Nota: Aquí les traigo la segunda parte, y bueno, me divertí haciéndola. No soy de hacer segundas partes porque, prefiero calidad antes de cantidad. Así que, espero les guste.


No fue capaz de prestarle atención a las benditas clases en todo el día, y mucho menos, fue capaz de rendir al 100% en las actividades del club de kendo –siendo Tsukasa el que la mandara a casa a descansar al verla tan distraída–.

Y es que, una parte de ella estaba preguntándose quién era esa persona que le gustaba a Senku –y de paso, que se estaba llevando su asexualidad–. Y la otra parte, la otra parte… Estaba confundida por lo que él le había dicho.

Por lo que, al subir al metro para irse a casa y sentándose en uno de los asientos libres –lo cual era todo un milagro–, se puso a meditar seriamente en sus palabras. Tomando con fuerza el mango de su espada kendo entre sus manos al apoyar la punta contra el piso del metro.

- Repasemos… Senku dijo: No puedo decirte, es un secreto por el momento y que sólo , sabrás – frunció el ceño ligeramente, concentrada. (De hecho, su ahora era tan seria, que aquellos con dobles intenciones con ella se alejaron aterrados y las personas a su lado, se sentían amenazados) –… Eso fue lo que él dijo, que sólo yo iba a saber por el momento y al parecer, soy la primera persona que sabe que él tiene a alguien que le gusta…

Arqueó una ceja, confundida. ¿Entonces ni siquiera Taiju y Yuzuriha, sus amigos de la infancia, sabían quién era la persona que a Senku le gustaba? Él y ella eran amigos, pero no los mejores amigos –aunque sí se tenían algo de confianza para contar cosas privadas–.

Además, ¿Por qué él le contaba algo así a ella? Esto era confuso.

- Bueno, él hizo bastante énfasis en sólo tú… ¿Será porque de verdad esto es confidencial o porque yo…? – detuvo de golpe el camino por el que iban sus pensamientos, poniéndose nerviosa –. No, no, no, no, no, no. Él mismo había dicho que era ilógico eso del amor. No creo ni en un diez billones por ciento, que la persona que le guste sea yo – estuvo tentada a reírse, pero se abstuvo, solamente aclarándose la garganta –. ¿Él enamorándose de una leona como yo? Que gracioso, tanto como que a Mozu no le gusto por mi físico.

-… Tienes un aura aterradora, leona.

- ¡Yo no soy una…Leona…! – nunca debió haber alzado la mirada, y sobre todo, ¿por qué tenía que encontrarse con él justo ahora?

No te pongas nerviosa Kohaku, y tampoco te sonrojes.

- Senku… ¿Cuándo llegaste o entraste aquí?

Senku estaba tomando el barandal frente a ella, además de mirarla con cierto interés –como quien ve algo fuera de lo normal–.

- Desde la parada anterior – respondió con simplicidad –. Y estoy seguro en diez billones por ciento, que esa era tu parada.

Una sonrisa torcida fue lo único que recibió en respuesta, había acertado.

- ¿Qué es lo que te tiene tan distraída, leona?

- Nada en particular – era mentira, y a ella no se le daban las mentiras (eso se lo dejaba a Gen) –… Y tú, ¿por qué decidiste tomar el metro?

Senku prefería tomar el camión o un taxi que un metro, después de todo, le era desagradable el estar achocado con varias personas –y que algunas de estas, luego te robaran o manosearan, independientemente de tu sexo–. Además de que, hubo ocasiones en que la marea de personas lo arrastraban con cierta facilidad (teniendo que ser auxiliado por Taiju o Tsukasa, incluso por Gen o Yuzuriha).

-… Hay una tienda que quiero ver, y sólo yendo en metro puedo – respondió, desviando por un momento la mirada, desinteresado –. Pero ya que estás aquí, podrías ayudarme.

¿Por qué no le sorprendía?

- Bien, te ayudaré – accedió sin resistencia, no teniendo ganas de resistirse realmente. Estaba cansada de pensar, y necesitaba despejarse.

Senku la miró de soslayo, sintiéndose extraño de lo rápido que Kohaku cedió. ¿Sería porque –indirectamente– se le confesó?

Esperaba y no.

- Es en esta parada – anunció, cuando el metro se detuvo (fue una suerte no haberse caído).

Kohaku lo tomó de la mano para que así, no fuese arrastrado por quienes –desesperadamente– querían entrar al metro. Afortunadamente lograron salir de esa corriente ilesos y completos (eso también incluía los objetos personales).

- Recordé mi disgusto por los metros.

Kohaku sonrió divertida –. Lo imaginé – lentamente soltó su mano, mirándolo por sobre su hombro –. ¿Hacia dónde vamos?

- Por aquí – señaló a la derecha, y así, emprendieron su camino.

-… Todavía no puedo creer que en verdad haya alguien que te guste – comenzó a hablar Kohaku en su recorrido –. Es decir, tú dijiste que el amor y esas cosas eran ilógicas.

- Sigo creyendo que son ilógicas – respondió, mirando al frente con aburrimiento –… Pero con ella, siento que tal vez, puedo hacer una excepción.

- ¿…Con Luna? – se aventuró a preguntar, insegura –, digo, ustedes estaban en una relación.

- De hecho hasta yo me pregunto por qué accedí – farfulló entre dientes, haciendo que la rubia le mirara confundida por lo inentendible de sus palabras –. Nuestra relación terminó de hecho, le dije que no estaba interesado en ella.

-… Eso fue un poco grosero.

- Ella lo entendió, porque le dije quién era la persona que me llamaba la atención – se encogió de hombros –, lo entendió y sólo somos amigos.

- ¿Entonces quién es ella?

- Ya te lo dije, y estoy seguro en diez billones por ciento, que ya dedujiste quién es.

- Es que yo no creo que pueda ser esa persona, Senku – dijo en son de broma, con una sonrisa confiada –. Digo, soy una leona en como tú dices. Y soy todo lo opuesto a una chica femenina y delicada, aunque tampoco puedo decir que soy única.

- Tienes tu propio encanto.

- Aun así, no creo ser esa persona… ¿verdad?

- ¿Es tan malo que sea así?

Los pasos de Kohaku se detuvieron así como los de Senku, estando ambos a 1 metro del otro. Kohaku miraba su espalda, atónita casi como si hubiera presenciado un fantasma –o algo peor–; en cambio, Senku no volteaba –más por orgullo que nada–.

-… ¿Por qué soy yo?

- Tampoco lo sé, ni yo lo sé.

Nunca ni en un millón de años, se imaginó ser esa persona para Senku. En absoluto, porque no creía tener una posibilidad y, desde hace meses enterró esos sentimientos y decidió permanecer como su amiga.

Pero ahora, esos sentimientos se estaban desenterrando. Y la posibilidad estaba ahí.

¿Qué demonios debía hacer?

-… ¿Estás bien que una leona como yo, camine a tu lado?

- Creo que es lo más conveniente para mí… ¿Y tú estás bien con alguien como yo?

Una sonrisa temblorosa comenzó a aparecer en sus labios, así como una pequeña risa amena luchaba por salir.

- Estaré bien.

Ese día, regresando a casa, apenas llegó le contó a Ruri que tenía un novio –aunque por el momento, no decía quién era–. Haciendo que su hermana se emocionase y preguntara ansiosa sobre la identidad del afortunado y el cómo se dieron los hechos.

Aunque por desgracia, Kokuyo –quien pasaba por ahí– escuchó todo y se puso sentimental, sobre que se estaban robando a sus hermosas hijas; a lo que Kohaku le gritó que se callara y dejara de ser un viejo chismoso.

Lo demás, es otra historia.