Ver con otros ojos

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Es divertido jugar con tu cuerpo

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(La imagen de portada – : / / twitter Sham_sia / status / 1296264379395186695 - es de HSant : / / twitter HSanti_jpg )

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Lo bueno de tener reposo médico era que podía respirar.

Si necesitaba descansar, no había nadie en los dormitorios durante algunas horas del día, y sus actividades diarias a veces requerían paz y tranquilidad. Que nadie lo viese cuando comprobaba la ubicación de sus compañeros de clase o, mejor dicho, los de Bakugo Katsuki. Que, por cierto, era más saludable de lo que él mismo había sido en los últimos veinte años. Y más vigoroso, también. Hacía más de siglo y medio que había dejado la adolescencia atrás, y si bien había cosas en las que tenía que ponerse al día (y quién mejor que Midnigth para eso), la experiencia era embriagante.

Más con la inocencia de Midoriya.

En los recuerdos de Bakugo podía ver su relación, su complejo de inferioridad y superioridad, y cómo se había enfocado en ser el mejor para convencerse, a él y al mundo, que estaba destinado a ello. Era una pena que no hubiera aceptado la invitación de Shigaraki, pero todo había salido bien. Bakugo había pasado sus últimos días encerrado en un cuerpo viejo, sin poder hablar o "ver", que moría cada segundo, y al activar el don de autodestrucción, había barrido con el único testigo y con toda la evidencia.

Y este cuerpo, joven y fuerte, se acostumbraba bien a los dones nuevos.

Se había llevado pocos: además del All For One, el de "retraso" (que permitía activar un don en un momento posterior a la activación de dicho don, como el de auto eliminación, o el del mismo AFO) y el de Ragdoll para poder detectar la ubicación de las personas. El resto los había conseguido en su estado actual, o estaban listos para poder aplicar el "retraso". El "copiar" de su hijo, uno de sus hijos, uno de los experimentos exitosos y que ahora le habían dado sus frutos, era uno nuevo, y el cuerpo de Bakugo resistía bien el tener más de uno en su poder. Además del que poseía de antes, este jovencito.

Y el que había adquirido en Takoba... Una pena que esa pobre muchacha haya terminado siendo otra aspirante a heroína perdida en acción. Qué descuidados, los profesionales. Había que tomar acciones para que eso no sucediese. Algo había qu ehacer, claro, qué ejemplo estaban dando al mundo.

Era agradable el respirar, sin tener que encargarse de Shigaraki y de su entrenamiento. Ahora, el mundo entero creía que él estaba muerto y que Bakugo Katsuki había cambiado, nada nuevo en personas luego de un trauma. Y el seducir al portador del One For All era una delicia que nunca pensó que podría saborear. Ayer mismo, Midoriya había vuelto de su práctica y lo había besado, abrazándolo con fuerza y en silencio. Lo había abrazado y besado de vuelta, por supuesto. El amor joven, inocente, inexperto, era una novedad que disfrutaba como una fruta exótica.

Eso había sido luego de la muerte de Neito.

Era tan divertido jugar a ser un cordero.

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El adaptarse tenía sus trucos, claro, pero era algo que podía hacer sin problemas.

Kirishima había sido el más fácil: no era inusual que él y Bakugo tuvieran contacto físico, así que fue el primero que copió. Luego, fue a por otros menos visibles, con menor tendencia al contacto físico, en especial para él: Uraraka y Satou fueron los siguientes. Koda fue el más difícil, pero rozó su mano al pasarle un plato con comida, y apenas con medio segundo de reacción del muchacho. Gigante gentil, sin duda.

Sería interesante hacerlo un Nomu de los que iban a aparecer pronto.

Oh, bueno, no se podía todo en esta vida.

Cada uno de esos jóvenes eran una posible mina de oro, si se presionaban los botones adecuados. ¿En cuánto dinero valoraba Uraraka el ser una heroína? ¿Qué diría Iida el saber ciertos entramados del accidente de su hermano, y los factores que habían determinado su retiro, además de los de salud?¿La repugnancia de ser hyper sexualizada, y la forma en que surgían obras donde la representaban cono una niña manteniendo relaciones con adultos, bastarían para que Yayorozu se fuese, o cambiase de carrera? ¿Ashido haría lo que hacía ahora, si viese lo que pasaba en algunos barrios populares, de esos que nunca salen en la televisión pero siempre la ven? La lista seguía y seguía, junto con los dones interesantes que iba a coleccionar.

No había que apurarse, claro.

Luego de robar el don de Neito, había tenido que esperar unos minutos para moverse, y unas horas para poder hacerlo sin dolor. Este cuerpo era sano, fuerte, joven y deseante, pero no podía darse el lujo de romperlo, menos que menos tan pronto. Por ahora, sólo se limitaría a copiarlos, pero ya tenía a otros a la espera con "retraso"... porque era seguro que iban a morir mucho antes que él. No es como si fuera la primera vez que cambiaba de identidad y se iba a un ámbito completamente distinto por un tiempo.

Él era un profesional, después de todo.

Y muy bueno en lo que hacía.

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Luego de sus incursiones en el mundo de las drogas, de la creación de Nomus, de haber construido un imperio criminal multimillonario en siglo y medio, esto se sentía... ¿cómo había dicho Shigaraki? Como un juego nuevo+. Muchas ventajas dadas por la experiencia, las habilidades y niveles del fin del juego, pero no las armas, accesorios, armaduras y oro. El usar el don de Bakugo le había costado un poco, lo mismo que acostumbrarse a su rutina de estudio, pero este cuerpo tenía las suyas integradas a nivel de memoria muscular, por lo que el cambio, progresivo, fue orgánico y natural. No tenía ni el dinero ni la influencia de All For One, pero a esta altura de su vida, eran medios para sus fines. Y ahora había logrado uno de ellos.

Esa tarde, mientras Satou usaba la cocina para hornear algo, fue a la habitación de Midoriya.

La necesidad de afecto, de atención positiva, de aceptación, de cariño, eran tan evidentes que, apenas lo abrazó, Izuku se aflojó, temblando. Allí estaba el heredero de su más grande enemigo, a su merced, a un quiebre de cuello de terminar el legado que le había dado a su inocente hermano, tan inocente como cualquier muchacho de su edad. ¿De verdad creía el idiota de All Migth que iba a poder vencerlo? Al menos Shigaraki era más un joven adulto que un adolescente, más con la despedida que había tenido con él. Lo había preparado bien, no como el genio de Yagi, y podía ir por su cuenta. De tanto en tanto comprobaba su ubicación y, al parecer, estaba con la yakuza ahora.

E Izuku se había encontrado con su líder.

Estaban en la habitación de Bakugo, en teoría repasando, pero habían terminado hacía rato y, de a poco, había llevado a Midoriya hasta su regazo, abrazándolo desde atrás y esperando. La suavidad del agua podía derrumbar hasta la más alta y dura de las montañas, y aquí había demasiadas grietas.

-Katchan...

-¿Sí?- oh, la inocencia en esos ojos verdes. Quería besarlo y bebérselo todo para llevarlo en su interior. Era demasiado adorable. Le colocó una mano en la nuca, sin empujar, sólo estando allí.

-Me gustaría tanto que estuvieras... - pareció darse cuenta de lo que estaba diciendo, y se calló, avergonzado, apartando la mirada.

-A mí también- la mentira era a medias: habría sido interesante ver cómo era Shigaraki sin las rueditas que él le había dado, pero eso podría poner sus propios planes en peligro -Aunque no sé si hubiera soportado la carga que tienes, Izu.

El otro no dijo nada, y pareció recordar algo negativo.

Podía suponer qué.

-Izu, si no puedes decirlo lo entiendo. Pero puedes decirme cómo te hace sentir- le acarició el cabello, sintiendo cómo pasaba entre sus dedos, y pensando en otras formas de contacto.

-Soy débil.

-No es verdad.

-Era débil antes y sigo siendo débil ahora.

-Oh, claro, porque Denki pega patadas más duras.

-No es... - se calló, buscando las palabras -Siempre estoy detrás del resto.

-No parece ser el caso en toda la clase de primer año.

-Estoy por detrás de Togata...

-Pues claro, si es de tercero.

-¡No es...!- calló, tenso, cerrando los ojos y los puños. Siguió acariciando su cabello hasta que aflojó algo la tensión.

-Estás bajo una presión enorme, que no deberías tener a nuestra edad- sonrió para sus adentros.

Izuku respiró hondo.

-Tengo que estar a la altura.

-Y lo estarás, a su debido tiempo.

-Hay gente que depende de mí, y no tengo ese tiempo.

-Así es la vida. Para eso tienes un equipo, Izu, te lo he dicho mil veces. Si los profesionales hicieron algo que tú no hubieras hecho, por algo será. En especial si eso incluía el tirarte de cabeza al peligro, solo, e intentar solucionarlo todo por tu cuenta- tensión -Ah, ya me parecía.

-Quiero hacer más.

-Y lo harás. Me gustaría poder estar allí para ayudarte. Haríamos un gran equipo.

La sonrisa fue compartida, los motivos tras la de cada uno separadas por un abismo.

-Si yo comprendo que a veces hay que soltar para no romperse, creo que es hora que lo entiendas- le empujó la frente con un dedo, dejando su cabello, y le dio un beso en la mejilla, abrazándolo, pecho contra espalda.

-Hay... alguien en una situación horrible, y quiero salvarla.

-La van a salvar, no tú solo.

-Me pidió ayuda a mí y no pude hacer nada. Me dijeron que la dejase ir.

-Y ahora irán a rescatarla, ¿no?- esos ojos curiosos lo miraron, confundidos -No es tan complicado. Por eso estaban tan nerviosas Eijiru, Ochako y Tsuyu. En equipo. En grupo. Ayudándose para lograr un objetivo común.

-¿Por qué lo repites tanto?

-Para ver si así te entra en la cabeza- apoyó la propia sobre la de Midoriya. Era algo más bajo que él, y sonrió, pasando la mano por el costado del otro.

-¿Katchan?

-¿Hmm?

-¿Qué pasó cuando te llevaron?

Dejó la mano quieta y lo pensó.

-Me propusieron ser parte de la Liga- dijo, despacio, y luego con más ritmo -Les respondí que se lo metiesen donde no brillaba el sol. Ni siquiera me dieron comida decente, y esas cosas no se perdonan. Yo cocino mejor que todos ellos, incluso Kurogiri, el de los portales de niebla, que podrá ser barman pero de cocina no sabe nada más que de acompañamientos para bebidas. Además, querían que fuese un subordinado de un aspirante a villano. Era indignante. Apenas atravesé el portal, me mantuvieron a punta de dones, o de cuchillo en el caso de Himiko Toga, y me colocaron las restricciones. Y ni un café instantáneo me ofrecieron. Mientras menos sepas cómo iba al baño, mejor- las mentiras rodaban por su lengua sin problemas. Muchos años de práctica. Bakugo había sido inyectado con un tranquilizante, y entonces había activado "intercambio" junto con "retraso". "Retraso" había sido vital para pasarle los dones que usaría, una vez se activase "autodestrucción". Katsuki se la había pasado dormido por varios días, días en los cuales había trabajado en él para preparar su cuerpo para él, hasta unas pocas horas antes del rescate, donde lo habían dejado en la silla de contención -Y eran una banda de extras insoportables que no sabían cómo moverse. Si no fuese por ese tipo de la máscara, estarían en la cárcel hace mucho.

-¿No tienes.. pesadillas?

-No cuando te abrazo.

Izuku se rió, nervioso, y luego sonrió, algo sonrojado y más relajado.

-¿Katchan?

-¿Sí?

-Puedes abrazarme más si quieres.

-¿Todo el tiempo?

-No, así no- era adorable ver cómo intentaba decir lo que deseaba. Shigaraki, asexual como era, nunca tendría esas dificultades porque no sentía deseo sexual, pero tanto Izuku como Bakugo, y él mismo, lo tenían. Y muy activo. Ah, cuerpos jóvenes...

-¿Así?- subió la mano hacia su cara y empezó a acariciarlo, bajando la otra hasta quedar sobre su estómago.

-Hmjm-subió una mano hacia la rubia cabeza, y dejó que guiase su rostro.

Hasta ese momento, todos sus besos habían sido labios para afuera, pero ahora Midoriya le permitió entrar. Recordaba algo de cómo se hacía, y el instinto le dictó el resto. Torpe, sí, pero así eran los adolescentes. Jadeó cuando se separaron. No era el único sonrojado ahora. Izuku se giró, quedando arrodillado frente a él, y le pasó los brazos por el cuello, besando todo lo que podía encontrar.

Y él acariciaba todo lo que había a su alcance.

El cuerpo joven, sano, fuerte frente a él, era firme y deseoso. Lo recorrió con las manos, prestando atención a cómo reaccionaba, además de la prueba más que evidente frente a él. Izuku jadeó, algo sorprendido, cuando un par de manos enmarcaron su trasero y apretaron. El muchacho frente a él sonrió con aprobación y algo de malicia, asegurándose que el otro lo había visto antes de volver a besarlo.

Un par de manos recorrían la espalda del rubio, el cuello, las piernas, acunaban su rostro y pasaban por su pecho, sin dejar de besarlo. Jadeó cuando la boca de Bakugo fue hacia su cuello para besarlo. No sabía qué hacer con las manos, así que siguió moviéndolas y sintiendo la piel bajo la tela, tela que le empezaba a molestar demasiado. Ahogó un gritito de sorpresa cuando sintió un mordisco. Luego, suspiró al sentir el delicioso torrente que se vertía por su cuerpo cuando los labios dejaron su cuello.

-Si algo...- dijo, entre jadeos, Katsuki -no te... gusta... dímelo.

-Sí... Katchan- respondió. ¿Estaba puesta la calefacción?

Unieron sus labios de nuevo, y sintió esas manos yendo hacia abajo de su ombligo, pasando por debajo de la cintura y apenas rozando un área que estaba demasiado sensible. Se crispo un poco y la mano se detuvo, suspiró y sintió que volvía a moverse.

-Si quieres... - jadeó Bakugo -puedes tocarme también.

Un par de ojos verdes lo miraron y una mano pasó de su cabeza hacia su cadera, al costado, dudosa. Asintió, y la mano se hundió al frente, sintiendo una dureza caliente que no retrocedió ante su toque.

Un par de manos tomaron sus antebrazos y empujaron hasta hacerlo sentar. Jadeando y sin entender, dejó que Katsuki lo moviese, hasta que las pelvis de ambos estuvieron en contacto, sus piernas por debajo de las de Izuku.

-Heh- sonrió con malicia -Me gustan... tus piernas... rodeando mi cintura.

Era embriagante.

Era embriagante y sus manos y su boca querían más, más, más. Movía la pelvis para que entrase en contacto con la del rubio, sinténdola despierta como nunca antes. No era ni comparable a masturbarse: manos ajenas, otro cuerpo, una boca que jugaba con la suya y un calor sofocante que lo hacía jadear. Una mano se deslizó por debajo de su remera y fue como si trazase un camino ardiente. Lo abrazó, con una mano rodeando su espalda y la otra entre ellos, subiendo y bajando sobre sus erecciones cubiertas.

-Kat...

-¿Hm?

-Sácalo.

Lo besó en el cuello y fue a por el botón de los pantalones de Izuku, mientras el otro muchacho miraba, como si no fuese él sino alguien que estaba al lado, sintiendo que se salía de su piel caliente. Gimió cuando su pene se liberó, y miró cómo las manos de Katsuki hacían lo propio con su ropa. Levantó una mano dudosa, hasta que Bakugo le acarició la mejilla, animándolo, y pasó unos dedos tentativos sobre el glande.

Katsuki suspiró.

-Ah sí- mitad jadeó y mitad suspiró, mordiéndose los labios y sonriendo. Izuku no sabía que se pudiese sonrojarse más, pero sabía que eso estaba haciendo ahora.

Era parecido en estructura, pero no en diseño. Más fino y algo más largo, con una mata de cabello rubio enrulado en la base. No se movió cuando una mano ajena trajo algo, un pequeño recipiente de lo que parecía crema, y apretó, dejando caer algo fresco en sus pieles calientes, ni tampoco cuando la otra mano fue a acariciar su miembro. Respiró hondo al sentir unos dedos cerrándose alrededor del propio, resbalosos y húmedos. Era una llama interior, corriendo en sus venas y encendiéndose con cada toque de piel que no era la suya.

Movió su mano, probando distintas formas de conectarla con esa piel firme y viva, en un espacio en el que estaban ellos dos y nadie más, sus jadeos y calor, su transpiración y sus pieles moviéndose. Sintió un ramalazo de placer y se crispó, jadeando, la mano que lo acariciaba se movió más rápido e intentó hacer lo mismo, algo torpe pero ayudado por la resbaladiza sustancia que había tomado su calor corporal. Vio que Bakugo también se crispaba, gruñendo, y de alguna manera terminaron sosteniendo los dos penes, subiendo y bajando, sintiendo los movimientos del otro en sus zonas más sensibles.

El tiempo se derritió en una nada que no tenía sentido.

Sintió de nuevo un ramalazo, y poco después otro más. Izuku gimió, sintiendo que su cabeza tiraba hacia atrás, pero quería verlo, quería ver ese rostro rubio jadeando, sonrojado y lleno de placer. Tembló con el siguiente embate, y una oleada de algo empezó a elevarse en su estómago, bajo su ombligo, haciéndolo temblar, y entonces hubo un súbito movimiento, una mano lo agarró de la nuca y lo lanzó contra un hombro, y su jadeo de sorpresa pronto fue opacado por la sorpresa de tener a alguien mordiendo la tierna carne entre su cuello y su hombro, y el placer se disparó por todo su ser.

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El cuerpo contra él se tensó en algún momento, y algo caliente salpicó su estómago.

Eso era algo que percibía como si estuviese en un lugar lejano, porque ese cuerpo jadeante contra el cuerpo jadeante de Katsuki no podía ser de él, era demasiado grande, con la piel demasiado caliente, y demasiado flojo con un placer que no había conocido hasta esos momentos. Con cada jadeo sentía que se acomodaba, abrazado con una sola mano a esa espalda musculosa mientras una mano se pasaba por su espalda, bajo la tela y sobre la piel. Sentía unas ganas casi irresistibles de quedarse así, en un estado etéreo de bienestar...

Suspiró, relajado y flojo.

-Eres tan tierno.

La frase le sonó muy graciosa y se rió por lo bajo.

-Eres tan sexy- siguió la voz, y una mano le acarició el cuello y la nuca hasta posarse en su mejilla y moverse sobre ella -Quiero comerte.

-¿Soy sabroso?- preguntó, no del todo consciente.

-Más que cualquier cosa que pueda cocinar.

La risita volvió.

-Y creo que mejor nos limpiamos. El lubricante seco no es agradable.

-¿Tenemos que?

-Vamos, gatito mimoso.

Sonrió y, en contra de todo lo que deseaba, despegó la parte superior de su cuerpo de la de Katsuki. No sabía qué expresión tenía ahora, pero sospechaba que era similar a la satisfecha y algo orgullosa que veía frente a él. Dejó que le acariciase el rostro con una mano limpia, sonriendo, sintiendo cómo el aire se enfriaba a su alrededor, volviendo a su piel, a su cuerpo jadeante.

-Toma- había una toalla frente a él, húmeda.

-¿Hm?

-Mejor son tibias, pero sólo tengo botellas con agua templada.

La tomó, no entendiendo del todo, hasta que despegaron sus piernas y vio cómo Bakugo la usaba para limpiar su abdomen y genitales. Allí pareció conectar los puntos y lo imitó, como si fuese algo normal. Algo de lo que no debería avergonzarse. Estaba medio desnudo frente a otro muchacho, con el que habían compartido... ¿contaba eso como perder la virginidad? No, como primera experiencia sexual. Tercera base. El ambiente era cálido, aunque cada vez se hacía más húmedo.

-¿Estás bien?

-Sí- respondió, algo curioso -¿Por qué no lo estaría?

-Me gusta esa sonrisa. Es nueva.

Se rió por lo bajo. Era agradable hacerlo cuando se sentía tan bien.

-Izu.

-¿Sí?

-Quisiera hacer muchas cosas juntos. Y si tú tienes algunas ideas al respecto... serán bienvenidas.

-Ajá- dijo, no entendiendo del todo, y cuando terminó de limpiar el semen y el lubricante, buscó dónde dejar la toalla. Bakugo despejó la bandeja con las tazas de té vacías, y las dejaron allí arriba.

-¿Te has manchado la ropa?

-Creo que sí- Izuku se miró y vio que su pantalón no tenía manchas sospechosas, pero su remera sí.

-Toma, usa esto- dijo Bakugo, alcanzándole una remera de colores neutros -Y después devuélvela, así tiene tu olor.

Se revisó su propia ropa: su pantalón estaba manchado, al igual que su musculosa. Se encogió de hombros.

-¿Quieres el primer o el segundo turno?

-¿Hm?- un par de ojos verdes lo miraron curiosos, mientras volvían a acomodarse la ropa.

-Para las duchas. Hueles delicioso, pero quizás no quieras dormir con transpiración seca.

-Ah- dijo -Segundo.

-Bien- sonrió, ya del todo vestido, y acunó su rostro, besándolo con dulzura. Sus ojos rojos estaban llenos de placer y relajación -Estuviste genial.

La sensación le duró a Izuku hasta bastante después que Bakugo se hubiese ido.

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Pensándolo en frío, Bakugo era listo.

Eso, y estaba preparado, listo, para eso.

Esa noche, después de ducharse y devolverle la ropa a Bakugo (insistió en que no la lavase, dijo con picardía, así podía ponérsela a una almohada y usarlo como gatito de peluche para dormir), cuando estaba en su cama y repasando los eventos del día, notó que tenía todos los elementos a la mano. Lubricante, toallas, agua para humedecerlas y un lugar para llevárselas sin que ensuciasen. Suspiró, satisfecho, sonriendo de una forma nueva y agradable.

Era consciente de todo lo que tocaba su piel ahora.

Sintió a su cuerpo hundirse en un sueño relajado y cálido, lleno de manos firmes y bocas suaves.

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Le gustaba este cuerpo.

Le gustaba esta vida.

Le gustaba saber que tenía mucho por delante, libre de su pasado y libre de hacer con su futuro lo que quisiese.

Nadie podía decir que era mal padre: toda su prole recibía una mensualidad los primeros veinte años de sus vidas, que les permitía vivir bien, y se ocupaba de cada caso, a la distancia. Monoma era uno de los últimos. Ahora sería un mártir, un joven prometedor con un futuro brillante, cortado de cuajo por los errores de los profesionales que deberían haberle enseñado mejor, entrenado mejor, actuado mejor.

Ahora, la apuesta era más desesperada: si la misión salía mal, la prensa los lapidaría. Y como debía de salir bien, dejarían de lado algunas minucias que, tarde o temprano, les iban a pasar factura. Reconocía el flujo de comportamiento. Lo había visto muchas veces antes, en distintos ámbitos. El estar allí, en el medio del mar embravecido, disfrutando de todos los beneficios de esa nueva oportunidad, era lo más satisfactorio que había hecho. Quizás más que decirle a la cara de All Migth lo mucho que había fallado, allá en Kamino.

De momento, tenía que prepararse para mañana.

En unos días sería la operación, y tenía kilos de dulces que preparar.

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Otra tarde en solitario.

Otra tarde donde tenía tiempo libre, incluso después de entrenar y hablar con Midnight sobre cómo se iba adaptando a su nueva realidad. Ella habría sido muy buena para la Liga: tantos varones resentidos allá afuera, frustrados porque las mujeres de la vida real no eran como las de porno o los animes isekai... fácil de manipular, pero poco útiles además de como carne de cañón. Vlad King habría sido un mentor excelente para Himiko Toga, y Aizawa... ah, qué adición tan buena habría sido. Una pena que hubiera decidido ir a donde no debería haber ido. Hitoshi Shinshou, sin duda, lo habría seguido.

Se estaba yendo por las ramas.

Tenía que hacer su investigación, y era un tema delicado, que no admitía fallos. Sólo tenía una oportunidad. Y varias alternativas si no funcionaba, pero eso no era motivo para ser descuidado y dejar que el primer intento no diese los resultados esperados. Era una práctica similar a su época de químico: el buen doctor no era el único que sabía cómo mezclar cosas para obtener un resultado determinado. Sólo que él incluía la biología, la composición de un cuerpo con un don muy conocido, para hacer que su meta fuese no sólo posible, sino la única opción.

La batería servía, pero no siempre, le había dicho a Satou.

Ese muchacho habría podido ser un gran pastelero, si no fuese por la sociedad de héroes. Cuánto talento desperdiciado en un mercado saturado, en decadencia y con un vacío de poder que, no lo dudaba, iba a resultar en muchas facciones peleando entre sí. Ya había detectado algunas, aunque la prensa siempre encontraba la forma de presentarlos de forma positiva. Uno de sus diarios sensacionalistas, lo sabía, publicaría la verdad sin tanto azúcar, pero lo desecharían porque no podía ser semejante cosa no. Pero lo leerían de nuevo sólo para asegurarse, claro.

Cada ingrediente aportaba elementos indispensables, algunos superfluos, otros complementarios. La pastelería era una ciencia exacta, más aún con postres frágiles que no aguantarían un viaje en bento. Pero si requerían un envase especial, ¿por qué no incluirlo en el plato en cuestión? Ya había envases comestibles en el mercado, y el agregarle algún que otro detallecito podía... acercar... los deseos de cierto héroe profesional de tenerlo en su agencia.

Otra línea, otra posibilidad.

Había que cuidar que los sedales no se enredasen, claro, pero eso era parte del arte de la pesca.

Y cuando se tiene la idea fija que se es un depredador ápex, no se esperan ciertos ataques. ¿Quién se atrevería a hacerle algo así, a él? Y más aún en público. Recordando la composición química de la sustancia, la hizo salir de su muslo, y luego otras cosas más dentro de objetos de aspecto inocuo y que no se abrirían a menos que fuese él quien lo hiciera. Objetos de peso y volumen inocentes, de esos que ves y no tienes ganas de tomar en las manos ni pasarla entre los dedos, porque son los más comunes que puedes llegar a ver. Un daruma con un ojo pintado, hueco. Un lapicero de madera con doble fondo. Una cajita pequeña de pañuelos de papel.

La reacción química sería más intensa cuanto más tiempo pasase, aunque fuera sutil para los apasionados estándares de ese hombre tan violento.

Se rió por lo bajo. Quién habría pensado que iba a ayudar a limpiar a la sociedad de héroes de su basura interna, esas tan instaladas que te resignas a convivir con ella. Menos mal que los villanos tenían más pensamiento lateral... y mejor gusto para las golosinas.