos, aunque no pude conversar con la señorita Elizabeth, pude mirarla, ver nuevas expresiones en su rostro, escuchar nuevos tonos en su voz y observar qué tan bien manejaba sus utensilios (mucho mejor que la señora Bennet o Lady Lucas). Cuando cenamos juntos en Netherfield, siempre estaba sentado entre la señora Hurst y la señorita Bingley, con el señor Hurst frente a mí y la señorita Elizabeth en una diagonal bastante alejada de mí.
Consideré un par de veces tratar de conversar con la señorita Elizabeth de nuevo cuando noté que había dejado de bailar. Me paré donde podía mirarla fácilmente. Sin embargo, su primo, el Sr. Collins, casi siempre estaba a su lado junto con la señorita Lucas. Tenía envidia de que él pudiera reclamarla en una conversación, hacer que ella le prestara atención. Aunque estaba demasiado lejos para saber de lo que hablaban (aunque a veces podía escuchar su tono), podía ver el juego de emociones en su rostro, sus sonrisas, sus ceños fruncidos. Los guardé todos, la vista de ella era deliciosa en mis ojos. Tuve la sensación de que no le gustaba conversar con el Sr. Collins, que estaba bastante cerca de sí, ya que ella siempre se volvía más hacia la señorita Lucas que hacia él.
Más tarde, me acerqué un poco más a la señorita Elizabeth, con la esperanza de que me diera alguna pista de que debía unirme a ella. Pero esa pista nunca llegó y, a menudo, estaba de espaldas a mí. No llegó a recordarme más que la vez que vi la espalda de la enfermera Storey la última vez que se fue, para no volver nunca más.
Cuando el baile terminó y los invitados de Bingley se iban, me quedé incluso más cerca de la señorita Elizabeth, esperando que me diera alguna pista de que debía unirme a ella. Quizás fue una cobardía que no intentara entablar conversación con ella. Pero cuando la miré, evitó mi mirada. Su familia permaneció más tiempo después de que concluyó el baile, pero en vano esperé una señal que nunca llegó.
Bingley me había señalado antes que solo las mujeres se sentaban entre bailes a menos que un caballero fuera anciano, estuviera enfermo, o se encontrara en la sala de juegos de cartas, por lo que al estar casi todo el día de pie mis piernas se encontraban tensas y mi cuerpo pesado, sin embargo, recostado en mi cama, mis pensamientos continuaron viniendo rápidamente y el sueño todavía se negaba a reclamarme. Durante algún tiempo pensé si la señorita Elizabeth podría acercarse a mí otro día y, de ser así, si debería revelarlo todo. Tuve muchas conversaciones imaginarias con ella en mi mente.
Luego, cuando las primeras luces del amanecer empezaron a iluminar mi habitación, pensé en el poema de Coleridge, escuchando cada línea sonar para mí mientras recordaba cada mirada que la señorita Elizabeth me había dado esa noche. De repente me senté en la cama, sorprendido por una revelación que me golpeó como un relámpago que me atravesó: Pensar en la señorita Elizabeth junto con el poema solo había fortalecido mi contemplación de ella; según sus propios pronunciamientos, esto debe significar que yo la amaba.
Lo que me gustó más de este fanfic es que toma ciertas escenas del libro y les da un enfoque nuevo que mantiene la mayor parte de su esencia con un Darcy que enfrenta muchos más desafíos sin dejar el honorable hombre que es. Se vienen escenas completamente nuevas. ¿Qué piensan de la actitud de Elizabeth?
Nota de la traductora: Sigue la historia para sus actualizaciones. Puedes comentar aquí o en la versión original. Me disculpo si hay algún horror ortográfico que se me haya pasado.
Queda prohibida su reproducción sin autorización de la autora original.
(1) Poema que Darcy recitó a Caroline y se reproduce en su mente al pensar en Elizabeth, de Coleridge Taylor.
(2) Cuando Darcy piensa en Elizabeth. Cantar de los Cantares, o Cantar de Salomón es uno los libros del Antiguo Testamento. Ahí los amantes de encuentran en plena armonía y siente un deseo mutuo por el otro.
(3) Perdonar 490 o setenta veces 7. Es un pasaje bíblico en el que Jesús le habla a Pedro sobre el perdón.
