ACLARACIÓN IMPORTANTE:

ESTE ERA UN FIC POR CAPÍTULOS, PERO COMO NO TUVO TANTA REPERCUSIÓN ESPERÉ A TERMINARLO, ASÍ QUE QUEDÓ EN TWO SHOT. LOS QUE YA LEYERON EL CAPÍTULO UNO LES RECOMIENDO QUE LEAN LO QUE SUMÉ EN LA PRIMERA PARTE Y DESPUÉS ESTA, O NO VAN A ENTENDER NADA.


—Ey, niña —le dijo uno, el más gordo y rancio, a Armin— veo que tienes dinero.

—Por empezar es un niño —el que contestó la pulla fue Levi— y para terminar somos de la legión.

—Uy, qué miedo —ironizó el de pelo más largo y dientes careados—, nos da igual si son de la policía militar, de la guarnición o de la legión. Entreguen todo lo que tengan.

Levi suspiró con hastío; había pensado que bajar con Armin sería menos doloroso, pero comprendía que tenía mucho por enseñarle a su pichón. El muchacho no tuvo tiempo ni de defenderse. Levi sacó un cuchillo de entre los pliegues de la ropa, uno que Armin no sabía que tenía, pero que comprendía que a él también le hubiera venido bien tener uno.

De inmediato los cuatro se les fueron al humo, Levi espantó a un pecoso de un tajo en el brazo, al más gordo le clavó todo el filo del cuchillo en su panza grasosa, mientras Armin esquivaba, tratando de no confrontar, al de pelo largo y a su compañero, que parecía ser su hermano porque tenían los mismos rasgos.

Levi perdió su cuchillo en el vientre del panzón, así que pasó a usar sus puños para combatir. Uno en la quijada, seguido de una patada, alejó al que más acosaba de Armin. El pobre tipo quedó estampado contra las cajas. Ante ese panorama, el cuarto, prefirió irse corriendo del lugar dejando a sus compañeros allí.

Luego de ese momento intenso, Levi tomó una bocanada de aire y caminó unos metros para poner el pie sobre el vientre hinchado del hombre, quitar el cuchillo, limpiarlo con su pañuelo y volver a guardarlo. Tal como le había enseñado Kenny, porque la sangre oxida el metal. Oh, él valoraba mucho esas clases de «cómo sobrevivir en los barrios bajos», no estaría vivo de no ser por su tío, no sería Levi de no ser por Kenny.

Le tocó sorprenderse cuando Armin se arrodilló junto al sujeto para comprobar sus signos vitales, podía ver como el muchacho trataba de parar la sangre con las manos, ensuciándose hasta la ropa.

—Déjalo, no solo se lo buscó, pronto vendrán sus amigos a socorrerlo.

—Pero puede morir, quizás necesite atención médica.

—Aquí abajo tienes que dejar un poco de lado tu humanidad, Armin —lo retó, tomándolo de un brazo para pararlo—. No vas a sobrevivir si sigues con esa filosofía.

—¡Pero! —quiso rebatir, no obstante, Levi volvió a callarlo mientras le soltaba el brazo.

—Cuanto antes nos vayamos, más rápido vendrán a socorrerlo. Si nos quedamos, lo dejarán tirado aquí y ahí sí morirá. Vamos.

Armin no tuvo más opciones que seguir a su capitán cuando este emprendió la marcha, ni drogado se quedaba solo en ese sitio. Recorrieron cada tugurio buscando niños, pero la gente era en verdad dura y no querían entregar a sus hijos incluso aunque no tuvieran para darles de comer. Muchos preferían quedarse ahí abajo, pese a las condiciones y por mucho que Armin les insistiese en que estarían mejor en la superficie. Maldición, una y mil veces, el muchacho se decía que no era tan fácil como pensó buscar niños para el orfanato de Historia.

Sin preverlo, se les hizo demasiado tarde para regresar. Cuando Levi miró la hora en su reloj de bolsillo se sorprendió de lo mucho que habían andado. Era difícil allí abajo saber cuándo era de día o cuándo era de noche.

—¿Esto también es un burdel? —Armin leyó el letrero cuando pararon frente a un precario edificio, decía «Hotel».

—Ya se hizo de noche —contestó Levi abriendo la puerta desvencijada y haciendo un sonido ensordecedor con el chirrido de la misma—; es peligroso deambular por los barrios bajos a esta hora.

—¿Pasaremos la noche aquí? —El muchacho se debatía entre la sorpresa y el rechazo.

—Por supuesto —contestó con obviedad—. Además, necesitas lavar esas prendas, no soporto verte cubierto de sangre; menos de ese malnacido que te quiso robar.

Recorrieron el estrecho pasillo cuyas paredes estaban recubiertas de un empapelado viejo, que se caía a pedazos. Al final se podía ver un escritorio y, detrás, a una señora anciana de contextura esquelética.

Apenas Levi estuvo frente al mostrador, ni el correspondiente «hola» por ninguna de las dos partes. Pidió un cuarto con dos camas y un servicio de lunch. Armin miraba alrededor, mostrándose un poco reacio a pasar la noche allí, pero tampoco tenía otras opciones; así que cuando la señora le dio la llave a su capitán, siguió a este por otro pasillo, hasta la habitación cuatro.

—En el baño solo hay una cubeta con agua limpia —comentó Armin cuando revisó el lugar.

—No te quejes, este es un hotel cinco estrellas aquí —bromeó un poco, aunque estaba siendo sincero. Tenían un buen sueldo y podían pagar el mejor hotel, pero allí abajo eso era lo mejor.

Armin se quitó con algo de pena la camiseta ensangrentada, luego el pantalón. Levi pudo notar el pudor en el niño y le dio algo similar a la ternura, así que por decoro volteó, justo cuando tocaron a la puerta. Era la señora que les estaba entregando la bandeja con un poco de pan rancio, manteca, mermelada y frutas.

—Me limpiaré —dijo Armin en un titubeo caminando desnudo hacia el baño. Para Levi fue más fuerte y no pudo evitar echar una recatada mirada al cuerpo formado del soldado. Vaya, no era ningún niño. Ya se bañaba solo, así que…

No se consideraba un depredador de jóvenes, pero no se le podía culpar de reparar en la belleza de los demás. No era de piedra. Armin poseía una belleza angelical que lo atraía; sus rasgos eran en su mayoría masculinos, pese a que muchos dijeran que eran delicados. A veces escuchaba comentarios de los soldados. Los rumores corrían como el agua; pero Levi sabía que solo eran eso, habladurías. Pero se preguntaba si acaso ese muchacho y Eren eran más que buenos amigos. Se quedaría con la duda, porque no pensaba preguntar, no era su problema.

Él también necesitaba asearse un poco, había sudado con esa tonta rencilla, así que se desvistió. Cuando Armin liberó el baño lo hizo tratando de taparse con la mano y eso le trajo el recuerdo de Historia, de lo que había pasado hacia una semana.

—Yo también me limpiaré, ¿dejaste agua limpia? —preguntó Levi y Armin asintió reiteradas veces con nerviosismo—. Luego lavaremos tu camiseta con lo que sobre de agua; para mañana, con el calor que hace, se secará.

—No quiero andar desnudo —contradijo en un hilillo de voz, sentándose en una de las camas y tratando de no mirar directamente el cuerpo desnudo de su capitán. Por el dios de las murallas, había compartido baños con sus colegas, pero nunca con alguien como Levi. Que dios lo amparase y la erección no reflejase sus deseos ocultos.

—¿Me tienes miedo?

—No, ¿por qué pregunta eso? —consultó con evidente nerviosismo, hasta tenía un tic en el ojo.

—Sí, me tienes miedo —reiteró sentándose desnudo en la cama, frente a Armin.

—Le digo que no.

—Entonces quita las manos de ahí. —Como el chico no lo hizo o no entendió, fue él quien le tomó de los brazos para dejar al descubierto lo que las manos trataban de ocultar—. Te gustan los hombres —dijo al ver la erección, fue como confirmar algo obvio.

—Me gustan las chicas —aclaró con torpeza—. Solo que…

—¿Entonces? —consultó con una pizca de exasperación cuando el chico volvió a guardar un prolongado silencio.

—Y también me gusta usted —murmuró bajo, mirando el piso.

—No sientas vergüenza —le dijo levantándole suavemente la barbilla para que lo mirara a los ojos—. Yo también estoy desnudo y vaticino una erección.

—¿A usted… le gustan… los hombres? —Estaba un poco pasmado por la revelación.

—Me gustas tú, y creo que eso es suficiente —suspiró y apoyó la mejilla en la palma abierta de la mano en un gesto como de cansancio o saturación, pero solo se estaba relajando para lograr hacer lo mismo con el chico.

—¿Yo le gusto?

—No te sorprendas, me gustan rubios —bromeó un poco para calmar el ambiente—. ¿Ya estuviste con un hombre? —El muchacho negó reiteradas veces con la cabeza, como si aquello fuera un crimen.

—Duele, pero es muy placentero —continuó Levi—, ¿me crees?

—Le creo.

—¿Quieres probar?

Luego de esa crucial pregunta se produjo otro silencio prolongado. Se escuchaba el tic tac del reloj del cuarto. Armin tomó aire y miró hacia un costado, le daba timidez posar los ojos en la anatomía desnuda de su capitán, pero se moría de ganas de estudiarlo.

—Solo… no quiero que me duela —se animó a decir Armin, un poco más distendido. Levi miró sobre la pequeña mesa ratona que había en el cuarto, allí había manteca. No era el mejor lubricante, pero en esas circunstancias era lo ideal.

—Prometo ser delicado, no pretendo hacerte daño. Solo asiente con la cabeza y deja que me encargue.

Fue una buena manera de probar qué tan dispuesto estaba el chiquillo. Armin no tardó un segundo en asentir, de nuevo reiteradas veces, todavía nervioso, pero ansioso por lo que iba a ocurrir en ese cuarto. Una oportunidad en un millón, estar a solas con el capitán Levi.

El hombre se puso de pie y paseó por la habitación en busca de la única silla que había. Armin aprovechó esos movimientos para estudiarlo sin reparo; traía un cuerpo de infarto, bien macizo, con músculos marcados por donde se lo mirase. Las piernas eran regordetas y el trasero grande y firme.

Levi tomó esa silla, se acercó a la puerta y la trabó. No se fiaba de las llaves, ahí abajo había que tomar esa clase de recaudos. Cuando volteó Armin estaba de pie con una erección bestial, demasiado estimulo visual si el capitán se pavoneaba desnudo frente a él. El pene de Levi reaccionó de inmediato, haciendo un leve respingo.

—¿Ahora? —consultó Armin, como si necesitara un manual para actuar, él era así.

—Ven —dijo Levi arrodillándose en la cama. Tomó la mano de Armin y lo invitó a copiar su pose.

En ese momento las manos fueron las protagonistas. Armin recreaba lo que Levi hacía en él. Primero acarició sus pectorales, bajando pecaminosamente hasta el pene erguido. Pero no se masturbaron de inmediato, el hombre prefirió pellizcarle una tetilla y arrancarle un gesto de dolor que le causó simpatía. El chico, en cambio, sentía el pene de su capitán crecer más y más en su mano. Era como si tuviera miedo de masturbarlo y ofenderlo de alguna tonta manera, cuando era evidente que si estaban en ese momento íntimo era lo que Levi más ansiaba.

El capitán puso una mano en el vientre del soldado y se encorvó un poco para rozarle los labios. No lo besó directamente, en cambio bajó hasta la tetilla que había pellizcado para atraparla entre los dientes. Armin comenzó a gemir al sentir los chupones; no sabía que podía experimentar placer sintiendo esa clase de caricias.

Luego, Levi dejó de jugar para buscar lo que ambos querían y así romper el hielo. Se incorporó un poco y tomándolo de la nuca lo acercó a su cara para finalmente robarle un beso, lengua incluida. Armin se sentía en la gloria, aunque ni siquiera le estuvieran tocando el pene, pero la mano del capitán estaba cerca, los dedos de él jugaban con el pubis rubio, a escasos centímetros del falo erguido, rozándolo.

Levi estudiaba las facciones del muchacho, le encantaba ver esa carita de ángel curvada en muecas de placer, hasta incluso había cerrado los ojos. Sentía un morbo inexplicable, tal vez porque el sexo contra natura era mal visto en la sociedad y Levi amaba quebrar las normas, aunque lo negara.

Había llegado el momento. Levi aferró fuerte el pene de Armin y comenzó a masturbarlo con firmeza; el muchacho no se quedó atrás: entre suspiros y quejidos también meneó el pene de su capitán, sintiendo las venas hinchadas a más no poder.

—Más despacio —pidió Armin, sintiéndose raro. Le gustaba el trato tosco de su superior, lo enardecía, pero sentía que le iba a quebrar el pene si seguía masturbándolo con esa intensidad.

—Y tú para —jadeó, bajando la intensidad—; porque estoy a punto y quiero metértela.

Armin mostró un semblante diferente, como de sorpresa o de rechazo, pero Levi hizo de cuenta que no se percató de ello y se paró para caminar hasta la mesilla y tomar la manteca. No era momento para arrepentirse, pero si el muchacho no estaba dispuesto a ser penetrado tampoco pensaba violarlo.

—¿Qué hago? —preguntó Armin, medio perdido, detalle que le dio ternura a Levi.

—Lo más importante es relajarse —aclaró—. Ponte boca abajo y apoya la cabeza sobre la almohada.

—Pero quiero verlo.

—Te dolerá menos de esta manera —explicó con calma mientras se untaba suficiente manteca en el pene—. Levanta el culo —pidió palmeándole una pierna y acomodándose cerca de él en la cama.

—¿Así? —consultó con simpatía, o al menos eso le generó a Levi, quien asintió, aunque no pudiera verlo. Le daba mucho ardor ver la predisposición del joven pese a sus miedos lógicos y evidentes.

Levi quería disfrutar el momento y también quería que lo hiciera Armin, así que comenzó masajeándole la espalda, para luego recorrerle con la lengua la columna vertebral hasta llegar al comienzo de las nalgas. Ahí, en ese punto, apoyó el glande en el ano, sin penetrarlo aún y poniendo una mano debajo del estómago del chico para que no se recostara y siguiera en la misma posición, entregado.

—¿Estás listo?

—Penétreme —fue casi un ruego que sonó a orden. Levi sonrió de medio lado, nunca imaginó que ese pichón mojado fuera tan fogoso, ah, pero él sabía que las apariencias engañaban, que los más modositos en el fondo son los más ardorosos.

Levi no le hizo caso, tenía que ir con calma para no lastimarlo. Se arrodilló en la cama y lo tomó de las caderas para acercarlo a su cuerpo; de nuevo el pene rozó la raya que dividía las nalgas. En ese punto ambos vibraron de placer. El capitán no supo contenerse e hizo algo que le encantaba hacer cuando sus amantes eran hombres: lo nalgueó bien fuerte, tanto que el sonido retumbó y Armin lanzó un gemido escandaloso.

Mientras le acariciaba la espalda iba metiendo poco a poco el pene, centímetro a centímetro. Le pedía que se relajara, pero al mismo tiempo lo mordía despacio en los hombros. Llegó el momento en el que el pene tocó fondo, así que Levi se quedó en el sitio y buscó masturbarlo para tenerlo a tono. Se dio cuenta que no hacía falta, Armin estaba que volaba de calentura. Aquello, aunque doloroso, era la sensación más magnifica que alguna vez hubiera experimentado. Tal vez porque lo estaba haciendo con el capitán, quizás porque en el fondo siempre quiso eso.

En cuanto se dio cuenta de que su pichón estaba listo para lo más difícil, comenzó a meter y sacar, primero despacio, pero a medida que sentía que llegaba a la cima, con más desenfreno y sin cuidado. En un breve lapso eyaculó dentro de Armin y, deslenguado como siempre, se lo hizo saber.

—Te llené el culo de leche, así que es probable que te salga un poco cuando me quite —aclaró entre jadeos, retirando despacio el pene embadurnado en manteca, un poco de sangre y semen.

—¿Y yo? —preguntó dando la vuelta con dificultad y apretando las nalgas para que nada escapara. Le mostró el pene duro a su capitán y este entendió a la perfección.

—Ponte de pie.

Sin miramientos se lo llevó a la boca y comenzó a chupar con fuerza y a lamer con ganas. Pronto se dio cuenta que Armin se correría porque el glande se endureció un poco más, así que se lo sacó de la boca y lo masturbó rápido y firme.

El semen de Armin salió a chorros, manchando la barbilla y el pecho del capitán. La vista era majestuosa para el joven, porque lo tenía a Levi arrodillado frente a él, con su pene entre las manos y bañado en su semen.

—Vaya… —suspiró Armin, tratando de regularizar la respiración agitada.

—Bueno, creo que ahora sí necesito una buena ducha —dijo Levi incorporándose para ir al baño.

Allí se lavó todo el cuerpo y, luego de vestirse, fue a pedir más agua limpia para que Armin volviera a higienizarse y sobre todo lavara la camisa manchada de sangre. Hicieron todo en un atípico silencio, uno que Armin quería quebrar porque ya comenzaba a sentirse incómodo.

—¿Qué cama prefiere? —consultó para robarle algunas palabras a ese hombre arisco.

—Ninguna —respondió firme— deben estar llenas de ácaros, además… no dormiré en la cama.

—Pero hay una sola silla y la usó para trabar la puerta.

—Hay que hacer guardia, niño, así que tampoco hace falta una cama.

—No me diga niño, no lo soy.

—Hoy no fuiste un niño, tienes razón.

Armin enrojeció apenas con esa acotación punzante y luego de terminar de comer una manzana pasada, se recostó solo con el pantalón puesto en una de las camas, pero sin dejar de ver el accionar del hombre. Había quitado la silla para sentarse en ella.

—Cierto que usted duerme en sillas —dijo Armin, divertido—, los rumores son ciertos entonces.

—Aquí abajo tienes que dormir con un ojo abierto y el otro a medio cerrar si no quieres amanecer muerto.

—Despiérteme para suplantarlo —pidió el chico entrecerrando los ojos de cansancio, el sueño lo vencía—. Gracias, capitán.

—¿Por qué?

—Por lo de hoy —aclaró con los ojos ya cerrados y la voz apagada—; fue… especial.

—Duerme un rato.

Después de esa orden, Levi se quedó reflexionando al respecto. Había atendido a dos muchachos hormonales y ahora se preguntaba cómo haría para manejar la situación. Solo esperaba que la juventud de ambos no le jugara una mala pasada; que ninguno de los dos le reclamase nada, ocupar algún puesto especial en su vida.

Un poco tarde, pero por haber cedido al morbo de tener a dos muchachos tan apuestos ahora estaba metido en un brete, o podría estarlo si alguno de ellos se empecinaba en creer que eran pareja o algo por el estilo. A veces costaba separar el sexo de las emociones, y más cuando se es tan joven. Levi eso lo sabía, y le pesaba.

Ahora tenía a dos jovencitos prendidos de él. Estuvo toda la noche pensando cómo afrontar la situación, imaginando diferentes escenarios o planteos. ¿En qué se había metido? ¿Por qué era tan débil a la carne? Eso le pasaba por calentón.

(…)

Al final, al día siguiente tuvieron un poco más de suerte; suerte dependiendo de la perspectiva, pero encontraron a una niña de tres años en un estado deplorable, sin aseo, desnutrida y con una madre negligente que no dudó en entregar a su retoño para darle una vida mejor.

No hablaron del asunto, ni de lo que pasó la noche anterior. Armin no se animaba a tocar el tema y Levi sencillamente no tenía nada para decir al respecto. Volvieron al orfanato cerca del mediodía.

Historia estaba en pleno almuerzo, así que a Armin le tocó la engorrosa tarea de ir a buscarla con las novedades. Levi, mientras, se quedó en el orfanato entregando la niña a las nanas. Estas notaron que la pequeña ni siquiera hablaba o caminaba bien, y para la edad que tenía eso era grave.

Levi aguardó unos minutos, pero era un hombre muy ocupado, no podía estar toda la vida allí siendo comienzo de semana, Erwin le recriminaría ser negligente con sus labores de capitán. Así que, saturado, decidió atravesar todo el maldito castillo para llegar a Historia y terminar con el asunto del día.

Lo que vio cuando abrió la enorme puerta de dos hojas lo dejó pasmado unos segundos. Historia le había arrojado una taza por la cabeza a Armin mientras este la atajaba con buenos reflejos. Ambos parecían furiosos y el capitán dio la voz de alto. Como soldados, acataron el pedido, más proviniendo de él.

—¿Qué mierda les pasa? —preguntó malhumorado— Vengo a ver por qué se tardan tanto y están aquí matándose.

Los muchachos guardaron silencio y agacharon la cabeza; ninguno de los dos parecía estar dispuesto a hablar del tema, pero en el fondo sabían que debían. Lo que no sabían era el cómo hacerlo.

—¿Es cierto, capitán? —dijo la reina, olvidándose por un instante que ella era la máxima autoridad, en ese momento solo era una muchacha a punto de largarse a llorar— ¿También se acostó con Armin?

—Vaya —dijo Levi atónito y le clavó los ojos al muchacho, que seguía sin poder mirarlo—. No imaginé que eras esa clase de gente, Armin. Andar contando esas cosas…

—Eso no importa —Historia elevó un poco la voz, imponiéndose—, usted lo hizo primero conmigo.

—¿Y eso qué tiene que ver? —Levi flipaba con la situación— Habla, Armin, o te agarro a patadas. ¿Por qué cuentas cosas íntimas y encima a la persona menos pensada? ¿Quieres publicarlo en el diario también?

—Verá, capitán… —Armin lanzó un suspiro, comprendía que debía ser sincero, porque el malestar de Levi era lógico y esperado—. Yo imaginé que iría a acostarse con Historia, eso no me molestaba. Nunca pensé que yo correría con esa suerte.

—Entiendo menos ahora. —Levi fue sincero, entendía que el chico trataba de confesar algo, pero se le escapaba.

—Ambos apostamos —dijo Historia más calmada, pero con los ojos aguados—, solo que no sabíamos si le gustaban los hombres o las mujeres, los rumores dicen…

—¡Los rumores son rumores! —gritó Levi de hondo mal humor. Oh, habían despertado a la fiera. En ese punto Historia comenzó a llorar, ya no se aguantaba—. ¡No se juega así con la gente!

—No nos malentienda —rogó Armin, también casi al borde de las lágrimas—. Sabíamos que esto podía pasar, al menos yo lo imaginé. Solo habíamos apostado entre ambos, queríamos ver quién era el primero en descubrir al mítico Levi.

—Al inalcanzable Levi —sumó Historia entre hipos de llanto—. Los rumores son rumores, lo sé, pero dicen que usted no tiene amantes. Y hay otros que dicen que solo le gustan los hombres. Fue una tontería lo que hicimos, lo sabemos.

—¿Y por qué peleaban como si quisieran matarse?

—Porque ninguno de los dos imaginó —dijo Armin con voz opaca y finita—… no esperábamos enamorarnos.

—¿Ven? Son unos niños al final —se masajeó la sien, tratando de ordenar su cabeza; no podía culparlos, el adulto allí era él, él había actuado mal—. No se juega con los sentimientos.

—Lo comprendemos —dijo Historia.

—¡No, no lo comprenden! —volvió a gritar enojado— ¡Porque no estarían peleando! ¡Ni me hubieran usado para una estúpida apuesta de mierda!

—¿Entonces? —la dama trató de controlar el llanto para encarar entera el tema— ¿A quien elige?

—¿Me hablas en serio? —cuestionó con un enfado supremo. Lanzó un largo suspiro de saturación y se sentó en una de las sillas para hablar del tema con más calma—. No se trata de elegir, esto no es un juego.

—Pero… —trató de rebatir Armin, preguntarle al menos con quién mejor la había pasado. Ya no le importaba que el hombre no los amara, lo haría con el tiempo, o eso pensaba él.

—«Pero» nada. O soy de los dos —terminó por decir— o soy de ninguno. Ustedes escogen. Aunque siendo sincero no le pertenezco a nadie. Nadie es dueño de nadie. Ni tampoco se pueden forzar las emociones. Lo que ustedes no entienden es que solo fue sexo. Si lo que quieren es más sexo, bueno, a seguir jugando el juego.

Luego del breve discurso del capitán se produjo un hondo silencio reflexivo, ya ninguno de los dos muchachos lloraba, más bien se encontraban introspectivos y hasta resignados. Se miraron unos segundos a la cara y sin palabras parecieron llegar a un acuerdo. No obstante, fue Historia la primera en hablar.

—Tiene que entendernos, capitán, nosotros lo queremos mucho.

—Demasiado —acotó Armin—, solo es usted que no se deja querer por nadie.

—¿Y se piensan que yo tengo sexo con cualquiera? No me acuesto con personas bonitas porque sí. No me conocen una mierda. Si accedí a coger con ustedes es porque una pizca de cariño o confianza les tengo; pero no pueden pretender que los ame de la noche a la mañana. No soy así.

—Entonces… ¿no me rechazará si en secreto le pido un beso? —Historia llevó las manos hacia atrás y se balanceó delicadamente.

—Por supuesto que no. Si te metí la pija, te puedo meter la lengua.

—Qué ordinario es a veces, capitán —dijo la dama entre pequeñas risillas.

—Yo… no quiero que se quede con la idea de que traicioné su confianza. No voy a ufanarme de nada. Tampoco yo soy así —dijo Armin, cohibido por la idea de darle una mala imagen de su persona a ese hombre.

—Lo sé, Armin, sé que solo se lo contaste a Historia por una estúpida apuesta que les salió mal. Y les pudo haber salido más caro, porque estoy que me llevan los demonios y a un paso de mandarlos a la mierda.

—No se enoje —pidió Historia acercándose a él para dejarle un casto beso en la mejilla. Él no perdió tiempo y la sentó en su falda, le gustaba tenerla cerca. Miró de reojo a Armin, mientras le buscaba los labios a ella para besarla delicadamente.

—¿Te pone celoso? —consultó el hombre para probar las emociones de ambos. El chico negó reiteradas veces con la cabeza y el capitán extendió una mano para invitarlo a ocupar la otra pierna—. Mierda, pesan. Y nos pueden ver en una situación rara.

—¿Y mi beso? —reclamó Armin frunciendo el ceño. Levi le dio con el gusto y también le rozó los labios, mientras Historia sonreía.

—No sé qué voy a hacer con ustedes dos —dijo por decir mientras se ponía de pie para quitárselos de encima. En verdad sería una situación rara de explicar si alguien los pescaba así.

—Amarnos —contestaron a coro, y rieron por pensar en lo mismo.

—Si siguen así de tiernos no tardaré en hacerlo —comentó Levi acariciándoles la mejilla con cada mano al mismo tiempo.

—No sabía que le gustaban las cosas tiernas —dijo una risueña Historia.

—Oh, sí, me gustan los gatitos —confesó Levi con ironía—. Son limpios, no tienes ni que bañarlos.

—Entonces seremos como gatitos. —Armin se sintió tan estúpido por decir eso en voz alta que comenzó a reír.

Era día laboral, así que Armin y Levi tuvieron que partir de inmediato para seguir con la rutina diaria. De vuelta, a Minsa le tocó sorprenderse cuando entró a recoger lo del almuerzo. Había una tetera rota en el piso, platos y el mantel corrido, clara señal de pelea.

—Su majestad, ¿ocurrió algo grave? —consultó con confianza. De haber sido otra clase de reina, la criada simplemente se limitaría a juntar los trastos sin decir palabra, pero Historia era abierta y conversadora con ella.

—No, nada en especial, solo una guerra de comida con un amigo —dijo por decir, para tapar el evidente desastre.

Estaba de buen humor, sentía que la charla con Levi había sido exitosa, al final no fue tan terrible como se lo imaginaba. Así que con ese buen humor se dispuso a ayudar a su criada a levantar los vidrios rotos, sin necesidad de hacerlo, pero predispuesta.

(…)

Historia entendía que era difícil rescatar niños de los barrios bajos, pero les encomendó que siguieran en la búsqueda. Levi, obviamente, prefería ir con Armin siempre, no solo porque los demás chicos le tocaban un poco los cojones y Armin en cambio era más maduro, hasta incluso le daba la paz que solía darle Erwin, de hecho pensaba que quizás así era el comandante a su edad. Lo bueno de ir con él es que podía aprovechar cuando caía la noche y pecar sin problemas. Lo hacía con Historia en algún recoveco del palacio y con Armin en los hoteles.

Una de las bajadas al mundo subterráneo fue atípica y le trajo un montón de recuerdos agridulces a Levi. Fue un encuentro fortuito, algo que lamentablemente solía ocurrir en la ciudad subterránea. Les tocó ver a una muchacha muy joven, tal vez de alrededor de quince años, siendo rodeada por hombres que tironeaban de su ropa.

La situación era evidente y ese intento de violación le vino a recordar a Levi la vez que conoció a Isabel. Enfureció de golpe. Armin no tuvo tiempo ni de procesar lo que ocurría con la chica, que el capitán ya estaba repartiendo puños y patadas. Recién cuando lo vio sacando el cuchillo accionó, tomándole el brazo. En el estado en el que estaba Levi, fuera de sí, era capaz de matar a alguien y Armin quiso impedirlo. No obstante, más le preocupaba la chica, que había quedado sentada en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared, la respiración agitada y la ropa rasgada. Incluso pudo ver un moretón en el labio y como este sangraba.

Le preguntó si estaba bien y la ayudó a pararse, mientras Levi se encargaba de dejar inconscientes a los matones de turno. Armin le habló un poco a la chica, le preguntó si tenía un lugar donde refugiarse y ella confesó dos cosas.

—Mi nombre es Yosi, vivo por mi cuenta —se tocó el labio hinchado, haciendo un gesto de dolor—. Son los mismos de siempre, no dejan de molestarme. Dicen que me parezco a una chica.

—¿No lo eres? —preguntó Armin un poco sorprendido. Era un muchacho con facciones muy agradables, pelo negro y lacio, además adoptaba una postura femenina. A simple vista, incluso con su tono de voz, en verdad parecía una chica.

—No se cansa de pegarles —dijo Yosi mirando al capitán, como este había agarrado la cabeza de uno para estampárselo contra el suelo una y otra vez.

—Si no lo paro va a matar a alguien —dijo Armin y dio la vuelta para sostener el brazo del capitán—. Ya están inconscientes y Yosi necesita un lugar. Volvamos.

Levi estaba realmente furioso, Armin sorprendido de que esa escena le hubiera afectado tanto, no conocía el pasado de su capitán. Solo comentó una cosa en el camino, que los barrios bajos no era un buen lugar para alguien como Yosi quien encima estaba solo.

En el orfanato aceptaban niños hasta los doce años, pero harían una excepción por ser un caso especial. Cuando subieron vieron la emoción de Yosi por conocer el mundo de arriba. Fue difícil trasladarlo al castillo, se entretenía con cada cosa que veía, para él era como estar de vacaciones.

Llegaron al orfanato y le comentaron la situación a las nanas, pero sería Historia quien tendría la última palabra, para aceptarlo o no. Así que con el mal humor que cargaba, Levi acompañó a Armin hasta el palacio para hablar con ella.

—¡Volvieron temprano! —dijo una sonriente Historia desde la oficina principal.

—Es que presenciamos un intento de violación —dijo Armin y la expresión de Historia varió abismalmente a una de preocupación—. Se pasa de la edad, pero no tiene a nadie allí abajo.

—¿Intentaron violar a una chica?

—A un chico, y no es el puto punto —dijo Levi encolerizado—, eres la maldita reina, podrías hacer más por la gente de abajo. ¿Quién sabe lo que hubiera pasado con este chico si no bajábamos hoy?

—Entiendo su enojo capitán —dijo ella suspirando y cerrando la carpeta que tenía enfrente para encarar el tema—; pero la verdad es que no puedo darle empleo a todos, o sacarlos de la pobreza como por arte de magia.

—Lo que hacemos no alcanza, solo vamos una vez por semana —comentó Armin, sopesando las opciones.

—Por eso les pido a ambos que bajen más asiduamente. Para corroborar en la medida que podamos que todo marche bien, o dentro de lo que se pueda.

—¡Es imposible, Historia! Somos la Legión, cazamos titanes, no somos la policía de los barrios bajos —increpó Levi. Todavía la adrenalina no se le había ido.

—Oiga, esa es una buena idea —dijo Armin, astuto.

—¿A qué te refieres? —curioseó Historia mirando a su amigo.

—Planteo crear un ejército especial para los barrios bajos. Que se encarguen no solo del orden, sino de entregar suministros a los más carenciados. Ni agua potable tienen.

—No es mala idea —dijo un Levi más sosegado—, aquí tienes soldados de sobra. No necesitas que te acompañen cinco al baño, podrías armar una fuerza especial.

Historia lo meditó dos segundos y asintió con la cabeza. No era mala idea; se necesitaba algún lazo conector entre el mundo de arriba y el mundo de abajo. Eso sí, Levi y Armin seguirían bajando cada domingo a buscar niños desamparados, era la excusa perfecta que tenían para poder estar juntos en algún hotel de mala muerte.

La reina, por su lado, estaba satisfecha por el rumbo de la situación, porque Levi le prestaba cada vez más atención. Aunque se quejara de que tenía mucho trabajo, siempre encontraba algún hueco para visitarla de incógnito, sobre todo por las noches.

Puede que apostar para saber qué le gustaba al capitán, si los hombres o las mujeres, hubiera sido infantil por parte de los muchachos, pero no podían decir que les había salido mal. Cada uno sabía qué lugar ocupaba en la vida de Levi, sin competencias, respetando el espacio del otro, aprendiendo a amar con el tiempo.


FIN


21 de noviembre de 2020

Merlo, Buenos Aires, Argentina