Desafíos del embarazo.

Por: Vampisan86.


Capítulo único.


Disclaimer: Ningún personaje me pertenece, todo es propiedad de Akira Toriyama y compañía. Lo único de mi autoría es la trama.


Él, que todo lo veía, estaba esperándolo en la orilla de la plataforma de losas blancas. El gran bastón, símbolo de su sabiduría adquirida como deidad, lo sostenía su mano otorgándole todo el aspecto de un ser sabio.

—Señor Vegeta —saludó solemnemente.

Vegeta, como si fuera dueño por su casa, caminó hasta situarse en la entrada del templo. Le dirigió una severa mirada al actual Dios de la Tierra.

—Quiero pensar que tienes comida —dijo sin cambiar la expresión.

Dendé se limitó a asentir. — ¿Qué haces aquí? —le cuestionó al hombre, como si no supiera el motivo de tan inesperada visita. Muy en el fondo debía admitir que Vegeta aún le causaba un poco de miedo.

El aludido desvió su mirada algo avergonzado. —Bulma me ha echado.

Y de todos los lugares que existen debiste venir aquí cuando Piccolo no se encuentra, pensó Dendé con pesar.

— ¿Echado? ¿Por qué? —Inquirió con fingida curiosidad.

—Mmm, no vale la pena hablar de ello.

Dendé no estaba dispuesto a dejar el tema por la paz, total si iba a pasar el rato con el saiyajin no desaprovecharía la oportunidad para hacerle la estancia algo incómoda.

— ¿Qué sucedió? ¿Fue por Trunks?

Vegeta bien pudo echarle la culpa a su primogénito pero sabía que tarde o temprano todos se enterarían así que no valía la pena mentir.

—Bulma ha descubierto que se encuentra embarazada —confesó y acto seguido, echó a andar dentro del palacio.

Dendé le miró con una ligera confusión, como ya llevaba un buen tiempo en la Tierra claramente sabía el proceso para que los humanos pudieran procrear, sin embargo, a veces existían algunas situaciones que no lograba comprender del todo. Y hoy aquel episodio era uno de ellos:

Si Bulma y Vegeta eran esposos, y naturalmente tenían sexo ¿Por qué se sorprendía si consecuencia de ello terminaba en un obvio embarazo? Es decir, ¿Qué esperaba de aquél placer? ¿Una licuadora?

Sin perder tiempo, emprendió su camino hacia el saiyajin que ya andaba en la cocina mirando qué comer.

— ¿Qué? ¿Por qué? —Preguntó desde el umbral de la puerta. Vegeta no se dignó en mirarlo

—Creo que sabes perfectamente cómo se hacen los bebés. Si no es así, entonces pídele a tu sirviente que te ilustre con libros —musitó con sarcasmo.

Dendé se sonrojó.

—No me refiero a cómo lo llevaron a cabo, si no al motivo de tal escándalo.

Vegeta casi se ahoga con la bebida. Le miró con fastidio antes de apartar su mirada para buscar las palabras adecuadas para narrar su desventura.

Un mes antes…

—Creo que me gusta cuando terminas tu período de entrenamiento. Vienes motivado —ronroneó la mujer sensualmente en su oído mientras le acariciaba el pecho sudoroso.

—Mmm…

Bulma le mordió el lóbulo de la oreja antes de levantarse, sin pudor alguno dejó que Vegeta la observara en todo su gloriosa desnudez y caminó en dirección al baño meneando sus caderas.

—Me voy a duchar antes de asistir a la Corporación ¿Me acompañas? —Invitó coquetamente.

Vegeta no lo pensó dos veces y se levantó cual resorte, caminó hasta ella igual de desnudo. Al llegar con la científica, ambos se besaron con pasión y antes de que Vegeta pudiera acariciar su glorioso trasero, Bulma le detuvo.

—Hey, antes tráeme mi pastilla, ya sabes dónde las coloco —pidió y le mordió el labio inferior.

La heredera se adentró en el espacioso baño mientras el saiyajin ni lento ni perezoso se dirigió hasta la cómoda donde sabía que la mujer guardaba sus cosas personales. Por obvias razones, Vegeta conocía que Bulma se cuidaba de cualquier posible embarazo, la primera vez que había quedado en cinta fue por mero accidente cuando el condón se había roto y él no había dicho nada, recordó cuando ella lo corrió de la casa y él ni se inmutó, le tomó la palabra y procedió a hacer su viaje espacial. Luego de eso, al regresar por falta de combustible ella se le había lanzado a golpes por abandonarla, le había explicado que cuando lo echó se refería a que se fuera un día o dos, no seis meses y menos al espacio.

Si Vegeta hubiera prestado la debida atención en aquel momento en lugar de estar pensando qué cosas le podía hacer a Bulma en el jacuzzi, se habría dado cuenta que la pequeña píldora que tomó era para el dolor estomacal y no la de un anticonceptivo.

— ¿Sigues aquí? —La escuchó decir —. El agua está perfecta y me pregunto qué podemos hacer con las espumas...

Vegeta sonrió de lado y sintió a su amigo endurecerse, se giró y empezó a caminar hasta el baño con la píldora en mano, gruñó de satisfacción al mirar a Bulma con espuma cubriendo sus generosos pechos.

— ¿Realmente los embarazos de la señora Bulma han sido literalmente culpa tuya? —Jadeó el Dios con sorpresa.

Vaya que todos creían que Trunks había sido concebido por despecho de Bulma, mira que las cosas fueron totalmente diferentes y el Príncipe saiyajin había provocado ambos embarazos por simple accidente. Viéndolo desde ese punto, Dendé tuvo que estar de acuerdo con la científica al reaccionar de aquella manera.

—Mmm… —Vegeta se sentía profundamente avergonzado.

— ¿Y cómo han concluido que realmente tomaste la píldora equivocada?

Vegeta rió secamente. —Tenemos costumbres algo extravagantes, solemos grabar nuestros momentos y solo fue necesario echar un vistazo a aquel vídeo para cerciorarnos que fue culpa mía.

Dendé se cubrió el rostro algo avergonzado. Bien, él había querido saber y se lo había buscado por cotilla.

No se perdió la sonrisa arrogante que se formó en el rostro del saiyajin. —Soy todo un semental.

Horas antes...

— ¡Maldito mono del demonio! ¡Príncipe de los estúpidos!

Varios objetos eran arrojados sin cuidado por toda el área, Vegeta los esquivó sin esfuerzo alguno pero estaba algo avergonzado porque Trunks y su pandilla de amigos que se hospedaban en la mansión los observaban desde el otro extremo de la sala.

— ¡Tranquilizate mujer vulgar!

— ¡No me grites! —Hubo una pausa antes de que Bulma le lanzara una pequeña mesita — ¡Quédate quieto para que pueda pegarte!

Vegeta tuvo que ceder y complacerla para que se desahogara, aunque internamente maldecía que su hijo no se hubiese ido ya ¿Qué no se daba cuenta que le ponía los nervios de punta ser el espectáculo del día? Aunque los golpes no le dolían físicamente no significaba que su orgullo no sufría con aquella situación.

— ¿CÓMO PUDE CASARME CON UN IDIOTA QUE NO SABE DIFERENCIAR PÍLDORAS? ERES UN IMBÉCIL.

—Bulma…

— ¡Lárgate! ¡No te quiero ver! ¡Vete y no se te ocurra volver porque llamo a todos para que te echen de la Tierra!

—Bulma… —Hizo un último intento aunque sabía que era inútil.

— ¡Fuera de mi casa!

Dendé tuvo que reprimir la sonrisa que amenazaba por aparecer en su rostro al recordar aquel momento. Agradeció que Vegeta no supiera que los había estado observando debido a la elevación de poder de Bulma, aunque mínimo pero había existido.

—Bueno, puedes quedarte aquí el tiempo que quieras. La habitación del tiempo está disponible por si quieres usarla para entrenar —ofreció el pequeño Dios alienígena.

Vegeta tragó antes de negar con la cabeza.

—No hace falta, estaré meditando. Solo pido que no haya interrupciones.

Dendé asintió en acuerdo y lo dejó solo.

¿Quién lo iba a decir? Pensó con una sonrisa divertida, esto se lo debo contar a Piccolo cuando regrese.


Dos meses después...

—Maldito mono del demonio. Contrataré al sujeto morado del universo 6 para que te dé una paliza...

— ¿Qué pasa ahora mujer? —demandó Vegeta sin inmutarse pues ya se había acostumbrado a las amenazas de la científica.

Bulma le miró a punto de estallar en llanto. — ¿Que, qué pasa? ¡He engordado! Parezco una pelota ¡Eso pasa!

Vegeta la observó y suspiró, para él se veía igual puesto que apenas y se le empezaba a notar la barriguita; Bulma como siempre hacía una tormenta en un vaso de agua. Se preguntó internamente si con Trunks fue igual de quejosa o si solo lo estaba haciendo pagar su desliz. Interiormente se preocupaba pues desde que había vuelto a la mansión no había parado de escuchar los quejidos de su esposa, no sabía si era normal o si debía tomarlo en serio, no estaba familiarizado con mujeres en cinta así que su experiencia era nula.

Pero algo era cierto, había estado viviendo un infierno desde que se enteraron de la existencia del futuro bebé.

— ¿Y cuánto se supone que has engordado? —Vegeta supo que fue la pregunta equivocada cuando miró la reacción de su mujer.

— ¡¿O SEA QUE SI ESTOY GORDA?! ¡CÓMO TE ATREVES A DECIRME GORDA MALDITO HIJO DE P*!

El hombre tuvo que taparse los oídos antes de que le sangraran por tal escándalo. Se tragó unas palabras coloridas y solo se limitó a decir:

— Mujer, yo te veo igual que siempre. Son solo alucinaciones.

Bulma le miró con profundo desprecio antes de salir del baño y dirigirse a su cuarto. Vegeta se quedó de pie y se abstuvo de seguirla. Le vendría bien un descanso a sus quejidos. A veces se preguntaba cómo pudo caer rendido ante aquella escandalosa terrícola que nada más le hacía pasar malos ratos con sus espantosos gritos.

Suspiró una vez más y fijó su vista en el calendario que había estado colgando en cada pared del pasillo pues la mamá de Bulma había decorado cada rincón de la mansión para que nadie se olvidara del bebé en camino, una vez se enteró del embarazo de su hija. Por desgracia, aún faltaban semanas para que el primer trimestre se cumpliese.

No sabía cómo era posible pero Bulma cada vez estaba más histérica y al saiyajin cada vez le parecía más tentadora la idea de buscar a Hit para que lo mandara con Enma Daio Sama o de inmolarse nuevamente. Al menos de esa manera no tendría que soportar a su mujer y a los problemas ficticios que encontraba cada cinco minutos, como si fuera un cobarde le dejaría la responsabilidad a Trunks. Sin embargo, solo eran meros pensamientos pues en el fondo sabía que no se atrevería a dejar sola a Bulma con un embarazo que ella no buscó como lo había hecho la primera vez.

Salió de sus pensamientos cuando el amigo parecido a perro de su hijo se apareció frente a él.

— Señor —llamó—. La señora Bulma está muy rara, tiene que hacer algo.

Vegeta frunció el ceño y se llevó sus dedos al puente de su nariz masajeandolo.

—¿Por qué lo dices?

— Se encuentra arriba tirando todo al suelo. Mai y Pilaf intentan convencerla de que está mal que se esfuerzo porque podría dañar al bebé

—Mierda —murmuró el saiyajin y sin perder tiempo se dirigió al lugar indicado.

Efectivamente, cuando llegó se podía ver toda la habitación hecha un desastre, había desorden por donde sea que mirases. Los niños estaban aterrados en una esquina y nada más lo vieron hacer acto de presencia se retiraron como si el lugar estuviera cubierto en llamas. Bulma parecía poseída tirando cosas, Vegeta no sabía cómo actuar.

— ¡Mujer! ¿Se puede saber qué haces? ¿Por qué asustas a los niños como si estuvieras loca? —Cuestionó el Príncipe.

Bulma seguía hecha un mar de lágrimas.

— ¡Gorda! Nada me queda como antes ¡Soy una pelota!

— ¡Ni siquiera tienes barriga!

Al instante la habitación quedó en un silencio sepulcral, la mirada enfurecida de la mujer se posó sobre el hombre que inconscientemente dio tres pasos hacia atrás. No pasó mucho cuando el grito de terror del individuo se escuchó por toda la Capital del Oeste.

— ¡Bulma puedes golpearme con los puños pero no cargues esa televisión! ¡Te vas a lastimar!


A años luz de distancia…

—¡Wiss! —Exclamó una deidad abruptamente sacada de su sueño.

El ángel se apareció al instante en total parsimonia.

— ¿Me ha llamado señor Bills?

El Dios le miró con un evidente estremecimiento.

—He soñado que me quedaba sin la comida de la terrícola —comentó cubriéndose con la mantas.

El ángel abrió sus ojos en sorpresa y soltó una risita histérica.

—Que cosas dice. No ande presagiando augurios de tal magnitud. La señora Bulma se encuentra en perfecto estado, es imposible que algo le suceda...


Tres meses después…

El Príncipe había cambiado drásticamente su rutina de entrenamiento. Había cambiado los golpes violentos por suaves golpecitos en la espalda de un muñeco, ya no tocaba bruscamente el computador de la máquina de gravedad porque ahora pasaba con delicadeza toallitas al muñeco que se asemejaba a un bebé, había dejado de disparar ráfagas de ki a los robots pues estaba tratando de colocar un pañal adecuadamente…

Su entrenamiento ahora consistía en los cuidados paternos. Un curso de gran ayuda impartido nada más que por su suegra a los residentes de la mansión, entre ellos a su hijo Trunks y a sus amiguitos.

Vegeta nunca pensó que cuidar a un bebé fuera tan difícil, prácticamente eran criaturas frágiles que podían romperse con tan solo un movimiento inesperado. Debía medir su fuerza si no quería hacer papilla a su futuro bebé.

No había pasado mucho tiempo cuando Bulma había ido en su búsqueda para mostrarle la habitación del bebé. Sobra decir que estaba frente a la habitación de ellos y Vegeta no tuvo más que asentir porque si se mostraba en desacuerdo los gritos no se hacían esperar, ahora con mayor tiempo transcurrido se había vuelto más sabio y sabía cómo reaccionar para mantener tranquila a Bulma.

La mujer ahora poseía un prominente vientre pero el Príncipe siempre le decía que se veía hermosa, que todo le quedaba perfecto y que nunca se iría de su lado. Que el embarazo le sentaba de maravilla y que nunca pensó que se volvería más atractiva en aquel estado. En pocas palabras, halagaba su vanidad. Eso traía como premio que ella se sonrojara y se pusiera alegre.

Cuando el robot doméstico ingresó a la alcoba para dar sus toques finales, Bulma le ordenó:

—Me apetece un licuado de fresas, fresas con chocolate y una tarta de fresa. Llevalos a la terraza en unos momentos.

Vegeta casi no opinaba pero al escuchar tremendo pedido no pudo evitar que se le escapara:

—Tanto dulce no es bueno Bulma.

Él solo quiso decir que debía incluir más verduras a sus comidas pero tristemente eligió mal sus palabras.

— ¿Me estás llamando gorda propensa a un shock diabético? —Bulma le miró como si le hubiera dado una bofetada, casi le decía con su mirada que era el peor ser de la faz de la Tierra.

—Por supuesto que no, es más yo también comeré lo mismo…

Sabía que no debía hablar.

Ya en la terraza y una vez que Bulma no solo se había comido lo que le sirvieron a ella si no también lo de Vegeta, no pasó mucho tiempo cuando la mujer salió disparada al baño más cercano exclamando entre arcadas que demandaría al granjero que cultivó aquellas fresas por estar caducadas.

Vegeta se contuvo para no decirle que probablemente Kakarotto no viera con buenos ojos que su amiga de la infancia iniciara un proceso jurídico solamente porque el embarazo le causaba vómitos sin control.

Si, definitivamente había aprendido que calladito se veía más bonito.


Tres meses y medio después…

Bulma parecía otra persona, una completamente diferente a la que todos solían ver. Había cambiado su vestuario por la evidente panza de embarazada, Bulma ahora vestía un enorme vestido de embarazo color rosa pálido; Vegeta no tenía idea si era normal que un estómago se expandiera a ese tamaño e interiormente estaba preocupado.

El bebé se había retrasado.

La señora Brief le había comentado que era normal que sucediera; que dejara sus miedos a un lado ya que probablemente el bebé había sacado la manía del padre en hacer sus entradas dramáticas, seguramente llegaría en el momento menos esperado y de una forma inolvidable.

Cómo iba a saber que tales palabras se volverían realidad.

Esos meses de embarazo se notaban bastante en su siempre fino cuerpo y el agotamiento por cargar a un híbrido saiyajin se reflejaba en ella, como no podía estar sin hacer nada, la mujer se la pasaba todo el día sentada en su silla levitante para evitar hacer movimientos bruscos. Vegeta trataba de no quitarle el ojo de encima y la seguía como perrito fiel.

Incluso estaba presente a la hora de realizar los ejercicios para entrar en parto junto a los niños. Pero todo parecía inútil, el bebé aún se negaba a dejar la comodidad del vientre materno para abrirse paso al mundo exterior.

A veces, cuando se quedaban solos sus manos se entrelazaban mientras caminaban entre los hermosos jardines de la mansión, bueno solo Vegeta caminaba porque la mujer seguía en su silla. En algunas ocasiones, Vegeta no sabía porqué pero trataba de ser romántico, con lo que había visto en el televisor, y arrancaba una rosa para entregársela a Bulma quien la recibía como si se tratara del regalo más hermoso que hubiera recibido mientras se acariciaba su abultada barriga y le miraba con ojitos de amor más sincero.

Vegeta desviaba su mirada sonrojado pero la imagen era hermosa y la mantendría siempre en su memoria con orgullo.

Cuando se encontraban en su habitación, solían abrazarse, siempre que Bulma no sintiera calor aunque Vegeta sabía que el clima estaba a temperatura cero. Ella solía parlotear como siempre y él la escuchaba sin chistar.

— Creo que será una preciosa niña —profetizó la mujer mientras acariciaba con suma delicadeza el vientre.

Vegeta le dirigió una mirada confusa—. ¿Cómo estás tan segura? ¿Los humanos pueden saber el sexo del bebé sin pruebas?

Bulma sonrió enternecida. —No, pero soy su madre, las madres saben eso.

—Mmm… ¿Cómo lo llamaremos si es niño?

— No será niño.

— ¿Bueno, cómo la llamaremos?

—Ya elegí su nombre, será digna hija nuestra —murmuró algo somnolienta.

— Buenas noches —susurró Vegeta mientras la cubría con las mantas. Ya luego discutiría el tema del nombre pues al ser su heredera debía llamarse como una saiyajin de élite.

Si hubiera sabido que su opinión no importaba no hubiera invertido tiempo en buscar el nombre adecuado...


Año 780. Corporación Cápsula.

Una adorable Bra yacía dormida en los brazos del Príncipe. Había transcurrido una semana desde el término del Torneo del Poder.

Bulma les había tomado una fotografía a escondidas antes de dirigirse al jardín para buscar a su bebé.

—Si hubiera sabido que Wiss me evitaría pasar todo el dolor del parto, tal vez no me habría comportado tan histérica —dijo ocultando una sonrisa, como si recordar aquellos meses le resultara divertido.

Vegeta simplemente negó con su cabeza. Definitivamente había aprendido algo de toda esa experiencia y era el no provocar más embarazos no planeados. Ahora se preocuparía por cuidar mejor sus acciones.

Bulma finalmente le mostró lo que traía en sus manos: Un horrendo peluche en forma de gato color morado.

Vegeta arqueó una ceja. — ¿Es lo que creo que es?

Bulma asintió con una sonrisa.

—A Bra parece gustarle cuando el señor Bills la cuida así que le hice un peluche para que lo mantenga con ella —explicó quitada de la pena y sin considerar posibles consecuencias. —Quién hubiera pensado que mientras Goku y Gohan tomaban a Piccolo como su niñera, nosotros tomaríamos al Dios de la destrucción…

Si algo había aprendido Vegeta, era a no contradecir a su mujer.

—Hmp.


N/A: Bueno, un pequeño relato de lo que vivió Vegeta aquellos meses de embarazo junto a Bulma. Espero que les guste.

¡Un beso! ¡Nos vemos!