Ver con otros ojos

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Cortina de humo y sonrisas brillantes

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Takoba.

Recordaba vagamente algunos eventos que se habían llevado a cabo en ese estadio, como parte de las olimpíadas de invierno. Allí era donde estaba la pista de patinaje sobre hielo, y según había dicho Hatsume, no era lo único que tenían. La muchacha había hablado largo y tendido sobre cómo los sistemas que usaba ese estadio estaban entre los mejores del hemisferio, y era por eso mismo, por su capacidad de poder reemplazar elementos hechos para ser reemplazados, que le interesaba tanto.

-Oye- le dijo a Kirishima, que estaba a su lado, y dejó de hablar con Kaminari enseguida para girarse a mirarlo -En ese estadio hay varias capas. Sea lo que sea que pase, puede que incluya la destrucción de todo el piso del estadio.

-¿Cómo en el examen de entrada?- preguntó el pelirrojo.

-No, lo de los robots ya quedó viejo desde el festival deportivo. Además, si la UA les pasa los robots, podría ser visto como... no sé si trampa, pero preferencia. O favoritismo. Pero eso de destruir cosas puede que no sea sólo por nuestros dones. Aunque no sé para qué.

-Cada año es un examen distinto- empezó el rubio, mirando al techo -Pero siempre es algo que vamos a ver en nuestra carrera de héroes.

-¿Y qué puede ser? En el primer ejercicio que tuvimos en Yuuei, estábamos en un edificio con una bomba, ¿creen que sea algo parecido?

-¿Buscar una bomba?

-No, Kaminari. No puede ser igual a lo que nos han dado, ESO sería un fraude obvio- a veces se notaba cómo lo afectaba la sobrecarga eléctrica a nivel cerebral.

-Entonces- dijo Kirishima -Romper cosas grandes. Como edificios o puentes, o quizás el mismo estadio. No, eso no sería viable, no es la primera vez que lo usan y han tenido a mucha gente con dones destructivos dentro. ¿Algún tipo de escenario?

-¡Quizás haya botes! Como una batalla naval, leí que hacían algo así en el coliseo romano.

-¿Hacen pruebas de dones en el coliseo romano?

-No lo sé, Bakugo, ¡pero sería genial!

-Y una forma rápida de demolerlo- suspiró Eijiro -No, nada de coliseos. Pero sí batallas. Era eso lo que nos dijeron que más se valoraba, ¿no?

-Aunque no puede ser con robots, porque los villanos no suelen usarlos- se miró las manos, sin sus granadas puestas. Demasiado grandes para ser cómodas de llevar en transporte público. Si podía guardar una versión concentrada de sudor, podría reducir su tamaño. Tenía pantalones sueltos, bien podía esconderlas allí o en bolsillos a los lados, que no fuesen evidentes -Piensen en una batalla para ir limpiando el terreno. Somos muchos candidatos, y no hay lugar para todos.

-O sea que podremos luchar sin preocuparnos por el daño a la propiedad. ¡Me gusta!

-No, Kaminari, no- empezó Eijiro, con paciencia -¿Recuerdas a Mountain Lady? Siempre tiene problemas para pagar los daños a la propiedad que causa por sus descuidos.

-Pero no siempre los villanos tendrán cuidado. Quizás rompan cosas para retrasarnos. Yi si tenemos que elegir entre salvar a la gente o ir a por los villanos, ¿qué harían ustedes?

-Proteger a la gente. Mi don es ideal para soportar el daño de algo cayendo.

-No puedo dejar que haya inocentes lastimados por mi culpa. Aunque bien podría... no sé, lanzarle un rayo al villano que se aleja.

-Y el escenario cambiante...

-Bakugo, ¿te vas a quedar sólo con eso?

-Es que es un espacio demasiado pequeño para que hagan una sola actividad en un tercio del espacio disponible. Quizás si usasen el que ocupa el público, pero eso no se puede reemplazar fácil. Hatsume dijo que tenían varias capas, y que no era raro que usasen explosivos o túneles para moverse bajo tierra, por ejemplo. ¿Que podrían hacer con eso? Moverse sin que lo notásemos, hacer colapsar algo y escapar por debajo, o cosas así.

-Bueno, mira, sea lo que sea, lo vamos a averiguar pronto- dijo Kaminari, señalando el estadio a la distancia.

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Vio a Uraraka irse por un lado, y él salió disparado por el otro.

Kirishima y Kaminari estaban juntos, lo que les aseguraba defensa a corta distancia y ataque de rango largo, por lo que no tendrían problemas. Lanzó una pantalla de humo a un par de aspirantes que se le habían acercado y, memorizando su blanco, se anotó dos puntos enseguida. Esquivó algo que partió su cortina como una espada rasgando una tela de araña, y cambió de trayectoria.

El muchacho del torbellino ya se había encargado de ciento veinte participantes.

Lo que quería decir que ya se había retirado.

El impulso de su cuerpo lo llevaba a moverse por su cuenta, observar la situación y sobrepasar a sus oponentes de inmediato, de forma explosiva. Una muchacha con escamas estaba por aterrizar en una columna, y le lanzó una explosión que rompió su punto de apoyo, haciéndola caer y soltar sus pelotas. Tenía dos blancos ya, y le apuntó al tercero. Estaba a la mitad de obtener su licencia provisoria.

La sonrisa le gustaba.

Se la iba a ganar con creces.

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Ella no era Uraraka.

-Entrenó su don para poder usarlo sobre sí misma sin sufrir los efectos secundarios- le dijo Izuku, con la pelota rodando tras él, como un inocente juguete -Pero a pesar de la situación en la que estabas, no mostraste la mínima intención de activarlo. No tenías ningún plan en mente.

La muchacha frente a él lo miraba, desconcertada, hasta que una sonrisa apareció en su cara.

No le quedaba a Ochako para nada.

-¿Y así y todo, corriste a salvarme? ¿qué, intentabas aprovecharte de mí?- su rostro, todo su cuerpo, empezaba a derretirse.

-No soy así. Pero no lamento haberlo hecho- era consciente del silencio que lo rodeaba. No había sonido, ni vibraciones, y no sabía si esa chica que lo había engañado antes estaba por allí -De haber caído al piso, tu espalda podría haberse dañado.

-Oh, ya veo- de Uraraka no quedaba nada ahora, sino una chica que le recordó a los limos -Me intrigas. Quiero saber más de tí, Midoriya. Quiero saberlo todo. Quiero saber a qué sabes.

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Sero llegó antes.

-¡Ey! ¿Qué te crees que haces, señorita desvergonzada? ¡Y tú, Midoriya suertudo!

Se impulsó con una explosión en el aire y vio a una muchacha desnuda, goteando, y a Izuku con dos blancos ya golpeados. Lanzó una serie de piedras hacia la chica, y una dio en el blanco. La que importaba. Sonrió para sus adentros.

-¡Salta!- dijo, y apuntó una de sus granadas a la desvergonzada.

Había una posibilidad que Izuku actuase de forma precipitada. Confiaba en que él confiase en Bakugo Katsuki, en su capacidad para planear, en que no iba a herir mortalmente a una participante, y confiaba que Midoriya no iba a saltar frente a la muchacha. Era demasiado listo como para dejar descubierto su último punto vulnerable.

Disparó.

Ella se apartó dando saltos, con una agilidad sorprendente. Al menos para Izuku. El proyectil giró en el aire y la siguió, ante la sorpresa de la chica. Se alejó, y su voz llegó hacia ellos casi como un susurro.

-¡Espero nos volvamos a ver, bonito!

Activó el gatillo y el proyectil aumentó la velocidad de golpe, siguiendo su retirada, hasta que alcanzó su blanco y explotó.

-¡Katsuki!

-Es más que nada estruendo, no la va a lastimar- dijo, aterrizando a su lado.

-¿La seguimos?- preguntó Sero.

-No. Quizás sea algo relacionado con su don, porque se sacó toda la ropa, incluyendo sus blancos. Ir tras ella es arriesgarnos sin mucho sentido. Y si Katsuki no la derrotó, quizás nos derrote. Es dura.

-Sí, pero con un par de explosiones de estruendo bien puestas...

-De todos modos, no tiene sus blancos. Y, de paso... ¿ustedes son los de verdad, no?

-¿Quién más podría ser tan genial?- hizo una pose y lo miró con orgullo.

-Sí, es Bakugo- suspiró Sero -Y yo soy yo, el yo real.

-Bien, entonces, ¿esperamos al resto? Vi muchos grupos de a diez...

-¡YA HAY CINCUENTA Y DOS QUE HAN PASADO LA PRUEBA, QUEDAN CUARENTA Y OCHO LUGARES!

El aviso cayó como ladrillazo al hormiguero.

-Bien, entonces- empezó Bakugo -Aprovechemos que vienen de a grupos.

-¿Aprovechar?- preguntó Sero -¿Cómo?

-Inmovilizándolos. Si quedan tan pocos lugares, deben de estar desesperados- dijo Izuku, y miró a Katsuki -Podemos atraerlos para que vengan aquí, retenerlos con la cinta de Sero, y vi que usaste tu cortina de humo. ¿Puedes hacerlo de nuevo?

-Por supuesto- hizo crujir sus nudillos -Más te vale que no te eliminen- le dijo, señalándolo -Das para mucho más.

-Así que por eso no querías ir tras esa chica, ¿eh?

-¿Celoso?- Sero dejó escapar una risita.

-No discrimino hombre o mujeres.

-Pues bien, porque van a venir de los dos en masa. Tengo un plan- dijo Izuku.

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Estaban allí.

Ella sabía que estaban allí, y guio a su grupo hacia el escondite de los tres de Yuuei.

La mitad de sus colegas de clase habían caído ya, pero ella llevaría a quienes habían quedado hacia sus licencias provisorias. Uno de ellos tenía dos blancos activados, sólo faltaba uno y podría pasar a la siguiente etapa. O alguien de su grupo. Ella ya tenía un tanto, sólo faltaba eliminar a otro más, pero si lo eliminaba alguien de su clase, igual estaría feliz.

Algo rebotó a cien metros.

Miró hacia allá, y una explosión sacudió el piso. ¿Se habían movido? Empezó a dar instrucciones a su grupo, cuando sintió que algo se dirigía hacia ella, algo directo a su blanco en el medio de su abdomen.

Lo esquivó.

Algo pasó silbando a su lado, dejando tras de sí el aroma a combustión y el sonido de algo que le recordó a la pirotecnia. Algo tiró de ella hacia abajo, algo que la clavó a una cinta de...

¿Cinta?

Miró a su alrededor, y a toda la gente que había rodeado el escondite de esos tres de Yuuei. Les perseguía algo que silbaba como una cañita voladora, pero tenía mucha más fuerza, y llevaban algo que parecía una serpentina, una cinta, algo adherente. Algo que la pegaba al suelo, a ella y a lo que quedaba de su clase. Una cascada de humo salió de la cima de los escombros, del escondite de esos tres, y desde los extremos de esa cosa pegajosa, y cuando el humo cubrió todo, sintió que alguien le pegaba tres pelotazos en sus tres blancos.

Se quedó helada.

Un par de manos acunaron su cabeza, y el humo se hizo más espeso, hasta hacerla toser, y una frente se apoyó contra la suya. Podía oír a sus colegas de clase, su decepción, sus voces de protesta cuando sus blancos marcaban que les habían eliminado. Intentó usar su don, pero su tos le impedía concentrarse, y sintió que se desvanecía, que algo más que el humo tiraba de ella, algo doloroso que jamás había experimentado en su vida, y cuando la dejaron caer el suelo, ya se había desmayado.

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-¿Recuerdan que les dije lo de las capas?- la voz de Bakugo rompió el silencio, al ver por la pantalla que destruían la ciudad en la que habían estado apenas unos minutos atrás -Bueno.

-Parece... parece Kamino- dijo Izuku.

Los recuerdos aún estaban frescos en su memoria. Después de todo, no se estaba en la misma habitación que un supervillano de dos siglos, que te pregunta si quieres ser parte de su nuevo grupo de villanos, le dices que no y sobrevives para contarlo, con frecuencia. Nadie había salido de allí tal y como había entrado, y trató de calmar su ritmo cardíaco. Eso era demasiado nuevo, también. Acumuló algo de transpiración en sus cámaras de almacenamiento, esperó.

-El número de bajas fue muy elevado entonces- dijo Iida -Recuperamos a Bakugo, e intentamos no estorbar a los profesionales, pero así y todo...

-Tenemos que dar lo mejor de nosotros.

¿Se daría cuenta lo mucho que empezaba a parecerse, y a distanciarse, de su mentor? Para empezar, era mucho más fácil acercarse a Midoriya que a Toshinori. Las dudas y los errores eran comunes a toda carrera heroica en ciernes, pero el tenerlo allí al lado, al alcance de la mano, el conjunto de tantas cosas que deseaba y quería... dejó escapar un jadeo caliente e intentó pensar en cómo... en cómo seducirlo sin que saliese corriendo. La gente solía venir a él, atraída más que nada por su poder y carisma, pero Izuku parecía, todavía, no entender que había otra posibilidad abierta para ellos dos.

-N-no olvides- dijo, pasando por alto el titubeo -que es gente que acaba de sufrir un trauma. No necesita que alguien venga y les diga algo así como "oh, qué mal". Sonríe y dales esperanzas, al menos hasta que lleguen rescatistas, bomberos, personal médico y policías, ¿ok?- terminó, sintiendo que esas palabras le traían recuerdos. Amargos que podrían volverse dulces. Tenía tiempo para eso, el resto de su vida.

-Eh- Izuku dudó, y pareció comprenderlo. Sonrió, y asintió -¡Sí!

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Por supuesto, fue con él.

-¿Qué pasa, nos dejas atrás, bro?- le preguntó Kirishima.

-No, tengo que aprender a... trabajar con gente con la que usualmente no trabajo- le dijo, sin detenerse, Izuku y Uraraka delante de él, ya en marcha -Y ustedes también- lo miró y sonrió -Además, él no es el único de sonrisa radiante- le dijo, dándole un golpecito con los nudillos en el pectoral descubierto.

Esa sonrisa puntiaguda volvió a aparecer.

-¡Bien! Tú ve con él y nosotros iremos con Iida. Va a ser interesante.

Alcanzó a sus compañeros cuando encontraron a un niño llorando, ensangrentado y que actuaba como si estuviese en medio de un episodio de histeria.

-¡Mi abuelo! ¡No sé dónde está!- chillaba, desconsolado.

-Eh... - Izuku parecía algo sobrepasado.

-Lo encontraremos- dijo, rápido, llegando hasta el pequeño actor -¿Puedes ver mi mano?- preguntó, con la palma hacia su propio rostro, sin la granada -Así sabremos cómo estás y, mientras más rápido te llevemos a un lugar seguro, más rápido podrás reencontrarte con tu abuelo.

-¡Yo puedo levantar cosas muy pesadas!- dijo Uraraka -Así que lo encontraremos, sin dudas. ¿Puedes pararte, pequeño? ¿O quieres saber cómo es flotar en el espacio?

Actor o no, ese niño era un niño, y Ochako se lo llevó, dejándoles a los dos a cargo de buscar más víctimas del ataque terrorista. Escucharon risitas encantadas todo el camino.

-¡Vamos! ¡Ustedes pueden!- le dijo a un par de personas mayores que caminaban como si tuviesen heridas leves -Han sobrevivido hasta ahora en la vida, y sus heridas son leves. Si van hacia allá, les atenderán enseguida. Hay muchos niños, seguro su nieto está allá, o va a llegar pronto.

-Kat...

-¿Sí?

La voz dudosa de Izuku lo hizo girarse, pero no detenerse. Había un par de personas bajo unos escombros que parecían endebles.

-¿Estás bien?

-Mucho mejor que en Kamino- sonrió, sintiéndose mucho mejor que en esa habitación oscura, donde un aspirante a héroe y un supervillano de dos siglos habían intercambiado propuestas. Dudaba que el mayor pudiese hacer las acrobacias anatómicas que le habían propuesto. No, al menos, sin algún poder para cambiar de forma... que sin duda había tenido -¿Y tú? Vamos, que esa sonrisa brillante es tu punto más fuerte.

Se sonrojó un poco, tenso.

-Y eso también, pero ahora necesitamos que demuestres tus habilidades de rescate. Vamos, compañero- le dijo, extendiendo la mano hacia el muchacho vestido de verde.

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Ochako regresó y empezó a despejar la zona, para sacar a la gente. Izuku sostuvo los escombros más peligrosos, y él se limitó a dar apoyo moral y ser parte de la cadena de despeje de la zona. Midoriya había recuperado la sonrisa, y su magnetismo era irresistible, cuando se ponía en marcha y empezaba a fluir, más que a moverse.

Habían empezado en una zona alejada, y conforme iban avanzando, rescataban a la gente y la llevaban al sitio que hacía las veces de hospital improvisado. No podía ser tan fácil. Colocó una mano sobre el suelo, recordando lo de las varias capas y lo de la batalla naval. No iban a inundarlo todo, era demasiado avanzado. Porque había alguien que podía ser ideal para eso, y no lo veía en las tribunas. Y, cuando regresaron las explosiones y sonaron las sirenas, no se sorprendió ante el giro de los acontecimientos.

-¡Los terroristas han regresado, y van a por la gente herida!

-¡Hay que detenerlos, ahora!

-¡No dejen desprotegida a la gente!- dijo Izuku -¡Sanadores, quédense aquí, nos encargaremos que estén seguros!

-Bien, Izuku, bien- dijo, y salió disparado con él hacia Gran Orca.

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Hatsume era una muchacha que demostraba que el don de alguien no tiene por qué ser el punto central de su existencia. Sin su don, sólo tendría algo más de dificultad, pero eso no la detendría. Su creatividad y pasión por crear eran de las más inspiradoras que había visto en su vida. Agradeció el que hubiesen propuesto el usar algunos dispositivos extra, en parte por sus propias ideas y en parte por las ideas que aportó ella. Qué suerte tenía Yuuei de tenerla en sus filas.

Cuando Gran Orca lanzó su ataque sónico, vio que iba directo hacia los refugiados.

-¡Izu, derecha!

Fue hacia la izquierda, confiando que había captado, y cuando interceptó a los más lejanos, Gran Orca pareció dudar.

Demasiado tarde.

Activando sus mini bombas a distancia enterradas, los terroristas se vieron sacudidos por bombas de estruendo, de humo y de algo que era muy malo si tenías olfato. Las orcas no lo tenían muy desarrollado, pero la gente sí, y Gran Orca estaba justo debajo de una de las bombas apestosas.

Sero estaba tras ellos, lanzando cinta y pegando cuerpos entre sí, inmovilizándolos.

En menos de un minuto, los terroristas habían sido capturados.

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-Calma- dijo Izuku,

-Estoy calmada. Calma tú- le respondió Uraraka.

-Estoy calmado. Calma tú.

-Chicos, cálmense los dos- dijo Sero, agotado pero sonriente.

-La espera es más difícil de lo que creía- suspiró, e intentó calmar sus nervios. Ochako parecía tener el mismo éxito que él (cero), y no eran los únicos.

A su alrededor, gente de su edad estaba a la expectativa. De nuevo en sus ropas de civil, en medio del estadio destruido (tres capas mínimo, pensó mientras dejaba de lado sus granadas y terminaba de clocarse los zapatos) habían colocado un escenario. No tenía apuro: de todos modos, ya se enteraría. Y había suficiente tensión ya como para sumarle más. Por eso, sólo fue hacia el escenario cuando apareció la lista de aprobados.

No le sorprendió que Todoroki no estuviera.

-¡Bro! ¡Lo logramos!- Kirishima, sonriendo de oreja a oreja, parecía un shiba inu y tuvo el impulso de darle palmaditas en el pelo puntiagudo -¡Kaminari, Kirishima, Bakugo! ¡Pasamos!

-Por supuesto que pasamos. Somos así de buenos- dijo, con la sonrisa orgullosa en la cara, tan fácil y tan justificada.

Revisó la lista y fue tachando nombres de sus compañeros de clase. Las chicas habían aprobado todas (ninguna sorpresa por allí), Izuku estaba, Sero también y faltaba Todoroki. Nadie más. Sólo cien personas habían tomado el examen, y menos aún habían pasado. Y, por la forma de comportarse, era evidente ver quién estaba en qué categoría ahora.

-Todo...

-Felicidades, Izuku- le palmeó el hombro y lo sobresaltó, haciendo que esos ojos verdes girasen de Shoto hacia él.

-Ah, sí, gracias. Tú también pasaste.

-Había algo de útil en eso de no ser un individualista egocéntrico.

-¿Eh?

-Quiero que el cambio sea para mejor, Izuku. Espero así lo sea.

-Bueno, pasaste, así que malo no parece ser.

Le dio una sonrisa suave, una que ese rostro no estaba acostumbrado a dar, e Izuku pareció ponerse algo nervioso.

Bien.

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Esa tarde, después de una ducha relajante, fue a la cocina con paso decidido.

-Mira, si le pones kétchup...

-Sigue sin ser una pizza, Denki. La pizza se cocina.

-Pero Mina, no hay para cocinar...

-¿Quién dice que no?

Le gustó ser el centro de atención. Le gustó ver que Mina lo miraba con algo de esperanza y Denki con curiosidad. Y le gustó más aún lo que siguió.

-Ustedes dos, fuera. Voy a cocinar comida de verdad.

-¿Pizza?

-No, Kaminari, no. Comida de verdad. Ahora haz como Mina y vete por allá y no aparezcas por aquí. En un par de horas vemos.

UA les proveía de comida preparada según sus requerimientos dietarios, pero también podían pedir ingredientes si querían cocinar, y no había duda quién cocinaba mejor de toda esa ala, si no eran dulces. Desplegando todos los ingredientes, empezó con el pollo, marinándolo en manzana, cebolla y sake, y colocándolo en la heladera, cubierto con papel film. Luego, fue a por la masa de galletitas, con dátiles y aceite de coco. Siguió con las verduras, lavadas, cortadas y preparadas antes de su destino final. Y en todo ese tiempo, no apartó los ojos de la mesada. Que fuesen y viniesen sus colegas de clase, él no iba a irse de allí.

-¿Ramen?

-No, Mineta. Pero igual será sabroso.

-No tan sabroso como Yaomomo...

-Mineta.

-¿Sí?

-Así no se hace, pervertido.

-¡Pero mírala!

-Esa actitud es muy de acosador, Mineta. No de héroe. De acosador pervertido que agarran robándose las bombachas de colegialas. ¿Eres esa clase de bazofia?

-...

-Bien, ahora, fuera. Y mantente alejado de ellas hasta que seas más o menos decente.

Después, fue contestar con monosílabos mientras empanaba el pollo, cocía al vapor las verduras, llenaba casi al máximo de capacidad la arrocera y preparaba el caldo. Cuando llegó la hora de la cena, la clase estaba merodeando por allí, incluso la persona que más le interesaba tener cerca.

-Bien, Midoriya, toma esto- dijo, cuando vio de reojo que se acercaba algo verde. Sus manos se rozaron cuando le pasó una fuente con verduras al vapor -Y si alguien quiere cenar, que venga a ayudar a llevar cosas- dijo, levantando la voz.

Llevaron el karaage, el arroz, la sopa de huevo, y se cuidó muy bien de no dejar que nadie tocase lo que había enfriándose en la mesada. Tuvo que apartar varias manos pillinas de las galletitas. Cuando al fin se sentaron a comer, cada quien con su plato, empezó la celebración.

-¡Por Yuuei! ¡Por la clase A! ¡Por los futuros héroes y heroínas!- dijo Ojiro, animado. ¿Tanto le había pegado el sake de la marinada del karaage? Escondió la sonrisa tras un tazón de sopa de huevo y sonrió.

-Eh, que falta el postre- dijo, dejando a un lado su tazón vacío y yendo a por las galletitas que había escondido, y entonces abrió el horno.

Un aroma a chocolate barrió con el de la comida, que empezaba a disiparse en aroma y en existencia física. Cortó veinte porciones, y dejó una a un lado, bajo un bowl dado vuelta. Pasó los platos, y le dijo a Kirishima que era keto y sin azúcar, así que podía comerlo sin miedo.

-¿Miedo? ¿De tu cocina?

-Sabes, al corazón de un hombre se llega por el estómago. Y no quisiera que las damas aquí presentes vean derrumbarse sus sueños.

-¡Seguro tienen sueños más grandes que un hombre!

-Sí, tienen sueños más grandes de los que tienen los hombres. ¿Verdad, chicas?

-Amo este brownie y a nada más en el mundo- dijo Mina, mirando su plato como si fuera la fuente de la felicidad eterna.

-Ves, ella es una chica lista- dijo Bakugo, y lanzó una risotada.

Se sentía genial cuando lo que hacía salía mejor de lo planeado.

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-Mido...

-¿Sí, Katchan?

-Quisiera... llevarle la última porción a Toshinori.

Izuku se detuvo, en medio del pasillo, con las voces apagándose de sus compañeros de clase a la distancia. El sopor que le había dado el aflojar la tensión y una excelente cena se disiparon, y de repente tragó saliva, intuyendo lo que vendría.

-Katchan... ¿qué pasa?

-Tengo que hablar con él. Hay cosas... que necesito aclarar. Tengo mucho dando vuelta en la cabeza, y no quiero dejar pasar más tiempo.

-Eh... ¿estará despierto a esta hora?

-Podemos intentarlo, ¿no?

-¿Sabes dónde está ahora?

Silencio.

-Podemos ir a preguntar.

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Aizawa no parecía para nada feliz.

-¿Me están diciendo que salieron después del toque de queda para buscar a Yagi Toshinori?

-Sí- dijo Bakugo, sin apartar la mirada.

-¿Y no podía esperar a mañana?

-No. Han cambiado demasiadas cosas y muy grandes y no quiero dejar pasar más tiempo. Y traje brownie, de paso- levantó el paquetito con el último pedazo.

-Sabes que, en su estado, no puede comer cosas sólidas, Bakugo.

Pestañeó, y miró al adulto, luciendo sorprendido.

-Entonces le llevaré otra cosa. Tome, entonces. Así no se desperdicia- Aizawa no dijo nada pero agarró el ofrecimiento de paz -¿Y sabe dónde está?

-Bakugo...

-Sí, estoy aquí.

El eco de su frase de entrada hizo que los tres ocupantes de la salita mirasen a la puerta. El hombre flaco, demacrado, con un brazo enyesado y mala cara no parecía el héroe brillante de sus mejores épocas, pero ese no era el punto.

Al menos, no para él.

-All...

-Ya ha dejado de existir, joven Bakugo. Mi era ha terminado.

Izuku se crispó a su lado.

-¿Fue por mi culpa?

-Bien, me retiro, tí ocúpate que se vayan a la cama después de esto- dijo Aizawa, desapareciendo con el brownie en la mano. No iba a sobrevivir por mucho.

-¡Katchan!

-¡No! ¡Quiero saberlo!- dijo, con los ojos cerrados, y al abrirlos miró a quien había sido el héroe número uno de Japón -¿Acaso fui yo quien acabó con tu carrera?

-No. El joven Midoriya ya me ha dicho que lo descubriste.

-Le has pasado tu poder. Sea cual sea. Pero eso no tiene por qué...

-Es un poder que me fue dado, y uno que estaba destinado a darse a alguien más. Elegí al joven Midoriya...

-¿Y vas a morir?

La voz sonaba extraña, como si no se decidiese por un tono. Yagi e Izuku lo miraron, incómodos.

-Todos morimos, tarde o temprano, joven Bakugo. Y si no hubiera sido lo de Kamino, habría sido otra cosa. No fue tu culpa.

-¿Has hecho... todo lo que querías hacer, como héroe?

-No. Siempre hay cosas que podría haber hecho y no hice. Cosas que podría haber hecho mejor, o hacer otras. Personas a las que debería haberles dicho todo lo que tenía para agradecerles...

-Por favor acepte esto.

La cajita era pequeña, envuelta en papel celeste con un moño plateado.

-¿Qué es, joven Bakugo?

-Una mezcla de té. La conseguí en el último viaje que hicimos a Okinawa, y nunca tuve la oportunidad de dárselo a alguien que la pudiese apreciar. Sé que no tiene la mejor salud, y por eso, espero que usted la pueda apreciar. Es mejor compartida, dicen.

-Joven Bakugo, gracias- tomó el regalo y lo miró, con algo que amagaba ser una sonrisa -Pero no olvides esto, no fue tu culpa, ni tampoco tuya, joven Midoriya. Simplemente, ha terminado mi era. Y es hora que empiecen la de ustedes.

-¿Entonces nos das tu bendición?

-Así es, jóvenes. Y recuerden que siempre pueden preguntarme si tienen alguna duda.

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-Izuku.

-¿Sí?

-¿Me harías un gigantesco favor?

Sus pasos eran lo único que se oía en la noche, de camino hacia los dormitorios.

-¿Qué necesitas, Katchan?

-¿Podrías dormir conmigo?

Izuku se quedó helado. Luego, se le subió el color a la cara, y empezó a balbucear incoherencias.

-Podríamos hablar de todo esto, o sólo dormir- se había detenido, pero no dado la vuelta -Hay... otras cosas que me gustaría hacer, pero no es el momento. Y si quisieras... si quisieras hacer otra cosa, podríamos verlo en el futuro.

-Ah- se le bajó algo el sonrojo, y cuando supo que podría hablar sin tartamudear, asintió. Se dio cuenta que no podía verlo -Sí- dijo.

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El piso estaba frío bajo sus pies desnudos.

Con los codos apoyados en las rodillas y la cara entre las manos, Izuku intentó contener su respiración agitada. El pánico y la adrenalina corrían por su cuerpo, pero no había motivos: Katsuki estaba bien, estaba allí, en esa misma cama, dormido. No debía despertarlo. Bastante malos días había pasado como para que, encima, no pudiese dormir porque él había tenido la tontería de una pesadilla y...

-¿Izu?

Se quedó helado por un segundo, dejó de respirar, y escuchó el movimiento del cuerpo tras él, las sábanas deslizándose y el colchón hundiéndose y levantándose. Dos brazos rodeándole la cintura.

-¿Qué pasa, Izu?

-Es... - dijo, con voz temblorosa, y pensó en decir "nada", pero no le sonaba creíble ni a él -Fue una pesadilla- dijo al fin, sintiéndose un impostor. ¿Quién era él para sentirse así? No lo habían secuestrado ni había tenido que pasar días en manos de villanos haciéndole quién sabía qué.

Esas manos subieron por sus antebrazos hacia las propias, acunándolas.

-No fue tu culpa, Izu. No es humanamente posible.

-Si yo hubiera...

-No. Alto ahí. Ese es el primer paso a un abismo sin fondo- los brazos lo estrecharon y sintió un pecho contra su espalda, dos tipos de tela de por medio, una cabeza apoyada en su hombro -No lo puedes todo, Izu. Por eso hay escuelas y equipos profesionales. Deja de echarte encima todas las culpas del mundo, no seas codicioso.

El intento de chiste no lo hizo reír, pero al menos disminuyó su tensión y su inquietud.

-No tengo derecho a sentirme así...

-¿Por qué no? Yo habré sido el protagonista, pero el elenco también tiene parte en la obra.

-Kat...

-Es cruel el decir "aguántate" cuando es algo de salud, Izu- pasó sus manos sobre sus antebrazos llenos de cicatrices -La salud es un derecho humano, y lo mismo el acceder a ella. El negarte atención médica, física o mental, con la excusa de "así aprenderás a no hacerlo de nuevo" es cruel, como menos, e ilegal. Así no se sana a la gente, así se la tortura. Y eso lo hacen los villanos, Izu- sus manos acariciaban las cicatrices, esas que Recovery Girl le había dicho que no iba a sanar de nuevo si se las rompía -Tienes derecho a estar afectado por lo que pasó.

-No tengo... - se detuvo, sin saber por qué. Las palabras de antes no venían con la misma facilidad. La calidez de Katsuki contra su cuerpo era tranquilizadora -No sé.

-Nadie lo sabe todo.

-Ha pasado... tanto.

-Y hemos madurado, ¿no? Aunque hay cosas... hay cosas que aún no han sanado.

Silencio.

-Vas a lograrlo, Izuku.

-¿Huh?

-Tienes talento y el apoyo de toda la clase. Lo harás bien, Izu. Y te lo recordaré todas las veces que sea necesario.