SALVANDO LAS DISTANCIAS
Por Cris Snape
Disclaimer: El Potterverso es de Rowling.
Esta historia participa en el Reto #47: "Larga vida a tu OTP" del foro Hogwarts a través de los años.
El reto consiste en escribir una historia sobre tu pareja favorita, teniendo en cuenta una condición determinada. He escogido la pareja que forman Zacharias Smith y Padma Patil y mi condición es que uno de ellos tiene que hacer un viaje que implica una gran separación.
Padma Patil trabaja en el Departamento de Misterios. Todo lo que hace es interesante, emocionante, aterrador y alto secreto. Ha pasado los últimos once meses en la Cámara de la Muerte, estudiando todos sus entresijos y logrando resultados poco esclarecedores. No es extraño. Ser inefable rara vez aporta satisfacciones y, cuando lo hace, no se pueden compartir con nadie.
Cuando Saul Croaker se detiene frente a su escritorio, Padma no sabe qué pensar. Croaker dirige el equipo que trabaja en la Cámara de la Muerte y sólo rinde cuentas ante el jefe del Departamento. Es un hombre mayor, está completamente calvo y su rostro parece el de un bulldog. No es una persona agradable. Da órdenes con escasa cortesía y regaña a sus subordinados gritando como un descosido. Padma no recuerda haberle visto coger la varita ni una sola vez, aunque supone que es hábil en esos menesteres. Un inefable incompetente mágicamente es un inefable muerto.
—Señorita Patil.
Su voz es grave y bronca. Padma le ha visto fumar cigarrillos y puros muggles. Demasiados cigarrillos y puros. Tiene los dientes amarillos y la piel reseca. Y, a juzgar por lo mucho que se fatiga cuando se somete a un mínimo de actividad física, los pulmones machacados.
Padma se pone en pie para evitar que las babillas de Croaker le caigan sobre la cara. Es un individuo que tiende a escupir mientras habla, pero eso no es tan desagradable como observar los hilos blancos de sus labios.
—Usted y la señorita Vane deben prepararse para su próxima misión.
Padma mira hacia atrás. Romilda Vane escribe velozmente en un pergamino. Cuando comenzó a trabajar para el Departamento, solicitó investigar la Cámara del Amor, pero su petición fue denegada. Por lo visto, tenía alguna clase de antecedente en su expediente académico relacionado con un Filtro de Amor. A Padma le cae bien. A primera vista puede parecer superficial y boba, pero es una gran profesional. Se toma el trabajo muy en serio y es eficiente e intuitiva.
—¿De qué misión se trata, señor Croaker?
—Estamos atascados en todo lo que respecta al arco de la Cámara. He decidido que investigarán otros similares. Su primer destino será la India. Seguro que le gusta regresar a su hogar.
Padma parpadea, patidifusa.
—Yo nunca he estado en la India.
Croaker entorna los ojos y hace un gesto con la mano. Padma encuentra su comentario anterior inadecuado y un poco racista. Aparte, está el hecho de que no le apetece nada salir del país en ese momento. No cuando está preparando su boda para la próxima primavera.
—Sí, claro. Vengan a mi despacho en diez minutos. Vane y usted. Les daré las instrucciones pertinentes.
—Pero, señor. ¿Cuánto tiempo debemos pasar fuera?
Croaker se encoge de hombros y se aleja de Padma para hablar con Romilda.
—No lo sé, Patil. El que haga falta.
Padma no puede protestar. No es posible que le vayan a encomendar una misión como esa, cuando tiene tantas cosas que organizar. Zach y ella llevan semanas intentando decidir la lista de invitados. No ha mirado su vestido de novia, no han elegido el lugar de la celebración, no saben qué tipo de ceremonia quieren. Lo único que saben es que van a casarse y Padma no puede irse al extranjero, vete a saber por cuántas semanas.
Mira a Croaker mientras habla con Romilda. Su compañera aprieta los labios y apenas reacciona. No parece mucho más contenta que Padma con la nueva situación. Croaker se mete en su despacho dando un gran portazo y Padma se levanta y prácticamente corre hasta llegar junto a Vane.
—¿Te lo ha dicho? —Romilda asiente—. Yo no puedo irme a la India justo ahora.
—Yo tampoco.
Padma se pregunta qué retiene a su compañera en Inglaterra, pero no dice nada al respecto. Siempre ha pensado que hay que respetar la intimidad de los demás. Si Romilda quiere contarle algo, lo hará por su propia cuenta.
—Croaker parece un poco… —Padma se muerde el labio inferior mientras busca la palabra adecuada—. Inestable.
—¡Y que lo digas! —Romilda suelta un bufido de frustración—. Un día nos tiene aburridas y haciendo informes inútiles, y al siguiente se le ocurre que tenemos que viajar fuera del país a investigar un problema que no tiene solución.
Padma está de acuerdo con todo, excepto con la última parte. En su opinión, todos los misterios tienen una respuesta. Ciertamente el arco ha resultado ser un enigma difícil de descifrar, pero algún día encontrarán la forma de comunicarse con las personas del otro lado y, tal vez, logren traerlas a la vida.
—Espero que la misión no sea complicada.
Padma habla para sí misma, aunque Romilda la escucha.
—Si se trata del arco, será complicado.
—Tienes razón. ¡Maldita sea!
Romilda sonríe y apoya el brazo en el respaldo de su silla.
—Nunca me imaginé que pudieras disgustarte tanto por motivos laborales. ¿Cuál es el problema?
Romilda es infinitamente menos discreta que ella. Padma alza una ceja, pero no está realmente sorprendida. Además, tampoco le importa explicar aquello que le preocupa. De hecho, le gusta bastante hablar sobre su boda.
—Voy a casarme dentro de poco. Necesito tiempo para organizarlo todo.
—¡Vaya! Así que te casas. ¿Con Smith?
—Eso es.
—Siempre me ha parecido un poco cretino.
Romilda tampoco se corta a la hora de hacer ese tipo de comentarios. Padma podría haberse enfadado, pero se ríe.
—Menos mal que tú no tienes que casarte con él. ¿No crees?
—Sí. Menos mal que tengo buen gusto —Romilda agita la cabeza y sigue hablando—. ¿Vas a rechazar la misión?
—Croaker no lo permitirá.
Su política es muy simple. Si un trabajo no te gusta, búscate otro empleo lejos del Departamento de Misterios. No es un hombre comprensivo y, para colmo de males, el jefe siempre le da la razón a él. Padma empieza a tener la sensación de estar atrapada y respira hondo para no angustiarse.
—Es la hora —Romilda se pone en pie y tira del uniforme de inefable hacia abajo—. Confiemos en que la tarea nos lleve poco tiempo. De esa forma, podremos regresar pronto a Inglaterra y seguir cada una con lo suyo.
Padma se arrepiente de no preguntarle qué es lo suyo. Romilda avanza en primer lugar y, una vez frente a la puerta del despacho de Croaker, Padma tiene la sensación de que su futuro está en juego.
—Este violín perteneció a Niccolò Paganini. Fue un brujo mediocre pero un músico excepcional. Los muggles de la época pensaban que había hecho un pacto con el diablo, tal era su maestría como violinista.
Mientras habla, Zacharias Smith vigila muy atentamente a la anciana bruja. Llegó a la tienda a primera hora de la mañana y allí sigue, haciendo preguntas sobre todos los objetos expuestos. La bruja se coloca un monóculo frente al ojo derecho y respira muy sonoramente. Su voz es aguda y muy molesta.
—¿Es el original?
—Por supuesto que lo es.
—¿Seguro?
—Los Smith somos los anticuarios más respetados de Inglaterra. Encuentro sus dudas muy ofensivas.
Está harto de ella. Si su padre le escuchara hablándole de esa manera, le echaría una buena bronca, pero ya no puede más. No tolera a la gente irrespetuosa que pone en duda la honradez de su familia.
—No seas maleducado, jovencito.
Zach bufa y traga sapos y culebras antes de hablar con voz tensa.
—¿Le interesa el violín o no? Paganini era capaz de hechizar al público con la música y…
—¡Bah! ¡Sandeces!
Zach aprieta los puños y las orejas se le ponen rojas. Hasta ahí ha llegado.
—Si no va a comprar nada, le ruego que se marche.
La bruja se gira tan deprisa que parece unos cuantos años más joven. Observa a Zach con los ojos entornados y comienza a parecerse muchísimo a un sapo gigante y horrendo.
—¿Qué dices, joven?
—Que se largue, señora. No puedo seguir perdiendo mi tiempo con usted.
—¡Será posible! Todo el mundo sabrá la clase de brujos que son los Smith.
Dicho eso, la mujer se marcha mientras suelta maldiciones en voz baja. Zacharias suspira y apoya las manos en el mostrador. Cierra los ojos y cuenta hasta diez. Debe mantener la calma. Piensa en lo que dirá su padre si llega a enterarse de lo que ha pasado y se lamenta por no haber tenido un poco más de paciencia. Es algo que Padma siempre le dice, que para llevar su negocio tiene que aprender habilidades diplomáticas.
¡Y un cuerno! Ya quisiera verla a ella lidiando con algunos de los individuos que visitan la tienda cada día.
Zach agita la cabeza y decide ponerse con el inventario. Esa mañana ha perdido un tiempo precioso y no ha logrado vender nada. Conjura un largo pergamino y se pone las gafas que usa para leer. Todo parece en orden y, puesto que no ha entrado género nuevo en los últimos meses, termina pronto. Es algo que debe comentarle a su padre. La tienda necesita renovarse. El violín de Paganini lleva allí casi ochenta años y nadie ha mostrado el más mínimo interés por él. Hacen falta objetos más interesantes. Malditos, a ser posible.
Cuando la puerta se abre, no espera encontrarse a Padma atravesando el umbral. Trae puesto el uniforme del trabajo y está muy seria. Aun así, le regala una sonrisa en cuanto lo ve.
—¡Padma! ¿Qué haces aquí? Es tempranísimo.
—¿Qué pasa? ¿No te alegras de verme?
—Pues claro.
Zach le demuestra su dicha dándole un beso. La agarra por la cintura y se plantea la posibilidad de no soltarla nunca. Sin embargo, puede sentir las miras de algunos curiosos observándolos a través del escaparate y no le queda más remedio que abandonar sus muestras de efusivo cariño. Una vez liberada, Padma sonríe y se tambalea ligeramente.
—¡Vaya! Sí que te alegras.
—Obviamente.
Padma le echa un vistazo a la tienda. Siempre le ha parecido un lugar fascinante. Está repleto de objetos antiguos y le encanta que Zach le hable sobre ellos, descubriéndole historias de toda clase y condición. Desgraciadamente, no acude allí demasiado a menudo. Su horario laboral es incompatible con el de la tienda y a Zach no le gusta pasar en el local más tiempo del estrictamente necesario. Según él, tiene una vida más allá de esas cuatro paredes y quiere aprovecharla.
—¿Qué tal tu día, Zach?
Dice eso porque quiere retrasar el momento de tratar el asunto que la lleva hasta allí. Sabe que tiene que hablarle a Zach sobre su viaje al extranjero, pero también sabe que se disgustará y no le apetece estropearle el día. Lo cual es muy tonto por su parte porque tendrá que hacerlo de todas formas, ¿por qué retrasarlo un segundo más?
—Acaba de marcharse una auténtica pelmaza. Una señora mayor con aspecto de babosa o de sapo o qué sé yo —Zach se pone de espaldas al mostrador y se apoya en él—. Me ha tenido toda la mañana enseñándole cosas y no se ha llevado nada. Sólo ha venido para tocarme las narices.
—¿Y has logrado contenerte para no lanzarle un maleficio?
Zach bufa.
—Lo he pensado, pero mi padre que echaría de la tienda. Y quiero heredarla, ya lo sabes.
Padma asiente con una sonrisa en la boca. Las antigüedades son la gran pasión de su prometido.
—La he echado, eso sí. Ha puesto en duda la autenticidad de nuestro Paganini. Menuda idiota.
Padma le da un abrazo para consolarle y se besan de nuevo. A continuación, Padma se acomoda a su lado.
—Y tú, ¿por qué has venido tan pronto? ¿Algún problema en el trabajo?
Cuando lo conoció, Padma pensó que Zacharias Smith era el tipo más obtuso del mundo. Dudó de su capacidad para ser suspicaz y observador, pero se equivocó. Zach no tiene un pelo de tonto y la conoce muy bien. Padma traga saliva y decide no retrasar el momento ni un segundo más.
—El señor Croaker me ha dado el resto del día libre.
—¡Qué raro!
—Lo ha hecho porque necesito tiempo para preparar mi viaje.
Zach gira el cuello para mirarla.
—¿Qué viaje?
—Una compañera y yo nos vamos a la India. El lunes.
Zach no dice nada durante unos segundos. Se ha quedado tenso y, lentamente, se aparta del mostrador y se coloca frente a ella.
—¿Cómo que te vas? ¿El lunes?
—Eso es.
Zach medita sobre eso y se dice que no es nada malo. Padma es una inefable excelente. No tiene ni la menor idea de lo que hace en su trabajo, pero está convencido de que es la mejor en lo suyo. Por eso, le pone ambas manos en los brazos y se los frota con suavidad.
—Debe ser una misión importante. Enhorabuena.
Padma se muerde el labio inferior. Va a explicarle todo el alcance de los próximos acontecimientos, pero Zach sigue hablando.
—¿Cuánto tiempo estarás fuera? Si vas a la India, supongo que serán dos semanas por lo menos.
Padma cierra los ojos un instante y coge las manos de Zach. Ahora es cuando le da el disgusto supremo.
—Serán algo más de dos semanas, Zach.
—¿Cuánto?
—Ni siquiera lo sé con seguridad —Padma recuerda las palabras de Croaker y le maldice internamente—. Después tendremos que ir a Australia. Y luego a Somalia. Y a Perú. Se supone que Perú es el último destino.
Zach hace cuentas, pero no le salen.
—Eso podría llevarte por lo menos dos meses.
Padma niega con la cabeza y le acaricia una mejilla.
—También serán más de dos meses, Zach.
—¿Cuánto?
—Te prometo que encontraré la forma de que nos veamos.
—¿Cuánto?
Padma suspira. Mira a Zach a los ojos y suelta la bomba.
—Dos años. Como mínimo.
Eso dijo Croaker, que las quería trabajando a tope, investigando a tope, pensando a tope en la misión. Le dio igual que Romilda le hablara de la enfermedad de su madre y que Padma le recordara que iba a invitarlo a su boda (tal vez). Su política es inamovible y ninguna de las dos ha podido negarse porque ninguna quiere perder el trabajo.
Zach se queda medio paralizado un momento. Luego, vuelve a apoyarse en el mostrador y respira aire de forma un tanto acelerada. Padma le pone una mano en el hombro y le habla con suavidad.
—Te prometo que lo arreglaré. Podremos vernos muy a menudo, de verdad.
—Pero, ¿qué pasa con la boda?
Padma ha pensado mucho en eso y, lamentablemente, sólo se le ocurre una solución.
—Tendremos que posponerla hasta que regrese. Si queremos una gran ceremonia, no nos queda más remedio.
Zach suspira otra vez. Parece bastante triste y Padma le da un abrazo.
—Lo siento. No he podido decir que no. No quiero perder mi empleo.
Zach está a punto de preguntarle si ese trabajo es más importante que él, pero se muerde la lengua. No sería justo para Padma decirle algo como eso. Menos aún él, que la conoce bien y sabe lo feliz que la hace ser inefable.
—Lo arreglaremos, Zach. Ya lo verás.
Padma no está segura de cómo lo hará, pero esa separación no va a alejarles. No lo consentirá. Como que se llama Padma Patil.
Zach se bebe de un trago el whisky de fuego y alza la mano para llamar la atención de Abbott. Piensa en la Hannah de Hogwarts y en lo mucho que le gustaban sus tetas y procura no mirarla precisamente ahí. Hannah se acerca y le mira con los ojos entornados.
—Ponme otra copa, Abbott.
—Estás muy borracho, Zacharias.
—¿Y qué? Quiero otra copa. ¡No! ¡Mejor aún! Dame la botella entera.
Hannah retuerce el paño que trae entre manos y se aleja sin hacerle el menor caso. Zach se apoya en la barra y se impulsa hacia arriba, como si fuera a saltar sobre ella.
—¡Abbott! ¡Hazme caso, Abbott!
Cae sobre el codo izquierdo y se hace un poco de daño. Se lo soba, disgustado por todo en su vida, y pega un bote cuando escucha la voz a su lado.
—Mira que eres imbécil.
Sonríe y coloca una mano sobre el hombro del recién llegado.
—¡Ernie Macmillan! ¡Qué sorpresa, compañero!
—Hannah me dijo que estabas muy borracho, pero no tanto.
—¿Hannah se ha chivado?
Zach se da media vuelta para reclamarle a Abbott su actitud, pero se tropieza con sus pies y está a punto de estamparse contra el suelo. Ernie lo sostiene a duras penas y le mira como si estuviera muy decepcionado con él.
—¿Qué te pasa, Zach?
—¡Nada! Estoy perfectamente feliz.
—Ya te veo, ya.
Zach le rodea el cuello con un brazo y le habla al oído. Ernie arruga la nariz cuando le huele el aliento. Apesta.
—Te quiero Ernie.
El aludido le da un par de golpecitos en el pecho.
—Eres mi mejor amigo.
—El único que te aguanta, más bien.
—Dile a Hannah que nos dé una botella de whisky de fuego. Te invito yo.
Ernie se las apaña para sentarle en un taburete, aunque le sujeta de un hombro por si acaso.
—Ya has bebido demasiado.
—¡Qué va! —Zach sonríe y levanta el dedo índice para darse unos golpecitos en la sien—. Todavía me acuerdo de lo de Padma.
—¿Qué es lo de Padma?
—Se va. Me deja. Me abandona.
Ernie apenas puede creer lo que acaba de escuchar. Es verdad que no logra entender qué vio una chica como Patil en un individuo como Zach, pero siempre ha tenido la sensación de que las cosas entre ellos van sobre ruedas.
—Me ha dicho que se va el lunes —Zach sigue hablando. En un momento dado, parece que solloza—. ¡A la India! Y a muchos países más, de esos que están lejísimos. Y de la boda, nada de nada. ¡Adiós, Padma! ¡Adiós, boda! ¡Adiós amor verdadero!
—Pero, ¿qué dices, hombre?
Zach no puede hablar. El sollozo de antes se ha multiplicado por diez y está llorando a moco tendido, con la cabeza apoyada en su pecho. Ernie mira a Hannah, que está chasqueando la lengua y mira a Zach como si fuera un ser inútil. Gracias a Merlín, ella se digna a darle una explicación.
—Por lo visto, a Padma le ha salido un trabajo fuera de Inglaterra y tardará un par de años en regresar, así que van a posponer la boda.
Ernie entiende el disgusto de su amigo. Le da dos golpecitos en la espalda y busca una manera de animarlo. No se le ocurre nada. Si Padma Patil, la inefable, ha dicho que se va a la India (o donde sea) es que se marcha. Y eso no lo puede arreglar nadie.
—Venga, Zach. Te vienes a mi casa esta noche. Te vas a dar un baño y te tomarás una poción genial para que se te pase la borrachera. Vas a estar bien.
Ernie consigue levantar a Zach del taburete. Está más borracho que antes, si es que es posible. Se balancea peligrosamente y Ernie lo sujeta con firmeza por la cintura.
—No te sueltes, Zach. Nos vamos a desaparecer, ¿vale?
—Vale, Ernie. Te quiero, tío.
Ernie no responde. Juntos, dejan El Caldero Chorreante. Hannah observa el sitio libre que ha quedado y lo lamenta por Zach. Es un imbécil, pero no se merece que le dejen plantado cuando falta tan poco para la boda. Solo espera que sus problemas puedan solucionarse.
Cuando Zach se despierta, tiene un considerable dolor de cabeza. Al abrir los ojos, no reconoce la habitación y se incorpora, espantado. Pero entonces se acuerda de Ernie y reconoce su casa.
—Ya te has espabilado. Tómate esto, anda.
Zach ni siquiera ha visto a Ernie entrar. Sólo puede ver el vial que tiene en la mano y su expresión seria.
—Es para la resaca. Bebe.
Zach obedece. En Hogwarts, a Ernie se le daban genial las pociones. De hecho, después del colegio también se dedica a ellas. Trabaja para San Mungo y pasa la mayor parte de su tiempo vestido con una túnica blanca horrible y rodeado de calderos e ingredientes de aspecto repugnante.
Zach se siente mejor en cuanto se traga el primer sorbo. Ernie sonríe con satisfacción y se sienta en un sillón orejero que utiliza por las noches para leer un rato antes de dormir.
—¿Qué hora es? —le parece que entra demasiada luz por las ventanas.
—Las diez y media.
Zach se levanta de un salto.
—¡Mierda! ¡La tienda!
—No te preocupes —Ernie hace que se siente de nuevo—. Anoche le escribí a Padma y le dije que estabas conmigo. Ella prometió que se encargaría de buscar una excusa para calmar a tu padre.
Zach suspira, pero no se siente más aliviado.
—¿Le dijiste a Padma lo de la borrachera?
—Se hubiera enterado de todas formas, Zach. No te pusiste a beber en un lugar demasiado discreto.
—¡Oh, es verdad! Mierda. Mi padre también se va a enterar.
A su edad, no deberían preocuparle las broncas paternas, pero le preocupan. Y mucho. Ernie sabe que el señor Smith es un tipo bastante pesado y estricto, pero no tiene el corazón de piedra. Confía en que deje pasar el asunto una vez conozca los motivos de su hijo para darse a la bebida.
—No pienses en eso ahora —Ernie le aprieta el hombro para infundirle ánimos—. Tenemos que hablar sobre Padma.
—Se va a la India, tío. No vamos a poder celebrar la boda. Su jefe es un cabrón y un hijo de puta.
—Estoy seguro de que todo tiene arreglo.
—Esto no. Lo nuestro se va a ir a la mierda.
—¿Tan poco confías en tu relación? ¿Crees que se acabará por estar unos meses alejados?
Zach se encoje de hombros, sintiéndose bastante desanimado.
—La distancia es el olvido.
Ernie parpadea, pasmado, y al final se ríe.
—No sabía que eres tan melodramático.
—Pero es verdad. Padma va a viajar por el mundo. Va a conocer culturas muy interesantes. Y a brujos geniales. Ya verás, ya.
Ernie chasquea la lengua y se levanta, con los brazos en jarra.
—¿Este es el Zacharias Smith que conocí en Hogwarts? ¿El gilipollas arrogante que caía mal a todo el mundo?
Zach le mira, bastante triste aún.
—Así no me ayudas nada.
—¡Venga ya, hombre! No te rindas tan pronto. Seguro que, si lo piensas un momento, encuentras una solución.
—Padma dijo que ella lo arreglaría.
—¿Y tú no vas a mover un dedo mientras tanto?
Es lo que tiene planeado, sí. Zach no quiere hacer nada. Se va a lamentar muchísimo, por supuesto, pero dejará que Padma piense en todo lo que haya que pensar porque ella es el cerebro de esa relación. Es evidente. Padma es mucho más inteligente que él. Por eso es inefable y por eso tiene ese trabajo rompedor de historias de amor.
—Zach —Ernie le habla con más suavidad—. ¿Tú quieres estar con Padma?
—Pues claro.
—Entonces, no seas llorica y pelea por ella. Ahora mismo.
Zach se pone en pie, espoleado por esas palabras. Al principio, no tiene la menor idea de lo que va a hacer, pero se anima a hacer algo. Y, de pronto, se le enciende la bombillita.
Parvati saca las magdalenas del horno. Tienen un aspecto delicioso y, como se siente generosa, deja que Padma pruebe una. Las demás son para la tienda, la pastelería más famosa de todo el mundo mágico. O casi.
Padma está triste y mordisquea el dulce sin mucho entusiasmo. Parvati se sienta frente a ella y le aparta un mechón de pelo de la cara.
—¿Smith sigue sin dar señales de vida?
Padma asiente.
—Macmillan dice que está bien, pero llevo sin verlo desde que le dije que me iba y temo que vaya a dejarme.
—¿Smith? ¿Dejarte a ti? Es idiota, pero creo que sabe que no podrá encontrar a otra como tú.
—Tú no viste cómo estaba cundo se lo dije.
—Tiene que entender que no tienes otra opción. ¿Qué vas a hacer? ¿Renunciar a todo por él?
A Parvati no le gusta Smith. Le cae mal desde sus años en Hogwarts, pero se contiene para no hablar demasiado mal sobre su persona. Padma suspira y le da otro bocado a la magdalena.
—¿Le has puesto chocolate blanco?
—¿Ahora te das cuenta, boba? Las estoy vendiendo fenomenal. Gustan mucho.
—Están ricas.
Pese a sus palabras, Padma no se la come entera. Sigue lamentándose por su desgracia.
—Me voy el lunes. Tengo que hablar con él antes.
—Pues búscalo.
—Ayer estuve en la tienda y vi a su padre. Cuando le pregunté por Zach, gruñó algo que no entendí. Algo como que está loco y es idiota.
Parvati sonríe con algo de malicia.
—Eso es una obviedad.
—Me preocupa, Parvati. Zach no maneja bien sus emociones y no sabe cómo afrontar los problemas de pareja. ¡A saber qué se le ha pasado por la cabeza!
Parvati va a decirle algo cuando la puerta de la tienda se abre. No es sorprendente que Ernie MacMillan entre, sonriente y con las mejillas algo sonrosadas. Le encantan sus bizcochos de nueces y las tartas de manzana.
—Buenos días, Parvati —cuando ve a Padma, su sonrisa se amplía—. Estás aquí. ¡Zach, está aquí!
Un segundo después, Smith aparece bajo el umbral de la puerta, aún más colorado que Ernie. Padma se pone en pie y lo observa con detenimiento, sorprendida porque parezca tan contento. Zach se acerca a ella y le da un beso que dura hasta que Parvati carraspea, incómoda.
—¡Qué guapa estás, Padma! —Zach la adula al tiempo que coge su mano y tira de ella—. Vamos, tenemos que ir al Ministerio ahora mismo.
Es sábado. En el Ministerio, los sábados sólo hay personal de guardia y aurores. Padma clava los pies en el suelo y parece ligeramente preocupada, como si estuviera convencida de que Zach quiere destruir el Departamento de Misterios.
—Venga, Padma. Susan me ha dicho que nos esperará hasta las doce. Ni un minuto más. Y he perdido mucho tiempo buscándote por todo el Callejón Diagon.
—¿Qué estás tramando, Zach?
Él deja de tirar de su mano. Deja que sus brazos caigan a lo largo de su cuerpo y suspira. Luego, da la explicación pertinente. Clara y concisa.
—Vamos a casarnos. Ahora mismo.
Padma no da crédito a lo que está escuchando.
—¿Qué?
—No pienso esperar dos o tres años, Padma. Íbamos a hacerlo de todas formas y lo he arreglado todo con Susan. Nos casamos esta misma mañana. Si llegamos a tiempo.
—Pero, Zach.
—La celebración da igual. Ya haremos una fiesta cuando regresemos a Inglaterra.
Padma alza una ceja.
—¿Regresemos?
Zach sonríe, particularmente satisfecho con esa parte de su plan.
—He hablado con mi padre. Los dos estamos de acuerdo en que necesitamos ampliar nuestro catálogo de antigüedades y, como en Europa no hay mucho que rascar ahora mismo, voy a buscar en la India. Luego iré a Australia, a Somalia y a Perú. Donde haga falta.
Padma siente que la respiración se le corta un instante. Zach prosigue con su perorata.
—A lo mejor no nos vemos todos los días, porque tú estarás investigando arcos de la muerte y yo tendré que viajar muchísimo, pero estaremos juntos. Buscaremos una casa y nos veremos más que si yo me quedo aquí y tú te vas sola. ¿Qué te parece?
Padma no sabe qué pensar, así que dice lo primero que se le pasa por la cabeza.
—Pero Romilda y yo acordamos que viviríamos juntas.
Zach frunce el ceño un instante, pero recupera el entusiasmo enseguida.
—Podré soportarlo. ¿Qué dices?
Zach insiste. Padma intenta encontrar una razón para negarse a hacer esa locura, pero no la encuentra porque, en realidad, no le parece que sea una locura en absoluto. Sonríe, agarra la mano de su prometido y da un paso adelante.
—¿A qué estamos esperando?
Zach asiente y mira a Parvati, que está boquiabierta. MacMillan, por su parte, actúa como el cómplice necesario para ejecutar el plan.
—Patil —Zach siempre llama a su cuñada de esa manera, lo cual es bastante ridículo—. Necesitamos que seas la testigo de Padma. ¿Te apuntes?
Parvati bufa y se quita el uniforme de la tienda.
—¿Tengo otra opción?
—Genial. Gracias. Y, ahora, vamos.
Llegan tarde al Ministerio. Susan Bones se está quitando su túnica de miembro del Wizengamot cuando los cuatro jóvenes irrumpen en la estancia y le piden disculpas, medio asfixiados después de tanto correr. Bones pone los ojos en blanco, pero de todas formas se queda para hacer oficial el matrimonio.
La ceremonia es muy sencilla. Un tostón, en opinión de Zach. Muy romántica, si le preguntas a Padma. Y es que aún está sorprendida por el gesto de Zach. Él nunca actúa de manera impulsiva, nunca le oculta información, nunca planea viajes al extranjero sin contar con ella.
Cuando terminan, los cuatro se marchan al Caldero Chorreante y se beben unas cuantas cervezas. Zach está contento porque ha tenido éxito donde una inefable ha fracasado, lo cual le convierte en alguien bastante inteligente. Seguro que sí. Y Padma está feliz porque podrá conservar las dos cosas que más le gustan en el mundo: su trabajo y a Zacharias Smith. Ese estúpido cretino.
FIN
Zach es anticuario porque Hepzibah Smith coleccionaba antigüedades y me parece muy adecuado que la familia se dedique a ese negocio. Padma es inefable porque sí. El resto, son lo que son por el mismo motivo.
Besetes y suerte a todo el mundo.
