Ver con otros ojos

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Nuevo techo, nuevo piso

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Su cuerpo estaba acostado sobre algo blando.

Había un pitido rítmico en algún lugar, y el aire olía a una mezcla de desinfectante y medicamento, que sólo se encuentran en sitios de azulejos blancos o celeste verdoso. Colores pálidos o pastel, desde el suelo hasta el techo. Un techo que le era desconocido.

Levantó una mano y le pareció extraña, recortada en color contra el techo blanco, hasta que los recuerdos volvieron de golpe.

Kamino.

Un trineo montado por una panda de idiotas, y la mano de Kirishima extendiéndose.

La batalla que había terminado con una era.

Y él era parte indispensable de todo eso.

Se tapó los ojos con la mano, espiando entre sus dedos. Tantas cosas nuevas juntas, tan grandes, abrumarían a cualquiera. Más a alguien que aún no había tomado siquiera el examen provisional de héroes.

El cambio de la guarida claustrofóbica y oscura de la Liga de Villanos a este lugar era enorme.

Y lo llenaba de tranquilidad.

Su cuerpo aún reclamaba descanso, y él no se lo negó.

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En los días siguientes, en los momentos es que recobraba la conciencia, le pareció captar reclamos de gente con la voz ampliada, como por micrófonos. Una voz chillona y furiosa que le reclamaba ser tan débil como para que le secuestrasen. Enfermeras y doctoras atendiéndolo y comprobando su estado de salud. Durmió como nunca, sabiendo que, cuando saliese de allí, el mundo habría cambiado.

Él había cambiado.

-Bakugo Katsuki- dijo la doctora, cuando al fin pudo sentarse sin ayuda y le dijo a la enfermera que podía ir al baño por su cuenta -Está usted en buena salud. Las heridas fueron leves y ya han sanado.

-¿Ya se fue la prensa?- preguntó, con una voz que sonaba rara a sus oídos -¿O siguen ahí, esperando?

-Siguen allí, siempre- suspiró la doctora. Tenía cuatro brazos -Pero hay un coche con vidrios polarizados esperándote para llevarte a tu casa. Lo ideal sería salir en horas de la madrugada.

-Ah- dijo. Le daba la impresión de estar en un escenario, y que el público esperaba, conteniendo el aliento -¿Quién vino a verme?

-Tu madre y tu padre, un par de compañeros de Yuuei, una periodista que intentó infiltrarse disfrazándose de enfermera pero la detectamos antes que llegase a este piso. Y profesores de tu escuela.

-Oh- dijo, probando su voz. Sonaba extraña a sus oídos -¿Es normal el... la desorientación?

-Va a estar así por unos días. Y ha habido cambios en tu escuela, por lo que pasó. Hicieron dormitorios para todas las clases.

-¿Tienen mi teléfono? Si es que no quedó destruido.

Shigaraki lo había tomado y destruido, pero habían pasado tantas cosas en esos días, que quizás hubiera sido un mal sueño en vez de la realidad.

-No encontramos ningún teléfono, pero hay uno de acceso público en el pasillo. O puedo llamar a alguien si quieres.

-Hay un número- dijo, recordando algo -Por favor llame y dígale que quiero ir directo a los dormitorios.

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Sus ojeras parecían haber crecido al doble de antes.

-Bakugo.

-Hola, sensei- dijo, con la voz saliéndole con algo de dificultad. No sentía el impulso de sonreír.

Por unos segundos, se miraron, y el silencio colgó del techo claro como una tela liviana.

-Me dijeron que construyeron dormitorios en Yuuei.

-Cementoss se ocupó de eso. Es una de las medidas que hemos tomado para mejorar la seguridad.

-Quisiera ir allá directamente.

El adulto pestañeó, y el otro continuó.

-Mamá es... una mujer de opiniones fuertes. Hablar con ella requiere cosas que ahora no tengo, como paciencia y esquivar golpes.

-Uno de los requisitos legales es que tus padres den su permiso para la transferencia.

Sintió que un dolor empezaba a florecer en su cabeza, e hizo una mueca.

-¿Es indispensable que vaya físicamente?

-Si necesitas cosas específicas, sí. Y puede que algunos objetos personales.

-Y documentos.

Otro silencio, a la espera.

-Sensei- se llevó las manos a la cara y respiró hondo, luego las bajó -Ya no puedo vivir como antes porque ya no soy el de antes- dijo, y no esquivó la mirada cansada -No es... es estéril. Es como haberme puesto anteojos o un par de ojo nuevos. Unos que funcionan como deberían. Y ella de seguro va a actuar como antes. Si no puedo ir directo a los dormitorios... ¿podría acompañarme alguien? ¿Algún adulto en buenas condiciones de salud?

Lo comprendía, lo vio en su mirada y en cómo cambió la postura.

-Puedo acompañarte si así lo deseas- dijo, al fin.

-Sí, por favor. Cuanto antes termine con eso, mejor.

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-No salió tan mal- dijo, cuando estaban de vuelta en el auto y los chillidos indignados de su madre ya no se oían.

Aizawa no dijo nada y apretó algo más fuerte el volante.

-Me sirvió para usar mi don con más facilidad. Con mis oídos acostumbrados a su voz, las explosiones son cosa fácil. Al menos, puedo controlarlas.

El aire pesaba a su alrededor, pero para él era mucho más liviano, como el agua que fluía.

-No tienes por qué volver- dijo al fin -Cuando cumplas dieciséis y obtengas tu licencia provisional de héroe, podrías comenzar una pasantía rentada.

Sonrió, una sonrisa que ese rostro no estaba acostumbrado a mostrar.

-Eso sería genial, sensei- dijo, y el agradecimiento de su voz era genuino.

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Se sentía extraño.

Recordaba haber entrado por esas puertas muchas veces, tanto de entrada como de salida, pero después de todo lo que había pasado, el mundo lucía diferente y, a la vez, exactamente el mismo. Había variado el cristal con el que lo miraba. La postura con la que veía la vida, esta vida, y a quienes lo rodeaban ahora.

Por memoria muscular, el ceño fruncido y la expresión de desdén, de enojo, estaban por defecto. Su cuerpo aún no terminaba de acusar el golpe, pero él sí. Su mente aún era una mezcla de recuerdos, y el ver el nuevo edificio, el de los dormitorios, no ayudaba para nada.

Respiró hondo.

-Ya ha pasado lo peor- llegó hacia él la voz de Aizawa.

-Sí- dijo, y sonrió, cansado.

El aire olía a verano.

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En esos momentos, luego que Aizawa lo dejase en la sala común y antes que llegase el resto de la clase, se permitió relajarse un poco.

"Ya ha pasado lo peor" sonrió.

Dudaba que fuera cierto, porque sabía que lo que vendría iba a tener lo suyo. A él le gustaban los desafíos: iba a superarlos, aunque no fuera de la forma en que, por lo general, lo hacía. Era un chico listo, después de todo, iba a poder adaptarse. Ser más sincero en algunas cosas. Dejar de reprimir ciertos sentimientos. Dejarlos florecer. Dejarlos prosperar en esas tierras fértiles. Y allí, bajo ese techo, se alojaba alguien que le provocaba muchos, muy intensos, más ahora que había pasado... lo de Kamino.

Era algo demasiado nuevo.

En un momento, el mundo estaba mirando a All For One y a All Migth darse puñetazos que partían la tierra y, luego, cuando el villano fue derrotado, él despertaba en el hospital. Casi enseguida. O, al menos, casi enseguida desde su perspectiva. La tensión acumulada, al aflojarse, causa cosas así. Y eso... lo que había pasado... ponía mucho en perspectiva.

Su mente aún no estaba del todo clara.

Por eso, lo mejor era mover el cuerpo y relajarse de otra manera. Y lo más púdico que podía hacer ahora era algo que ese cuerpo conocía bien.

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La memoria muscular al cocinar era una de las cosas que más le gustaban.

Era una de las cosas que más le gustaba hacer, al punto de casi relajarse. Pero nunca obtenía ningún elogio de parte de su madre, o de su padre, y el poder demostrar sus talentos en los dormitorios era otra cosa. Donde no le gritaban y nadie pensaría siquiera en pegarle.

Mientras el repollo blanco desaparecía en una pila de juliana, la olla burbujeaba y dejaba escapar un aroma a verduras. La arrocera estaba haciendo su trabajo y él sabía, por instinto, cuánto tiempo debía pasar para que estuviese esponjoso y no se secase.

-Ey, eso huele bien- escuchó la voz de Kirishima (Eijiro) a un lado -Sabía que eras tú.

-Por supuesto- dijo, dejando que el halago le acariciase el ego -Después de todo, soy el que mejor cocina en esta clase.

-Eh, nadie te lo discute- Sero (Hanta) venía detrás -Pero, ya sabes, para saber si no has perdido el toque...

-Sero.

-Sabes, si tanto te gusta mi cocina, puedes decirlo. Si no- echó el repollo a la olla con el resto de las verduras, la tapó y encendió la hornalla -uno podría pensar que tienes otras intenciones.

-Eh, es bueno saber que tienes otros talentos además del más llamativo.

-Sí, sí- la voz a veces iba demasiado alto, demasiado dura, y se detenía por un segundo para ajustarla a su gusto. Como ahora.

-¿Katsuki?

-No es nada, Eijiro, sólo...- hizo una pausa, intentando encontrar las palabras adecuadas -ha pasado demasiado, y a veces cuesta recobrar el equilibrio. Porque cambiaron muchas cosas, y hay... cosas... que ya no funcionan.

-Oh, sí- dijo el pelirrojo (se sabía hasta su marca y número de tintura de memoria, había ido a por ella un par de veces) -Como un boxeador que cambia de postura.

-¿Tantas ganas tienes que vuelva a patearte el trasero?- la mirada era de desafío, la voz algo de burla y algo de invitación a un encuentro posterior. Era ideal para probar sus habilidades, sin consecuencias graves.

-Siempre- dijo, cerrando un puño y endureciéndolo.

-¿Y para quién es...?

-Sero, si tocas eso te corto la mano.

Hanta se detuvo, a medio camino del cerdo empanado burbujeando alegremente en la sartén.

-No lo dirás...

-¿Dudas de mi habilidad con el cuchillo? Bien, así está mejor. Si lo intentas de nuevo, no cocinaré ramen nunca más.

La amenaza fue suficiente para que Sero se retirase, con las manos en alto, diciendo que se rendía, que se iba, que no era necesario echar mano a semejante cosa.

-¿Katsuki- la voz dudosa de Kirishima sonaba preocupada -¿Estás...

-No estoy bien. Pero nadie lo está después de lo de Kamino- dijo, sin sacarle ojo al cerdo. La arrocera llegó al fin de su ciclo y fue a por un bol del tamaño adecuado -Pero no vale de nada lamentarse, ¿no? Es más masculino el asumir lo que pasó, aunque me tome algo de tiempo. Y hay cosas... No puede ser como antes, Eijiro- lo miró, y el pelirrojo, preocupado, lo escuchaba -Tengo que ser mejor hombre que ese que atraparon. Quizás llegue a ser tan bueno como ese que creyeron rescatar.

-¡Eres muy masculino y muy bueno, Katsuki!- daba la impresión de ser un perro shiba cuando se ponía así, no le costaba imaginar una cola peluda moviéndose de lado a lado al final de su espalda -Y si necesitas alguien con quien hablar...

-Hay mucha gente con la que necesito hablar, pero hay alguien en específico que lo requiere más- retiró el cerdo de la sartén, lo puso sobre papel absorbente, llenó un bol de arroz y supo que los diez minutos bastarían para que llegase el resto de la gente.

Los trozos de carne no deben de cortarse recién cocinados, sino esperar diez minutos a que se asienten. Así, los jugos internos se distribuyen de forma más o menos uniforme, en vez de escapar por los cortes y dejar un pedazo de carne más seco y menos sabroso. En los minutos siguientes, llegaron el resto de la clase, y les dijo que la cena estaba lista y que esa noche merecían disfrutar del privilegio de una de sus comidas. Nadie protestó. Varias manos ayudaron a llevar todo menos los platos, y cuando vio que llegaba él, se detuvo por un par de segundos e intentó no mirarlo.

-¿Katchan?

-H-hola... Midoriya- dijo, casi como en un suspiro, apenas animándose a verlo.

Su sonrisa podía rivalizar con la de Kirishima.

-¿Cómo están tus brazos?

-Mucho mejor ahora, aunque Recovery Girl me dijo que no fuese tan irresponsable, que no me curaría de nuevo si me rompía tan fácil.

Una irritación nueva, desconocida en sus memorias, surgió en su interior, y apenas consiguió evitar que se mostrase en su rostro.

-Toma, entonces- dijo, y le pasó el bol con arroz y el cerdo empanado.

-¡Oh, genial, gracias!

-Y escúchame bien- le dijo, señalándolo con un dedo. El otro muchacho lo miró, sin entender -Más te vale que te alimentes bien, y si es necesario yo voy a tomar cartas en el asunto, ¿entendido?

-S-sí Katchan.

-Bien. Ahora ve para allá que ya voy yo.

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"Cocinar es un acto de amor".

Lo había oído hacía mucho tiempo, no recordaba dónde, pero se le había quedado grabado a fuego en la memoria. Cocinar era, también, una forma de demostrar tus habilidades, de forma no agresiva y hasta conciliadora. Una verdad universal es que, fueras donde fueras, te recibían mejor si llevabas comida. Y, si preparabas algo en específico para alguien...

Kirishima lo miraba de tanto en tanto y sonreía.

La conversación evitaba el elefante en la habitación, y a él no le importaba en lo más mínimo que omitiesen lo que Kamino. Le aliviaba, incluso. El fluir de la historia retornaba a su sitio, sin nada más que mereciese su atención. El malo estaba encerrado y él había sido rescatado... y dudaba que Shigaraki apareciese pronto. Y aquí, en esa sala común, lo que no decían con palabras lo decían con gestos, y era el mismo mensaje: qué bueno que sigas aquí.

Eso, hasta que la comida cobró protagonismo.

Entonces, fue un silencio cada vez mayor, que aplastó la incomodidad de no saber qué decir, o el deseo de no decir algo inapropiado. Era algo grande, el volver a ver su compañero secuestrado, y debían digerirlo a su ritmo. Pero él tenía algo que decirles y, cuando vio levantarse al primero, supo que no podía retrasarlo más.

-Tokoyami, espera un momento, por favor.

Un par de ojos en medio de una cabeza emplumada lo miraron, curiosos. Sabía que no eran cercanos, ni siquiera habían intercambiado más que unas pocas palabras desde el inicio del ciclo lectivo, pero esto debía escucharlo toda la clase. Tomó aire y lo dejó ir, reuniendo fuerza.

-Estos últimos días... han pasado muchas cosas- empezó, y hasta Mineta dejó de lado lo que estaba haciendo para escucharlo -Y me di cuenta que... había cosas de mí que no me gustan. Y mi vieja forma de ser... me lleva, a veces por inercia, a perder el equilibrio. Pero quiero ser mejor. No sólo mejor héroe, sino mejor persona. Así que si hago o digo cosas extrañas, o parece que me desoriento... es el nuevo yo, dejando atrás el viejo. Algunas cosas dejan huella, ¿saben?- miró a Kirishima, a Yayorozu, Iida, Todoroki y Midoriya -y quisiera que eso me hiciera alguien mejor.

-¡Por supuesto!- dijo Eijiro -¡Después de todo, somos tus colegas!

-Eh, ¡sí!- tenía un grano de arroz en la cara y sintió el impulso de ir a quitárselo. Había mirado a su alrededor, extrañado, cuando el resto de la clase tenía en las manos ramen y onigiri, mientras que él tenía katsudon. Sólo él.

"La comida es un acto de amor".

Esperaba eso fuese un buen comienzo.

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-Cuando terminen, saben cómo es el procedimiento- Iida movía las manos como si fuese un robot. Para demostrar lo que quería decir, se levantó con su tazón y su vaso -Levantamos la mesa, si sobró comida a los tuppers de cada quien, y luego se coloca la vajilla a lavar- dijo, abriendo el lavavajillas y colocando la suya donde correspondía -Quien venga al último, las enciende en el ciclo corto, que en un par de horas vamos a estar durmiendo.

-Ya oyeron al jefe de clase- dijo Bakugo, haciendo caso como buen y obediente muchacho. La mirada algo confundida de Iida lo hizo sonreír más -Y yo cociné así que yo limpio ollas y sartenes. Y arrocera, sí, me acuerdo- agregó, cuando vio que un rostro con anteojos lo miraba, como para decirle algo -Los utensilios como cucharas de madera y cuchillas van al aparato, eso vale, no temas, aprendí la lección, eres bueno dando el ejemplo a seguir. Hace que lo recordemos- le sonrió, y por unos momentos pareció que Iida parecía avergonzado, con esa sonrisa que le había visto cuando habían elogiado su desempeño como villano en el primer ejercicio.

Mientras iba lavando lo que le correspondía, hubo un ir y venir de gente, y esperó a que llegase una cabeza de cabellos verdes y alborotados.

-Midoriya- dijo, sin mirarlo.

-Eh, ¿sí?- voz algo temblorosa, lenguaje corporal inseguro.

-Luego quisiera hablar contigo de algo. ¿Estaría bien en tu habitación, en unos diez minutos?

-Eh... sí.

Casi lo hizo sonreír.

-Nos vemos luego, entonces.

Cuando de él sólo quedaba el recuerdo, y Mineta puso en ciclo corto el lavavajillas, colocó el wok a secar y fue hacia una puerta en concreto.

Se había memorizado el plano.

Sintiendo que estaba dando otro paso en su nuevo camino, llamó a la puerta.

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No recordaba si alguna vez había estado en esa posición.

-Katchan... - la dudosa voz de Midoriya, a un metro de distancia y metro y medio más arriba, llegó hasta él.

-Fui horrible contigo- empezó, y le costaba que las palabras saliesen de su garganta -Hice y dije cosas más dignas de un villano que de un héroe, y te causé mucho daño- silencio, nada de movimiento -No sabes... no sabes lo feliz y aliviado que estoy que no hayas saltado, cuando arruiné tu último cuaderno de estudios.

-Kat... - la voz dudaba.

-Quizás no sea digno de llamarme aspirante a héroe, pero si... quiero compensar lo malo que he hecho, y tú eres quien peor la pasó por mi culpa. No sé cómo podré disculparme y enmendarlo, pero si es necesario, dejaré Yuuei.

-¡No!- la voz ahora era segura -¡Eres uno de los mejores candidatos a héroe que existe!

-Un héroe- se levantó, despacio, de su posición postrada, hasta apoyarse sobre sus brazos, sentado sobre sus talones -no es un acosador, ni abusa de su poder, ni insta al resto a que lo haga. Y sé que eso fue parte de lo que hizo que... me llevasen- eran palabras extrañas, como si fuesen de otro planeta. Una cultura tan diferente que bien podrían haber sido la de dos siglos distintos -Ese Katsuki quedó atrás. Y espero... espero poder demostrártelo hasta reparar lo que te hice. Aunque... parezca raro, aunque no lo veas ahora... estuve mal, Midoriya- el usar su apellido y no "Deku" era algo nuevo para los dos. Lo notó en la dificultad de hacerlo natural, y en la expresión del otro muchacho.

-Katsuki...

-Estoy tan feliz que estés aquí. Él no podría haber elegido a un mejor candidato para heredar su legado. Para heredar su don.

Esas palabras sabían amargas, pero era necesario. No podía seguir si no aclaraba ese punto. Los ojos verdes lo miraron con asombro, y algo del nerviosismo que le era tan familiar volvió a él. Balbuceó un par de veces, y él bajó la vista, hasta que alguien se arrodilló a su lado.

-No hay... nada malo en querer mejorar- empezó, algo torpe -Si eso es lo que quieres... te ayudaré.

-¿Siempre eres tan bueno, incluso con el corazón sangrando?- se le humedecieron los ojos. Se pasó una mano por su piel lisa, llevándose algo de la humedad que le rebalsaba.

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Las granadas se sentían raras ahora.

Eran las de alguien que quería intimidar, sí, pero a veces no es del todo práctico demostrar todo de lo que eras capaz a primera vista. Más si estabas frente a villanos... que podían ver qué otras utilidades tenían tus poderes. ¿Cuán útil sería el tenerlo en un sauna, transpirando, por el resto de su vida? ¿Cuánto daño podía causar una explosión a la cara?

Midnigth hablaba sobre ataques especiales, con nombres, y la pregunta salió sola. Casi.

-¿Eso no lleva a una escalada?

Midnigth lo miró, extrañada.

-¿Bakugo?- preguntó, con una ceja levantada.

-Miren, sé que soy uno de los que menos debería decirlo- empezó, sintiendo que algo brotaba de su interior con calidez y recuerdos lejanos -por mi don y todo eso, pero si nos concentramos en combatir violencia con violencia, ¿no va a hacer que eso escale? ¿Qué pasa si, en vez de usar un ataque, duermo a los villanos? ¿O los confundo? ¿O los convenzo, creo que Shinsho Hitoshi es ideal para esto, que dejen de hacer daño, aunque sea por ese encuentro? ¿O los incapacito? Es decir, si sólo valiese quién puede pelear mejor, en el festival habría sólo peleas y nada más, pero el ser héroe no significa ser el que pega más fuerte, ¿no?

-Lo que desarrollen hoy- Ectoplasma rompió el silencio -no tiene por qué ser un ataque. Como bien hizo notar Bakugo, no siempre puede ser preferible el combate, pero lamentablemente, es lo que más se evalúa. Muchos villanos, o criminales, no dudarán en atacar primero, o dañar a terceras personas. Deben tener en cuenta que no son sólo sus vidas, sino la de la gente en los alrededores, la que está en juego. Lo ideal es que nunca tengan que usar sus ataques especiales, pero si tienen que usarlos, que los sepan bien. Cuando tengan la práctica suficiente, podrán elegir qué camino tomar, si el del ataque o el de otros métodos alternativos. Por ejemplo, podrías usar una explosión, o crear una pantalla de humo, con tu don, Bakugo. No se cierren en un sólo aspecto del mismo. La creatividad, el pensar rápido, la práctica, pueden ser factores claves en determinar si ustedes, y quienes dependen de su victoria, viven o mueren.

-Lo del campamento de verano fue una introducción- Aizawa tomó la palabra -Parte del proceso para crear esas técnicas. Durante los diez días que quedan, van a entrenar de forma intensiva, para darle forma a sus ataques especiales.

Izuku, ante el entusiasmo del resto de la clase, parecía preocupado, observando sus puños.

-Ey- una mano se posó en su hombro, y al girar la cabeza, vio una máscara negra y una explosión de cabello rubio -Si yo puedo encontrar una manera con hacer explosiones, tú puedes con lo que tienes. Sólo tienes que mirarlo desde otro ángulo.

-¿Ángulo?

-Sí. Hasta ahora, has intentado seguir sus pasos, pero tú no eres él. Tú eres tú, y puedes tener su base, pero los tiempos han cambiado. Tú tienes otras cartas, en otra mesa, con algunas reglas diferentes. No eres una continuación de él. Eres el inicio de tu camino.

Izuku se miró las manos, dudando.

-Mis brazos... son una bomba de tiempo.

-Pues usa tu cabeza, en eso eres mejor que la mayoría de la clase- había irritación en su voz, y su rostro fue hacia esa expresión irritada que tan bien conocía -O tus pies, que nos va a caer algo cuando empiece a hacer explotar cosas- sonrió, y la expresión fue a la conocida de relamerse del gusto.

-¿Pies?

-Y si entrenas lo suficiente, esas piernas podrían incluso sostenerte, si rodean mi cintura. O al revés.

Izuku lo miró, sin entender.

Katsuki se tapó la boca y miró para otro lado.

-¿Qué?

-Creo que voy a ir por allá. Usa la cabeza o las piernas o los pies o la cintura o lo que sea- dijo, rápido y sin mirarlo.

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Se le había escapado.

No, no se le había escapado, quería decírselo aunque no fuera ese el plan. Después de todo lo que había vivido, sabía que el vivir dos veces era casi un milagro, y no pensaba dejarlo pasar. Aunque quizás debería reducir la velocidad un poco. Si él no reaccionaba, entonces probaría otra cosa. Quizás Kirishima fuere más receptivo a sus avances. Aunque Midoriya era Midoriya, y por toda su historia, por todo lo que lo unía a All Migth, quería apuntarle a él primero. Lucia más suave de abrazar, incluso.

Empezó con una pantalla de humo, con muchas explosiones de baja intensidad. Servía su propósito, sí, pero hacía demasiado ruido. Debía encontrar el punto mínimo en el que podía crear explosiones, sin que causasen vibración o sonido notable al común de la gente. Le tomó un par de horas acostumbrarse a esa intensidad, a ese movimiento en un cuerpo que le parecía nuevo, como si el encierro con la Liga hubiera dejado atrás más que ciertas ideas suyas.

Ya no era del todo apropiado.

Dio un salto, impulsándose hacia arriba, ganando velocidad. Bala de cañón. Dio un giro en el aire, dejó que las suelas de sus botas golpeasen el techo y el sonido resonó por todo el ambiente. Hubo un segundo se silencio. Supo que lo estaban mirando. Se impulsó, dio un par de giros y se movió de lado a lado, en ángulos diversos, hasta llegar al suelo luego de casi un minuto. Lanzó una explosión a un Ectoplasma que vino corriendo hacia él.

Luego, desapareció en una cortina de humo, fue hacia uno de los escombros que allí había y, sintiendo la transpiración corriendo por su cuerpo, la sangre caliente y la respiración acelerada, sonrió.

Esto era vida.

Aún le faltaba encontrar el equilibrio, pero le gustaba, y haría que funcionase, incluso con sus nuevas circunstancias. Dejó un reguero de nitroglicerina y, pegando la palma al suelo, hizo explotar todo el camino, directo hacia los escombros tras los que se había escondido. La cantidad definía la intensidad. Miró su granada de mano. Podría acumular sudor nuevo y viejo y mantenerlo como reserva. Su piel ya sabía resistir quemaduras y explosiones, y sus articulaciones, más que nada las de sus brazos y hombros, eran más resistentes, más entrenadas.

Concentró su explosión en la palma, para dirigirla hacia una pared que surgió a su lado, y sonrió con la que con más facilidad le llegó. Una explosión antiblindaje. ¿Podría hacer algo similar con balas explosivas? Como una ametralladora. Quizás un lanzallamas. Explosiones para estabilizar caídas, para impulsarse, para bomba de estruendo y aturdir a sus enemigos. O si había suficiente en al aire, hacer explotar toda una habitación.

Se sentía como un niño de jardín de infantes.

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Y, como un niño, a veces era descuidado.

Había dejado un escombro grande en lo alto de una de las columnas, y estaba considerando el lanzarle un látigo de sudor, hacerlo explotar y cortar la columna con pequeñas explosiones continuadas, cuando vio entrar a una figura flaca, demacrada y con un brazo enyesado. Se detuvo por un segundo, más que nada reaccionando con su cuerpo. Era diferente a la última vez que lo recordaba: las ropas que llevaba ahora no estaban rotas, no estaba sangrando ni parecía funcionar a rabia. Quizás por eso lo había evitado todo lo posible, aunque quién podía culparlo, ¿no?

El escombro cayó.

-¡Cuidado, All Migth!- dijo, lanzándose hacia su objetivo, y volviéndolo un montón de pequeñas piedras y polvo. Algo de color verde se movió, tomó a Toshinori y se lo llevó, con una velocidad que lo hizo pensar en Iida -¿Dónde estás?

-A-aquí- dijo, algo tembloroso.

Era casi divertido.

Yagi era más alto que Midoriya, por lo que al estar así, en los brazos de Izuku, parecía un bicho palo con peluca. Y un brazo enyesado. Fue hacia ellos, mientras las preguntas del muchacho llegaban hasta él.

-Sí, sí, estoy bien, joven Midoriya. No, no duele nada, muy buena elección el mantener mi cabeza lo más inmóvil posible, porque recuerdas lo que le pasó a Gwen Stacy en ese cómic.

-¡All Migth! ¿Estás bien?

-Sí, joven Bakugo, sí.

-No debería estar aquí, menos en su estado actual. Es un lugar peligroso. Deje que los profesionales, y los aspirantes, nos ocupemos. No quisiera tener que practicar rescate con... usted a la primera.

Yagi lo miró, y pareció querer decir algo, pero la llegada de Cementoss lo impidió.

-¡Toshinori! ¡No es seguro aquí!

Su expresión cambió y, mientras se llevaba de la mano a Midoriya, sintió una sonrisa nacerle en su interior.

No la dejó ver.

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-¡Pero miren a quién tenemos aquí!

La voz le era vagamente conocida. Miró al muchacho, rubio con un traje con relojes a la cintura, y observó su mirada de superioridad. El muchacho miró sus manos unidas y luego lo miró a él. Bakugo sonrió. El recién llegado pareció ofenderse.

-Llegaste tarde- le dijo Katsuki, y Monoma lo miró, sin moverse, como si...

-De hecho, llegan diez minutos temprano- dijo Aizawa.

Monoma miraba a Katsuki, a Izuku y a sus manos unidas. Izuku bajó la vista, se sonrojó y empezó a balbucear, sin saber bien qué quería decir.

-¿Qué te dije de tu encanto?- le dijo Bakugo -Mira quién está celoso.

-¿Celoso?

-Si quieres, podemos disputarnos esto en el examen para las licencias provisionales- dijo, mirándolo, con las manos en la cintura. Una cintura pequeña. Le gustaba -Después de todo, ¿no eliminan al menos a la mitad de aspirantes?

Monoma se quedó quieto.

-No se hagan ilusiones- Blood King lo miró, y Katsuki inclinó la cabeza, curioso -Porque hemos inscripto la case A y la clase B a distintos sitios para el examen.

Monoma respiró.

-Oh, qué pena. Con las ganas que tenía de barrer el suelo contigo.

-No te preocupes- Katsuki le puso una mano en el hombro -Estoy seguro que podremos enfrentarnos algún día- llevó las manos a ambos lados de su cabeza, y acercó sus frentes, notando que estaban a la misma altura (Monoma tenía zapatos con un par de centímetros extra)-Y, entonces, podremos ver quién hace mejor uso de sus habilidades.

Monoma estaba quieto, mirándolo, con esa media sonrisa socarrona congelada en la cara, y se quedó así hasta que toda la clase A se retiró.

-Monoma- Blood King lo miró, preocupado -¿Te hizo algo?

-Eh, no, por supuesto que no- dijo el muchacho, recuperando el movimiento, el tono y el ánimo -Sólo es raro verlo actuar así. Como si no estuviese a punto de explotar.

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En esos días, tenía pocos momentos a solas.

Entre el entrenamiento intensivo, el cocinar la cena a diario (porque de alguna manera tenía que relajarse, decía, y que su clase no fallase por alimentarse mal, decía, y quién mejor que yo para cocinar y asegurarse que nadie desfalleciese de hambre o mala alimentación, decía), el reconectar con Kirishima y Midoriya, era raro el tener tiempo sin nadie alrededor. Era parte de la vida en los dormitorios, supuso. En la terraza, en medio de una noche de verano estrellada, con pocos sonidos rodeándolo, respiró con gusto y sintió cómo se movía su tórax, dejando atrás una bocanada de aire viejo y haciendo que entrase uno nuevo.

Alguien hacía algo de forma más o menos regular. Golpeando algo. Quizás con los pies.

Era un nuevo comienzo.

Dejar atrás su viejo yo, abrazar su nuevo yo, trabajar para acomodar la nueva versión y...

...¿y ahora qué?

Su camino parecía tan claro antes del secuestro. Tan obvio. Pero ahora, ahora que los ídolos habían caído, que se empezaban a ver las resquebrajaduras en todo, ¿quería seguir como antes? No, las cosas habían cambiado. Endeavour era un monstruo, y el Bakugo Katsuki de antes estaba yendo de cabeza a ser como él. Pero él, ahora, él podía ser mejor que Endeavour. Que All Migth. Que el mismo Deku.

No...

No eran iguales.

Quizás, podría ser el mejor a su manera, pero Deku tenía otra forma de ser. De hacer. En secundaria, Bakugo había sido el indiscutible jefe, pero ahora... ahora estaba solo. Cortando sus lazos con su vida anterior, ahora tenía que aprender a vivir en esa nueva realidad. Los recursos de los que disponía antes sólo le dañarían su futuro, al menos el inmediato. Ahora, si tanto le gustaban los desafíos, si tan bueno era superándolos, entonces encontraría la manera de triunfar.

Aunque, quizás, no como el héroe número uno.

-¿Katchan?

-¿Sí, - respondió, sin saber bien cómo responder al principio- Izuku?

Quizás bien podría ser el héroe número dos, uno mucho mejor que el eterno segundo actual.