BLEACH Y SUS PERSONAJES SON DE TITE KUBO.
De ligas al escritorio.
Deberían darle un premio por escuchar sin perder la compostura ni la concentración ante su secretaria a pesar que debajo de su escritorio el pene lo tiene erecto a causa del endemoniado escote en uve que acentúa el tamaño de sus senos.
O como la falda le marca el trasero.
—¿Kurosaki-sama?
—Eeeh… sí, todo el orden Inoue.
—Entonces dejo todo listo y nos veremos mañana.
—Claro, descansa.
—Usted también, Kurosaki-sama. — Le sonríe de esa manera que siente que todo se ilumina a su alrededor y se da la media vuelta para irse.
Aunque no sea correcto, los ojos de Ichigo se mantienen fijos en el vaivén de caderas.
Ya solo suelta un gruñido y se frota el cabello, buscando desesperadamente que las neuronas recapaciten con sólo ese acto. Pero es imposible, solo tiene en sus pensamientos la primera plana de su escote y las formas en cómo castigaría ese trasero a nalgadas antes de darle la misericordia de recibir su pene.
Sabiendo que es imposible que su pene se calme, se pone en pie, soltando un silbido de lo doloroso que está su amigo allá abajo, y va a su baño privado en busca de satisfacción con su propia mano.
Tendrá que llamar a una mujer para que lo calme.
Otra vez.
Mientras sale del baño ya calmado se plantea el por qué no ha hecho de las suyas con Inoue Orihime. No es la primera mujer que ocupa el puesto de secretaria que le ha tenido ganas y la ha engatusado a su merced. No lo entiende. Que sencillo sería seducirla y llevarla al sofá por una follada de horas o días. Pero algo tiene esa mujer que le obliga a despertar su ética.
No es justo. Son ellas las que deben caer a sus pies y suplicarle, no él.
Con otro gruñido decide terminar todo de una vez para ir rápido con una prostituta.
Orihime se había juntado con sus amigas en el bar cerca de su casa. Estaba decidida en tener unas horas de locura con baile, alcohol y quizás una follada rápida en el baño para calmar el calor que la frustra todos los días.
Necesita un amante con urgencia.
O que el estúpido de su jefe note de una vez las señales.
¿Qué está esperando? A este paso deberá caminar en su oficina en lencería o desnuda. Más obvia que eso no puede ser.
Su deseo de llenarse en alcohol se ha cumplido sin problema, estuvo incluso haciendo una competencia con Nemu (la prometida del primo de su jefe) de quien toma más whisky. Tuvieron que dejarlo en empate porque ninguna daba su brazo a torcer y ya andaban cerca de vomitar. Ella tuvo que apaciguar el exceso de alcohol un poco con comida chatarra ya que la muy bruta no había comido.
Bailaron en grupos o con el primer desconocido que encontraron atractivo. Orihime había pescado a dos hombres aceptables y se los llevo a un baño a "divertirse". El primero era un chico de pelo negro que sólo le ha durado cuarenta minutos; el segundo, que se agarro a los diez minutos después del anterior, fue aceptable en durar una hora.
Pero no ha sido suficiente para su frustración.
O se enrolla con un negro de dos metros o drogara a su jefe para que lo pesque.
Llega a su departamento a las cuatro de la mañana. Tiene sólo cuatro horas para dormir, por eso no pierde el tiempo en que las cosas estén en orden; tira por ahí sus llaves, la cartera, zapatos y el abrigo; camina a pasos torpes a su cuarto y se tira a dormir con la ropa puesta.
El despertador lo tiene sobre la mesa de noche pero lo siente como si estuviera dentro de su cerebro. Casi imita esos mangas en que lanzan los despertadores a la pared y romperlos. Pero por desgracia en la realidad no se puede.
Con la resaca martilleándole la cabeza y provocando que sus brazos y piernas se muevan lento y queden tembleques, de alguna manera consigue vestirse. Todo lo que necesita para arreglarse lo guarda en su bolso, lo hará al llegar a la oficina. Está segura que llegara tardísimo si se pone a ello. Por lo tanto solo se lava la cara, los dientes y se peina un poco.
Sale de su cuarto usando una mano como visera y no recibir tanta luz solar a los ojos. La risa de su hermano le provoca gruñir.
—Buenos días para ti también, Orihime.
—Como disfrutas mi dolor.
—Si no quieres entretenerme, no salgas entre semana a emborracharte.
—¿Cuál es el punto de ir a un bar entonces?— Reprocha sentándose en la mesa con lentitud.
—A ver si esto te ayuda. — No le entrega una taza llena de té o café, sino de un raro líquido espeso como batido de color verde pantano. Incluso le salen burbujas. — El remedio casero de la abuela.
—Gracias a los Dioses que nuestro abuelo era peor que diez bebedores juntos de nuestra familia. — Orihime agarra la taza, lo alza igual si fuese una copa, y se lo manda al seco.
—También demos gracias que tienes el estómago de hierro. — Normalmente uno se quejaría del sabor, sentiría nauseas y pasaría como tres horas inmóvil… pero Inoue Orihime ha nacido con un cuerpo de hierro. — ¿Vas a necesitar otro?— Enseñando un termo amarillo.
—Toda ayuda es bienvenida. — Agarra el termo y lo guarda en su bolso.
Mientras va comiendo su desayuno con un natural jugo de limón con jengibre (cortesía de Sora), va sintiéndose un poco mejor. Al menos, por ahora, ya puede caminar más como ser humano y no como orangután.
—¿Quieres que te de un aventón?— La voz de Sora rompe el silencio.
—No, voy a caminar. — Dice poniéndose de pie. — Si camino posiblemente la pócima de la abuela funcione más rápido.
—Entonces ponte gafas que pareces venir de una pelea clandestina.
—Ya, ya lo sé. — Refunfuñando se pone unas gafas con dibujos de hamburguesas en el marco. — Dios, necesito con urgencia una buena follada.
—¿Podrías no tener esos comentarios frente mío?
—¿Por qué? ¿Acaso tú las omitiste al meter novias y aventuras al departamento?— Sonriendo burlona al verlo atrapado y sonrojado. — Aquí las cosas por igual, señor Inoue.
—A veces deseo que vuelvas a tener ocho años.
—Para tu desgracia sigo siendo una mujer. — Alza su mano en despedida. — Porque si fuera hombre de seguro no me reprocharías mi apetito sexual.
Cierra la puerta riendo de su gruñido.
La caminata de cuarenta minutos en verdad la ha ayudado a mejorar. El tiempo que le brindó al remedio casero de la familia ante borracheras, ha hecho que ya no sienta tan potente los martillazos o que se comporte como vampiro ante el sol.
Saluda a la recepcionista, la gente que se cruza en su camino hasta subir al elevador exclusivo que lleva a la oficina de su jefe y a su escritorio. No importa en qué piso estés, si Kurosaki Ichigo te invoca (mayormente por algo malo), sí o sí uno está obligado a bajar al primer piso.
Deja sus cosas en su escritorio de caoba, pesca su estuche con pocas cosas de maquillaje y se encierra en el baño. Se quita las gafas y hace una mueca del aspecto demacrado que tiene gracias al alcohol y dormir cuatro horas con el maquillaje de anoche puesto. Abre la llave del grifo y se moja bien la cara hasta ya no sentir ni los dedos ni la cara. Pasa una toallita humectante en su rostro, quitándose lo que pudo haber quedado del maquillaje.
Termina con un retoque de corrector en las ojeras, un poco de sombra en los ojos y un labial color rosa. Se echa perfume, se peina nuevamente y sonríe del cambio radical.
Incluso debe felicitarse de haber elegido un buen conjunto de ropa con los ojos cerrados: falda blanca estilo escocesa, medias negras que se mantiene firmes con sus ligueras y un suéter del mismo color.
Da media vuelta y sale del baño.
—Buenos días Kurosaki-sama. — Dándose cuenta de su presencia salir del ascensor.
Y como siempre, apuesto. Se ve como todo un modelo en ese traje hecho a la medida color azul, camisa blanca y sus zapatos negros bien lustrados. Nunca usa corbatas, pocas veces lo hacen, ya que le incomodan demasiado a ese cuello de acero. Dioses, como siempre, tiene ganas de romperle el traje y follar ahí mismo.
—Buenos días Inoue. Por favor tenga listo la sala de reuniones para la junta.
—De inmediato. — Sonríe de oreja a oreja y parte a cumplir su deseo.
Inconsciente que su jefe tiene la vista fija en su trasero y en cómo el vaivén de sus caderas no solo acentúa más su trasero sino también el borde de la falda deja ver un poco el liguero y un puntito de su braga azul de encaje.
Se auto golpea mentalmente y se encamina a su oficina.
La oficina y sala de reuniones están separados por una pared de vidrio, por lo tanto, por mucho que se esfuerce, sus ojos no tienen culpa de desviarse a la alegre figura de su secretaria, verla moverse por dicho lugar para dejar todo listo. Incluso había ordenado que trajeran bocadillos de la cafetería del edificio ya que un joven con el uniforme de mesero aparece trayendo una caja de cartón que de seguro adentro hay una torta.
Y no se equivoca. Hay una torta que parte en pedazos iguales, los va dejando en cada plato que posa frente a los asientos.
La descubre lamerse el dedo para limpiarse de la crema y gruñe. Maldice y se concentra en no pensar que es su propia polla lo que esta lamiendo o se iba a poner duro.
No cree que sus socios quieran verlo hablar con el pene erecto.
Eso funciona mejor en la cama con sus amantes.
El agua anuncia estar lista justo en el momento que llega el primer invitado que le produce malestar por muy competente e inteligente sea.
Bazzard Black.
O como se auto nombra: Bazz Z.
¿Y por qué le desagrada?
Fácil.
La mano del hombre con peinado pandillero habla con Orihime como si fuesen amigos de toda la vida mientras una mano rodea su cintura.
Le encanta ligarse con su secretaria.
¿Lo peor? Ella no se queja, mantiene su sonrisa, delatando lo gustosa que esta por el coqueteo y el contacto físico. Incluso tiene la osadía de verlo con el claro deseo de encerrarlo con ella en el cuarto más cercano.
Molesto decide ir hacia ellos antes que piensen siquiera en hacerlo.
—Black. — Se oye como un regaño, una amenaza fría a una promesa llena de dolor. — Llegas temprano.
—Quería que mis ojos disfruten unos minutos más la buena vista de Inoue.
La susodicha se ríe, divertida y halagada. Cosa que cabrea más a Ichigo.
—No tienes derecho en venir a coquetear con Inoue.
Sus palabras provocan sorpresa y un poco de malestar a Inoue. ¿Por qué su jefe habla como si tuviera derecho a su vida? Es su secretaria, no su esclava.
—¿Por qué no?— Con una sonrisa retadora, divertido de jugar con él. La adrenalina a enfrentar cosas peligrosas es lo que le hace un buen socio pero ahora quiere matarlo a golpes. — Que yo sepa, Orihime no está casada ni comprometida. Si quiere salir conmigo o con veinte es cosa de ella, ¿No?
—Así es. — Dice Orihime antes que esto se siga alargando. — No hagas caso a lo que dice Kurosaki-sama, ya sabe cómo se pone de huraño en la mañana y habla cosas sin pensar.
Por suerte otro invitado se hace presente.
—Buenos días. — Ishida Uryuu se presenta subiéndose los lentes.
—Buenos días, Ishida-sama. — Sonríe divertirla de verlo ajetreado. De seguro Nemu lo ha retenido más de los normal en las sabanas. — No se preocupe, llega a la hora.
El peliazul con lentes protegiendo sus ojos le da las gracias y nota recién en ese entonces la... tensión (aunque es quedarse corto) entre Ichigo y Bazz. Suelta un suspiro cansino y se sienta en el asiento que le corresponde.
—Dejen de actuar como niños por un momento, ¿Sí?
—¿Desea té o café, Ishida-sama?
—Café Inoue-san, que sea de la cafetera exclusiva de mi estúpido primo.
Ella se ríe, bajito, mientras Ichigo frunce el ceño en señal de molestia.
—A la orden, Ishida-sama.
La alarma del celular avisa que ya es hora del almuerzo.
Orihime se estira en su asiento luego de haber marcado el punto final de un documento. Le suena las tripas y se ruboriza. Anhela con desesperación una hamburguesa gigante con todos los ingredientes habidos y por haber.
Busca en su cajón de abajo la cartera y se lo pone al hombro. Se pone en pie y presiona un botón rojo del teléfono.
—Kurosaki-sama, me iré a almorzar… ¿Qué le gustaría que ordene en el restaurante para usted?
—No te molestes en eso, Inoue.
—Kurosaki-sama, si se salta el almuerzo otra vez, lo acusare con Yuzu-sama.
—No me refería a eso. — Se le oye molesto de la amenaza. — Voy a bajar personalmente al restaurante de la esquina. Y quiero que vengas conmigo.
—¿Huh?— Pestañea, sorprendida. —¿Por qué?
—Necesito organizar el viaje de negocios a Escocia.
—Oh... claro, lo espero. — Viendo la obviedad del asunto sin sospecha. Después de todo ella se encarga de anotar todo y hacer las reservaciones.
A los tres minutos sale Ichigo de su oficina colocándose el saco y tanteando en el bolsillo interno a que este su billetera con sus tarjetas sin límite.
—Cualquier cosa que desees, lo invito yo.
—¿Incluso tres hamburguesas XXL con tres porciones mega de papas fritas?
—No creo que haya hamburguesas allí pero puedes comer todo lo que hay.
—Gracias.
—¿Mucha hambre?— Bromea.
—Siempre tengo hambre. — Sonríe con inocencia. — De toda clase.
Ese comentario al final no fue nada inocente.
Ichigo carraspea, fingiendo un discreto malestar y que no había entendido el doble sentido.
¿Acaso quiere matarlo? ¿Hacerlo sentir mal por su comentario posesivo machista horas atrás?
Como se encuentra cerca, solo caminaron unos diez minutos una vez salieron del enorme edificio. A Ichigo no se le pasa por alto algunas personas que se quedaron mirando a Orihime, incluso por el rabillo los descubre mirándole el trasero.
El mesero en jefe, al ver a Ichigo, hace reverencias todo lo que la espalda le permite que Orihime no se sorprendería si se cae y golpea en el suelo. Les da la bienvenida y les da una de las mesas que se encuentran en zona discreta para evitar ser pillado por la prensa o alguna fan loca.
El empresario casi se ríe de ver a ese pobre hombre como pierde la compostura por la orden de lo que quiere comer Orihime.
De verdad que tenía hambre.
Apenas quedaron solos, empezaron a hablar de las preparaciones que necesitaría Ichigo para su viaje. Orihime le daba las opciones de hoteles de acuerdo a las ciudades que debía ir, él decidía cual quería y su secretaria se ponía a llamar y hacer las reservaciones. En la parte de los aviones la tuvieron complicada, por eso la mujer ha tenido que contactar con la aerolínea privada de los Kuchiki y pedirles arrendado uno de sus aviones durante el viaje a cambio de un jugoso salario.
—Con mucho gusto ayudare al idiota si te lleva. — Dice Rukia, la heredera de Kuchiki Byakuya. — Podremos tener un momento de mujeres en lo que el idiota se lo pasa trabajando.
Con esa afirmación el contrato queda cerrado e Ichigo tritura sus papas por ser llamado idiota.
En cuando ya tenían el asunto resuelto y los estómagos satisfechos, Ichigo se adelanta para ir a pagar. No espera que le digan el precio, solo entrega su tarjeta de crédito y espera mirando su WATCH por si hay algún mensaje.
Se da la media vuelta al escuchar una leve maldición. Parece que a Orihime se le cayó un lápiz y se inclina para recogerlo... enseñando sin querer un poco de sus ligas.
Provocando que Ichigo se imagine con los dientes allí, jugando con esas cosas endemoniadas.
De vuelta al piso exclusivo, Ichigo le concede a su secretaria un descanso de media hora al escuchar el sonido del celular. Lleva Orihime el tiempo suficiente trabajando ahí para que su jefe se dé cuenta cuando lo llama Sora.
Además, él también necesita ese tiempo para recomponerse tomando un vaso lleno de ron con hielo. Santo remedio para no pensar más en darle nalgadas a la mujer con el cabello del atardecer.
Orihime habla con su hermano en manos libres ya que se encuentra preparando una taza de café que deja sobre su escritorio mientras se come un pedazo del pastel que había sobrado en la reunión de la mañana. Sus mejillas se sonrojan de felicidad apenas su paladar disfruta el dulce.
Casi le hace olvidar que su jefe sea un idiota por no notar que le ha estado dejando ver a propósito sus ligas.
Pero si eso ni el coqueteo descarado a Bazz funciona, significa eso que no está tan interesado como ella pensaba, ¿No? ¿O en realidad es demasiado ético?
—¿Orihime?
—¿Eh? — Regresa su atención al celular. — Lo siento Sora, ¿Decías?
—Te preguntaba si venías directo a casa o darías una vuelta por ahí.
—Oooh… creo que me voy a casa y apaciguar mis penas con helado y una estúpida película de romance.
—Déjame adivinar… ¿Penas por falta de sexo?
—Falta de sexo decente. — Corrige cruzando su pierna y come otro pedazo de torta. — Mi vagina arde en necesidad de eso.
—Eso último no necesitaba saberlo. — Oye la risa de su hermana y suelta un bufido. — Va a venir Harribel.
—Pues escuchare las películas con los cascos puestos y así no sufro de envidia porque ella tendrá buen sexo y yo no. — Lo escucha reprochar. — Vale, vale… si quieres, paso la noche fuera.
—No lo decía para echarte de la casa.
—Lo sé, pero no me importa… quizás vaya a la casa de Tatsuki o a la de alguien.
—Si vas a la casa de ese alguien, quiero dirección y todo. No vaya a ser un raro.
—No te preocupes, te mantendré informado. — Cuelga.
Se termina lo que le queda de la torta y se toma el café hasta la mitad. Ya se lo terminaría luego. Retoca sus labios un poco y vuelve a trabajar.
Mas o menos una hora después escucha el teléfono de su escritorio sonar, presiona el botón rojo y escucha la sexy y varonil voz de su jefe pedirle los documentos del proyecto Crucero. Que quería verlos antes de la reunión que tiene esa tarde antes de terminar la jornada laboral.
—En seguida, Kurosaki-sama. — Corta la llamada y se pone en pie con el IPad.
Va a la impresora que tiene al lado de un mueble en donde guarda los archivos importantes. No lo deja en su escritorio por dos motivos: le quita espacio para trabajar y la acción de pararse y caminar ese tramo le brinda un poco de ejercicio a los "días calmados". Revisa en el IPad lo último que hay hasta ahora del proyecto Crucero y los deja imprimiendo mientras busca en el mueble el archivador por si quiere echar un vistazo al "pasado" por si algo no concuerda.
Por un segundo echa un vistazo a su celular descansar en el escritorio y toma la decisión de llamar a Bazz por si quería una "acción rápida" en algún hotel. Sin compromiso obviamente.
Los compromisos son aburridos.
Carga como si fuera una caja el archivador, con los papeles recién impresos encima y también el IPad, para mantener los papeles quietos sobre el archivador, y camina hacia la puerta que da a la oficina de su jefe. La puerta se abre por sí mismo y sale Ichigo tomando el control de la carga luego de murmurar un "permíteme", ignorando la queja con que ella podía.
—¿Esto es la última actualización? — Pregunta una vez deja el archivador sobre la mesa y agarrando lo recién impreso.
—Sí señor, junto con las cotizaciones de lo que van a necesitar ahora para el proyecto.
—Construir un crucero no es sencillo al parecer. — Suspira agotado.
—¿Quiere café o algo más fuerte? — Queriendo darle un poco de apoyo.
—Creo que la cafeína me salvara la vida.
Sonriendo su secretaria inclina la cabeza y camina a la cafetera personal de Ichigo. Él puede jurar que está moviendo la cadera a posta para que esa falda escocesa enseñe un poco de los ligueros.
Con mucha fuerza mental regresa la vista a los papeles, tratando de no prestar atención al bajo y suave tarareo de Orihime.
Parece que hasta ahora la construcción del Crucero va sobre ruedas. Si todo sigue viento en popa, para el verano del otro año el estreno del primero Crucero de la empresa marchara diez de diez.
—Su café Kurosaki-sama. — Escucha su voz a su derecha.
—Gracias Inoue.
Ella se inclina para dejarle el café en la mesa. Presiona su lápiz con fuerza por el golpe de ese perfume exótico que lo vuelve loco.
De verdad se está esforzando por no cometer una estupidez ni asustarla pero todo se va a la mierda en el instante que su nariz accidentalmente y bastante superficial tiene contacto con la piel de aquel blanco y fino cuello de Inoue Orihime y sus fosas nasales se invaden del aroma fresco y erótico de su secretaria.
—Ya está. — Recta nuevamente. — Disfrute su café.
—A la mierda. — Gruñe molesto mientras se pone en pie.
—¿Kurosaki-sama?— Sin entender su actitud tan abrupta.
Ichigo la agarra de las mejillas con las dos manos y devora su boca.
Sin delicadeza. Solo rudeza y exigencia.
Pero lejos de asustarla, cosa que temía, ella gime de placer e igual de ansiosa mientras le rodea la cadera con sus brazos femeninos.
Sin saber que por dentro ella piensa al fin.
Orihime gime por la mordedura en sus labios y le permite el acceso a su boca, a su lengua que baila con la de Ichigo. Siente las manos de él amasando su trasero, apegándola más a su cuerpo si eso era posible.
La falta de aire los obliga a separarse, solo unos milímetros pero suficientes para que Ichigo lea en los ojos de Orihime su deseo, su lujuria… la lujuria de que la folle con ganas y ni se atreva a decepcionarla o las consecuencias iban a ser feas.
Le iba a enseñar a no cuestionarlo.
De nuevo se besan y ahora con las manos inquietas, quitando toda la prenda disponible a la vista, que no les permite sentir la piel del otro. No fue mucha ya que Ichigo se negaba a quitarle las medias o las ligueras… y ni hablar de la lencería.
Maldita sea esa lencería.
Sexy, de color azul rey; el sostén y las bragas eran de un hermoso encaje ligeramente transparente, la mezcla perfecta entre bonito y sensual; ambas prendas eran exactamente iguales, cubrían levemente la entrada de su vagina y pezones; un par de listones sobresalen de su sostén y bragas, dando la sensación de ser un cordel que adornaba parte de su abdomen y pechos.
Al menos ha sido satisfactorio el cómo ella se muerde el labio por como el bóxer le marca bien su erecto pene mientras la mano, la misma mano que le entrega su café o escribe a máxima velocidad sus peticiones, se mete dentro de la tela para domar a la bestia.
Orihime lo escucha gruñir en respuesta y, demasiado rápido para sus reflejos, ha terminado recostada boca abajo en el escritorio de su jefe, sus senos rozando los papeles que ha impreso hace… ¿Diez minutos? ¿Quince? Y sus ojos captan que el archivador y varias cosas más habían caído. Entonces su trasero está siendo suavemente acariciado y mira a Ichigo por arriba del hombro.
Se excita verlo tan serio como en esos momentos que castiga a un idiota por haber cometido un error o se enfrenta a otros tiburones como él en los negocios.
—Inoue-san, eres una sucia. — Le agarra con fuerza una nalga y ella gime. — ¿Cómo osas de esa manera agarrar la polla de tu jefe sin permiso?
—Lo… — Se calla porque Ichigo le ha dado una fuerte nalgada que la hace chillar. — Lo siento…
Él no responde, continua con el castigo de las nalgadas. Primero le daba a la derecha, dejándolo lo más rojo que se podía ver a través de la braga, luego continua con el izquierdo, disfrutando los chillidos de Orihime, cómo se le escapa un "sí" o un "más por favor" y que no se atreva a despegar su mirada de la de él. Iba a asegurarse que le duela sentarse en días y piense en él.
Teniendo suficiente desahogo, Ichigo le baja las bragas hasta las rodillas y su lengua toma el camino de vuelta, sin importarle las medias, jugando con el liguero y enterrando su cara en el culo. Su lengua acaricia lo que está a su paso y obtiene los gemidos de su secretaria como premio.
Sigue así hasta que consiga que se corra.
Las uñas de Orihime acarician sin nada de amabilidad el mueble mientras sus piernas tiemblan como el flan. Por los dioses, esto es mucho mejor de lo que se había imaginado y solo está usando la lengua.
Siente el cuerpo de su jefe apegarse al propio, dejándola atrapada entre él y el escritorio como el queso en el pan. Y el roce del pene en su entrada es lo que le provocar gemir.
—Tienes que pedirme permiso. — La voz de su jefe se ha vuelto tan ronca y demandante que presiona sus piernas inconscientemente. — Tienes que suplicar.
—Oh Dios… — Susurra desesperada por tener los hilos de sus pensamientos aferrados que ahora mismo no puede pensar en otra cosa que no sea sexo. — Puedo… ¿Puedo tener su pene en mi coño, por favor? Oh, por favor…
Abre su boca todo lo que puede en cuando el pene se mete de una estocada en su vagina.
—¡Kurosaki-sama! — Se arquea un poco a causa de seguir prisionera.
Tan grande.
Tan invasivo.
Cierra los ojos y le caen unas lágrimas.
Si antes le costaba tener algún pensamiento coherente, ahora mucho menos.
Exceptuando el nombre de su jefe. Él es lo único en lo que puede pensar ahora.
Las manos de Ichigo se apoyan en el borde del escritorio, sus dientes muerden el cuello de Orihime y sus caderas empiezan a moverse, embistiéndola sin misericordia. Su castigo por torturarlo, su castigo por andar ligando con sus socios, su castigo por todas las veces que se ha tenido que masturbar en el baño.
Ahora iba a meter todo su semen en esa perfecta y apretada vagina hasta preñarla.
—Inoue… Inoue, joder… me estás succionando…
Le sostiene el mentón para levantarle el rostro y besarla. Si sus mentes no tienen control, sus cuerpos sí, guiándose por sus instintos primitivos que han ansiado al otro desde que se unieron sus vidas. Se prueba con sus besos, sus lenguas, la sincronía de sus caderas y el hambre de sus sexos.
Inconscientemente Orihime le muerde el labio una vez se corre e Ichigo gruñe por la forma en cómo le aprisiona las paredes vaginales su polla.
No.
Aun no debe correrse.
La ayuda en levantarse y, mientras se besan nuevamente, sus manos le arrancan el sostén y por fin tiene la vista de sus pezones. Los sostiene al mismo tiempo, más cuidadoso a comparación de cómo trató el culo de su secretaria. Maldita sea, son más grandes y blandos como se los imagino.
—Kurosaki-sama… — Gime ella, llamando su atención. — Si no se decide, lo haré yo. — Promete volviendo a tocar su polla a punto de explotar.
La sola idea de imaginarse esos labios sabrosos alrededor de su pene…
Mierda.
Ella sonríe, maliciosa, como si supiera en lo que está pensando. Quizás por ser demasiado obvio o por ya llevar un tiempo intuyendo lo que necesita cuando está enojado o trabajando. Al ver que no iba a comentar algo, lo toma como una iniciativa y lo sienta en su asiento de cuero en un empujón leve. Apoya su rodilla derecha sobre la pierna del hombre y se inclina para besarlo.
Luego está besando su polla y se le escapa un gruñido bastante parecido al de un león. Sus manos se enredan en el pelo de Orihime, quien ahora de rodillas en el suelo se mete el pene de Ichigo todo lo que su boca y garganta le permite mientras una mano juega con sus bolas. Ha perdido la cuenta de las veces que se la ha imaginado exactamente en esa posición en su oficina, dándole una mamada. Su lengua recorre todo el contorno y vuelve a metérselo en la boca, gimiendo por la forma que él le ha agarrado el cabello, tomando ahora el volante y presionando la velocidad.
Sorprendentemente el semen es liberado, invadiendo la boca de Orihime, quien lejos de desagradarle, lo recibe a gusto y se lo traga, lamiéndose los labios en busca de lo que pudo quedar.
Hinamori está nerviosa.
Los clientes de Kurosaki-sama han llegado hace cinco minutos y no puede dejarlos subir hasta tener la aprobación del hombre.
Pero ha llamado a Orihime tres veces y no ha respondido.
Si eso pasa debe llamar al jefe de inmediato, pero honestamente no le gusta la idea porque el hombre es tan… tosco a la hora de hablarle. Sin embargo no le queda de otra y ahí está, llamando a la línea directa de Kurosaki Ichigo.
—Diga. — Hinamori pega un brinco de miedo por el gruñido de Ichigo, se le oye bastante molesto de que lo estén llamando.
—Bu-buenas tardes, Kurosaki-sama. Hinamori Momo de Recepción. — Se da un golpe en la frente por la tontería que ha dicho. — Han llegado lo de su reunión de las siete y media… lamento llamarlo a usted en vez de a Ori-… quiero decir, Inoue-san, pero…
—Mierda. — Él la calla. Ha sonado rudo pero en realidad es que se debe a que no ha sido consciente del tiempo desde que ha tenido el valor de besar a Orihime. — Inoue está en el baño. Diles que suban.
Cuelga sin esperar una respuesta.
Sin haber perdido la sincronía de las embestidas al coño de su secretaria.
Mientras una mano estuvo ocupada con el teléfono, la otra mantiene firma la pierna de Orihime en su hombro. Ella se encuentra de espaldas sobre el escritorio, sujetando sus senos por las fuertes penetraciones y no deja de repetir el nombre de su jefe, sus ojos hermosos clavados en los de él y sin ser consciente de la llamada que han hecho o que dentro de unos cinco minutos llegarían invitados no deseados.
Han pasado casi tres horas follando.
Y aun no es suficiente.
Se inclina a besarla y los sexos de ambos explotan en otro orgasmo. Ninguno recuerda cuantas veces se han corrido ya, pero si saben que han dejado un desastre.
—Kurosaki-sama… — Maúlla luego de haber bajado su alma del cielo por millonésima vez. — Más…
—Luego. — El ego se le ha inflamado por ello. — Han llegado los de la junta.
—¿Junta? — Tarda segundos en que sus sentidos estén todos alerta. — Oh mierda…
—Ve a mi baño. Rápido.
Ella tarda un poco en obedecerlo porque el cuerpo es lento en reaccionar luego de todo ese tiempo siendo por fin feliz sexualmente hablando. Agarra su ropa, los zapatos y parte al baño desnuda a excepción de sus fluidos y semen en sus piernas.
—Ya era hora.
Ichigo alza la vista apenas oye la voz de su secretaria, quien venía de despedir a los clientes. No luce para nada que haya tenido sexo tras media hora en el baño con una ducha rápida y un secador de pelo en el baño. Ni siquiera un tembleque.
Él cree que se refería a la partida de ellos hasta que ella vuelve a hablar.
—Honestamente, estaba a punto de venir a trabajar solo en lencería.
Eso lo desconcierta.
—¿Qué? ¿Has estado tratando de seducirme? — La ve asentir, como si fuera algo obvio… y ahora que lo mira en retrospectiva, tiene razón. — ¿Por qué simplemente no lo dijiste?
—No podía perder mi trabajo si me rechazabas. — Explica mientras se encoge de hombros. Sonríe maliciosa, algo nuevo en ella para él. — Ni perder la buena vista.
—Tienes razón. — Toma su mano, un gesto de darle permiso a que se siente a horcajadas sobre él. — Posiblemente te habría despedido… por la paz de mi pene.
—¿Ves? Por desgracia tú debías dar el primer paso. — Reprocha en un puchero mientras sus manos le desabotona el botón de arriba. — Para ser alguien acostumbrado a las mujeres en su cama todos los días, no ha sido listo con las señales.
—Si me sigues insinuando de esta manera, no te dejare volver a tu casa y no pienso darle a tu hermano explicaciones. — Dice por la forma en cómo Orihime se vuelve a quitar el suéter.
—Oh, no hay problema. — Sonríe con una fingida inocencia. — No tengo casa está noche… ¿Me da alojo o debo pedirle a otro?
FIN
