Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención


CAPITULO IV

Revelaciones

Albert se había recuperado completamente, así que comenzó con su vida habitual. Seguía con la intención de hablar con Candy, ya que había quedado preocupado de por qué ella no había llegado a su cita en la mansión. La había llamado a su móvil, pero ella no había contestado sus llamadas. Por otro lado, la llegada de su novia había impedido irla a buscar al hogar de Pony, ya que no lo dejaba ni a sol ni asombra, no podía hacer nada que no fuera con ella, así que le era imposible escaparse para ir a buscar a Candy.

Esa mañana Albert, Roxanne y Elroy se encontraban desayunando en el jardín de la mansión.

—William, ahora que estas recuperado por qué no regresamos a Londres, recuerda que tenemos que preparar nuestra boda -le dijo Roxanne.

—Sobrino, tu prometida tiene razón, estas bien para viajar -apoyo Elroy.

—Tía Elroy, ¿porque no viene con nosotros? Así me ayuda a organizar mi boda -le propuso la prometida de Albert.

—¡Me encantaría! ¿Qué dices, William?

—Está bien, tía…

—Entonces, ¿cuándo nos vamos a Londres? -preguntó la anciana entusiasmada.

—Pasado mañana -contestó Albert.

—Perfecto, mi amor -le dijo Roxanne dándole un beso en la mejilla.

Albert se levantó de la mesa.

—Bueno…yo voy a la biblioteca tengo que contestar unos correos.

—Amor, ¿qué te parece si esta noche vamos a cenar a afuera? -le sugirió Roxanne.

—Por supuesto, en el pueblo hay un bonito restaurante donde podemos cenar -le contestó -. Te dejo voy a la biblioteca.

—Ve amor…yo me quedo platicando con tu tía.

Albert se fue a la biblioteca, donde se encerró a trabajar junto a George.

—Ya contesté todo los correos -dijo afirmando su cabeza en el respaldo de la silla.

—Eran mucho, ¿verdad?

—Si, George…

—William, ¿qué te ocurre? No te ves bien -le preguntó George dándose cuenta que Albert tenía su cabeza en otro lugar.

—No estoy bien, querido amigo.

—Es por la llegada de tu prometida, ¿verdad?

—Si…no me esperaba la visita de Roxanne.

—Va ser tu esposa, deberías de estar feliz.

Albert se paró del escritorio y se dirigió hacia otro lugar de la biblioteca.

—Pero no lo estoy -admitió.

—¿Sigues enamorado de la señorita Candy?

—Creo que…si, rencontrarme con ella, me hiso renacer todo lo que sentí por Candy en el pasado, además nos besamos.

—William, ella tiene una vida con ese actor.

—Lo sé, pero fue ella quien me besó.

—No entiendo nada…

—Yo menos George…-se tomó la cabeza -. Me siento muy confundido.

—Lo mejor que puedes hacer es olvidarte de la señorita Candy, y continuar con tus planes de casarte con Roxanne, ella es la mujer que te conviene.

—Si, tienes razón -dijo no muy convencido.

Candy se había propuesto olvidar a Albert y continuar con su vida como si él no hubiera regresado. Entre su trabajo en un hospital del pueblo y ayudándole a sus madres con los niños del hogar, tenía su mente ocupada. Por otro lado, quería ayudarle a su amigo Tom a conseguirle una novia y la que tenía en mente era Dorothy, sabía que era una buena chica que haría feliz a su querido amigo de la infancia.

Esa tarde le dijo a Tom que le presentaría a Dorothy, en un conocido restaurante del pueblo.

—¿Que te gustaría cenar, Candy? -le preguntó Tom mirando el menú.

—Tenemos que esperar que llegue mi amiga.

—¿Y tú crees que venga?

—Claro, le dije que tú la querías conocer.

—Candy, mejor vámonos -dijo el ranchero parándose de la mesa.

—Tom, no dejare que te vaya -le tomó un brazo para que se volviera a sentar -. Dorothy debe estar por llegar. No me vas a dejar mal con ella.

—Dorothy, ¿se llama la chica que me quieres presentar?

—Si…ella desea conocerte, le hablado mucho de ti.

—¿Y de dónde es?

—Ella trabaja como sirvienta en la mansión Andrew.

—¡Sirvienta! -exclamó como espantado.

—Si, y no lo digas de esa manera, ser sirvienta es un trabajo honrado.

—Lo se…no lo quise decir despectivamente.

—Dorothy es una chica trabajadora y decente. Así que tienes que comportarte con ella como todo un caballero.

—De acuerdo…

En ese momento Albert junto a su prometida, entraron al mismo restaurante donde se encontraba la rubia enfermera con su amigo Tom.

—Candy, mira es Albert -le dijo Tom.

Ella lo miró nerviosa, ya que no esperaba encontrárselo en ese lugar.

—Si…esta con su novia.

—Es muy guapa -comentó el vaquero mirándola alucinado -. Vamos a saludarlo.

—No, para que lo vamos a molestar.

—Te debe doler mucho verlo con ella, ¿verdad?

—Si…

Albert y su novia se sentaron en una mesa, en ese instante él se dio cuenta de la presencia de la rubia.

—William, ¿qué miras tanto a esa joven rubia? -le preguntó Roxanne celosa.

—No la estoy mirando…

—Yo pienso que sí. ¿La conoces?

—¡No…! -contestó nervioso -. ¿Qué quieres para comer?

—La verdad en este lugar no se me apetece nada -miró a su alrededor viendo lo sencillo que era el restaurante -. ¿Por qué no vamos a otro restaurante?

—Aquí no hay muchos restaurantes, este es el mejor.

—Bueno…Voy al baño para retocarme el maquillaje.

—Esta por ese lado…-le indicó Albert.

—Vuelvo enseguida, mi amor.

Roxanne llego al baño, donde se puso hablar por su móvil, sin imaginarse que Candy la había seguido, ya que deseaba conocer de cerca a la prometida del hombre que ella amaba.

Hola, amiga.

Roxanne, ¿cómo estás?

Bien…Katty.

—¿Y tu novio como sigue del accidente?

Está bien, no fue nada grave.

—¿Cuándo regresan?

Pasado mañana, deseo tanto irme de aquí. Ahora estamos con William cenando en un restaurante horroroso.

Me imagino amiga, no vas a comparar a los que hay aquí en Londres.

Ya deseo regresar, tengo que continuar con los preparativos de mi boda.

Tú sabes que te puedo ayudar en todo.

Gracias, Katty. Quiero lo antes posible casarme con William y quedarme con toda su fortuna.

Ten cuidado no se vaya a enterar que te estas casando por interés.

Para nada, a William lo tengo comiendo de mi mano, el muy idiota piensa que estoy perdida de amor por él, pero lo que más me gusta es toda la fortuna de los Andrew que va ser solo mía.

Candy que había estado escuchando aquella conversación salió rápidamente del baño, quedando helada por lo que había descubierto de la prometida de Albert.

Llego a la mesa donde la esperaba Tom.

—Candy, ¿qué te pasa? -le preguntó el ranchero.

—Nada…

—Esta muy pálida.

—No es nada…estoy bien.

Dorothy apareció en ese momento, vestida muy bonita con un vestido corto y una chaqueta de jeans.

—Dorothy, te estábamos esperando -le dijo Candy.

—Me tarde un poco en llegar, ya sabes que me cuesta mucho salir de la mansión.

—No te preocupes, te presento a mi amigo Tom.

Él se puso de pies.

—Hola, Dorothy -la saludó viendo que la chica era tan bonita como le había contado Candy.

—Hola Tom, es un gusto en conocerte.

—El gusto es mío, Dorothy.

—Bueno…ahora que se presentaron, yo los dejo solos -dijo Candy con una risita.

—Candy, no tienes por qué irte -la retuvo Tom.

—Si, no te vayas -añadió Dorothy -. Quédate a cenar con nosotros.

—Sin mi van a estar mejor, después me cuentan como lo pasaron -dijo la rubia saliendo del restaurante.

Albert al verla la siguió a las afueras, antes que llegara su novia del baño.

—¡Candy! -la nombró.

Ella se volteo.

—¡Albert…! Qué bueno que estas recuperado del accidente.

—Estoy bien, Candy. ¿Por qué no fuiste a la mansión? -le preguntó.

—Yo…fui a la mansión, pero cuando entré a tu cuarto te encontré con tu novia.

—¿Me viste con ella?

—Si, pero no te preocupes, sé que ella va ser tu esposa.

—Candy, tenemos que hablar.

—Yo también deseo hablar contigo -dijo ella pensando que tendría que decirle lo que había descubierto de su novia, no podía dejar que esa ambiciosa se casara con él -. Albert, tienes que saber que tu…

En ese instante apareció Roxanne ante ellos.

—William, así que no conocías a esta joven.

—Si la conozco -admitió él -. Ella es Candy, mi ex novia.

Roxanne miro de pies a cabeza a la rubia, dándose cuenta que era una joven sencilla, pero muy bella.

—Así que tú eres la famosa Candy.

—Si soy yo…señorita -le confirmó con una sonrisa irónica -. ¿Y usted es la prometida de Albert?

—William, ese es su nombre -la corrigió Roxanne.

—Yo siempre le he dicho Albert y a él le encanta que le digan así, ¿verdad Albert?

—He…si…

Roxanne le tomó el brazo a su prometido, viendo que Candy era una amenaza para ella.

—William, entremos al restaurante.

—Vayan, yo me retiro. Otro día seguimos platicando, Albert. Que tengan una exquisita cena -dijo Candy marchándose del lugar.

A la mañana siguiente, Roxanne se levantó muy intranquila, el recuentro entre su prometido y la ex novia la hizo tener muchas dudas. Ella estaba consciente que Albert había estado muy enamorada de Candy, y que ahora que se habían rencontrado ese amor podría llegar a renacer. Eso no lo podía permitir, esa muchacha no iba arruinar sus planes de casarse con William Andrew, un hombre rico y poderoso.

Después de bañarse y vestirse se fue a la habitación de Elroy, era preciso que hablara con ella.

—Tía Elroy, ¿podemos platicar? -le preguntó desde la puerta.

—Claro querida, pasa -respondió la anciana que desayunaba en la cama -. ¿Qué quieres platicar?

—Tía Elroy, estoy muy preocupada. Anoche cuando fuimos a cenar con William él se encontró con su ex novia.

—¿Con Candy?

—Si, con ella.

—¿Hablaron?

—Si…por suerte yo llegue a interrumpir esa conversación, sin embargo, no dejo de tener miedo que él me deje.

—¡Oh no digas tontería! William jamás te dejaría por Candy, ella le hiso mucho daño en el pasado, prefirió a ese actor que casarse con él.

—Lo se…pero…

—Pero nada, querida. Tú eres la prometida de William, mañana ya nos vamos a Londres donde se van a casar.

—Eso es verdad, no sé qué haría si perdiera a William -dijo haciéndose la víctima.

—Tú sabes que tienes todo mi apoyo, nunca permitiría que mi sobrino te dejará por otra y menos por esa huérfana que nunca lo quiso. Así que no hay nada que temer.

—Gracias, tía Elroy -le dio un abrazo -. Sus palabras me dejan más tranquila.

Esa misma tarde, Candy había tomado una decisión. Después de aquel descubrimiento, ella no podía dejar que Albert se marchará a Londres, sin saber antes lo que había descubierto de su novia, tenía que decirle que Roxanne no lo amaba y que se estaba casando con él por su fortuna. Estaba consciente que no sería fácil hablar con él, y que tal vez no le creería, pero tenía que intentarlo.

Llego a la mansión Andrew y encontró a Stear y Patty tomando sol en la piscina.

—Que sorpresa, Candy -le dijo Stear.

—Hola Stear, Patty -los saludo -. ¿Como están?

—Bien amiga -respondió Patty -. Qué bueno que nos viniste a visitar.

—Vine a ver a Albert.

—Mi tío salió a cabalgar.

—Se ira a demorar mucho, me hurgué hablar con él.

—No lo sé…¿Te sucede, Candy?

—Es algo importante que tengo que contarle a Albert. Stear me prestarías un caballo del establo.

—Claro que sí, ve y toma el que quieras.

Candy se fue a buscar un caballo y se fue a toda velocidad a buscar al amor de su vida. Recorrió casi todo el bosque, pero Albert no estaba por ningún lado, hasta que lo vio a las afuera de una cabaña, que estaba cerca de la cascada. Ahí se encontraba el rubio acomodando la montura de su caballo.

—¡Albert! -lo nombró ella bajando del caballo.

El la miró asombrado.

—¿Que haces aquí, Candy? -le preguntó.

—Albert, vengo hablar contigo.

—Entremos a la cabaña.

Ambos ingresaron a la cabaña, que tenía una bonita decoración, con sillones en tono verde, frente a la chimenea, un estante con plantas y una mesita de madera en el centro.

—¿Que tienes que decirme, Candy? -le preguntó él.

Ella dio unos pasos antes de responder, pensando en lo que le iba a revelar a su ex novio, algo que estaba segura le iba causar una gran decepción.

—Albert, no puedes casarte con tu novia.

El la miró extrañado.

—¿Por qué me dices eso?

—Esa mujer no te ama, se está casando contigo por tu dinero.

—Jajajaja, por favor Candy, ¿de dónde sacaste eso?

—Se lo escuché ayer en el restaurante, yo iba al baño cuando la encontré hablando por su móvil con una amiga, donde le decía que quería casarse contigo para tener la fortuna de los Andrew.

El frunció el ceño, sin poder creer lo que la rubia le estaba diciendo de su prometida.

—Candy eso es ridículo, ella no necesita mi dinero, su padre es muy rico.

—Una mujer ambiciosa nunca se conforma con lo que tiene, siempre desea obtener más.

—¡No te creo! Ella no es esa clase de mujer. Roxanne me ama, estoy seguro de eso.

—No quisiera causarte ese dolor, pero esa es la verdad.

—¡No! ¡Estas mintiendo! -replicó alterado -. Has el favor de irte, hasta cuando me vas a seguir lastimando. El otro día me besaste como si me amarás… y ahora me sales con esto. ¡Me quieres volver loco!

—No digas eso Albert, yo quiero lo mejor para ti.

—Entonces, déjame en paz, vete con tu esposo a Nueva York.

—¿Mi esposo?

—Si, el amor de tu vida, Terry Granchester.

Ella negó con la cabeza.

—Yo no estoy casada con Terry.

—¿Y ese anillo?

Ella se lo miró con una leve sonrisa.

—Este anillo me lo regaló un paciente, era de su esposa y en agradecimiento me lo dio. Yo nunca me case con Terry.

Albert se tomó la cabeza con una de sus manos, tratando de entender lo que estaba pasando con Candy.

—Entonces, vives con él sin casarte.

—No vivo con Terry, nunca lo hice -dio unos pasos -. Aunque no lo creas nuestra relación no funcionó. Al poco tiempo que tú te fuiste a vivir a Londres, me di cuenta que me había equivocado a escogerlo a él y dejarte a ti.

Albert estaba tan confundido con la declaración de su ex novia, que se sintió mareado y se sentó en uno de los sillones que estaban en la cabaña.

—¡No lo puedo creer…! Todos estos años he creído que tú eras feliz con Terry en Nueva York.

—No, él no me hiso feliz, me di cuenta que éramos tan diferentes y que lo que realmente sentía por él era un amor de adolescente que ya no existía, que el amor verdadero eras tu.

—¡Candy…! -la miró asombrado.

Ella se sentó a su lado y le tomó ambas manos.

—Albert yo…te amo, te he amado todos estos años -le confesó -. No sabes como he lamentado haberte dejado por Terry.

—¿Y porque nunca me buscaste?

—Al principio lo hice, te llame muchas veces y te mande unos correos, pero tú nunca me respondiste.

—No quería saber nada de ti, solo deseaba olvidarte.

—Lo sé, por eso no insistí. Había sido muy cruel contigo al preferir a una falsa ilusión -lo miró con sus ojos llenos de lágrimas -. Tenía que pagar el haberte perdido, no tenía derecho de volver a meterme en tu vida.

—Si hubiera sabido…habría regresado para hacerte feliz.

—Son cosas que pasan, el destino no quiso que estuviéramos juntos. Yo lo único que deseo es que seas feliz, pero con una mujer que te ame como te lo mereces, no con esa ambiciosa que solo quiere tu dinero -dijo Candy parándose del sillón -. Ahora que sabes la verdad, es mejor que me vaya y nunca más nos volvamos a ver.

Candy abrió la puerta de la cabaña y salió corriendo, pero Albert la siguió alcanzándola a las afuera.

—No te vayas…

—Tengo que regresar al hogar…

—No, después de lo que me has dicho…

—Albert olvídalo…es mejor que no nos volvamos a ver.

—No pequeña…no te dejaré ir…

—Me dijiste pequeña -lo miró emocionada hacia tanto que no escuchaba esa palabra de la boca de su amado.

—Si, mi pequeña…la única mujer que amado con todo mi corazón -le dijo acercándola a su cuerpo y besándola en los labios, en un beso largo y lleno de amor.

Una vez terminado el beso, entraron nuevamente a la cabaña y Albert prendió la chimenea, ya que comenzaba hacer frio. Ahí se quedaron abrazados en un sillón, viendo como la leña se consumía.

—Es como sueño estar así contigo, pequeña -le dijo Albert acariciándole el cabello, mientras ella estaba recostada sobre su pecho.

—Si…no sabes cuando te extrañe, Albert. Me has hecho tanta falta.

—Y tú a mí, mi vida en Londres estaba tan vacía lejos de ti. Por más que trate nunca pude olvidarte.

—Pero, te enamoraste de Roxanne.

—No pude enamorarme de ella, tú siempre estuviste en mi corazón -reconoció él.

Ella levantó su cabeza para mirarlo a los ojos, esos ojos color cielo que amaba con todo su ser.

—Albert, perdóname…

—No digas nada, eso ya es parte del pasado. Ahora tenemos que pensar en nuestro presente y futuro juntos.

—¿Juntos?

—Si, como siempre tuvo que ser.

—¿Y que va pasar con Roxanne?

—Después arreglare cuentas con ella, ahora solo quiero estar contigo.

—¡Te amo, Albert…!

—Y yo a ti…mi amor -le dijo rozando sus labios -. ¿Quédate conmigo esta noche?

—Es lo que más deseo…Albert…

Esa noche los rubios la pasaron juntos en la cabaña, rencontrándose y disfrutando de su amor, ese amor que siempre estuvo en sus corazones y que ahora renacía con mucho más fuerza, para esta vez nunca más volverse a separar.

Se amaron en todos los sentidos, conociéndose de una manera más íntima, donde sus cuerpos se convirtieron en uno solo. Por primera vez Albert tuvo a Candy en sus brazos, como siempre quiso tenerla, amarla como a una mujer, su mujer. Su corazón estallaba de felicidad, y aunque había tenido otras experiencias con otras chicas, con Candy paso una noche inolvidable, que siempre quedaría en su memoria. Ahora ella era suya, solamente suya, ya que se dio cuenta que ella no había estado con Terry, que fue el primero que la amó, así que ahora nadie se la podría arrebatar.

—Mi pequeña…cuanto te amo…siempre quise tenerte en mis brazos…eres tan hermosa…-la miraba alucinado sintiendo el rico olor de su piel.

—Gracias Albert, por darme otra oportunidad…Te prometo que no te volveré a fallar….

—Lo se…mi amor…ahora estamos unidos para siempre…

—Si…para siempre…

Candy disfrutaba de las caricias y besos de su amado que recorrían su cuerpo haciendo sentirse en las nubes, amándola con una mescla de ternura y pasión. Una pasión de un hombre enamorado, que en cada beso le decía lo mucho que la amaba, comprobando que Albert era el hombre de su vida. Siempre lo había sido, y ahora que el destino los había vuelto a juntar colocaría todos sus esfuerzos para hacerlo feliz.

A la mañana, siguiente Candy y Albert despertaron tarde en la cabaña. Había sido una noche tan mágica y llena de amor, como si el tiempo y nada hubiera pasado entre ellos. Se amaban más que nunca, así que iban hacer todo para luchar por su amor.

—Buenos días, mi amor -le dijo Albert despertándola con un rico desayuno que él mismo había preparado.

—Buenos días, Albert -contestó incorporándose en la cama -. ¿Y esto?

—Es el desayuno.

Candy observó la bandeja viendo que tenía muchas delicias, jugo, frutas, tostadas con mermelada y una rica taza de café.

—¡Se ve todo delicioso! -expresó -. ¿Cuándo lo preparaste?

—Hace un rato, tu estabas dormida.

—¿Y de dónde sacaste todas estas delicias?

—Llamé a George y le pedí que las trajera hasta aquí.

—¿Qué hora es?

—Mas de las diez.

—Nos quedamos dormidos.

—Si… ¿Como dormiste?

—Feliz en tus brazos -le contestó Candy sonriente.

—Yo también, pequeña…-le dijo tomándole la barbilla -. Tomemos el desayunó antes que se enfrié el café.

—Si…-dijo Candy bebiendo café -. Extrañaba tomar tu café, te queda exquisito.

—Jajajaja, gracias por el cumplido.

—Yo he estado tomando cursos de repostería, así que estoy experta en preparar pasteles.

—¿En serio, pequeña? Recuerdo que eras muy mala para la cocina.

—Jajajaja sí, pero ahora he aprendido mucho. Un día de esto te voy a preparar uno.

—Me va encantar probarlo.

En eso sonó el móvil de Albert.

—Debe ser tu novia -le dijo Candy.

El miró la llamada.

—Si, es Roxanne.

—¿Le vas a contestar?

—No…después hablaré con ella.

—Albert…¿qué va pasar ahora entre nosotros? -le preguntó más seria, ya que le preocupaba su situación -. Yo no quiero perderte nuevamente.

El la abrazo con ternura.

—No te preocupes por eso, pequeña. Va pasar que nunca más nos vamos a separar.

—¿Y tu novia? ¿Y tu vida en Londres?

—Con respecto a Roxanne voy a terminar con ella y bueno…mi vida en Londres, ya no tengo nada más que hacer haya, aquí están las cosas que me interesan.

—¿Esta seguro señor Andrew que quiere quedarse aquí conmigo? -le preguntó con una voz coqueta.

—Completamente mi pequeña, solo quiero estar contigo con nadie más -le confirmó besándola apasionadamente.

Continurá...


Hola mis lindas chicas.

Espero que se encuentren muy bien. No había querido actualizar antes, ya que la pagina tenía varios errores a la hora de subir los capitulos. Por suerte todo se solucionó y ahora les dejo el penultimo capitulo de este mi ninific, de nuestros queridos rubios.

Muchas gracias a cada una de las chicas que han leido la historia y la han comentado, leeo todos sus comentarios, así que las tengo muy presente.

Les mando un cariñoso abrazo a la distancia y espero estarla leyendo pronto.