-Esta es una narración de la llamada "Tragedia de Antuco" que tuvo lugar el 18 de mayo de 2005, esta basado en el programa y documental de Mega, "Efecto Mariposa", más específicamente en su tercer capitulo:"Antuco: Sueño Blanco". Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero la cronología, dramatización y redacción de la historia es de mi entera responsabilidad.
3 horas después…
Las horas habían transcurrido en una sucesión interminable, eternos y eternos minutos que pesaban sobre aquellos jóvenes que pese a estar congelándose no cesaban en ninguno momento su marcha, tal vez sabiendo inconscientemente que si lo hacían morirían debido al frió que acabaría apoderándose de ellos, o tal vez porque se empeñaban en seguir las ordenes de sus superiores a quienes no querían decepcionar, nadie quería claudicar y decir me rindo. La ligera ventisca de nieve que los había hecho estremecer al comienzo de la marcha ahora era una fuerte tormenta con la que luchaban para seguir caminando; sus trajes inicialmente empapados por el agua al cruzar el estero ahora parecían hielo sólido y todos los jóvenes lo sentían así, y parte de su piel—superficialmente—estaba tocada por la escarcha debido a la nieve que caía sobre ellos. Delante de todos los demás conscriptos, encabezando la marcha con las raquetas atadas a sus pies para dejar un camino sobre la nieve como huelleros que eran, Neji y Konohamaru no pretendían admitir lo cansados que y de por si estaban, era demasiado difícil caminar sobre la nieve y aún más al hacer el empeño de dejar un camino que fuera visible, haciendo presión al caminar, pero el esfuerzo que hacían no significaba en lo absoluto que no sintieran frió, porque vaya que lo sentían, temblando ligeramente mientras caminaban uno al lado del otro.
-¿Cómo vas Konohamaru?- pregunto Neji, que hasta entonces no hubo reparado en la condición de su compañero de marcha.
-¡¿Qué?!- resulto imposible para el Sarutobi entender a su compañero por el ruido de la tormenta.
-¡¿Qué cómo vas?!- volvió a preguntar el Hyuga, más claro y fuerte esta vez.
En medio de tanta nieve no se podía ver prácticamente nada, en medio de la marcha e integrando la fila, Sasuke alzo una de sus manos delante de él, intentando ver hasta donde era clara la visibilidad, pero pese a tener su mano casi delante de su rostro…no podía verla, la nieve y el rugido de la tormenta—viento blanco—hacían que todo fuera totalmente diferente de lo que inicialmente habían previsto…quería regresar a casa, en momentos como ese añoraba el calor de su hogar, un plato caliente de la comida de su madre…pero, ¿Quién sería si volvía? Se suponía que había elegido el servicio militar porque quería ser alguien y porque no pretendía dejar que el miedo y las dificultades lo detuvieran, no, no podía detenerse y regresar, ninguno de ellos podían hacerlo aunque lo desearan con el alma. La marcha estaba llena de errores, eso era algo que todos sabían, pero nadie podía decir nada, eran únicamente conscriptos sin experiencia, ¿Cómo justificar que querían detenerse, regresar a refugio o renunciar? Se supone que muchos habían hecho esa marcha antes que ellos, ¿Qué dirían si renunciaban?, ¿Por qué ellos, entre tantos otros, no podrían terminar la marcha exitosamente? Por eso nadie se atrevía a cuestionarles nada a sus superiores, no tenían como. Solo podían seguir caminando sin voltear en ningún momento e intentando que el frió no se adueñara de ellos y que el extraño sueño que sentían no los hiciera dormir y caer en medio del camino.
-¡Pa la caga, Neji!- contesto Konohamaru lo suficientemente claro para que su compañero lo escuchase.
-¡Vamos, camina!- animo Neji, manteniendo un ritmo uniforme y paralelo con él
-Continúe la marcha, soldado- instruyo el cabo Kakashi que caminaba tras ellos.
-¡SI, mi capitán!- contestaron ambos al unísono con la mayor claridad posible.
El Sarutobi y el Hyuga tenían muchísimo frió y un cansancio extraño que pesaba sobre ellos, aumentando más y más a cada minuto, pero ninguno de ellos pretendía decirlo en voz alta, ninguno pretendía volver, ¿Por qué hacerlo?, ¿No se suponía que sus superiores sabían lo que hacían al guiarlos? Lo único que podían hacer era continuar.
6 horas después…
Ya habían transcurrido dos horas de marcha, por fin y tras tantas horas habían transitado la mitad del camino, ya no quedaba tanto por hacer para terminar exitosamente la marcha, pero ahora había otro problema; el clima hasta entonces ya malo de por sí, no había hecho sino aumentar al igual que el frió que parecía haberse duplicado o incluso triplicado. Ya nadie podía decirse ajeno a la realidad, no podían ver por dónde iban, estaban cansados y se sentían torpes y lentos, el sueño parecía ganarles, haciendo que varios de los jóvenes conscriptos no pudieran seguir y se dejasen caer sobre la nieve. El cabo Kankuro Sabaku en particular ya había lidiado con viento blanco en un par de ocasiones, en el pasado, al realizar marchas, pero nunca uno tan fuerte como ahora, y ya comenzaba a resultaba obvio que se estaban perdiendo las nociones de la ruta, todo era blanca, nadie podía ver nada, caminaba únicamente sin tener muy claro a donde iban. Si alguno de ellos tenía miedo o no, era imposible saberlo porque nadie hablaba, nadie se detenía, lo único que hacían era seguir caminando. En medio de la marcha es que lentamente algunos de los conscriptos hubieron comenzado a caer por el sueño que evocaba en ellos la hipotermia y ante el que sentían que no podían combatir por el innegable agotamiento que generaban en ellos las ya seis horas de marcha.
-¡Shino, no te rindas!, ¡Vamos!
-¡Vamos!, ¡Paso firme, derecho!
Todo lo que se oía y muy vagamente eran gritos, clamores porque nadie se quedase atrás, pero ya era tarde, varios conscriptos habían comenzado a caer, presas de un extraño sueño; la hipotermia, aquello de lo que solo había oído palabras muy vagas ahora los hacían rendirse al cansancio y el sueño. Las piernas no les respondían y un sueño incontrolable se había apoderado de ellos. Lo único que los cabos e instructores podían hacer era señalar a los jóvenes conscriptos el camino y recordarles que debían seguir, porque si se quedaban quietos o dudaban en seguir, todo sería peor, necesitaban hacer algo por mantenerse cuerdos, eso era ya lo único que les quedaba por hacer. Asuma no tenía experiencia en montaña, más aun así ya había notado sin lugar a dudas que todos los jóvenes conscriptos—en diferentes grados—padecían los síntomas de la hipotermia por los uniformes inicialmente congelados que llevaban y que ahora eran meros trajes de hielo que les impedían obtener calor alguno pese al tiempo que llevaban caminando, sin parar. Solo quedaba una opción y era la mejor; el Capitan Sarutobi extrajo su rudimentaria radio-comunicador del interior e su chaqueta, encendiendo y esperando que alguien, en el refugio, pudiera escucharlo;
-Aquí capitán Sarutobi, ¿Alguien me copia en los Barros?- pregunto Asuma lo más claramente que le fue posible en medio de la tormenta. -Mayor Madara, necesitamos ayuda, cambio- reitero sin rendirse, intentando obtener una respuesta. -Somos azotados por una tormenta y viento blanco, cambio- nada, solo había un inquietante silencio, era como si estuvieran a su suerte. -¿Me copia?- incluso el comenzaba a sentir miedo, no por él, sino por todos los jóvenes conscriptos a su cargo y cuyas vidas peligraban en ese momento. -Por favor…- insistió, sin rendirse pese al frió que él ya de por si también sentía.
Varios jóvenes ya habían comenzado a caer en medio de la nieve, asistidos por sus compañeros, pero aun así nadie planeaba regresar y Asuma admiraba aquello como militar que era, además de que si se detenían o regresaban correrían mayor riesgo todavía, ¿Cómo podían volver? No distinguían nada entre la nieve y muchos de los jóvenes que integraban la compañía Morteros no durarían mucho tiempo consientes, pronto todos comenzarían a sucumbir al tentador sueño de la hipotermia. La compañía Andina marcharía ese día, pero no podían hacerlo, era demasiado peligroso…
-¡Shin está muy mal!, ¡Sai!
Sin cesar de caminar, Sai escucho a alguien gritar en medio del rugido de la tormenta de nieve que reinaba en aquella marcha, por lo que intento adelantarse, doliéndole las piernas ante el esfuerzo, más aquello no le hubo importando, haciendo amague de su fuerza de voluntad para no dejar que el sueño lo venciera. Ahí delante de él, Kiba Inuzuka, uno de sus compañeros mantenían abrazado a Shin, su partner quien parecía debatirse entre el sueño. Casi corriendo, aunque con obvia torpeza por el frió que sentía, Sai se adelantado con mayor prisa hasta llegar junto a Kiba, ayudándolo a cargar a Shin. Detenerse era un error, pero en cuanto hubo envuelto sus brazos alrededor de su amigo es que Sai lo ayudo a caminar, sabiendo que padecía los mismos síntomas que todos tenían; hipotermia, pero en un grado mayor del que él mismo tenia o con el que muchos de los presentes lidiaban. Resultaba enormemente difícil para Shin caminar o seguir el ritmo que Sai y Kiba querían instruirle y no porque no quisiera hacerlo, sino porque por un lado sentía sueño y todo lo que quería hacer era dormir por el cansancio y por otro lado debido al intenso dolor que sentían en las piernas como si el frió le calase hasta los huesos o más enfáticamente en las rodillas. Por aquel extraño frió que sentina, apenas y podía sentir a su partner abrazándolo y hablándole, pero apenas lo entendía.
-¿Shin, que tienes?- pregunto Sai, dejándose caer sobre la nieve, abrazando a su mejor amigo, frotando sus brazos por encima de la ropa, intentando hacer que entrara en calor, inútilmente.
-Las rodillas…me duelen- su voz, apenas un susurro, hizo estremecer a su compañero.
-Vamos, aguanta, falta poco- insistió Sai, sabiendo lo que sucedería si se detenían
-Me duele…- se quejó Shin únicamente, en medio de la bruma del sueño.
-¿Qué hacemos? Se está congelando- evidencio Kiba, manteniendo sus brazos alrededor de Shin.
-Sóbalo, para que entre en calor- dicho esto, Sai se levantó de la nieve, quitándose la mochila de la espalda. -Que no se duerma- reitero buscando afanosamente entre sus pertenencias.
Inevitablemente y por elegir quedarse ahí y asistir a Shin, hubieron comenzado a quedarse atrás mientras todos continuaban la marcha, pero a Sai y Kiba no les importaba, no iban a abandonar a su amigo y compañero por ningún motivo, tenían que seguir juntos. Una de las virtudes del servicio militar es que siempre-en sus mochilas—llevaban consigo elementos con los cuales defenderse y sobrevivir a la intemperie y este caso no fue diferente mientras Sai extraía de su mochila una pala. No podían seguir con Shin en las condiciones en que estaba ni mucho menos volver cuando no eran capaces de ver el camino delante de ellos. Desviando la mirada hacia Kiba que sobaba a Shin en todo momento para que no perdiera el calor, Sai comenzó a cavar lo más rápidamente que el fue posible, ahí en la nieve; necesitaba crear un refugio sin importar lo pequeño que fuera, lo único que necesitaban era tiempo a través del cual ayudar a Shin y ahí bajo la nieve, des protegidos, no podrían hacerlo. Con las manos entumecidas pese al esfuerzo de haber cavado como si su vida dependiera de ello, Sai volvió a buscar al interior de su mochila, extrayendo una lona de un tienda de campaña—quizás no fuera una manta, pero por ahora cualquier recurso era bueno. Era el refugio más improvisado que hubiera podido imaginar; nieve y lona, pero esperaba que bastase para ayudar a Shin y así pudieran continuar.
-¿Ya llegamos, Sai?- pregunto Shin, en medio del sueño.
-Kiba, ven, ayúdame- fue todo cuanto Sai pudo decir, al borde de las lágrimas por el miedo, la incertidumbre y los nervios.
Sin importar el frió reinante, extrañamente Sai y Kiba no se encontraban tan afectados por el frio en comparación con Shin, aunque eso era tan solo por ahora, con certeza también llegaría el momento en que los afectaría la bruma de la hipotermia y desearían sumergirse en el sueño que esta ofrecía y ante el que Shin intentaba entregarse desesperadamente. Con ayuda de Kiba, quien sostuvo las piernas de Shin, los tres se acomodaron en el improvisado refugio que si bien no era extremadamente profundo, les proveía de algo de protección, aunque fuese muy escasa. Shin pronuncio en lastimero quejido al momento de entrar en el refugio, como si todo su cuerpo se hubiera vuelto hielo sólido y el más leve movimiento simplemente pudiese resquebrajarlo, más era difícil saberlo que sentía puesto que no expresaba palabra alguna mientras Sai y Kiba continuaban frotándolo laboriosamente. No dudarían mucho tiempo así, no cuando la temperatura no parecía sino ascender todavía más a cada instante que pasaba, comenzando a entumecerlos a ambos, llevando a que se observaran con algo de duda entre sí. Shin seguía temblando entre los brazos de Sai y Kiba que no cesaban en sus esfuerzos por ayudarle obtener algo de calor, más nada parecía dar resultado puesto que el frió de Shin no desaparecía, no cuando aún llevaba puesto aquel uniforme semi congelado que impedía la entrada y generación de calor.
-Resiste- pidió Sai, intentando mantener cuerdo a su amigo al hablarle.
-Déjame aquí, quiero dormir- fue todo cuanto Shin pudo decir, como si estuviera extremadamente lejos.
-No digas eso, nosotros somos amigos- recordó, incapaz de abandonar a su partner. -No te mueras…- no supo muy bien porque, pero algo en su interior lo impulso a decirlo. Extrañamente y tras sus palabras, Shin dejo de temblar entre sus brazos como lo había hecho hasta ese momento. -¿Shin?- llamo zarandeándolo ligeramente, -¡Shin!- volvió a insistir, alzando la voz en medio del rugido de la tormenta.
Se habían conocido durante años, habían sido hermanos prácticamente y en ese regimiento, como integrantes de la compañía Morteros, no había hecho sino unirse todavía más de ser posible; partner, una sola persona, habían compartido litera, entrenaban juntos…¿Cómo había pasado eso?, ¿Cómo es que hora y después de tantos eventos vividos uno de los dos debía morir?, ¿Acaso no eran adolescentes? Se suponía que solo los adultos habrían de afrontar cosas así, no ellos…era un pasaje a la adultez demasiado caro y que nadie quería. Silente, Sai volvió a remover a su amigo, alzándole el rostro y viendo con dolor su expresión de tranquilidad en medio de la bruma de la hipotermia, con los ojos entreabiertos y parte del rostro y el cabello—que era escasamente visible debido al gorro que llevaba-congelados y cubiertos por la blanca escarcha. Ahí, solos en medio de la nieve, tanto Sai como Kiba rompieron en llanto; puede que no arreglase nada ni fuera a ayudarlos, pero se sentían culpables, ¿Por qué habían elegido ese camino?, ¿Por qué no habían renunciado?, ¿Por qué no se habían opuesto a la marcha? Si lo hubieran hecho, tal vez, tan solo tal vez Shin aún podría estar vivo. Encargado de fiscalizar que nadie se retrasase o quedase atrás, Kankuro visibilizo a lo lejos a alguno de los conscriptos de su compañía, apresurándose en reintegrarlos a marcha que debían continuar ejecutando.
-¡Mi cabo!- llamo Kiba, casi al borde de las lágrimas.
-¿Qué pasa?- inquirió Kankuro, quitándose algo de nieve del rostro
-Shin se murió- murmuro Sai, aun abrazando a su amigo.
-¿Qué está diciendo?- definitivamente Kankuro estaba seguro de haber oído mal.
-¡Que Shin se murió, mi cabo!- reitero Sai, gritando esta vez.
Aun llevando años en el servicio militar, nada preparo a Kankuro para las palabras que aquellos conscriptos hubieron soltado y que le atravesaron el pecho, dejando caer además un balde de agua helada que lo hizo estremecer todavía más de la cabeza a los pies. Tenía veintidós años, la edad suficiente para ser un cabo pero apenas y entrando en la adultez, no estaba preparado para afrontar la muerte de ese modo ni quería hacerlo, pero ya era una realidad. Lo había notado, muchos de los conscriptos que integraba la compañía presentaban los notorios síntomas de la hipotermia, haber cruzado el estero del volcán hacía ya tantas horas y haber permanecido con los uniformes mojados traía sus consecuencias y ahora lo estaba viendo. Quería decirles a ambos jóvenes desconsolados que lo mejor a hacer para sobrevivir ahora era continuar por más tonto que soase, pero no encontraba las palabras, sentía un nudo en la garganta que le impedía hablar…ese nudo era la culpa porque como militar que era—aunque fuese tan joven—estaba obligado a cumplir ordene, pero, ¿Qué hubiera logrado si se hubiera opuesto a la marcha debido al mal clima? Un superior daba una orden y todos los demás obedecían, esa era la mayor regla del ejercito hasta ahora y todos la seguían, todos estaban orgullosos, pero en ese momento Kankuro se sentía como un asesino, sintió irremediablemente que todo era su culpa.
-Está muerto, soldado, no hay nada que hacer- incluso al cabo Sabaku se le quebró la voz al aceptar la realidad, -hay que dejarlo- sonaba cruel pero si no seguían ellos también morirían.
Kankuro hubiera deseado de todo corazón no tener que ser tan estricto, quería decirles que podía llorar a su amigo y que no había necesidad de continuar más no era así; una dura realidad se imponía a esas alturas, quien se quedara atrás o retrocediera moriría sin ninguna duda, la única certeza existente hasta ahora era continuar sin importar lo riesgoso que eso fuera, porque con total seguridad morirían muchos más si se quedaban sin hacer nada. Cuando habían iniciado la marcha había sido obvio que las condiciones climáticas no serían totalmente favorables, había que esperar algo así debido a lo impredecible que era el clima, pero…esto, no era nada que hubieran podido esperar, ¿Quién realizaría inconscientemente una marcha sabiendo que se arriesgaban vidas? Ellos no, pero a esas alturas no había prácticamente nada que hacer, solo continuar y en lo personal se encargaría de que ninguno de esos dos conscriptos perdiese la vida como ya lo había hecho Shin. Aun abrazando a Shin, Sai lo abrazado con fuerza contra su pecho, rememorando en su mente todos los buenos momentos compartidos, cuando todo había sido emoción y alegría…ojala entonces hubiera sabido lo que acabaría pasando, así hubiera podido proteger mejor a su amigo, pero ahora de nada servía pensar; que hubiera pasado si…no podía ni podría cambiar las cosas.
-Hasta el final, compañero.
-Hasta el final, compadre.
A la mente inevitablemente se le vino el día en que habían emprendido el viaje al refugio los Barros, cuando la emoción por ser soldados era todo lo que habían conocido, pero ahora y estrechando el inerte cuerpo congelado de su amigo entre sus brazos, Sai ya no sabía qué hacer. Nunca había imaginado que ocurriría algo así…en menos de un minuto parecía haber dejado de ser un niño, porque lo que estaba viviendo era propio de un adulto.
¿Qué debía hacer ahora?
Mientras los jóvenes conscriptos caían en la nieve, abandonados a su suerte en los faldeos del volcán, en el Refugio los Barros desde donde hacía y tantas horas había iniciado la marcha, todos se encontraban completamente ajenos de la mortal experiencia por la que la compañía Morteros estaba atravesando. A esa hora de la mañana, el cabo Yahiko era el encargado de montar guardia en la sala de radio, una habitación cualquiera y escasamente abastecida por un radio de prominente tamaño que recibía toda llamada o mensaje, ya fuera de parte de la compañía Morteros que realizaba la marcha de instrucción o de las dos otras compañías que habían emprendido la marcha la noche anterior, que actualmente debían de encontrarse en los ángeles y de quienes aún no tenían ningún tipo de información, aunque hechos así eran en cierto modo normales. Yahiko bebió tranquilamente de su taza de café, sentado ante la mesa del radio, ajeno a o que sucedía…hasta que repentinamente una interferencia se hizo dueña del radio, el pelinaranja obviamente intento aclararla, pero no se oía nada, solo interferencial, cualquier mensaje era completamente inentendible. Repentinamente comenzaron a escucharse vestigio, fragmentos de palabras, pero el tono en que eran pronunciadas dificultaba todo, por lo que el pelinaranja incluso tuvo que subir el volumen, comenzando solo entonces a entender parte el mensaje.
-Repita, no escucho- solicito Yahiko en medio de la interferencia. -Repita, no escucho- reitero más alto para ser oído.
-Hay soldados con hipotermia y posibles bajas- la voz del capitán Sarutobi finalmente fue entendible en medio de la estática. -Estamos a ocho kilómetros de la Cortina, no podemos seguir- por su voz resultaba obvio que la situación era muy seria. -Necesitamos ayuda, urgente- declaro finamente y con absoluta premura.
-Capitan…- intento hablar el pelinaranja, intentando obtener más información.
-¡Qué Andina no marche!- insistió Asuma, temiendo no haber sido oído o entendido.
El clima había sido un obstáculo obvio a tener en cuenta mucho antes de que hubiera iniciado la marcha, pero y si bien se había previsto que habrían problemas eso superaba toda posibilidad imaginable. El capitán Asuma Sarutobi no tenía experiencia en montaña, esa era una realidad que se imponía, incluso había solicitado asesoría antes de que se fijase una fecha para la marcha, por lo que definitivamente no intentaría comunicarse y dar información de la situación de la marcha a menos que fuera estrictamente necesario y prioritario. Yahiko intento aclarar inútilmente la interferencia, tan solo pudiendo oír el rugido de la tormenta que el capitán Sarutobi había aseverado que tenía lugar, la nevazón que había tenido lugar desde días anteriores había hecho que todos estuvieran alerta del resultado que tuviera cada marcha-y del que no eran informados aun, en el caso de las dos compañías que la habían iniciado durante la noche—, pero esta noticia superaba todo lo que hubieran podido imaginar, el viento blanco era el fenómeno más temido en la montaña y no había forma de sobrevivir a él, no si preparación…esos jóvenes, los cabos y el capitán Sarutobi no tenían como salir ilesos. El mayor Madara debía ser informado e la peligros situación por la que estaba atravesando la compañía Morteros, pero antes de hacerlo, él intentaría obtener más información, de serle posible, intentando aclarar afanosamente la interferencia.
-Capitan Sarutobi, ¿me copia?- volvió a insistir Yahiko, no creyendo lo que oía.
Sin obtener respuesta, Yahiko se rindió con la radio, levantándose apresuradamente de la mesa y abandonando la habitación, sin reparar en que su taza de café se hubo caído de la mesa al momento de su partida, resquebrajándose sobre el suelo junto con el restante contenido. Tristemente la advertencia del Capitan Sarutobi había llegado demasiado tarde; la compañía Andina había iniciado la marcha hace ya dos horas y media, siguiendo la misma ruta.
-¡Ayuda!, ¡Shino se muere!
La muerte de su mejor amigo era un golpe terriblemente doloroso para Sai y Kiba que pese a la insistencia del cabo Kankuro Sabaku no hubieron conseguido levantarse del suelo, tremendamente afectados, más aun sabiendo del enorme riesgo que corrían al permanecer bajo la nieve sin moverse, pero pese a su decisión el cabo Sabaku no los hubo abandonado, había elegido permanecer junto a ellos y no permitir que se rindieran, bajo su cargo ninguno de esos niños morirían, no mientras el viviera. En medio del viento blanco y alejándose de la fila, dos conscriptos se acercaron hasta ellos, uno de ellos con el rostro parcialmente cubierto por una coipa, aparentemente más dormido que despierto mientas su compañero lo cargaba; eran Choji Akimichi y Shino Aburame, ambos los habían visto en el comedor del refugio durante el desayuno, habían compartido barracas con ellos…¿Cómo era posible que ahora se debatieran entre la vida y la muerte? Sin dejarse aturdir, Sai dejo cuidadosamente el cuerpo de Shin sobre la lona antes de abandonar el improvisado refugio y ayudar a Shino y Choji a ingresar, intentando que el Aburame reaccionase, puesto que parecía estar completamente inconsciente. Sai temió quitar la coipa del rostro de Shino, temiendo ver otro rostro muerto como haba visto el de su mejor amigo, pero no se rindió e intento hacerlo despertar pese al oscuro pronóstico.
-¡Despierta!- animo Sai, golpeándole el pecho a Shino, mientras Kiba y Choji le sobaban los hombros y los brazos, -reacciona- insistió, temiendo perder a otro compañero.
-Vamos- apremio el cabo Kankuro, ayudando a Sai e intentando que el conscripto no se durmiera, porque de hacerlo moriría.
-¡Aguanta, no te rindas!- volvió a gritar Sai, temiendo descubrirle el rostro y ver si seguía vivo.
La única señal, hasta entonces, de que Shino estaba vivo era el ligero movimiento que realizaba su cuello y cabeza, como debatiéndose en medio del sueño, pero de pronto y no hubo movimiento…también había muerto. Sai se sentía horrible, sentía que no podía hacer lo suficiente para salvar a los compañeros de la muerte. ¿Acaso también iba a morir? Casi leyendo la mente de Sai, Kankuro poso una de sus manos sobre su hombro, él no lo dejaría morir, seguirían juntos hasta el final.
En cuanto Madara había sido informado de la mortal situación por la que atravesaba la compañía Morteros, había informado al regimiento de los Ángeles sobre lo que estaba pasando, en el peor de los casos de que tuvieran que informar a las familias sobre las muertes. Acompañado por el cabo Yahiko, el mayor Uchiha ingreso en la sala de radio, sentándose a la mesa e intentando establecer comunicación con el canal del capitán de la compañía Andina, personalmente…no se movería de ahí, lo que estaba sucediendo era culpa suya, él—aconsejado por el comandante del regimiento de los Ángeles Danzo Shimura y el teniente Coronel Homura Mitokado—había insistido en que se debía realizar la marcha pese al clima y al instructivo emitido dos semanas antes, todas las muertes que tuvieran lugar serían su responsabilidad. La habitación de radio, anteriormente vacía ahora albergaba además a un grupo de cabos que intentaban comunicarse con los capitanes que había dirigido las dos marcha realizadas durante la noche, para obtener un pronóstico y saber que era lo que podía estar pasándole a la compañía Morteros y próximamente a la compañía Andina. No habían podido volver a comunicarse con el capitán Asuma Sarutobi, pero si intentarían comunicarse con el Obito Uchiha, recientemente ascendido a capitán y que estaba a cargo de la compañía Andina, ellos eran la única ayuda con la que contaban para evitar muertes que jamás deberían de tener lugar.
-Capitan Obito, aquí el mayor Madara- lo único que Madara recibió fue un inquietante silencio que inconscientemente lo hizo estremecer, -tenemos la necesidad de socorrer a la compañía Morteros ¡Hay que sacar a los soldados de ese lugar, me copia!- insistió no pudiendo evitar que se le quebrase la voz.
Pasará lo que pasara, sería su culpa, él había insistido en que se llevara a cabo la marcha aunque las condiciones fueran adversas y eso es lo que más le pesaba en ese momento. Madara sabía que se había equivocado, el clima había sido completamente diferente a lo esperado, tenían que hacer algo, pero tal vez ya fuera demasiado tarde, tal vez ya no había nada que remediar…
PD: Saludos, mis queridos lectores, espero que esta actualización les resulte satisfactoria :3 Les recuerdo que durante mis vacaciones actualizare todas mis historias nuevamente y además iniciare dos fics nuevos, por lo que les aconsejo que se mantengan atentos en caso de que estén interesados y quieren leer alguno. También informo que pronto comenzare a usar el notebook nuevo que me compre, por lo que tendré recursos nuevos con los que actualizar más regularmente :3
Les pido perdón porque el capitulo sea corto, pero la marcha duro muchas horas y tengo que dividirla por etapas para plasmar los detalles que son precisos e ineludibles, pero les prometo que lo que se viene sera igual de desgarrador como lo que ya se ha visto, incluso más. Pronto actualizare otras de mis historias; "Titanic Naruto Style", "Lady Sakura: Flor de Cerezo", "El Clan Uchiha" y "Operación Valkiria":3 como siempre la actualización está dedicada a DULCECITO311(a quien dedico y dedicare todas y cada una de mis historias, enviándole mis mejores deseos por navidad :3) y a todos aquellos que sigan cualquier otro de mis fics :3 El próximo capitulo se titulara "Días de Felicidad" y ya verán porque :3
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Rey de Konoha" (una adaptación humanizada además del rey león que se me ha venido recurrentemente a la cabeza), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul"), como algunas ya habrán notado por mis historias "El Sentir de un Uchiha" y "El Clan Uchiha", también tengo la intención de explicar el porque de determinados acontecimientos, explicando sus motivaciones y auténticos sentimientos, como yo creo o siento que sucedieron, por lo mismo tengo la idea—si ustedes lo aprueban—de además iniciar un fic llamado "El Origen del Clan Uchiha" centrado en el padre de todos los Uchiha; Indra Otsutsuki, porque considero que también merece su propia historia , si ustedes están de acuerdo, claro :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "El Conjuro 2 Naruto Style-Enfield" (que iniciare dentro de poco), así como "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de una de estas dos historias, lo cual espero que los tranquilice y anime a su vez. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
