Autora POV
– ¿Tienes todo lo que necesitas?
Si era sincera consigo misma, Konan jamás pensó encontrarse a si misma cumpliendo el rol de una madre. Tal vez el pensamiento había recorrido fugazmente su mente cuando era una niña, inocente, ingenua, antes de que la guerra le hubiese arrebatado a su familia. Pero durante su vida adolescente y adulta, la idea jamás cruzó por su cabeza.
Cuando era joven, sus únicos pensamientos estaban dedicados a sobrevivir y cuidar de Yahiko y Nagato. Cuando los tres de ellos formaron Akatsuki, solo podía pensar en el sueño de paz que compartían. Cuando Yahiko murió, solo podía pensar en aferrarse a Nagato e intentar cumplir los objetivos que el pelinaranja había tenido en vida. Cuando Akatsuki se convirtió en una organización criminal, Konan supo que jamás podría aspirar a una vida normal, no cuando su cabeza tenía un precio por captura.
Por eso, cuando Nagato llegó un día a la base sosteniendo a una bebé de cabellos rosados, la peliazul no sabía realmente qué esperar. Cuando intentó preguntarle a su amigo al respecto, solo se limitó a decirle que la niña estaría viviendo con ellos, y que necesitaba de su ayuda para criarla.
Cuidar de un bebé había sido toda una experiencia reveladora para Konan. Incluso si era una mujer y se esperaba que tuviese un mínimo instinto maternal que la orientase a cuidar a un ser tan vulnerable, la verdad era que estaba totalmente perdida. Así fue como se encontró varias noches colándose en la ciudad para buscar información y suministros que fuesen de ayuda.
De alguna forma, habían conseguido hacer que la bebé sobreviviese, y conforme pasaba el tiempo, una sensación de calidez comenzaba a instalarse en su pecho cada vez que veía a la pequeña criatura. No estaba realmente segura de cuándo comenzó a ver a la niña como su propia hija, pero nadie le negaría que lo era.
Sakura era su pequeña. Su hermoso cerezo que había jurado proteger.
Y era por eso mismo que no le agradaba verla partir a una misión que podía durar entre un mes a varios años.
Nagato y ella jamás estuvieron realmente seguros de meterla en el mundo criminal, durante mucho tiempo intentaron retrasar que Sakura vaya a misiones, pero sabían que inevitablemente el día llegaría. Konan solo lamentaba que el día llegara tan pronto…
– Hai, Okaa-sama. –respondió dulcemente la pelirrosa mientras se ajustaba la mochila que llevaba sobre sus hombros. – Todo lo esencial. Ni más ni menos.
Konan asintió antes de dejar escapar un pequeño suspiro y abrazar a su pequeña.
– Ten mucho cuidado, ¿sí? No bajes la guardia por nada del mundo. Si te descubren, huye de inmediato.
– Lo sé, Okaa-sama. Otou-sama y tú me han enseñado bien, no haré nada imprudente. Cumpliré con la misión tal como es de esperarse. –afirmó Sakura. Su voz era suave, pero se podía escuchar la determinación en ella. Era una niña que solo quería complacerlos.
– Es mejor que partas pronto si quieres llegar en el tiempo previsto, Sakura. –Nagato dijo entrando a la habitación. Por primera vez mostrando su cuerpo real en vez de uno de esos cadáveres que controlaba con su dojutsu.
El pelirrojo lucía ligeramente pálido, más de lo que era normal en él. Unas suaves ojeras estaban instaladas bajo sus ojos, y sus mejillas estaban ligeramente hundidas. Era el resultado de usar tanto chakra para controlar seis cuerpos.
Sakura asintió hacia su padre. Rápidamente los abrazó a ambos antes de desaparecer en un remolino de pétalos.
Konan se mordió el labio observando el lugar donde la pelirrosa había estado hace tan solo unos instantes, antes de voltearse a ver a su compañero y amigo de la infancia.
– ¿Crees que estará bien? –preguntó. La preocupación era notable en su voz.
Nagato no respondió inmediatamente, sus ojos estaban fijos en el mismo lugar donde ella había estado mirando antes. Parecía perdido en sus pensamientos. Su rostro permanecía estoico, pero Konan podía decir por su mirada que el hombre estaba tan preocupado como ella.
– Lo estará… –respondió finalmente luego de varios minutos. – La hemos criado bien, ella sabrá apañárselas sola…
-.-.-.-.-.- Konoha. Varios días después -.-.-.-.-.-
En épocas de paz, no había mucho que sucediese en Konoha. No es que Sarutobi esperase que ocurriese una tragedia, pero desde hacía tiempo que sus días se habían vuelto una rutina monótona: Pilas de papeleo que debía leer y firmar. Shinobis que constantemente venían a pedir misiones o reportarse luego de haber acabado una. Reuniones con el consejo y los líderes de clanes nobles. Eventualmente algún civil aparecería con una petición sin sentido que consistía en deshacerse del pequeño Naruto…
Ah… Naruto… Mirando hacia atrás consideraba que había sido una buena idea dejar que el clan Nara adoptar al joven hijo de Minato. Viendo como los civiles trataban constantemente al rubio solo por el hecho de tener al Kyuubi en su interior, le hacía pensar que la vida del joven hubiese sido mucho más complicada sin una familia que le brindase amor y contención.
Pero aún así, recibir todo ese odio y no comprender siquiera por qué… Podía imaginarse que dejaría una marca en la personalidad del niño. Y aquello solo le hacía preguntarse cómo estaría afrontando la vida su gemela.
Más de una vez se había preguntado a si mismo si había sido una buena decisión enviar a la niña fuera de la aldea. Siendo objetivos, era mucho más seguro si ambas mitades del Kyuubi permanecían separadas lo más posible, por lo menos hasta que ambos niños pudiesen controlar el poder que llevaban dentro… Sin contar que, al ser llevada a un lugar donde no la conocían, la niña no correría con los mismos prejuicios con los que su hermano había tenido que crecer. Pero por otro lado… ambos eran familia, merecían conocerse, estar juntos, quererse…
Tal vez, si el destino así lo quisiera, sus caminos se volverían a cruzar…
Sarutobi jamás pensó que ese pensamiento se cumpliese tan pronto.
– Hokage-sama, disculpe le intromisión. –Shiranui Genma, uno de los jounin de la aldea, se hizo presente en su oficina, y junto a él, una pequeña niña que nunca esperó ver, estaba presente.
La apariencia de la niña era realmente exótica. A diferencia de su hermano quien era una copia exacta de su padre, era algo difícil encontrar el parentesco a menos que vieses detalladamente sus rasgos y conocieses quienes eran sus progenitores.
Sus rasgos faciales sin duda eran los de Kushina, la niña era tan hermosa como la mujer había sido cuando estaba con vida. El cabello también había sido obtenido del lado de su madre, aunque en vez de ser un rojo puro como era habitual en los Uzumaki, este se había decantado a un extraño rosa que asemejaba el tono de los árboles de Sakura, con un pequeño y solitario mechón rojo infiltrado entre el resto del cabello.
Los ojos podía imaginarse que eran una extraña variante de los ojos azules de Minato, es decir, Kushina había poseído ojos oscuros, no había forma que de ella hubiesen salido aquel par de hipnóticos ojos jade. También podía decir que aquella cálida sonrisa que se encontraba esbozando no podía ser de otra persona que no fuese Minato.
– ¿Hokage-sama? –lo llamó Genma al ver que pasaban los minutos y el hombre no decía nada.
Sarutobi pareció reaccionar. Enderezó su espalda, aclaró su garganta y miró expectante al shinobi esperando que este explicase la situación.
– Me he encontrado con esta niña en las puertas de la aldea. Dice no tener familia y que desea establecerse aquí en Konoha. –explicó el castaño.
La mirada del Hokage recayó entonces sobre la niña de cabellos rosados.
– ¿Es así, pequeña? –inquirió empleando un tono cálido al dirigirse a ella.
La joven asintió antes de realizar una respetuosa reverencia.
– Es un gusto conocerlo, Hokage-sama. Sé que es una persona ocupada así que me disculpo por robarle estos minutos de su tiempo. –comenzó a hablar cortésmente. Sarutobi estaba francamente impresionado, no muchos niños de su edad eran tan educados. – Mi nombre es Sakura, soy una huérfana de Amegakure. Hace unos años comencé a viajar por distintas aldeas mientras intentaba aprender lo necesario para ser una kunoichi. Hace unas semanas decidí finalmente establecerme… Me gustaría vivir en su aldea, y si es posible, convertirme en una shinobi aquí. Sé que es un tanto irregular, normalmente uno tendría que pasar por la academia antes de aspirar a convertirse en un ninja de rango gennin, y ya he superado el rango de edad para entrar a la academia, pero aún así… le imploro, Hokage-sama, que lo tenga en consideración.
Ahora, Sarutobi se encontraba en un dilema. Había tomado la decisión de enviar lejos a la niña para alejar lo más posible a las dos mitades del Kyuubi, y ahora ella venía voluntariamente a pedirle asilo. No podía simplemente decirle que no, negarle la entrada a la aldea significaría tener que contarle la verdad, algo para lo que Sarutobi aún no se sentía capaz, y no había ningún otro motivo que justificase negar su petición.
Tras meditarlo por unos momentos, el hombre de edad avanzada suspiró y miró a la pelirrosa a los ojos.
– Ahora, pequeña… No hay necesidad de rogar. Konoha siempre tiene sus puertas abiertas para aquellos que quieren vivir aquí y tienen buenas intenciones. –habló con calma. – Tomará algo de papeleo registrarte como ciudadana formal de Konohagakure, pero no es nada imposible. Ahora, supongo que no tienes el dinero suficiente para costear una vivienda propia…
Sakura se mordió el labio en un gesto nervioso que, a ojos externos, lucía tierno.
– Supone bien, Hokage-sama. Solo cuento con el dinero suficiente para conseguir suministros básicos… Comida, agua, y equipo médico de primeros auxilios. –contestó la pelirrosa. Si estaba mintiendo o no, era algo que ninguno de los dos adultos presentes en la habitación podía decir. Sonaba tan sincera al hablar que no daba lugar a dudas.
– Entiendo… Creo que puedo hacer unos arreglos para conseguirte un lugar para vivir ¿Eso está bien para ti, pequeña? –preguntó Sarutobi.
– Eso sería fantástico, Hokage-sama, le agradezco mucho su generosidad.
El sandaime Hokage asintió en reconocimiento antes de dirigir su mirada hacia el jounin.
– Genma. Se que es mucho pedir… Pero ¿Podrías alojar a Sakura-chan solo por esta noche? Necesita un lugar donde descansar apropiadamente. –la mirada del castaño se dirigió brevemente a la pelirrosa antes de asentir como si se le acabase de dar una misión. – Lo único que quedaría discutir entonces sería tu petición de convertirte en kunoichi de Konoha… Sakura-chan, has dicho que has estado aprendiendo lo básico, ¿verdad?
La pelirrosa asintió nuevamente.
– Hai. He aprendido lo básico sobre el chakra… He trabajado en mi control y expandido mis reservas. También he leído mucho sobre la historia del mundo shinobi. He trabajado en mi puntería con varias armas. Y también he practicado algunos jutsus básicos. –explicó Sakura. Realmente podía hacer mucho más que eso, pero no podía decirle que tenía el mismo nivel de habilidad que un jounin. Sería sospechoso.
– Si me permite opinar, Hokage-sama… –habló Genma. – Podrían hacerle una prueba de aptitudes. Si cumple con los requisitos podría unirse a la siguiente camada de gennins. Sería beneficioso para ambos lados: Incluso si todos en la generación actual pasan el examen, aún nos falta una persona para completar la división de equipos de tres hombres.
Sarutobi meditó las palabras del hombre por unos segundos antes de asentir.
– Podría ser una buena alternativa. –comentó. – Sakura-chan, te haré saber los detalles pronto. Por el momento, creo que será mejor que vayas a comer y descansar. De seguro estarás cansada luego del viaje que has tenido que realizar.
Sakura asintió de acuerdo, agradeciéndole una vez más al Hokage por su generosidad antes de salir de la oficina siendo guiada por Genma.
La primera parte de su misión había sido completada con éxito.
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Sakura sonrió para sus adentros mientras seguía a Genma por las concurridas calles de Konoha. Había conseguido infiltrarse con éxito en la aldea.
Siendo sincera, no había esperado que fuese tan fácil como lo había sido. Había esperado que la repentina aparición de una niña huérfana fuese algo sospechoso. Había esperado que le hiciesen más preguntas acerca de su origen o sus propósitos. Pero no había sido así. El sandaime Hokage, el segundo hombre más importante del país, había creído tan fácilmente en sus palabras que le hacía dudar de la seguridad de la aldea.
¿O tal vez ella simplemente era muy buena actriz?
Pudo escuchar a Kurama reírse y removerse en su interior. Había estado comportándose así desde que había visto la reacción del Hokage al primer instante que se encontraron.
Tan pronto como la había visto, el sandaime había entrado en shock, como si hubiese visto un fantasma. Había cierto reconocimiento en sus ojos, como si el supiese quién era ella, o tal vez simplemente le recordase mucho a alguien. De cualquier forma, aquella reacción realmente dejó intrigada a la pelirrosa.
Estaba segura que un hombre con la experiencia de Sarutobi Hiruzen no era fácilmente sorprendido. Entonces, que hubiese reaccionado así… sin duda era indicio de algo.
"El hombre te conoce…" –escuchó a Kurama hablarle. – "Es gracias a él que has crecido en Amegakure"
"¿Debería agradecerle? Quiero decir… Me gusta la lluvia" –fue la respuesta que la niña le dio a la bestia, provocando una estruendosa carcajada de esta. Kurama no añadió nada más, incluso si parecía saber algo, no parecía estar dispuesto a revelar mucha información.
– ¿Tienes hambre, niña? –Genma preguntó de pronto haciéndola sobresaltarse un poco. No había esperado que le hablara. El castaño no parecía ser una persona que se sintiese particularmente cómodo con los niños.
– Un poco… –murmuró en respuesta Sakura.
El castaño asintió comprendiendo.
– Entonces iremos a comer algo antes de llevarte a casa. –anunció el ninja antes de desviarse del camino que habían estado siguiendo y acercarse a un pequeño restaurante de ramen que había en la zona.
El aroma que desprendía el lugar era sumamente delicioso, lo suficiente para hacer que el estómago de la pelirrosa se revolviera con hambre y comenzara a salivar. Siguiendo a Genma, entró al pequeño local, sentándose en una de las sillas disponibles.
Solo había otras tres personas a parte de ellos en aquel lugar. Sakura observó a las tres personas por el rabillo del ojo, deteniéndose hasta en el más mínimo de los detalles.
Uno de ellos era un jounnin al igual que Genma. Vestía con el atuendo clásico de los ninjas de Konoha: Una camiseta y pantalones azul oscuro, el chaleco verde, y sandalias ninjas clásicas. Su cabello era negro y lo llevaba recogido en una coleta tirante. Una pequeña barba se asomaba desde su mentón, dándole una forma puntiaguda a su rostro. El rasgo más destacable de su apariencia era el conjunto de cicatrices que tenía en el lado derecho de su rostro. Una de ellas se extendía desde su sien hasta su frente, mientras que la otra iniciaba en su mejilla y seguía todo el camino hasta perderse en su mandíbula. La cicatriz parecía bastante vieja ya, lo que llevaba a Sakura a preguntarse qué cosa o quién había provocado tal herida.
La siguiente persona que observó era un niño quien Sakura podía asumir que era el hijo del jounnin. El niño era una copia exacta del hombre, solo que más juvenil. Tenía el mismo cabello negro recogido en el mismo estilo de coleta. También poseía las mismas facciones que el hombre, aunque las del muchacho estaban pintadas por una expresión de cansancio, como si todo fuese un fastidio para él.
La tercera persona era otro niño de aproximadamente la misma edad que el anterior. Sakura pudo reconocer al chico como uno de sus objetivos: Uzumaki Naruto. El muchacho era tal y como lo había visto en la foto que su padre le había mostrado. Parecía estar absorto en su propio mundo, mientras balbuceaba cosas acerca de cómo el ramen era la mejor comida del mundo, mientras que el otro chico ocasionalmente le respondía con frases como "Que fastidio", "Eres demasiado ruidoso", "No comas tan rápido".
¿Tal vez podía aprovechar esta oportunidad para iniciar el acercamiento al rubio?
Genma terminó de ordenar la comida antes de voltearse a ver a su compañero jounnin.
– Es bueno verte, Shikaku. –saludó casualmente. – ¿Sacando a los niños a cenar? –preguntó haciendo referencia a los dos muchachos que lo acompañaban. – Creí que a Yoshino no le gustaba que vinieran tantas veces a la semana aquí.
El hombre, Shikaku, dejó escapar una pequeña risa al escucharlo.
– Probablemente me matará cuando se entere, pero no pude evitarlo… Mañana este par tiene el examen gennin, y Naruto insistió en que sería de buena suerte tener una cena deliciosa. –contestó mientras con una de sus manos revolvía los rubios cabellos del mencionado. – ¿Y tú? Creí que a estas horas estarías patrullando en la entrada, Genma.
– Si bueno… Estaba en eso, pero mis planes cambiaron por esta noche. –respondió el castaño mientras colocaba una mano sobre la cabeza de la pelirrosa. – Estoy seguro que Izumo y Kotetsu se las pueden arreglar sin mí.
– ¿Quién es la niña? –inquirió Shikaku. Sus ojos brillando con cierto reconocimiento similar al que había visto en los ojos del sandaime.
Shikaku realmente no necesitaba preguntar quién era la niña. Podía reconocer esa mata de cabello rosada y roja, incluso si solo la había visto brevemente hace once años atrás. Lo que le sorprendía era que la niña se encontrase en la aldea.
– Apareció en las puertas de la aldea hace tan solo unas horas. Hokage-sama me pidió que la cuidara. –explicó Genma.
Las mejillas de Sakura se inflaron mientras esbozaba una mueca de molestia al escucharlo.
– Creo recordar que solo te pidió que me dieras alojamiento por esta noche, no dijo nada sobre tener que cuidarme. –se quejó la pelirrosa.
– Si bueno… Estaba implícito en la petición. –se rió por lo bajo Genma, divertido ante la molestia de la chica.
Shikaku observó el intercambio con curiosidad antes de fijar su mirada en la muchacha.
– ¿Cuál es tu nombre, niña? –preguntó intentando no sonar muy directo o descortés.
– ¿Mi nombre? –repitió la pelirrosa. – Me llamo Sakura. Gusto en conocerlo, Shikaku-san. –se presentó.
– ¿Sakura? ¿No tienes apellido? –preguntó Shikaku.
La pelirrosa negó.
– Soy huérfana. –explicó, dándole la misma mentira que le había contado al Hokage. – Crecí sola en Amegakure, hasta que cumplí siete años y comencé a viajar por diversos lugares.
– ¿Y qué te trae a Konoha? –Shikamaru decidió tomar palabra en la conversación. Por primera vez no parecía tan fastidiado por la situación, de hecho… Shikaku estaba sorprendido de ver que su hijo mostrara interés en la pelirrosa.
– Planeo convertirme en una kunoichi aquí. –contestó esbozando una cálida sonrisa.
Las mejillas de Shikamaru se tornaron de un suave rosa al verla, y rápidamente apartó la mirada volviendo a su tazón de ramen mientras balbuceaba cosas incoherentes.
– ¿Entonces entrarás a la academia? –Naruto preguntó. – ¿No eres un poco grande, ttebayo?
– He aprendido lo básico durante mis viajes. Hokage-sama dijo que se me permitiría realizar una prueba de aptitudes. Si la completo con éxito tal vez incluso podría ser tu compañera… uhm… creo que no he escuchado tu nombre. –habló Sakura.
El rubio esbozó una sonrisa entusiasta mientras se volteaba para presentarse ante la chica de cabellos rosados.
– ¡Mi nombre es Uzumaki Naruto y seré el próximo Hokage, dattebayo! –exclamó alegre. – Y este perezoso de aquí es mi hermano Shikamaru. –añadió señalando al otro muchacho.
Sakura ladeó la cabeza confundida ante la nueva información.
– ¿Son hermanos? No se parecen mucho. –murmuró inocentemente.
– Eso es porque Naruto no está relacionado con nosotros por sangre. –explicó Shikaku. – Mi esposa y yo lo adoptamos cuando el era un bebé y lo hemos cuidado como parte de la familia desde entonces. Es lo menos que podíamos hacer por él y sus padres.
– ¿Qué pasó con sus padres? –se atrevió a preguntar Sakura.
Shikaku se tensó levemente no muy seguro de cómo responder a tal pregunta. Incluso si la pelirrosa no era consciente de ello, eran sus padres también.
– Eran shinobis, murieron defendiendo la aldea. –sorpresivamente, fue Naruto quien decidió contestar a la pregunta que la pelirrosa había hecho.
– Oh, lo siento… Yo no…
– Descuida. –el rubio se apresuró a hablar. – Tou-chan dijo que cuando yo nací, una bestia atacó la aldea. Mis padres se sacrificaron para salvar a la aldea. –explicó con una calma que no parecía usual en él. – Estoy feliz de saber que eran shinobis tan nobles… Quiero ser como ellos. Por eso me esforzaré al máximo para algún día ser tan genial como lo fueron ellos. Así que, Sakura-chan, si estás planeando convertirte una kunoichi también… ¡Esforcémonos al máximo, dattebayo!
El corazón de la pelirrosa dio un vuelco al ver la cálida sonrisa del rubio. Había algo tan familiar en él, algo que la impulsaba a querer aferrarse a él… Era una sensación tan extraña e indescriptible…
– Hai… –sonrió tímidamente. – Esforcémonos.
