-Esta es una narración de la llamada "Tragedia de Antuco" que tuvo lugar el 18 de mayo de 2005, esta basado en el programa y documental de Mega, "Efecto Mariposa", más específicamente en su tercer capitulo:"Antuco: Sueño Blanco". Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero la cronología, dramatización y redacción de la historia es de mi entera responsabilidad.
Tras la partida de Miyuki y el descubrimiento de estas noticias que les habían helado el corazón y el alma por completo, Mikoto y Sakura se mantuvieron en completo silencio, contemplando a la nada, una sentada al lado de la otra y estrechando una de sus manos entre sí con camaradería y como si de ese modo alejaran las tinieblas, el miedo y la soledad, y así era. Por el bien de Sakura a quien amaba como una hija, Mikoto intentaba aferrarse a la esperanza y creer que a pesar de su miedo su hijo estaba bien aunque la angustia más grande atenazase su corazón, robándole el aliento al igual que pasaba con Sakura que contenía sus desesperados deseos de llorar, llorar al no saber si volvería a ver a Sasuke y no por creer en las noticias sino por pensar que iba a perderlo, alcanzando a comprender en ese momento y por primera vez la profundidad de sus sentimientos y todos esos "te amo" que se habían dicho el uno al otro, ahora y ante la sensación de la perdida podía tomarles verdadero valor. El mundo pareció detenerse cuando la puerta principal se abrió con motivo de la aparición de Fugaku e Itachi, siendo cerrada por el menor de los Uchiha ya que su padre no tuvo tiempo de formular palabra alguna siendo sorprendido por un angustioso abrazo de su esposa que rompió el llanto, enterrando su rostro contra su pecho, sintiéndose envuelto envuelta la protectora sensación de tener sus brazos a su alrededor y protegiéndola de todo.
-Fugaku…— sollozo Mikoto, desesperada por algo que no alcanzaba a comprender, abrumada por el miedo.
-¿Hay más noticias?— pregunto Itachi a Sakura, envolviendo uno de sus brazos alrededor de los hombros de ella, como haría Sasuke de estar en su lugar.
-Ninguna, solo repiten lo mismo— negó la Haruno, apoyando su cabeza contra el hombro de él como haría con su padre, viéndolo como a un hermano.
-Mentiras, solo eso— suspiro Fugaku inevitablemente, ya pudiendo imaginarse lo peor en su mente.
-¿Qué?— cuestiono Mikoto, por fin alzando la mirada para encontrarla con la de su esposo en busca de respuestas.
-Hablamos con Sasuke, ¿recuerdan?— menciono el Uchiha con aparente tranquilidad. —Él dijo que la marcha se haría rodeando el volcán, en la nieve, y obviamente están ocultando algo para desligarse del asunto— aclaro ante la confusa expresión que estaba presente en el rostro de su esposa y de Sakura. —Siquiera me pregunto si les habrán dado ropa para la nieve— añadió en un suspiro y para sí mismo más que para los presentes.
No era intención de Fugaku sonar pesimista, populista en ningún sentido pero ya fuera que les gustase a todos asumirlo como una forma de criticar la sociedad de la que formaban parte o no es que vivían en Chile, un país ridículamente egoísta, superficial y falso donde muchas veces—y lo sabía por causa de rumores, no por experiencia propia pero esa era otra historia—se pasaban a llevar las normas y lo que era correcto en pro de no gastar más dinero por causa de los poderosos, no sería para nada extraño que era esta situación fuese una de esas instancias en donde la vida de terceros corrían peligro por el descuido de los altos mandos y poderosos. Escuchando estas palabras, tanto Mikoto como Sakura volvieron a sentir el mismo miedo que habían sentido instantes atrás volver a adueñarse de sus corazones, el miedo de perderlo todo y que en ese momento se convirtió en una realidad porque todos los puntos se unían uno por uno en sus mentes, por fin las noticias emitidas por la radio y el dolor agudo en el centro del pecho por causa del miedo cobraba sentido y de la peor forma posible. De pie junto a Sakura, con uno de sus brazos alrededor de ella, Itachi percibió de inmediato el brillo de las lágrimas en sus ojos y que lo enternecieron, veía a esa pelirosa como su hermana y en ese momento no pudo dejarla sola en su dolor, envolviendo ambos brazos alrededor de ella para que apoyaba su cabeza contra su hombro.
-Tranquila— sosegó Itachi haciendo que la pelirosa alzara la mirada en su dirección. —Sasuke estará bien, es demasiado terco como para morir— obvio con un ligero tinte de diversión, conociendo mejor que nadie a su hermano y su voluntad.
-Fugaku, mi hijo tiene que estar vivo, Sasuke no puede morir— sollozo Mikoto, rompiendo el abrazo y rogándole que le dijera algo para tranquilizarla…aunque fuera por un momento. —Tráelo de vuelta, por favor— rogó con la voz quebrada y un nudo en la garganta.
-Lo haremos, todos— asintió Fugaku acunando el rostro de su esposa entre sus manos, prometiéndole el silencio que de alguna forma traería a Sasuke regreso, lo haría. —Vamos al Regimiento, tengo el auto afuera— índico señalando la puerta con un ligero movimiento de la cabeza.
Asintiendo apresuradamente, Mikoto se separó brevemente de los brazos de su esposo para tomar su chaqueta del perchero y colocársela apresuradamente en tanto su esposo abría la puerta, siendo seguidos por Itachi y Sakura que cerro su abrigo entorno a si tras tomarlo del perchero mientras el Uchiha cerraba la puerta tras de sí...
El aire era frió, azul y cortante como la hoja de acero o metal más poderosa que pudiera existir sobre la faz de la tierra, parecía atravesarlo todo con un solo soplido aterrador de aire helado chocando contra la invisible capa de espacio personal y atravesar la ropa hasta llegar a la carne, incrustándose en pequeñas escamas que hacían descender la temperatura aún más vertiginosamente de ser posible, los "afortunados" que aún se mantenían en pie y marchando se resistían de alguna forma al cruel y mortal sueño de la hipotermia no hacían más que desear rendirse segundo a segundo, caminar soportando el peso de sus espaldas, de sus ropas, de sus vidas era demasiado grande y la idea de dormirse para no volver a despertar era escalofriante pero increíblemente tentadora a cada paso, por primera vez y pese a ser tan jóvenes la muerte era todo lo que deseaban si de alguna forma conseguían descansar. En medio de esta marcha que parecía no tener fin y con la mirada permanentemente baja para alejarla de mortal ventisca helada, Rock Lee se percató que varios soldados perdían el rumbo caminaban en dirección opuesta, volviendo sobre sus propios pasos en lugar de continuar adelante, pero estaba tan concentrado en vivir que lo dejo pasar...hasta que se dio cuenta que uno de esos soldados que habían perdido el rumbo no era otro que su mejor amigo, Neji Hyuga.
-¡Neji!— llamo Lee, cruzándose en su camino e impidiéndole seguir caminando. —¿A dónde vas?— cuestiono con preocupación al ver que su amigo pretendía continuar caminando de todas formas.
-Mi mamá, nos está esperando— contesto el Hyuga evadiéndolo, chocando distraídamente su hombro contra el suyo, determinado a caminar hasta llegar a su destino…aunque estuviera equivocado.
-¡Neji!— volvió a llamar el pelinegro en espera de detener a su mejor amigo, sin éxito.
Manteniéndose ajeno a la voz de su mejor amigo, el Hyuga continúo caminando sin voltear en ningún momento, determinado a volver a casa, al refugio, a donde fuera mientras eso lo aproximase a su madre y eso es lo que haría. El inmediato impulso de Lee fue seguir a su amigo pero tras tan siquiera retroceder un paso sintió la muerte respirándole de forma silenciosa en la parte posterior del cuello, sintió miedo y quiso salvarse porque en el fondo intuía lo que pasaría si seguía a Neji e intentaba hacerlo recapacitar; ambos morirían, la hipotermia ya se estaba adueñando de él tal y como había sucedido con los demás que ya habían caído solo que de un modo diferente, él estaba delirando no de fiebre sino de cansancio y frió, sus fuerzas no era suficientes para oponerse a la hipotermia que lentamente lo guiaba hacia una muerte en esta marcha de la trágicamente parecía no haber retorno, y sollozando en silencio todo lo que Lee pudo hacer fue volver la espalda a su mejor amigo y continuar con la marcha, porque si él no continuaba nadie lo ayudaría, nadie se preocuparía por él ni lo salvaría. Que pasaje a la adultez más caro había resultado ser enlistarse en el ejército, ayer habían sido niños jugando con la nieve en el Regimiento y hoy eran hombres intentando sobrevivir a la muerte y sin contar con clemencia alguna, ¿Podía existir mayor contraste?
Este era un viaje costoso como ningún otro y del que no existía retorno.
Gimnasio del Regimiento N°17, los Ángeles
Tan pronto como el auto se detuvo fuera del regimiento, Mikoto abrió la puerta y bajo a toda prisa, sintiendo el suelo como algo endeble bajo sus zapatos mientras ingresaba a trote, dejando atrás a su esposo, a su hijo y a Sakura quienes intentaron darle alcance lo más rápido posible, temblores producto de la enorme angustia que sentía la recorrían segundo a segundo, volviéndola presa fácil de la desesperación solo que ella no iba a dejarse gobernar por esos sentimientos, no sin tener información clara que destruyera sus esperanzas. Guiada por sus emociones, por su amor de madre que la hacía caminar aunque por dentro se sintiera vacía y perdida a causa del dolor, Mikoto siguió los mismos pasos que semanas antes había dado para dirigirse al gimnasio, para ver a su Sasuke, para despedirse de él y desearle buena suerte, confiando en que volvería a verlo...solo que esta vez intentaba aferrarse a la esperanza, deseando desesperadamente obtener respuesta mientras recorría sector a sector del gimnasio con la mirada, reparando en otros familiares que también se encontraban presentes aparentemente en busca de información como ella que tan pronto vio a un joven uniformado se dirigió a él velozmente, sin importarle nada más que obtener información, respuestas para saber si su hijo estaba bien, forzando a sus cuerdas vocales a emitir un sonido aunque no se sintiera capaz de articular palabra.
-Señor— saludo Mikoto vagamente, llamando la atención del militar que inclino ligeramente la cabeza respetuosamente, —oímos acerca de las noticias, de ese accidente en que parece estar involucrada la compañía Morteros, mi hijo estaba en los Barros— explico viendo un atisbo de incertidumbre en los ojos del soldado delante de ella, más lo ignoro, —¿Se sabe algo?— pregunto con la voz quebrada a causa de la preocupación.
-Temo que no, señora— negó el soldado, tanto porque no manejaba información como porque no era prudente hablar, —pero se brindara información dentro de una hora—tranquilizo momentáneamente. —No es nada serio, es solo un camión que volcó— garantizo como momentáneo bálsamo para sus preocupaciones.
-Gracias— asintió la Uchiha de manera igualmente vaga, alejándose del militar hacia el centro del gimnasio, sintiendo las manos de su esposo sobre sus hombros, lo que solo la motivo a dejar salir sus lágrimas que se deslizaron por su rostro. —Por favor, no me lo quites, no me lo quites, por favor— oró entre lágrimas, luchando por no perder la esperanza.
-No se cómo tienen el descaro de mentir— suspiro Fugaku, sintiendo asco de los malditos protocolos militares. —No se trata de ningún camión— era obvio que no, ¿de serlo porque se esforzaban tanto en ocultar información que todos ya manejaban?
-Esperemos, papá— sosegó Itachi, manteniéndose calmado por la situación en sí. —En cualquier caso dirán si hay heridos o muertos, necesitamos saber eso— obvio por el bien de todos, manteniendo la esperanza hasta obtener información segura. —Tranquila— susurro a Sakura, manteniendo uno de sus brazos alrededor de ella protectoramente.
No había optado por el servicio militar como profesión, sabía que elegir esa carrera abría muchas puertas pero él no había visto las cosas de ese modo, había hecho el servicio militar obligatorio en su adolescencia pero no había visto la milicia como una posibilidad de vida, Sasuke si y por lo mismo es que se había enlistado en el ejercito de manera voluntaria y no como obligación, esa era la diferencia decisiva entre los dos si se estableciera un comparativo...en ese momento y par tan solo librarse de la angustia Itachi deseaba haber tenido una voluntad más sólida, haber hablado con sus conocidos para que Sasuke no se enlistara, haberlo hecho reflexionar para no enlistarse, pero él hubiera no existía, podía plantearse mil y un escenarios pero eso no cambiaría nada sin importar cuanto lo deseara y esa era la verdad. Congelada bajo su mullido y cálido abrigo blanco, abrazándose a sí misma, Sakura sentía una fría respiración tras su nuca y que la congelaba, era como sentir la muerte susurrando en su oído que Sasuke no iba a volver, pero cuando sentía eso no hacía más que negar para sí, aferrándose a la esperanza, recordando que le había entregado su rosario y unificándose con él a través de sus plegarias o eso es lo que intentaba. En medio de este ritual, Sakura escucho un murmullo a su lado, parte de lo que las otras familias presentes hablaban entre si y que inevitablemente llamo su atención.
-Señora, disculpe— llamo Sakura, obteniendo la atención de la familia que se encontraba a un par de pasos de ellos, —¿Qué fue lo que dijo?— pregunto, carraspeando para aclararse ligeramente la garganta.
-Están comentando que no fue ningún accidente de un camión— contesto la madre de la familia.
-Dicen que los soldados venían en marcha y que se encontraron con una tormenta de viento blanco, dicen que hay muchos muertos— explico el padre de igual modo.
Todos los presentes; madres, padres, esposas, hermanas o hermanos habían oído las noticias emitidas por la radio pero oírlas no era suficiente por ello es que estaban en ese gimnasio pero los militares desgraciadamente no decían nada por su estricto código militar o porque tal vez no les convenía hablar, más de alguna forma los familiares presentes en el gimnasio habían conseguido escuchar rumores o conservaciones entre los mismos soldados para acabar sacando sus propias conclusiones y que no hacían más que alarmar todavía más a todos. Aunque la parte consiente de su mente escuchase la respuesta y la asimilara, Mikoto sintió como todo a su alrededor daba vueltas lentamente pero yendo cada vez más rápido al no encontrar resistencia de parte de la Uchiha que tan solo se dejó llevar por esa extraña corriente y el dolor, la angustia, buscando refugio en lo que sentía aunque no fuese posible encontrar algo así en esa clase de sentimientos, tabaleándose hasta desplomarse en los brazos de Fugaku que no se alejaba de ella en ningún momento, haciéndola sentir protegida, haciéndole sentir que no estaba sola aunque solo en parte, porque sentía que una parte de su vida de gran importancia estaba desaparecieron y esa parte importante de su vida era su hijo, su Sasuke a quien temía no volver a ver, una sensación que veía en los ojos de Sakura e Itachi.
-Mi hijo no puede estar muerto— sollozo Mikoto, negando en silencio una y otra vez, intentando aferrarse a la esperanza.
-No lo está— respaldo Fugaku, pegando su frente a la suya, sintiendo el mismo dolor que ella más manteniéndose fuerte por los dos.
-Conocemos a Sasuke, él no se rendiría— declaro Itachi, concentrándose en Sakura quien se sentía sola en su propio dolor, cada vez más angustiada.
Su hermano podía ser menor que él y evidentemente podía tener menos experiencias de vida pero Sasuke era todo menos alguien débil, además tenía una vena de ligera locura en su mente y eso de alguna forme le permitiría sobrevivir, lo conocía bien. Esbozando una triste sonrisa, Sakura simplemente asintió en respuesta mientras mantenía sus manos cruzadas a la altura de su regazo, orando en silencio y moviendo ligeramente los labios como prueba de que tan lejos la llevaban sus pensamientos, hacia donde fuera que estuviera Sasuke en ese páramo helado de nieve y viento, volviendo sus plegarias un escudo que protegiera de todo.
Compañía Andina/Refugio de la Universidad de Concepción
-¡Cubran las puertas y ventanas!, ¡Usen lo que puedan!— indico Obito con voz clara y fuerte por encima del sonoro eco del viento congelado en el exterior.
En medio de tan devastadora marcha se agradecía cualquier salida que les permitiera descansar, recuperar energías y refugiarse del frió, pero solo había una forma de obtener eso y era llegar al Refugio la Cortina, pero eso estaba demasiado lejos, a kilómetros de distancia que solo harían que más de esos pobres muchachos inocentes y llenos de esperanza murieran por las inclemencias y el frió, por no citar la negligencia en sus uniformes que no estaban para nada capacitados para soportar el frió, convertidos en hielo sobre la piel de esos jóvenes. En medio de esta encrucijada es que la Compañía Andina—que había iniciado la marcha horas después que la Compañía Morteros—encontró el Refugio de la Universidad de Concepción, un refugio alternativo y más cercano que el de la Cortina pero que se convirtió en la salvación de la compañía nada más tenerlo delante, era un espacio grande y hecho de concreto duro, sin implemento alguno que pudiera proveerlos de calor pero de todas formas Obito no dudo en dirigir a los jóvenes de su compañía para que cubrieran las ventanas rotas con las lonas de sus tiendas de campaña para evitar que el aire congelado ingresara y los torturarse todavía más, pero si bien eso ayudaría lo primero que necesitaban hacer al haber bloqueado la entrada de aire por las ventanas era quitarse esos uniformes mortalmente congelados antes de que murieran de frió por continuar usándolos.
-Quítense la ropa y quémenla— instruyo el Uchiha, temblando mientras se desabrochaba apresuradamente la chaqueta de su uniforme.
-Pero, mi cabo…— protesto Nagato uniéndose al coro de confundidas voces que eran él y sus compañeros.
-¡Hagan lo que digo!— insistió él con voz fuerte, sin esperar réplicas de ninguna clase ni las admitiría.
Ya sea que esos jóvenes muchachos estuvieran de acuerdo o no, según la retrograda conducta militar él seguía estando a cargo del regimiento y de la voluntad de ellos por lo que tenían que obedecerlo y lo que les estaba mandando hacer en ese instante era que se despojasen de sus uniformes congelados porque de otro modo y a la larga morirían o sufrirían consecuencias que él no podría perdonarse, no podría vivir consigo mismo si a esos pobres chicos les sucedía algo malo y por lo que fue el primero en sentarse sobre el suelo duro y quitarse el uniforme hasta tan solo encontrarse en ropa interior, siendo prontamente imitado por los cabos bajo su mando y pronto por el resto de los integrantes de su compañía. En un cuadro que claramente resulto gracioso y divertido, todos acabaron vestidos únicamente con su ropa interior, pero aun así y frotándose desesperadamente la piel con las manos todos debían reconocer que se sentían más seguro así y bajo un techo aparentemente seguro que vistiendo esos uniformes que en ese momento se convirtieron en combustible para los cabos Baru y Kagami que buscaron materiales en sus mochilas para mezclar con los uniformes congelados para iniciar una fogata que los mantuviera cálidos y vivos…hasta que la ayudara llegara, pero de todas formas sobrevivirían lo suficiente, pero para lograrlo necesitaban orden.
-Tres filas, rápido, ante el fuego— índico Obito al levantarse del suelo, porque si no había disciplina enloquecerían. Siguiendo sus órdenes, tres jóvenes conscriptos se situaron delante del fuego por alrededor de un minuto. —Ya, listos, tres más, muévanse— relevo sucesivamente, permaneciendo de pie a un costado del fuego, aguardando por su turno, anteponiendo la seguridad de esos muchachos primero. —Que no se duerma nadie, es una orden— determino con voz firme, abriendo una pequeña bolsa que había encontrado dentro de su mochila, tendiendo un pequeño chocolate a cada uno de los jóvenes conscriptos. —Tengan, uno para cada uno, no hay más así que hagan que duren— advirtió, frotándose las manos para intentar entrar en calor lo mejor posible.
No importa que tanta prevención tuvieran, en ese momento y cada uno teniendo un chocolate en la boca era obvio que no dudarían mucho tiempo en esa situación, primero porque los chocolates no durarían y en segundo lugar porque eso no los proveería de alimento y energía suficientes para no desfallecer luego de todas las energías que habían perdido, pero ahí y bajo techo al menos estaban vivos y eso tenían que agradecerlo.
Compañía Morteros/Refugio la Cortina
Temblando de frió y aunque no sintiera las piernas de las rodillas hacia abajo, Sasuke se obligó a caminar, inicialmente no habría sido capaz de hacerlo sin la ayuda de Naruto pero pronto y por pura fuerza de voluntad se encontró moviendo una pierna delante de la otra, sentía la nieve contra la superficie de su uniforme congelado, amontonándose a sus pies bajo sus botas mientras caminaba, se había desecho del fusil hace mucho al igual que Naruto pero desgraciadamente ninguno de los dos había podido desligarse de sus mochilas que estaban prácticamente pegadas a sus uniformes, y vaya que lo habían intentado, aunque mejor era así ya que deshacerse de los implementos y alimentos que aun guardaban en sus interiores podrían serles útiles. Tras una enorme eternidad que parecía no tener fin, incapaces de ver nada delante de sus ojos—ni aun sus manos, a causa del viento blanco—por fin algo apareció en su rango de visión, ese algo fue el Refugio La Cortina que se alzaba en medio de la nieve como una salvación para ambos, pero tras tan siquiera dar un paso, Naruto se zafo el agarre de su amigo alrededor de quien hasta entonces había envuelto un brazo, desplomándose sobre el suelo cubierto de nieve, había caminado yendo en contra de su cansancio y fatiga pero ya no podía continuar haciéndolo, no tenía fuerzas para hacerlo, ni siquiera creía poder levantarse en ese momento, no se sentía capaz.
-Levántate, Naruto— alentó Sasuke, arrodillándose delante de su amigo aunque le doliesen las piernas al hacerlo. —No te rindas, si vivimos lo hacemos los dos, no te dejare aquí— insistió Haciendo que Naruto alzara la mirada y por fin luchara por levantarse. Ambos amigos se apoyaron el uno contra el otro, impulsándose con todas sus fuerzas, apoyando uno de sus brazos en la espalda del otro al dar un paso y luego otro, y otro hasta tener la puerta delante y abrirla para entrar en el refugio. —Rápido, destroza tantas como puedas, haremos fuego como sea— tan pronto como cruzo el umbral, Sasuke se despojó de su mochila a como diera lugar, buscar en su interior lo que fuera útil para hacer fuego.
Tener la mochila pegada a la espalda por causa del hielo que la mantenía unida a su uniforme era un obstáculo, pero de todas formas y por fin encontrándose a salvo al interior del refugio, tanto Sasuke como Naruto no dudaron en jalar con todas sus fuerzas de la espalda del otro hasta desprender con mucho esfuerzo las mochilas de sus hombros, y abrirlas sobre el suelo ante la curiosa y atenta mirada de los presentes, porque no estaban solos, dentro del refugio se encontraban otros jóvenes conscriptos de su compañía, entre ellos Kiba Inuzuka que no dudo en levantarse de su lugar—apoyado en un rincón—y tras buscar dentro de su mochila hallar una pequeña hacha con la cual el Uchiha, el Uzumaki y él comenzaron a romper parte de la madera del suelo para obtener material y hacer una fogata que les brindara de algo de calor. Sería muy lindo quedarse sentado en el suelo y sin hacer nada salvo recuperar las fuerzas que había perdido, pero estar vistiendo aquel uniforme congelado lo mataría tarde o temprano y eso Naruto lo sabía, por lo que tras cortas madera suficiente para armar una fogata, el rubio se detuvo a recuperar el aliento por unos breves segundos, percatándose de que por mucha madera que obtuvieran haría falta algo más si querían sobrevivir las horas suficientes para ser rescatados…si es que los rescataban.
-Debe haber algo más— suspiro el Uzumaki, volviendo la mirada hacia su mejor amigo que para su incredulidad comenzó despojarse de la chaqueta del uniforme. —¿Qué estás haciendo?— cuestiono ya que lo que debían hacer era buscar obtener calor, no morir de frió.
-Si seguimos con esto puesto, moriremos de todas formas— contesto Sasuke, dejando la chaqueta caer al suelo, prosiguiendo a desabrocharse los pantalones y quitarse las botas. —Quítenselo rápido— apremio a Naruto y Kiba que ni lentos ni perezosos no dudaron en obedecerlo junto al resto de los presentes. —Naruto, ¿Qué trajiste?— pregunto, volviendo la mirada hacia su mochila hasta extraer un pan que había guardado del desayuno en el regimiento.
-Un poco de harina tostada y un trozo de pan— señalo Naruto emergiendo sus manos del interior de la mochila.
-Pan y unas galletas— contesto Kiba mientras los demás conscriptos revisaban el interior de sus mochilas para reunir tanta comida como pudieran.
Juntemos todo, usaremos la nieve derretida para preparar la harina— decidió el Uchiha, tomando el liderazgo de la situación ya que nadie más se ofrecía para ello. —¡Rápido! No se queden ahí— apremio al ver que nadie se movía ni hacia nada.
Todos ellos estaban vivos y no podían quedarse de brazos cruzados o morirían; tambaleante de frió y débiles por la agotadora marcha que habían realizado, todos los demás conscriptos presentes buscaron afanosamente al interior de sus mochilas todo alimento que hubieran traído consigo del regimiento, acercándose al fuego y exponiendo lo que podían aportar para alimentarse y entrar el calor al mismo tiempo. Fuera del Refugio, en medio de la nieve y tras haberse quedados rezagados al apoyarse el uno en el otro, perdiendo el rumbo más de una vez, el cabo Kankuro Sabaku y el conscripto Sai Yamanaka caminaron en medio de la nieve pese a sentir los músculos entumecidos de dolor y cansancio, pero todo valió la pena tan pronto como el seguro Refugio La Cortina se encontró delante de ellos, tranquilizando a Kankuro que entonces se desplomo contra el hombro del conscripto Yamanaka, sabiéndolo a salvo y sabiendo que sobreviviría es que se sentía capaz de morir en paz, porque no creía haber hecho merito suficiente—tan solo lo había salvado y esa era su obligación—para salvarse también. Aun sintiendo el peso extra sobre su hombro e insólitamente feliz al ver el refugio, Sai se negó a dejar de caminar, ignorando el cansancio y apoyando el brazo del cabo Sabaku contra su hombro, no lo dejaría atrás porque él no lo había dejado atrás a él, y bien podría haberlo hecho.
-Sai, ahí está el refugio, corre— suspiro Kankuro, agotado mientras protestaba contra el agarre del Yamanaka.
-Mi cabo, si morimos; morimos los dos, si vivimos; vivimos los dos— negó Sai, sin darse por vencido y negándose a dejarlo atrás y salvarse solo. —Hice esta marcha con usted y la terminare con usted— insistió al detenerse en la entrada del refugio y empujar la puerta al entrar, suspirando más tranquilo al ver compañeros suyos a salvo en el interior. —¡Ayuda!— pidió al entrar, arrodillándose sobre el suelo junto al Sabaku. -No se duerma, mi cabo, hicimos esto juntos, no se rinda— recordó mientras se comenzaba a quitar el uniforme a imagen de lo que ya habían hecho los otros conscriptos.
-Acérquenlo al fuego, rápido— indico Sasuke, preparando lo que habrían de consumir con ayuda de Naruto y Kiba.
Despojándose de lo que le quedaba del uniforme, Sai empujo a Kankuro lo más cerca del fuego que le fue posible, ayudándolo a quitarse el uniforme congelado lo más rápido posible, frotándole la piel fría con sus manos, cuidándose el uno al otro tal y como habían hecho a lo largo de toda la marcha, como si fueran hermanos y en cierto modo se habían convertido en eso. Abrazándose a sí mismo y frotándose las manos, Sasuke volvió la mirada hacia uno de sus compañeros de compañía y a quien hasta entonces había intentado aislar del frió lo mejor posible, pero que en ese momento y tras un largo debate dejo de moverse y de respirar, el frio y la hipotermia se habían adueña de él y de su vida mientras sus compañeros en silente respeto cubrían su rostro y cuerpo ahora inerte con una lona de las tiendas de campaña que habían traído consigo. Lo que todos los presentes hicieron, fue bajar la cabeza y mantener silencio por tantos segundos como les fue posible en una muda señal de respeto y dolor mutuo, todos los presentes ahí agradecían estar vivos, agradecerían y se enorgullecían de no haber sucumbido ante el susurro de la muerte contra sus oídos, ¿pero sobrevivirían a este día? Tenían unas pocas reservas de comida de las cuales sacar fuerzas, tenían fuego y se encontraban bajo techo pero no contaban con lo suficiente para salir indemnes de ese refugio ni pensaban hacerlo.
Estaban vivos, ¿pero a qué precio?
PD: Saludos mis amores, ya se lo que están pensando y en serio lo siento, se que debería haber actualizado mi historia "El Siglo Magnifico: El Sultan & La Sultana" pero no tuve tiempo esta semana, ayer tuve una jaqueca horrible y hoy negocie una posibilidad de trabajo, pero actualizare esta historia dentro de poco, lo prometo :3 las siguientes actualizaciones serán "El Velo del Amor" este domingo y "El Clan Uchiha" a mas tardar el miércoles :3 como siempre la actualización está dedicada a DULCECITO311(a quien dedico y dedicare todas y cada una de mis historias por sus maravillosos comentarios) a ZoyNarutera (disculpándome de todo corazón por tardar en actualizar y dedicándole esta historia),y a todos los que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
