Autora POV
Al adentrarse en la habitación, Sakura pudo notar que había dos ninjas jounnin esperándola junto a Izumo. Ambos la observaban con cierta curiosidad que trataban de disimular.
Uno de ellos era un hombre de tez morena y cabello castaño recogido en una coleta alta. Tenía una cicatriz en su rostro que se extendía por sobre su nariz hasta llegar a sus pómulos. Era una cicatriz algo vieja por lo que podía observar, provocada por un arma afilada. El hombre poseía facciones suaves, las cuales estaban moldeadas en una sonrisa cálida. A simple vista y sin conocerlo, Sakura podía deducir que era un hombre que estaba acostumbrado a tratar con niños jóvenes… ¿Probablemente se trataba de un profesor de la academia?
El otro jounnin era un hombre de tez pálida y cabello gris, el cual le llegaba hasta los hombros. El hombre parecía bastante simple, sin embargo, había algo sobre el que le inspiraba desconfianza a Sakura. Su padre le había enseñado a leer a la gente, podía reconocer fácilmente a un hombre que había cometido crímenes, o cuyos pensamientos no eran los más puros… Y podía decir con certeza que ese hombre no era trigo limpio. Sin embargo, decidió guardarse esos pensamientos para si misma. Aún no sabía si él representaba una amenaza para su misión.
– Sakura, estos son Iruka y Mizuki, ambos son profesores aquí. –habló Izumo presentando a los dos jounnins. – Ellos se encargarán de tomar tu examen. Yo estaré aquí como un supervisor a pedido de Hokage-sama.
La pelirrosa asintió suavemente comprendiendo la situación. Acto seguido, realizó una pequeña reverencia en señal de respeto hacia los dos hombres que la estarían evaluando.
– Un gusto conocerlos, Iruka-sensei, Mizuki-sensei. Espero no causarles problemas, estoy segura que deben tener mucho trabajo ya de por sí. –habló con calma la pelirrosa, intentando dar la impresión de ser una joven educada.
– No es ninguna molestia, Sakura-san. –uno de los dos, Iruka, si no mal recordaba, habló. – ¿Qué te parece si empezamos con la evaluación? ¿Eso estaría bien para ti? –preguntó.
Y así, le evaluación comenzó.
Sakura no estaba para nada nerviosa acerca de fallar. Sobre todo, considerando los simples que eran las pruebas que le realizaban (Honestamente, estaba dudando de la expectativa que tenía Konoha para sus gennins). Era un juego de niños para ella.
Lo primero fue una prueba escrita. Iruka le había dicho que tenía media hora para completarla, que se tomara su tiempo y que estaba bien si no sabía todas las respuestas… Sakura la completó en menos de diez minutos.
El examen había sido bastante sencillo. Eran solo un montón de preguntas acerca de la historia del mundo shinobi, qué era el chakra, entre otras cosas. La pelirrosa estaba segura de que varias de esas preguntas incluso podrían ser respondidas por civiles.
Iruka le dijo que esperara unos momentos mientras que el y Mizuki verificaban sus respuestas para darle una devolución. Al final, obtuvo un puntaje perfecto.
Decidieron pasar entonces a la siguiente prueba… Una prueba de puntería.
Izumo y Mizuki colocaron varios blancos alrededor de la sala, y le entregaron una cantidad de kunais equiparables a la cantidad de blancos que había. La idea era que intentase acercar a la mayor cantidad de objetivos que le fuese posible.
Tan pronto como le dieron la seña para que comenzara, Sakura dio un salto y con gracia realizó una voltereta a la par que lanzaba los kunais, acertando con precisión a cada uno de los centros.
Izumo silbó denotando sorpresa ante la habilidad de la joven.
– ¿Estás segura de que aprendiste por tu cuenta? Parecería que alguien te enseñó. –comentó Mizuki.
Sakura pudo sentir su cuerpo tensarse suavemente, temerosa ante la idea de que su fachada fuese descubierta.
– ¿Soy una autodidacta muy perfeccionista…? –sugirió dubitativa.
Izumo e Iruka parecieron conformes con su mentira, mientras que el peligris simplemente se encogió de hombros restándole importancia al asunto. La pelirrosa dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo, agradecida porque le hubiesen creído.
Pronto pasaron a la siguiente prueba… Taijutsu.
Para esta prueba tenía que enfrentarse en un combate cuerpo a cuerpo contra Iruka. Sakura lo realizó sin muchos inconvenientes, aunque por dentro se sentía frustrada. Sabía que podía dar mucho más de sí misma, así como también sabía que Iruka se estaba conteniendo. Le fastidiaba que no la tomaran en serio, pero al mismo tiempo sabía que no podía simplemente dar vuelta al hombre de un golpe. Por lo que, por ahora, se contentaría con simplemente pasar el examen.
De esta forma, pasaron a la siguiente etapa: Genjutsu.
Ahora, Sakura realmente no era una maestra de las ilusiones. Podía detectarlas, si, así como también podía disiparlas, cortesía de Itachi quien la había ayudado varias veces con su entrenamiento. Pero cuando se trataba de crear sus propios genjutsus, allí es donde solía tener varios fallos. Aún así, esperaba que su nivel actual fuese suficiente para aprobar.
Finalmente, pasaron a la última instancia de la evaluación: Ninjutsu.
Al igual que las anteriores pruebas, esta era bastante sencilla. Todo lo que tenía que hacer era performar con éxito tres ninjutsus básicos como el jutsu de clones de sombra, el jutsu de transformación, y el jutsu de sustitución. Sakura realizó sin errores las tres técnicas, lo suficientemente bien para cumplir con éxito con los requisitos del examen, pero sin presumir demasiado.
– Creo que no hay mucho que podamos decir al respecto. –comentó Iruka evaluando los resultados que la pelirrosa había obtenido en cada una de las etapas. – Cumples con los requisitos básicos para ser una gennin, incluso me atrevería a decir que podrías estar a la altura de algunos de nuestros prodigios… Tus habilidades son excepcionales, Sakura-san.
– ¿Eso quiere decir que podré convertirme en una kunoichi de Konoha? –inquirió la pelirrosa.
La pregunta, que a ojos del castaño había parecido bastante inocente, provocó una pequeña risa en él.
– En efecto. –contestó entre pequeñas risas. Iruka se encaminó a una pequeña mesa que había preparada en el frente del salón, donde varias diademas con la insignia de la aldea habían sido preparadas. El castaño tomó una de las diademas y volvió hasta donde estaba Sakura. – Has completado con éxito tu evaluación, por lo que a partir de este momento eres una gennin de Konohagakure, Sakura-san. –dijo mientras le entregaba la banda a la joven. – Porta esta insignia con honor, lealtad y sabiduría.
– Lo haré. –fue todo lo que la muchacha se limitó a decir mientras aceptaba el emblema de la aldea. Con cuidado, ató la banda alrededor de su cuello y alzó la mirada para ver a los ojos al jounnin.
– Felicitaciones. –dijo Iruka dedicándole una cálida sonrisa.
– Creo entonces que será mejo que informe a Hokage-sama de esto. –mencionó Izumo desde su lugar. – ¿Recuerdas como volver a la casa de Genma? –inquirió mirando a la joven.
Sakura asintió casi de forma inmediata.
– Memoricé el camino cuando estábamos viniendo hacia aquí. –contestó.
– Entonces supongo que está bien que te deje por tu cuenta. –murmuró Izumo. Brevemente hizo una reverencia para despedirse de los tres presentes, antes de desaparecer en una nube de humo. Sakura tomó esto como una señal para irse también.
Tras despedirse de Iruka y Mizuki, agradeciéndoles una vez más por tomarse el tiempo de evaluarla, salió de la habitación. Al salir, no había rastros de Shikamaru o Naruto, ni siquiera de Ino. Sakura supuso que habían decidido irse a atender sus propias responsabilidades. Lo comprendía, no esperaba que detuviesen su vida por una joven a la que acababan de conocer.
Encogiéndose de hombros, Sakura decidió que era mejor salir de aquel lugar pronto.
Comenzó a encaminarse a la entrada del gran establecimiento, cuando algo en el costado de su visión llamó su atención. Detuvo sus pasos y muy disimuladamente se giró para poder observar mejor.
Allí a la distancia, siendo perseguido por una muchedumbre de chicas, estaba su segundo objetivo: Uchiha Sasuke, el hermano menor de Itachi.
A pesar de haber visto su imagen en una foto, era totalmente distinto a verlo en persona. Podía notar el parecido con Itachi, aquellos ojos negros y cabello azabache, y ciertas facciones de su rostro que compartían. Sin embargo, ambos desprendían auras muy distintas entre sí.
Itachi usualmente era una persona reservada e imperturbable. No hablaría con nadie de Akatsuki a menos que fuese necesario, no daría información personal, y cumpliría sus misiones lo mejor que pudiese. Pero Sakura generalmente podía ver más allá de esa fachada externa… Itachi era la clase de persona que construía muros para ocultar su dolor. Porque si, Itachi estaba bajo un constante sufrimiento.
Sasuke parecía ser algo similar, pero al mismo tiempo, eran sensaciones distintas. Itachi sufría, pero era un dolor y resignación de una persona que deseaba desaparecer de la faz de la tierra, o volver el tiempo atrás para cambiar las cosas. Con Sasuke, parecía como si su dolor se transformara constantemente en odio, lo cual le provocaba aún más dolor. Un círculo vicioso. Y Sakura podía hacerse una breve idea de qué era lo que lo atormentaba.
La pelirrosa lo observó hasta que desapareció por uno de los pasillos con aquel grupo de chicas siguiéndolo de cerca. Decidió simplemente dejarlo ser por ahora, después de todo… Ya tendría tiempo de vigilarlo después.
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El sol estaba comenzando a ponerse cuando otro shinobi se hizo presente frente a ella. Sakura estaba comenzando a creer que debería acostumbrarse a estas situaciones. Ni siquiera llevaba un día entero en la aldea, y ya se estaba haciendo un hábito.
– ¿Tienes órdenes de Hokage-sama? –inquirió la pelirrosa antes de que el contrario pudiese hablar. – ¿Es acerca de dónde me hospedaré?
El shinobi parpadeó un par de veces, un tanto sorprendido por la rapidez de la joven, antes de asentir.
– Por favor sígueme. –indicó el ninja.
– Oh, por favor esperame… Iré por mis cosas. –dijo Sakura antes de bajarse del tejado y adentrarse al pequeño departamento a través de la ventana, para buscar su bolso con sus pertenencias.
Una vez que obtuvo sus cosas, se dispuso a seguir al ninja que la escoltaría. Mientras caminaban, Sakura solo podía pensar en lo relativamente fácil que estaba resultando su misión hasta el momento.
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Shikamaru corría por la aldea buscando a su hermano, lo había perdido de vista luego de que los exámenes habían terminado.
Naruto había fallado en el examen. Shikamaru era consciente de cuánto le debía estar afectando eso al rubio. Para sumarle más sal a la herida, muchos de los padres de sus compañeros habían comenzado a murmurar cosas horribles en cuanto lo vieron. Aquello había sido demasiado para el rubio, quien ni siquiera había querido quedarse a escuchar el sermón de su padre.
Naruto había desaparecido y ahora incluso había un grupo de Jounnins buscándolo por razones que el pelinegro desconocía.
Su padre le había dicho que no debía preocuparse, que se quedara en casa… Pero no había forma que Shikamaru hiciera eso. Incluso si no lo demostraba a diario, el quería a su hermano y se preocupaba por él.
Si de algo estaba seguro Shikamaru, era que haría cualquier cosa por encontrar a su hermano…
