Autora POV

Cuando la hora indicada llegó, Naruto y Sasuke aparecieron en la puerta de su apartamento. Cuando Sakura fue a recibirlos, pudo apreciar como el rubio mantenía una sonrisa entusiasta mientras que el Uchiha, por otro lado, tenía una expresión fastidiada, dejando en claro que prefería estar en cualquier otro lado en esos momentos.

– ¡Adelante, pasen! –exclamó la pelirrosa esbozando una cálida sonrisa hacia sus, ahora, compañeros. Se hizo a un lado para dejarles el espacio suficiente para que entrasen. Ambos traían consigo grandes mochilas con sus suministros ninja que necesitarían para la prueba que tendrían al día siguiente. – Aún no he podido ordenar bien el departamento ya que es bastante nuevo, pero espero que puedan sentirse cómodos. –les habló mientras cerraba la puerta detrás de ella.

Sasuke simplemente dejó su mochila a un costado y se quedó de pie con los brazos cruzados. Naruto en cambio observaba todo el lugar con una expresión de asombro.

– ¿Este es tu hogar, Sakura-chan? ¡Se ve asombroso, dattebayo! –exclamó el rubio mientras lanzaba su mochila hacia quien sabe dónde. – ¡Tienes una excelente vista del monte Hokage! –dijo entusiasmado mientras corría hacia la ventana para observar dicho monumento. Mientras lo hacía, pensamientos se arremolinaban en su mente, imágenes de un futuro deseado dónde su rostro estaría también tallado en aquel lugar.

Sakura sonrió al ver el entusiasmo del chico.

Naruto… Ahora sabía que el muchacho frente a ella era su hermano mellizo. Llevaban la misma sangre corriendo por sus venas, y ambos compartían la carga de llevar la mitad de una bestia peligrosa en su interior ¿Cómo serían las cosas de ahora en adelante? ¿Podría decirle a Naruto que eran hermanos? ¿Qué eran familia?

La idea sin saberlo le provocaba una gran ilusión. Incluso si había crecido rodeada de otras personas en Akatsuki, era distinto a realmente tener una familia. Solo podía afirmar tener tal cercanía hacia sus… padres. Pero ahora podía tener a alguien igual a ella, un hermano del cual cuidar, con el cual compartir vivencias.

"Eres una criminal"

Las palabras de Kurama resonaron en su mente, y tan pronto como lo hicieron, sus ilusiones fueron aplastadas. Era cierto… Ella no se quedaría para siempre en la aldea, ella estaba allí simplemente para cumplir con una misión, y Naruto eventualmente tendría que morir cuando extrajesen su mitad del kyuubi. No podía decirle que eran familia si eventualmente tendría que traicionarlo. Lo lastimaría mucho.

Sasuke observó de reojo al único miembro femenino del equipo, notando como sus facciones se contorsionaban a una mueca afligida. Fuese lo que fuese que estuviera pasando por su mente, parecía estarla afectando mucho. En circunstancias normales no le importaría –Y no le importaba. Se recalcó a si mismo en su mente–, pero ya había accedido a venir al lugar y participar de esa tonta actividad para "fomentar la confianza del equipo", por lo que no iba a permitir que la chica simplemente se quedase allí hundiéndose en sus propias penas.

– Oi, acabemos con esto de una buena vez. –bufó fastidiado llamando la atención de la pelirrosa. – Tú insististe en toda esta estupidez, así que tu decides que haremos.

Sakura lo observó con cierta sorpresa por fin saliendo de sus pensamientos. El pelinegro aún poseía esa expresión de fastidio que lo caracterizaba, pero, al fondo de su mirada podía percibir algo completamente distinto… ¿Estaba preocupado por ella?

Una sonrisa se deslizó por los labios de la ojijade, recobrando su energía usual.

– Está bien. –sonrió. – ¡Pero tu también tienes que esforzarte, cubito de hielo! ¡Disfrutarás esta noche cueste lo que cueste!

El Uchiha chasqueó la lengua apartando la mirada. La pelirrosa sin duda era tan molesta como las demás chicas que conocía.

Sakura tomó a ambos chicos por la mano y los encaminó hacia la pequeña cocina del departamento.

– Primero es lo primero. Tenemos que cenar algo y los tres vamos a cocinar. –anunció una vez que estuvieron dentro de la habitación.

– ¿Eh? ¡Pero yo no sé cocinar, dattebayo! –argumentó el rubio. Y era verdad, siempre era su madre la que cocinaba toda la comida, y si no era así, lo más probable es que se dirigiese a Ichiraku para comer un buen tazón de ramen. Jamás se había visto el mismo en la tarea de tener que preparar el alimento, y nunca se había interesado en aprender. Sasuke no dijo nada, pero el tampoco poseía muchos conocimientos culinarios. – ¿Por qué no simplemente compramos algo de ramen? –inquirió el rubio.

– No puedes vivir solo de ramen, Naruto. –negó divertida Sakura.

– ¿Por qué no, dattebayo? –Naruto hizo un puchero al escucharla. – ¡El ramen es una comida muy nutritiva, dattebayo! –afirmó con gran convicción. – Tiene vegetales, carne, fideos, caldo… –enumeró para probar su punto.

– Tienes que comer otras cosas también. –replicó la pelirrosa mientras sacaba algunos vegetales del refrigerador y los colocaba sobre la mesada.

– Es inútil, el dobe solo piensa en eso. Tiene la cabeza llena de ramen. –se burló Sasuke cruzándose de brazos.

– ¿¡Qué dijiste, teme!? –gruñó el rubio en respuesta.

– Vamos, no peleen. –dijo Sakura deteniéndolos antes de que iniciaran con su habitual batalla de insultos. – Solo hagan lo que les digo y estaremos bien. Cocinar no es tan difícil y será una gran experiencia para todos.

Poco a poco comenzó a darle instrucciones a los chicos y juntos se pusieron manos a la obra. Era realmente divertido ver cómo Naruto batallaría para cortar una cebolla, Sasuke se burlaría de él y pronto iniciarían una batalla que ella tendría que detener. Incluso a pesar de las discusiones, el ambiente en aquella pequeña cocina era bastante ameno. Era como si de alguna forma hubiesen dado un pequeño paso en el largo camino que tenían por delante para convertirse realmente en un equipo.

Incluso había sido capaz de aprender un poco de ambos chicos en el tiempo que llevaban interactuando. Como por ejemplo el hecho de que Naruto era algo realmente peligroso cuando tenía un cuchillo entre manos, y que Sasuke realmente adoraba los tomates. Había podido ver como el pelinegro comía alguno que otro trozo de los tomates que le había dado para que troce.

Finalmente habían terminado la etapa de elaboración, solo hacía falta que la comida terminase de cocinarse adecuadamente y podrían disfrutar de su pequeña cena. Fue en ese instante que cierto peliplata decidió hacer acto de presencia.

– Vaya, ¿qué es esto? –inquirió el peliplata recargándose en el marco de la cocina mientras observaba a sus tres estudiantes. Había llegado al departamento de la pelirrosa esperando ver cómo se encontraba esta, y tal vez incluso discutir un poco más acerca de su custodia. No esperó que, al llegar, sus estudiantes masculinos también estuviesen allí.

– ¿¡Sensei!? –exclamó sorprendido Naruto, casi tirando los utensilios que llevaba con él.

– Ten cuidado, dobe. –lo reprendió Sasuke, aunque el también se encontraba tan sorprendido y tenso como el rubio. Después de todo ¿Por qué su sensei estaba allí?

– Yo. –se limitó a decir Kakashi a modo de saludo mientras levantaba su mano derecha.

– ¿¡Q-Qué hace aquí!? –exigió el rubio del equipo, pensando que tal vez el jounnin los regañaría por juntarse antes de la prueba de supervivencia. Incluso si era un pensamiento bastante irracional, en la mente de Naruto era algo bastante probable.

– Oh, solo pasaba por aquí para ver cómo se encontraba Sakura. –contestó con simpleza el peliplata mientras se encogía de hombros.

La mirada de Sasuke recayó sobre la ojijade mientras que Naruto ladeaba su cabeza, confundido por la respuesta de su sensei.

– ¿Vino a ver a Sakura-chan? –repitió el rubio. Una pequeña luz se encendió en su cabeza. – ¡Sensei es un pervertido, dattebayo! –lo acusó señalándolo con el dedo.

Sakura tuvo que hacer un gran esfuerzo para no reír con las ocurrencias de su hermano.

– Naruto, no es nada de eso. –se apresuró a clarificar. – Kakashi-sensei es mi tutor legal. Es su deber encargarse de que yo me encuentre bien. –explicó.

– ¿Tutor legal? ¿Entonces es como tu guardián? –inquirió el rubio, aún mirando con desconfianza al peliplata. No confiaba en el jounnin cerca de su compañera.

– Podría decirse que sí. –contestó Kakashi encogiéndose de hombros. – ¿Entonces? Ninguno ha contestado a mi pregunta.

– Yo los he invitado a pasar la noche. Pensé que sería buena idea… Ya que ninguno de nosotros nos conocemos realmente. –respondió la pelirrosa. – Ya que se espera que actuemos como un equipo, estoy dispuesta a colaborar para que realmente seamos un equipo ¿Hay algo malo en ello? –preguntó mirando directamente al único ojo visible del adulto.

Kakashi parpadeó un par de veces mirando a la pelirrosa antes de suspirar. Nuevamente la joven había conseguido sorprenderlo de alguna forma. Ya estaba comenzando a volverse algo habitual.

– ¿Por qué no se queda a cenar, sensei? –sugirió Sakura tomando por sorpresa tanto al jounnin como a sus compañeros gennin. – Hicimos suficiente para cuatro personas por lo menos. Además, usted también es parte del equipo, ¿verdad? –amplió su sonrisa.

– Si es que pasan la prueba mañana… –comentó Kakashi.

– ¿Acaso duda de nosotros sensei? –inquirió la pelirrosa ladeando la cabeza.

El peliplata guardó silencio por unos segundos. Esa muchacha era realmente astuta.

– Está bien. Me quedaré. –contestó finalmente antes de darse la vuelta y encaminarse a la sala del departamento. Planeaba recostarse un rato en el sofá mientras leía su preciado libro "Icha Icha Paradise".

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Era bastante entrada la noche. Había colocado un par de futones en el suelo para que los chicos pudiesen dormir tranquilamente, de hecho, ambos ya se encontraban bajo un sueño profundo. En algún momento de la noche, Naruto había rodado sobre el futón y había quedado abrazando al Uchiha. Sakura sonrió al ver aquella escena. Debía ser un milagro que Sasuke se encontrase dormido en esos momentos, o de otra forma hubiese terminado golpeando al rubio.

Kakashi se había marchado poco después de la cena, por lo que no se encontraba en el departamento, así que la única persona despierta a esas horas era la pelirrosa quien se encontraba mirando el cielo nocturno desde su ventana. Estaba perdida en sus pensamientos una vez más.

La velada había sido bastante cálida, disfrutable… Pero le había dejado un sabor amargo en la boca ¿Valía la pena esforzarse tanto por un equipo que tendría que abandonar? Es decir, era cierto que tenía que disimular y seguir el papel de la gennin inocente para llevar a cabo su misión, pero… ¿Tal vez estaba exagerando un poco?

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando una peculiar ave se posó sobre el alféizar de la ventana. Se trataba de un cuervo, uno que conocía perfectamente… El cuervo de Itachi ¿Qué hacía aquí?

Con cuidado de no hacer mucho ruido, abrió la ventana, tomó al cuervo y se dirigió hacia la cocina, donde sus compañeros de equipo no podrían oírla fácilmente. Dejó al cuervo sobre la mesa, y lo miró fijamente. Uno de sus ojos brillaba con lo que parecía ser el Sharingan.

Entonces sucedió. La habitación se cubrió con una misteriosa niebla, bloqueándola totalmente del exterior. Era un genjutsu.

Frente a ella, la figura de Itachi comenzó a materializarse. Incluso si era parte del genjutsu, Sakura no pudo evitar asombrarse al ver al pelinegro frente a ella. La miraba fijamente, con una expresión indescifrable para ella.

– ¿Itachi-san…?

El Uchiha se llevó un dedo a los labios indicándole que guardara silencio. La pelirrosa se mordió el labio sin saber que esperar a continuación.

– Perdón por ponerme en contacto contigo de esta forma. –murmuró. Su voz grave envió escalofríos por la espina dorsal de la chica. – Es algo bastante arriesgado y estaré en problemas si tu padre se entera de que hice esto, pero necesitaba hacerlo. –afirmó el pelinegro tomando un par de pasos para acercarse a la pelirrosa.

Sin aviso alguno, la envolvió en sus brazos, atrapándola en un abrazo. Incluso si se trataba de un genjutsu, se sentía tan real, tan cálido. Y de alguna forma, era como si todo lo que había necesitado era simplemente eso, que alguien la abrazara y la alejara por unos segundos de sus pesares. Itachi, en algún momento se había convertido en alguien especial para ella si que lo notase, y estaba agradecida que fuese así.

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Era temprano en la mañana cuando los tres gennins se dirigieron hacia el campo de entrenamiento indicado. A Sakura no le molestaba estar despierta a altas horas de la madrugada, pero para Naruto y Sasuke quienes no estaban acostumbrados a esa clase de horarios, mantener los ojos abiertos estaba siendo un esfuerzo monumental. Naruto incluso refunfuñaba por lo bajo, quejándose de lo hambriento que se encontraba.

Por que sí, a pesar de las insistencias de la pelirrosa, ambos chicos se habían negado a desayunar, siguiendo las palabras que su sensei les había dicho el día anterior. Sakura los maldijo mentalmente por ser tan idiotas como para creerle al peliplata incluso cuando era obvio que simplemente estaba tratando de intimidarlos.

Los tres arribaron en el campo de entrenamiento y se dispusieron a esperar a su sensei. Tarea que se extendió por horas hasta un poco antes del mediodía. Solo entonces, el peliplata decidió hacer acto de presencia.

– ¡Hey, buenos días! –saludó de manera casual, ignorando las miradas asesinas de los miembros masculinos del equipo.

– ¡Llegas tarde! –le recriminó Naruto.

Kakashi le restó importancia al asunto mientras se acercaba a un pequeño tronco sobre el cual estaba situado un reloj de alarma. Presionó el botón en la parte superior y se volteó a ver a sus estudiantes.

– Ok, está programado para el mediodía. –anunció. Los gennins lo observaron curiosos. Kakashi levantó frente a él dos pequeños cascabeles, enseñándoselos a sus alumnos. – Su trabajo en esta prueba será quitarme estos cascabeles antes de que termine el tiempo. Solo hay dos cascabeles… Aquel que no consiga uno se quedará sin almuerzo. Lo ataré a un poste y me pararé frente a él mientras como. –anunció el peliplata. El rostro de Naruto y Sasuke se ensombreció al percatarse de que aquella era la verdadera razón por la cual les había dicho que no comiesen. – Solo deben conseguir un cascabel. –continuó explicando Kakashi. – Solo hay dos cascabeles así que definitivamente uno de ustedes será atado al poste. Además… la persona que no lo consiga será enviada de regreso a la academia.

Aquellas palabras colocaron una atmosfera tensa sobre el lugar. Tanto Naruto como Sasuke se negaban a fallar esa prueba, mientras que por su parte Sakura temía que los otros dos chicos estuviesen tan cegados que ni siquiera la escucharían.

– Pueden usar shurikens y kunais si lo desean. –agregó el jounnin. – Pero no van a tener éxito a menos que vengan hacia mí con la intención de matarme.

Naruto comenzó a reír, cruzando sus brazos por detrás de la cabeza sin tomar en serio las palabras de su sensei.

– Si… ¡Eres tan listo que ni siquiera pudiste esquivar un borrador! –se burló. – ¡Definitivamente te mataremos, dattebayo! –bromeó.

– En el mundo real, aquellos que carecen de talento usualmente son los que ladran más fuerte. –comentó Kakashi viendo con cansancio al rubio. – Por favor ignoren al señor "peor de la clase" e inicien cuando diga… –no pudo terminar de hablar.

Naruto, llevado por su enojo, tomó un kunai y se lanzó al ataque. Pero antes de que siquiera pudiese acercarse al jounnin, este apareció detrás de él, tomó por la cabeza al rubio, mientras que con su mano libre tomó la mano con la que sostenía el kunai y obligó al rubio a apuntarse a su mismo. Naruto tragó grueso, quedando completamente atónito por la rapidez de su sensei.

– Tranquilízate… –murmuró Kakashi con calma. – Ni siquiera dije que podían comenzar aún.

Sakura suspiró viendo a su impulsivo mellizo. Naruto aún no conseguía salir de su estupor, mientras que Sasuke sonreía ladinamente. Finalmente, el peliplata había mostrado algunas habilidades dignas de su interés.

– Muy bien… Comencemos. –el peliplata tomó una respiración profunda. – ¡Listos… Comiencen!

Y así, la prueba de supervivencia había dado inicio.