Autora POV
Era temprano en la mañana cuando Sakura despertó. Aquel sería un largo día, por lo que deseaba empezar lo antes posible con sus tareas.
Lo primero que hizo luego de vestirse fue salir al mercado. Necesitaba comprar víveres para toda la semana, sin contar que debía desayunar si esperaba poder rendir lo suficiente para realizar su día. Salió de su pequeño hogar y comenzó a recorrer varios puestos del mercado en busca de fruta, pan, carne, entre otras cosas.
Alrededor de una media hora más tarde, ya había conseguido todo lo que buscaba, e incluso se había tomado la libertad de pasar por un pequeño puesto de dangos para comprar algunos. Estaba dirigiéndose de regreso a casa, cuando accidentalmente chocó con alguien, haciendo que algunas de sus compras cayeran al suelo.
Sakura maldijo por lo bajo mientras se paraba a intentar recoger lo que se había caído.
– Ah, lo siento jovencita… –se disculpó la persona que había chocado con ella.
La pelirrosa se detuvo en seco y levantó la cabeza para ver de quién se trataba.
Frente a ella se encontraba un hombre adulto que, a juzgar por sus ropas se trataba de un ninja de rango jounnin. Tenía cabellos plateados, y sus ojos parecían ser de color negro profundo. Parte de su rostro estaba cubierto por una mascarilla azul, y su ojo derecho también se encontraba cubierto por su diadema de la aldea, lo cual le daba un aire bastante misterioso.
– Déjame ayudarte. –habló el peliplata mientras se inclinaba para ayudarla a recoger sus compras.
– Estoy bien… No es necesario… –murmuró la pelirrosa un tanto insegura de como actuar frente al hombre.
– Insisto… –dijo el hombre. Recogió todo lo que se había caído, pero en vez de devolvérselo, mantuvo las compras él. – Por favor, déjame ayudarte a llevar esto, para compensarte.
Sakura quería negarse, sentía que la repentina amabilidad del hombre era algo bastante sospechoso, pero otra parte de ella le decía que no fuera grosera y que aceptara la ayuda. Asintiendo dubitativa, Sakura retomó el camino de regreso a su hogar con el hombre siguiéndola de cerca.
– Es un inusual cabello el que tienes… ¿Es natural? –inquirió el peliplata, ganándose un bufido de parte de la joven por lo indiscreto de su pregunta.
– Si lo es. Ha sido así desde que puedo recordar… –murmuró la pelirrosa encogiéndose de hombros. – No creí que fuese tan inusual… He visto a un hombre que parecía un tiburón, mi cabello no es nada en comparación. –añadió. Realmente no era una mentira. Kisame, uno de los integrantes de la organización, tenía una apariencia que se asemejaba a la de un tiburón. Estando al lado de él, su cabello rosado era totalmente normal.
– ¿No eres de por aquí? –preguntó el hombre.
Sakura negó rápidamente con la cabeza.
– Llegué recientemente a la aldea. Crecí en Ame, y luego estuve viajando un tiempo por el continente. –explicó la pelirrosa.
– ¿Sola?
– Bueno… No tengo padres ni tutores que cuiden de mí. –fue la sencilla respuesta que Sakura dio mientras se encogía de hombros. – Lo siento, creo que no escuché tu nombre. –dijo deteniéndose frente a la puerta de su casa una vez que llegaron.
– Kakashi, Hatake Kakashi. –se presentó el hombre mientras le devolvía las compras a la pelirrosa.
– Un gusto conocerlo Hatake-san, muchas gracias por su ayuda. –se despidió de forma apresurada antes de entrar a su hogar dejando atrás al peliplata. Tal vez estaba siendo un poco grosera, pero la presencia del hombre estaba comenzando a incomodarla y aún tenía varias cosas que hacer aquel día.
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– ¿Qué te ha parecido? –preguntó con calma el Hokage mientras se llevaba su pipa a los labios e inhalaba el humo del tabaco. Frente a él, Kakashi se encontraba
– Se parece mucho a Kushina, al menos físicamente. –comentó el peliplata cruzándose de brazos. – ¿Cómo es que apareció tan repentinamente en la aldea?
– Eso es algo que aún me pregunto. –contestó el sandaime. – Tal vez solo es una gran coincidencia que de todas las aldeas que existen, ella haya puesto su interés en su aldea natal. –se encogió de hombros. – Lo importante ahora es que ella está aquí.
– ¿Por qué quiere que yo sea su guardián? –inquirió el jounnin. No iba a negar que estaba sorprendido por la petición de su superior. Primero ser sensei de un equipo gennin, y ahora también custodiar a la hija de su difunto maestro.
– No creo que haya nadie mejor para la tarea, y necesito que alguien vele por su seguridad. –explicó Sarutobi. – A mis consejeros no les ha hecho nada de gracia que permitiera su acceso a la aldea. Quieren que la eche… De lo contrario, me temo que podrían tomar métodos más… radicales. –era una forma bastante amable de decir la realidad. Sabía que Danzo era capaz de hacer cosas realmente siniestras con tal de lograr sus objetivos. La única razón por la cual no podía deshacerse de él, es porque no poseía pruebas concretas de las actividades sospechosas del pelinegro. – Entiendo si quieres negarte… Sé que estoy pidiendo demasiado, pero…
– Lo haré. –Kakashi lo interrumpió. El Hokage lo miró con sorpresa, no esperaba que el peliplata aceptara tan fácilmente su petición.
– ¿Estás seguro? –inquirió.
– Es la hija de Minato-sensei… –no necesitaba decir nada más para que el Hokage comprendiera lo que pasaba por su mente.
– Entonces está decidido…
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Sakura se adentró al salón de clases sin prestar mucha atención realmente a las personas que ya se encontraban allí. Sabía que le verían extraño debido a que jamás había estado en clases con ellos, pero no era algo que le importara. Escaneó el salón con la mirada por algunos segundos, notando algunos rostros familiares como el de Ino, Shikamaru y Naruto.
– ¡Sakura-chan! –exclamó Naruto desde su lugar al verla. Estaba sentado al lado de Sasuke Uchiha, y cerca de ellos había un tumulto de chicas que se peleaban por ver quien se sentaría en el último lugar disponible al lado del pelinegro.
– Naruto, es bueno verte… –lo saludó simpáticamente la pelirrosa caminando hasta él.
– ¿Quieres sentarte conmigo, ttebayo? –preguntó el rubio señalando el asiento vacío entre él y Sasuke.
– Uhm… ¿Estás seguro de que está bien? –inquirió la pelirrosa refiriéndose a la horda de niñas que ahora la miraban con un aura amenazante. – No quiero causar problemas… –murmuró.
– No es ningún problema, Sakura-chan. –sonrió Naruto, siendo completamente ajeno a la ira de las admiradoras de Sasuke. – Hey, teme… ¿A ti te molesta? –preguntó volteándose a preguntarle al pelinegro. Sakura se preguntaba cómo era que podía insultarlo con tanta naturalidad como si fuese algo de todos los días.
Sasuke lo miró de reojo antes de volver su vista al frente. Si estaba de acuerdo o no con la idea de que la pelirrosa se sentara con ellos, era algo que no dejó ver.
– Oi, teme… –bufó Naruto fastidiado con la actitud del pelinegro. De un salto, se subió a la mesa, quedando cara a cara con Sasuke, mirándolo con molestia. – Estoy harto de tu actitud, teme. –gruñó. – ¿Qué es lo que todo el mundo ve en ti, dattebayo? –exigió molesto.
Sasuke frunció el ceño, visiblemente fastidiado. La pelirrosa por su parte no estaba segura si debía interrumpir o dejarlos pelear. A su alrededor, varios estudiantes parecían entretenidos con la pelea que se estaba desarrollando entre el rubio y el pelinegro, la mayoría de ellos alentaba a favor de este último.
De pronto, un chico que estaba sentado en la mesa frente a ellos se levantó, empujando accidentalmente a Naruto. El rubio perdió el equilibrio cayendo hacia adelante, provocando que… bueno, que sus labios se encontraran con los de Sasuke.
El salón enteró estalló en gritos de sorpresa e indignación. Todos estaban impactados por lo que acababa de suceder.
"¿Debería contarle esto a Itachi…?" –se preguntó Sakura en su mente observando como ambos chicos rápidamente se apartaban con miradas de horror y mejillas fuertemente sonrojadas. – "Hmm… Definitivamente se lo diré" –decidió antes de que el rubio la tomara del brazo y la obligara a sentarse entre ambos para poner cierta distancia entre él y el pelinegro.
Aún se escuchaban gritos de parte de los demás, pero pronto fueron acallados cuando Iruka entró al aula indicándole a todos que debían tomar asiento.
– A partir de hoy, todos ustedes son verdaderos shinobis. –comenzó a hablar el jounnin castaño una vez que hubo orden en la sala. – Pero son tan solo gennins. El difícil camino que tienen por delante, a penas a comenzado. –hizo una pequeña pausa mientras los observaba a todos. Sakura realmente no estaba prestando mucha atención, y en cambio se había dispuesta a jugar con uno de los mechones de su cabello. – Ahora… Pronto comenzaran a recibir misiones para ayudar a la aldea… Por lo que hoy crearemos los "equipos de tres hombres", y cada equipo tendrá un ninja de rango jounnin como su maestro. Seguirán las órdenes de sus senseis con el objetivo de completar las misiones con éxito. –varios murmullos se hicieron escuchar. Más de uno estaba ansioso por saber con quién le tocaría formar equipo. Iruka comenzó a nombrar uno por uno a los integrantes de cada equipo. – Ok, el siguiente es el equipo 7… –leyó la planilla de nombres que tenía en sus manos. – Estará conformado por Uzumaki Naruto… –el rubio se sobresaltó un poco al escuchar su nombre. – Uchiha Sasuke… –inmediatamente ambos chicos formaron una mueca al escuchar que estarían en el mismo equipo. En sus mentes aún rondaba la escena del beso que había ocurrido minutos atrás. – Y… Sakura.
Varios murmullos llenaron el aula ante la mención de la última integrante del equipo 7. No era para menos… Ninguno de ellos conocía realmente a la chica. No entendían de donde había salido, o cómo había conseguido estar en el mismo equipo que el prodigio, Uchiha Sasuke.
Por su parte, la pelirrosa se encontraba sonriendo para sus adentros. El universo realmente debía estar de su lado si tenía que formar equipo con los dos chicos que eran su objetivo. Vigilarlos sería muy fácil ahora, ya que no tendría que estar poniendo excusas para acercarse a ellos.
– ¡Iruka-sensei! –Naruto se puso de pie luciendo molesto. – ¿Por qué un destacado shinobi como yo tiene que estar en el mismo equipo que un teme como él, dattebayo? –se quejó mientras señalaba a Sasuke.
– Las calificaciones de Sasuke fueron las mejores de los veintisiete graduados… Mientras que las tuyas fueron las peores. –contestó el castaño. – Si entiendes que tuvimos que hacer esto para equilibrar la fuerza de los equipos, ¿verdad? –varias risas se escucharon de parte de los demás, lo cual solo profundizó la mueca de desagrado de Naruto.
– Nee, Naruto… –la pelirrosa lo llamó para distraer su atención y que el jounnin pudiese seguir con su trabajo. – Estamos en el mismo equipo. –le sonrió cálidamente. – Esforcémonos juntos. –dijo animadamente mientras extendía su puño para chocarlo contra el del rubio.
Naruto parpadeó un par de veces un tanto anonadado, antes de sonreír ampliamente y asentir.
– ¡Esforcémonos, dattebayo! –exclamó chocando puños con la chica.
Una corriente eléctrica recorrió el cuerpo de ambos en el momento en que sus nudillos se tocaron. Era una sensación extraña… su chakra danzaba con el del otro, entremezclándose. Se sentía como estar completos, cuando ni siquiera sabían que algo en ellos faltaba. Rápidamente se apartaron como si se estuviesen prendiendo fuego, y voltearon a ver al frente, aún bastante confundidos por lo que acababan de sentir.
Desde su lugar, Sasuke los observó de reojo con el ceño fruncido… ¿Quién era esa pelirrosa y por qué actuaba tan familiarmente entorno a Naruto?
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– ¿Por qué nuestro sensei aún no ha llegado, dattebayo? –se quejó Naruto moviéndose nervioso. – Todos los demás equipos ya se fueron con sus senseis… ¡Incluso Iruka-sensei ya se ha ido!
– Naruto… Solo siéntate o algo. Ya vendrá… –murmuró Sakura mientras balanceaba sus piernas en el borde del escritorio en el que estaba sentada. Sasuke como siempre se mantenía callado, mirando a sus compañeros de equipo como si fuesen una molestia. – ¿Qué estás haciendo? –inquirió al ver que el rubio tomaba uno de los borradores del salón y lo colocaba sobre la puerta, de forma que cayera al suelo cuando alguien abriese la misma.
– Eso le enseñará a no llegar tarde. –rió Naruto, orgulloso por su broma mientras se bajaba del pequeño banquillo que había utilizado para colocar el borrador en su lugar.
– Pff… –se burló Sasuke. – Como si un jounnin fuese a caer en una trampa tan tonta como esa… –comentó.
– Nunca se sabe. –argumentó Sakura encogiéndose de hombros. – A veces las cosas más simples son las menos esperadas. Pero, de todas formas, no creo que debas hacer eso, Naruto… No le daría una buena primera impresión a nuestro sensei. –dijo percatándose de un chakra ligeramente familiar que se acercaba al salón de clases.
Pocos segundos después, la puerta de la habitación se abrió, ocasionando que el borrador que Naruto había colocado cayera sobre la persona que entró. Naruto estalló en una estruendosa carcajada, Sasuke miraba al jounnin sintiendo que sus expectativas hacia él habían desaparecido por completo, mientras que Sakura simplemente se preguntaba si era una coincidencia que el mismo jounnin que la había ayudado a llevar sus compras fuese su sensei.
– ¿Cómo pongo esto? –preguntó al aire el peliplata llevándose una mano a la barbilla. – Mi primera impresión de ustedes es… que no me agradan. –un pesado silencio cayó sobre el trío de gennins. Kakashi los observó por un instante antes de hacerles señas para que lo siguieran hasta la azotea de la escuela.
Una vez que estuvieron allí, el peliplata se sentó sobre la barandilla de seguridad mientras que sus tres estudiantes se sentaban frente a él mirándolo expectante.
– Muy bien… comencemos presentándonos. –habló el jounnin.
– ¿Qué es lo que quiere saber exactamente, Hatake-san? –preguntó Sakura ladeando la cabeza ligeramente. Ambos chicos junto a ella la observaron un poco curiosos por el hecho de que parecía conocer, aunque sea poco, al hombre.
– ¿Qué tal algo como sus gustos, disgustos, sueños para el futuro y cosas como esas? –propuso Kakashi, aunque no se veía realmente entusiasmado por todo el asunto de las presentaciones.
– ¿Por qué no te presentas tu primero, sensei? –sugirió Naruto. Sakura estuvo de acuerdo con la idea.
– Está bien… Mi nombre es Hatake Kakashi. No tengo ningún interés en decirles lo que me gusta y lo que no. Tengo muchos pasatiempos, y acerca de mi sueño… Hmm… No había pensado en ellos. –Los tres gennins lo miraron como si les estuvieran tomando el pelo. Prácticamente solo habían aprendido su nombre. – Muy bien… Empecemos desde la derecha.
– ¡Mi nombre es Uzumaki Naruto, dattebayo! –exclamó alegremente el rubio presentándose. – Lo que más me gusta es el ramen y pasar tiempo con mi hermano Shikamaru. Lo que no me gusta es tener que esperar tres minutos para que se cocine el ramen. Y mi sueño… ¡Es convertirme en Hokage y que las personas de esta aldea reconozcan mi existencia, dattebayo! Y mi pasatiempo… No lo sé, supongo que hacer bromas.
El peliplata observó al rubio con cierta curiosidad e interés. Podía ver mucho de su antiguo maestro en el joven. Estaba interesado por ver como evolucionaría aquel joven.
– Ya veo… Siguiente. –dijo posando su mirada entonces sobre el pelinegro.
– Mi nombre es Uchiha Sasuke. Hay un montón de cosas que me desagradan, y no me gusta particularmente nada. –comenzó a presentarse Sasuke. – Y… No diría que es un sueño… Sino más bien una ambición: La resurrección de mi clan, y matar a una persona en particular.
La pelirrosa miró al cielo sabiendo exactamente a quién se refería… El causante de la tragedia del clan Uchiha: Uchiha Itachi. La historia que rodeaba a ese par hermanos sin duda era triste.
– Por último, la chica. –Kakashi le indicó que era su turno de presentarse.
– Hmm… Mi nombre es Sakura… Solo Sakura, no poseo un apellido. –sonrió presentándose. – Hay muchas cosas que me gustan, pero si tuviese que elegir una diría que… dangos. No me gustan las personas que me subestiman. Mi pasatiempo… leer. –hizo una pequeña pausa. Frunciendo el entrecejo mientras pensaba en la última respuesta. – Acerca de mi futuro… Supongo que quiero ser una kunoichi habilidosa. –se encogió de hombros.
– Muy bien… Hasta aquí las introducciones. –dijo su sensei enderezándose. – Mañana comenzaremos con nuestros deberes como ninjas…
Ante esas palabras, Naruto saltó en su lugar entusiasmado con la idea de hacer las mismas cosas que un shinobi profesional.
– ¿Qué clase de deberes, dattebayo? –preguntó emocionado.
– Primero… Vamos a hacer algo solo los cuatro… Una prueba de supervivencia.
