Autora POV
Como ya era costumbre en ella, su reloj interno la despertó temprano en la madrugada, cuando el sol a penas empezaba comenzaba a asomarse por el horizonte. Parpadeó un par de veces intentando deshacerse de los últimos vestigios de sueño, mientras que los recuerdos del día anterior comenzaban a llegar a ella.
Había arribado a Konoha y se había infiltrado exitosamente. Ahora mismo se encontraba en la casa de aquel jounnin, Shiranui Genma, quien le estaba ofreciendo alojamiento temporal hasta que el Hokage hiciese los arreglos necesarios para su vivienda.
La pelirrosa bostezó mientras se sentaba en la cama. El pequeño departamento contaba con un solo dormitorio, el cual estaba equipado con una sola cama de una plaza y media. Sakura había insistido en que Genma podía conservar su cuarto, después de todo… era un shinobi que trabajaba constantemente y se merecía un buen descanso en su propia cama, pero el castaño había insistido en lo contrario. Y así era como ella misma se había encontrado durmiendo en la única cama de la pequeña vivienda mientras que Genma acaparaba el sofá.
Se tomó el tiempo de estirarse un poco, aflojando sus músculos entumecidos por las largas horas de sueño, antes de ponerse de pie para dar inicio a su día.
El castaño le había dicho que podía disponer libremente del baño y la cocina, siempre y cuando tuviese cuidado con los objetos que lucían importantes, y no espiara dentro de sus pertenencias personales. No es que ella tuviese realmente un interés en las pertenencias del castaño, pero aún así… apreciaba el acceso gratuito a una ducha y comida.
Su primera parada fue en el baño. Se tomó unos minutos para enjuagar su rostro con una buena dosis de agua fresca, deshaciéndose de todas las lagañas y el sudor que había reunido mientras dormía. Una vez hecho eso, regresó al cuarto para cambiarse de ropa.
Por razones obvias, no podía usar la túnica de Akatsuki a la que estaba tan acostumbrada, pero aún así se había encargado de mantener los colores de la organización en su vestimenta. Se había vestido con una camiseta de red, sobre la cual llevaba un top de mangas cortas color rojo; Llevaba unos shorts negros, y finalmente unas sandalias ninja negras.
Era un atuendo simple, pero cómodo con el cual podía moverse fácilmente. Le dio el último toque a su aspecto tras recoger su cabello en una trenza desordenada.
Una vez estuvo conforme con su aspecto, se dirigió a la cocina en busca de algo que desayunar. Genma parecía estar aún durmiendo, pero considerando que era un shinobi de rango jounnin, esperaba que despertase pronto.
Rebuscó entre los estantes algo de comida. No había mucho realmente. Genma parecía ser un hombre que no pasaba mucho tiempo en casa, por lo que su despensa no estaba demasiado aprovisionada, e incluso algunos alimentos no estaban en el mejor de los estados. Finalmente se decidió por tomar un poco de pan y mermelada.
Se armó un pequeño emparedado con los elementos que había seleccionado, y se sentó en la mesada de la cocina, cruzando una pierna sobre la otra mientras le daba un pequeño bocado a su comida. Genma eligió ese momento para aparecer por la puerta de la cocina.
Su cabello estaba desordenado, sus ojos estaban entrecerrados con notable agotamiento, sus labios se entreabrían dejando escapar un sonoro bostezo. Parecía como si se hubiese caído del sofá y hubiese venido directamente a la cocina.
– ¿Ya estás despierta? –preguntó el castaño al notar su presencia. – No creí que una niña de tu edad sería tan madrugadora.
Sakura se encogió de hombros mientras le daba otro mordisco a su emparedado.
– Mis viajes me han acostumbrado a madrugar. –contestó restándole importancia al asunto. – Las horas de sol se aprovechan mejor, y es más seguro viajar de día que de noche.
No era realmente una mentira. Sus padres la habían acostumbrado a despertarse temprano como una forma de organizar mejor su tiempo. Era común para ella iniciar su entrenamiento cuando los primeros rayos del sol se hacían visibles. Y las pocas veces que los acompañaba en sus viajes, le habían dicho que evitara moverse en la noche a menos que fuese realmente necesario.
– Suenas como una persona bastante precavida. –comentó Genma mientras abría el refrigerador y sacaba una pequeña botella de vidrio rellena con jugo de naranja. Le dio un gran trago antes de voltearse a ver a la pelirrosa.
– Bueno… Soy una chica joven, viajando por mi cuenta. Puedo ser un blanco fácil para cualquier persona con malas intenciones… Por lo tanto, tuve que aprender a cómo defenderme y como evitar los problemas. –Sakura mintió. – Por la noche la visión se reduce por las sombras… Los criminales se esconden con más facilidad y atacan a cualquier viajero inocente que se cruce en su camino. Si no hubiese aprendido a como esconderme de ellos, tal vez algún bandido me hubiese asaltado… ¿Y quién sabe donde me encontraría ahora? Soy una mujer joven, casta, sin grandes marcas en mi cuerpo… Podrían convertirme en mercadería fácil en cualquier mercado de personas.
El castaño se tensó levemente al escucharla. Incluso si el era un shinobi y estaba acostumbrado a la crudeza del mundo desde que era bastante joven… Aún así se sentía bastante extraño escuchar a una niña, de no más de once años, hablar de un tema tan serio como ese.
No es que le faltase verdad, era consciente que niñas de buena apariencia como ella constantemente eran robadas de sus hogares y vendidas en los mercados negros para convertirse en esclavas o prostitutas, especialmente si las niñas en cuestión provenían de clanes nobles. Pero no esperaba que ella fuese tan consciente de aquel hecho.
– Supongo que tienes razón… –murmuró de forma incómoda antes de darle otro trago al jugo para volver a guardarlo en la nevera. – Escucha, niña…
– Sakura. –la pelirrosa lo interrumpió. No le agradaba mucho que las personas la trataran como una niña o le pusieran apodos por el estilo. Ya tenía bastante de eso de regreso en la base de Akatsuki… Un pequeño escalofrío le recorrió la columna al recordar a tal extraño grupo de criminales.
– Cierto. –murmuró Genma. Se aclaró la garganta antes de retomar lo que estaba diciendo. – Escucha, Sakura. Pronto tengo que partir… Tengo trabajo de patrulla durante el día… Según me ha informado Hokage-sama, alguien debería venir a buscarte pronto… No te muevas de aquí ¿Está bien?
La joven asintió sin darle mucha importancia al asunto. No es como si realmente tuviese pensado ir a algún lado… Ya había tenido un primer encuentro con uno de sus objetivos, y si tenía suerte, pronto conocería al otro muchacho. No tenía ningún apuro, y no debía de hacer movimientos imprudentes.
– Genma-san… Tal vez quieras acicalarte un poco antes de irte. –comentó la pelirrosa tras terminar su bocadillo. – Tienes… –habló mientras señalaba el mentón del hombre el cual estaba manchado con un rastro de baba seca.
Las mejillas del hombre se sonrosaron levemente antes de salir rápidamente en dirección al baño. Sakura se encogió de hombros antes de decidir prepararse otro emparedado.
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Sakura se encontraba recostada en el techo de la casa, disfrutando de los rayos de sol matutinos, cuando sintió la presencia de un ninja acercarse a ella. Entreabrió uno de sus ojos notando como un shinobi de rango jounin, aparecía junto a ella.
– ¿Eres Sakura-san? –preguntó el hombre.
– Depende de quién pregunte. –contestó la pelirrosa incorporándose. – ¿Quién eres? –inquirió mirando al jounnin con cautela.
Al notar la desconfianza de parte de la pelirrosa, el hombre levantó sus manos en señal de que no era una amenaza para ella, pues no tenía ninguna intención de hacerle daño.
– Tranquila, tengo órdenes de Hokage-sama de escoltarte. –explicó. – Mi nombre es Izumo Kamizuki.
– ¿A dónde me escoltarás, Izumo-san? –preguntó la pelirrosa.
– A la academia ninja. –fue la respuesta que el contrario le dio. Al ver que Sakura enarcaba una de sus cejas de forma inquisitiva, Izumo decidió explicarse mejor. – Hoy se están realizando los exámenes para la nueva generación de gennins, se te hará un examen aparte para ver si cuentas con las capacidades necesarias para unirte a la nueva camada de ninjas de esta aldea.
– ¿Tan pronto? –murmuró Sakura para si misma. – Pensé que tendría que esperar más… –rápidamente negó con la cabeza tratando de olvidarse del asunto antes de voltear a mirar al hombre. – Por favor, guía el camino… Izumo-san… –pidió de forma cortés mientras se ponía de pie.
El castaño asintió antes de ponerse en marcha.
Caminaron a través de las calles de la aldea hasta llegar a su destino. El establecimiento se encontraba bastante cerca de la torre Hokage, para gran sorpresa de Sakura.
El edificio no era demasiado llamativo, pero contaba con el espacio suficiente para que las distintas generaciones de aspirantes a ninjas pudiesen llevar con normalidad sus clases. Contaba con numerosos salones y un campo de entrenamiento apto para las lecciones prácticas.
La pelirrosa se encargó de apreciar cada pequeño detalle mientras continuaba siguiendo a Izumo por los pasillos de la escuela. Algunas personas le dirigían la mirada, pero ella los ignoraba. No iba a perder su tiempo en algo tan trivial como las miradas curiosas y juzgadoras de un montón de niños.
Detuvo sus pasos cuando vio que Izumo se detenía y se volteaba a verla.
– Espera un segundo aquí. –fue todo lo que le dijo el jounnin antes de adentrarse a uno de los salones.
Sakura se encogió de hombros y decidió recargarse contra la pared más cercana para esperar. Cerró sus ojos permitiéndose relajarse un poco. Consideró conversar un poco con Kurama, pero rápidamente desechó la idea. El bijuu había estado bastante callado desde que se habían cenado a noche, y la pelirrosa sabía que eso era una señal para no molestarlo. El zorro demonio podía llegar a ser realmente agresivo si lo fastidiaba cuando claramente deseaba privacidad.
– Oye, ¿quién eres tú? –una repentina voz se hizo presente perturbando su paz.
La pelirrosa abrió sus ojos encontrándose frente a frente con lo que solo podría describir como una extraña versión femenina de Deidara. Se trataba de una joven de aparentemente su misma edad. Su tez era pálida; Tenía cabello rubio platinado, recogido en una coleta alta, con un pequeño mechón de cabello libre el cual caía sobre el lado derecho de su rostro; Sus ojos eran de un azul pálido, sin pupilas visibles; Estaba vestida con una blusa sin mangas púrpura y una falda a juego. Tenía calentadores blancos en los brazos, los cuales iban desde sus muñecas hasta la mitad de sus bíceps. También llevaba puestos vendajes, comenzando desde un par de dedos por encima de la rodilla, hasta perderse por debajo de su blusa, cubriendo su piel como una especia de short improvisado. Y para completar su apariencia, las clásicas sandalias ninja azules, y la bolsa de armas atada a su pierna derecha.
La rubia estaba parada frente a ella. Su peso balanceado sobre su pierna izquierda. Una de sus manos sobre su cade. Y una expresión altanera sobre su rostro.
Sakura parpadeó un par de veces antes de decidir hablar.
– ¿Eres familiar de Deidara?
Si… Probablemente era estúpido hacer tal pregunta. Pero Sakura no había podido contenerse al notar las similitudes entre la chica que tenía en frente y el criminal.
– ¿Qué…? –fue todo lo que la rubia pudo decir, notablemente sorprendida por la repentina e inusual pregunta.
– Ah, no me prestes atención. –Sakura se rió nerviosamente antes de voltearse a mirar por una de las ventanas cercanas. – Físicamente te pareces mucho a alguien que conozco. Solo me sorprendió… –se explicó.
La chica permaneció en silencio unos segundos antes de sacudir la cabeza intentando deshacerse de la sorpresa inicial.
– Lo que sea… –bufó. – ¿Quién eres? Nunca te he visto en la academia, o en la aldea para empezar. Recordaría perfectamente a una chica con una apariencia tan… llamativa.
Sakura la miró de reojo.
– Llegué a la aldea ayer. –contestó con simpleza. – Es por eso que nunca me habías visto, no soy de por aquí.
– ¿Huh? ¿Y qué haces aquí? ¡Y aún no me has respondido quién eres! –exclamó la rubia.
La pelirrosa suspiró antes de voltearse para encararla.
– ¿No crees que es grosero exigir saber la identidad de alguien sin presentarte primero? –inquirió Sakura enarcando una ceja a la par que se cruzaba de brazos.
La chica frente a ella frunció el ceño notablemente antes de bufar y también cruzarse de brazos.
– Mi nombre es Yamanaka Ino. –se presentó.
Yamanaka… Sakura recordaba haber leído un poco sobre el clan durante sus horas de estudio en la base. Era un clan hábil en técnicas mentales y sensoriales. Algunas de sus especialidades incluían transferir su conciencia a otro cuerpo, leer mentes y comunicarse telepáticamente.
La pelirrosa hizo una pequeña nota mental de tener cuidado con las habilidades de la chica. Podría llegar a ser problemática en el futuro.
– Un gusto en conocerte, Yamanaka-san. Mi nombre es Sakura. –se presentó en respuesta la pelirrosa.
– ¿Solo Sakura? –inquirió Ino. Sakura solo asintió sin decir nada. La rubia la miró con cierta desconfianza, pero decidió dejar el tema como estaba. – Entonces… ¿Qué estás haciendo aquí?
– ¿Te refieres a la aldea o por qué estoy en la academia? –preguntó Sakura ladeando la cabeza.
– ¡Ambas! –bufó Ino.
– Oh. –la pelirrosa suspiró y se encogió de hombros. – Luego de unos años viajando decidí que quería un lugar donde establecerme formalmente. Decidí que Konoha sería un buen lugar para empezar una nueva vida… así que vine aquí con la esperanza de convertirme en una kunoichi. Sandaime-sama aceptó mi petición para vivir aquí. Se supone que debo tomar una prueba de aptitudes en unos segundos…
– ¿Prueba de aptitudes? –repitió Ino. – Entonces… ¿Tu también estás realizando los exámenes gennin? –preguntó.
– Podría decirse que si… –contestó Sakura. – Pero no creo que mi examen sea igual al tuyo. Puedo imaginar que tu has cursado en esta academia… Los ninjas aquí saben que tienes el conocimiento básico para convertirte en gennin. En cambio, a penas llegué a la aldea ayer… No saben qué es lo que se, o si realmente tengo cualidades para convertirme en ninja… por eso mis pruebas serán distintas.
Ino asintió comprendiendo. Lucía pensativa mientras la observaba de pies a cabeza.
– Aunque siendo sincera no puedo imaginare como kunoichi. –dijo finalmente en tono burlón. – Luces más como una civil ¿Realmente te crees capaz de aprobar los exámenes?
– Te sorprendería de lo que soy capaz… –dijo con sorna la pelirrosa.
La rubia sonrió ladinamente. Parecía entretenida con la situación… Como si acabase de encontrar un juguete nuevo con el cual divertirse.
– Si estás tan segura… ¿Por qué no hacemos una apuesta? –propuso Ino.
– ¿Qué clase de apuesta? –inquirió Sakura con cautela.
– Si fallas los exámenes, tendrás que hacer lo que te ordene.
– ¿Y si apruebo?
– Entonces… –la rubia pensó por unos segundos. – Puedo pedirles a mis padres que te compren lo que necesites… Ya que eres nueva en la aldea… –ofreció.
– ¿Estás segura de querer hacer tal oferta? –preguntó la pelirrosa.
– Hai. Como parte de un clan ninja, el dinero no es realmente un problema…
– En ese caso… –Sakura sonrió ladinamente mientras estrechaba su mano con la de Ino para cerrar el trato. La rubia se tensó notablemente, sorprendida por la expresión de la contraria. – Gracias por aportar a mi economía personal… Es un placer hacer negocios contigo, Yamanaka-san…
Ino balbuceo algo que la pelirrosa no pudo comprender realmente. En ese mismo instante, Shikamaru y Naruto decidieron hacer acto de presencia.
– ¡Sakura-chan! –exclamó alegremente Naruto al ver a la pelirrosa en aquel lugar.
– Espero que Ino no te esté fastidiando. Tiene fama de buscar pleito con otras chicas. –dijo Shikamaru. Su típica expresión aburrida bañaba sus facciones.
– ¡Hey! –se quejó la rubia. – ¡Yo no busco pleitos, maldita piña perezosa!
¿Piña perezosa?
Los ojos de Sakura se posaron sobre Shikamaru observándolo por unos segundos. Una pequeña risa escapó de sus labios. Debía darle crédito a Ino… realmente el peinado de Shikamaru podía asemejarse a una piña.
Shikamaru bufó fastidiado mientras desviaba la mirada con un pequeño sonrojo sobre sus mejillas.
– Espera… ¿Ustedes dos la conocen? –preguntó Ino al percatarse de tal detalle.
– A noche fuimos a comer a Ichiraku Ramen. Sakura-chan estaba ahí, dattebayo. –explicó el rubio. – Entonces… ¿Qué estás haciendo aquí, Sakura-chan? –preguntó curioso volteándose hacia la pelirrosa.
Sakura jugueteó con el extremo de su trenza de forma distraída mientras respondía a la pregunta.
– Vine a tomar mi examen de aptitudes. –explicó por segunda vez en el día.
– ¿De verdad? –preguntó entusiasmado Naruto. – ¡Eso es genial, dattebayo!
La puerta del salón se abrió, revelando a Izumo quien le hizo una seña a Sakura indicándole que ya podía entrar. La pelirrosa asintió y se volteó hacia los tres jóvenes para despedirse.
– Es mi momento de irme. Mucha suerte en tu examen Naruto. Tú también… Shikamaru. –Sakura les sonrió a ambos jóvenes. – Ino cerda, espero que no te olvides a de nuestra apuesta. –agregó antes de apresurarse a entrar al salón.
– ¿¡A quién llamas "cerda", frente de marquesina!? –pudo escuchar a Ino exclamar con indignación antes de que Izumo cerrara la puerta detrás de ella.
Sakura sonrió para sus adentros. Sin duda sería interesante su estadía en Konoha…
