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Respeto

Summary. Por Kami, claro que le deseaba y moría por hacerla suya, por proclamarse suyo. Pero no podía, no así, no era correcto. Blank Period.


El sonido del viento jugueteando con las copas de los árboles era el único sonido que debía escucharse en aquel lugar y a aquella hora, ya bastante entrada la noche. Sin embargo, en un claro de aquel inmenso bosque, también se podían escuchar leves gemidos, esporádicos jadeos y la respiración agitada de la pareja que se fundía en apasionados besos y caricias firmes pero gentiles. Ellos podrían jurar que incluso se podía oír el agetreado latir de sus corazones. La pelirrosa estaba sentada a horcajadas sobre el azabache cuya espalda apoyaba en el tronco de un árbol, quien la apretaba a él con su brazo alrededor de su cintura, acariciando con urgencia la espalda femenina, posando su mano la nuca de la chica para profundizar el beso y enredando sus dedos en el suave cabello de su amada. Y es que hacia ya varios días que se había encontrado imaginando esos momentos, imaginando como sería acariciar su piel nívea, tenerla a su merced. Se había reprendido a sí mismo por pensar en ella de esa manera, no habían llegado si quiera a más que besos dulces, tiernos e inocentes y abrazos tímidos. Pero no podía evitarlo, no podía evitar ver como sus caderas se contoneaban cuando caminaba frente a él, observar su cuello largo e imaginarse besándolo con ímpetu o pensar en cómo se sentiría que sus piernas largas le rodearan. El acabose había sido esa misma mañana, cuando habían pasado a unas aguas termales y, llegando a la habitación, le había encontrado con la yukata más abierta de lo que debía, formando un escote que dejaba a su vista el lugar donde sus senos empezaban. El pelinegro sintió como el calor subía a su rostro y se obligó a apartar la vista, huyendo a zancadas hacia el baño, maldiciendo su poco autocontrol y dejando a Sakura sumamente confundida. Al final de cuentas, Sasuke era hombre, un hombre que se había mantenido ajeno a los cambios hormonales durante su adolescencia, provocando que ahora no supiera cómo lidiar con ellos.

A la fogata probablemente le quedaban solo unos minutos de fuego antes de apagarse. La habían encendido con la intensión de cocinar algo para la cena y brindarles calor, pero esto último era innecesario ya. La calidez la habían encontrado en el cuerpo del otro, en sus labios ardiendo en pasión y en las caricias que parecían quemar, olvidando así el viento frío que corría esa noche. Sakura estaba ya con la blusa medio abierta, dejando al descubierto el sujetador que vestía, sus labios habían bajado a explorar el cuello del Uchiha, mientras este tiraba la cabeza hacia atrás dejándole el camino libre, cerrando los ojos con fuerza e intentando ahogar un leve gemido. La pelirrosa metió las manos bajo su camisa y comenzó a tirar de esta hacia arriba, acariciando su abdomen y espalda en el proceso. Fue cuando se percató de que las manos de la chica habían bajado a su pantalón que Sasuke abrió los ojos de golpe y tomó la muñeca de la chica con fuerza, evitando que continuara y provocando que se separara de él con sorpresa en el rostro. El azabache la observó en silencio por unos segundos, sus labios estaban ligeramente hinchados, sus mejillas sonrojadas, respiración errática y pudo ver algunas marcas que él mismo había dejado en la piel de su cuello.

—Detente. —Dijo de repente en un hilo de voz.

—¿Sa-Sasuke-kun? ¿Qué sucede? —Inquirió la chica con la voz temblorosa y evidente confusión en su mirada. La culpa se apoderó rápidamente de Sasuke al verla así.

—Sólo detente. Para. —Respondió con voz firme, viéndole a los ojos con determinación. Lo cierto era que había sacado fuerza de voluntad de quién sabe dónde para detenerse él mismo. Rogaba internamente por qué Sakura cediera, pues si ella no lo hacía él no podría parar luego. Jaló de su muñeca, la cual aún sostenía, indicándole que dejara aquella posición y se sentara a su lado. La chica obedeció, bajando la mirada y mordiendo su labio inferior.

La ojijade instintivamente cubrió su pecho con sus brazos cuando fue liberada del firme agarre del azabache y abrazó sus rodillas, escondiendo su rostro entre ellas. Por un momento creyó que todo iba de maravilla y, de repente, la había apartado, de nuevo. ¿Había cruzado el límite? O... ¿O a caso no tenía lo suficiente para provocarlo? Ese último pensamiento fue un duro golpe a su autoestima y confianza e hizo que un nudo se instalara en su garganta, haciendo que algunas lágrimas comenzarán a acumularse en sus ojos. A su lado, Sasuke la observaba detenidamente, sabía lo que surcaba su mente y buscaba con ansias las palabras para explicarle su comportamiento. Por Kami, claro que le deseaba y moría por hacerla suya, por proclamarse suyo, por perderse en ella, fundirse juntos si es que era podible estar más unidos de lo que ya estaban. Pero no podía, no así, no era correcto. Recostó la cabeza en el tronco de nuevo, restregando su rostro con su mano. El silencio perduró hasta que ambos lograron calmar su respiración y un poco más.

—Yo... Yo te debo respeto. —Dijo finalmente el Uchiha, rompiendo el hielo, haciendo que Sakura levantara levemente la mirada y la enfocara en el fuego frente a ellos, cada vez más débil, mientras él trataba de esconder su rostro de ella. —A ti y a tu familia.

—¿De qué hablas? —Cuestionó la pelirrosa, con el ceño ligeramente fruncido y confusión en su mente.

—Mis padres. —Hizo una pausa. —Ellos seguramente me sermonearian si te tocara sin que tengas mi apellido. —Confesó finalmente, volteando su rostro lejos del alcance de la mirada esmeralda de la kunoichi.

Sakura, por su lado, levantó el rostro de golpe cuando terminó de asimilar las palabras de su amado, observando como escondía su rostro de ella. Una sonrisa se comenzó a abrir paso en sus labios, su corazón estaba sumamente conmovido y lleno de ternura. A pesar de todo, por siete años Sasuke fue criado en el seno de la familia principal de un honorable clan de costumbres y principios arraigados. Era eso, no la estaba despreciando. Era el no querer decepcionar a sus padres, era el querer respetarla a ella.

Sin poder contenerse, la pelirrosa lanzó sus brazos alrededor del cuello del azabache, transmitiendole todo el amor y ternura que él provocaba en ella. Tratando de hacerle entender que podía confiar en ella y no debía apenarse por contarle ese tipo de cosas y, al mismo tiempo, agradeciéndole el que la quisiera de esa forma. Sasuke se volvió para verle, sus ojos expresaban un amor infinito, comprensión, la calidez de un hogar, un hogar que ella le proporcionaba a su lado. Rodeo la cintura de la chica con su brazo, hundiendo el rostro en su cabello rosa y llenándose del aroma que ella desprendía.

—Será cuando tu quieras, entonces. —Susurró la kunoichi mientras pegaba su frente a la de él y depositaba un casto y tierno beso en sus labios, regalandole luego una amplia sonrisa. Con el tiempo juntos, ella había aprendido a avanzar al ritmo del peli negro y, aunque al principio fue tedioso, le había llegado a gustar, lo disfrutaba. Disfrutaba de esas pequeñas cosas que él iba ofreciéndole con el paso del tiempo, como cuando tomó su mano por primera vez o la primer noche que durmieron abrazados. Ella no había querido presionarle, y había sido la mejor decisión.

—Hmp. —Fue su respuesta y fue suficiente, estando esta acompañada por una sonrisa, de esas que solo le regalaba a ella.

Sakura se acomodó a su lado, poniendo su capa de viaje sobre ellos para cubrirse del frío y poder descansar. El Uchiha, por su parte, pasó su brazo sobre los hombros de la chica y comenzó a acariciar su cabello a modo de arrullo. Apoyó su mandíbula sobre la cabeza de la pelirrosa, acompasando su respiración a la de ella.

—Quizá mañana, en el camino, podamos buscar algún templo. —Sugirió el azabache en un susurro, como si alguien más pudiese escucharle si hablaba un poco más fuerte y el quería mantenerlo sólo para ellos dos.

La Haruno se limitó a asentir con la cabeza y apretar más su abrazo alrededor de él. Unos segundos más tarde, él sintió la humedad en su camisa, donde ella estaba. Asumió que las lágrimas humedecian sus mejillas y le hizo sonreír. La había hecho llorar tantas veces antes, tantas que había perdido la cuenta y se arrepentía de cada una de esas veces. Sin embargo, en ese momento sus lágrimas no eran de dolor, de tristeza o de impotencia, eran de felicidad, porque estaban juntos por fin. Porque ambos eran felices y compartían sus caminos.