-Esta es una narración de la llamada "Tragedia de Antuco" que tuvo lugar el 18 de mayo de 2005, esta basado en el programa y documental de Mega, "Efecto Mariposa", más específicamente en su tercer capitulo:"Antuco: Sueño Blanco". Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero la cronología, dramatización y redacción de la historia es de mi entera responsabilidad.


Refugio Militar los Barros.

El viaje arriba de los camiones rumo al refugio los Barros había sido extremadamente agotador, tantas horas sentados en duros escaños al interior de estos transportes militares no había sido en lo más mínimo un camino de rosas; se había tratado de cuatro horas de viaje a través de la cordillera. Habían pasado por el pueblo de Antuco y el refugio La Cortina, sin detenerse, observando como quedaba en la distancia este refugio donde habrían de descansar cuando realizaran la marcha de instrucción que ya tenía una fecha prevista, luego de que se retomara el entrenamiento en el nuevo refugio. Habían rodeado el imponente volcán Antuco, cubierto de nieve que afortunada y tristemente—para algunos—no había en el refugio Los Barros. Un mes en el servicio militar y contando, esa era la preparación con la cual contaban hasta ahora, mas nadie pensaba en ello, ¿Por qué hacerlo? Apenas y habiendo llegado al Refugio, sus instructores, los cabos Kakashi Hatake y Kankuro Sabaku no hubieron dudado en retomar el duro entrenamiento, ejercicios tan duros que por momentos hicieron pensar a los jóvenes en renunciar, pero cuando surgía esta idea, todos recordaban porque estaban en el ejército, no solo lo que esperaban lograr, sino lo que querían demostrar, querían demostrar que no eran jóvenes imprudentes sino verdaderos soldados. Rompiendo con el entonces silencio, el cabo Kakashi Hatake hizo sonar su silbato, llamando la atención de los soldados

-¡Circuito de equilibrio, circuito de resistencia y circuito de salto, ya!- mando Kakashi con un aire casi dictatorial y que como de costumbre lo hizo obtener obediencia de parte de sus subordinados.

En cuanto el cabo Hatake hubo hecho sonar su silbato por segunda vez, todos los soldados formados en dos filas separadas no hubieron tardado en obedecer y realizar los determinados circuitos, especialmente en el circuito de equilibrio donde se hubieron esforzado en no flaquear y caer, porque de hacerlo tendrían que empezar de cero. La velocidad era esencial, por lo que y tras cumplir este circuito, no hubieron tardado en proceder con el circuito donde y tras saltar a un foso debían aferrarse a una cuerda y trepar, el ritmo era prioritario por lo que nadie se hubo detenido sin importar lo que pasara. Obstáculos se alzaban en el camino, algunos para ser trepados, otros invadidos al pasar bajo ellos. No era la primera jornada de entrenamiento por lo que los cabos Hatake y Sabaku cronometraban la velocidad con que se realizaban los ejercicios; barricadas aún más alta se alzaban, por sobre el suelo, obligando a los jóvenes conscriptos a aferrarse a estas, mano por mano para no caer al suelo hasta traspasar el ultimo. Seguidamente y como último obstáculo—previo a una breve carrera que consistía en velocidad—se encontraba una imponente barricada, más alta que cualquiera de las otras y que debía ser trepada—sin cuerda—y tras esto, salta en lo alto. Con algo más de lentitud, Rock Lee se hubo tomado su tiempo en dicho obstáculo, no porque tuviera miedo a la altura, sino porque no quería caer por pisar erradamente en un lugar, algo que el cabo Hatake no tardo en notar.

-¿Tiene miedo, Lee?- cuestiono Kakashi, ocultando su propia diversión.

-No, mi cabo- contesto Rock Lee, apoyándose en lo alto de la barricada antes de decidirse a saltar.

-Entonces salte, pues- obvio el Hatake, ocultando su diversión al hacerla pasar por intolerancia. -¿Qué está esperando?- gruño haciendo que el conscripto saltara cuanto antes de la barricada.

Luego de esta prominente barricada y la carrera se encontraba una especie de enredadera de baja altura y bajo al cual debían arrastrarse; todo se trataba de mejorar la condición física que todos tenían, de eso se trataba no solo el entrenamiento sino el servicio militar en sí. Haciendo sonar su silbato en cuanto el primero de los conscriptos hubo llegado al final del circuito, Kakashi hubo de admitir que incluso él estaba emocionado, esos niños lo estaban haciendo muy bien.


Los entrenamientos eran muy duros, desde luego ya que el fin que tenían era fortalecerlos como jóvenes que aspiraban a volverse hombres bajo las inclemencias de aquel periodo de sus vidas, o en eso consistía el servicio militar al menos. Incluso en ocasiones y durante los entrenamientos habían tenido que derribar o evadir a un teniente que se hacía pasar por ruso, literalmente era pan de cada día en el árido desierto que era aquella tierra que veían cada día. Por momentos habían creído que no estaban cerca de un volcán cubierto por nieve ya que, donde entrenaban, ese espacio…estaba desprovisto de nieve, por completo. Despertarse con el salir del sol por el horizonte era una costumbre muy marcada, por la que y removiéndose en la parte alta de la litera que compartía con su mejor amigo, Naruto entreabrió los ojos, estirándose sobre el colchón y bostezando sonoramente como siempre, antes de observar hacia la ventana, esperando ver los primeros rayos de luz solar en todos anaranjados reflejados contra el cristal, pero en su lugar lo que vio lo dejo absorto; nieve. Descolocado por esto, el Uzumaki se sentó sobre el colchón, creyendo que su mente le estaba jugando una broma, pero las nubes que cubrían el cielo y los blancos copos que caían desde lo alto lo hicieron sonreír como un bobo; aquella era una de esas oportunidades en la vida que sentía que no podía perderse. Su primer impulso, desde luego, hubo sido despertar a su mejor amigo:

-Sasuke- llamo Naruto, sin recibir respuesta, obvia señal de que su mejor amigo se encontraba dormido. -Sasuke, despierta, está nevando- a toda prisa y sin reparar en su escasa vestimenta, corrió hacia la ventana, sonriendo como un niño ante lo que significaba la nieve.

Por un momento lamento dormir solo con camiseta, ropa interior y calcetines, en ese momento y tan cerca de la ventana sintió como si estuviera prácticamente desnudo ante la nieve, como si el frió pudiera traspasarlo mientras posaba su mano sobre el cristal de la ventana, dándose cuenta de inmediato que estaba superficialmente congelado por la helada matutina mezclada con el frió generado por la nieve que caía delante de sus ojos. No conocía la nieve, es decir, sí; un amigo de su padre, el señor Shikaku había traído un poco de nieve en una bolsa cuando era niño, él trabajaba en el trasporte de madera y en ocasiones sus viajes lo llevaban a plena cordillera, pero aquella nieve que no había tardado en derretirse había sido lo más cerca que había estado alguna vez de aquellos cuadros invernales tan hermosos que envidiablemente tenían los estadounidenses, por eso le fascinaba ver nieve ahora, y no desperdiciaría la oportunidad. Ignorando el ligero frió que sentía y que le ponía la piel de gallina, el Uzumaki corrió de regreso a su litera, arrodillándose junto a su mejor amigo que dormía profundamente o eso parecía, aunque no era fácil saberlo, Sasuke tenía el sueño ligero. Sonriendo y pensando solo en la diversión, Naruto no solo zarandeo el hombro de su mejor amigo sino que por poco y le brinco encima haciendo que él entonces sueño del Uchiha fuera forzosamente interrumpido y no había cosa que hiciera peor al humor de Sasuke que ser despertado por alguien que no fuera ni su novia ni su madre.

-Ya despierta- insistió el Uzumaki, zarandeando nuevamente a su amigo.

-¿Qué quieres?- gruño Sasuke, sabiéndose obligado a despertar, no solo por la insistente voz de su amigo, sino porque no soportaba que lo zarandeara de ese modo.

-Mira la ventana, está nevando- contesto Naruto, sin molestarse en ocultar su alegría, corriendo a toda pisa hacia la ventana. -No lo puede creer- rio ante el reflejo que divisaba a través del cristal.

Contrario a su mejor amigo que parecía tan efusivo, Sasuke si había visto la nieve en varios de los viajes que realizaba su familia—y en ocasiones la familia de Sakura-, por lo que se tomó con menos efusividad la noticia, apartando las sabanas y la colcha para bajar de la cama. Además, y nuevamente contrario a su mejor amigo, él si dormía con pijama, al menos con los pantalones, aunque en ese momento, cruzando los brazos por sobre su pecho, deseo no estar solo en camiseta en la parte de arriba, realmente hacia frió. Ahí estaba, a través del cristal se veía con claridad como el suelo ya estaba cubierto de nieve y como estaba continuaba cayendo desde el cielo cuyas nubes impedían ver el sol que ya estaba en el cielo por la luminosidad. El frió dentro del territorio conocido como Chile, hasta llegar al punto de nieve no era algo usual, en ocasiones y por más de una década la nieve no se veía, lo más cercano a la nieve eran la helada y el granizo cuando la temperatura se situaba varios grados bajo cero, de otro modo la lluvia era lo único que caía del cielo y tan solo variando en cantidad, incluso para Sasuke que en una que otra ocasión había salido del país, ver nieve en su propia tierra era inusual. Atreviéndose a tocar la ventana, el Uchiha se retractó casi de inmediato, realmente hacia mucho frió, por un momento sintió como si estuviera en el exterior; después de todo la locura de su mejor amigo si tenía motivo, solo que él no pensaba reaccionar igual, por supuesto

-Vamos afuera- ánimo Naruto, casi tironeando a su mejor amigo de la camiseta.

-¿Nunca has estado en la nieve?- más bien afirmo el Uchiha, intentando no parecer tan divertido.

-No, nunca- contesto el Uzumaki con obviedad, sin importar que su resolución pareciera infantil. -Soldado Uchiha, estamos de suerte- advirtió con fingida seriedad, imitando casi a la perfección el tono que siempre usaba el cabo Kakashi Hatake la hablar.

-Dejen dormir- gruño Kiba en su litera, sin molestarse en identificar quien ya estaba despierto.

Desviando la mirada hacia la voz del Inuzuka, por poco y ambos amigos vieron desaparecida su alegría…por poco, pues de inmediato se hubieron sonreído con complicidad. Disfrutarían de la nieve lo más que pudieran, se merecían esa pisca de infantilismo al menos, ¿no? No era un pecado volver a ser niños por un tiempo, aunque fuera jugando.


Martes 17 de mayo de 2005/Refugio Militar los Barros, 1 día antes de la marcha

El invierno en un país como Chile siempre solía ser simplemente lluvia en mayor o menor cantidad, nunca había nada más que esperar durante alguna marcha de instrucción, pero que esta vez hubiera nieve de por medio…daba mucho que pensar. Ya se había esperado que hubiera nieve de por medio ya que deberían rodear a pie el volcán Antuco para llegar al refugio la Cortina y dicho trayecto—el del volcán—implicaba un frio lo bastante considerable como para catalogarlo con unos cuantos grados bajo cero, pero no era algo preocupante. Ahora y por primera vez en casi más de dos décadas, la nieve cubría la tierra y el fenómeno conocido como "viento blanco", que tenía lugar en la montaña comenzaba a hacerse presente en las mentes de los cabos Obito Uchiha y Kakashi Hatake que tenían la suficiente experiencia en montaña como para temer por la salud de los conscriptos aun cuando la noche anterior dos de las compañías hubieran realizado la misma marcha…pero no tenían registro ni informes de las conclusiones obtenidas. Aunque Uchiha y Hatake tuvieran conocimientos y experiencia en montaña, debían rendir cuentas a su amigo y a la vez superior, el capitán Asuma Sarutobi, que iría al mando de la compañía Morteros, junto a los cabos Kakashi Hatake y Kankuro Sabaku, pero para que la marcha fuera aceptada, debían contar con informes meteorológicos, de los que por cierto carecían; en su lugar debían basarse en su experiencia y según esto informar a su superior y en este caso ni Kakashi ni Obito creían prudente realizar la marcha, podía ser peligroso.

-Si me pregunta, mi capitán, yo lo veo complicado- admitió el cabo Obito, intentando no trastabillar ante sus declaraciones.

-¿Complicado, cabo?- repitió Asuma, frunciendo ligeramente el ceño. -Ustedes son los que tienen la experiencia, ¿no?- aludió, intentando entender a que se referían exactamente.

-El clima está difícil, mi capitán- acoto Kakashi como respaldo a su colega y partner. -Si usted me permite; yo lo consideraría- admitió ya que al igual que Obito, contaba con conocimientos de montaña, aunque no tanto como su amigo.

-Tomo su experiencia, cabo- acepto el Sarutobi comprensivamente ya que al carecer de experiencia en marchas de instrucción en montaña, en especial en la nieve, debía apoyarse en sus compañeros que sabían más que él, -voy a hablar con el mayor Madara- se excusó antes de proceder a retirarse.

-A su orden, mi capitán- contestaron ambos cabos, al unísono.

La moral del ejército era que un superior daba órdenes y como tal todos los demás debían obedecer, no había margen de desobediencia si no se quería ser tachado de cobarde o acusado de insubordinación y si esto último sucedía, la prisión era una opción bastante posible y eso todos lo sabían. El tiempo pasaba, momento a momento, más ni Obito ni Kakashi sabían cuantos minutos hubieron transcurrido mientras se paseaban con las manos cruzadas tras la espalda, como leones enjaulados. La condiciones para realizar una instrucción, según el reciente instructivo emitido dos semanas antes, se especificaba que las marchas de instrucción con un mes y medio en el ejército no debían superar los 85 minutos, el límite de distancia debía ser de 5 kilómetros y no de 20 como estaban previsto a efectuar hasta ahora, y solo podían realizarse en condiciones normales y estas obviamente no lo eran ni serían a la mañana siguiente. Además era la primera vez en treinta años que caía nieve de ese modo, ¿No era peligroso?...pero, ¿Cómo desafiar ordenes? Se estaban torturando mentalmente con tan solo pensar en eso, teniendo la misma idea rondándoles la cabeza a ambos. Absortos en sus pensamientos y preocupaciones, ambos cabos solo repararon en el retorno del capitán Sarutobi cuando las suelas de sus botas militares resonaron contra la madera del piso del efugio, haciendo que ambos cabos se volvieran a verlo. Por la expresión en su rostro no sabían que inferir; Asuma no era un hombre que sonriera a cada momento, e incluso a veces parecía de mal humor, pero esta vez ni aun siendo sus amigos, ni Kakashi no Obito sabía que pasaba por su mente.

-El mayor Madara está informado- concluyo Asuma, aunque bastante disconforme por la respuesta que había obtenido, más sus subordinados y amigos no podían saberlo hasta que se los dijera. -Las órdenes siguen igual; la marcha es mañana a las cinco de la madrugada- añadió con pesadez para sorpresa y confusión de sus amigos.

Cruzando las manos tras la espalda y abandonando la presencia de sus compañeros, rumbo a sus dependencias, Asuma no se volvió en ningún momento para ver la expresión de preocupación en los rostros de sus amigos, más preocupado en planificar todos los detalles pendientes con respecto a la marcha que tendría lugar en tan solo unas horas, ya fuera que él estuviera de acuerdo o no. Con suma preocupación, tanto Obito como Kakashi se observaron en silencio; la compañía bajo el mando de Kakashi y Kankuro—Morteros—partiría a primera hora del día siguiente, y horas más tarde la seguiría la compañía bajo las ordenes de Obito y Deidara—Andina—, realizando la marcha hasta el refugio la cortina. Según un instructivo emitido semanas antes, no podían realizar una marcha de instrucción en las condiciones en las que estaban…pero desobedecer a sus superiores era aún peor; por ahora habrían de cerrar la boca y cumplir órdenes, solo eso podían hacer.


18 de mayo 2005/4:30 am, Refugio militar los Barros

Aunque estaban acostumbrados a despertar muy temprano cada mañana, esta vez todo era diferente, ni siquiera eran la cinco de la mañana, apenas y habían conseguido dormir la noche anterior ya fuera por las ansias o los nervios, próximos a realizar la marcha de instrucción que cerraría aquella etapa de su entrenamiento y que por consecuencia los haría verdaderos soldados y les abriría todas las puertas que ellos habían buscado desde el primer momento en que se habían enlistado voluntariamente, sin necesitar ser llamados. Sin importar que fuera excepcionalmente temprano, nadie parecía tener sueño, sentados en grupos ante las mesas del comedor del refugio, devorando su desayuno; un café y dos duros panes con mermelada. A muchos de los presentes un desayuno así les parecía escaso, era algo que comerían cualquier mañana en sus casas, pero no que fuera a darles la energía suficiente para la marcha, no por las horas que habrían de pasar bajo la nieve. No existía peor error para un soldado—más aun para un conscripto—que cuestionar a sus superiores, por lo que nadie se atrevía a emitir siquiera una frase contra la marcha ya planificada, además y aunque se desconfiara de las condiciones climáticas, ¿Por qué hacerlo? Aunque no quisieran considerarse niños, eran inexpertos, sus superiores sabían lo que hacían, ¿no? Debían confiar en ellos, se encontraban bajo sus órdenes después de todo y por algo era así.

-Malo el pancito- se quejo Kiba, chocando ligeramente su "desayuno" contra la bandeja de plástico, escuchando como sonaba contra esta. -Está más duro que una roca- comprobó, desviando la mirada hacia su amigo Shino.

-Yo estoy cagado de hambre, me como cualquier cosa- resto importancia el Aburame, partiendo su pan y humedeciéndolo con el contenido de su taza.

-Sí, eso veo- rio el Inuzuka, imitándolo y humedeciendo el pan en la taza de café que tenía entre las manos.

Contando con tiempo de sobra para disfrutar de su desayuno y una amena platica, muchos de los conscriptos presentes hubieron perdido la noción del tiempo sin reparar en ello, mientras que por su parte y ya habiendo finalizad su desayuno, Sasuke y Naruto dejaron sus bandejas en el lugar correspondiente, retirándose preparar el resto de cosas que fueran a necesitar y a vestirse mejor. Ciertamente era extraño que no les hubieran dado ropa para marchar en la nieve, pero no por eso iban a desistir.

Ya era un poco tarde para retractarse, su único deber ahora era cumplir órdenes.


Sentados en las duras y rusticas barracas que tenían por camas, llenando sus mochilas de todo cuanto pudiera ser necesario, los jóvenes conscriptos se cubrían las cabezas con gruesos gorros de lana y coipas o cuellos que pudieran protegerlos del frió; 20 kilómetros bajo la nieve y el hielo, sin contar en lo absoluto con los nombrados uniformes para la nieve que sus propias familias habían pensado que les darían, y aunque no encontrasen explicación a esto, nadie decía nada, todos se preparaban en silencio como si nada pasara. Eran lo más bajo en aquel refugio, meros conscriptos, jóvenes en entrenamiento, no podían atreverse siquiera a desafiar a sus superiores, ¿Cómo hacerlo? Además, era la prueba que tanto habían estado esperando para demostrar que ya estaban dejando de ser niños para convertirse en los soldados que aspiraban a ser. Los duros panes con mermelada y el café que habían desayunado comenzaban a hacerse escasos en sus estómagos, por lo que y recordando los días pasados en el regimiento, muchos no hubieron dudado en meter en sus mochilas las galletas, patatas fritas y harina tostada que habían traído de los ángeles, e incluso unos poco no habían devorado todo el desayuno, guardando un pan o la mitad de uno dentro de sus mochilas, ocultando sus secretas reservas de alimentación entre el resto de las demás pertenencias que habían guardado, intentando pasar desapercibidos.

-No olviden sacar todas sus pertenencias, sus cosas; bolsos, cantimploras…- enumero el cabo Kankuro, paseándose en el pasillo central entre las literas, hacia el umbral de la puerta.

Tomándose un minuto y apoyado en su litera, Naruto mantuvo las manos unidas, con la frente pegada a estas, orando en silencio porque todo saliera bien. Era creyente religioso, no es como si pasara todos los fines de semana en la iglesia, pero creía en Dios y quería creer que la marcha sería un éxito si él quería que así fuera, pero sabía que para que eso sucediera, él mismo debería poner su empeño en ello y no rendirse; persignándose, Naruto se determinó a dar todo de sí para no caer en ningún momento, y si caía, se prometía volver a levantarse para volver con sus padres. Nadie era ajeno a la realidad de las circunstancias o a lo poco que sabían, muy conscientes de que vivirían horas de intenso frío, más aun así y observando distraídamente su informe, Naruto reparo en que no le serviría mucho contra el frió, especialmente si tenía en cuenta como se componía; camiseta, casaca, pantalón—obviamente ropa interior-y botas para la nieve, duras y que parecían de plástico ya que no podía mover los pies dentro de estas, el peso de la mochila y el fusil que por ahora se encontraba sobre su litera, en espera de que los cargara a su espalda. Muchos de entre los presentes se hubieron persignado al igual que él, incluso su mejor amigo que terminaba de vestirse sentado en la parte inferior de la litera, y eso que Sasuke ni siquiera se declaraba creyente….sin duda alguna y por primera vez, todos tenían los nervios suficientes encima como para hacer lo que nunca harían en otras instancias.

-A enlistarse, compañía Morteros, 2 minutos- advirtió Kakashi, asomando la cabeza por el umbral de la puerta.

Confiando en que los jóvenes conscriptos terminaran de prepararse a tiempo con la hora prevista para la marcha y para lo cual faltaba unos cuantos minutos—descontando la despedida otorgada por el mayor Madara Uchiha, el cabo Kankuro Sabaku se retiró del barracón para darles privacidad a los jóvenes que ya casi estaban listos. Contrario a algunos confiados compañeros de su barracón, y agradeciendo haberse preparado para lo peor pese a la charla sostenido con su padre sobre que le darían todo lo necesario para la marcha, e intentando no ser visto pro nadie, Sasuke se colocó otra camiseta por sobre la que ya traía puesta, pegando además el borde de sus botas a su pantalón con cinta industrial, una medida de precaución que-de hecho—varios soldados estaban realizando. Finalmente y cerrándose la casaca, Sasuke disimuladamente se giró hacia su almohada y en cuya funda mantenía oculto el rosario que su novia le había obsequiado y que no tardo en guardar en el bolsillo izquierdo de su casaca, exactamente sobre su corazón. No importaba que; entrenamiento, castigos o incluso ahora, en esta marcha, lo llevaría consigo a todos lados, tal y como le había prometido a Sakura. Terminando de cerrarse la casaca distraída y calmadamente, Kiba desvió la mirada hacia la litera continua donde Naruto se colgaba la mochila y el fusil a la espalda, justo como su compañero de litera, Shino.

-Van a morir- se burló Kiba, cerrándose la chaqueta.

-No te burles- bufo Naruto, acomodándose el gorro por sobre el cabello, cubriéndose los oídos.

-Lo digo en sentido figurado- desmintió el Inuzuka entre risas, encogiéndose de hombros.

Eran jóvenes, niños aun a ojos de sus familias y de tantos otros, pero querían demostrar que no lo eran, querían dejar en evidencia que tras un entrenamiento tan duro, finalmente eran unos verdaderos soldados y esta era la oportunidad de hacerlo. Además, era una marcha de instrucción que—según las crónicas—ya se había hecho por otras dos compañías la noche anterior y con incuestionable éxito según se decía, ¿Qué tan difícil podía ser?


La compañía Morteros, próxima a partir en la marcha de instrucción de 20 kilómetros hasta el refugio La Cortina, se encontraba perfectamente organizada y formada en el salón del refugio los Barros, en espera de los cabos Kakashi y Kankuro, expectantes y ansiosos por concluir con su instrucción militar al realizar aquella marcha que ya dos compañías habían realizado el día anterior…aunque, muchos hubieran deseado saber cómo había terminado esa primera marcha, para saber a qué se enfrentarían. Tras lo que parecio una espera eterna los cabos Hatake y Sabaku ingresaron en el salón, situándose frente a los dos jóvenes conscriptos que encabezaban paralelamente las filas. La labor de huelleros era uno de los mayores honores que un joven conscripto podía recibir, porque se premiaba su habilidad y en este caso dos jóvenes conscriptos habían sido elegidos para abrir camino al resto de sus compañeros y encabezar la marcha en la nieve; el mayor Madara Uchiha había premiado a Konohamaru Sarutobi por ser uno de los mejores atletas del batallón; y Neji Hyuga, con sus conocimientos de scout, era el líder de su escuadra. Ambos jóvenes eran altos, fuertes, aunque desgraciadamente y comparados con sus otros compañeros, deberían de sufrir un desgaste físico mayor que el resto de los conscriptos—durante la marcha-por la labor que implicaba formar la ruta a seguir, sobre la nieve.

-Ustedes, soldados, van a ir de huelleros- delego el cabo Kakashi, junto al cabo Kankuro, tendiéndoles un par de raquetas a los dos jóvenes conscriptos que integraban las filas; Neji Hyuga y Konohamaru Sarutobi. -Para esto necesito hombres fuertes y sin miedo a nada. Con estas raquetas ustedes van a ir marcando el camino- instruyo vagamente, sabiendo que aquellos jóvenes tenían muy en claro lo que implicaba tal responsabilidad.

-¡Con orgullo, mi cabo!- contestaron ambos, al unísono.

-Así me gusta, vuelvan a la fila, soldados- permitió el Hatake, sonriendo para sí.

Fusil en mano y retrocediendo un paso como si no hubiera pasado absolutamente nada, aparentemente estoicos e indiferentes, ambos jóvenes sonrieron con suficiencia para sí mismos; enorgullecerían aún más a sus familias al cumplir con la difícil labor de ejercer de huelleros, y cuando regresaran a los ángeles, convertidos en hombres, todos sabrían lo que habían hecho. Cada día formar parte del servicio militar se hacía aún mejor. Tanto los jóvenes conscriptos como los cabos que los dirigían hubieron aguardado en silencio, esperando no solo al capitán Asuma Sarutobi que habría de ir con ellos como superior, sino también al oficial de más alto rango del lugar, al mayo Madara Uchiha que por protocolo y sentimientos propios los despediría y les desearía suerte a la antigua usanza militar. Acomodando su boina y acompañado por el capitán Asuma Sarutobi, el mayor Madara Uchiha no tardó en hacerse presente con el potente eco de las suelas de sus botas militares sobre la madera, con los brazos a cada lado del cuerpo y un comportamiento tan seguro que muchos de los jóvenes presentes hubieron olvidado por completo que se encontraban bajo entrenamiento, volviendo a sentirse niños ante un adulto que tenía toda la experiencia de la cual ellos carecían y que—en algunos casos—representaba todo lo que esperaban ser si continuaban la carrera militar. Deteniéndose frente a las filas de conscriptos de la compañía Morteros, el mayor Madara no reparo en la carencia de vestimenta para la nieve, nunca la habían implementado, ¿Por qué hacerlo ahora? Esos jóvenes eran por demás capaces, Madara creía en ellos.

-Buenos días, compañía- saludo Madara escuetamente.

-¡Buenos días, mi mayor!- contestaron todos, de inmediato

-Soldados de Chile, están a portas de comenzar el cierre de esta instrucción- vaticino Madara, orgulloso por ver a esos niños convertirse en verdaderos soldados. -El clima será un obstáculo difícil, pero ustedes están preparados para superarlo. Les advierto que no será fácil, pero es una marcha que muchos soldados del glorioso ejército de Chile, han sido capaces de realizar con éxito, y ustedes no serán la excepción- no albergaba dudas en su voz, porque los había visto entrenar, los conocía. -Confió en sus capacidades y ustedes me demostraran que no estoy equivocado- esto último casi hizo trastabillar a aquellos jóvenes que se sentían menos seguros de sí mismos. -Recuerden; no permitan que nadie se quede atrás y mantengan la distancia con el soldado precedente. Lleguen a su objetivo. Les deseo fuerza, valor, y que Dios los acompañe- despidió finalmente, convencido de que aquellos jóvenes ya serian hombres cuando volviera a encontrarse con ellos.

Al igual que aquellos jóvenes entre dieciocho y diecinueve años, Madara se había enlistado voluntariamente en su día y poco a poco, teniendo un incuestionable éxito, había llegado hasta lo más alto, siendo el indiscutible superior en el refugio. Las condiciones para realizar la marcha no eran optimas, y quizás fuera una buena idea cumplir lo que estipulaba el instructivo emitido dos semanas antes, más eligiendo basarse en su experiencia, Madara prefería dejarse llevar por su instinto como soldado al permitir que esos niños se convirtieran en hombres bajo las inclemencias que significaría una marcha tan dura y que ya dos compañías habían realizado el día anterior…y aunque no tuviera informes de cómo había concluido todo, suponía que había sido exitosa. Sin más y delegando su autoridad al capitán Asuma Sarutobi, el mayor Madara no tardo en retirarse bajo la intensa mirada de los jóvenes que lo admiraban por ser la prueba viviente de que el trabajo duro y la experiencia, podían llevarlos muy lejos. Contrarias a las simples casacas que llevaban los conscriptos, los cabos Hatake, Kankuro y el capitán Sarutobi estaban equipados con chaquetas de goretex, especiales para la nieve, el frio y las incursiones en la montaña ya que ellos deberían resistir aún más que aquellos jóvenes inexperimentados, y además llevando consigo radio comunicadores para informar al refugio de cualquier eventualidad. Revisando su reloj, Asuma alzo la mirada hacia los expectantes jóvenes; era el momento de iniciar la marcha.

-Compañía Morteros, rompan fila- mando el capitán Asuma.


Marcha de instrucción/5:00 am

-Vamos soldados, marchando.

-Vamos, eso es. ¿No querían hacer el servicio?

Era fácil decir que en el pasado el servicio había sido divertido y emocionante, algo fascinante de hacer por lo que implicaba la acción y todo lo que habían aprendido, los amigos que habían hecho y como se habían fortalecido tras tanto entrenamiento y ejercicio, pero ahora y caminando en la nieve…no era nada fácil querer realizar esa marcha, ya nadie sentía los nervios o la emoción que los había hecho sonreír en el salón del refugio momentos atrás, ahora todo lo que sentían era un peso rutinario, sintiendo como los pies protegidos por las botas se les estancaban en la dura nieve de la ruta que los huelleros—sus propios compañeros—ya trazaban al frente de cada fila, pero paso a paso era como si ni siquiera esto se hiciera, como si caminaran por sobre metros y metros de nieve de días pasados. Sus gorros de lana y las gorras de sus casacas, así como sus guantes que protegían sus manos estaban cubiertos de pequeños copos, y trozos de escarcha cubrían el interior de sus cuellos por el vapor blanco que emitían al respirar, más aun así era como si no trajeran nada de ropa encima…aunque podría ser peor. En medio de la fila se encontraban el capitán Asuma Sarutobi y los cabos Kakashi Hatake y Kankuro Sabaku, vigilando a los conscriptos para comprobar que nadie se quedaba atrás, separados por hileras y siguiendo un ritmo igual de uniforme que el de los jóvenes que intentaban no temblar excesivamente ante el frió que generaba la nieve.

-¿Tienen frió, soldados?- cuestiono Kakashi, recibiendo a cambio un vago murmullo, apenas entendible. -No escuche ni una cuestión, ¡¿Tienen frió?!- repitió con exigencia esta vez.

-¡No, mi cabo!- contestaron todos, al unísono aunque algo descoordinados.

-Vamos, hombres, vamos- guió Kankuro que iba entre la fila con parte de los conscriptos, al igual que el cabo Hatake. -Para cruzar el estero necesito hombres de verdad. ¿Tienen miedo de cruzar?- cuestiono, escuchando como unos pocos contestaron y muy descoordinados por cierto, ligeramente atontados por el frio. -¡¿Tienen miedo de cruzar?!- volvió a preguntar eta vez exigiendo una respuesta.

-¡No, mi cabo!- volvieron contestaron todos los conscriptos.

-¿Alguien ve el estero?- pregunto Kankuro esta vez recibiendo un no conformado por los murmullos de gran parte de los jóvenes a su alrededor, aunque la nieve comenzaba a dificultarle ver lo que había alrededor, incluso a él. -El que encuentre el estero, ¡se lleva la gloria!- ofreció, sometido a requerir algo de ayuda esta vez.

El frió era evidente, incluso los cabos e instructores de la compañía Morteros lo sentían pese a vestir chaquetas aptas para la nieve y el frió…pero no era broma decir que era uno de los inviernos más fríos sentidos, el más frió en treinta años como Kakashi ya había vaticinado días antes en el refugio, aunque nadie lo había escuchado. Silente, el Hatake agradeció que su partner, Obito Uchiha, marchara horas más tarde al mando de la compañía Andina, quizás bajo la luz solar de la madrugada, mermara el frió, porque ahora y viendo a los jóvenes conscriptos delante y detrás de él, temblando de frió y con la ropa parcialmente cubierta de nieve, Kakashi incluso sintió lastima. Esa marcha era un error, pero volver lo sería aún más, incumplirían órdenes y nadie quería pagar el precio por eso. Tan absortos en realizar la marcha como estaban todos, simplemente nadie hubo reparado siquiera en que tan solo en buscar el estero que rodeaba el volcán Antuco, ya habían desperdiciado una hora y media de valioso tiempo, andando en círculos y buscando aquello que los llevaría a continuar la marcha. Kakashi pareció ver algo a la distancia, y aun sabiendo que se equivocaba, abandono a los conscriptos restantes para aproximarse a aquello que veía, dándose cuenta que se trataba del estero, cubierto por algo de nieve y escarcha pero era el estero que significaba el camino a seguir en aquella terrible marcha de instrucción.

-¡Aquí está el estero!- grito Kakashi, carraspeando para aclararse la garganta. -¡Kankuro!- llamo con todas su fuerzas.

Alejándose de su fila al escuchar la voz de su compañero, Kankuro casi tropezó en la nieve que parecía caer con más velocidad a cada momento, más empeñándose en no volver a caer, siguió la vaga imagen del cabo Hatake en la dirección que se suponía estaba el estero. Pese al hielo y la nieve que lo cubría, el estero no estaba congelado, lo cual era bastante increíble si se tenía en cuenta que había unos cuantos grados bajo cero. Siguiendo a sus cabos y al capitán Asuma que no hubo tardado en guiarlos en la dirección correcta, poco a poco los jóvenes se hubieron aproximado al estero donde primero habrían de cruzar sus cabos e instructores, al igual que el capitán Asuma. Las piedras en el borde del estero estaban resbaladizas por lo que y pese al cuidado que se tenía, el capitán Asuma no consiguió evitar caer al agua que le llego hasta el pecho, aturdiéndolo momentáneamente por el frió, superior al del aire y la nieve que ya caía. Sin ayuda, el Sarutobi consiguió salir del agua, ayudándose con su fusil para permanecer en la otra orilla y tendiéndole la mano al cabo Kakashi que intento cruzar tras él, cayendo al igual irremediablemente, así como el cabo Kankuro, temblando ante el agua casi congelada. Dudando, poco a poco los jóvenes hubieron seguido las indicaciones de sus superiores, cruzando al otro lado del estero, sin importar que cayeran al agua y sus uniformes se mojaran hasta hacerlos sentir que en realidad vestían trajes de hielo y no de tela normal.

-Eso es, muévanse- mando Kankuro, temblando ligeramente la sentir su uniforme completamente mojado. -Fusil arriba, ¿Quién sigue?, muévanse- dicto expectante al igual que Kakashi y ayudando a salir a los jóvenes del agua.

Ayudado por el cabo Hatake, Sasuke tembló al salir del agua apoyándose en su fusil para no resbalar y volver a caer al agua por equivocación, agradeciendo llevar dos camisetas bajo la casaca que se le empapo de agua al instante de haber caído, aunque por un momento sintió que esta medida de precaución se volvía nada; sus pantalones mojados y la poca agua que se le había colado al interior de los zapatos para la nieve lo hizo temblar de inmediato, incluso y solo por el frió, las rodillas llegaron a dolerle como si lo golpearan con un martillo o algo parecido. Ese frió no era normal, pero emitir una protesta contra la marcha ordenada y aprobada por el mayor Madara seria no solo su ruina sino también la de sus compañeros. ¿Volverían al refugio para cambiarse de ropa? Esperaba que sí, porque continuar en aquellas condiciones era negligencia, con seguridad. Con el fusil arriba, tal y como indicaban los instructores, uno por uno, cada conscripto consiguió salir del agua, algunos—como Kiba—casi sacudiéndose como perros mojados, como si así pudieran quitarse de encima el incomparable frió que los helaba hasta los huesos…pero esta vez no parecía ser así, es como si el agua casi congelada se volviera escarcha y hielo sobre sus ropas, traspasando sus guantes hasta instalarse en lo más profundo de ellos, pero si alguno de sus superiores sentía lo mismo que ellos, ninguno lo demostró, haciendo que nadie tuviera el más leve ápice de intentar emitir una protesta y decir que era mejor volver al refugio.

-¿Estamos todos?- corroboro el Hatake, contando a la mitad con la mirada y recibiendo un asentimiento de parte de Kankuro que había hecho lo mismo con el resto. -Sigamos, muévanse, ya- mando, retomando la marcha junto a su grupo.

Era un error, empapados por el ligero baño en el estero, todos estaban próximos a congelarse y la nieve que caía no ayudaba, pero desobedecer las órdenes de sus superiores eran aun peor…tenían que seguir.

Más atrás en la pronunciada fila integrada por la compañía Morteros, el cabo Naruto Uzumaki temblaba de frío por su ropa mojada, como si los pantalones y la casaca que traía no fuera nada, incluso comenzaba a sentir húmeda la camiseta y la ropa interior, así como el interior de sus zapatos para la nieve, congelándole los pies; el agua que había impregnado su ropa estaba demasiado helada, aún más que la nieve con la que había jugado días atrás en el refugio. Solo su cabello estaba a seco, protegido por el gorro de lana que afortunadamente no había sufrido el mismo destino que su ropa. La nieve que caía a su alrededor y de los demás conscriptos ya era fría, pero el agua en su ropa era aún peor que caminar desnudo en la nieve, lo sentía así. El Uzumaki detuvo su andar, quedándose atrás en la fila, meditando por un momento si seguir era correcto, volteando a ver el refugio cuyas luces eran claramente visibles, solo metros los separaban de volver; sus uniformes estaban mojados, no estaban ni vestidos apropiadamente para caminar bajo la nieve, ni mucho menos para lidiar con condiciones adversas bajo cero, perfectamente podrían volver al refugio, cambiar sus uniformes y retomar la marcha cuando las condiciones climáticas fueran mejores. Pese a carecer de cualquier experiencia en montaña, Naruto dudo de las órdenes de sus superiores; no era sensato continuar. Tras él y realizando la marcha junto a los conscriptos, el cabo Kankuro Sabaku se detuvo al ver al conscripto Uzumaki con la mirada perdida, meditabundo, quedándose atrás pese a saber que aquello era un error.

-Vamos, Uzumaki. ¡Despierte!- riño el cabo Sabaku

-Sí, mi cabo- contesto el Uzumaki, saliendo de sus pensamientos.

-¿Ya escucho a su capitán?- inquirió Kankuro.

-Sí, mi cabo- volvió a contestar Naruto

-Entonces intégrese a la fila y marche- obvio dictatorialmente el Sabaku, golpeándole el hombro.

-Sí, mi cabo- contesto el rubio, a regañadientes, retomando la marcha bajo la mirada vigilante del cabo Kankuro.

Seguir con la marcha era un error, no estaban en condiciones como para hacerlo, pero tampoco podían desobedecer órdenes al ser meros conscriptos. En el fondo todos sabían que aquella marcha de 20 kilómetros bajo la nieve era un suicidio, pero nadie quería admitirlo ni mucho menos decirlo en voz alta…era una marcha maldita.


PD: perdónenme por favor y lo imploro de todo corazón, quería actualizar a finales de julio, pero mi internet murió literalmente y me vi forzada a contratar otra, cosa que no pude hacer hasta hoy y lo digo en serio, tuve que hacer mis trabajos por el teléfono en caso de que no me crean y mi teléfono es muy rudimentario así que imagínense :3 durante las próximas semanas actualizare mis fic "El Siglo Magnifico: Mito Mei & Mikoto", "Operación Valkiria", "Lady Sakura: Flor de Cerezo" o "La Bella & La Bestia":3 como siempre la actualización está dedicada a DULCECITO311(a quien dedico y dedicare todas y cada una de mis historias, rogando su perdón y el de todos por haber tardado tanto en actualizar, pues no hay justificación que valga:3) y a todos aquellos que sigan cualquier otro de mis fics :3

Ha comenzado la letal marcha hacia el refugio la Cortina, el trayecto dejara muchas historias, algunas conocidas y otras que solo ahora se dan a conocer. Para aquellos que se pregunten como hice esta historia; pues me base en todos los testimonios y cronologías existentes en la actualidad, además de los informes y declaraciones judiciales que se efectuaron en su momento, por lo que esta historia es lo más veraz posible.

También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia") "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer) "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), así como un fic únicamente dedicado al origen del clan Uchiha (según mi criterio) y centrado en Indra Otsutsuki y sus descendientes, por no hablar de las películas del universo de "el Conjuro" ("El Conjuro-Naruto Style 2: Enfield" que iniciare dentro de poco, "Sasori: La Marioneta" y "Sasori: La Creación") prometiendo iniciar estas historias a lo largo de este año. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3