Ver con otros ojos

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Los últimos días de una bella sonrisa - NSFW

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El té de ese día estaba perfecto.

La temperatura era ideal, la cantidad de hojas de té combinada con los otros elementos de la mezcla era armónico a la mínima unidad, la cucharadita de endulzante resaltaba sus virtudes, y en su taza favorita, que humeaba a la luz del sol, lucía como una efímera obra de arte.

Efímera como el silencio en un hospital.

Por eso, cuando alguien golpeó la puerta de la enfermería, no lo lamentó. Los placeres de este mundo estaban hechos para no durar, por eso eran tan preciados. Supo que no sería nada grave, ya que era demasiado temprano para lesiones de entrenamiento, y los golpes eran casi tímidos.

-Adelante- dijo, llevándose la taza a los labios.

Una cabeza rubia y desprolija apareció en la puerta, pegada al resto del cuerpo. Eso era bueno.

-Bakugo Katsuki- lo reconoció sin problemas -Pasa, muchachito. ¿Te duele algo?

-Es...- dudó, y esquivó su mirada, pero luego volvió a subirla -Es algo más personal. Midnigth me dijo que... que usted podría ayudarme con eso.

-Pues pasa, entonces- dejó su taza, ahora vacía, sobre su escritorio, y empezó a mirarlo por pura costumbre. No se encorvaba ni parecía moverse para evitar peso o presión sobre alguna parte de su cuerpo. Hablaba bien. Su respiración era algo acelerada, pero no dificultosa -¿En qué te puedo ayudar? Y te daré caramelos al final, no temas.

Los labios del otro muchacho se elevaron, pero estaba demasiado tenso para sonreír.

Se sentó del otro lado del escritorio, y dudó por unos momentos antes de empezar.

-Mi familia no lo acepta.

Pestañeó y esperó, sospechando hacia dónde iba la conversación.

-Cuando estuve de novio por primera vez, fue con una chica, y pensaron que me había "curado". Dijeron que era una fase, que se me iba a pasar con la chica correcta, pero no fue así- las palabras surgían como el agua de una represa que empezaba a resquebrajarse -Porque me seguían gustando los chicos y las chicas, y no sé cómo reacc... no- se cortó, suspirando con pesadez -Sé cómo van a reaccionar. Mal. A los golpes y gritos. Deslicé hace unos días que quizás sigo siendo así porque no es algo que se cure o cambie, y tuve que cortar la llamada por sus gritos. Y sé que ahora es más fácil, porque tenemos más derechos, pero así y todo...

-Sigue siendo difícil.

-Sí- suspiró con pesadez -Y sé que todos los avances que se han logrado fue por la lucha de quienes vinieron antes... Como usted. La vi en las fotos de la marcha del diez de mayo.

-La muchacha de las golosinas. El chocolate, en especial, era el preferido.

-Sí, bueno, quizás por eso soy algo así como el cocinero cuasi oficial del dormitorio- ahora sí, había una sonrisa, débil y algo temblorosa, pero no duró mucho -Y soy feliz aquí. Porque aquí puedo ser yo y no tener que...

-Que usar un disfraz de gorila.

-Algo así, sí- la sonrisa duró algo más esta vez -Y quisiera saber cómo... cómo logró lidiar con ello cuando era joven.

-¿Y ahora qué soy, jovencito?

-Sabia y experimentada.

-Bien, veo que has aprendido una cosa o dos de tus compañeros de clase- entrelazó los dedos sobre el escritorio -Fue difícil, jovencito. Pasamos por muchas injusticias. Estuve en la cárcel varias veces por "resistir el arresto" y por "disturbios"... como muchas otras personas que reclamaban que dejasen de discriminarnos y matarnos. Allí conocí a mi esposa, poco después que muriese mi marido. Me casé joven, sí, aunque tuve que esperar veinte años más para casarme con la mujer que amé. Porque nunca amé a otro hombre como amé a mi marido, pero Rika es la esposa que más amé. Sobreviví a mis dos parejas. Espero se cuenten cosas interesantes, estén donde estén.

La luz del sol hacía que su sombra se extendiese contra su escritorio, y que el rostro de Bakugo Katsuki pareciese más joven de lo que en realidad era. Esa mirada le era conocida.

-¿Te han amenazado?

-Me dijeron que, a menos que se me pasase esa tontería, que no volviese a casa. O me iban a enviar a "curarme".

-Ya no existen esos centros- frunció el ceño -Rika y yo nos aseguramos de eso, junto con varios grupos de lucha por los derechos LGBT+, hace diez años.

-Dudo que eso la frene en su intento de crear uno.

-Si ella intenta algo, iremos a ayudarte- dijo, con voz firme -Ya no se toleran esas cosas. Estamos en este año y siguen esas cosas. Qué ganas de darle una cacheteda a ciertas gentes a ver si aprenden. Y sé que no es pedagógico, pero verás, joven, hay veces en las que no hay formas nuevas de hacerle entender a la gente, y una es vieja y la paciencia se acaba cuando vienen con lo mismo una y otra y otra vez.

-Entiendo bien lo de la paciencia. Aunque dudo que el gritarle al problema lo arregle.

-¿Los arregla para ti?

-A veces se van... pero eso era antes. Ahora estoy intentando... dejar algunas cosas atrás. Como el miedo.

Recovery Girl suspiró, y se sintió vieja, más vieja que nunca.

-Lo que más quisimos, mis dos cónyuges y yo, fue el poder ver un día donde la juventud no tuviera que tener miedo por ser queer. A veces, creo ver ese día en el horizonte, y luego veo que hay muchas piedras aún. Y siempre encuentran alianzas con antivacunas, terraplanistas y nazis. Pero hay algo que sí te puedo asegurar- dijo, y recuperó algo de su energía -Cada día que pasa, se hacen más débiles, y cada día que pasa, se acerca ese que tanto soñamos poder ver.

-¿Y cómo... cómo vivo hasta entonces?

-Si no te aceptan por no ser hetero, te encontraremos un lugar donde vivir. Te protegeremos legalmente. Una vez obtengas un puesto fijo, cuando cobres tu salario, podrás independizarte. Tengo a mano, aquí, todos los trámites legales para asegurarme que no te pongan trabas. Y a mí me escucharán, sin "peros". Conozco a mucha gente en el ambiente, y me conocen a mí. No voy a dejar que te hagan daño, jovencito. Y no te confundas por mi apariencia de dulce viejecita, porque muerdo.

-Y también sana.

-Así puedo morder más- sonrió, y el rostro frente a ella se iluminó un poco, con alivio.

-Es... bueno saberlo.

-Así que los ojos arriba- Bakugo la miró, levantando la cabeza y enderezando un poco la espalda -que estoy aquí por si necesitas hablar. Y Midnight también. Cada una a su manera, sabemos cómo ayudarte en estos años, porque sabemos lo difíciles que pueden llegar a ser. Más ahora. Más en el cambio de ola.

-Mi vida también ha cambiado... en unos pocos días.

Su mirada se suavizó. No había tenido hijos, ni los deseaba, pero a veces sentía que todo el alumnadno de UA eran como su nietaje. Más en casos como estos.

-No tienes por qué regresar a esa casa si no quieres, Katsuki. Una vez cumplas dieciséis, y ya los has cumplido, puedes ser contratado de forma parcial. Y, una vez termines el cursado, de forma completa, o incluso formar tu propia agencia. El mundo adulto de hoy es... diverso, y hay profesionales que estuvieron en tu misma situación. Te ayudarán, y yo también.

La sonrisa ahora era más sincera y más temblorosa.

-¿Puedo...?- levantó las manos, dudando -Nunca tuve abuela y no sé...

-Oh, sí, ven pequeño- le dijo, bajando de su asiento y yendo hacia él. No le llegaba más alto que el pecho, rodete y todo, pero la altura no quitaba la edad.

Bakugo, aún sin estar del todo seguro, se arrodilló para estar cara a cara. Le rodeó la cara con las manos y apoyó su frente contra la de ella, por unos segundos. Por un momento pareció tensarse, pero luego se relajó.

-Gracias- dijo, algo avergonzado -Es... ayuda. Con todo esto.

-Para eso estamos, joven- le dijo, y le dio un chocolate -Para el camino.

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Inui estaba al tanto, por supuesto.

Después de todo, era el consejero de Yuuei, y Bakugo había empezado a ir después de Kamino a hablar con él. De sus dudas. De sus ganas de cambiar. De cómo a veces se sentía como si tuviera una piel vieja pero adentro hubiera empezado a aparecer algo nuevo. Que a veces se sentía como un reptil o como si estuviese dentro de un huevo y que a veces se ahogaba. O antes le pasaba, porque ahora el muchacho que le gustaba había respondido a sus afectos. Y la clase 1 A lo apoyaba. Como buena gente. Bien.

También estaba al tanto que había adolescentes en un dormitorio, y que a veces pasaban cosas. Su olfato a veces le decía más de lo que quería saber, pero no iba a ir por ahí divulgando secretos, menos cuando eran de menores de edad. Recordó, con una sonrisa, cuando él y Sekijiro habían cruzado caminos, él en tercero y Ken en primero. Una agradable parte de sus vidas. Ahora en el pasado, pero los recuerdos que tenían de esa época eran positivas. Y por eso sabía bien a qué olía el sexo joven. Y cuán dulce olía la nitroglicerina en la piel ajena.

Al menos, sabía que Midnight los aconsejaría bien en ese aspecto.

Y también sabía cuándo Bakugo se ponía a cocinar, en especial cosas dulces, porque olía distinto a lo que cocinaba Satou. Lo único que lo paraba era la falta de espacio para guardar lo que sobraba, y eso contando que había veinte adolescentes en total en su dormitorio. En crecimiento. Que comían para compensar su gasto calórico.

Diecinueve.

Había diecinueve ahora.

Olisqueó el aire, sin entender. ¿Le estaba afectando el aire frío de la noche? Era verano, no debería. Volvió a olisquear y sí, eran veinte, veinte menores en los dormitorios, los veinte que debían estar en sus dormitorios. Bien. No vaya a ser que uno se escapase para hacer travesuras de noche. Menos que menos sabiendo que había un espía suelto que había que atrapar.

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¿Cuándo había sido la última vez que había estado en un festival cultural?

Habría sido interesante el haber competido en el festival deportivo, pero siempre estaba el año siguiente. Y, de momento, era conveniente el quitar atención sobre su persona en particular y el curso de héroes en general. Por eso, se limitó a observar a su alrededor, a preparar la cena y a dejar que las ideas fluyesen en esas cabecitas sonrientes, llenas de ánimo y de ganas de hacer cosas.

Hasta Koda habló, claro y seguro.

Eso era más extraordinario que cualquier otra cosa que hubiera visto por allí.

-Si quieren agregar algo extra- dijo, colocando un plato hondo lleno de galletitas de dátiles y harina de almendra, keto, paleo y vegano, porque no le iban a venir con cosas imposibles a él -¿qué les parece el viejo confeti?- señaló el plato, que ya tenía varias manos buscando galletitas -Son pequeños dulces envueltos en papeles de colores.

-Bien, me sumo- dijo Satou -Podemos hacer varias variedades, tengo un par de recetas de masas base para poder hacer seis tipos distintos de galletitas si les agregas un par de ingredientes a partes de la masa. ¿Hay suficiente manteca?

-Podríamos agregar avisos sobre si son aptas para gente celíaca, diabética, vegana, kosher, paleo, halal, keto... - empezó a enumerar. Qué belleza poder comer sin máquinas de por medio. Honraría este paladar con todo lo que podría honrarse sin despertar sospechas.

-¡Sí!- Uraraka sonrió, con la boca llena de galletitas y los ojos brillantes -¡Me ofrezco a probarlas!

-Son ya probadas, ¿o qué piensan que he estado haciendo estos días?- la sonrisa orgullosa encajaba con la situación, y nadie protestó. La marea viraba con él y nadie lo consideraba extraño. Podía simplemente hacer un movimiento sutil, como si no fuese nada, y la corriente iría a donde él quería, por peso e impulso propio y agregado.

El compás que llevaba era el suave ritmo de una batería, apenas tocando los platillos.

Y sabía que, cuando cayera el coro, el resultado sería... explosivo.

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Su "yo" del festival deportivo se sentía lleno de astillas.

No es que su "yo" de ahora no las tuviera, pero eran menos, después de meses de entrenamiento, práctica y que héroes profesionales reconociesen lo que él quería que reconociesen desde el día que descubrió cuál era su don. No le sorprendió tanto el que ése héroe en particular lo entrenase, sino que algún héroe profesional viese en él lo necesario para poder ser, algún día, un héroe.

Eso, y que estuviera en pareja.

En pareja con otro héroe que, por más raro que pareciera, era lógico que también lo ayudase, porque debajo de todo el color y su apariencia despreocupada, había alguien que enseñaba inglés sin ser nativo, era héroe profesional y, además, tenía un programa radial. Y ayudaba en Yuuei en otras áreas.

En esos momentos, por ejemplo, estaban ayudando a una nenita rescatada de un ambiente horrible, y todo gracias a Midoriya y a su gigantesca suerte. De héroe y protagonista, por supuesto. Monoma decía que una historia podía variar de género dependiendo quién la protagonizase, y cómo se enfocaba. Esa nena había pasado por una película de terror, luego una de acción, y ahora, esperaba, una feliz llena de colores pastel, gatitos adorables y cosas dulces.

Así que sí, tenía mucho sentido.

Neito habría sido ideal para ayudarla a controlar su poder, pero él no estaba, y ahora que quedaba una vacante en la clase 1 B, él iba a hacer todo lo que pudiese, y más aún, para ganársela. Bien podía haber una clase con un alumno menos, pero nunca con un alumno más. Y mientras ese par de héroes profesionales lo entrenaba, lo ayudaba a pulirse, le pasaban su conocimiento y lo que habían aprendido con sus experiencias, Se dijo que no iba a decepcionarlos. Porque había empezado a ir por un camino que no le gustaba, pero la otra opción era aún peor, hasta que esa pelea con Midoriya le había demostrado que sí, que lo valoraban, que podía ser mejor, que esa gente que lo había tratado como un villano en proceso de debutar, esa gente y mucha más, ahora podría ver que se podía ser héroe, aunque tu don fuera uno poco heroico.

Eso pensaba mientras preparaba la casa del miedo para el festival cultural, más que nada porque era para las clases que no eran de héroes e iba a hacer su parte en esto también. Cortando madera, pintando, llevando y trayendo, sin dejar de moverse ni un minuto porque si se sentaba iba a pensar en las prácticas y pasantías que no había podido hacer, peor no era un gran problema porque su sensei tampoco había empezado en la clase de héroes y la situación había cambiado, así que...

-Ey.

Levantó la cabeza, con la transpiración cayéndole por la cara, y vio al campeón del festival deportivo.

-Toma.

Le estaba dando una botella de agua que, por la condensación, estaba fría. Dejando de lado cualquier otra cosa, la tomó y le dio un largo trago, sin prestarle atención a esa cabeza rubia y que parecía una explosión.

-Y esto para quienes trabajan- le estaba dando algo en una bandejita de plástico envuelta en film, con un par de palillos. Parecía verdura salteada y gyozas.

-¿Para qué es esto?- el agua la podía aceptar, pero un bento era demasiado romántico.

-Me dio un ataque de cocinar y la heladera y congelador de los dormitorios están llenos. Y Lunch Rush no prepara cena.

Tomó la comida, no del todo convencido.

-¿Qué quieres en realidad?- el haber usado su don había sido mucho más fácil, pero ese camino no era uno que él quisiera tomar. No, estaba yendo hacia otro, y ese le gustaba más.

-Dejar atrás a mi yo anterior- lo miró, olvidándose por unos momentos del calor, del cansancio, de que estaban en un sitio algo alejado del trajín pero, aún así, visible.

-¿Te me vas a declarar?

Su risa fue sincera, pero no se sintió ofendido.

-No, no, ya me declaré a alguien y él se me declaró a mí. Algo tarde, lo siento. Quizás en otra vida.

Su postura no era agresiva. Manos a la vista, al costado del cuerpo, parecía dudar y no lo escondía. Se limitó a esperar: no tenía apuro en volver a cortar madera, y acababa de sentarse después de tres horas seguidas de trabajo.

-Tenemos una suerte enorme, sabes.

La voz sonó como la punta del ovillo. Esos ojos rojos lo miraron, y no con burla o como si lo viese como alguien inferior.

-Que estés aquí es... habla muy bien de ti. Y tenemos mucha suerte, toda la sociedad, que hayas decidido ser héroe.

Era como un abrazo con una manta cálida, pero había algo que pinchaba. Porque sabía lo que no estaba diciendo, y era lo que le habían dicho desde los cuatro años.

-Ha pasado... muchas cosas. Y puedo decirte que no tienes madera de villano, y mi palabra vale por encima de toda esa gente que te haya dicho otra cosa. Porque pudieron haberte llevado a ti, pero me llevaron a mí. Y ellos disfrutaban de hacer daño, de su villanía. Tú... luchas porque sabes que quieres otra cosa.

Los sonidos, fuera de esa voz, parecían haberse atenuado.

El sol calentaba menos, la botella en su mano estaba templada, la condensación lo tocaba como a través de un guante, el cansancio parecía el de un recuerdo y el hambre que hasta hacía cinco minutos le roía las entrañas era... una sombra de lo que era.

Unas manos le tomaron la cabeza, y un rostro estaba contra el de él, casi, frente contra frente.

-Serás un gran héroe- y ahí sí, la sonrisa orgullosa -Porque lo digo yo y yo lo sé mejor que tú.

Casi esperaba que lo besase.

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En algún momento, volvió a quedarse solo, y debió haber sido bastante, porque la botella en su mano tenía agua a temperatura ambiente. Unas risitas femeninas hicieron que voltease a ver a un par de compañeras de clase, que rieron como niñas pequeñas, y no las risas nerviosas o maliciosas a las que estaba acostumbrado, sino una que le recordó a las que escuchaba cuando leían cierto tipo de mangas, con muchos chicos guapos, ninguna chica, y ropas escasas, o inexistentes.

Pestañeó, confundido, y su estómago le recordó que tenía hambre.

Así que tomó la bandejita de pástico e hizo lo más lógico.

Al primer bocado, de repente el mundo volvió a ser el mundo y miró la ofrenda de paz. O algo así.

Fuese quien fuese el novio de Bakugo, de seguro iba a comer bien hasta el final de sus días.

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-Toma esto.

-¿Para qué?

-Para quienes trabajan, por supuesto. Es kosher.

Dos segundos de silencio.

-¿Acaso dudas que pueda hacerlo? ¿Yo?

-Ya me parecía que eras tú.

-Por supuesto. Cuando termines, a reciclables.

-A la orden, gran jefe.

-¡Ja! Espera a trabajar en mi agencia y ahí me lo dices. Pero sigue practicando.

La voz había llegado a él en medio de la cacofonía del trajín que lo rodeaba, y sintió que una sonrisa se expandía por su rostro, y una sensación hacía lo propio muy agradable por su cuerpo.

-Bueno, a ver- un brazo le rodeó los hombros, y al levantar la cabeza vio una cara sonriente y unos ojos rojos que lo miraban con calidez -¿No quieres tomar el almuerzo conmigo hoy?

Olía dulce, como la nitroglicerina, un ligero aroma que los rodeó como un velo.

-No, no es katsudon, tienes que comer sano. Eso una vez a la semana y ya comiste hace dos días. No limites a tu paladar, que estoy para darte un mundo de sensaciones.

Por su mirada, no se refería sólo a la comida.

Izuku se sonrojó, se rió por lo bajo y se tapó la cara con una mano.

-¿Estás durmiendo bien?

-Cuando me quitas el sueño, vale la pena.

Esa sonrisa la conocía, pero era una mucho más dulce que antes, y de complicidad.

Se sentaron en un pedazo de césped que estaba libre, a la sombra, cerca de varias personas que habían tenido la misma idea.

-Hoy hablé con Shinsou.

-¿Hitoshi Shinsou?

-Sí. Había... cosas que tenía que decirle. Ha estado entrenando, ¿lo has notado?

-Sus brazos parecían más formados que antes.

-Lo que significa que no sólo entrena su don, sino otras cosas. Y sospecho la clase de soporte tiene algo que ver.

-¿Vas a ir a la exhibición tecnológica? Hatsume tiene muchos de sus bebés en exposición.

-Quizás. ¿Hay algo que quieras comer esa noche? Y hablo de comida, lo otro también pero concentrémosnos en la comida.

Sonrió con un ligero sonrojo antes de pensarlo.

-¿Venden manzanas acarameladas en el festival?

-Es una comida típica de festivales, así que deberían.

-¿Pero estás seguro de eso?

-No. ¿Quieres manzanas acarameladas?

-Le dije a Eri que tenía que probarlas.

-Hagan las que hagan, si las hacen, yo las puedo hacer mejor.

-De eso no tengo dudas. Así y todo, si ves un puesto, o si sabes de alguno, avísame.

-¿No vienen puestos de fuera?

-No, el director dijo que sólo se permitirán puestos de gente de Yuuei. Por todo lo que ha estado pasando. Va a haber un acto conmemorando a Monoma Neito. Le dieron un reconocimiento por haber salvado la vida de varias personas cuando...

-Sí, lo ví.

-Si no hubiese intentado proteger a ese niño, quizás habría sobrevivido, pero no era esa clase de persona. Y al final, sus órganos fueron donados a siete personas. Una de ellas el mismo niño que protegió con su cuerpo, que estaba al borde de la muerte.

-Eso sí que fue un acto heroico. ¿Lo decidió él o sus familiares?

-Él mismo, apenas llegó a la edad legal.

-Pues me saco el sombrero. Lo hizo mucho mejor de lo que habría esperado.

-Sí... - se metió los palillos a la boca un par de veces más antes de continuar -Creo que haré lo mismo. Ser donante de órganos. De sangre será mucho más complicado.

-Demasiada exigencia física. Haz lo que puedas con lo que tengas.

-Monoma fue muy valiente. El regalo que le dio a esas personas...

-¿Salvándolas del gólem?

-No, a las que les donó los órganos.

-A veces recibes regalos de las personas más inesperadas- sonrió, y su sonrisa fue de la que traían un recuerdo detrás. Izuku no preguntó -¿Cuándo vendrá Eri?

-Vendrá a vernos bailar, así que temprano y hasta que termine todo, probablemente.

-Esa niña merece algo de felicidad en su vida, para variar. A ver si le contagias la sonrisa. Llévate a Eijiro para doble efecto.

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Entre las variables a considerar, había alguna que podían mover ciertos hechos en el tiempo y en el espacio.

Había pensado que Midoriya sucumbiría el mismo día del evento, luego de terminado el festival, si es que le quedaban energías para eso. Pero que viniese a su habitación, dos noches antes de la fecha, tampoco estaba fuera de sus planes. Escuchó sus pasos, comprobó que era él, y sonrió al usar el don de Ragdoll para saber cómo se sentía. Emocionado. Decidido. Excitado sexualmente. Dudando. Nervioso. Acalorado. Se detuvo ante su puerta y, por un par de minutos, se quedó allí, sin animarse a continuar, hasta que llamó a su puerta.

-¿Sí?- preguntó. Y la sonrisa maliciosa no se le notó en la voz. Qué delicia, la presa yendo, confiada, hacia un depredador ápex.

-¿Kat...?- la voz casi no tembló. Casi.

Al abrir la puerta, Izuku dio un ligero respingo. Sonriendo como si compartiesen un secreto privado, se inclinó hacia él, pestañeando con lentitud.

-¿Sí, Izu?- el tono era dulce, y no ocultaba lo mucho que deseaba. Que lo deseaba a él. A su cuerpo.

-¿P-puedo entrar?- dijo, algo más rápido de lo normal -H-hay algo que...

-Sí, pasa- se hizo a un lado y fue a sentarse en la cama, palmeando el sitio a su lado.

Izuku entró a la habitación como si pasase de un día soleado a la sombra fresca de un edificio antiguo, y tembló con el primer paso. Esquivándole la mirada, se dio la vuelta para cerrar la puerta y se quedó allí por unos segundos, intentando calmar su respiración. Los sonidos del interior de la habitación se hicieron más intensos, y el mundo fuera de esas paredes dejó de importar. Izuku respiró una, dos veces, y tomó aire. Enderezó los hombros y se dio la vuelta, decidido...

...vio la sonrisa dulce de Katsuki y se sonrojó más.

-¿Te sientes bien?- voz preocupada, cambio de postura. Estudiado para lograr la respuesta deseada.

-S-sí- dijo, algo tembloroso, y fue hacia la cama, despacio, como si cada paso fuese de plomo, y él volviese a tener catorce años.

Lo miró con ojos suaves, una ligera sonrisa en los labios, esperando. El calor que irradiaba Izuku difería de la calidez que estaba enviándole.

-Kat... - esperó, mirándolo, deseando sus ojos conectasen -Y-yo quisiera...

-Yo también quisiera tantas cosas, Izu... - dijo, como suspirando.

El otro tragó su nerviosismo e intentó que el color del rostro le bajase. Fue inútil.

-Kat... Y-yo... nos... t-tú... cerró los ojos de golpe, contuvo la respiración y la dejó salir, despacio, antes de continuar -Yo quisiera... que hiciéramos otras cosas.

-Tengo varias ideas al respecto- voz suave, cálida, con un tono que dejaba a las claras que era lo que deseaba, y con quién.

-T-tu dijiste... - logró bajar el sonrojo, y hasta lo miró a la cara, pero no a los ojos -Tú me dijiste, cuando volvíamos de... que yo merecía... ser amado. Y yo sé... - ahora sus ojos buscaron los suyos, y había algo nuevo allí, algo que lo hizo ampliar la sonrisa -Yo sé que tú también lo mereces. Ser amado- dijo, y tragó -Y s-sí así lo quieres, yo quisiera... amarte. Darte mi amor. Físicamente.

Bueno.

Eso era una agradable sorpresa.

No imposible, pero sí poco probable.

Levantó una ceja, Midoriya no dejó de mirarlo aunque todo su cuerpo quería moverse en todas direcciones y en ninguna a la vez, y la sonrisa de Bakugo Katsuki cambió a otra, una mezcla de sensaciones agradables. Levantó una mano y le acarició la mejilla, sintiendo su calor y algo de sus temblores.

Quería comérselo entero.

Pero eso era a lo que estaba acostumbrado, y no recordaba la última vez que había estado en el otro extremo, o en el medio siquiera. Una calidez agradable giraba bajo su ombligo. El sonrojo era difícil de manejar, pero una vez logrado no se olvidaba nunca, y sabía que el contraste entre su cabello rubio y su rostro colorado eran imposibles de ignorar.

-Sí- dijo, como jadeando -Sí, Izu, sí-le tomó la cara con las manos y lo llevó hacia él, besándolo con toda la boca, y la lengua, sintiendo que el calor de sus dos cuerpos subía al mezclarse

Sis pieles ardían.

Una mano algo temblorosa se posó en su espalda, luego la otra, y luego estaba siendo abrazado por un cuerpo cálido, deseante y jadeando. Conforme los besos se fueron caldeando, Kidoriya, como si entrase en calor de otras formas, fue empujándolo hacia él, como si tuviera miedo de caer si lo soltase. Como si quisiera devorarlo.

-¿Sabroso estoy?- logró decir entre besos, sonriendo, sonrojado y sabiendo la respuesta, pero queriendo oírla de esa boca.

-Sí- jadeó, y entonces fue a por su cuello

Lo rozó con los dientes y luego con los labios, y la rubia cabeza se inclinó hacia atrás para darle mayor acceso. Era nuevo, fresco y le subía la temperatura como no recordaba haber sentido hacía... nunca, no lo recordaba. Era como volver a nacer, y estaba tan, tan agradecido de tener piel con la que sentir esos torpes avances sobre su cuello y hombro, pasando por sobre la tela de...

-Sácame eso- dijo, en un rapto de inspiración -Por favor, Izu... - agregó, con una necesidad tan vulnerable que casi ni se reconoció.

El otro se detuvo por un segundo, se estremeció, y retiró los brazos que lo rodeaban. Bajó las manos hacia los bordes de la prenda y tiró hacia arriba, hacia los brazos estirados, y luego la arrojó a cualquier parte. Ojos verdes clavados en ojos rojos. Ojos verdes llenos de lujuria y calidez. Ojos rojos se acercaron a él y el beso fue inevitable, unas manos con cicatrices se paseaban por su espalda y pecho y lo acariciaban con admiración, cada tanto rozando las otras prendas que separaban sus cuerpos.

Izuku gruñó, y miró lo que le quedaba de ropa con fastidio y enojo.

Enganchó el elástico de su ropa interior y tiró hacia abajo. El otro muchacho elevó la pelvis para que pasase por debajo de él y luego por sus piernas, sintiendo cómo su miembro se movía en el aire cálido, no más preso de las múltiples capas de tela. Su ropa quedó en algún rincón de su habitación, y una mano se posó en su pecho jadeante, empujándolo hacia las sábanas.

-Bueno- dijo, sonriendo hacia un Izuku que estaba tanto más sonrojado que él, con una mirada decidida que le recorría todo el cuerpo y se detenía en un punto en específico -¿no te olvidas de algo?

-¿P-puedo...?- tragó y lo miró -¿puedo besar...?

-Puedes comértelo todo si quieres- dijo, sonriendo con malicia.

Vio cómo descendía hacia su pecho, besándolo y acariciando todo su camino hacia abajo, hasta llegar a una mata de rizos rubios y cálidos. Una mano algo tímida rozó su pene, luego sus dedos se volvieron más firmes, más coordinados, pero no había suficiente lubricación. Izuku se lamió loa labios y acercó su lengua, despacio, al glande.

Luego del primer lametazo, que fue apenas un roce rápido, siguieron muchos más.

Cuando toda su longitud estuvo lo suficientemente lubricada, la mano volvió a tocarlo, junto con una boca que iba arriba y abajo, cada vez descendiendo un poco más, bombeando el torbellino de calor que estaba bajando por su bajo vientre. Se aferró a la almohada, sintiendo que sus terminales nerviosas estaban reviviendo, felices de existir. El calor de su cuerpo se concentraba en los sitios donde entraba en contacto con ese otro cuerpo, y cuando movió una pierna, la mano libre la mantuvo en su sitio.

Sonrió.

Esto era deliciosamente refrescante.

La técnica era torpe, los toques eran o muy lentos o muy rápidos, la lengua parecía querer memorizar la forma de su pene y a veces no iba donde quería, pero eso era secundario. Lo principal era saber quiénes estaban allí y qué estaban haciendo. La perfección vendría con la práctica, y lo estaba disfrutando sobremanera.

-I-iz- intentó avisarle, y el otro se retiró, dejando que el viento helado lo golpease en sus zonas más sensibles.

-Kat...- jadeó, con la vista nublada por el deseo -Traje... lo necesario para continuar,

Sonrió con algo menos de malicia y algo más de cariño.

-Sigue, entonces- suspiró, y lo vio buscar algo en sus bolsillos.

Pareció darse cuenta de algo entonces, y una vez puso lo que necesitaban a un lado, se apresuró a sacarse la ropa. Paseó sus ojos por ese cuerpo que, ahora, se mostraba ante él sin vergüenza en todo su esplendor. Cuerpos jóvenes, deseantes, inexpertos. Sus manos no lograron abrir el paquete del preservativo a la primera, pero eso no lo detuvo. Una vez el látex estuvo donde debía estar, tomó lo que parecía una crema y se empapó los dedos con ella. Lo miró, él asintió, y la mano libre levantó una de sus rodillas.

El primer dedo fue gentil.

Pasó por sobre su año despacio, buscándolo, y cuando lo encontró, pasó un dedo lubricado a su alrededor. Relajó su cuerpo y dejó que explorase la zona, suspirando cuando al fin entró la primera falange. Adentro y afuera y adentro otra vez, cada vez más profundo hasta que estuvo dentro por completo. Sintió la extrañeza de ese cuerpo de algo que entraba por un lugar que hacía las veces de salida, pero no le importó.

Su bajoviente quemaba.

El dedo se retiró y, luego de unos instantes, regresó con un compañero. Se tensó por medio segundo, los dedos se detuvieron, y cuando se relajó volvieron a moverse. El calor estaba empezando a derretirlo. El aire pesaba. En la tenue luz de la habitación, podía ver esos dedos retirarse y una mano guiando el pene cubierto de látex hacia su objetivo, más grande que los dedos y más esperado también.

-Voy a...

-Sí, sí.

Jadeó con deseo, y sintió la presión contra su ano, que dio paso a una súbita invasión. Se mordió el labio, suspirando por la nariz y gimiendo. Cuando pudo respirar hondo de nuevo, sintió que invadían su cuerpo, a punta de una lanza que lo llenaba de placer, aunque fuese a manos de alguien sin experiencia, un cuerpo que se pegaba al suyo y se conectaban por sus partes más sensibles.

-Ah, sí- suspiró, sonriendo, con el pecho subiéndole y bajándole como en oleadas.

Un temblor que no era propio le surgió de su interior.

-¿Izu?

-Caliente- silencio -Quema.

-Me gusta caliente.

Rodeados del aroma dulce de la nitroglicerina que le corría por la piel húmeda, empezó el vaivén, primero lento, luego con más fuerza. La cama era de las pesadas, así que la cabecera no golpearía contra la pared, y el espectáculo frente a sus ojos era de los más grandiosos que había visto. Se aferró a la parte posterior de sus rodillas, más expuesto y vulnerable que nunca y, a la vez, más fuerte con cada embestida. El giro de calor era un huracán ahora, y sintió que iba a explotar, una mano estaba al lado de su cabeza y sus piernas ahora estaban rodeando el torso de Midoriya y las oleadas eran cada vez más salvajes hasta que la tormenta cayó sobre ellos.

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Midoriya llegó a su propio clímax un minuto después.

Torpe, inexperto, pero con mucho entusiasmo, y con el deseo de complacerlo porque lo quería, no por un favor o para congraciarse con él. Sintió cómo se retiraba y se sintió vacío, envuelto en el aroma del sudor, el semen, el lubricante de aroma a frutilla, la saliva y la nitroglicerina, y a la vez completo. Sus nervios irradiaban placer residual, y cuando el otro cuerpo se acostó sobre él, pecho jadeante contra pecho jadeante, sonrió como pocas veces en la vida.

Midoriya intentó balbucear algo peor lo acalló con un beso.

Con los dedos pasando por los cabellos verdes despeinados, algunos pegados a la frente sudorosa, dejó que la relajación post coital lo llenase, como a una copa de cristal, y dejó las aguas tranquilas cuando recuperó la respiración regular. Mañana despertarían algo pegajosos, pero por ahora, disfrutaría el momento.

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Debía ser en el festival.

Debía ser en el festival, durante el festival, y en la noche se verían los efectos de toda su obra. Su empleador había sido claro, y que no se dijese que no cumplía con los encargos, no señor, había que ser profesional. Había que ganarse la vida. Había que pensar en el futuro, cuando pudiera dejar de lado esta doble vida y poder quedarse, en paz y calma, en un sitio tranquilo, donde pasar el resto de su vida sin sobresaltos.

Así que iría a hacer su parte: era una pena que su objetivo fuese tan adorable, tan buena gente, y su sonrisa te hiciera sentir bien, pero la vida seguía. Al menos, para quienes no fuesen su blanco. Antes, unos meses antes, cuando no había dormitorios y la vigilancia era menor, habría sido mucho más fácil, pero no iba a hacerle asco a un desafío. Ya había pasado por otros, y los había pasado con éxito. También, si Bakugo hubiera hecho algo para beber en vez de ese sorbete de azafrán, algo de una sola vez y que no repitió, como regalo de despedida. Habría sido algo que honrase los últimos momentos de esa buena vida, que iba a terminar antes de lo previsto.

¿Y desde cuándo necesitaba ayuda? Si había logrado todo lo que había logrado por su cuenta.

Vio a su objetivo retirarse de su morada. Vio que había una taza de té preparándose. Vio que nadie estaba ahí para mirar su accionar, y actuó en silencio, con calma, pasando por los movimientos con la facilidad que da la experiencia. Dejó la cápsula en la taza, que se disolvió en tres segundos, sin dejar rastro de su existencia, al menos no uno que pudiese ser detectado por alguno de los cinco sentidos. Se retiró del lugar enseguida, sin mover nada de ese escenario, porque nadie había estado allí, no había nada que ver y nada que investigar. Su blanco era la única persona que bebía de ese té, y lo bebería hasta el último día de sus vidas. Su blanco, que ahora volvía a por su té, el té que siempre tomaba en las mañanas, antes del mediodía, y cuando comprobó que había bebido lo suficiente, volvió a la multitud adolescente, alegre y completamente ignorante de lo que acababa de suceder.

Sonrió sin que nadie viera su expresión.

Ahora, sólo restaba esperar.

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La caja la tenía preparada hacía horas.

Le faltaba colorante rojo, pero Satou le dio del suyo, y hasta le ayudó a hacer su encargo, porque no se llegaba a ser el mejor pensando que ya se era el mejor, no, sino aprendiendo. Rikudou tendría un gran futuro como pastelero, sin duda, le fuese bien en su carrera de héroe o no. Así que, bajo su mando, hizo tres manzanas acarameladas: una clásica, otra con pochoclos dulces, y una tercera con chocolate. Las envolvió en papel celofán, con cintas bien bonitas para una nena de jardín de infantes o de primaria, y las colocó en una caja linda y de colores pasteles, con gatitos que harían que Aizawa-sensei la quisiera para él.

-Toma, Izu- le dijo, cuando Izuku fue a buscarla con cara de apuro -Y dile que la próxima probamos otras, que no se las coma todas en un día o se va a indigestar.

-G-gracias, Kat- dijo, y su mirada era de una alegría que calentaba hasta a los corazones más fríos.

¿Qué habría sido ese muchacho, si no hubiera recibido esa enorme carga? ¿Médico? ¿Periodista? ¿Policía? Quizás vigilante o, si la historia hubiera sido otra, quizás un aliado de la Liga. Era tarde para eso, pero siempre estaban los "qué habría pasado si". Había leído algunos al respecto, sus fans podían ser muy creativas cuando dejaban de lado el material puramente nsfw, y un par eran realmente buenas.

Cuando Izuku se fue a ver a Eri, le hizo caso a Mineta y ayudó a despejar el escenario. Habían demostrado su valía, había que ser responsable y dejarlo todo como lo habían encontrado, o incluso mejor. Iban a guardar los trajes, dijeron. La batería era buen método para descargar energía acumulada, quizás se consiguiese una. Más allá de las clases de música, claro estaba.

Y, entonces, se limitó a esperar.

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-¿Se te acabaron las baterías?

Algo que quizás fuese un gemido le respondió.

-Aguantaste entrenamientos que dejan a atletas olímpicos como nenes de jardín de infantes, ¿y el día del festival te deja así de planchado?

Otro gemido.

-Sí, sí, también yo aflojé tensiones varias, pero eso no justifica que te derrumbes, en el sofá de la sala común, y cuando aún no cenamos.

Medio gemido.

-A ver, entonces, bolsa de papas-hay en el congelador, están etiquetados, Shoji, sin ajo y con mucho repollo-vamos. ¿aunque sea te has duchado? Ya huelo que no.

La bolsa de papas en forma de Izuku Midoriya no se movió cuando Bakugo Katsuki lo dio vuelta, haciendo que quedase boca arriba (Jiro escondió una sonrisa rara tras sus manos pero no apartó la mirada) y lo levantó, como si fuese su novia en la noche de bodas (Jiro ahogó una risita nerviosa y, cuando el rubio giró a verla, ella se giró para que él no la viera viéndolos... pero los vidrios de las ventanas le permitían ver su reflejo) y se retiraron a los dormitorios.

Estaba agotada, sí, pero también tenía hambre y había tanto olor a humanidad que estaban como los monos en la jaula de ídem. Iba a comer algo que había en la heladera (tres personas estaban poniendo baozi en el microondas y alguien había puesto una tetera con agua a hervir) y luego se daría una ducha rápida antes de derrumbarse en su cama. Quizás esos dos también se derrumbasen, en el mismo lecho y las mismas sábanas húmedas. Ahogó una risita nerviosa, sonrojada y muy agradecida por todo ese día y lo que quedaba de la noche, y fue a por onigiris. Nunca estaban de más los onigiris.

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-¿Puedes apoyarte, al menos?

Unas manos subieron a su cuello, y bajó, despacio, sus piernas al suelo cuando se aseguró que Izuku no se iba a caer. Agarrándolo con un brazo alrededor de la cintura, abrió la puerta de la habitación de Midoriya y entró, con el muchacho arrastrando los pies más que caminando. Lo depositó en la cama y le sacó los zapatos. Quizás ese gemido era un "gracias", no sabía.

-Gat...

-Bolsa de papas zombi.

Quizás eso era una risa a medio dormir.

-Buenas noches, Izu- dijo, suspirando y dándole un beso en la frente -Hoy duermo con la almohada con tu ropa, mañana podemos hacer cualquier cosa menos dormir en esa cama.

-Gui...

Dejando a la bolsa de papas durmiendo en su habitación, se dirigió hacia el calor humano y alimenticio. Era agradable estar así de cansado, porque podía permitirse llegar a esos límites. Y, considerando lo que iba a suceder esa noche, era mejor que durmiese como un ladrillo.

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Once y media de la noche.

Hawks, con una taza vacía al lado, los ojos cerrados y su mente muy lejos de allí, escuchaba.

Desde las nueve había sido una cacofonía de sonidos de adolescentes entrando a los dormitorios, comiendo, duchándose (ni en los baños ni en los excusados había puesto plumas, esa línea no la iba a cruzar), hablando y retirándose a dormir... o al menos eso era lo que aparentaba.

El sonido era bajo, pero por los movimientos y el sonido de los dedos sobre la pantalla táctil, podía decir que había tres que usaban su celular. Dos para enviar mensajes, una en leer algo y reírse bajito, con un tono algo travieso. Quizás Kyoka estuviera leyendo algo para mayores de edad. Midoriya había caído como tronco, y su respiración y escasos movimientos indicaban que estaba profundamente dormido. Shijo y Tokoyami estaban hablando, en la habitación del último, en voz baja. Unos dedos, parecían de cuatro manos, pasaban entre plumas, calmando la respiración de su pasante. Mineta estaba quieto, sentado sobre su cama y muy quieto, pero no dormía. El resto parecía estar pernoctando, salvo por Bakugo.

Hawks comprobó que sí, que Midoriya estaba en su habitación, durmiendo, y no en la habitación de Bakugo. Bakugo, que estaba gimiendo en voz baja, gruñendo despacio, nombrando al otro muchacho y respirando agitado. Sonido de tela sobre algo firme y con relleno, quizás una almohada. Ah. Sí, eran algo así como pareja, había dicho Tokoyami. Y no escatimaban en el cariño físico, por lo que había oído, gracias a sus plumas. Eso no parecía limitarse a cuando estaban juntos, si los gemidos que oía era alguna prueba de eso. Luego de varios minutos, en los que Katsuki intentaba ahogar sus gemidos contra la almohada, pereció llegar a su objetivo y, con la respiración agitada, caer en un pesado sueño.

Cuando pasó la medianoche y de los dormitorios sólo llegaban respiraciones regulares y algún que otro ronquido, Hawks se dijo que, por ese día al menos, no iba a haber ninguna novedad relevante.

Nada que reportar.

Ninguna emergencia.

Nada que hiciera temblar los cimientos de la sociedad de héroes.

A la mañana siguiente le llegó la noticia, por la red privada de héroes, y tuvo que leerla tres veces antes de poder asimilar la noticia.

Recovery Girl había sido asesinada.