Autora POV

Los años habían pasado. Sakura había visto gente ir y venir de la organización sin tomarle mucha importancia. Rara vez era llamada a trabajar, sus días se resumían a continuar con su entrenamiento, si algún miembro de la organización llegaba con heridas era ella quien se encargaba de dar los primeros auxilios, durante cortos periodos de tiempo acompañaría a alguno de sus padres mientras estos hacían trabajo, y durante las noches se mantendría hablando con Kurama hasta que el sueño la venciera.

La vida como la hija de un criminal era bastante monótona si le preguntaban a ella. No había grandes emociones en su vida, contrario a la creencia popular.

La joven pelirrosa se encontraba cercana a cumplir los once años. Usualmente, no se sentía emocionada acerca de su cumpleaños, no entendía la necesidad de hacer una celebración por algo tan trivial como aquello… Pero esta vez, algo se sentía ligeramente distinto. Tenía el presentimiento de que algo estaba a punto de suceder que rompería con la aburrida rutina de su vida.

No tardó mucho en descubrir que sus instintos no estaban demasiado errados…

Faltaban unas pocas semanas para su onceavo cumpleaños cuando su padre la llamó a su oficina. Normalmente esta no sería una acción extraña, estaba acostumbrada a tener que dar informes diarios de los avances de su entrenamiento, pero supo que esta vez era distinto al notar la seria expresión que acompañaba las facciones de su padre.

– He decidido darte una misión… –habló lentamente el hombre apoyando los codos sobre su escritorio mientras entrelazaba sus dedos. – ¿Crees que puedes manejarlo?

Sakura parpadeó un par de veces procesando esta nueva información. No era común que su padre le diese misiones, según lo que su madre le había explicado, a ninguno de los dos le agradaba la idea de darle misiones y exponerla al ojo público, incluso si ella también formaba parte de Akatsuki. Que le estuviesen dando una misión ahora, realmente tenía que ser algo serio, o debió estar bastante pensado de antemano.

– ¿En qué consiste mi misión? –preguntó suavemente la pelirrosa, sus dedos enredándose en el único mechón rojo de su cabello mientras jugueteaba con este.

– Necesito que te infiltres en Konohagakure. Te harás pasar como una gennin común y corriente, y me pasarás información cada mes. –explicó el hombre.

– ¿Qué es lo que estaré espiando? –inquirió Sakura queriendo tener más detalles del trabajo que tendría que realizar.

– Estarás atenta a cualquier movimiento que los altos mandos de la aldea den, sin embargo, tu objetivo principal serán dos jóvenes. –fue la respuesta obtenida. Su padre colocó dos fotos sobre la mesa, y ella se acercó para poder observarlas mejor. – Uchiha Sasuke, hermano menor de Itachi, único sobreviviente de la masacre del clan. –la información fue dada mientras su padre señalaba una de las fotos donde un chico de cabellos negros y ojos ónix, similar a Itachi, era visible. El chico en la foto mantenía una expresión seria, casi de enojo, y en el fondo de ese enojo Sakura podía vislumbrar pequeños atisbos de dolor. Una combinación de emociones que era entendible teniendo en cuenta su historia. – Es considerado un prodigio entre su generación, con calificaciones más altas que el promedio. Sus habilidades podrían ser beneficiosas o una amenaza para nuestra organización dependiendo del camino que tome, además… Tenemos razones para creer que Orochimaru podría tener su mirada en él.

Orochimaru, aquel hombre serpiente que estaba obsesionado con el poder y la búsqueda de la vida eterna. Había abandonado Konoha convirtiéndose en un desertor, y había pasado un tiempo como miembro de Akatsuki. Sakura aún podía recordar la desagradable sonrisa que el hombre tenía siempre, y la forma en la que se le quedaba mirando cada vez que sus caminos se cruzaban. Orochimaru había terminado huyendo también de Akatsuki luego de un intento fallido de atacar a Itachi.

¿Dónde se encontraba actualmente ese hombre? Sakura realmente no tenía idea, tampoco le importaba realmente…

– ¿Y el otro muchacho? –decidió preguntar la pelirrosa dirigiendo su mirada a la segunda foto. En esta, un niño de cabellos rubios y ojos celestes era visible. Tenía unas curiosas marcas en sus mejillas, las cuales se asemejaban a los bigotes de algún animal, y destacaban más con la radiante sonrisa que estaba esbozando. Sakura recordaba vagamente haber visto al niño cuando viajó a la aldea años atrás para reclutar a Itachi, pero incluso si su encuentro con el rubio había sido breve, había algo en él que se le hacía bastante familiar… Como si lo conociese de una forma más… íntima. Pero no era posible ¿Verdad?

– Uzumaki Naruto. Está bajo el cuidado de la rama principal del clan Nara. Un niño simple que no destaca mucho realmente. –contestó Pein.

– ¿Entonces cuál es el motivo de vigilarlo? –preguntó inocentemente Sakura.

– Es uno de los Jinchuuriki. –fue la respuesta simple que su padre le dio.

Jinchuuriki. Sakura había aprendido el termino unos años atrás cuando comenzó a comprender más acerca de los motivos de sus padres y la organización.

Jinchuuriki, "poder del sacrificio humano", se trataba de personas que habían sido utilizadas como contenedores, para sellar en su interior a los nueve bijuus. Había sido una medida utilizada en el pasado para intentar contener a esas temibles bestias, ya que ningún shinobi, por más fuerte que fuese este, tenía el poder para acabar con ellas.

Con esta información, Sakura podía decir fácilmente que ella también era una Jinchuuriki. En su interior ella contenía la mitad oscura del chakra del Kyuubi no Kitsune, o como ella lo conocía: Kurama. Si sus padres eran conscientes de esta información, era algo que la pelirrosa no podía decir con certeza. Jamás les había dicho que tenía a Kurama en su interior… No porque no quisiese, tampoco porque el mismo Kurama le dijese que se mantuviera en silencio con respecto al tema, no… Jamás se los había dicho porque no estaba segura de cómo reaccionarían una vez que lo supiesen.

Uno de los principales objetivos de Akatsuki era cazar a todos los Jinchuuriki, y extraer las bestias de su interior. Era un proceso doloroso que terminaba con la muerte de la persona. Ningún contenedor podía sobrevivir una vez que el bijuu abandonaba su cuerpo. Si ella les decía la verdad a sus padres ¿Harían lo mismo con ella? ¿Qué pesaría más…? ¿Su amor por ella o sus ambiciones? Sakura tenía miedo de que la respuesta fuese sus ambiciones. Tenía miedo que a pesar de todo lo vivido, la miraran a los ojos y le dijesen que extraerían a Kurama de su interior, que era un riesgo que debían correr para obtener un bien mayor.

– Entiendo… –respondió. – Entonces, ¿solo debo observarlos? ¿Nada más?

– Solo observarlos. Cada vez me enviarás un informe. Si estando dentro de la aldea descubres información crucial que crees que pueda ser beneficiosa para nosotros, la agregarás a tus informes. Eso es todo… ¿Tienes alguna duda? –inquirió Pein enderezando su espalda mientras miraba a la niña frente a él.

– ¿Cuándo partiré hacia Konoha?

– Dentro de dos días.

– Entiendo. –murmuró la pelirrosa antes de realizar una respetuosa reverencia hacia su padre. – Me esforzaré para cumplir con esta misión. No te decepcionaré, otou-sama.

– Se que no lo harás, pequeño cerezo…

-.-.-.-.-.-.- Konoha -.-.-.-.-.-.-

– ¿Por qué siempre tienes que arrastrarme a estas cosas? –se quejó Shikamaru mientras corría detrás del rubio a quien consideraba su hermano. Ambos se encontraban huyendo de un grupo de aldeanos bastante molestos con este último. – Solo teníamos que comprar lo que pidió mamá.

– ¡Oye! –se quejó el rubio sin quejar de correr. – ¡No es mi culpa que la gente de la aldea se comporte así cuando me ven! ¡Jamás hice nada en contra de ellos, dattebayo!

Ambos continuaron corriendo hasta que lograron perder de vista a los aldeanos, escondiéndose en un pequeño callejón. El castaño suspiró mientras recargaba su espalda contra la pared.

No era una situación nueva para él, habían estado viviendo esto desde que ambos eran niños, pero mientras más pasaban los años, menos comprendía el por qué sucedía. Todas las personas en la aldea, o por lo menos la gran mayoría, parecían haber desarrollado un odio irracional hacia su hermano. Incluso si este no había hecho nada para ganarse su odio, siempre lo miraban con expresiones de asco y molestia, como si el rubio fuese la peor escoria posible.

Siempre que se acercaban a algún comercio, era habitual que el propietario intentase echar a patadas al pobre chico, o que incluso les subieran el precio a los productos sabiendo que no contaban con tanto dinero en sus bolsillos. Únicamente se contenían de sus maldades cuando ambos iban acompañados de su padre, nadie se atrevía a hacerles algo cuando estaban en compañía de un respetado shinobi quien además era la cabeza del clan Nara.

Más de una vez, Shikamaru había intentado preguntarle a sus padres por qué los aldeanos parecían odiar tanto al rubio, pero cada vez que lo hacía recibía respuestas incompletas. Su madre lo miraría con una sonrisa triste mientras le decía que jamás debía abandonar a su hermano, y que debían esforzarse para darle mucho amor y contrarrestar el odio de los demás. Su padre, por otro lado, se limitaría a decir que las personas eran estúpidas y prejuiciosas antes de cambiar de tema.

Shikamaru no era idiota, a su edad era mucho más inteligente y observador que el promedio de la gente -hecho que ocultaba con su actitud despreocupada y perezosa-, podía decir con certeza que tanto su padre como su madre sabían a la perfección lo que estaba sucediendo, pero por alguna razón no se lo dirían, y eso le frustraba bastante.

– Parece que finalmente los perdimos, dattebayo… –murmuró el rubio mientras se sentaba en el suelo, posicionando la bolsa de comida que llevaba consigo a un costado.

– Esto no hubiese pasado si no les hubieses robado. –se quejó Shikamaru esbozando una mueca de cansancio.

– Si no lo hubiese hecho volveríamos a casa sin las cosas que nos pidió mamá. –refunfuñó el rubio. – A todos los negocios que fuimos esos viejos molestos intentaban subirnos el precio sin razón alguna, dattebayo.

– Naruto…

– Lo sé. –suspiró el nombrado. Sus facciones se contorsionaron en una mueca triste mientras s encogía para abrazar sus piernas. – Es solo que… Es injusto…

Shikamaru miró con empatía a su hermano. Incluso si no estaban realmente relacionados por la sangre, se habían criado juntos, y había desarrollado un gran cariño hacia él. Verlo de ese modo tan destrozado, hacía que el corazón del castaño se estrujara.

Naruto no era una persona que a menudo se mostrase así. El chico prefería esbozar una de sus radiantes sonrisas antes que demostrar realmente cuanto le afectaban las palabras de los demás… Pero el también era humano, y eventualmente llegaba aquel punto en el que no se sentía con fuerzas para fingir que todo estaba bien.

– Dentro de poco serán los exámenes finales. –decidió cambiar de tema en un intento de distraer al rubio de su angustia. – Finalmente podremos convertirnos en gennins, bueno… eso si pasamos el examen.

– Lo dices como si tu no fueses a aprobar, dattebayo. –se burló Naruto dejando escapar una pequeña risa. – En todo caso, el que debería preocuparse soy yo… Soy de los peores de la clase, dattebayo.

– No creo que eso te impida aprobar. –contestó Shikamaru. – ¿No dijiste hace tiempo que te convertirías en un shinobi sin importar qué?

Naruto esbozó una pequeña sonrisa entusiasta al escuchar a su hermano decir aquello. Era cierto… El mismo había jurado que se convertiría en un gran shinobi y que obtendría el puesto de Hokage, para demostrarle a todos lo equivocados que estaban con respecto a él. Había sido una promesa que se había hecho a si mismo, un sueño al que no planeaba retroceder.

– Oí que cuando nos graduemos, nos colocarán en equipos de tres gennins. –dijo el rubio mirando al cielo con ojos soñadores. – ¿Con quien crees que te tocará, Shikamaru?

– Bueno… Soy el heredero del clan, según lo que es tradición estoy bastante seguro de que terminaré en un mismo equipo con Ino y Chouji. –comentó pensativo el castaño. – No me molesta formar equipo con Chouji, pero Ino será un dolor de cabeza… –suspiró, agotado por la sola idea de tener que convivir con la chica de cabellos platinados.

– Si, estoy seguro de que se molestará por no estar en el mismo equipo que su querido "Sasuke-kun". –se rió por lo bajo Naruto. Shikamaru asintió de acuerdo con sus palabras. – No entiendo por qué todas las chicas de nuestra edad, incluso las que no asisten la academia, están tan locas por él, dattebayo…

Shikamaru se encogió de hombros en respuesta. Realmente no era un tema que le importara.

– ¿Y tú? –decidió preguntar el castaño. – ¿Con quién crees que formarás equipo?

Naruto lo pensó por unos segundos antes de encogerse de hombros y sonreír.

– Creo que cualquier persona estaría bien, dattebayo.

– ¿Incluso Sasuke? –preguntó Shikamaru esbozando una sonrisa ladina.

Las mejillas de Naruto adquirieron una fuerte tonalidad rojiza que no hizo otra cosa que provocar las risas de Shikamaru. Su pequeño hermano era tan fácil de molestar…

-.-.-.-.-.-.- Akatsuki -.-.-.-.-.-.-

Sakura caminaba por los pasillos de la guarida dirigiéndose hacia su cuarto. Hacía tan solo unas horas su padre le había informado de su nueva misión, y aún se encontraba pensando en ello.

Siendo honesta consigo misma, estaba algo nerviosa. Incluso si sus padres la habían criado y entrenado para realizar con gran efectividad esa clase de trabajos, era la primera vez que realmente se encontraba en esa situación, y era la primera vez que estaría tan lejos de casa.

"¿Qué piensas de la misión, Kurama?" –la joven pelirrosa preguntó en su mente esperando la respuesta del zorro demonio que habitaba en su interior.

"Como si me importase lo que haces, mocosa" –ladró Kurama con su actitud habitual. El bijuu actuaba normalmente hostil hacia ella, y en los años que habían pasado tampoco se había molestado en compartir mucha información con ella, pero Sakura se atrevería a decir que el Kitsune no la odiaba realmente, o al menos no le desagradaba tanto. En todos los años que llevaban juntos, se atrevería a decir que habían encontrado cierta comodidad en el pequeño vínculo que compartían.

"No seas tan gruñón, Kurama… ¿Qué en Konoha no estaba tu otra mitad? ¿No estás feliz?" –inquirió Sakura mientras continuaba caminando por los extensos pasillos.

"¿Eres consciente de lo que estas preguntando? El día que consiga escapar de tu interior y reunirme con mi otra mitad, será el día en que mueras" –gruñó la bestia.

"Eres tan amargado Kurama… Sigues hablando de esas cosas… Creí que te agradaba hablar conmigo" –dijo la chica con falso dramatismo. Al no escuchar respuesta de parte de Kurama, simplemente suspiró y continuó con su camino.

Estaba cerca de su cuarto cuando alguien la detuvo.

– Sakura-hime… –la suave voz de Itachi le hizo cosquillas los oídos.

La pelirrosa detuvo su andar y se volteó para encarar al Uchiha quien se encontraba a un par de metros por delante de ella. La diferencia de alturas era notable, haciendo que Sakura tuviese que alzar la cabeza para poder mirarlo a los ojos.

– ¿Hay algo que necesites, Itachi-san? –preguntó con calma ella.

En los años que habían transcurrido, jamás habían tenido que relacionarse mucho. Itachi generalmente se encontraba fuera de la guarida, realizando misiones para su padre, y ella generalmente se encontraba ocupada con sus propios deberes, pero las pocas veces en las que coincidían solían hablar, y podían decir que eran algo parecido a amigos.

Itachi a menudo parecía preocuparse por ella, aunque no lo demostrase abiertamente. Sakura lo había atribuido al hecho de que ella era una niña en medio de una organización criminal. Estaba bastante segura de que Itachi sentía el instinto de protegerla por esa razón, aunque al final del día no le molestaba tener a alguien que se preocupase por ella. Era casi como tener un hermano mayor.

– Oí que Pein-sama te encomendó una misión… –comentó Itachi.

La pelirrosa asintió en respuesta.

– Es una misión de infiltración y espionaje, nada demasiado arriesgado. –explicó Sakura. – Como nadie sabe sobre mí, no habrá sospechas, y solo tengo que enviarle informes mensuales a otou-sama mientras llevo una vida "normal" allá.

El pelinegro asintió, aunque no lucía demasiado tranquilo con la nueva información. Incluso si su rostro permanecía estoico, Sakura podía percatarse de que sus músculos estaban tensos.

– ¿A qué lugar irás? –inquirió esta vez.

– Konohagakure… Es tu antigua aldea, ¿verdad? –preguntó en respuesta la chica recibiendo un pequeño asentimiento en respuesta. – Podré a ver a tu hermano menor, Itachi-san… –añadió sin rebelar muchos detalles acerca de como el Uchiha menor era parte de su misión.

– Ten cuidado… –murmuró de pronto Itachi tomándola por sorpresa. – Sé que eres bastante capaz, pero aún así… Solo… Ten cuidado…

Sakura se mantuvo en silencio por unos segundos, aún sorprendida, antes de finalmente esbozar una pequeña y cálida sonrisa, y asentir.

– No se preocupe Itachi-san, seré cuidadosa. Antes de que se de cuenta, volveré a casa…