Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención
CAPITULO V
Juntos nuevamente
Mas tarde Candy regresó al hogar de Pony y Albert a la mansión Andrew, donde de una vez hablaría con su prometida. Estaba consciente que no le sería fácil terminar su relación con Roxanne, pero ya lo de ellos no podía ser. Él amaba a Candy y Roxanne solo lo quería por su dinero, así que habían dos motivos importantes para terminar su compromiso con su novia de Londres.
—William, ¿dónde estuviste toda la noche? -le preguntó ella preocupada, cuando el ingresó al salón de la mansión.
—Pensamos que te había pasado algo malo -le añadió Elroy que estaba junto a Roxanne.
—No me paso nada, solo que me quede en la cabaña.
—¿Por qué hiciste eso, William? -le reclamó su prometida -. Te estuve llamando y no fuiste capaz de responderme.
—Roxanne, tenemos que hablar a solas -le dijo él -. Vamos a la biblioteca.
—De acuerdo, vamos…
Albert llevó a su novia hasta la biblioteca, para terminar su relación con ella sin ninguna contemplación, por haberlo enamorado para quedarse con la fortuna de los Andrew.
—Amor, ¿qué pasa? -le preguntó ella presintiendo que algo no andaba bien.
—No voy a casarme contigo -le respondió Albert fríamente.
Ella lo miró extrañada.
—¿Que me estás diciendo?
—Que rompo mi compromiso contigo.
Roxanne negó con la cabeza, sin dar crédito a lo que le decía su prometido.
—¡Eso no puede ser…! ¡Tú no puedes romper nuestro compromiso!
—Claro que puedo, ya no deseo casarme contigo.
—Lo estás haciendo por la tal Candy, ¿verdad?
—Si, amo a Candy y con ella me voy a casar -confesó Albert.
—Ella no te ama, además está con ese actor.
—No, Candy no está con él, ahora me ama solo a mí.
—¡Te volviste loco! -gritó Roxanne descontrolada -. Tú no puedes cambiarme por esa huérfana. Yo te amo, si me dejas no voy a poder vivir sin ti.
Albert soltó una carcajada, ya que sabía lo que decía ella no era verdad.
—Jajajaja no seas mentirosa, tú nunca me has amado, te querías casar conmigo por mi fortuna, ¿verdad
Ella se quedó asombrada.
—¿De donde sacaste eso?
—Lo sé y punto. No soy ningún idiota para no darme cuenta de tu juego. Eres falsa Roxanne, que bueno que no me case antes contigo -replicó Albert furioso -. ¡Ahora has el favor de irte de aquí!
—William no me hagas esto. ¡Yo te amo!
—Tu no me amas…
—Si me dejas, mi padre va terminar todos los negocios que tiene contigo en Londres.
—No me importa…mi vida desde ahora en adelante será aquí en Lakewood. Así que no me amenaces con tu padre.
—¡William…!
—¡Vete o tendré que yo mismo sacarte de mí mansión!
—Está bien me voy, pero, te vas a arrepentir de haberme dejado por Candy -dijo Roxanne marchándose con palabras amenazadoras.
Albert se sentó en el sillón del escritorio, sintiéndose aliviado por haber roto con una mujer ambiciosa que jamás él iba poder amar. Ahora se daba cuenta que lo que sintió por Roxanne solo había sido una atracción física, que su único amor siempre ha sido esa rubia de ojos verdes que lo tenía completamente enamorado.
"Mi pequeña, cuánto te amo", pensó mostrando una amplia sonrisa.
—William, ¿qué ocurrió con Roxanne? -le preguntó Elroy entrando a la biblioteca -. Me dijo que la echaste de la mansión.
—Si la expulsé de la mansión. Ya no voy a casarme con ella -le contestó Albert sin inmutarse.
—¿Como fuiste capaz de hacerle eso? La pobre se fue destrozada de aquí.
—Esa pobre como tú la llamas se quería casar conmigo por mi dinero, así que no la compadezcas tanto, querida tía.
—Eso no es verdad, Roxanne no es una interesada.
—Yo también pensaba lo mismo, pero lo es. Candy me abrió los ojos con respecto a ella.
—Claro ahora entiendo todo, fue esa chiquilla que inventó eso de Roxanne para que terminaras con ella -expresó Elroy indignada.
—No es ningún invento, tía. Yo le creo a mi pequeña.
—Veo que esa chiquilla te volvió a engatusar y tu caíste como un imbécil.
—Si y para que te enteres estamos juntos nuevamente y esta vez será para siempre -le confirmó Albert con una radiante sonrisa -. Así que es mejor que te hagas la idea que Candy volvió hacer mi novia.
—Si es así, yo me voy de esta mansión. Me regreso a mi casa de Chicago.
—¿Como quieras, tía…?
—Veo que no te importa que me vaya.
—Claro que me importa, pero sé que no vas aceptar a mi pequeña, así que lo mejor para todos es que estés lejos de nosotros.
—Adiós William, que seas muy feliz con Candy -le dijo irónicamente.
—Gracias…tía, te prometo que lo seré…
…
En el hogar de Pony, Candy se sentía inmensamente feliz de haber solucionado todo con Albert, y de haberle confesado que el único hombre que amaba era solamente él. A penas llego les contó a sus madres la gran noticia y después se fue al rancho del señor Steven, para contarle a su amigo Tom.
—De verdad tú y Albert regresaron -le dijo el ranchero asombrado.
—Si, el me ama tanto como yo a él.
—¿Y su prometida?
—Va a terminar con ella.
—Me alegro mucho por ti, mereces ser feliz junto a la persona que amas.
—Gracias, Tom, ¿y tú como estuvo la cena con Dorothy?
—La pase muy bien con ella.
—¿En serio?
—Si, es bonita e inteligente, aparte que tenemos muchas cosas en común.
—Te dije que te iba a agradar. Quien no dice que nos casemos pronto.
—Jajajaja, no me digas que Albert te pidió matrimonio.
—No, claro que no…pero si no lo hace él, lo haré yo.
—Jajajaja, eso me gustaría verlo, Candy.
—Bueno ya me voy…Salúdame a tu papá.
—Te llevo en la camioneta…
—No es necesario Tom, quiero caminar.
…
Candy se fue caminando hasta el hogar de Pony, pensando en la hermosa noche que había pasado con Albert, una noche inundada de amor y pasión. Todo había sido como siempre lo soñó que fuera su primera vez, con el hombre de su vida. Ahora Albert y ella se pertenecían, solo faltaba que Dios les diera su bendición. Ese era otro de sus sueños casarse con Albert y formar una bella familia junto a él.
Pensando en eso, sin darse cuenta llego al hogar, cuando se encontró en las afuera con Roxanne Lewis que la estaba esperando.
—Señorita Roxanne -le dijo Candy irónicamente, imaginándose lo que quería aquella mujer.
—Te estaba esperando -contestó ella mirándola con una mirada de odio.
—¿A que debo su visita?
Roxanne se acercó a la rubia y bruscamente le tomó un brazo.
—¡No te hagas la tonta! Sabes perfectamente a que vine. William acaba de terminar conmigo por tu culpa.
—Me alegro que lo haya hecho -se soltó Candy -. El me ama solo a mí, además no podía casarse con una ambiciosa como usted.
—¿Ósea que fuiste tú la que le contaste que iba casar con él por su dinero?
—Si, yo te escuché en el restaurante cuando le decía a una amiga, que solo quería la fortuna de los Andrew.
—¿A caso a ti no te interesa la fortuna de los Andrew?
—No, yo amo a Albert por lo que es, no por su dinero -le aclaró Candy.
—Ahora lo amas, después que preferiste a ese actor…la verdad no te creo nada.
—Eso es parte del pasado, ahora amo a Albert y voy hacer todo para ser feliz con él.
—¡Eso si yo lo permito! -replicó Roxanne sacando un arma donde le apuntó a Candy -. Lo siento mucho querida, pero vas a pagar muy caro el haber arruinado mis planes.
Candy asustada dio un paso atrás, viendo que Roxanne estaba dispuesta a dispararle.
En eso salió la señorita Pony y la hermana María a las afueras del hogar, para ver lo que estaba pasando.
—Señorita, por favor baje esa arma -le pidió la señorita Pony.
—Tenga piedad…señorita, no vaya a lastimar a Candy -añadió la hermana María asustada -. Dios mío, protege a mi niña.
—¡Ustedes no se metan! ¡Esta estúpida no se merece otra cosa que la muerte!
Albert llego en ese instante junto a George y al ver lo que su ex prometida quería hacerle a Candy, sin que Roxanne se diera cuenta se acercó a ella por la espalda y le trato de quitar el arma, pero ella no se dejó y ambos se pusieron a luchar.
—Suelta el arma Roxanne -le pedía Albert, mientras luchaba con ella.
—No lo haré, tengo que matar a Candy.
—¡Albert ten cuidado! -le gritaba la rubia temiendo por la vida de su amado.
Continuaron la lucha cuando repentinamente se escuchó un disparo.
—¡No! -gritó Candy espantada.
—¡William! – gritó George corriendo hasta él para ver si se encontraba herido.
—Tranquilo, estoy bien -contestó quitándole por fin el arma a su ex novia -. La bala dio en el suelo.
—Albert, mi amor…-la rubia se acercó a él y lo abrazo.
—William, yo no quise…-dijo Roxanne como aturdida
—¡Te volviste loca! ¿qué pensabas hacer? -le gritó Albert -. Voy a llamar a la policía.
—William, no llames a la policía -le rogó angustiada -. Te prometo que me regresare a Londres.
—Intentaste matar a mi pequeña, tienes que pagar.
—William, por favor…perdóname…No sabía lo que hacía -dijo la mujer como volviendo a la realidad.
—Está bien, Roxanne. George llévatela a Chicago y que tome un vuelo a Londres.
—Si William, yo me hago cargo de ella -contestó el bigotón.
George tomo a Roxanne por el brazo y se la llevó hasta el automóvil.
—Pequeña, ¿cómo te siente…?
—Asustada, pero, ahora bien -le contestó -. Esa mujer está bien loca.
—Gracias a Dios llegue a tiempo, presentí que Roxanne te podría venir hacerte daño.
—Gracias Albert, por salvarme de esa loca.
—De nada mi pequeña, nunca permitiré que nada malo te pase -le dijo dándole un beso en la frente.
—Por qué no entran al hogar -le dijo la señorita Pony.
—Si entremos -dijo Candy -. Hay muchas cosas que tenemos que platicar.
Los rubios ingresaron al hogar y la señorita Pony les ofreció jugo y galletas para pasar el susto.
—¿Que alegría verlos juntos? -comentó la hermana María -. Espero que nunca más se vuelvan a separar.
—Tranquila hermana María, no volvería a cometer la locura de dejar ir a Albert -comentó la rubia mirándolo con ojos de enamorada.
—Señor Andrew, pero usted tiene su vida en Londres -le dijo la señorita Pony.
—La tenía, porque ahora pienso quedarme aquí definitivamente.
—Nos alegra mucho saber eso…
—Eso si tengo que viajar a Londres a resolver unos asuntos de mis negocios que tenía haya.
—Albert, te vas a Londres…
—Si, pequeña…
—Te voy a extrañar mucho.
—Yo también, pero regresaré pronto…te lo prometo.
…
Semanas después…
Albert había viajado con George a Londres, para finiquitar todos los asuntos que tenía en Europa y así poder regresar a Lakewood, junto a su amada Candy y comenzar una nueva vida con ella.
Ella lo esperaba ansiosa, esa tarde se encontraba en la mansión Andrew con Dorothy, preparándole una rica cena de bienvenida y un rico pastel como ella le había prometido.
—Me siento tan feliz hoy llega Albert -dijo mientras metía el pastel al horno.
—Me imagino Candy…lo bueno que ya no está la señora Elroy, así que esta mansión esta para ustedes dos.
—Si, la tía abuela se regresó a Chicago, no quiere verme ni en pintura. Me culpa de que Albert no se haya casado con Roxanne.
—No le hagas caso, algún día te aceptara.
—¿Qué hora serán? -preguntó Candy.
—Van hacer las ocho.
—Tengo que arreglar la mesa, Albert debe estar por llegar.
—Ve, yo me quedo viendo la cena y el pastel.
—Gracias amiga, no sé qué haría sin ti -dijo Candy dándole un beso en la mejilla.
—De nada, gracias a ti, ahora estoy de novia con Tom.
—¿Y como se ha portado contigo?
—Es un chico muy atento, siempre está preocupado por mí. Se nota que me ama.
—Me alegra saberlo, Dorothy…porque, si se porta mal contigo, me dices para tirarle las orejas -comentó Candy en tono de broma.
—Jajajaja, no va ser necesario.
—Bueno…te dejo me voy al comedor.
…
Candy se fue al comedor principal de la mansión, donde se puso arreglar la mesa con flores y velas, para darle un ambiente más romántico. Quería que todo quedara hermoso para recibir a su amado, ya que esa noche sería muy especial para los dos.
Una vez todo listo, subió a una de las habitaciones de arriba y se dio un rico baño, se maquilló y colocó un vestido ajustado que la hacía verse muy atractiva. Muy bella bajo al salón, donde se puso a esperar a Albert, que de un momento a otro iba a llegar.
Sin embargo, las horas pasaban iban hacer las diez de la noche y Albert no aparecía. Candy se estaba preocupando, que decidió salir a las afueras de la mansión para ver si llegaba, pero él no se asomaba. Sintiendo un poco de frio entro al comedor y se quedó sentada en una silla, con su móvil en la mano y llamar nuevamente a su amado, pero él no le respondía.
—Albert mi amor, que pasa contigo, acaso te arrepentiste de regresar a mi lado -dijo Candy afligida.
—¿Amiga todavía no llega tu novio? -le preguntó Dorothy.
—No, yo creo que no va a llegar.
—No digas eso, seguramente tuvo un retraso. ¿Por qué no lo llamas?
—Ya lo hice -miro su móvil -. Pero lo tiene apagado.
—A lo mejor va llegar mañana. Mejor ve a dormir.
—Me quedaré un rato más a esperarlo. Ve tu a descansar es tarde.
—Si, hasta mañana, Candy.
—Hasta mañana, Dorothy.
La sirvienta salió del comedor y Candy siguió ahí sentada, hasta que sin darse cuenta se quedó profundamente dormida, cuando repentinamente sintió una suave mano sobre su rostro, provocando que despertara.
—¡Pequeña! -la nombró la voz de Albert.
Ella abrió sus ojos verdes, rencontrándose con el amor de su vida.
—¡Albert! -lo abrazo eufórica -. Pensé que no vendrías.
—Pequeña, siento haberme retrasado, pero hubo un problema con el vuelo y tuve que tomar uno más tarde, se quedó sin batería mi móvil por eso no te pude avisar.
—¡Oh mi amor, pese que te habías arrepentido…!
—Candy no digas tonterías, lo que más deseo es estar contigo. Mira lo que te traje -le dijo mostrándole un ramo de rosas rojas.
—¡Oh están preciosas!
—No tanto como tú, pequeña hermosa…
—Y solucionaste todo en Londres.
—Si, esta todo solucionado, ahora me puedo quedar aquí para siempre contigo.
—Te amo, Albert…
—Y yo a ti -le dijo besándola -. Extrañaba tanto tus labios tan dulces.
—Yo también…los tuyos. Sabes te había preparado una cena y un rico pastel, pero tendrás que probarlo mañana.
El miró lo decorado que estaba el comedor, viendo que su novia se había esmerado mucho en arreglarlo.
—Te quedo muy bello, esto no se puede desperdiciar, además me muero de hambre.
—¿De verdad quieres comer a esta ahora?
—Si…
—Bueno…entonces voy a la cocina a calentar la cena -dijo Candy dirigiéndose a la cocina, pero Albert la detuvo tomándola por la cintura.
—No tan rápido, señorita White.
—¿Que ocurre, señor Andrew…? -le preguntó ella abrazándolo por el cuello.
—Antes de comer tengo una propuesta que hacerle.
—¿Qué propuesta?
Él se puso de rodilla y con sus manos le mostro un hermoso anillo de compromiso.
—Señorita Candy White, ¿acepta casarse conmigo?
Ella lo miro emocionada, pero al mismo tiempo triste por alguna razón.
—¿Que sucede, pequeña? -le preguntó Albert al ver el rostro de su novia -. ¿No quieres casarte conmigo?
—No es eso…
—Entonces, ¿porque te pusiste triste?
—Es que…yo te tenía una sorpresa, pero tú te me adelantaste.
—¿Que sorpresa?
Candy se acercó a la mesa y destapo el pastel que había preparado, donde con letras hechas de chocolate le colocó.
Albert, quieres casarte conmigo.
—Jajajaja, pequeña me querías pedir matrimonio.
—Si, pero tú lo hiciste primero.
—Siento, haberte arruinado tu sorpresa.
Ella lo abrazo por el cuello.
—No importa…igual me siento feliz con tu propuesta.
—¿Eso significa que aceptas ser mi esposa?
—Claro que acepto, señor Andrew -contestó al borde de las lágrimas.
Albert le colocó el anillo y la abrazo con mucha emoción.
—Pequeña, prometo hacerte la mujer más feliz de este mundo.
—Y yo haré todo para ser una buena esposa para ti. ¡Te amo Albert!
—Y yo a ti, amor mío -le dijo besándola.
…
Un mes después…
En la mansión de Lakewood, se estaba realizando la boda de William Albert Andrew y la señorita Candice White. Una boda íntima y familiar donde estaban las personas más querida de ambos. Todo se estaba realizando en el jardín, que estaba decorado con muchas flores. Candy lucía un hermoso vestido de novia, y Albert un esmoquin negro, que lo hacía verse guapísimo. Ambos estaban felices frente al cura que los estaba casando.
—¿William Albert Andrew, acepta como esposa a la señorita Candy White para amarla y respetarla todos los días de su vida, hasta que la muerte los separe? -le preguntó el cura s él.
—Si acepto -contestó él mirando a su pequeña lleno de felicidad.
—¿Candy White, acepta como esposo a William Albert Andrew para amarlo y respetarlo todos los días de su vida, hasta que la muerte los separe? -le preguntó a ella.
—Claro que acepto -contestó la rubia.
—Antes Dios los declaro marido y mujer. Señor Andrew puede besar a la novia.
Una vez que dieron el sí, sellaron el compromiso con un beso. Todos los presentes se acercaron a felicitarlos, dándole sus mejores deseos de amor y felicidad.
La pareja de rubios se fue a una pista de baile que estaba cerca de la piscina y se pusieron a bailar el vals de los novios, siendo admirados por todos los invitados entre ellos, la señorita Pony, hermana María, George y los hermanos Cornwell, que se daban cuenta que ambos habían nacido el uno para él otro. No había ninguna duda que Candy y Albert se amaban y que su amor duraría toda su vida.
Ese mismo día se fueron de luna de miel, a recorrer varios países del mundo y hermosas playas, donde pasaron maravillosos tres meses. Amándose y conociendo nuevos lugares que eran testigo de su amor.
…
Tres meses después…
Regresaron a la mansión de Lakewood, donde comenzarían a vivir su vida de casados, conociéndose de una forma más cotidiana, conviviendo con sus diferencias y superándolas para tener una buena relación.
Albert desde Lakewood comenzó hacerse cargo de sus negocios, mientras que Candy seguía trabajando en el hospital del pueblo. A pesar que era una mujer casada, no quería dejar su trabajo por nada del mundo, amaba su profesión y mientras pudiera seguiría trabajando. Albert la entendía, así que por ese lado no había ningún reproche de parte él.
Esa tarde de domingo, se fueron a la cascada hacer un picnic, para estar juntos, ya que durante la semana por sus trabajos no se podían ver mucho. Albert no quería que su trabajo y el de Candy los alejara como pareja, así que cada vez que tenía tiempo libre lo era para estar con su esposa.
Candy preparó unos ricos sándwiches y ambos se sentaron debajo de un árbol, mientras disfrutaban del paisaje de la cascada.
—El día esta maravilloso, pequeña -comentó Albert mientras comía su sándwich.
—Si, hicimos bien en venir aquí -contestó Candy -. Me hubiera gustado haber invitado a Dorothy y Tom para que nos acompañaran.
—Yo quería estar sola contigo, pequeña…-la abrazo Albert colocándola en su pecho -. Durante la semana nos vemos tan poco.
—Lo se…el trabajo en el hospital es muy adsorbente, pero no te preocupes pronto dejaré de trabajar.
—Candy yo no quiero que dejes tu trabajo, se lo importante que es para ti.
—Es que…voy a tener que hacerlo.
—¿Por qué…?
Candy levantó su cabeza hacia su esposo.
—Por qué tengo que cuidarme mucho para que nuestro hijo nazca bien.
El frunció el ceño.
—¿Dijiste nuestro hijo?
—Si, señor Andrew le comunico que va ser papá -le dijo Candy con una radiante sonrisa.
—¿Señora Andrew, está segura que usted…?
—Completamente…ya me lo confirmo un doctor del hospital.
Albert se puso de pies y ella hiso lo mismo.
—Oh mi pequeña -la abrazo dándole vueltas -. No sabes lo feliz que me haces lo que más deseo es tener un hijo tuyo.
—Si mi amor…tendremos un hijo…
—Te amo, te amo, te amo…pequeña -le dijo besándole el rostro.
—Albert me vas a dejar toda mojada…
—Jajajaja, verdad. Es que me siento tan feliz.
—Yo también…este bebe nos unirá más todavía -le dijo ella colocándole la mano de él sobre su vientre.
—Si…y yo te cuidaré a ti y a él…para que nunca nada les falte.
—No me cabe duda que será así…
—Vamos a la cascada, para que la conozca nuestro hijo -le dijo Albert tomándola de la mano.
Al llegar se quedaron ahí parados abrazados y besándose, en ese lugar tan especial para ellos, donde una tarde de verano se volvieron a rencontrar.
*Fin*
Hola mis lindas chicas.
Espero que se encuentren muy bien. Aquí les dejo el último capítulo de este mini fic de Albert. Les agradezco enormemente a cada una de las chicas que leyeron la historia y me mandaron sus lindos comentarios.
Les mando un cariñoso abrazo a la distancia y si Dios quiere nos estaremos leyendo pronto, con una nueva aventura de nuestros queridos rubios.
