Autora POV
– ¿Una prueba de supervivencia? –repitió Naruto luciendo confundido. Sasuke se mantenía en silencio, observando con cautela y cierto interés a su sensei. Sakura por su parte esperaba que el peliplata tuviese la decencia de explicarles lo que harían.
Kakashi comenzó a reír como si le hubiesen contado el mejor de los chistes. Era un tanto perturbador de hecho.
– ¿Qué es tan gracioso, sensei? –preguntó la pelirrosa del grupo.
– Bueno, es solo que… cuando les cuente esto van a enloquecer. –contestó divertido el peliplata.
– ¿Huh? ¿Enloquecer? –inquirió el rubio. Cada vez le parecía más extraña la actitud de su sensei.
– Verán… De los veintisiete graduados, solo nueve serán elegidos para convertirse en gennins. El resto será enviado de regreso a la academia. –dijo el jounnin con una expresión tan seria que buscaba infundir miedo. – Es una prueba realmente difícil, con una probabilidad de fallo por encima del sesenta y seis por ciento.
Naruto chilló horrorizado por las nuevas noticias, y Sakura pudo percatarse como el pelinegro también se tensaba ante lo dicho por su sensei. La pelirrosa intentó mantener una expresión serena… Sabía que una parte de todo aquel discurso era para meterles presión, después de todo… el miedo hacia a las personas actuar de formas que no harían en un estado de raciocinio común. Podía jugarles en contra.
Por el rabillo del ojo miró a sus compañeros… Sabía que podían dejarse llevar fácilmente por sus emociones, por lo que tenía que buscar la forma de calmarlos y hacerlos trabajar como un equipo.
– Les dije que enloquecerían… –Kakashi rió ante sus reacciones, aunque miró con cautela a la pelirrosa quien era la única que se mantenía imperturbable.
– ¡No puede ser, dattebayo! –se quejó Naruto. – ¿¡Entonces cuál es todo el punto de graduarnos!? ¡Hemos trabajado muy duro, dattebayo!
– Oh, ¿eso? –habló el peliplata. – Es solo para seleccionar a aquellos que tienen el potencial para convertirse en gennin. –contestó restándole importancia al asunto. – De cualquier modo, mañana ustedes tendrán que mostrar sus verdaderas habilidades en el campo de entrenamiento. Traigan todas las armas ninja que posean… Oh, y no desayunen, o podrían terminar vomitando. –comenzó a acercarse a ellos extendiéndoles unos papeles a cada uno. – Los detalles están en este papel. No lleguen tarde mañana. –les indicó. Su mirada se posó sobre la pelirrosa del grupo. – Sakura… Me gustaría hablar un segundo contigo ¿Puedes?
La ojijade se sobresaltó un tanto sorprendida ¿De qué quería hablar el peliplata? ¿Por qué solo con ella? ¿Acaso la habían descubierto? Pero ella había sido bastante cuidadosa…
– Claro, sensei. En un segundo lo alcanzo, hay algo que quiero decirles a Naruto y Sasuke primero. –contestó la pelirrosa forzando una sonrisa amigable.
El hombre asintió antes de alejarse un poco de ellos. Sakura lo observó cautelosamente hasta que estuvo a unos metros de distancia, entonces se volvió a ver a sus compañeros. Naruto tenía una expresión confusa en su rostro, mientras que Sasuke la observaba con una clara desconfianza.
– Muy bien… Sé que a penas nos conocemos… Pero somos un equipo ahora y debemos actuar como tal o no llegaremos muy lejos. –habló con calma la pelirrosa. – Por lo que me gustaría proponer una actividad para fomentar la confianza de nuestro equipo.
– ¿Qué clase de actividad, Sakura-chan? –inquirió Naruto.
– Los espero a ambos en mi apartamento esta noche. Dormirán allí. –dijo la pelirrosa sin rodeos.
– Olvídalo. –Sasuke habló de forma casi instantánea. En su mente, no tenía tiempo para perder con actividades tan triviales como una tonta pijamada. Ya era lo suficientemente malo tener que estar en un equipo con el idiota de Naruto y la desconocida pelirrosa, no pretendía convertirse en sus amigos también.
– Oh, vamos… No seas amargado Uchiha. –la pelirrosa hizo un puchero. Al ver la tierna expresión de la chica, tanto Naruto como Sasuke tuvieron que voltear la cabeza para ocultar sus sonrojos. – No pierdes nada con hacerlo… A no ser… –hizo una pequeña pausa. Sasuke volteó hacia ella, intrigado con lo que diría. – A no ser que tengas miedo…
– Hmp… ¿Por qué tendría miedo de algo así? –se quejó el Uchiha.
Sakura sonrió para sus adentros. Era tan fácil hacerlos morder el anzuelo…
– No lo sé… Tal vez te da miedo dormir fuera de tu propio hogar. O tal vez tienes un hábito de sueño vergonzoso y no quieres que lo sepamos. –sonrió burlona. El rostro usualmente serio del pelinegro, comenzó a transformarse en una mueca de molestia.
– No es eso. –dijo Sasuke.
– No te creo. –continuó burlándose Sakura. – Apuesto a que mojas la cama. –dijo con mofa.
– Tsk, eres una molestia. –atacó el pelinegro.
– No haces nada por negarlo. –se rió la chica. – Si quieres que pare tendrás que demostrarme lo contrario… bebé moja camas.
– ¡Está bien! –exclamó el chico, deseando que la pelirrosa se detuviese con sus burlas. – ¡Iré!
– ¡Genial! –dijo animadamente la ojijade. – Los espero a las ocho en punto entonces. –les dio la dirección a ambos, sin siquiera darle tiempo a Naruto de aceptar o rechazar su invitación, para luego darse la vuelta y correr hacia donde Kakashi la esperaba.
Sasuke parpadeó atónito mientras la veía alejarse. Esa chica sin duda sabía manipular a la gente…
Sakura se acercó hacia donde el peliplata se encontraba. El hombre estaba recostado contra la barandilla de seguridad, viendo el monte Hokage que se alzaba a la distancia. Su vista estaba particularmente fija en el rostro tallado del Yondaime Hokage: Namikaze Minato.
– ¿De qué quería hablarme, sensei? – la pelirrosa preguntó llamando su atención.
Kakashi se volteó a verla, por un segundo su mirada parecía nostálgica, lo cual desconcertó nuevamente a la pelirrosa… ¿Por qué las personas en esta aldea la miraban como si su sola imagen les evocara recuerdos de algo?
– Hay algo que quería discutir contigo… Pero no aquí… ¿Te apetece ir por té y unos dangos? –preguntó el peliplata.
Sakura normalmente hubiese negado la oferta y le hubiese pedido que, lo que sea que necesitase discutir con ella, se lo dijese allí… Eso habría hecho… Si no hubiese sido tan amable de ofrecerle dango.
– Está bien… ¿Conoce algún lugar? –inquirió la pelirrosa.
– Hay una cafetería cerca de aquí que no está tan mal. –contestó el jounnin. Se dio la vuelta y se puso en cuclillas frente a la chica. – Sube. –le indicó. – Llegaremos más rápido así.
Realmente no necesitaba que la llevaran, Sakura podía desplazarse con la misma destreza que el peliplata… Pero decidió seguirle la corriente. Se subió a su espalda, rodeando su cuello con los brazos y enganchando las piernas en su cintura para no caerse. Kakashi se puso de pie, y tras asegurarse de que Sakura estaba bien afirmada, comenzó a saltar de techo en techo hasta llegar a la cafetería mencionada.
Se sentaron en una pequeña mesa, y tras ordenar algo, Kakashi posó su vista sobre su estudiante.
– Entonces… –comenzó.
– ¿Esto tiene que ver con la razón por la cual chocó conmigo esta mañana, Kakashi-sensei? –preguntó Sakura interrumpiéndolo.
El peliplata sonrió para sus adentros. La muchacha frente a él era bastante perceptiva.
– ¿Crees que lo hice a propósito? –inquirió el jounnin. Incluso si la pelirrosa tenía razón, Kakashi se sentía intrigado acerca de cuál sería su respuesta.
– No creo que usted sea una persona que choque con las personas solo porque sí, sensei. –contestó Sakura encogiéndose de hombros.
– Pude simplemente haber estado distraído y no haberme dado cuenta que venías en dirección opuesta. De la misma forma que no noté el borrador que Naruto colocó en el marco de la puerta. –sugirió Kakashi mientras se cruzaba de brazos, recargándose contra la silla.
– ¿Hmm? –tarareó la pelirrosa. – Pero estoy bastante segura que usted cayó en la broma de Naruto a propósito. –sonrió inocentemente.
– ¿Y qué es lo que te lleva a pensar eso? –preguntó el peliplata.
– Usted es el ninja copia de Konoha… ¿Verdad? –inquirió la ojijade. – Estás al nivel de un anbu. Tus reflejos son mejores que cualquier persona común. Además… cuando me acompañabas de regreso a mi casa, pude notar que tu guardia estaba en alto, incluso ahora que me prestas atención estás alerta de lo que te rodea. No eres alguien que simplemente pueda ser sorprendido de una forma tan burda… –hizo una pequeña pausa mientras jugaba con el pequeño servilletero que había sobre la mesa. – Ahora… Creo que caíste en la broma de Naruto solo para darle la satisfacción de pensar que te atrapó. Pero tenías una razón para chocar conmigo y luego insistir en llevar mis compras… ¿Cuál es?
– Eres bastante perspicaz para una niña de tu edad. –comentó Kakashi.
Sakura se encogió de hombros.
– Una niña necesita aprender a notar los detalles, sobre todo cuando vive por su cuenta. –la mentira se deslizó una vez más por sus labios. – Ya ve, cualquier cosa podría pasarle a una pobre niña indefensa como yo… Cualquier hombre perverso podría invitarme a tomar algo y poner algo en mi bebida… Usted no es un hombre perverso, ¿verdad sensei? –bromeó.
El peliplata sintió un escalofrío recorrerle la columna ante las palabras escuchadas. Había algo extrañamente perturbador en la pelirrosa, pero de alguna forma, Kakashi no lograba descifrar qué era.
– No soy la persona más santa, pero estoy bastante seguro que no soy la clase de persona que intenta secuestrar niñas. –le siguió el juego.
Ambos hicieron una pausa cuando una camarera se acercó con un par de tazas humeantes de té, y dangos. Le agradecieron por sus servicios y esta se fue, casi de forma inmediata, Sakura tomó un palillo de dango y lo engulló. Kakashi hizo una pequeña nota mental sobre el gusto que parecía tener la pelirrosa por esos dulces… Tal vez saber eso podría serle útil en el futuro.
– ¿Entonshes...? –preguntó la pelirrosa con sus mejillas llenas de comida.
– Es de mala educación hablar con la boca llena. –se burló el peliplata. La joven hizo un pequeño puchero en respuesta. – Sé que tal vez te molestará esto, debido a que ya has pasado tiempo valiéndote por ti misma… Pero Hokage-sama quiere que me convierta en tu tutor legal.
Al escucharlo, Sakura se atragantó con la comida debido a la sorpresa. Kakashi la miró con cierta preocupación mientras ella tosía roncamente, buscando a tientas su taza de té para calmar el ardor en su esófago.
– ¿P-Por qué? –preguntó la pelirrosa una vez que calmó su tos. No había querido sonar muy a la defensiva, pero en ella había un pequeño temor de que el Hokage sospechara de ella, y haya puesto a Hatake para vigilarla. – ¿Acaso Hokage-sama no confía en mí?
– Al contrario. –respondió Kakashi. – Hokage-sama está bastante a gusto con tu estadía en la aldea… Por eso quiere que alguien vele por tu seguridad de cerca.
– Puedo cuidarme sola. –dijo casi instantáneamente la ojijade.
– No dudo de tus capacidades. –contestó el peliplata.
– ¿Entonces por qué? ¿Por qué considera Hokage-sama que necesito un tutor? ¿Y por qué pondría a uno de sus mejores shinobis a custodiarme si supuestamente confía en mí? –inquirió Sakura.
Los puños de Hatake se afirmaron alrededor de sus bíceps denotando cierta tensión. Sabía que a la pelirrosa tal vez no le agradaría la idea de tener un adulto cuidando de ella, pero no había contado con lo observadora que era la muchacha… No podía simplemente inventar una excusa para tranquilizarla, no… Si quería ganarse su confianza, tendría que contarle la verdad.
– Sakura… ¿Qué tanto sabes acerca de tus padres? –preguntó tomando por sorpresa a la ojijade.
Sakura enarcó una ceja confusa… ¿Sus padres? Sus padres eran los jefes de una organización criminal. Aunque claro… No podía decirle eso a su sensei… Pero aún así ¿Qué tenían que ver sus padres en todo ese asunto?
– No mucho… –mintió. – Toda mi vida estuve sola. No sé quienes fueron, ni siquiera tenía algo de ellos cuando me dejaron en el orfanato. Cuando le pregunté a la gente de Amegakure, nadie sabía nada al respecto…
– Eso es porque no eres originaria de Amegakure. –dijo de pronto el peliplata. Nuevamente Sakura se vio sorprendida por su sensei.
¿Qué no había nacido en Amegakure? Si toda su vida creció allí… con sus padres… dentro de la base de Akatsuki… ¿Tal vez Kakashi la estaba confundiendo con alguien más?
Podía sentir a Kurama removerse en su interior, lo cual solo sirvió para aumentar su nerviosismo.
– No entiendo a lo que se refiere, sensei… –murmuró la pelirrosa.
– Sé que sonará como algo difícil de creer… Pero, originalmente, tu naciste aquí en Konoha. –dijo el hombre. Sakura sentía el impulso de negar sus palabras, pero si lo hacía levantaría sospechas. Además, había algo en su corazón que le pedía que escuchara por completo la historia que su sensei le estaba contando. – El día de tu nacimiento, el kyuubi no Kitsune atacó la aldea… Para salvar a todos, tus padres se sacrificaron para sellarlo.
"Kurama… ¿Eso es cierto…?" –preguntó a la bestia que residía en su interior. Su corazón se inquieto ante el silencio del zorro.
– S-Si eso es verdad… ¿Cómo es que termine en Ame…? –podía sentir sus manos temblarle. No era fácil asimilar lo que estaba escuchando.
– Como te dije… tus padres se sacrificaron para sellar al kyuubi… Una mitad fue sellada dentro de ti, mientras que la otra mitad fue sellada dentro de tu hermano mellizo. –Sakura se mordió el labio, sabiendo perfectamente a quién se refería Kakashi. – En ese entonces, Hokage-sama consideró que era mejor mantener a ambas mitades del Kyuubi separadas… –hizo una pequeña pausa. – Tu hermano fue adoptado por el clan Nara, mientras que se le ordenó a un equipo pequeño de shinobis que te llevaran a una aldea lejana. Así fue como terminaste en Amegakure…
Sakura miró su taza de té, observando su reflejo en el líquido cristalino… ¿Sería verdad lo que Kakashi le decía? ¿Realmente provendría de Konoha? Bueno… Si lo pensaba detenidamente, el relato del peliplata llenaba varios vacíos que siempre habían existido en su vida. Como el hecho de por qué tenía a Kurama en su interior si supuestamente sus padres estaban detrás de los bijuu… O el reconocimiento en la mirada del sandaime la primera vez que la había visto.
Pero incluso si parecía creíble… ¿Por qué su padre jamás le había dicho nada…?
– Cuando llegaste a la aldea recientemente, nos tomaste por sorpresa a todos los que conocíamos la situación. Jamás pensamos que algún día regresarías… –continuó Kakashi. – Pero no todos están particularmente felices con tu llegada… –Sakura levantó la mirada y miró al peliplata al ojo, esperando que este se explicase. – Los ancianos de la aldea, el consejo… No están felices con que Hokage-sama te haya permitido quedarte aquí. Han solicitado que seas expulsada de la aldea, con la amenaza de tomar cartas en el asunto si el sandaime no hacía nada al respecto…
– Entonces… ¿Por qué desea ponerme un tutor legal si está siendo amenazado? –preguntó la pelirrosa.
– Porque Hokage-sama no tiene la más mínima intención de echarte de la aldea. –contestó el jounnin. – Y ante la expectativa de que el consejo intente algo a sus espaldas, necesita que alguien cuide de ti. –explicó. – Quiere que legalmente sea tu tutor, pero otros jounnin de confianza también están enterados y tienen la misión de protegerte en caso de que algo malo pase.
Sakura se tensó levemente ante esta nueva información. Si había otras personas vigilándola, no sería tan fácil escabullirse para entregar sus informes mensuales. Tenía que ser más precavida que antes para no levantar sospechas.
– ¿Por qué usted? –cuestionó la pelirrosa. – No me malinterprete, sensei… No me incomoda que usted sea mi tutor, pero… ¿Por qué Hokage-sama lo escogió a usted?
Kakashi apartó la mirada, inseguro si debía responder a aquella pregunta.
– Porque… Porque yo solía ser aprendiz de tu padre… –murmuró. – El fue mi sensei en mis días de gennin, la persona que me guió y apoyó hasta sus últimos momentos. –Ambos quedaron sumidos en el silencio, no muy seguros de qué decir. – Entonces… –Kakashi rompió el silencio mirando a su estudiante.
– Está bien… Lo aceptaré… Pero solo porque quiero saber más sobre… mis padres… –contestó la pelirrosa. Se sentía extraño decirle "padre" a alguien que no fuesen las personas que la habían criado desde pequeña, pero tampoco es como si hubiese muchas más palabras para elegir.
Kakashi asintió comprendiendo.
– De acuerdo. –dijo mientras se ponía de pie y dejaba algo de dinero sobre la mesa para pagar por el té y los dangos. – Tengo algunos asuntos que atender ahora mismo… Pero pasaré a verte más tarde. –anunció antes de comenzar a caminar lejos del local.
Sakura fijo su mirada en la taza del peliplata, notando que esta se encontraba completamente vacía, y que incluso algunos de los dangos habían desaparecido…
…
…
… ¿¡En qué momento había terminado todo!? ¡Ni siquiera lo había visto quitarse la máscara!
La pelirrosa suspiró, llevándose otro dango a la boca. Estaba mentalmente exhausta.
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La joven de cabellos rosados se dejó caer en su cama con el rostro hundido entre la almohada. Aún faltaba un rato para que sus compañeros de equipo, y necesitaba un momento a solas para ordenar sus pensamientos.
El shock de descubrir que sus padres podrían no ser realmente sus progenitores aún la abrumaba. Sentía que tenía demasiadas dudas que aún no habían sido resueltas… Y se encontraba insegura acerca de lo que debería hacer al respecto… ¿Debería enviar una carta a su padre consultando acerca de ese tema?
No… Era demasiado arriesgado. Si lo que Kakashi le había dicho era cierto y había ninjas custodiándola, debía tener mucho cuidado con las cartas que enviaba hacia la base. Se debía limitar solo a sus informes mensuales… Y tampoco creía que pudiese perder el tiempo con algo tan personal…
Tal vez debería esperar hasta el momento en que su misión terminase. Aunque no estaba realmente segura de cuándo sucedería aquello…
"¿Por qué le das tantas vueltas al asunto, mocosa? Tus pensamientos no me dejan dormir" –gruñó Kurama en su interior. Llevaba un tiempo sin oír su voz.
"Kurama…"
"Incluso si piensas demasiado en ello… Nada va a cambiar tu vida ¿O acaso olvidas que estás en una misión de infiltración? ¿Qué crees que va a pasar una vez que sepan la verdad? ¿Crees que te recibirán con los brazos abiertos?" –el cuerpo de la pelirrosa se tensó por completo ante las palabras del zorro demonio. Sabía que tenía razón. – "Incluso si tus orígenes están aquí, jamás pertenecerás realmente a esta aldea. Eres una criminal… Y jamás podrás cambiarlo…"
Las pequeñas manos de la ojijade se aferraron a las mantas debajo de ella. Era verdad… Nada cambiaría saber la verdad acerca de su origen… Quien era ahora, quien sería en el futuro… Todo aquello había sido determinado en el momento que Akatsuki la acogió.
Ella era Sakura, una criminal…
