Notas: debería estar encargándome de otro fic que tengo empezado, pero no podía sacarme esta idea de la cabeza. Mis disculpas si el contexto no se entiende del todo. Esto formaba parte de una historia más grande que decidí descartar.

Misión encubierta

(POV Sam)

Tiene que insubordinarse.

Peor. Tiene que insubordinase a su oficial al mando. A él.

Es algo acordado entre ellos, y sin embargo no termina de encontrar el modo ni el momento de hacerlo.

Por supuesto, cualquier situación difícil es susceptible de empeorar. Su padre también forma parte de la misión. Jacob Carter la observa sin revelar su parentesco, esperando que cumpla con su deber.

Insubordinarse con su padre presente, le resulta aún más violento y antinatural. Si es que eso es posible. Porque la sola mirada de Jack O'Neill, aunque sea involuntariamente, le recuerda su lugar.

Trata de racionalizar la situación. Si es una orden, todo se convierte en teatro, y aun así…

El problema es que tratan con antiguos militares reconvertidos en mercenarios, por lo que ser demasiado correctos y honorables es un error. Deben fingir que trabajan juntos por conveniencia. Presentarse como un equipo unido, les convertiría en una amenaza y levantaría sospechas. Su padre y el coronel han cumplido, ella lo intenta.

Desafortunadamente, tanto tiempo en segundo plano le ha hecho parecer un blanco fácil. Uno de los mercenarios cuestiona su utilidad. Luego desliza un comentario sobre que tal vez sus talentos estén en otra parte, mientras baja la mano desde su cintura hacia su trasero. La reacción es inmediata. El hombre es derribado y casi consigue un brazo roto, al tiempo que sus compañeros se acercan con aire amenazante. Sospecha que su arrebato causará dificultades.

- Déjalo ya, Carter – sus ojos no sonríen y el resto de su expresión se crispa al no poder respaldarla. No es el único. Su padre se esfuerza en mantenerse al margen mientras aprieta la mandíbula.

- No te metas.

- ¿O qué? ¿Vas a golpearme a mí también? – invade su espacio personal derrochando autoridad.

- Supongo que no – retiene el honorífico, pero se adhiere a la jerarquía por puro instinto. Al momento, recuerda las órdenes y entiende su error. Se concentra en apagar su moderación y las palabras fluyen como si estuvieran planificadas. – Quién sabe… podría gustarte.

Su mirada se engancha en ella de manera genuina. La réplica ha sonado más sugerente de lo que pretendía. Ellos no hacen eso. No se arriesgan con gestos que precipiten la atracción mutua que intentan controlar. Sin embargo, los mercenarios murmuran complacidos, así que es tarde para rectificar. Es una buena distracción.

- Soy bueno en el combate cuerpo a cuerpo – él ignora su última frase y se rehace, pero la respuesta se demora un par de segundos. Descubre que lo disfruta. Eso enciende las alarmas.

- Yo también lo soy – sonríe con suficiencia. – Puedo darte una muestra… si echamos un pulso.

Le gusta ese recuerdo. Es una buena herramienta para representar su papel.

- No te dejaría ni tocarme – replica él con arrogancia. Y en medio de esa fingida lucha, ella muerde un comentario que no puede liberar. – Suéltalo – escucha. Y sabe que no debe, pero…

- Sí, me dejarías...

Le tiene. Sus ojos fallan y la barren por un instante. La tensión tira de ella y la calienta de un modo completamente equivocado. Un hormigueo de excitación se extiende bajo su piel. La perspectiva de provocarle un poco más, hace que tiemble de anticipación. El ambiente se carga de algo denso y pegajoso que amenaza con causar un desastre.

*/*/*

(POV Jack)

Estaba preparado para casi todo, pero no para Carter arrastrándole a pensamientos obscenos.

No es tanto lo que dice sino cómo lo dice. Aunque acepta que la idea de pelear contra ella, le causa un placer indescriptible. No puede admitirlo, pero… ¡maldita sea, tiene razón! Le gustaría…

Después llega esa sonrisa. La ha visto antes, pero se esfuerza en evitar el recuerdo. Sin embargo, cualquier oportunidad de lograrlo se esfuma ante la sugerencia de un pulso.

Hay cierta malicia en el gesto, en mencionar su primer encuentro. Es la misma tensión incómoda y placentera enredándose entre ellos. Se pregunta si ella es consciente, si sabe que entonces y ahora encuentra su oposición tentadora. Porque… ¡oh, sí! Carter retándole es sinónimo de Carter siendo atractiva y difícil. Y mierda… le gusta. No sabe cuánto hasta que ella se reprime y silencia una réplica.

No debería, pero en contra de su mejor juicio, exige a su segundo que discuta. Y cuando escucha su "sí, me dejarías", su cuerpo manda una cantidad alarmante de sangre al sur.

No importa lo sereno que parezca. La imagen de Carter atrapada bajo su peso, le golpea. No hay nada inocente en el desliz. Intenta resistirse, pero su mente cede a detalles inapropiados e ilícitos. Fantasea con su calor, con su resistencia, con burlarse entre sus piernas mientras se arquea contra él.

Ni siquiera consigue sentirse culpable. Puede intuir el mismo deseo torcido en los ojos de ella. Por un instante, la cadena de mando se vuelve borrosa e insuficiente. De repente, sólo es un hombre con la insoportable necesidad de besarla.

Alguien carraspea.

- ¿Necesitáis intimidad?

Carter se sonroja ante la pregunta de su padre. Él agradece que la Tok'ra no tenga la habilidad de leer los pensamientos. Si Jacob supiera lo que hace con su hija en su cabeza, no saldría vivo de esa sala.

- Thomas lo siente – se disculpa el líder. – No vemos muchas mujeres por aquí, menos aún tan... calientes. Debiste aclarar que era tuya…

Se plantea explicar que no lo es, pero el tono del cabecilla le advierte que es mejor que no lo haga.

- Eso ha sido inteligente – le susurra Jacob cuando no pueden oírles. – Sam estará más segura.

- Eso pensé – certifica.

- Pero, Jack…

- ¿Sí?

- Vuelve a mirarla así en mi presencia... y tendré que matarte.