El año en que Albus entró a Hogwarts, para poder animar a la pequeña Lily, ya que extrañaba mucho a sus hermanos mayores, sus padres decidieron regalarle una lechuza propia, para que la niña pudiera enviarles cuantas cartas quisiera a sus hermanos. Así fue que dos semanas despues del inicio de clases en el castillo mágico Harry Potter llegó un día bastante temprano a su casa y sorprendió a su hija menor con un viaje al callejón Diagon.

La niña recibió la noticia con una radiante sonrisa y acompañó encantada a su padre, en poco tiempo llegaron al callejón y lo recorrieron un poco hasta que Harry guió a Lily hasta la tienda de mascotas y le dió la tarea de elegir una lechuza. La niña se tomó muy en serio la importante tarea pues tardó bastante en elegirla. Al final, se decidió por una lechuza parda joven y muy bonita, y antes siquiera de salir de la tienda ya le había puesto un nombre, Runa.

La lechuza era algo distraída pero siempre entregaba las cartas o paquetes a la persona correcta, aunque lo hacía de una forma muy entusiasta, tal vez un poco más de los normal, o eso pensaba Lily ya que desde el primer día en que la envío para que llevara una carta a sus hermanos, la ave entró al Gran Comedor casi diez minutos después de que las otras lechuzas hubieran terminado sus entregas, en el momento en que ya James se levantaba y, según se lo había contado (más bien quejado) ese mismo día en una carta, aleteo, chilló y lo picoteo hasta que su hermano entendió que la lechuza no pensaba irse hasta que leyera el mensaje que le había traido y lo mismo hizo con Albus.