Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención


CAPITULO I

El rencuentro

Época actual.

Cuatro años habían pasado desde que William Albert Andrew, se había mudado a vivir a Londres, donde desde ahí se dedicó administrar los negocios que le había heredado su padre. Transformándose en un importante hombre de negocios, reconocido tanto en América como en Europa por todos los logros que ha realizado. Eso lo tenía muy contento, era un hombre exitoso en lo profesional, y también en el amor.

En Londres conoció a una hermosa joven, llamada Roxanne Lewis, hija de un empresario inglés conocido en el mundo de las finanzas. La conoció en una reunión de negocios, ya que ella siempre acostumbraba a acompañar a su padre. Era una mujer bella y muy inteligente que lo dejó cautivado. Comenzaron una bonita amistad y tiempo después se hicieron novios, para ahora comprometerse en matrimonio.

En un par de meses más el patriarca de los Andrew se convertiría en un hombre casado, era raro decirlo, ya que en sus planes no estaba el matrimonio, bueno…una vez si lo pensó, pero aquello no resultó. En ese entonces, se había propuesto quedarse soltero el resto de su vida, sin embargo, cuando conoció a Roxanne se dio cuenta que la vida le estaba dando una nueva oportunidad, de ser feliz al lado de una mujer que si lo amaba de verdad.

Mientras caminaba por el aeropuerto de Chicago con su alta silueta, cerró sus ojos y recordó el día que le pidió matrimonio a Roxanne.

Flashback

Ese día Albert había invitado a su novia a un bonito restaurante de Londres. Era un lugar muy especial para ellos, ya que en ese restaurante se habían hecho novios un año atrás.

William, hacía tiempo que no veníamos aquí -comentó Roxanne sacándose el abrigo que llevaba puesto.

Ella era una mujer muy bella, alta, delgada, de cabellos castaño oscuros y ojos azules muy expresivos.

Si, me gusta mucho este restaurante.

A mí también, aquí nos hicimos novios -dijo ella con una coqueta sonrisa.

Él le correspondió aquella sonrisa y tomó la carta del menú para leerlo.

¿Que te apetecería comer, Roxanne? -le preguntó Albert.

No se…puede ser langosta.

Me gusta…pidamos eso.

Albert le hiso la seña a un mesero y pidió lo que quería comer su novia, también pidió una botella de champaña para acompañar.

¿Quieres tomar champaña, William?

Si, esta noche va ser muy especial -comentó el rubio echándole champaña a las copas.

¿Celebramos algo, mi amor?

Albert le tomó una mano y la miró directamente a los ojos.

Si…quiero celebrar el haberte conocido. Llegaste en un momento de mi vida, donde estaba desilusionado de la vida, donde no quería nada con el amor, pero cuando te conocí me di cuenta que siempre Dios te coloca personas en el camino, para comenzar de nuevo y ser feliz.

Amor -lo miró emocionada -. Me emociona mucho lo que me dices. Nunca pensé que significará tanto para ti.

Eres muy especial para mí…me hiciste volver a creer en el amor.

¿Eso significa que me amas?

Si…te amo, Roxanne.

Y a ella…¿ya la olvidaste?

El dio un suspiro pensando en un amor del pasado, un amor que estuvo mucho tiempo metido en su corazón, pero que ahora era una parte de su vida que estaba superada.

Si, ya la olvidé, por eso…aquí en este mismo restaurante donde nos hicimos novios, ahora te pido que seas mi esposa -le pidió Albert mostrándole un costoso anillo de compromiso.

Ella se quedó con la boca abierta mirándolo.

¡Oh William! No sabes lo feliz que me haces, lo que más deseo es casarme contigo.

Entonces, ¿aceptas ser mi esposa?

Claro que si…mi amor…

Él le colocó el anillo y le dio un beso en los labios, para sellar ese compromiso que los uniría el resto de sus vidas, sin embargo, en ese instante no pudo evitar recordar tiempo atrás, donde una vez también había tenido planes de casarse con otra mujer.

Cuando les cuente a mis padres se van a poner muy felices -comentó Roxanne bebiendo champaña -. Ellos siempre te han querido para yerno, en especial mi padre.

Y yo les tengo mucho aprecio.

Tienes que avisarle a tu tía Elroy.

Por supuesto. He estado pensando en viajar a América y contárselo personalmente.

Me parece muy bien, William. Te debe extrañar mucho.

Roxanne, ¿por qué no vienes conmigo ? -le propuso Albert.

Amor, me encantaría, pero con esto de la boda voy a estar muy ocupada. Quiero encargarme de todos los preparativos. Nuestra boda tiene que ser inolvidable.

De acuerdo…Yo viajare a América.

¿Y cuando arias ese viaje?

Lo antes posible.

Fin del flashback.

Albert luciendo un traje color azulado, que lo hacía verse más atractivo de lo que era, de inmediato se puso a buscar un lugar donde arrendar un automóvil, que lo llevara a su mansión de Lakewood. Ansiaba con llegar lo antes posible y ver a su querida tía Elroy, a la que no había visto desde que ella una vez lo fue a visitar a Londres. También anhelaba ver a sus sobrinos Stear y Archie, buenos muchachos que se han trasformado en hombres serios y responsables.

Horas después, Albert llego a Lakewood donde estaba la mansión Andrew, una mansión maravillosa, rodeada por un inmenso parque y un bello jardín de rosas. Se bajo del automóvil y con la chaqueta en una de sus manos y la maleta con rueda en la otra, comenzó a caminar por el parque, sintiendo que el sol reflejaba su rostro de satisfacción, por sentir ese clima tan agradable que tanto extrañaba de América. Llegó hasta la puerta de la mansión e ingresó lentamente al salón, encontrándose con la misma decoración que vio la última vez. Las finas lámparas, las mismas alfombras, los muebles ingleses y al lado de uno de los ventanales el alto sillón, donde se encontraba su tía Elroy, concentradamente leyendo un libro. Soltó la maleta y se quedó mirando a su tía con una amplia sonrisa, viendo que estaba un poco más vieja, pero sin dejar tener esa altiva presencia que la caracterizaba.

—¿Como esta mi tía favorita? -le preguntó acercándose a ella.

Elroy al escuchar aquella voz tan conocida, levantó su vista encontrándose con su querido sobrino.

—¡William! -lo nombró sobresaltada.

—No me vas a dar un abrazo.

—¡Oh William! ¡Claro que sí! -dijo la anciana parándose del sillón donde dejó el libro y abrazo fuertemente a Albert -. No sabes cómo te extrañado.

—Yo también tía, me has hecho mucha falta.

—¿Por qué no me contaste por teléfono que vendrías?

—Era una sorpresa. ¿Como has estado?

—Bien…bueno…con mis achaques de vieja, pero bien -le dijo mirándolo fijamente -. Y tú te vez tan guapo, se ve que la estas pasando muy bien en Londres.

—Jajajaja gracias, tía.

—¿Viniste solo?

—Si. George se quedó resolviendo unos asuntos en Londres. Te mandó muchos saludos.

—¿Y tu novia?

—No me pudo acompañar, está muy ocupada. Te mandó un bello regalo.

—Es una joven tan encantadora y fina, se ve que te ama mucho -comentó Elroy volviéndose a sentar -. Me di cuenta cuando la conocí en Londres, no como esa…

—Tía por favor, no empieces con lo mismo. No tiene sentido hablar de eso.

—Tienes razón. Mejor cuéntame, ¿cómo está todo en Londres? Deseo tanto ir, pero ya no tengo las mismas fuerzas de antes para viajar.

—Tendrás que tenerla, querida tía.

—¿Por qué dices eso?

Él se agacho y le tomó una mano.

—Tía, tengo que contarte, que me voy a casar con Roxanne.

Ella lo miró asombrada y con sus ojos iluminados.

—¿Que me estás diciendo, sobrino?

—Que en un par de meses más se cumplirá tu sueño de verme casado -le confirmó Albert.

—¡Oh William! -lo abrazo emocionada -. No sabes lo feliz que me haces con la noticia que me has dado. Lo que más deseo es verte casado al lado de una mujer que te merezca.

—Así será tía, me casaré y formare una bella familia con Roxanne.

—Entonces, viniste a contarme sobre tu matrimonio.

—Si, quería personalmente comunicártelo.

—Ahora mismo voy a llamar a todas nuestras amistades contándole que te vas a casar -expresó la anciana con alegría.

—¡Tía!

—Anda, deja darme ese gusto.

—Bueno…yo me voy a dar un baño y descansar un rato. Nos vemos después, tía -le dijo dándole un beso en la frente.

En ese momento entraron los hermanos Cornwell que siempre visitaban la mansión de Lakewood. Stear llego junto a su esposa Patty, con la que llevaba dos años de casado. Archie estaba soltero, hacían varios años atrás que había terminado su noviazgo con Annie Britter. Ella se mudó con sus padres a California, así que perdió todo contacto con ella. Ahora estaba saliendo con una hermosa chica que conoció en la universidad.

—¡Tío William! -exclamaron los hermanos a ver a Albert en el salón.

—Stear y Archie -los nombró acercándose a ellos para darle un fuerte abrazo.

—Tío, ¿cuándo llegaste? -le preguntó Stear.

—Acabo de llegar. ¿Y ustedes como han estado?

—Muy bien -respondió Stear -. Feliz con mi esposa Patty.

—Me alegra mucho que se hayan casado. Patty bienvenida a esta familia -le dijo Albert dirigiéndose a ella.

—Gracias tío William, puedo llamarlo así, ¿verdad?

—Jajajaja, por supuesto. ¿Y tú Archie tienes novia?

—Estoy saliendo con una compañera de la universidad.

—Stear, Archie. William vino a contarnos que se va casar con su novia de Londres -contó la tía abuela.

Los hermanos y Patty se miraron.

—Felicidades, tío -lo felicitó Archie y Stear.

—Gracias, están invitados a la boda.

—Claro que vamos a ir -dijo Stear -. ¿Verdad Patty?

—Si…

—Lo que más deseo que mi familia estén conmigo ese día -dijo Albert con sus ojos emocionados -. Bueno yo los dejo un rato estaba por subir a darme un baño.

—Ve tío, nos vemos a la hora de cenar -dijo Archie.

—Yo voy hablar con la cocinera para que esta noche haga una cena especial. ¡Hay que celebrar la llegada de William! -dijo Elroy dirigiéndose a la cocina.

Los hermanos Cornwell y Patty se quedaron solos en el salón, platicando sobre la boda de Albert.

—Me alegra saber que tío William se vaya a casar -comentó Archie.

—Yo también -apoyó Stear -. Se nota que superó lo que ocurrió.

—Ha pasado mucho tiempo de eso -añadió Patty -. Lo que me pregunto si deberíamos contarle que…

—Querida cuñada, como se te ocurre que le vamos a decir eso -replicó Archie -. Él no debe saber nada, menos ahora que se va casar con otra, ¿verdad hermano?

—Si, es lo mejor…-contestó Stear -. Después de todo tío William se va regresar a Londres y se va casar con su novia.

—De todos modos, yo pienso que deberíamos decirle, él se va quedar aquí unos días y se va terminar enterando -advirtió Patty

Los hermanos se miraron, encontrando que Patty tenía razón en lo que decía. No sacaban nada con ocultarle a su tío lo de su ex novia, era algo que igual se terminaría enterando de la verdad.

—¿Y quien se lo va decir? -preguntó Archie mirando a su hermano y cuñada.

—Si ustedes quieren yo se lo puedo decir -respondió Patty.

—No amor, yo lo voy hacer -intervino Stear.

—Yo te acompaño, hermano.

—Entonces, más tarde hablemos con él.

Albert llego a su habitación y se dio una exquisita ducha que lo ayudó a sacarse el cansancio del viaje. Se colocó una bata y lanzó en la cama, sin darse cuenta se quedó completamente dormido.

Cuando despertó el atardecer comenzaba a caer, se levantó de la cama y se acercó a la ventana, mirando hacia el horizonte, viendo lo hermosa que estaba la tarde, especial para cabalgar. Sin pensarlo mucho se cambió de ropa y bajó a las caballerizas, para que uno de los empleados le ensillara un caballo.

Stear y Archie al verlo en el establo se acercaron para hablar con él.

—Tío, tenemos que hablar contigo -le dijo Archie.

—Chicos ahora no, voy a cabalgar -contestó Albert subiéndose al caballo -. Cuando llegue platicamos.

—Tío es importante -añadió Stear con una voz seria.

—¿De que se trata?

—Es de…

Albert de inmediato presintió que le iban hablar de su amor del pasado.

—No quiero saber nada sobre ella…

—Es que…tienes que saber que…

—Ya les dije que no deseo saber nada de ella. Comprendan que yo tengo novia y me voy a casar.

—Lo sabemos…pero… -insistió Archie.

—Pero nada muchachos, sé que ustedes le tienen cariño, pero yo hace tiempo que la olvidé. Así que preferiría que no me vuelvan hablar de ella -replicó Albert marchándose del establo a toda velocidad.

Los hermanos se miraron preocupados.

—¿Y ahora que ira a pasar, Archie? -preguntó Stear.

—¿Quien sabe, hermano? -respondió pensativo -. Lo mejor es no volver a tocar el tema a tío William.

Albert más calmado se puso a cabalgar tranquilamente por los alrededores de Lakewood, que sus sobrinos le hubieran tocado el tema de aquella mujer que tanto amó, lo había dejado muy irritado. Pero, ahora que se encontraba cabalgando en ese lugar tan importante para él, se sentía tranquilo pensando que le traía tantos recuerdos. Recuerdos maravillosos de su niñez, del cariño de sus padres, donde podía disfrutar de esa naturaleza que tanto le gustaba. Sintiendo el olor a bosque, sus ojos se llenaban de emoción, preguntándose como ha podido estar tanto tiempo lejos de aquel lugar, donde una vez pensó vivir junto a aquel amor y formar una familia con ella.

Sin darse cuenta llegó hasta la cascada, donde se quedó a observar cómo caía aquella agua cristalina, donde muchas veces se bañó. Una sonrisa salió de sus labios, recordando aquellos tiempos, donde era un hombre libre sin responsabilidades que atender. Habían sido tiempos maravillosos, que siempre estaban presente en su memoria. Y ahora que se encontraba ahí sentía como si el tiempo no hubiera pasado. Se quedó mirando el lugar con sus ojos color cielo, cuando inesperadamente la figura de una mujer rubia que estaba de espalda lo asombró.

—No puede ser…es ella -murmuró sin dejar de mirarla con sus ojos fijamente y sintiendo un salto en su corazón.

Aquella rubia se había sentado en una roca, mirando melancólicamente hacia la cascada, viéndose hermosísima con el cabello al viento, y luciendo un vestido de verano estampado que le asentaba muy bien a su silueta delgada.

Albert estaba paralizado, no podía creer que se hubiera encontrado con ella, precisamente con ella…la mujer que en el pasado amo con todo su corazón. Tuvo intensión de gritarle, hacerle notar su presencia, sin embargo, se contuvo. Qué sentido tenía hablar con ella, había pasado tanto tiempo de aquello, que lo mejor era guardarlo en su memoria como hasta ahora. Dio un fuerte suspiro y volteo el caballo para marcharse, conteniendo la emoción de volver haberla.

—¡Albert! -escuchó una voz que lo estremeció y que lo obligó a voltearse.

—¡Candy! -la nombró con un temblor por todo su cuerpo.

Sus miradas se rencontraron en ese instante, mezclándose en una sola.

—¿Te ibas ir sin hablarme? -le preguntó mirándolo con una sonrisa.

Esa sonrisa que a pesar del tiempo él no había podido olvidar.

—No te quise molestar, estabas tan concentrada…

—Tantos años sin vernos, Albert.

Él se bajó del caballo y dio unos pasos hacia ella. Hubiera preferido salir huyendo y evitar ese rencuentro, pero no podía actuar como un niño, tenía que enfrentarla. Después de todo el tiempo había curado las heridas.

—Si, ha pasado rápido el tiempo -dijo con una voz seria-. Nunca pensé encontrarte aquí, Candy.

—Siempre que puedo vengo a esta cascada, me trae bellos recuerdos -contestó con cierta emoción -. ¿Cuándo llegaste de Londres?

—Hoy…hacía tiempo que tenía ganas de venir a Lakewood.

—La tía abuela debe estar muy contenta de verte.

—Si, yo también la extrañaba mucho.

—Me imagino lo ocupado que debes estar en Londres administrando tus negocios, ¿verdad?

—Si, mucho.

—Te felicito por todo lo que has logrado y por tu bella novia -le dijo Candy con sinceridad.

—Gracias…nos vamos a casar. Pero, ¿cómo sabes tanto de mí? ¿Te lo contaron Stear y Archie?

—No. Te he visto en internet y en revistas. Aunque no lo creas eres un hombre muy conocido.

El frunció el ceño.

—No me gusta ser conocido.

—No es tan malo serlo -sonrió Candy.

—¿Y tú peque…Candy?

—Yo la misma alocada de siempre -soltó una risa -. Creo que nunca voy a cambiar.

Él sonrió, viendo que aquella rubia, seguía siendo la misma chica de siempre, la misma de la cual él se enamoró años atrás.

La miro fijamente, cuando se dio cuenta que en su mano izquierda tenía un anillo de matrimonio, eso significaba que Candy estaba casada. Darse cuenta de aquello no dejo de inquietarlo, no obstante, trato de disimularlo.

—¿Todavía trabajas de enfermera?

—Claro que sí, jamás dejaría mi profesión. Es más, cada día estudio más para seguir perfeccionándome y ser una mejor enfermera.

—Me alegra que sea así. Bueno tengo que irme.

—Yo también, me esperan a cenar en el hogar de Pony.

—¿Siempre vas al hogar?

Ella suspiro pensando que el hogar de Pony, era un lugar muy importante para ella.

—Si…mis madres me necesitan.

—¿Como esta la señorita Pony y la hermana María? -le preguntó Albert que le tenía afecto a esas buenas mujeres.

—Bien…siempre se acuerdan de ti.

—Yo también las recuerdo con mucho cariño -dijo subiendo a su caballo -. Adiós, Candy.

—Adiós, Albert…me gustó mucho verte.

—A mí también.

Ella se sintió feliz, mirándolo con sus ojos iluminados, ya que aquello que pasó entre ellos había sido muy doloroso, especialmente para él.

—¿Lo dices en serio? ¿No me odias?

—No, lo que ocurrió entre nosotros es parte del pasado, ahora soy feliz en Londres, con una mujer que me ama de verdad.

—Me alegra mucho que sea así, Albert.

Él sonrió levemente y se marchó en su caballo, con la cabeza llena de confusión. El rencuentro con Candy esa muchachita que tanto amó, lo hiso sentir tantas cosas. Sentimientos que pensaba que ya no volverían, pero que ahora, al volver a verla todo aquello que vivió con ella renacía como si hubiera sido ayer.

A la mañana siguiente, Albert se despertó más tarde que lo de costumbre. Había pasado una mala noche, aun no podía creer en su rencuentro con Candy. No dejaba de pensar en ella, admirando lo hermosa que se veía con ese vestido que asentaba su silueta de toda una mujer, y su cabello al viento largo como una cascada. Siempre la había encontrado una chica muy bella, pero ahora con el paso de los años lo era mucho más. Su rostro estaba reluciente y sus ojos verdes más iluminados que nunca. Se notaba que era una persona que tenía todo para ser feliz y como no iba serlo si estaba junto al hombre que amaba. No le cabía duda que ella estaba junto a él, tenía un anillo de matrimonio en su mano izquierda, así que todo indicaba que se había casado con aquel amor. Después de todo su sacrificio había valido la pena, de a pesar que la amaba con todo su ser, la dejo partir al lado del amor de su vida.

Aquello había sido tan doloroso para él, que cada vez que lo recordaba sentía una punzada en su corazón. Había sido una decisión muy difícil de tomar, renunciar a la mujer que tanto amó. Pero ahora que le había vuelto a ver tan bien se dio cuenta que fue la decisión correcta. A pesar que el colocó todos sus esfuerzos para que se enamorara de él, Candy nunca pudo amarlo, su corazón siempre tuvo un solo dueño y ese era su amor de adolescencia, al que nunca había podido olvidar.

Se incorporó de la cama y se puso a caminar por la habitación. Qué sentido tenía pensar en ella, tenía que olvidar su rencuentro con la que una vez fue su pequeña y hacer como si nada hubiera pasado. Él había regresado a Lakewood para ver a su familia y contarles que pronto se iba a casar. Si, el contraería matrimonio y ese debía ser su único objetivo, lo de Candy era parte del pasado, ahora su presente era regresar a Londres y casarse con la mujer que el ama ahora, y que ella corresponde de la misma manera.

En un impulso se acercó al velador donde había dejado su móvil y rápidamente hiso una llamada, que le calmara esa ansiedad que lo estaba matando por dentro.

Roxanne, mi amor…

William que alegría escucharte. ¿Como llegaste a América?

Muy bien. No te imaginas como te extraño.

Yo también, espero que no te demores mucho en regresar.

No te preocupes por eso, volveré pronto. Te amo Roxanne.

Y yo a ti, William.

Salúdame a tus padres.

En tu nombre les daré tu saludo.

Albert corto la llamada y dio un fuerte suspiro, sintiéndose más tranquilo, pensando que al otro lado del mar lo esperaba una mujer extraordinaria, que en poco tiempo más se convertiría en su esposa y la madre de sus futuros hijos.

Continuará…


Hola mis lindas chicas

Espero que se encuentren muy bien. Aquí les dejo un mini fic de cinco capitulos de Albert, que también participo de en el concurso de las chicas del Clan Ardlay, obteniendo el tercer lugar. Espero que lo difruten y me manden sus lindos comentarios.

Les mando un cariño abrazo y muchas bendiciones.