Ver con otros ojos
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Sorpresas explosivas
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Se preguntó si, alguna vez, se acostumbraría a esta escena.
Él, Toshinori Yagi e Izuku Midoriya en un mismo espacio, con un aire pesado y poco alegre. La última vez, había sido en Kamino, y la adrenalina de ese momento era igual a la tensión que se percibía en este. Con la diferencia que nadie vendría volando en trineo a por Bakugo, claro. Miró la taza de té que había frente a él, miró a Toshinori, que esquivaba sus miradas y la clavaba en su propia taza, miró a Midoriya que parecía más nervioso y confuso a cada segundo que pasaba.
-¿Qué ha pasado?- preguntó, rompiendo el silencio. Todavía le dolía algo la cabeza por la mala noche que había pasado, de mal dormir y con toda la tensión de las últimas semanas acumuladas pasándole factura. Pero tenía que preguntar. Tenía que saberlo.
-Ayer a la tarde fui al Tártaro- dijo, y su voz sonaba tan agradable como su aspecto.
-¿La prisión de supervillanos?- preguntó Izuku, y pareció comprender para dónde iba todo eso.
-Había ciertos asuntos que debíamos atender. Asuntos sin terminar- hizo una pausa, y levantó la mirada, cansada -Entre All For One y yo. Y ustedes.
Inclinó la rubia cabeza hacia un lado, curioso, y esperó que el adulto continuase.
-Él sabía que eres mi sucesor, joven Midoriya. Y confirmó que Shigaraki Tomura... Tenko Shimura, es el suyo.
-¿Shimura?- algo pareció encenderse tras los ojos verdes -¿Como Nana Shimura, su mentora y anterior...?
-Sí- interrumpió él, y sus hombros parecían pesados, demasiado -Me dijo que Tenko... Shigaraki, es su nieto.
-Debió haber salido al abuelo, entonces- dijo, en tono ligero.
Yagi suspiró.
-No, fue adoptado por una familia que, de no ser por el padre, lo hubiera criado para que fuese un buen chico. Pero no fue así, y ahora... ahora no podemos hacer nada por él.
Los ojos rojos pestañearon, esperando.
-¿Es de él de quien quería hablarnos?
-No, joven Bakugo, no. Esto aún no ha salido en las noticias, pero tarde o temprano se filtrará- levantó la cabeza y sus ojos, agotados, parecían los de un muñeco de trapo muy maltratado -Mientras estabas en el hospital, recuperándote, él fue capturado y llevado al Tártaro. Desde que llegó, no había dicho ni una sola palabra, o mostrado actividad cerebral siquiera. Y hoy, cuando fui a enfrentarlo... puedo confirmar que no volverá a hacer ningún daño.
-¿Tiene muerte cerebral?- preguntó Izuku.
-No. Explotó.
Los miraba fijo, y vio dos expresiones distintas en ellos. Ojos rojos que lo miraban sin entender, ojos verdes que lo entendían y empezaban a temer.
-¿Un don de auto eliminación?
-No sé cómo pudo haberlo robado, pero cuando estaba sentado frente a él, con el vidrio blindado de por medio, en un momento estaba allí y al siguiente su cabeza y torso se volvieron una nube sangrienta. Ha muerto, en prisión y lejos de su época de gloria. Están analizando el cadáver y, una vez obtengan toda la información que deseen, lo cremarán. All For One ha desaparecido.
-¿Por qué no lo usó entonces?- preguntó Bakugo.
Dos pares de ojos lo miraron, y él miraba a Toshinori, serio.
-¿Por qué no usó ese don de auto eliminación cuando luchó contra All Migth?- siguió, entrecerrando los ojos.
-Creo que quería verme caer de mi pedestal de símbolo de la paz. Muerto, sería un mártir que murió en su batalla más importante. Vivo, soy un recuerdo de una gloria pasada, una piltrafa. Apenas y puedo ayudar a la siguiente generación.
-¡Eso no es verdad!
Bakugo bebió del té, concentrándose en el aroma, el sabor y la temperatura. Dejó de escuchar por unos momentos, intentando saborear la tranquilidad efímera que había encontrado.
-De todos modos, joven Bakugo- volvió a la situación y miró al adulto, que lo observaba con algo parecido a la solemnidad -Él no podrá hacerte daño, nunca más.
Bajó la taza y una sonrisa temblorosa intentó abrirse paso en su rostro. Se llevó una mano a la cara y bajó la cabeza, con muchos sentimientos dando vuelta en su interior.
-¿Katchan?
-Estaré bien- dijo, respirando hondo -Esto... es el fin de una era, Izu. Y somos parte de eso. Es... mucho que asumir.
-Y, también, es el inicio de otra- Yagi puso unas carpetas sobre la mesita, entre sus tazas -Y ustedes son parte de eso. Ya han visto de lo que son capaces los tres grandes.
-Sí- respondieron al unísono, Izuku resignado y Katsuki molesto.
-Ellos ya han pasado por dos años de entrenamiento que ustedes no tienen, y parte de eso es lo que tienen que elegir ahora.
-¿Las prácticas?- Bakugo tomó una de las carpetas y la abrió curioso. Levantó la mirada, sorprendido -¿Qué no es él tu antiguo compañero?
-Eh, sí- respondió, algo nervioso.
-Sabe que a nadie le importaría si admite que tuvieron un romance, ¿no?
Silencio.
Katsuki se empezó a reír a carcajadas.
-¡Joven Bakugo!
-¡Oh, vamos! No se podía seguir con ese ambiente tan feo. Además- se limpió las lágrimas de risa que le corrían por la cara -Necesitábamos reírnos. O al menos yo. Y a usted no le molestaría que su sucesor no sea hetero, ¿o sí?
-Para nada. Hubo varios sucesores que eran trans y nada de eso importaba.
Izuku pareció perder algo de tensión.
-Pero en serio, ¿no fueron pareja?
-Sólo profesional.
-Oh- pareció desinflarse, y luego sonrió, riéndose por lo bajo -Habría sido una situación muy interesante. Del tipo "los opuestos se atraen".
-Joven Bakugo...
-Bueno, bueno, ya, vamos a lo importante.
-Joven Midoriya, ¿de verdad quieres hacer las prácticas con él?
-Quiero demostrar que soy un sucesor a tu altura.
-Vas a ser más alto que él, Izu.
Izuku enrojeció, nervioso.
-Peeeeero para eso falta bastante, y mejor que no te duermas en los laureles, así que sí, ya me callo.
-Gracias, joven Bakugo. Él es algo difícil en el trato, y es muy estricto. Nuestra asociación finalizó en malos términos. Puede no ser la mejor opción.
-Pero quiero hacerlo, O al menos intentarlo. Si sigo en cosas fáciles, nunca podré superarme a mí mismo. Y Mirio Togata ya trabaja con él.
Yagi hizo una pausa.
-¿Era él?
-¿Joven Bakugo?
-¿Era el el primer candidato a ser tu sucesor?
Silencio.
-¿Cómo...?
-Trabaja con su ex compañero de equipo, tiene dificultades para dominar su don pero perseveró hasta hacerlo no sólo útil sino de cuidado, y está en Yuuei. Hay muchos posibles candidatos, pero él tiene demasiados puntos a favor. Y, lo más importante, es rubio- terminó, Bakugo, muy serio -Y su pelo está mejor estilizado que el mío y el de Izu- dijo, señalando al otro muchacho.
-Creo... creo que te llevarías bien con Nighteye...
-Quizás, si quisiera ser más discreto, pero no es algo que me sirva. ¿Endeavour no tiene abierto su plaza para prácticas? Porque algún día seré más grande que tú- señaló, serio a Yagi -Y para eso, deberé superar al número dos.
-Comprendo lo que dices, joven Bakugo. Así y todo, las prácticas pueden ser aceptadas o no por las agencias profesionales. ¿Has considerado a Gunhead?
-Sí, más que nada por su habilidad para disparar, pero no es con eso con lo que tengo dificultades- dejó a un lado las carpetas y lo miró, serio -Mi puntería ha mejorado, pero no mi control de intensidad. La cortina de humo funciona, pero quiero hacer más. Y en este momento, el más cercano a lo que tú fuiste es Endeavour. No quiero ir tras tus pasos, quiero superarte. A tí y a la imagen que has dejado.
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-Izu.
-¿Sí?
-Mereces ser amado.
Izuku pestañeó, confundido, y se quedó quieto en el medio del camino entre la escuela y los dormitorios.
-Cuando te dijeron que no tenías don, descubriste lo malo que es el mundo para con ese porcentaje de gente. Y eso es una mierda. Es una mierda que sólo se respeten poderes que sirven como un arma, y a quienes no tienen ninguno, o tienen uno "inútil", les hacen a un lado. Toda la gente merece ser amada- acunó su cabeza con las manos y le apoyó la frente contra la de él -Y tú más que nadie.
-¿Kat...chan?
Su mirada bajó hacia el piso y después subió de nuevo, hacia esos ojos verdes.
-Me honraría muchísimo si algún día aceptases ser mi novio. Si tienes a alguien más en mente, ve a por esa persona. Estoy seguro que le harás muy feliz.
Se separó de la mata de cabello verde y le dio un beso en la frente. Lo soltó y siguió su camino hasta los dormitorios, sin mirar atrás.
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El rechazo llegó pronto.
-Joven Bakugo, dados los eventos que han sucedido, decidimos priorizar su salud física y mental- no estaba del todo sorprendido: sabía que algo iba a suceder cuando lo llamaron a la oficina de Toshinori -Sin embargo, hemos hablado con Endeavour y él ha aceptado tomarte más adelante para las prácticas. Ahora, lo importante es que tu cuerpo y tu mente estén en óptimas condiciones.
-Lo entiendo- dijo, mirando a un lado.
-También, algunos héroes profesionales están implementando nuevos procedimientos. Nos has hecho ver que la forma en que hacíamos algunas cosas ya no estaban cumpliendo con su función. Es... el fin de una era, y la otra aún no ha comenzado a empezar. Son tiempos interesantes- terminó, con una sonrisa que no se sostenía.
-Eso no es una bendición.
-Es la época en que te ha tocado vivir, joven Bakugo.
-Satou me recomendó cocinar.
-¿El joven Satou?
-Sí. Sus habilidades en pastelería le hicieron ganar el concurso de habitaciones cuando nos mudamos a los dormitorios- dejó escapar una ritisa -Sedujo a las chicas con su torta chiffón. Y si bien no es aconsejable comer cosas dulces todos los días, cuando hago la cena nadie protesta.
-Es muy buena idea, joven Bakugo.
-¿Le llevaría algo que hice? A Endeavour, por el favor. Sé que no están en los mejores términos, pero también sé que son profesionales.
-Por supuesto, joven Bakugo.
-¿Qué es lo que le gusta comer? No veo que sea muy de lo dulce.
-Bien, puedes intentarlo con esto.
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-¿Estás bien?- fue lo primero que dijo al vera a Izuku volver de su primer día de prácticas.
-Eh, sí. Logré que me aceptasen para la práctica- respondió, con la nariz ya no sangrando pero todavía con la cara golpeada.
-¿Te dieron puñetazos?- se levantó del sofá de la sala y fue hacia él, preocupado, levantando las manos hacia su rostro.
-No, no, sólo tuve que, bueno, convencerlo que valía la pena.
-¿Y tenía que atacarte físicamente para eso?
-No, no, tuve que atrapar algo y resultó más difícil de lo que creí.
-Izu... - le dio un beso en la frente, acariciando su nuca, y el otro muchacho se quedó quieto -Por favor, no te rompas. La gente que te quiere te quiere ver bien.
-Pero a veces es la única forma que tengo de...
-¿De?- lo instó, sin soltarle la cabeza -¿Qué clase de gente te exigiría que te rompieses para lograr tus objetivos? Roto no podrás salvar a...- se cortó en seco, bajó algo la cabeza y apretó los labios, temblando.
-¿Kattchan?
-Izu, por favor, no te rompas- le dijo, con los ojos húmedos -¿Qué puedo hacer para ayudarte?
-No romperte tú- dijo, sin pausa, y el otro lo miró, atónito. Izuku sonrió -Así que mejor será que no descuidemos nuestra salud, ¿no?
-¿Con quién te has estado juntando? Porque parece que te están enseñando cosas nuevas.
-¿Y eso te gusta?
-Me gusta lo que te haga bien- acarició, despacio, la nuca de Izuku, dudando -¿Ya te has puesto hielo? Tengo analgésicos. ¿Recovery Girl no dijo nada?
-Es algo pequeño, nada grave. Además, creo que no está aquí sino en un hospital cercano, atendiendo un caso grave.
Bakugo, caminando como si fuese de madera, fue hacia la heladera y buscó un paquete de gel en el congelador. De paso, algo que había dejado allí en su último ataque de cocinar para un ejército. Le alcanzó el paquete a Izuku, quien se lo colocó en la cara, y fue a sentarse en el sillón de la sala.
-¿Quieres té? O sorbete de azafrán.
-¿Sorbete de azafrán?
-Tiene demasiado poco alcohol como para considerarse bebida alcohólica, como sesenta mililitros de vodka en un litro de sorbete. Y se toma en una taza llena hasta la mitad con hielo.
-Bueno, dame eso, quiero probarlo.
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-Izu.
-...
-¿Quieres cenar? Hice omurice.
-Sí, por favor.
El segundo día, parecía no haber recibido ningún daño físico, pero su silencio culpable era aún peor.
-Toma- dijo, colocándole la cena frente a él, en la mesa de la sala -El resto o ya volvió y se fue o áun no regresa.
-Gracias.
El silencio era más aplastante que FatGum.
-No dejes que te coma.
-¿Eh?- Izuku lo miró, y luego a su propio plato -¿Se lo dices a la comida?
-No, so melón, te lo digo a ti. Tengo dos orejas disponibles, si quieres.
-Es... hay cosas que no puedo contarte.
-Lógico. Pero cómo te hace sentir es otro tema.
Dejó a un lado su plato y lo miró, sin saber cómo empezar.
-Hoy pasó algo en la práctica. Y me sentí inútil. No estaba preparado, quise desobedecer lo que me dijo Lemillion, aunque luego su superior me dijo que él había actuado de forma correcta. Había alguien que necesitaba mi ayuda y no pude, no pude ayudarle. Tenía miedo, me pidió ayuda a mí, y le decepcioné. Me hizo acordar...
Bakugo esperó.
-Me hizo acordar a cuando alguien que yo idolizaba me dijo que me rindiese. Pero incluso en esa época yo estaba en muchos menos problemas que... esta persona. No debía de tener ni ocho años. Y la persona con la que se fue... es mala. Sé que le hará daño.
-¿Qué dijimos del trabajo en equipo?
Un par de ojos verdes lo miraron, confundidos.
-Deja de pensar que tienes que hacerlo todo tú, y que lo sabes todo. No te lleva a nada bueno- se llevó el tenedor a la boca y masticó, despacio -Confía en el trabajo profesional. Es lógico que cometas errores, para eso son las prácticas: porque ahora no saldrán tan caros, no tienes a nadie a cargo.
-...- bajó la mirada, no del todo seguro.
-Izu- una mano se posó en su mejilla, y se encontró con un par de ojos rojos mirándolo -Lo mejor que puedes hacer ahora es confiar en los profesionales, y aprender lo más posible. No te culpes por no saberlo todo.
Sus hombros se hicieron menos pesados, pero no como habían sido cuarenta y ocho horas atrás.
-Por ejemplo, tú no sabías que hoy hicimos una competición con Satou de pastelería- dijo, retirando su mano y volviendo a su cena.
-Pastelería- repitió, con un inicio de sonrisa.
-Si voy a ser el mejor, debo aprender de los mejores. Y barrió el piso conmigo, pero cada día me acerco más a él. Y, luego, hicimos competencia de comida, y ahí yo barrí el piso con él. Por eso está todo tan limpio. Y entonces vino Ochako a ayudarnos a guardar y limpiar todo, porque hice algo de más de cena, así que tenemos comida preparada en el congelador. Separado por porciones, claro está, así que si vienes y yo no estoy, toma algo de ahí, táchalo de la lista, y ya tienes cena. Hay hasta cerdo empanado para freír, si te va eso.
-Kattchan...
-¿Hm?- abrió un ojo, con algo de pereza.
-Gracias.
El otro resopló, con suficiencia.
-Por supuesto- abrió los dos ojos y lo miró con cariño -No tengo intenciones de irme, de momento.
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El lunes, las cosas estuvieron bastante peor.
Izuku no regresó a los dormitorios sino hasta casi caer la noche, y parecía haber llorado.
Bakugo lo miró, pero no dijo nada. Siguió cocinando y hablando con Satou sobre recetas y cuál era la masa ideal para que las galletitas cortadas con cortapastas detallados no se adhiriesen a dicho cortapastas, y mantuviesen la forma en el horno.
-Harina sin leudante- dijo el otro muchacho -La levadura hace que se hinchen y pierdan la forma. Bueno para los panes, malo para las galletitas que tienen la finalidad de conservar su forma. Y el frío en la masa y la harina en el cortapastas ayuda a que no se pegue en los detalles pequeños.
-Hmmm- dejó de remover el wok y apagó el fuego -Esto ya está listo. ¿Y en las galletitas con ventana tipo vitrales? Vi que se podían usar caramelos duros, pero sospecho que rebalsarían las hendiduras de las galletitas. O por abajo. ¿Y al usar papel manteca no se pegan a él?
Siguieron hablando durante la cena, mirando televisión y no pensando en nada. La mitad de la clase aún no había vuelto o ya estaban intentando recuperar energías en sus habitaciones. Cuando Yayorozu se retiró, Satou se ofreció a lavar los platos, y Bakugo armó una bandeja.
-¿Izu?- con la bandeja en una mano, golpeó la puerta del muchacho, despacio, y esperó.
-Estoy bien- respondió una voz desde el interior.
-Pues come y estarás mejor.
Silencio.
Luego, unos pasos que se acercaban, y la puerta se abrió, dejando ver a un Izuku bastante abatido.
-Gracias... Kattchan- dijo, y volvió a la oscuridad de su habitación.
No le dijo que se fuera, así que entró, cerrando la puerta tras de sí, y dejando que sus ojos se acostumbrasen a la oscuridad. No le sorprendió ver a All Migth en todos lados. Dejó la bandeja sobre el escritorio y se sentó en la cama, al lado del cuerpo que le daba la espalda.
-Soy un ignorante.
Un par de ojos rojos lo miraron, a la espera.
-Había un candidato mucho mejor que yo para recibir este don, más preparado, más disciplinado, más experimentado, y yo no... no estoy a la altura. Y no me dijo nada, Kattchan. Lo mantuvo en secreto, y sólo ahora... sólo ahora me lo dijo. Luego que tú lo pusieras en evidencia, y ni así me lo dijo, sólo ahora porque se lo exigí. Quizás no tenía intenciones de decirme nada.
-¿Ves? El intentar hacerlo todo solo es malo- el cuerpo en la cama se tensó, y se giró a mirarlo, en la oscuridad -Aprende de sus errores. Mira, ya lo estás haciendo: mis orejas se ganan su sustento- esos ojos rojos parecían mirarlo con una intensidad extraña -¿Y qué pasó entonces?
-Me lo dijo, y me dijo por qué lo hizo. Por qué me eligió a mí y por qué... hay ciertos roces con mis prácticas.
-Porque un par de adultos no pueden actuar como tales y se la agarraron contigo. Qué profesionales. No copies ese ejemplo, por favor.
Izuku lo miró, atónito.
-Pero es mi culpa...
-No te dieron la información necesaria, y ese tipo se las agarró contigo, porque tu mentor no hizo lo que él quería que hiciera. Son problemas entre adultos, adultos que dicen ser profesionales pero que no actúan como tales. ¿Es conveniente que sigas con ese tipo? Si no tiene ganas de ser profesional, al menos podría dársele un aviso o algo así. ¿O qué va a hacer? ¿Volverse un yandere al 100% y encerrarnos en su sótano?
-Bueno... tiene una cama de tortura...
-Izu...
-Tiene una cama de tortura para hacer cosquillas.
-Izu, ¿llamamos ya mismo? Ese hombre no está bien de la cabeza.
-Y es el ideal para poder seguir los pasos de...
-Sigue sus pasos, pero no caigas en los mismos errores. Mira, si te concentras en usar más tus piernas, Mirko sería ideal. E lidia, mejor, con sus temas personales, incluso.
Izuku suspiró y se tapó la cara, a medio girar, mirando hacia el techo.
-Es demasiado.
-Estoy aquí, Izu. Estamos aquí. Yo y el resto de la clase. Y Midnigth sabe escuchar bien los problemas de la gente, puede que hasta te diga cómo sobrellevarlo. En versión para todo público, también.
-¡Kattchan!
No esquivó el almohadazo, y se rió un poco,
-He estado hablando con ella desde lo de Kamino. Dejando lo obvio aparte, es muy buena escuchando y dando consejos sobre cómo superar traumas. Tiene un título en psicología, ¿sabías?
Un par de ojos verdes lo miraron, curiosos.
-No. ¿Cuándo lo hizo?
-Dice que es para mantener la mente ocupada cuando el cuerpo ya hizo su parte. Y le sirve para su trabajo como profesional. ¿O te crees que eligió lo que eligió, cuando pasaron esa nueva ley para los trajes de héroe, sólo para llevar la contraria?
-No lo había pensado.
-Mejor come y luego piensa. Toma, es onigiri de pollo así no te apesta la habitación entera. Y hay...
-Katsuki.
El otro muchacho calló, mirando a un Izuku que estaba sentado, mirándolo de frente, decidido.
-Me honraría... a mí también.
-¿Huh?
-Me gustaría ser tu novio.
-¿Y a quién no?
Se echó a reír con ganas, y luego se le unió el otro muchacho, la tensión rota.
-Ah, era irresistible- dijo Katsuki, pasándole la mano por los ojos.
-Sí, en especial porque cocinas rico- se detuvo al oír esa voz, y luego la risita.
-Ah, así que esas tenemos.
-Aprendo rápido, dijo Izuku, sonriendo.
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La sala común estaba vacía.
Bakugo entró sin apuro al espacio, por lo general lleno de voces y movimiento, y decidió, como todas las tardes, el poner las noticias. A veces podía ver a la clase 1, la A y la B, en acción. O aunque sea se les nombraba. Su rutina era muy distinta a la que había llevado hasta apenas unos meses atrás. Terapia a la mañana, estudiar hasta el mediodía, luego entrenamiento por las tardes, bañarse (antes que llegase el grueso de la clase) y recibirles a la noche, por lo general con algo de cena.
Hoy, la heladera estaba llena.
Cocinar algo más sería un despropósito: lisa y llanamente, no había sitio. Luego de ducharse, fue a por sus cuadernos y carpetas, puso las noticias a volumen bajo, y empezó a repasar. Pasaron un par de horas y tres tazas de té hasta que escuchó un nombre que le era familiar.
-...y Phantom Thief, un aspirante a héroe.
Levantó la vista y miró la pantalla. Había un ataque de lo que parecían ser dos villanos gigantes, uno similar a un pulpo y el otro parecía un golem, ambos de diez metros. Ideal para que Mountain Lady entrase en acción, pero esa no era su zona. El pulpo envolvió un tentáculo alrededor de un edificio, sin alcanzar a rodearlo, y tiró del golem hacia allí, estrellándole el rostro contra las paredes de ladrillo visto. La pared sufrió más daños que el golem, que agarró dos de los tentáculos que lo sujetaban y tiró, despegando las ventosas con un sonido que, incluso sin audio, podía oír.
Incluso con su audición dañada.
Una de las pocas desventajas de su situación actual, una desmejora. Un pequeño precio que pagar.
Monoma estaba usando el don "Endurecer".
Ah, Kirishima. Siempre tan buen muchacho, con una sonrisa que rivalizaba con la de Midoriya en lo brillante. Podía ver cómo había sido todo: un pedido de ayuda disfrazado de otra cosa, Eijiro aceptando con esa sonrisa que desarmaba, Neito aceptando y guardándoselo para cuando la necesitase. Según las notas de Izuku, Monoma podía copiar y usar un don por unos minutos, pero ese uso no era inmediato: podía activarlo cuando quisiera, y usarlo dentro de un límite de tiempo.
Bakugo sabía cuál era ese límite.
Monoma estaba lejos de eso: de hecho, acababa de activarlo, y por como actuaba, le quedaba bastante antes que se terminase. Escudó a una niña que corría, desesperada, por la zona, y el tentáculo cayó sobre él, con las ventosas hacia arriba, como un azote. Entonces, Cápsula actuó, encerrando ese mismo tentáculo en una esfera, dejándolo fijo en el aire, como un grillete. Monoma volvió a su forma normal, y llevó corriendo a la niña a un lugar seguro.
Lucía diferente.
Lejos de la clase 1 – A, estaba serio y concentrado en su tarea. Rescataba civiles inocentes, convencía a la gente que se moviese, en conjunto con otros ayudantes. La pantalla mostraba destellos de él y del resto, y cuando el gólem tropezó hacia atrás, empezando a caer sobre Monoma, sucedió.
Neito, atrapado entre los escombros y con un muchacho que no podía caminar en brazos, utilizó endurecer.
El golem aterrizó primero con el codo, y la espalda era lo que iba a golpear a Monoma. No había forma que escapase. No había profesionales disponibles. Sólo de él dependía salvar su propia vida y la del pequeño, que lloraba a gritos, muerto de miedo.
Antes que el gigantesco cuerpo cayese, Neito se volvió suave. De carne y hueso. Formas redondeadas.
Los gritos de la pantalla aumentaron su súbito dolor de cabeza, y se tapó la cara con las manos. Agradeció el estar solo, el que nadie viese cómo lo afectaba lo que acababa de suceder, sabiendo que eso no terminaría allí, que había al menos dos cadáveres bajo el cuerpo del gólem, que eso ahora tenía otra carátula además de disturbios y destrucción de propiedad privada. Apoyó los codos sobre la mesa y respiró, dejando que todo sucediese. Estaba bañado en transpiración. Se quedó así, sin discernir las palabras pero sabiendo su significado.
Cuando se paró las manos de su rostro, estaban dando otras noticias.
Respiró hondo y fue a ducharse de nuevo.
