Orfanato
Hessefan
Disclaimer: Todavía no ha surtido efecto el cambio de identidad, sigo siendo yo y Hajime Isayama, Hajime Isayama. Shingeki no Kyojin le pertenece por entero a él.
Advertencias: Poliamor, triángulo, así que hay BL y hetero.
Nota: otro pedido para mi querida Dakiny 3 Y otra vez me hizo sudar sangre. No sé por qué le gustan estas parejas raras que no sé ni de dónde agarrarlas xD Aprecien el esfuerzo de nuevo, ¡ja, ja, ja! No digan nada, soy súper original con el título.
TWO SHOT
Hacía apenas un par de meses que Historia había sido coronada, pero de inmediato se colocó en su rol. Sentía que ser reina representaba una gran responsabilidad; por esa razón, haciendo uso de su estatus, se apropió de la granja, que tantos recuerdos agridulces le traía, para poder convertirlo en un orfanato.
Ella sabía que el asedio de los titanes había dejado a muchos niños huérfanos. Su deber, entonces, era responder a las necesidades de su pueblo. A sus antiguos compañeros de batalla les gustaba ayudarla con el lugar en sus ratos libres, en especial a los que eran hombres. Para muchos estar cerca de Historia era una bendición. No dejaban de verla como a una más, era raro adaptarse a la idea de que ahora era la máxima autoridad y que, por serlo, le debían respeto.
En el fondo a Historia le gustaba que así fuera, no se sentía cómoda con la idea de que dejaran de tratarla como a un par solo por una corona en su cabeza. Seguía siendo la chica que Ymir llegó a conocer; le costaba, quizás, dejar de lado su papel de Christa, pero siendo Historia se sentía más auténtica.
Si era amable con los niños y los demás, lo era porque le nacía, no por esa necesidad de encajar en ese mundo. Ya no necesitaba, de hecho, encajar en ningún lugar. Había comprendido que podía ser quien quisiera ser; con sus lados buenos y malos.
Tal vez por ese motivo sus compañeros seguían viéndola de la misma manera, porque era humilde, pese a ser la reina. Se podía conversar con ella de manera natural y fluida. De hecho, esa fue la razón por la que Armin una tarde le hizo una propuesta. Una que a Historia le pareció maravillosa, pero que incluía de cierta forma al capitán Levi.
(…)
No entendía la razón de la citación, pero si su majestad había solicitado una reunión no podía negarse aunque quisiera. De poder, podía, se trataba de Levi, pero había aprendido gracias a Erwin que los que están más arriba a veces, solo a veces, lo están por una buena razón.
La muchacha le caía bien, así que no se preocupó, solo le llamó la atención que requiriera algo de su parte. ¿Qué podía necesitar? Más le valía averiguarlo. Eso al menos le había aconsejado Erwin cuando él se lo planteó con desgano hacia la idea de asistir a la reunión. Es que de solo pensar que debería atravesar medio mundo para llegar al castillo le daba pereza, sin dejar de lado que como capitán tenía trabajo de sobra como para perder el tiempo e ir a tomar el té con la reina.
No dilató el asunto, él era la clase de persona que prefería ir al punto, así que esa mañana se preparó para asistir a la reunión. Como iría a pisar el castillo, más le convenía presentarse de manera formal, así que se colocó el uniforme, el único que tenía para casos especiales, el mismo que había usado en la coronación de Historia.
Salió bien temprano en la mañana, cuando aún era de noche, sabiendo que tardaría más de dos horas en llegar, cuando lo hizo, el escudero en la puerta lo dejó pasar sin siquiera requisarlo. Luego, un anciano ataviado con una toga lo recibió en la antesala.
Debían atravesar todo el castillo y, por el dios de las murallas, Levi agradeció que el hombre mantuviera silencio. Odiaba las charlas banales sobre el clima. El sujeto parecía comprender la clase de tipo que era Levi porque apenas le soltó un par de frases en el largo camino.
—Su majestad lo está esperando —dijo, cuando pasaron por un puente largo, adornado de bellas flores de diversos colores. Levi nunca había llegado tan lejos. Suponía acertadamente que ahí era la morada principal de Historia y todo el tramo anterior era usado por los soldados, escuderos y sirvientes en general.
De hecho en la puerta había dos hombres que abrieron la misma para darle paso. De golpe se sentía importante sin haber hecho nada más que acatar el pedido de su majestad. Ante él se presentó lo que sería un gran comedor. Al final de la larga mesa estaba sentada ella, pero no estaba sola.
—Armin —murmuró, levemente estupefacto al verlo ahí.
—Capitán —correspondió el muchacho sin levantarse de la silla, pero haciendo el típico saludo militar.
—Yo me encargo, Minsa —dijo Historia cuando una señora regordeta de cara amable les alcanzó una bandeja con tres tazas, la correspondiente tetera y todo lo necesario para un tentempié—. Gracias, puedes retirarte.
La señora le sonrió con sinceridad, hizo una leve reverencia y se marchó. A todos en el castillo les agradaba la nueva reina, tal vez porque Historia los trataba como a un igual, incluso se sabía los nombres de cada uno, o preguntaba si se olvidaba. Y si, por algún motivo, cometía una falta, no dudaba en pedir perdón. En pocas palabras, no trataba a los sirvientes como lo que eran, para ella eran personas y merecían su respeto. De hecho pensaba que no se podía exigir respeto sin antes darlo.
—Bien, aquí estoy —dijo Levi tomando asiento, ni esperó a que Historia se lo ofreciera, bastante había caminado por el castillo—. No me dirás que me citaste solo para tomar el té.
—Claro que no —rio bajito al notar el mal humor del hombre, Levi tampoco dejaba de ser quien era pese a que estaba frente a una autoridad.
—¿Y tú qué haces aquí? —Levi dirigió la mirada al muchacho, quien se encogió en el sitio. Hasta él sentía que estaba fuera de lugar o en uno que no le correspondía—. ¿No deberías estar en el cuartel haciendo lo mismo que tus compañeros? O sea, trabajando.
—Es que él me dio la idea —fue Historia la que respondió—, así que sentí que era lógico citarlos a los dos. Sepa disculpar las molestias.
—Al grano —dijo Levi penetrando a la muchacha con los ojos.
—Bien, Armin me dijo el otro día algo y tiene razón. —Miró al muchacho, como si le estuviera dando pie a hablar, Armin lucía un poco amedrentado, como si se sintiera culpable de algo, quizás de molestar al capitán.
—Pensé que el orfanato tiene espacio de sobra para crecer. Fondos sobran.
—Sí, los de mi familia —agregó su majestad, interrumpiendo la explicación de su compañero.
—Es un buen lugar para los niños huérfanos —continuó Armin—, pero de alguna forma pensé en usted y en que…
—Sin miedo, Armin. —Historia volvió a reír bajito, le causaba algo de simpatía verlo sobrecogido por la dura mirada del capitán.
—Bueno, al punto —el chico espabiló—, en el mundo subterráneo están peor que aquí arriba, ¿cierto? Lo he escuchado a usted hablar una vez de eso.
—Es cierto, hay mucha pobreza. —Sus ojos fueron de Armin a Historia; ahora parecían estar recriminándole a ella ese detalle, cuando no debería.
—Allí abajo debe haber centenares de niños que necesitan ayuda, pero bajar no es tan fácil, ni la policía militar se anima —continuó el muchacho.
—Es zona liberada —dijo Levi interrumpiéndolo.
—Y nosotros, siendo la legión, no podemos hacernos cargo del asunto. Nuestra función es otra —agregó Armin.
—¿Entonces? —Levi empezó a golpetear los dedos en la mesa, signo de impaciencia.
—Usted podría bajar y tratar de traer tantos niños como pueda —dijo Historia y Levi levantó las dos manos en señal de «estoy fuera», pero ella fue rápida y se apresuró a hablar—, sé que tiene mucho trabajo como capitán.
—Oye, niña —le increpó—, ¿crees que es fácil bajar como si nada? Es otro mundo allí abajo.
—Por eso necesitamos de usted. —Los ojos se le llenaron de lágrimas, pero ni eso parecía conmover al sujeto frente a ella—. Es el único que conozco que es capaz de bajar y regresar vivo.
—Me costó salir, ¿y quieres que vuelva a entrar? —Soltó una carcajada irónica, para luego largar un suspiro de derrota, no olvidaba que estaba frente a la reina. Que no se lo impusiera porque esa reunión sería una catástrofe.
—Obviamente le pagaré, como corresponde —aseguró, y Levi de golpe la miró, para luego desviar los ojos hacia un costado sopesando sus opciones.
—¿De cuánto hablamos?
—De lo que quiera —contestó la dama—, mientras sea razonable.
—Vaya —se frotó la nuca y lanzó un nuevo suspiro—, con poder tener té hasta que me muera creo que soy feliz.
—Es un hombre muy sencillo, capitán —se animó a murmurar Armin, divertido, pero ocultando la sonrisita traviesa.
—Quiero poner una tienda de té, pero siendo sincero con ustedes y conmigo mismo —dijo con firmeza—, también quiero ayudar a los míos. Creo que esta es una buena forma. Ojo, no soy la clase de persona que se preocupa por los miles de huérfanos que hay en el mundo, pero si su majestad me lo pide con esa cara de borrego a medio morir, ¿qué me queda? Maldición.
Tanto Historia como Armin estallaron en ligeras carcajadas, el capitán había sonado auténtico, tal como era, sin pelos en la lengua. Historia tenía los ojos humedecidos de gratitud, Armin ya se había relajado, lo peor había pasado, o eso creía él.
—Bien, entonces en sus días libres, ¿nos ayudará, capitán? —preguntó Historia para zanjar el asunto.
—Nunca tengo días libres yo —se quejó, y era verdad, siendo capitán tenía más trabajo que un solado común, debía ayudar a Erwin, más en el presente porque era literalmente su mano derecha—. No sé por qué sonríes, muchacho —le dijo de mal talante a Armin.
—L-Lo siento —tartamudeó el chico, acojonado.
—Digo, tú me acompañarás a ese infierno, así que ve borrando esa sonrisa.
—¿Y-Yo? —Se señaló a sí mismo, confundido.
—Por supuesto que tú, fue tu idea a fin de cuentas —dijo Levi con obviedad—. Bajar de a dos es más seguro que solo, además… no sé lidiar con niños.
—No es que yo sea experto en niños tampoco.
—Seré sincero —le interrumpió—, eres el único que puede acompañarme porque tus demás compañeros me tocarían muchos los cojones. ¿Te queda claro? Y solo quiero escuchar un: «sí, señor, entendí, lo acompañaré» o alguna mierda similar. —Armin asintió reiteradas veces.
—Espero serle de alguna utilidad. —El muchacho no quería confesarlo, pero le daba algo de temor ir a ese mundo que no conocía, pero que sabía, era peor que el de la superficie.
—Bien, ahora tú deberías estar ayudando a Jean con el conteo de provisiones —le dijo mirándolo, para luego dirigirse a Historia—. Él no tendría que estar aquí a esta hora, dentro de un rato comienza el entrenamiento de rutina.
—Eres libre, Armin —dijo la muchacha comprendiendo el fastidio del capitán.
—Entonces me retiro, cualquier cosa, me mantienen informado. —Sin haber tomado el té siquiera, se puso de pie, les dedicó una breve reverencia y se marchó del lugar.
Allí solo quedaron la reina y el capitán, este bostezó, se había levantado muy temprano en la mañana y eso le estaba rindiendo cuentas. Era de poco dormir, pero por haber estado ayudando a Erwin toda la noche las horas de sueño se le acortaron aún más.
—Espere un segundo, iré en busca de una carpeta y todo lo necesario para apuntar a los niños nuevos que traiga con Armin —dijo Historia poniéndose de pie, él no respondió, le dio un sorbo a la taza acabando con el té.
No tenía forma de saberlo, pero la dama se entretuvo más de lo esperado. Ser reina implicaba que también tenía trabajo burocrático por hacer, así que cuando llegó a la parte del castillo que usaban como oficina para tratar asuntos relevantes del reino, un consejero la entretuvo firmando papeles. Ella solo había ido en busca de la carpeta en donde apuntaban a todos los huérfanos y terminó discutiendo asuntos relevantes como la economía del reino.
Los consejeros tendían a quejarse de que la muchacha gastaba mucho en dicho orfanato. Debían distribuir las riquezas equitativamente para las tres murallas y no era algo sencillo. Los nobles no estaban dispuestos a perder un solo centavo por los más necesitados, así que terminaba siendo la fortuna de la familia Reiss la que cubría esos baches y dicha fortuna no era inagotable.
A Levi le entró la modorra, juraría que la dama se había ido hacia días. El estar solo, aburrido y con sueño lo llevó a desparramarse en la silla. Se cruzó de brazos y estiró la cabeza hacia atrás, apoyando la nuca contra el mullido respaldar. Maldición, esas sillas eran mil veces más cómodas que las del cuartel. No se comparaban las que eran de madera ordinaria, con las del palacio, tapizadas de terciopelo rojo. Por un momento hasta tuvo ganas de pedirle a Historia que le regalara una. Él solía dormir en sillas y hacerlo en una como esa sería grandioso.
Sin preverlo se quedó dormido, así lo encontró Historia cuando regresó. Le causó algo de simpatía, no era usual ver a Levi dormido, de hecho hasta sospechaba que no lo hacía. Imaginaba que estaba cansado por el largo viaje, así que no lo despertó. Dejó la carpeta suavemente sobre la mesa y lo estudió con calma.
No era un hombre muy apuesto, menos con la boca entre abierta y esa postura desgarbada, pero había algo en él que a ella y a medio mundo le llamaba la atención. Si Levi no fuera Levi quizás ni se hubiera animado a hacer lo que tenía en mente. Le sopló en la frente para comprobar que en verdad estuviera dormido, en efecto, Levi no respondió al leve estímulo, pero cuando Historia le corrió delicadamente un mechón de pelo para mirarlo mejor, él despertó de súbito y tomó con fuerza esa mano.
—¿Qué mierda haces? —se alarmó el hombre, desencajado. Estaba mal acostumbrado, por el estilo de vida pasado, a permanecer alerta, como si tuviera miedo de ser asesinado mientras dormía, algo que en los barrios bajos podía ocurrir tranquilamente.
—¿Qué haría si le respondo que besarlo? —contestó con otra pregunta, un poco jovial por colocarlo en un lugar difícil. Ella sabía que era apuesta, en su interior algo le decía que Levi no la rechazaría, por eso había sido tan arriesgada. Salvo, claro, que los rumores fueran ciertos, esos que decían que al capitán le iban más los hombres. Levi le soltó la mano y miró a un lado, como si estuviera analizando la situación que se le presentaba.
—¿Trabaste la puerta? —No quería ser pillado haciendo indecencias con su majestad. No quería volver a un calabozo por faltas a la autoridad.
El semblante divertido de Historia varió abismalmente; de mostrarse jocosa, en ese instante pasó a mostrarse algo horrorizada por lo que ella misma había originado. No pensó que fuera tan fácil conseguir lo anhelado, pensó que el hombre mostraría algo de reticencia, quizás por la clara diferencia de edad; pero Levi no era esa clase de sujeto moralista.
—Y-Yo… —titubeó ella frotándose la mano que Levi le había liberado, y temerosa continuó hablando— lo siento, no quise ser osada.
—Entonces no juegues con fuego o te quemarás.
—La puerta no está trabada, pero puedo hacerlo —dijo con seriedad, como si estuviera hablando de algo peliagudo; de cierta forma lo era—, ¿qué pasaría si la trabo?
—Eres bonita —la extrema franqueza era algo que caracterizaba a Levi—, me agrada la idea de mancillar lo que representas.
—Eso sonó horrible —se quejó ella con el ceño fruncido.
—No me malentiendas, no digo que te cogería solo porque eres la reina.
—Va muy rápido, capitán. —Dio un paso atrás cuando él se puso de pie, intimidándola.
—Imagino que eres virgen —suspiró con dejadez—, ¿ves? No tienes que provocar a un hombre siendo tan bonita, pueden pasar estas cosas incómodas. No esperabas que yo respondiera así, ¿verdad?
Historia se quedó sin palabras, sentía que el hombre tenía algo de razón; había sido muy inocente de su parte esperar nada más que un beso o alguna ñoñería similar. Levi era una persona adulta, con poca o mucha experiencia, pero experiencia en la vida a fin de cuentas.
Historia lo pensó, era una gran oportunidad, tal vez no tuviera otra como esa, así que dio la vuelta y se acercó a la enorme puerta de dos hojas para girar la perilla y así trabarla. Por algún tonto motivo le daba miedo voltear, incluso empezó a temblar un poco, aún más al sentir la cercanía del hombre.
Levi había caminado esos pasos para situarse tras ella, en el fondo, aunque no tuviera mucha experiencia o fuera tosco en su trato, sabía que debía ir con cuidado, así que le puso una mano en el hombro, sobresaltándola sin pretenderlo.
Ella trató de dejar los miedos de lado y volteó suavemente al mismo tiempo que recibía un abrazo del hombre. Este la estrechó contra su cuerpo, dándole tiempo a asimilar lo que iba a ocurrir a continuación. No la besó directamente, primero se deleitó olfateando el cabello rubio; olía a jazmín. Con más confianza le dejó un beso en el cuello y de nuevo la sintió tiritar entre sus brazos.
Historia cerró los ojos dejándose llevar por la cálida sensación de estar entre los brazos del capitán, recibiendo los besos de este. Fue ella quien al final le buscó la boca, se moría de ganas de besarlo. Levi la recibió despacio, le rozó apenas los labios sintiendo la tersura de los mismos, luego imprimió más fuerza haciendo el contacto más atrevido.
Historia se dejaba llevar mansamente; abrió la boca sintiendo como la lengua del capitán jugaba con la suya. Aquello era grandioso, se sentía en las nubes, tanto, que lamentó que el hombre cortara el beso y tomara distancia.
—Béseme más —rogó ella en un hilillo de voz.
—Quiero quitarte la ropa, ¿puedo? —consultó con calma, vio que ella asintió sin palabras y se encargó de lo primero, le quitó la hebilla del pelo y el rodete se desarmó, dándole un aspecto más salvaje o campechano.
Levi le tomó un mechón y lo olfateó, le encantaba ese aroma pulcro. Todo lo que fuera pulcritud le encantaba y, se preguntaba, si las zonas más privadas de la dama olían igual. Era algo que pensaba comprobar.
Con cuidado, el capitán se agachó y le levantó el vestido para quitárselo. Bajo el mismo no había otra prenda, así que Historia quedó desnuda frente a él. Recién entonces notó el rubor en la piel blanca de ella. Historia se había encogido en el sitio, tratando de tapar su desnudez con las manos.
—¿Le gusto? —preguntó la muchacha con seriedad, cada vez más roja de la vergüenza.
—Déjame verte bien —solicitó él, tomando esas manos que tapaban parte de los pechos y el pubis.
Ella le permitió que la estudiara. Levi la miró de arriba hacia abajo, deleitado con la hermosa figura que tenía la muchacha. Era, en verdad, como una diosa. Sus compañeros no exageraban cuando la tildaban de tal.
Pechos pequeños, pero turgentes, y una mata de pelo rubio en su entrepierna, lugar a donde quería llegar sin preámbulos. No obstante, Levi comprendía que debía ir despacio. La tomó de una mano y la acercó a la mesa, y ahí la acostó.
Historia se sentía entusiasmada; aunque su inexperiencia en el tema también la llenaban de dudas, todo lo que el capitán le hacía le agradaba. Y le iba a agradar aún más, puesto que el hombre le abrió las piernas para mirar su zona más privada. En ese punto ella se tapó la cara con un brazo, avergonzada por esa pesquisa.
Levi primero miró lo que se abría ante él, luego con un dedo recorrió la zona, yendo desde el clítoris hasta la entrada de la vagina ya húmeda. Intentó meter un dedo, pero la dama se contrajo y le tomó esa mano.
—Vaya despacio —le dijo, guiándolo hacia la zona que necesitaba atención.
Levi entendió sin más lo que debía hacer, así que con el índice apretó el clítoris y lo masajeó; de vez en cuando rozaba la vagina, comprobando que se humedecía más y más con sus torpes caricias. Fue el turno de meter ese dedo y no hubo resistencia alguna.
En ese punto escuchó el primer gemido de muchos que Historia soltaría esa mañana. La muchacha sentía el dedo en su interior y comprendió en ese momento que lo que en verdad quería era tener el pene de Levi dentro de ella, así que se sentó en la mesa y lo miró.
—¿Estás lista? —preguntó, quitando la mano de ese lugar privado para, en cambio, masajearse la entrepierna. Sentía que su pene iba a explotar dentro de los pantalones. Bajó la cremallera del mismo tratando de liberarlo del encierro porque ya le apretaba mucho.
—Pero yo también quiero verlo desnudo —dijo Historia, sin quitar los ojos del falo que se erguía entre las telas. Era la primera vez que veía un pene; por algún motivo que desconocía le resultó algo grotesco.
Levi entendió la necesidad de ella, le parecía justo, así que se desabrochó el saco, se quitó la camisa como si fuera una camiseta y solo quedó con los pantalones bajos. No tenía ganas de sacarse los zapatos para así hacerlo con el pantalón. Por muy limpio que fuera el palacio, no le gustaba andar descalzo.
Para Historia fue suficiente, podía ver esas piernas regordetas y firmes, cada músculo marcado, sobre todo en el vientre, y esos brazos firmes. De golpe una fiera había despertado en ella, era como si quisiera morderlo todo, tocarlo todo, sentirlo todo. Lo tomó de los brazos y lo acercó a su cuerpo, mientras él trataba de acomodarla mejor en la dura superficie de la mesa.
Levi ubicó el pene en la entrada de la vagina y luego se recostó sobre ella, eso hizo que el glande entrara apenas. Un nuevo gemido, por parte de ambos. No era un hombre muy paciente en esa clase de situaciones, así que irrumpió, metiendo todo el falo.
Historia tomó aire, aquello se lo había quitado. Podía sentir al capitán dentro de ella, era magnifico. Agradeció que el hombre le diera un descanso, porque Levi se quedó allí, con el pene metido hasta el fondo, pero sin moverse.
—¿Estás bien? —preguntó el hombre y ella asintió reiteradas veces con cierta desesperación. Le había clavado las uñas en los brazos. Al final de nuevo fue Historia quien dio el siguiente paso, moviendo apenas las caderas, dándole el mensaje de que continuara con esa placentera tortura.
Levi no se contuvo más, no podía si ella meneaba las caderas de esa forma, buscando frotarse contra él, buscando placer. Comenzó a meter y sacar, tan profundo que sus testículos chocaban contra los glúteos de ella, haciendo un particular sonido, el de las pieles chocando.
Fue demasiado rápido para Historia, sin darse cuenta, entre gemidos escandalosos, alcanzó el orgasmo. Levi se dio cuenta de ello porque la muchacha se dejó caer de espaldas y aflojó la tensión en las piernas. Él las tomó para tener un mejor punto de agarre y continuó con lo suyo.
—Me duele —se quejó Historia con un ligero gesto de molestia.
Levi no necesitó de más para parar y salir de su interior. Se atrevió a ser osado, él también estaba muy excitado, así que se encorvó un poco y atrapó entre los labios el clítoris, todo con el fin de lograr excitarla de nuevo y continuar. Historia volvió con sus gemidos, se aferró al pelo de él, instándolo a más. Le gustaba que le mordiera el monte de venus, la volvía loca que le diera lengüetazos al clítoris, y ni hablar cuando la penetraba con dos dedos. Volvió a estallar en un orgasmo y, ya sin fuerzas, lo miró. El capitán seguía con el pene duro.
—¿Estás cansada? —Por algún motivo tenía la necesidad de asegurarse todo el tiempo de que ella estuviera bien, cuando por lo general era bastante despreocupado con sus amantes. Quizás se debía al hecho de que Historia no era cualquier amante, era precisamente Historia.
—¿Puedo hacerle lo mismo? —preguntó con cierta timidez.
—¿Quieres chuparme la pija? —Abrió más los ojos, un poco sorprendido, aunque no debiera. Todo era nuevo para Historia, así que se sentía como una niña con juguete recién comprado.
La muchacha ni siquiera le respondió, se bajó de la mesa y se arrodilló ante él para tomar con la mano el pene. Ahora podía estudiarlo mejor; veía unas gotas asomando de la punta y, sin saber bien cómo hacerlo, se metió el falo en la boca. Levi la separó con algo de brusquedad, jalonando su cabello rubio.
—¿Le hice daño? —se preocupó la dama.
—Solo trata de no rozarme con tus dientes —explicó él, para luego penetrarle la boca—, puedes lamerlo, eso me gusta también.
Historia dejó de chupar para en cambio hacer eso: con la lengua recorrió el tronco, sintiendo cada vena hinchada. Llegó a la zona más sensible, el glande, y saboreó las gotas que de allí salían. Levi estaba que no daba más, así que de nuevo empezó a penetrarla por la boca; era él quien hacía el movimiento, entrando y saliendo. Historia, nada más, trataba de respirar por la nariz para no morir ahogada. Podía sentir ese falo hasta el fondo de su garganta, tocándole la campanilla.
De golpe, el fin. Levi eyaculó copiosamente sin dar aviso. Historia se sorprendió y se quitó rápidamente para evitar atragantarse, pero un poco de semen tragó, así que su cara de asco fue inevitable.
—Sabe horrible —dijo ella y Levi sonrió. Sí, maldición, sonrió, para grata sorpresa de la muchacha.
—Lo siento, debí avisarte —se rascó una mejilla y miró hacia un costado, para luego levantarse los pantalones y ajustárselos.
Se limpiaron y se vistieron en silencio, con una calma atípica, como si allí no hubiera ocurrido nada trascendental. Llegaba el momento de despedirse, pero parecía ser que ninguno de los dos quería dar ese paso.
—Bueno, cuando quiera faltarle el respeto a su majestad… —dijo una acalorada y risueña Historia. No completó la frase, la dejó en el aire, igual Levi entendió a la perfección.
—Los deseos de su majestad son órdenes para mí —exageró con una pizca de ironía, pero serio como siempre—. Por el momento debo marcharme, ya perdí la mañana. Aunque bueno, no me quejo, fue una buena mañana.
Historia se acercó a él y le dejó un beso en la mejilla, pero Levi no se quedaría con esa migaja; la tomó de la nuca y le estampó un doloroso y ruidoso beso en los labios a modo de despedida. Cielos, había sido el mejor sexo de su vida.
Cuando el capitán se fue, Minsa, la criada, supo que era hora de juntar los trastos del tentempié, por eso entró al salón. Se llevó una sorpresa al ver el aspecto de la reina, lucía algo desaliñada y no recordaba haberla visto así.
—Su majestad —dijo Minsa—, ¿qué le pasó a su cabello? —cuestionó, dejando las tazas de lado.
—Oh, es que… el rodete estaba mal ajustado.
—Lo siento mucho —se disculpó la señora con una sentida reverencia, puesto que ella era quien la peinaba usualmente si no era su hija.
—Oh, no te preocupes. —Le sonrió—. Me gusta a veces usarlo suelto.
—Si quiere le hago un nuevo peinado.
Historia asintió para darle con el gusto, no pretendía que su sirvienta se quedara con la idea de que había fallado en una de sus tareas. Aparte le gustaba que Minsa la peinase, le agradaba charlar con ella mientras lo hacía, se enteraba de cosas, de rumores, de la vida de la gente humilde que la rodeaba.
(…)
Tenían los domingos libres, así que el sábado por la noche Levi le aconsejó a Armin que fuera a dormirse temprano porque pensaba despertarlo a primera hora de la mañana. Lo mejor era bajar de día al mundo subterráneo.
Armin estaba tan ansioso como inquieto, pero le daba cierta seguridad saber que bajaría a ese lugar con alguien fuerte como su capitán. No se trataba de que él no supiera pelear o lidiar con situaciones difíciles, pero junto a Levi cualquiera se sentía más fuerte y él no era la excepción. Les pasaba a todos los soldados.
Había diversas entradas a los barrios bajos, estas estaban selladas con simples puertas de metal. No estaban trabadas, solo bastaba con empujarlas un poco para abrirlas y poder pasar. Cuando eso hizo Levi, a Armin le llegó de lleno el olor a aguas servidas. Sintió nauseas, pero su capitán le advirtió que en pocos minutos se acostumbraría al hedor.
Había tanta basura acumulada en cada rincón que las ratas abundaban, se sentían como en casa y no huían despavoridas frente a la presencia de humanos. Armin aprendió algo ese día, que para bajar a la ciudad subterránea había que hacerlo con dinero. Él desconocía lo que era la "tarifa", simplemente un método de extorción que ejercían los matones en cada intersección.
Levi parecía conocer a algunos, puesto que no pagaba, pero a veces tocaba hacerlo, más que nada para evitar peleas innecesarias y discusiones que no terminarían en buen plan. Hablamos de Levi.
Si bien el capitán era conocido allí abajo, puesto que hasta las prostitutas lo saludaban, había cierto aire de rechazo, era como si él ya no fuera parte de ese mundo, como si la gente se sintiera traicionada de que él los abandonara. Cuando en realidad él no le debía nada a nadie, al menos que recordase.
Se pusieron de acuerdo para ir golpeando puertas al azar, pero maldición, no era nada sencillo. En cuanto Armin quería explicarle a la familia de turno que la reina tenía un orfanato en donde todos los niños eran bienvenidos, solía recibir antipatía ante la figura que representaba Historia.
Levi le advirtió que no sería sencillo. Cuando no les cerraban la puerta en la cara, podían hablar con más calma, pero otra lección aprendió el muchacho ese día: a mucha gente le costaba ver otro panorama diferente al que estaban acostumbrados.
—¿Ves? —dijo Levi luego de mil rechazos—. No es tan sencillo como parece.
—Pensé que la gente de aquí abajo estaría más predispuesta a salir a la superficie. —Armin se recargó contra una pared enmohecida, algo desahuciado.
—No es fácil salir de la pobreza. —De cierta forma quería animar al muchacho, porque sus intenciones eran buenas—. La gente está mal acostumbrada a vivir así, así es su vida, es lo que conocen, a lo que están acostumbrados.
—Entiendo a lo que se refiere, aparte… —reflexionó— es como que piensan que venimos a quitarles a sus hijos —comentó, rememorando una de las discusiones que había tenido con una madre.
Esta le había manifestado sin pelos en la lengua que no pensaba confiarle a ninguno de sus hijos a la legión; era como si temieran que allá arriba los niños fueran adoctrinados para ir al campo de batallas. Por mucho que Armin rebatiera esa idea, la gente parecía creer eso con ahínco.
—Vamos, conozco un lugar en el que quizás podríamos tener más suerte —dijo Levi, pensando en los burdeles.
Ahí era donde peor se vivía puesto que si las prostitutas estaban ya ancianas para sus clientes, escaseaba la comida. El capitán lo había vivido en carne propia, así que sentía que ese era el camino correcto a seguir para lograr el cometido de salvar un alma en pena. No era tan fácil encontrar familias o niños ya huérfanos dispuestos a salir de esa inmundicia; como Levi había dicho, era el mundo en el que habitaban y al que ya se habían acostumbrado.
Armin asintió y siguió a su capitán, pero la figura de una niña rubia y despeinada de no más de siete años llamó su atención. Tenía una flor marchita en la mano y estaba de pie en mitad del camino, ofreciéndola. Pronto comprendió que lo que estaba haciendo era intentar venderla.
Le dio algo de pena esa imagen, así que no dudó en escarbar entre los pliegues de ropa para dar con su bolsa de dinero. Intentó sacar apenas una moneda, pero el hilo del bolsito se deslizó de más y las monedas cayeron como en una catarata.
La niña no fue ni lenta ni perezosa, enseguida se tiró al piso para juntarlas todas, le regaló una hermosa sonrisa, mostrando sus dientes de leche rotos, le dio las gracias y se marchó corriendo. Levi se debatía entre reírse de Armin o retarlo por ser tan imprudente en el mundo subterráneo.
—¿Me acaba de robar o me parece a mí? —El muchacho se mostraba pasmado por la velocidad en la reacción de la niña.
—No hagas caridad —dijo Levi, mirando de reojo a un rejunte de hombres que había cerca de una pila de cajas—. Si empiezas a darles monedas a los niños pobres no solo te quedarás sin sueldo, acarrearás problemas.
—¿Qué clase de problemas? —Lo miró, luego de guardar el poco dinero que tenía entre sus ropas.
—Estos —contestó viendo cómo se acercaban cuatro hombres de mediana edad. Habían visto a Armin con dinero y eso era algo que no pensaban dejar pasar.
Hasta aquí. Les cuento un secreto… la persona que me pidió este fic está haciendo uno que es ligeramente parecido (siento que en algún punto la estoy plagiando con su permiso, ¡ja, ja, ja!), solo que no se anima a publicar lo que tiene. La quiero matar, porque su fic está bueno, pero por otro lado la entiendo porque a mí también me costó mucho publicar mi primer fic. Si algún día logro convencerla, espero que la apoyen. Sin más, me despido (ah, qué formal sonó eso).
¡Muchas gracias por leer!
29 de octubre de 2020
Merlo, Buenos Aires, Argentina.
