Ver con otros ojos
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Es irritante para los perros
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Unos golpes en la puerta lo sacaron de su sueño.
-Midoriya- la voz seria de Aizawa-sensei le sacaron de la boca toda posible protesta -Sala común. Ahora.
Todavía algo confundido, con la ropa de la noche anterior y el sudor seco recordándole que no se había duchado, alcanzó a cambiarse y lavarse la cara antes que Present Mic les ordenase ir a la sala, tan serio que el cansancio quedó en cuarto plano. El resto de la clase estaba en una situación parecida, y sus caras inquietas y silenciosas no lo calmaban.
-Esto que les vamos a decir no debe de salir de aquí- dijo Aizawa, y sus ojeras eran mucho más pronunciadas ahora -Anoche, Recovery Girl fue llevada al hospital- el universo se concentró en él, en su voz, y el resto del mundo no existía, deshaciéndose en pedazos sin color -Llegó sin signos vitales al hospital, y los esfuerzos por revivirla fueron en vano. Se la declaró muerta a las doce y cincuenta y dos minutos de la noche.
El sonido no existía.
El eco de esas palabras rebotaba en su cabeza, pero su significado aún no había echado raíces en su mente.
-Por hoy, quédense dentro de los dormitorios. No salgan a los jardines. No vayan al gimnasio. Y, hagan lo que hagan, no digan ni una sola palabra de esto sino hasta tanto la situación esté más clara.
Izuku pestañeó y comprendió, horrorizado.
-Por respeto a ella, a todo lo que ha hecho, y por los detalles que aún no están claros- se tapó la boca con la mano, sin poder despegar los ojos de Aizawa-sensei -sabemos que colaborarán con la investigación.
El resto cayó en la cuenta.
-¿Investigación?
-¿Fue una... algo dudoso?
-¿Qué monstruos podrían haber...?
-¿Cómo podemos ayudar?
Yayorozu miraba a su maestro, seria y con los ojos brillando, los labios temblorosos.
-Diciendo todo lo que sepan, y manteniendo la calma. Toda la escuela está colaborando, y se están llevando a cabo investigaciones especiales. Más tarde se les llamará para que contesten algunas preguntas. Por ahora, desayunen y prepárense para hablar con los profesionales a cargo.
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Decidió ir a ducharse primero.
Pasos lentos, rostro inexpresivo, movimientos sin apuro. Fue a su habitación y tomó toda la ropa, las sábanas, las fundas de sus almohadas y la prenda que ya no olía a Izuku, y las dejó a un lado. Cuando volvió, el aire había dejado de ser tan pesado para pasar a ser tenso. Pocas personas comían, y lo hacían despacio, en silencio. Llevó su bulto de ropa sucia a la lavandería y se encontró con Hound Dog.
-Hola- dijo, sin ánimo en la voz. Ese día no era bueno... al menos para los héroes -¿Se pueden usar las lavadoras?
-Sí- dijo, y no se le pasó por alto que olisqueó su bulto de ropa sucia. No había nada sospechoso allí, nada que no supiese ya.
Colocó su ropa en la máquina, fue a por jabón y suavizante, y Hound Dog se retiró, pero no del edificio. Mientras volvía a la sala común, se concentró en todos los héroes profesionales que había en los alrededores.
Treinta y seis.
Treinta y seis profesionales para intentar averiguar quién había cometido el asesinato por envenenamiento de Recovery Girl. Hecho que pudo detectar la noche anterior, mientras probaba su teoría que podría hacer varias cosas al mismo tiempo y acabar las dos a la vez. Como eyacular y activar "Retraso" para quedarse con "Recuperación". Había sido una experiencia embriagante, orgásmica al cubo, y lo había dejado exhausto y muy, muy satisfecho. Había dormido mejor de lo que podía recordar haber dormido jamás, y lo que más le costaba ahora era disimular lo bien que se sentía entre la marejada de miedo, tensión e incertidumbre.
Sencillo, para alguien con su experiencia.
Cuando llegó a la cocina, se aseguró una taza de café bien caliente y una manzana, se sentó en el sofá frente a la televisión, y se limitó a quedarse allí por las siguientes horas, con la cabeza apoyada en una mano y "Búsqueda" diciéndole los movimientos de los profesionales a su alrededor... y de su espía.
Sonrió para sus adentros.
Eso iba a estar interesante.
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Era profesional.
No iba a dejar que un interrogatorio detuviese su carrera, porque no era la primera vez que estaba en esa situación y, sospechaba, no sería la última. No le llamaron primero, porque su nombre no era ni el primero ni el último de la lista, pero no se le pasó por alto que, poco a poco, la clase 1 – A iba goteando, de a una persona a la vez, de la sala de estar a... bueno, a donde fuera que se los llevasen luego.
Por eso, cuando escuchó su nombre, sintió curiosidad más que nada. Su postura, la que el mundo podía ver, era de inquietud, pero no le molestaba el haber hecho un buen trabajo y haber librado al mundo de esa bonita sonrisa. Quizás debió haberle pedido algunas golosinas, Recovery Girl había traído unas importadas que le daban curiosidad, pero no se podía todo en esta vida.
Present Mic era quien llamaba, y quien llevaba a la gente a una habitación que hacía las veces de sala de interrogaciones. Una del lado de las chicas en el segundo piso, el que estaba vacío... hasta ese momento.
Cuando entró, vio en el centro de la habitación una mesa, dos sillas que daban a las paredes (no a la ventana y a la puerta, sino a las paredes, reconoció la ventaja táctica para la policía), y varias personas, policía y héroes profesionales, a los lados: Endeavour, que no tenía sus llamas encendidas pero sí su traje de héroe, Erasehead, que parecía haber pasado el último mes sin dormir, un policía con cabeza de perro que no conocía y el detective Naomasa Tsukauchi, sentado en una de las sillas. Y alguien con campera y capucha, la figura de altura más escasa de allí, que le pareció conocida pero no pudo verle la cara.
-Siéntate, por favor- le dijo el detective, y cuando las dos sillas estuvieron ocupadas, empezó el interrogatorio.
Su nombre, los nombres de sus familiares, qué hacía antes de venir a UA (oh, eso estaba bueno, pensó, pero no lo dejó ver, que estén sospechando de menores educándose en Yuuei), dónde estaba durante el festival y qué estaba haciendo la medianoche anterior.
-Estaba durmiendo en mi habitación- respondió, con sinceridad -Las preparaciones, el espectáculo y el limpiar todo después nos llevó mucha energía... y además aflojamos tensiones.
-¿Qué hiciste, hora por hora, durante el día del festival?
-Me desperté a las siete de la mañana, tomamos el desayuno a las siete y media, nos repartimos tareas y salimos de los dormitorios a las ocho de la mañana- empezó a contar con los dedos, envueltos en sus guantes celeste flúo. Le gustaba ese color, aunque no solía usarlo -De las ocho a las nueve y cuarto estuvimos ultimando detalles, y entonces empezamos a cambiarnos. Luego, de las nueve y media a las diez menos un minuto, estuvimos en el escenario, preparándonos para el espectáculo, y a las diez subió el telón. Después, a las diez y media, fui a cambiarme para poder limpiar todo con ropa algo más funcional- eso era verdad, aunque omitió el haber deslizado algo en el té de Recovery Girl al regreso -y, entonces, limpiamos el escenario. Al mediodía fui a almorzar a algunos puestos, el de takoyakis y el de los helados, y después paseé por todo el festival hasta que se hizo de noche. Entonces, a las ocho de la noche regresé al dormitorio, cenamos en grupo, me di una ducha y me fui a dormir como a las nueve y media o diez.
El perro policía anotaba de forma constante.
-¿Notaste algo extraño durante el festival?
-Mucha gente, muchas cosas expuestas, muchos ánimos arriba.
-¿Estabas durmiendo a medianoche?
-Sí- contestó, diciendo la verdad.
-¿Qué cenaron la noche anterior?
-¿La noche anterior al festival o anoche?
-La noche anterior al festival.
-Pollo agridulce y picante. La receta tenía pimienta- empezó a enumerar con los dedos -vinagre, vino blanco, vodka, chile y ají. Para el camino, para que no nos cayésemos de cansancio, galletitas de limón. Y antes de eso se puso a cocinar cosas y cocinó tanto que repartió entre algunas personas, incluso de otras clases.
-Bakugo Katsuki es el cocinero no oficial de la clase 1 A.
-Así es, detective. Satou es el que más sabe de dulces, pero Bakugo cocina lo demás y nadie se queja.
-¿Sabes- preguntó el perro policía -que eso es irritante?
-¿Irritante?- no comprendía.
-Es irritante para los perros. Y para quienes tenemos dones caninos, como yo o Hound Dog, los aromas de esa receta suelen quedar en el ambiente. Podemos oler a quienes lo han comido, incluso horas después de su ingesta. Les hace mucho más detectables que cualquier otra persona.
-¿En serio? Eso explica por qué los perritos no me querían mucho ese día- se cruzó de brazos, dando el aspecto de inocencia de alguien de su edad -¿Y a los gatos también?
-Ninguna persona de Yuuei entró en su habitación- dijo Tsuragamae, y se giró a mirarlo, con curiosidad -al menos eso es lo que dicen las cámaras y los detectores de temperatura, pero detectamos el aroma de alguien que cenó, la noche anterior, lo que acabas de describir. Dark Shadow ni siquiera se acercó al edificio escolar, Negro no fue activado fuera de la casa del terror, Lavado de cerebro ni siquiera se activó durante el festival.
-¿Cómo saben eso?
El jefe de policía sonrió.
-No todos los dones de la gente que trabaja para la policía son conocidos.
Parecía un bonito perro, pero esa sonrisa se asemejaba más a la de un lobo.
-Si pudieras decirnos algo que nos ayudase a averiguar quién está detrás de todo esto, te ayudaremos en lo que podamos.
-¿Okey?- dijo, y la duda de su voz fue de la boca para afuera -¿Qué quieren que haga?
-Pregúntale a ella- dijo el jefe, señalando a la figura, que se acercó, despacio, sin decir una palabra.
-Bueno, entonces, ¿qué quieren que haga?- preguntó a la figura.
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Le sabía mal.
Le sabía horrible en la boca, pero Chiyo era invaluable, no sólo por su don, sino por su trayectoria, por su persona, y por el gigantesco vacío que dejaba tras su partida. Además, pensó, quizás podría ser una buena introducción a los procedimientos policiales, si es que Shinso pretendía seguir sus pasos. Si podía superar esto, si podía ayudarles a saber qué había pasado, sería una carta de presentación que despejaría toda duda sobre sus intenciones, sus capacidades y potencial.
Por eso, escuchó cómo Shinso le hacía preguntas, y cómo le respondía, mientras el resto de la sala documentaba el proceso y su resultado. Conforme fue escuchando, y escuchando a Shinso, notó que él también lo notaba. La habilidad que se tenía si se deseaba ser criminal, o ir de encubierto en otros ambientes. Mientras Tsukachi y Tsuragamae le dictaban qué preguntas hacer, supo que, ahora, podría comprender cuán profundo iba todo eso.
-¿Sabes qué pasó con Chiyo Shuzenji?
-Murió por envenenamiento.
Shinsou no dudó con la siguiente pregunta, que le dictó el detective.
-¿Cómo sabes eso?
-Coloqué la cápsula en su té, que se toma antes del mediodía, cuando fui a cambiarme de ropa a los dormitorios.
-¿Quién te dio la cápsula?
-Mi empleador.
-¿Cómo evadiste la seguridad?
-Puedo controlar las señales que mi cuerpo le da al exterior. Mi aroma, mi calor corporal, hasta cierto punto el control del sonido.
-¿Cuál es tu don?
-Invisibilidad y Control de percepción externa.
-¿Con cuál de esos dones naciste?
-Invisibilidad.
-¿Cómo conseguiste el otro?
-Me lo dio All for One cuando acepté ser su espía.
Silencio.
Tsukachi continuó dictando.
-¿Es All for One tu empleador?
-Sí.
-¿Desde cuándo trabajas para él?
Endeavour estaba enojado, de esa forma que pretendía que no se notase que algo le estaba afectando. Lo había visto antes, cuando perdía a algún colega que consideraba digno de que le notase. Erasehead, por otra parte, se sentía viejo y cansado. Registraba las respuestas y el rompecabezas se hacía más completo, pintando un cuadro que era cualquier cosa menos agradable.
-¿Por qué dejaste de usar Control de percepción externa al colocar la cápsula?
-Su efecto secundario es que no puedo interactuar con objetos pequeños. Con grandes sí, pero los pequeños me dan problemas, así que lo dejé de usar por un par de segundos. Algo sobre una compatibilidad demasiado acertada que causa efectos secundarios, dijo All for One.
Aún después de muerto, el bastardo seguía dando problemas.
-¿Quién te pagó por el encargo?
-Su contacto, su intermediario. Mitad al aceptar el trabajo y mitad al concluirlo.
-¿Van a encontrarse para efectuar el pago?
-No, me lo deposita en una cuenta vía banco extranjero privado bajo un nombre falso.
-Anota todos los nombres, claves e indicaciones para identificar y acceder a esas cuentas- le dijo Shinso, pasándole lápiz y papel.
Mientras el lápiz se deslizaba, dejando tras de sí los datos, Aizawa observó a Shinso. Para ser una situación horrible, estaba actuando muy bien. Ante la primera mala señal, le dijo, voy a detenerlo todo. Fue hacia la figura sentada y le colocó las esposas en las manos, listo para cualquier reacción. La puerta estaba cerrada, la ventana también, pero no sabían si tenía otros dones. Más valía prevenir.
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La sala estaba demasiado silenciosa.
Uraraka y Midoriya estaban sentados, uno al lado del otro, en el sofá frente al televisor, pero nadie quería prenderlo. Yayorozu suspiró y algo empezó a salir de su estómago, del tamaño de una caja grande de fósforos. Colocó el objeto en la mesa, que sonó a papel plastificado. Todos los ojos se clavaron en su mano, y al retirarla, en la cajita con un dibujo de naipes españoles.
-Bueno, ¿póker?- dijo Momo, y hubo un rumor de cuerpos moviéndose y acercándose a la mesa. Aoyama y Jirou se les unieron, y mientras Yayorozu mezclaba el mazo, él llevó su mirada hacia la ventana.
No estaba preocupado, era bueno fingiendo.
Mientras esperaba a que la ropa se terminase de lavar (aún faltaba media hora, pero la dejaría media más para asegurarse) pensó que sería una buena oportunidad para estudiar el material propagandístico que hacían pasar por verdad histórica. Sus libros estaban en su habitación, y les habían pedido que no se moviesen de la sala, así que se quedó pensando en cómo habían editado la historia. Poniéndolo a él como el villano, omitiendo los orígenes de los "héroes" y cómo se priorizaban los dones más militares antes que los verdaderamente útiles.
Una vez, había encontrado a una joven adulta que podía ver "otros mundos".
Le contó cómo eran sus yos de otros mundos, a veces con una ligera diferencia, a veces con, bueno, un universo de por medio. Mundos en donde él era un héroe (ja), donde Shigaraki había sido aceptado por su familia, convertido en héroe de rescate y casado con Touya Todoroki (ja ja), donde él se casaba con la madre de Midoriya y vivían como familia feliz (ja ja ja), donde no había poderes pero igual había tensiones...
Era un poder interesante, sí, pero no demasiado útil, más allá de la especulación. Después de todo, esas personas no eran las que vivían en su mundo, y podían reaccionar de forma distinta a cómo habían reaccionado en otros. La joven era una escritora de libros de historia especulativa, y una de las más consistentes en el rubro: ¿por qué quitarle al mundo algo tan bueno? Más aún porque era una de sus seguidoras, al punto que tuvo que exiliarse en otro país cuando se opuso a ciertas leyes que terminaron por pasar, y la censura se hizo tan violenta y evidente que hasta los diarios pre héroes fueron leídos con escepticismo.
El sol acariciaba las copas de los árboles, algún que otro resto del festival que no habían logrado retirar ayer, los caminos de los dormitorios hacia las aulas, los muros, la cancha de deportes. Fijó su vista en la línea entre la sombra de un árbol y la luz del sol, que pasó por césped, con la velocidad de un caracol, un camino, césped de nuevo, y cuando al fin llegó a ser lo más pequeña que iba a ser, lo llamaron.
-Bakugo- miró a Aizawa con una expresión de incertidumbre, y fue hacia él. No escuchaba el ruido de cartas moviéndose -Ven, por favor.
No le sorprendió que se quedase a su lado, incluso algo atrás de él: incluso cuando subieron las escaleras, el adulto (ja ja ja ja) estaba mirándole la espalda, como si le fuesen a salir alas. Eso sería interesante, pero poco práctico. Cuando llegó al segundo piso, esperó a que Erasehead pasase a su lado, y le rozó la mano, como por accidente.
-¿Cuál de todas es?
Aizawa lo miró.
-La sala que usan.
Le señaló una del medio, y hacia allí fue él, abriendo la puerta y encontrándose con un ambiente cargado. El aire estaba viciado, había marcas de quemaduras en una pared a una altura demasiado elevada como para ser de los dos policías, de la figura con capucha o de Present Mic, y menos aún que de Erasehead. Un ligero aroma a quemazón colgaba en el aire, y miró la sala con curiosidad, y luego al policía que estaba sentado a la mesa del centro, con una silla vacía frente a él.
-Siéntate, por favor.
Tomó asiento y esperó, mirando a Tsukauchi.
Las primeras preguntas fueron fáciles: su nombre, su ocupación, qué había hecho en los últimos días. Luego fueron a los hechos de la noche anterior, y luego a la de la anterior, y luego a lo que sabía que le iban a preguntar.
-¿Por qué hiciste ese plato de cena?- preguntó Tsuragamae.
-Tokoyami dijo que a Hawks le gustaba el pollo, Satou comentó algo sobre salsas agridulces, y a Mineta le gusta el picante- era un toque gracioso, pero no sonrió -así que busqué algo que tuviera las tres cosas. Había otra receta con crema de leche y champiñones, pero no había crema de leche, y otra con trigo, pero sólo teníamos burgol y la receta decía sarraceno.
-¿Sabes que es irritante?
-¿Irritante, cómo?- preguntó, curioso, sabiendo la respuesta y hacia dónde iba a ir.
-Para los perros.
-Usted es una persona- dijo, interrumpiendo, sin perder el ritmo.
-Por supuesto- dijo el jefe de policía, algo más lento -Y Hound Dog también, pero eso no quita que algunos aromas sean irritantes para los perros, o para quienes tenemos dones relacionados con los perros. Esa receta tenía muchos ingredientes de ese tipo.
-¿Mis disculpas?- dijo, luciendo cono si no supiera qué querían decirle.
-¿Dónde estuviste, desde la tarde anterior al festival, hasta esta mañana?- quiso saber el detective.
-Bien- dijo, y empezó a enumerar todas sus actividades, con las horas aproximadas -Y cuando volvimos del festival, Izu estaba...
-¿Izu?
-Ah- su postura y lenguaje corporal indicaban que se había dado cuenta que faltaba aclarar algo -Es... Izuku Midoriya. Hace poco aceptó ser mi novio. Así que le digo Izu- lo dijo algo rápido, como si estuviera un toque sonrojado.
La diferencia entre un mal actor y un buen actor es obvia hasta para quienes no saben de actuación, pero para ser un actor superior a cualquier otro, hay una función básica que debe dominarse: el sonrojo. No es algo que se pueda hacer en cualquier momento, pero el profesionalismo está en los detalles, y él era más que un profesional.
-Izu estaba tan cansado que parecía una bolsa de papas, así que lo llevé a su habitación y lo acosté en su cama. Luego, fui a cenar con el resto de la clase 1 A, y como a las once de la noche fui a acostarme.
-¿Eso fue todo?
-Er... no- miró al jefe de policía -¿Qué nivel de sinceridad quiere?
-Total.
-Bueno- dijo, algo sonrojado -Entonces agarré la almohada que tenía una prenda de ropa que tenía el olor de Izuku y tuve un final feliz pensando en él. Después, me quedé dormido hasta esta mañana, cuando Aizawa sensei nos despertó.
-¿Viste algo sospechoso durante el festival?
Eran profesionales, sin duda, porque no cambiaron el tono ni el ritmo.
-¿Además de lo que me contó que pasó Izu, con ese par de locos? No. Y ya le dije que deje de hacer esas cosas y confíe en otras personas pero es muy cabeza dura.
Luego vinieron más preguntas, y casi deseaba que Shinsou Hitoshi intentase usar su don con él: su fortaleza mental era más que suficiente para pretender estar bajo su control, y podía evitar las respuestas que, quizás, le harían. Pero no lo llamaron, y cuando terminaron de interrogarlo, deslizó su frutilla del postre.
-¿Puedo hacer algo para ayudarles?- lo dijo serio, seguro, con tono firme.
-De momento, ya nos has ayudado bastante.
-Si necesitan más, avísenme. Y hay galletitas y café de sobre en la cocina.
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Eran profesionales, sí.
Profesionales que estaban subiendo a su habitación, revisando todo, guardando evidencia, sin que el resto de la clase se diera cuenta. Había visto a varios de esos policías, y sabía cuáles eran sus dones: una o dos personas no las tenía registradas, pero el resultado sería el mismo. Entraron a la habitación de Hakagure, se movieron en su interior, y cuando terminaron de hacer su investigación, se retiraron. Todo sin que nadie de esa clase se diera cuenta... o así lo habían planeado, si sólo fuesen alumnos y aspirantes a héroes.
Pensó en lo gracioso que sería que ciertos hechos se diesen allí, ahora mismo, en el peor momento para su desarrollo. En especial, para cierta personita, que tenía demasiados nervios como para pasar desapercibidos. Koda le ofreció su conejito para acariciar, pero lo rechazó enseguida. Parecía que iba a explotar de un momento a otro, así que fue hacia él, clavó los ojos en él, y fue hacia donde estaba él.
-Dame algo qué hacer.
-¿Algo que hacer?- sabía lo que pasaba, y disfrutaba el subir su estrés. Tenía planes alternativos, después de todo.
-Para de la hora de comer. Quiero hacer algo o voy a enloquecer.
-Bueno, entonces veamos- abrió la heladera y vio que quedaba suficiente comida para media semana, mínimo -Vamos a calentar esto, que hay comida de sobra y mañana o pasado traen más ingredientes.
-¿Qué tengo que hacer?
Era la misma pregunta que le había hecho, un par de años antes, cuando habían acordado su contrato, sus deberes, obligaciones, y de qué se iba a salvar si cumplía con su parte. Sonrió, con la cabeza en el aparato y a la vista de nadie, antes de poner de nuevo cara neutra y agarrar varios recipientes.
-Para esto vamos a usar la vaporera. Ve a por la olla y ponle agua, algo más, sí, así está bien. Ahora- colocó la pila de recipientes sobre la mesada y tomó el de más arriba, abriéndolo -Esto se hizo al vapor, lo mejor que s epuede hacer para calentarlos es usar de nuevo vapor. Ve a por la vaporera, sí, eso que parece colador metálico, y lo colocas dentro de la olla. ¿El agua lo tapa? ¿No? Bien, eso significa que podemos empezar con esto, ponlos así, sin que se amontonen...
Lo demás fue hacer un simple y sencillo arroz para acompañar las gyozas de verduras, y pasarle una porción pequeña a toda la gente que pululaba por allí. Yayorozu parecía haber ido ganando en el póker, si las fichas alrededor de ella eran alguna pista, pero Aoyama estaba ganando terreno y Uraraka tenía en la mirada un hambre de victoria que sólo nacía de la necesidad de no pensar en algo horrible. Le dio un tazón a Midoriya y otro a Shoji, y cuando toda la clase presente tuvo comida a mano (Uraraka terminó barriendo con la mesa de póker y riéndose con una teatralidad que hizo que Aoyama la mirase con admiración), el silencio pareció aflojarse.
De repente, se dieron cuenta de dos cosas.
Una, que toda la clase estaba hambrienta y agotada de la tensión.
Y dos, que faltaba una persona.
-¿Han llamado a toda la clase?- preguntó Satou al fin -¿No falta nadie?
-N-no- dijo Midoriya, y esos ojos verdes parecían algo húmedos -Ya nos... preguntaron... a todos.
-Ya volverá- dijo, con la voz de Bakugou, y algo de duda.
La sonrisa interna se le ensanchó.
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Hound Dog llegó poco después, y parecía haber envejecido un par de años.
-Ya pueden volver a sus habitaciones- les dijo, con tono seco -Pero no entren a las habitaciones que no son suyas. Las autoridades han terminado su investigación.
-¿En qué podemos ayudar?- la voz de Izuku no le sorprendió para nada. Tampoco la mirada del héroe profesional, que tenía escrito en la cara lo cabeza dura que era ese muchacho.
-No metiéndose en problemas. Mañana podrán volver a sus actividades, pero no salgan del país. Puede que debamos hacerles más preguntas luego.
-Ay, la ropa- dijo, y miró al sol, que empezaba a descender. Fue hacia la sala de las lavadoras, y de pasada rozó a Hound Dog, como por accidente.
Era como un muestrario de todos los dones que podría adquirir. "Copia" le permitía poder usarlos, al menos por unos minutos, y eso era todo lo que necesitaba, en verdad. Mientras sacaba la ropa húmeda, limpia y perfumada de la máquina, pensó en lo interesante que sería poder estar en la ceremonia de tabla de posiciones de héroes profesionales, físicamente, para poder apoyarles la frente contra la de cada uno de esos arrogantes y quitarles su don en el momento más espectacular posible. Monoma le había dejado un gusto agradable en la boca. Y si bien algo de la adolescencia de Bakugo a veces se imponía en alguna que otra acción, él era un adulto. Más que un adulto. Y el retrasar la gratificación es un signo de madurez, no así de los héroes.
Cuando dejó la ropa secándose, pensó en cómo sería la vida en Australia.
La autora con ese don particular se había refugiado allí, y le había dicho que, si algún día necesitaba que ella le ayudase, que le diera una señal y ella haría todo lo que estuviese en sus manos. Era interesante, lista, creativa, con opiniones similares y un carisma que, bien apuntado, podría darle una fuera política capaz de ganarle una presidencia a quienquiera que ella apoyase. No sería la primera vez que tomase una pareja, o que concibiese prole, si a eso llegaba... pero de momento tenía otras cosas que hacer.
Había una orden que debía ser llevada a cabo, y para eso, su espía se iba a ganar su sustento.
