Ver con otros ojos
.-.
Las otras formas de ver (y oír)
.-.
.-.
A veces, Katsuki no estaba en su habitación en las noches.
En un par de ocasiones, Izuku había vuelto tarde, cuando la sala estaba a oscuras, y veía una figura inclinada en uno de los sillones, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. A veces brillaba de transpiración fría. Se tensaba cuando lo sentía sentarse al lado, pero cuando le apoyaba una mano en la espalda, se relajaba. Katsuki no lo miraba entonces, pero a veces le tomaba la otra mano y la sostenía entre las suyas hasta que sus temblores pasaban.
A veces, parecía recordar cosas malas.
En un par de ocasiones, Katsuki se había callado y lo había abrazado, sin decir una palabra sólo respirando y con el corazón latiéndole a mil por hora. A veces, temblaba. No decía nada luego, pero Izuku le sonreía, diciéndole sin palabras que estaba ahí para él.
Habría sido una enorme ayuda para rescatar a Eri.
Pero no parecía estar en un buen estado como para ir a una misión de esa envergadura.
Poco a poco, pareció ir retomando el ritmo, estudiando con Eijiro y cocinando en sus ratos libres. Rikido y Ochako estaban más que felices de ayudarlo cuando probaba nuevas recetas que requerían ser consumidas enseguida. El resto se guardaba. Izuku no recordaba haber tocado la cocina salvo para el desayuno, y no le molestaba para nada. Cada quien tenía su forma de lidiar con sus traumas. Hasta había preparado kuzumochi para Fumikage cuando se enteró que iba a hacer sus prácticas con Hawks, en un recipiente que mantenía el frío que necesitaba mantener. Cada semana probaba una receta nueva de katsudon. Miraba un anime sobre una batalla de cocina, con un protagonista llamado Souma, si mal no había captado.
Nadie se quejaba de eso, Katsuki era el que mejor cocinaba, a menos que fueran dulces. Satou era el indiscutible rey de lo dulce. Y Katsuki sería su igual pero en lo salado, le dijo una vez.
Sólo deseaba que el Katsuki que viniese pudiera ser más feliz que el Katsuki del pasado.
.-.
Bakugo Katsuki parecía ir mejorando... de alguna manera.
Era algo vago respecto a quién era su nueva pareja sexual, pero su cambio de actitud era más pronunciada con un muchacho en especial, y no se es dominatriz si no se saben leer esos signos. Ah, la pasión joven. Esos dos parecían estar mucho mejor ahora, aunque ella era demasiado precavida y sensata como para pensar que todo estaba bien.
Porque no sólo hablaba de salud sexual con Bakugo, sino sobre los efectos que le había dejado su secuestro. Muchas cosas estaban sucediendo este año, y ella sabía, por experiencia, que no podían detenerse. Bakugo decía, sin decir, que si se retiraba ahora, sería blanco fácil. Mencionó que había despertado en un lugar demasiado caluroso, y que de tanto en tanto le daban agua, peor que nunca necesitó ir al baño, porque transpiraba todo. Y se llevaban eso. No le sorprendería si aparecía en alguna operación criminal, y Recovery Girl afirmaba que algo así podría reproducirse o refinarse.
Midoriya estaba más relajado ahora, y por la forma en que se sonreían, ya habían comenzado a divertirse juntos. Siendo que había más hombres que mujeres, no era una sorpresa, a menos que fuesen a por las relaciones poli. Mala idea para empezar, pero eso era en su generación, claro, no en la actual... Y esos tres no estaban muy receptivos a la idea en su época de estudiantes, cuando no había dormitorios. Oh, bueno.
Esta generación se enfrentaba a otros desafíos.
El joven Midoriya aún tenía problemas de autoestima y un síndrome del impostor evidente, aunque parecía ir mejorando. El joven Bakugo tenía muchos más problemas de los que dejaba ver, y muchos de ellos motivaban su deseo de no irse de Yuuei. No quería volver a su casa, una casa donde no había el mejor de los ambientes, y más sabiendo que habían reaccionado mal la primera vez que había deslizado que quizás le gustasen los hombres además de las mujeres. Había solicitado permiso para quedarse en Yuuei durante las vacaciones, quizás haciendo sus prácticas, dijo. Había que discutirlo con el director.
Era un alivio, entonces, ver que al menos en un aspecto de su vida, le iba bien.
Eso, y el dedicarse a la cocina repercutía de forma positiva en el resto de la clase. A veces, hasta horneaba algo y se lo enviaba a sus compañeros para que llevasen a la agencia en donde estaban haciendo las prácticas. "Vayas a donde vayas, te reciben mejor si llevas comida", le había dicho, y tenía razón. Era una de las verdades universales que aplicaban en todas las épocas... como los beneficios de una apasionada sesión.
Eso parecía tenerlo bien cubierto.
Tomó una de las galletitas que le había dado ayer, de limón con semillas de amapola. Eran deliciosas. Les llevaría algunos a sus chicos, y se las daría si se portaban bien. Que nadie dijese que ella no recompensaba el buen comportamiento.
.-.
¿Cuán grande era el desastre?
Una vez salió a la luz que All For One había muerto, el revuelo había sido monumental, alcanzando el continente y hasta otros hemisferios. Habían descubierto una fábrica de Nomus en Brasil, en una de las comunidades japonesas de ese país. Dos diarios sensacionalistas, que se especializaban en dones, no dejaban de preguntarse cuántos se habían perdido con su muerte, y mostraban casos de gente que aseguraba que le habían robado su don. Algunos casos eran de gente que los había recibido, y el primero registrado databa de más de medio siglo atrás. Yagi había sabido que ese hombre era un villano poderoso, pero nunca había cobrado conciencia, hasta que lo vio explotar frente a él, de todo de lo que era capaz.
Nemuri decía que era normal, en casos de gente poderosa, el negarse a vivir lejos de su estilo de vida acostumbrado. Había sido una vida de alrededor de dos siglos, si no más, y el rastro que empezaba a descubrirse era gigantesco. Tenía operaciones en el continente asiático, Rusia europea, y parecía haber empezado algunas operaciones tentativas en el Reino Unido. Estados Unidos tampoco había escapado de sus garras. Ni de los Nomus que, al mismo tiempo, habían sido activados, destrozando todo lo que tenían a su paso, en diecisiete países.
Se frotó la frente con los dedos, deseando poder moverse, hacer algo, en vez de ser sólo un viejo frágil que había que cuidar.
Su oficina estaba vacía, había tomado media taza de té y el resto se había enfriado hacía horas. Leía los informes, intentando armar un rompecabezas cuyas piezas se caían por los costados y no encajaban del todo. Quizás porque no era él quien lo había planeado pro dos siglos.
Había habido movimientos de dinero. Congelaron cuentas en varios bancos, pero no siempre a tiempo, y en los paraísos fiscales las reglas eran otras. No tenía dudas de a quién había ido esa fortuna. Los nomus habían sido detenidos, pero se habían llevado varias vidas, y eso sumaba al escándalo de Kamino. Su agencia, ahora apenas con el personal esqueleto, lidiaba con las secuelas, pero ya había gente deseando comprar el edificio. No veía sentido en conservarla. Su personal ya tenía ofertas sólidas de trabajo, así que nadie se quedaría en la calle, y él había ganado lo suficiente para vivir con comodidad. Incluso si era conectado a máquinas.
Ladró un intento de risa, que se quedó en resoplido.
Ah, no, si ese momento llegaba, no iba a parecerse a él. Iba a irse a su casa y a dormir, y esperaba que ese sueño continuase hasta que pudiera ver a Nana Shimura y rogarle que lo perdonase por todo en lo que había fallado.
.-.
Algo no andaba bien.
Aizawa sabía que algo allí no andaba bien, aunque no sabía decir qué. La situación era demasiado extraña como para ser tal y como se dejaba ver en la superficie, y él no era de los que se quedaban de brazos cruzados, esperando lo mejor. Hizashi también pensaba algo similar. Los yakuza tenían demasiados factores en contra como para seguir haciendo lo que hacían desde el principio, y si bien Midoriya parecía menos... deseoso de romperse, la situación era demasiado delicada. Bakugo parecía haberse vuelto más calmado, hasta sumiso (después de hablar con Midnigth, pero él sabía que ella era demasiado profesional y tenía bien clara su moral como para intentar nada físico con un menor), y temía que se hubiese quemado.
Al menos, la cocina parecía hacerle bien.
Dónde había encontrado cortapastas de gatitos, no sabía, pero no se rechazaba algo así. Menos porque el maldito listillo se lo había dado a Yamada, y él las había traído con esa sonrisa que ya le conocía, y había mordido una apenas Shota vio el cuerpo del delito en un plato en medio de la mesa de la sala. Al menos su intelecto y planeamiento no había menguado, eso había que reconocerlo.
Pero que no hubiera protestado demasiado por no hacer las prácticas...
¿Qué habría pasado si lo incluían en la redada a la guarida yakuza? Midoriya no era raro que intentase cargarse solo todo a las espaldas, y no le sorprendería si terminaba sacando a la muchacha a caballito.
Y luchando contra Overhaul a la vez.
Al menos, el saber que iba con Lemillion era tranquilizador. Quizás, algo del sentido común, algo de la madurez del casi graduado, pasase a esa cabeza dura. No es que los tres grandes fueran ejemplos de sensatez, pero era de Midoriya de quien estaba hablando ahora. Que parecía haberse tranquilizado y empezado a sonreír poco después de Kamino. Después que Bakugo volviese del hospital y decidiese cambiar. O que se diese cuenta que no podía seguir así, porque ya no servía.
Si le iba tan bien en sus planes de vida como en la cocina, mejor, pensó, tomando otra galletita de gato de chocolate.
.-.
La prensa quería sangre.
Siendo que era prensa humana, a Nedzu no le sorprendía.
Luego del incidente de Kamino, con el retiro de All Migth, el secuestro y rescate de Bakugo (y que nadie se enterase de quiénes lo habían sacado de allí), las repercusiones habían sido demasiado tibias dentro de la escuela. Fuera, ardía Troya, desde Estados Unidos y Rusia hasta China y Japón, además de algunos países de por medio. El bastardo tenía un laboratorio en Brasil. Brasil. El país que tenía la comunidad japonesa más grande fuera de Japón. Podía esquivar las puntas de las flechas envenenadas en forma de preguntas de la prensa, y era el que mejor sabía hacerlo. El que podía hacer que todo esto no se desmoronase.
Kayama Nemuri había solicitado se le diese el puesto de psicóloga, arguyendo que era una posición necesaria. Nedzu había dudado, pero el razonamiento de Midnigth era bastante sólido. No se podía seguir haciendo todo como se lo había estado haciendo en la época donde All Migth y all For One eran las medidas de la justicia y del crimen. Y Recovery Girl podría sanar las heridas del cuerpo, pero eso no bastaba para tener gente joven y sana.
Bueno, tanto como podían serlo el grupo de imanes de problemas que tenía ese año.
Al menos, la clase 1-B era más calmada... incluso antes de la muerte de Monoma Neito.
El secuestro de un estudiante, la muerte de otro, un infiltrado que aún no descubrían, varias denuncias sobre mala praxis y negar el acceso a la salud a varios alumnos, más que nada a Midoriya Izuku, habían terminado de decidir la cuestión. Lo peor que podría hacer ahora era no hacer nada. Dudaba que All For One hubiera muerto realmente, o al menos su influencia en el mundo, aunque mañana mismo atrapasen a lo que quedaba de la Liga de Villanos. Podía verlo en cómo se comportaban la clase 1-A, en especial Bakugo y Midoriya. Que parecían estar en una relación ahora, una beneficiosa para los dos.
O eso decía Midnigth.
Sus representantes legales iban a ganarse su bono de navidad ese año.
.-.
Para ser algo más suave, seguía teniendo sus pinchos.
Midoriya le había dicho que tenía que ser él quien lo llamase, porque Katsuki no iría si Izuku lo llamaba. Sonrió mientras le daba otro puñetazo a la bolsa de arena. Cómo habían cambiado las cosas. Más cuando Midoriya pasaba más tiempo en la habitación de Katsuki que nunca... cosa no tan difícil, ya que hasta ahora jamás había entrado. Y parecía que se llevaban muy bien, si la sonrisa que tuvo Midoriya durante tres días era algún indicio.
Bakugo seguía siendo Bakugo, aunque parecía haber llegado a un punto de quiebre. Como ése al que había llegado después del examen de entrada, cuando decidió que su pelo se vería mejor rojo que negro. A veces, podía ver cómo sus movimientos fluidos parecían llegar a algo que antes no estaba allí, y le costaba, de forma visible, no caer en su viejo yo. Estaba algo desorientado a veces, pero era Katsuki, y Katsuki no se rendía. Bien varonil.
.-.
A veces, el estar en el fondo y ser ignorado tenía sus ventajas.
A Koji no le gustaba llamar la atención: la interacción social le costaba demasiado, y la forma en que la gente se comunicaba le era algo extraña y hasta ruda. Cuando hablaba con los animales, podía entender muchas formas de expresarse, y hasta de ver ciertas formas de contemplar la existencia que a la gente humana no le era aparente.
Aizawa – sensei le había dicho que podría ser una gran ayuda para recopilar información, y le había sugerido algunas agencias relacionadas con el espionaje y el manejo de animales. Barajó desde Gang Orca y Selkie hasta las Wil Wild Pussycats, y prefirió omitir a Present Mic. Envió su solicitud para Selkie y, a pesar de sus temores, había sido bien recibido. Por los héroes profesionales y por los animales marinos. Fue como encontrar una segunda casa.
Más que nada, por lo raro que estaba ahora todo en los dormitorios.
Hasta el momento, Bakugo no había sido alguien agradable. Demasiado agresivo, demasiado ruidoso, demasiado competitivo y con una fijación en ser el número uno. Aizawa – sensei le había dicho que había muchas formas de ser héroe, y que no todas incluían el ser una sirena andante reclamando atención. All Migth había sido uno de esos, pero su época había terminado, y la nueva era que aún no comenzaba necesitaba de otra clase de héroes.
Pero, luego de Kamino, fue como si fuese otra persona.
Seguía siendo competitivo, pero ahora lo hacía más callado, y hasta ayudaba a otras personas en el camino. Seguía siendo orgulloso, pero no era tan agresivo como antes. Seguía siendo bueno en lo que hacía, pero ahora se mostraba algo más vulnerable. Quizás, lo que le había pasado con la Liga de Villanos había sido más grave de lo que habían dejado entrever.
A veces se lo veía feliz con Midoriya, quien estaba mucho más relajado y feliz ahora. A veces se ponía a cocinar, no con furia, sino como si estuviera siguiendo pasos que había seguido miles de veces antes, más por costumbre que por otra cosa. Era el que mejor cocinaba de todos los dormitorios. Ni siquiera parecía enojado cuando le negaron las prácticas, hasta les hizo bentos personalizados a cada colega de 1 A que sí las tenía, y algo para compartir con su equipo. De dónde había sacado cortapastas con forma de pez y focas adorables era un misterio para él, pero Selkie las había visto y había quedado encantado. Y eran deliciosas.
Bakugo Katsuki quería ser el mejor, sí, pero ahora parecía... algo perdido. A veces, alguna de las aves nocturnas le decían que se había pasado horas durante la noche en la sala común, mirando las noticias en mudo y sin moverse, a veces como si le pesase algo. No le molestaba tanto lo de las prácticas, pero había estudiado las comidas favoritas de todos los héroes profesionales que habían tomado a miembros de su clase. A veces se pasaba horneando, y hasta a Satou y Uraraka les preocupaba (y siempre estaban con buena disposición si Bakugo probaba una nueva receta o entraba en uno de esos frenesí de cocina). Pareció detenerse cuando se dio cuenta que no cabía nada, absolutamente nada más, en las heladeras y congeladores disponibles.
Entonces se dedicó a estudiar.
No sólo lo que les enseñaban en Yuuei, sino a héroes profesionales y villanos.
Había que conocer al enemigo, decía, y sus pequeños amigos le decían que, a veces, trazaba cosas en mapas cuando nadie más parecía saber que existían. No fue sino hasta que Ashido mencionó algo de un villano y Bakugo le dijo algo de su zona de merodeo, o algo así, que entendió que estaba manteniendo mapas de caza. Algunos animales tienen sus patrones de movimientos, según la época del año y si es época de apareamiento o no. Los depredadores eran los que más se parecían a los villanos, y uno de ellos era los que estaban persiguiendo la heroína profesional con la que estaba Ashido en ese momento. Lograron capturarlo un par de días después, gracias a lo que Bakugo le había dicho.
"Por supuesto que sí" había dicho Bakugo, sonriendo de oreja a oreja con orgullo.
Pero no era el orgullo de antes.
Era un orgullo que parecía compartido, como si hubiera dejado algo de sí detrás y ahora tuviese partes de alguien más experimentado.
¿Cuánto había tenido que sufrir para haber crecido así?
Era como un injerto.
Y si bien parecía que iba a dar buenos frutos, Koji no sabía si eso era algo natural, trauma o no.
.-.
Keigo sospechaba cuál era el plan.
Y, la verdad, no le importaba hacer su parte.
Cuando Tokoyami trajo kuzumochi, sabía que alguien quería congraciarse con él, trayéndole algo que le gustaba a su ídolo. No preguntó quién lo había preparado, pero era evidente que el nuevo practicante no era, porque entre sus habilidades no estaba el preparar cosas dulces, y menos el empaquetarlas de forma que fuesen agradables a la vista y al paladar. Había traído tres, y Hawks tuvo que probar uno para asegurarse que no estuviesen envenenados, y comprendió, por primera vez, por qué a Endeavour le gustaban tanto.
Jamás algo se había acercado así a destronar su amor por el pollo.
Era simple, refrescante y delicioso, y Hawks se dijo que semejante manjar no podía ser desperdiciado, así que tomó los otros dos y, la siguiente vez que vio a Endeavour y tuvieron un momento para almorzar, le dijo que esta vez el postre lo traía él.
Enji parecía menos molesto de lo usual.
Y cuando Keigo vio que casi sonreía, sintió que todo el esfuerzo había valido la pena.
Ahora, sólo debía rastrear a quien había hecho esa delicia.
.-.
La opción obvia era Satou Rikido.
Por eso, cuando estaban terminando la patrulla y le enseñó cómo hacer el reporte diario a su secretario, deslizó la pregunta, como si no tuviera importancia y estuviese intentando relajar la tensión de la jornada.
-Bakugo Katsuki- le dijo su practicante -Desde lo de Kamino, parece haber estado luchando contra sus demonios con las espadas de la buena cocina.
-¿En serio?- ¿el mismo Katsuki que parecía ser una versión en miniatura e imperfecta de Endeavour? ¿El que había logrado el primer puesto en el festival deportivo? ¿Qué había pasado para que semejante cambio tuviera lugar? -¿De dónde sacó la receta?
-Ha estado experimentando con Satou, más que nada con cosas dulces. Algunas de las cosas que prepara podrían purificar demonios.
Keigo se rió. Si, encajaba.
-¿Y qué otras cosas hace? Si no he entendido mal, obtuvo su licencia provisional pero no está haciendo prácticas.
-Está luchando contra sus demonios invisibles, con ayuda de guerreras profesionales. Recovery Girl y Midnight. Y continúa entrenando y estudiando, más que antes. Quiere recuperar el tiempo perdido y dejar su oscuridad atrás.
-Wow. ¿Qué le enseña Midnight?
-Él decidió liberar su corazón de sus cadenas y se declaró a un compañero.
-¿Y aceptó?
-Parecen mucho más felices ahora.
-¿A Todoroki Shouto? Harían buena pareja.
-No, Izuku Midoriya.
Lo miró, sorprendido, e hizo una broma para que no se notase que los engranajes de su cerebro comenzaban a volar. Por fuera conservaba la calma, pero por dentro tenía una sospecha que no lo dejaba del todo en paz. O quizás fuera que su trabajo como agente doble le estaba costando más de lo que había sospechado. De todos modos, cuando había problemas lo mejor era verlos como oportunidades, y esta era una ideal para probar qué tan buenas eran sus plumas enviando y recibiendo información.
-Y, ahora, Tokoyami- dijo, poniéndose serio -Vamos a probar el volar.
El muchacho lo miró, serio.
-Iremos desde la agencia hasta Yuuei, volando.
Fumikage se quedó quieto, con los ojos como platos.
-No temas, iré contigo al lado, y si te caes, mis plumas te atraparán. Si logras hacerlo, significa que te he enseñado bien. Si no, probaremos otra cosa. Dark Shadow es muy capaz de hacerlo, ¿verdad?- dijo, mirando a la cabeza negra que parecía algo dudosa -Su fortaleza ha aumentado. Si quieres algún día ser tan veloz como yo, debes ir más allá de tus límites. Y para eso, debes saber dónde están. Así que toma tus cosas y vamos al techo.
.-.
Debería sentir más calma.
Después de todo, no era la primera vez que estaba en una situación así. Sabía cómo hacerlo. Era profesional. Recibir un encargo, llevarlo a cabo, informar y recibir la compensación acordada. Rutina, en algunos casos. Aunque Hatsume Mei fuese la que tenía más probabilidades de llegar a saberlo, a descubrirlo todo, esa muchacha estaba demasiado ocupada en sus "bebés" como para darse cuenta.
Del resto de docentes y personal de UA... bueno, eran profesionales también. Y requerían cuidado.
¿Y si esto era una trampa? Era un encargo importante, y sabía que su empleador le había dejado varias tareas a completar, incluso después de su muerte. Incluso después de la desaparición de la Liga de Villanos o, al menos, después que tuviesen que salir huyendo luego de incapacitar a Overhaul. Sería demasiado riesgoso que se comunicasen, para ambas partes, y no tenía intenciones de hacer preguntas. Podía imaginarse las posibles respuestas.
Después de todo, no había motivos para que All For One no tuviese a alguien que vigilase se cumpliesen sus encargos. Incluso después de su muerte.
Y si esa persona tenía de tarea el pagarle, bueno, no iba a oponerse.
Aunque este encargo... iba a ser una pena, la verdad. No tenía nada en contra de esas gentes, pero un trabajo es un trabajo, y así se ganaban bien los garbanzos. Y era profesional, también. Era un recurso valioso.
Era una lástima, pero iba a tener que matar a una personita muy adorable.
.-.
-Mira que eres...
-Kat...
-No. Eres tonto a veces.
-¿Kat?
-¿Qué habría pasado si Aizawa sensei no estaba allí, so melón?
-Kat... no puedo respirar. Y duele un poco.
-Pues te jodes- apretó un poco más y después aflojó el abrazo -Si te mueres no vas a poder ser el símbolo de la paz... o lo que sea que hagas las veces de en... lo que sea que venga.
Silencio.
-¿Katsuki? ¿Estás...?
-No te atrevas a hacer eso, jamás- sorbió por la nariz y le tocó la propia con un dedo -Grandes poderes, grandes responsabilidades, sabes. Y te estás olvidando de la gente que te quiere.
-Katsuki...
.-.
-¿Koda?
El muchacho miró a Iida, sin moverse.
-¿Por qué no podemos entrar?
-Es un excelente momento para estar en cualquier lugar menos en los dormitorios ahora mismo- dijo Kyoka, con uno de sus conectores de audio analógicos contra la pared -Como en el gimnasio, o el jardín, o no sé, mirar los pájaros. Hoy hal algunos muy interesantes por allí. ¿No, Koda?
Koji asintió.
A Iida le tomó unos segundos comprenderlo.
-Oh- se tapó la cara con una mano.
-Quizás, si te interesa, en el futuro puedas tener una pareja sentimental y podrían hablar sobre esto.
-No es una de mis prioridades. ¿Y cómo se les ocurrió comprobar si...?
-Hay muchas cosas que no nos dicen, Iida- dijo Jirou, suspirando y despegando su conector de la pared -Y quizás sea para que las descubramos por nuestra cuenta. Para que entendamos sin que nos expliquen de forma directa.
-¿Como por ejemplo?
Koda y Kyoka se miraron, y la muchacha le hizo señas al otro para que se agachase.
-No digas nada, ni te sobresaltes. Parece que nos espían, y no sólo los villanos.
A su favor, Tenya sólo pestañeó.
-Creemos que alguien puso un micrófono o algo parecido en los dormitorios- lo agarró del brazo, cuando amagó levantarse de golpe -y para denunciarlo, necesitamos pruebas. Sólo parecen estar usando sus bocas ahora. Si en media hora no han terminado, entramos.
-¿En serio crees que funcionaría así el efecto Doppler?- le preguntó Iida, con una mano en la barbilla.
-Bueno, para eso necesitaríamos saber si puedo hacerlo a velocidad... como la tuya.
-Ajá- sonrió, algo más seguro de lo que Koda habría esperado, dadas las circunstancias -Y Koji podría decirnos qué tal se percibe en los alrededores.
El otro muchacho asintió.
-Y quién mejor que yo para hacerlo.
-Y no es que piense lo agradable que sería ir a caballito, no, eso es de nenas pequeñas de jardín de infantes.
-Claro que sí. Sólo interés profesional.
-Por supuesto.
Koda sonrió.
.-.
Jirou sabía que estaba mal.
Sabía que estaba mal, sabía que no era honroso, ni legal, ni ético, pero eso era lo que lo hacía más irresistible. La música era arte, y el arte no crece por seguir siempre las mismas reglas: la innovación a veces implica romper leyes, sean o no de la cultura. Y el saber que el adorable de Midoriya y el renacido de Bakugo no estaban usando sus bocas contra la del otro, sino contra otras partes, mucho más privadas, la hacía sentir una pervertida.
Y muy emocionada.
El tener el oído más desarrollado que casi todo el resto de la clase 1 A no le impedía apreciar la belleza visual, más siendo que podía apreciarla tanto en hombres como en mujeres. Y el saber que dos de sus colegas de clase estaban disfrutando de sus cuerpos, felices y contentos, le subía la temperatura a la estratosfera. Podía imaginarse lo que hacían sólo con oírlos, y a veces podía escucharlos aunque intentasen ser discretos. Quizás lo fuesen para el común de la gente, pero ella era un caso especial, y no pensaba avergonzarlos, claro, diciéndoles que bajasen el volumen.
Eran buenos chicos.
No quería que el pobre de Midoriya se sonrojase.
Seguro ahora Bakugo lo tenía mucho más sonrojado ahora.
Riéndose como una niña de jardín de infantes, se alejó de los dormitorios, agradecida como nuca de tener su don.
