-Esta es una narración de la llamada "Tragedia de Antuco" que tuvo lugar el 18 de mayo de 2005, esta basado en el programa y documental de Mega, "Efecto Mariposa", más específicamente en su tercer capitulo: "Antuco: Sueño Blanco". Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, pero la cronología, dramatización y redacción de la historia es de mi entera responsabilidad.
Puede que costara afrontar la verdad, pero los mismos militares ya parecían tener claro que no podían dejar a los conscriptos y jóvenes soldados abandonados en medio de la nada, a merced de la muerte y el inclemente viento blanco, por lo que mientras las familias esperaban al interior del regimiento por respuestas, sosiego e información, los altos mandos presentes comenzaron a debatir lo que deberían de hacer ahora en más, no solo estaba en juego el prestigio de las fuerzas militares sino la reputación misma del ejercito a ojos de las personas normales, en esta ocasión no podían solo ocultarse bajo la autoridad de sus cargos, no, lo quisieran o no, había llegado la hora de intentar remediar el desastre que ellos mismos habían ocasionado. Como si fuera consciente de ello, como militar que había sido en el pasado, Fugaku transitó con total libertad los pasillos del regimiento mientras su esposa, hijo y futura nuera esperaban por respuestas, sin temer en enfrentarse a quien osara cruzarse en su camino hasta llegar concretamente a la oficina donde los "portentosos" y "estirados" militares parecían estar debatiendo como si se tratara de perros tirando de un hueso, Fugaku no sabía definir si aquello era o muy divertido o muy curioso, ya que esta conversación realmente debería haberse tenido hace muchas horas, debería haberse hecho algo entonces y no ahora, honestamente, ¿qué podían hacer ahora?, ¿estaban a tiempo para encontrar sobrevivientes o solo víctimas de la estupidez humana?
-Preparemos los equipos de búsqueda para que partan esta misma noche— determinó el militar al frente de la operación, volviendo su mirada hacia sus compañeros. —Ahora no puede haber ningún error, debemos rescatar a tantos como podamos y pronto— no podían haber errores, ya los había habido y muchos. En ese momento, tanto él como los demás militares presentes repararon en la presencia de alguien más en la sala, deteniendo la conversación. —Señor— saludó por respeto al voltear.
-Exteniente Fugaku Uchiha— se presentó el Uchiha, aunque solo por formalismo. —Iré con ustedes— determinó para sorpresa y estupor de los militares presentes.
-Señor, no creo…— intentó disuadir, ya que actualmente él no era militar y por ende no podía acompañarlos.
-Mi hijo está ahí afuera— repuso Fugaku, sin permitir que intentaran hacerlo cambiar de opinión. —No me importa si tengo que caminar solo, en la nieve, lo traeré de vuelta— insistió sin ceder en lo absoluto, dejándolo a él entre la espada y la pared. —Es lo mínimo que pueden hacer, ¿no?— obvió con sarcasmo, prefiriendo no usar otras palabras menos educadas.
No iba a aceptar otra cosa, no le importaba sobre quién tuviera que pasar de ser preciso, incluso si debía marchar a pie y durante horas o días entre la nieve para llegar a ese maldito lugar donde podía o no estar su hijo, no se quedaría de brazos cruzados y nada ni nadie lo haría cambiar de opinión…había cometido un error natural, el mismo de todos quienes estaban lamentando o considerando la posibilidad de haber perdido un hijo, amigo o hermano, simplemente había confiado y creído ciegamente en una de las instituciones de su país, ¿y para qué?, ¿para esto? Si el ejército lograba recuperarse de lo que estaba por venir, y hablando como militar que había sido, Fugaku estaba seguro de que este acontecimiento sería una mancha que no podría lavarse jamás, porque con una cadena de errores estaban probando ser más crueles, infames y letales que todos aquellos a quienes siempre habían considerado inferiores. Comprendiendo bien los sentimientos del padre que tenía delante, pero también teniendo sobre si el peso de protocolos, reglamentos y el deber de hacer cumplir lo que se le había ordenado, el militar titubeo o más bien no supo que contestar bajo la estoica mirada del Uchiha, volviendo brevemente el rostro por sobre su hombro para observar a sus compañeros, que parecían estar igualmente atados de manos que él, se suponía que en ese mundo tan simplista y frio como lo era el ejército, los sentimientos no era relevantes, ni siquiera debían tenerse en cuenta, pero él consideraba que esta vez podía hacerse una excepción
-Está bien— aceptó finalmente el soldado, quitándose un peso de encima y al Uchiha también.
La respuesta era simple, y sin más contratiempos los militares pudieron continuar con su debate, esta vez teniendo a Fugaku presente y aportando su propia perspectiva, pero más que en planear o ayudar, Fugaku estaba enteramente concentrado en su deseo de traer a su hijo de regreso sin importar lo que sucediera, porque era una promesa; iba a traer a Sasuke de regreso.
Las preocupaciones no dejaban de rondar y asaltar la mente de Mikoto, sentada en el gimnasio del regimiento junto a muchas otras mujeres más que esperaban desesperadamente por noticias de sus hijos, acompañada por su hijo mayor Itachi, y por Sakura quien permanecía en completo silencio, melancólica e igualmente preocupada que ella misma, ¿y cómo no hacerlo?, ¿qué madre en el mundo podría estar tranquila sin saber que le había ocurrido a su hijo? Mikoto no sabía cuánto más podría soportar impasible antes de saltarle en el cuello a alguien e ir en busca de su hijo, incluso en medio de una tormenta y entre la nieve de ser preciso, ¿por qué su hijo?, ¿por qué esos muchachos? Eran jóvenes e impetuosos, pero solo tenían dieciocho o diecinueve años, aún eran unos niños y no tenían malas intenciones, ¿cómo podía estar pasando aquello? Las horas pasaban una tras otras, largas, eternas, Sakura a decir verdad ya había perdido la cuenta, no sabía bien que era arriba o abajo, solo que no conseguía dormir ni quería hacerlo, se negaba a siquiera cerrar los ojos hasta no volver a ver a Sasuke, comprendiendo la desesperación, angustia y preocupación de Mikoto, así como la aparente indiferencia de Itachi quien sabia permanecer calmado a su lado tras regresar con las manos en los bolsillos, aportándoles algo de sosiego a ambas, y Dios sabe que lo necesitaban o de otro modo a esas alturas y sin información probablemente ya se habrían vuelto locas, pero el problema era que a ninguno de los militares presentes aquello parecía importarle, ¿por qué no le extrañaba ni un poco?
-¿Nada nuevo?— mas bien afirmó Mikoto con cansina decepción, ya sin saber que creer o pensar.
-No, nada— suspiró Itachi, sentándose junto a Sakura, quien permaneció absolutamente impasible.
-Sakura, tienes que dormir un poco— murmuró la Uchiha, volviendo el rostro hacia la pálida y fatigada pelirosa.
-Dormiré cuando vea a Sasuke, no antes— aclaró la Haruno con voz distante, ajena a todo lo que estaba pasando, únicamente concentrada en su novio.
No quería creer lo peor, no quería imaginar que Sasuke hubiera muerto y no había nadie, ni una sola persona, que pudiera hacerle pensar lo opuesto a Sakura, por lo que Itachi simplemente suspiro para si al sentarse a su lado, envolviéndola con uno de sus brazos, haciéndole saber que no estaba sola en esto, porque todos estaban juntos. De estar en una situación perfectamente normal, Mikoto se enorgullecería, cualquier madre en su lugar estaría orgullosa porque una joven como Sakura estuviera tan comprometida con su hijo, incapaz de comer, respirar o sentir sin él, y Mikoto realmente deseaba poder expresarlo, pero en ese minuto nada parecía tener sentido para ella, ¿de qué servía toda aquella alegría si su hijo moría? No quería pensar en eso, ciertamente era el peor de los escenarios, pero ya sea que quisiera admitirlo o no, era el más plausible y le aterraba siquiera llegar a considerarlo. Como si tuviera idea de la clase de pensamientos que deambulaban por su mente en ese momento, Fugaku apareció en el gimnasio tras minutos que Mikoto se le habían hecho eternos, no se había molestado en preguntarle a su esposo porque había desaparecido siquiera, estaba demasiado preocupada pensando en Sasuke, pero si recordaba que Fugaku anteriormente le había dicho que haría algo al respecto, ¿el qué? no lo tenía claro, pero esperaba que ese algo involucrara a su hijo. Sin apartar la mirada de su esposo, igual de preocupada y ansiosa que Sakura o que Itachi, Mikoto se levantó de su lugar en las gradas al encuentro de su esposo.
-Fugaku, ¿supiste algo?— preguntó ella directamente, sintiendo un nudo en la garganta tras solo pronunciar esas palabras.
-Vine a despedirme— contestó él, confundiendo y sorprendiendo a los tres, principalmente a su esposa que pareció quedarse sin aliento. —Me integré al equipo de búsqueda, saldrán en unos minutos— confirmó convirtiendo su expresión de incredulidad en una sonrisa de esperanza, mientras la sujetaba por los hombros y sin dejar de verla a los ojos. —Traeré a Sasuke, lo juro— vivo o muerto, regresaría con su hijo, era una promesa.
Esas simples palabras resultaron en un bálsamo para Itachi, quien sonrió ligeramente al oírlas, que más desearía que acompañar a su padre en eso, pero sabía que no podía hacerlo, no podía dejar solas a su madre y a Sakura o probablemente cometerían alguna locura, las conocía bien después de todo y elegía tomar esa responsabilidad que su padre le dejaba sin necesidad de siquiera pronunciar media palabra. Llena de esperanza, Sakura esbozó una triste sonrisa, con un nudo en el centro del pecho producto de los nervios y las ansias de volver a ver a Sasuke, pero sin pronunciar una sola palabra, no tenía caso abrir la boca siquiera y ella no pensó en hacerlo, siendo abrazada por Itachi quien como siempre no la dejaba sentirse sola. Eligiendo creer ciegamente en las palabras de su esposo como había hecho siempre desde el inicio de su matrimonio, Mikoto únicamente asintió con una sonrisa y sin dejar de ver a su esposo a los ojos...
Refugio la Cortina
El camino hacia los refugios en las laderas del volcán al menos era claro, puede que los militares no hubieran compartido información alguna sobre la marcha con los civiles y familias que estaban esperando desesperadamente en el regimiento, pero al menos sabían hacia donde se dirigían en sus vehículos militares, surcando caminos apenas transitables para cualquier vehículo en normal, con el viento y la nieve aún haciendo ruido, amenazándolos con el temor de ser congelados, hasta llegar al refugio; la caravana de vehículos se había dividido, la mitad de ellos al Refugio de la Universidad de Concepción y el resto al Refugio la Cortina en una maniobra casi desesperada por encontrar a tantos sobrevivientes como pudieran. El panorama que los recibió en el Refugio la Cortina no era alentador en lo absoluto; esos muchachos menores de veinte años que muchos de ellos conocían y que habían comenzado la marcha llenos de esperanza y determinación, se encontraban sentados sobre el suelo, envueltos con esos viejos y delgados colchones a modo de ropa, apenas vestidos ya que sus uniformes congelados se habían convertido en combustible para el incipiente fuego que avivaban para sobrevivir, ¿cuántas horas había resistido?, ¿cuánto habían soportado? Nadie quiso preguntarlo mientras ingresaban en el refugio, ataviados en uniformes para la nieve, hechos para soportar el frio, incrédulos y estudiando con la mirada a los jóvenes conscriptos que finalmente repararon en su presencia, al comienzo claramente creyendo que lo que están viendo no era real, no parecía serlo:
-Sasuke— llamó Fugaku tan pronto como entro, aterrado por la idea de no recibir respuesta.
-Papá…— reconoció el Uchiha, intentando convencerse de que lo que veía no era una ilusión.
Desde su infancia, Sasuke siempre se había destacado al igual que su hermano Itachi por no tener la necesidad de expresar demasiado afecto o efusividad, siempre bajo control, serio y perfectamente estoico, pero esta vez este exhaustivo control sobre sus emociones literalmente se fue al carajo, ya fuera por su roce más próximo con la muerte o por el hecho de creer que no volvería a ver a su familia, Sasuke no dudo en levantarse del suelo, tan abrumado o sorprendido como el resto de sus compañeros, que no podían creer lo que veían, abrazando a su padre de forma inmediata, ¿cómo no hacerlo? el cumulo de emociones que sentía era demasiado como para soportarlo. En casa o más bien en el regimiento, todos estaban llorando y sufriendo, mortificados por la espera y la incertidumbre de no saber que pasaba, imaginando a tan jóvenes soldados perdidos en las laderas del volcán, sumergidos en el viento blanco o muertos en el peor de los casos...pero en ese momento tanto Fugaku como los militares que lo acompañaban no vieron en esos jóvenes a soldados, sino a niños que habían sufrido lo innecesario, lo inmerecedor, habían presenciado algo peor que cualquier persona de su edad, ¿y para qué? nada valía la pena, nada merecía haber vivido lo que ellos habían visto. Conmocionado aunque se esforzara por permanecer serio y estoico, intentando calmar a su hijo, todo lo que Fugaku pudo hacer fue corresponder al abrazo, negando en silencio para sí ante el descomunal tormento que estaba por venir, para todos.
-Ya término— consoló el Uchiha a su hijo. —Se terminó— añadió sin darse cuenta de que no solo lo decía para su hijo sino también para sí mismo.
Había sido un pasaje a la adultez demasiado caro, pero ahora lo único importante es que su hijo estaba vivo, todo lo malo había terminado, por ahora.
La muerte era un tema delicado para todos, se suponía que era algo que no se tocaba, que no se hablaba, menos cuando se era tan joven, cuando la vida apenas y estaba comenzando, era una especie de tabú y como cualquier joven de su edad, Naruto siempre había creído que pasarían años antes de que tuviera que enfrentarse con ella, quizás si lo haría cuando tuviera la edad de su padre, pero no antes, más lo recientemente sucedido durante la marcha de instrucción le dejaba claro que se había equivocado, que todos se habían equivocado. Sentado al interior de la parte de atrás de uno de los camiones que lo transportaban a él y a los demás conscriptos sobrevivientes al regimiento para recibir atención médica y recuperarse de la hipotermia, el Uzumaki contempló los espacios vacíos entre él y todos sus compañeros, Sasuke estaba sentado a su lado, pero habían tantos espacios vacíos de compañeros que habían muerto, que nunca volvería a ver y a quienes sus familias llorarían para siempre, que el frágil corazón del rubio no pudo evitar estrujarse ante la idea, mordiéndose el labio inferior y sollozando por lo bajo ante la conmovida mirada de sus compañeros, que solo bajaron la mirada. Estoico a su lado, Sasuke volvió el rostro hacia su mejor amigo, envolviendo uno de sus brazos tras su espalda, incapaz de pronunciar las palabras correctas para consolarlo pero deseando hacerlo, porque ambos sentían el mismo dolor, habían hecho la marcha juntos, habían sobrevivido juntos, habían luchado juntos, habían superado lo peor, ¿pero cómo continuar ahora?
-Naruto— intentó consolar Sasuke, en apenas un suspiró, sin saber que decir para ayudar.
-¿Por qué tenía que pasar esto?— preguntó Naruto únicamente, apoyando su cabeza contra el hombro de su amigo.
-Absoluto silencio, no digan nada— fue todo lo que Kakashi pudo decirles, sujeto al protocolo tanto como ellos.
Entre divertido por la ironía y molesto al mismo tiempo, Sasuke volvió el rostro en su dirección, encontrando su mirada con la suya en total silencio, ambos únicamente observándose entre si, ¿tenía caso seguir las reglas ahora? Sasuke deseaba protestar y eso Kakashi lo vio, pero no tenía caso pelear, ni ninguno de los dos tenía fuerzas para hacerlo, no después de todo lo que habían vivido en las ultimas horas, por lo que dejaron que el silencio continuase reinando durante el resto del camino, deseando regresar al regimiento y volver a sus vidas normales cuanto antes, para olvidarlo todo, si podían hacerlo. En la entrada del regimiento, donde también aguardaban decenas de periodistas provenientes de la capital, Santiago, y que ya estaban cubriendo la "tragedia", Minato Namikaze alzaba la voz una y otra tan pronto como los camiones militares comenzaron a llegar al regimiento, llamando a su hijo por su nombre y esperando a que Naruto le contestase, necesitando saber desesperadamente que su hijo estaba vivo, no teniendo otra oportunidad para entrar en contacto con él, pero sin recibir respuesta alguna, hasta ahora. Era tarde, estaba anocheciendo de hecho, era curioso y extraño como las horas pasaban con lentitud y el cielo cambiaba de color, pero ni aún el frio invernal fue un problema para un padre quien vistiendo una abrigadora chaqueta de cuero y bufanda alrededor del cuello, alzaba la voz llamando a su hijo, ignorando o rivalizando con la voz de los periodistas que estaban presentes en la entrada del regimiento aunque nadie les hubiera pedido estar ahí.
-¡Naruto!, ¡Soy tu papá!, ¡Naruto!— gritó Minato tan pronto como un nuevo camión ingreso en el patio del regimiento.
-¡Papá!— contestó el Uzumaki finalmente, y una vez que el camión se estacionó en la entrada, no dudo en bajar con ayuda y correr a abrazar a su padre, y viceversa. —Tenía mucho miedo— sollozó contra su hombro, volviendo a sentirse un niño.
-Ya se terminó, estás bien— sosegó el Namikaze, abrazándolo con todas sus fuerzas y guiándolo hacia el interior del regimiento.
Siguiendo los pasos de su mejor amigo y de igual modo acompañado por su padre Fugaku, quien se situó a su diestra tan pronto como bajo del vehículo, Sasuke ingresó en el regimiento en que hacía solo unas semanas atrás se había despedido de su familia, evitando o más bien ignorando a los periodistas que invadían su privacidad y la de sus compañeros conscriptos, intentando obtener información o declaraciones que ellos no querían dar. Tan pronto como comenzó a correrse la voz al interior del regimiento de que estaban llegando algunos de los conscriptos rescatados de los refugios, Mikoto se arrojó entre la multitud, intentando divisar si su amado hijo menor se encontraba entre los jóvenes sobrevivientes, y una cubeta de agua fresca cayó sobre sus hombros, haciéndola sonreír tan pronto como vio a su hijo aparecer en el pasillo, luchando ella contra quien se encontrara en su camino, única y enteramente concentrada en acercarse a su hijo, corriendo hasta poder abrazarlo con todas sus fuerzas, sollozando contra su hombro...había creído que no volvería a verlo nunca más, era una sensación que nunca más deseaba volver a sentir. Sasuke siempre le había dicho a su madre que no le gustaban los abrazos, que en cierto modo lo dejaban en vergüenza ya que había dejado de ser un niño hace muchísimo tiempo, pero en ese momento el Uchiha no pudo protestar no oponerse al abrazo, sintiendo como le volvía el alma al cuerpo ante el familiar y entrañable afecto de su madre, y la sonrisa tanto de su hermano mayor como de su novia.
-Vamos a la enfermería, tienen que examinarte— recordó Fugaku, lamentando tener que obligar a su esposa y a su hijo a separarse, pero era necesario.
Demasiado cansado, abatido y deprimido por todo lo que había tenido que ver, al igual que Naruto y el resto de sus compañeros conscriptos, Sasuke se dejó guiar por su padre, aunque volviendo brevemente el rostro por sobre su hombro, no solo para ver a su madre y a su hermano sino que también a Sakura, quien sonrió al encontrar su mirada con la suya, deseando decirle tantas cosas como él deseaba hacer, pero este no era el momento, ya podrían hablar pronto, pero el momento no era ahora.
Ya tendrían todo el tiempo del mundo, más adelante.
A esas alturas la verdad era ya conocida por todos, los militares lo quisieran afrontar o no; todo lo que estaba pasando, toda esa incertidumbre entre la vida y la muerte era producto de una mal planeada marcha de instrucción, bajo condiciones inclementes y que probablemente o casi con absoluta certeza, habían cobrado la vida de muchos jóvenes inocentes que tenían entre dieciocho y diecinueve años. En las casas de la ciudad, madres, hermanas, hermanos, padres y amigos que no podían estar en el regimiento a la espera de noticias, permanecían esperando noticias, y tal era el caso de Kushina Uzumaki quien en ese momento se encontraba en silencio y sentada en la mesa de la cocina, bebiendo de un café cargado que Hinata, la novia de su hijo, había preparado para ella tras nada más llegar. Hinata no había podido despedirse de su novio hacía semanas atrás, la frágil salud de su padre no lo había hecho posible, pero ahora que la madre de él estaba sola y muerta de preocupación, Hinata estaba supliendo el lugar que sabía ocuparía su novio de estar presente, impidiendo que la señora Uzumaki pudiera sentirse sola e intentando consolarla lo mejor posible, negándose ella misma a llorar de ser necesario. En ese momento y como si una presencia invisible supiera de la tensión que reinaba en el ambiente, el teléfono a un costado del refrigerador comenzó a sonar, y sin detenerse a pensarlo, Kushina se levantó de la mesa y arrojo directamente a contestarlo, sin darle tiempo a Hinata de intentarlo, realmente desesperada por respuestas.
-¿Minato?— nombró la Uzumaki de inmediato, aferrando el teléfono entre sus manos al recibir una respuesta afirmativa. —¿Hay noticias?— preguntó directamente, conteniendo el aliento.
-Nuestro hijo está vivo, acaba de entrar a la enfermería— contestó Minato con lo que parecía ser una sonrisa por su estado de ánimo. —Está bien, está vivo— afirmó como si supiera lo que su esposa estaba pensando, —¿Kushina?—llamó al no obtener respuesta de su parte.
-Iré enseguida— contestó la pelirroja finalmente, sin saber cómo era capaz de hablar, —abrázalo por mí— pidió únicamente, dejando las palabras salir de su boca libremente.
La respuesta salió de sus labios de una forma perfectamente ensayada, como si en el fondo de su corazón la hubiera dicho muchas veces, pero en realidad solo había salido de su corazón, colgando sin más el teléfono y dejándolo sobre la mesa antes de permanecer en silencio, como si intentara convencerse de que esa conversación era una mentira. Como madre, por un momento Kushina tuvo el impulso de abofetearse o pellizcarse para comprobar si aquello era real, en el fondo necesitaba sentir que no estaba viviendo un sueño y que la verdad estaba delante de sus ojos, que su hijo estaba vivo y bien, pero el tacto de Hinata vino a despertarla, situando una de sus manos tras su espalda, preocupada por su reacción. Emocional y con un nudo en la garganta, habiendo comenzado u duelo personal por su hijo hacía ya muchas horas, Kushina abrazo a Hinata con todas su fuerzas, sollozando como ella no tardó en hacer al corresponder a su abrazo...
Tras la misión directa de rescate y donde cada camión militar había conseguido transportar a los jóvenes soldados sobrevivientes al regimiento para que fueran atendidos debidamente, otra serie de camiones había recorrido el trayecto de la ruta y la circunferencia de la montaña una y otra vez tan pronto como la tormenta había pasado, esperando encontrar sobrevivientes no contabilizados, eliminando las cifras de posibles muertos...pero pronto comenzó a quedar claro para todos que aquellos que hasta entonces estaban catalogados como desaparecidos en realidad estaban muertos, pues por mucho que la tormenta de viento blanco hubiera cubierto de nieve el suelo, pronto y con algo de esfuerzo comenzaron a aparecer cuerpos que estaban perfectamente intactos pese al tiempo transcurrido gracias al aire frio de la montaña. No solo militares estaban peinando la montaña sino también camioneros de la ciudad o ciudades vecinas, además de padres normales que ya no podían más con la angustia, y entre ellos se encontraba precisamente Hizashi Hyuga quien había esperado por aquella oportunidad durante horas, solo para ahora tener que enfrentarse a la dura realidad. Su hijo Neji, pálido e inerte, se encontraba bajo una débil capa de nieve que él no dudo en hacer a un lado para descubrirlo, zarandeándolo, intentando creer que si lo hacia su hijo despertaría, abriría los ojos y le haría saber que estaba bien, pero ese momento nunca llego, no importa que tanto zarandeara a su hijo, Neji no abría los ojos, no se movía, ni respiraba.
-Neji…mi hijo— suspiró Hizashi con pesar, envolviendo sus brazos alrededor de su hijo.
Esa era tal vez la realidad más dura que cualquier padre o persona tuviera que afrontar, que una persona tan importante muriera siendo tan joven, con todo el futuro por delante, y no por causas naturales sino que por malas decisiones de terceros que perfectamente podrían haberse evitado, aquel era un precio demasiado alto y que no debería haberse pagado.
-¡Den la cara!
-¡Mi hijo está ahí afuera!
-¡Asesinos!
-¡Queremos respuestas!
La falta de respuestas era algo a lo que la mayoría de la gente de su país estaba acostumbrado, no era lo ideal pero jamás había que tener mucha fe en el gobierno y las instituciones que estaban por encima de las personas normales, podían vivir en una democracia pero tenían pocos derechos y ni se diga si tenían voz o voto…la mayoría de las veces la gente podía aceptar estas deficiencias sociales y políticas en su país, la gente se acostumbraba a vivir con limitaciones, pero ahora había llegado a un punto de ebullición, madres, hermanas, hermanos y padres habían comenzado a manifestarse con gritos y ataques al establecimiento ya que los militares no daban respuestas, no se disculpaban por el error de enviar a todos esos jóvenes muchachos a una marcha suicida. Muy tranquila, calmada e indiferente a pesar de claramente poder empatizar con cualquiera de las madres presentes en el gimnasio del regimiento en ese momento, Mikoto prefería mantenerse ajena a todo lo que estaba pasando, acompañada por Sakura e Itachi quienes al igual que ella esperaban pacientemente a que el doctor o quien fuera les permitiera entrar en la habitación de Sasuke y verlo tras horas que para los tres habían resultado eternas, Fugaku naturalmente permanecía en la habitación junto con él como militar que había sido, así como por su propia voluntad ya que no consentiría lo contrario, pero Mikoto debía confesar que le tenía algo de envidia a su esposo en ese momento, aunque sonara inmadura por ello en ese momento en su propio subconsciente.
-¿No hay un recuento exacto?— preguntó Mikoto, intentando permanecer indiferente aunque en el fondo su corazón también se estuviera rompiendo.
-No, están dando listas de soldados muertos, pero no son precisas— afirmó Itachi sin apartar su mirada de la nada, igual que Sakura a su lado.
-Pueden pasar— dio a saber una voz a su diestra, haciéndolos volver su atención hacia él.
Irrumpiendo en la conversación de los Uchiha, un militar se hizo presente en una nota discordante y que perfectamente podría haber resultado ofensivo, más teniendo en cuenta que en las últimas horas había quedado claro que todo lo sucedido era culpa de las malas decisiones de los militares, pero Mikoto prefirió no pronunciarse al respecto, asintiendo únicamente modo de agradecimiento o reconocimiento por la información antes de levantarse de su lugar junto a su hijo y Sakura, siguiendo al militar que tuvo la amabilidad de guiarlos en su camino. No querían desquitarse con nadie en ese momento, hacerlo no tendría caso, y no era justo que pagaran justos por pecadores, no podían simplemente meter a todos en un mismo saco, pero era un contraste muy duro escuchar los desconsolados sollozos de muchas madres que no volverían a ver a sus hijos, y Mikoto lo tuvo permanentemente presente una vez que el soldado se detuvo ante una puerta que abrió, permitiéndoles pasar a los tres. Tan pronto como ingreso en la habitación, la expresión severa, indiferente y estoica de Mikoto se convirtió en una luminosa sonrisa, enfocando toda su atención en su hijo que permanecía recostado sobre la cama, ya no parecía tan pálido como hacia horas atrás, cuando había llegado y parecía haber recuperado algo de su fuerza, pero aún era muy pronto como para afirmar cualquier cosa, sin embargo Fugaku parecía tranquilo de pie tras la cama mientras el doctor finalizaba su profunda revisión al joven Uchiha, satisfecho con todos los resultados de las pruebas.
-Temperatura corporal, estable— comunicó el doctor, ante la llegada del resto de la familia.
-¿Ya no me estoy congelando?— ironizó Sasuke desde su lugar en la cama, sin emitir protesta.
-Sentido del humor intacto— observó el doctor, satisfecho por ello. —Vendré a monitorearlo en una hora, les recomiendo que le den tanto de comer como puedan, para que recupere sus fuerzas— aconsejó desviando su atención hacia los recién llegados.
-Descuide doc, de eso me ocupo yo— prometió Itachi en su nombre y también en el del resto de la familia.
No era ninguna mentira, desde que ambos habían sido pequeños, Itachi siempre se había preocupado profundamente por su hermano más que por cualquier otra persona, y prometía a como diera lugar que estaría a su lado y apoyándolo en todo el proceso de recuperación de esta tragedia, sentándose sobre la cama tan pronto como el doctor abandono la habitación, cerrando las puertas tras de sí. Con una leve sonrisa, intentando no mostrarse tan desesperadamente feliz como estaba por ver a Sasuke sano y salvo, Sakura se sentó sobre la cama, entrelazando una de sus manos contra la del Uchiha, quien encontrando sus ojos con los de ella únicamente señalo el rosario que le había entregado y que reposaba sobre la mesita de noche; realmente había cumplido con su promesa, lo había llevado consigo todo el tiempo y eso consolaba muchísimo a Sakura aunque aún no pudiera hablar debido a la emoción, solo haciéndole saber a Sasuke que estaba incondicionalmente junto a él. De brazos cruzados y con una permanente sonrisa en el rostro, muchísimo más tranquila al ver a su hijo delante de ella, Mikoto no fue capaz de quitarle los ojos de encima a Sasuke, de pie junto a Fugaku quien se mostraba estoico a su lado, puede que no fuera la persona idónea para dar algún refuerzo positivo, pero era tonto de parte de cualquiera pensar que después de todo lo vivido alguno de ellos no estuviera infinitamente feliz por haber superado todo desgraciado pronostico que se hubiera previsto, no tenían salvo alegría en sus corazones.
-¿A cuántos más encontraron?— preguntó Sasuke finalmente, carraspeando para aclararse la garganta.
-Solo a los de los refugios y son menos de la mitad de los que iniciaron la marcha— contestó Fugaku, quien hasta entonces le había ocultado esa información. —Andina perdió a catorce conscriptos— añadió en lo que casi pareció un murmullo.
-Y morteros a treinta y uno— secundo el azabache, habiéndolo oído perfectamente y teniendo cuenta exacta de sus compañeros caídos.
-El funeral se hará mañana, con los que ya han sido encontrados y los familiares de los desaparecidos— comunicó el Uchiha en caso de que su hijo deseara participar de la ceremonia, si se encontraba bien.
-Renunciare— informó Sasuke, aprovechando la situación. —No quiero seguir con esto, creí que merecían saberlo— obvió recorriendo con la mirada a toda su familia. —Tomé la decisión en cuanto llegue al refugio y fui consiente de todos los que habían caído— no tenía las fuerzas suficientes para seguir con ese camino, menos ahora que tenía claro que ya no era el suyo.
-No podríamos pedirte que continuaras— sosegó Mikoto con una sonrisa, sin apartar su mirada de su hijo, apoyando completamente cualquiera de sus decisiones.
Todo había cambiado y no solo para Sasuke sino para todos en su familia, ya nada volvería a ser igual, pero encontrando la mirada con los ojos de todos en su familia; su padre, su madre, Itachi y Sakura quien esbozo una ligera sonrisa de inmediato, el Uchiha vio que lo importante es que estaba con vida, el viaje a la madurez había sido breve y drástico, se había convertido mentalmente en un adulto de la noche a la mañana, pero no había perdido a su familia y no estaba solo en este nuevo viaje.
Todo iba a cambiar, pero no había forma de que para peor.
Los sucedió a posteriori de esa llamada telefónica era una especie de borrón o mancha en la mente de Kushina, quien recorrió las calles de la ciudad a toda prisa, seguida lo más cerca posible por Hinata quien trotaba a su espalda, ¿qué era capaz de hacer una madre cuando el ser más importante para ella corría un peligro mortal? era una pregunta difícil de contestar, no existían explicaciones concretas porque los sentimientos de las madres sobrepasaban los limites, y para Kushina no existía nada más importante que su hijo, por quien ingresó en el regimiento a pleno trote, dejando a sus espaldas a cualquier militar en su camino. En su camino, brevemente le pregunto a un militar por la habitación en que estaba su hijo, continuando con su carrera tan pronto como obtuvo respuesta, con Hinata a su espalda, sin llamarla, sin pedirle que no corriera, solo siguiéndola, igual de desesperada que ella. Recorriendo los pasillos como había hecho con las calles para llegar al regimiento, Kushina llegó a la puerta indicada por aquel militar, Kushina recuperó el aliento mientras situaba su mano sobre la perilla, esforzándose por mantener la calma al girar la perilla, abrir a puerta e ingresar con andar incierto y débil, temerosa de descubrir que todo era mentira y que su hijo no estaba vivo, pero para su alegría y tan pronto como entro se encontró con la radiante sonrisa de su hijo quien permanecía recostado sobre la cama, con Minato de pie a su lado, ambos volviendo su atención hacia Hinata y ella tan pronto como entraron.
-Mi niño— suspiró Kushina, apresurándose en abrazar a su hijo con todas sus fuerzas, sentándose sobre la cama en el proceso. —Mi hijito, te amo mucho, mi amor— le faltaban la palabras para expresar la inmensa alegría que estaba sintiendo.
-Yo también te amo, mamá— tranquilizó Naruto, correspondiendo al abrazo y sonriendo mientras disfrutaba del amoroso afecto de su madre.
Había sentido mucho miedo, en el refugio y en medio de la nieve su mayor miedo no había sido morir, sino la idea de no volver a ver a su madre, y estaba profundamente agradecido con la vida o con quien fuera para poder disfrutar de una segunda oportunidad, alzando la mirada en medio del abrazo y encontrando sus ojos con los de su hermosa novia quien le sonrió en respuesta…tenía mucho por lo que agradecer. Por un momento y abrazando a su hijo con todas sus fuerzas, al encontrar su mirada con la de su esposo de pie junto a la cama, Kushina tuvo el impulso de gritar y llorar a los cuatro vientos, porque estaba feliz de su hijo estuviera vivo, y porque como madre probablemente no debería haber atravesado por el miedo de perder a su hijo, por causa de terceros que habían cometido errores imperdonables, pero prefirió no hacerlo, porque su hijo estaba vivo y a su lado, en cambio otras padres no volverían a ver a sus hijos con vida nunca más. No podía sentirse desdichada, no cuando otros habían perdido tanto, y porque este era un día para agradecer todo lo que tenía.
Había mucho por lo que dar las gracias.
18 de mayo de 2020/Refugio Militar los Barros
El tiempo había pasado, los años habían pasado y con ello tanto Sasuke como Naruto y cualquiera de los jóvenes que entonces habían participado de la nefasta marcha habían intentado seguir con sus vidas, algunos lo habían olvidado y superado, o al menos lo habían dejado atrás, pero otros no lo habían conseguido, ni siquiera eran capaces de trabajar y estaban bloqueados sin poder avanzar...con las manos en los bolsillos de su chaqueta y contemplando a la yerma tierra donde no podía crecer nada debido al frio inclemente de la nieve que caía durante los inviernos, Sasuke reflexionó en silencio sobre todos los años que habían pasado, ya no era ningún jovencito sino un adulto, con un trabajo y una familia, con una hermosa esposa, Sakura, quien en ese momento lo abrazo por la espada, apoyando su cabeza contra su hombro, hoy todo era diferente, él era diferente, pero no olvidaba nada de lo que había vivido, por ello y sin falta alguna es que Sakura accedía a acompañarlo cada año que se conmemoraba la marcha, visitando el refugio en que había estado, replicando la misma marcha que él había hecho, manteniéndose anclado al pasado pero sobreviviendo al mismo tiempo, era en cierto modo una terapia personal, no se quedaba con lo malo que había vivido únicamente sino con la transición que había experimentado y Sakura era testigo de ello a su lado en ese momento, superar la tragedia y seguir adelante había sido todo un reto, en ocasiones Sasuke aún tenía pesadillas, pero habían aprendido a vivir con ello, en lo bueno y en lo malo como en su matrimonio.
-Cuesta creer que hayan pasado quince años— suspiró Sasuke, entrelazando una de sus manos con la de su esposa.
-Duele más no poder olvidarlo— asintió Sakura, rompiendo el abrazo y situándose a su lado, sin dejar de observarlo en ningún momento. —Nunca has dicho todo lo que viviste— mencionó dándole como siempre ocasión de hablar de todo lo que deseara y desahogarse.
-Si lo he dicho, pero las palabras no alcanzan a expresar lo que fue ver todo eso y tener la muerte respirándote en el cuello a cada momento— diferenció él, tranquilizando las preocupaciones de su esposa. —Naruto sabe que es así— jamás le había ocultado nada a Sakura, pero alcanzar a describir la profundidad de todos esos recuerdos era imposible.
Como todos los años, al igual que él, Naruto también acudía a realizar la marcha junto a su esposa e hijos, pero ambos siempre tomaban rumos diferentes para reflexionar y pensar antes de encontrarse, regresar a la ciudad juntos y hablar como los grandes amigos que seguían siendo...realmente habían pasado muchos años desde todo aquello, pero en ocasiones y con solo cerrar los ojos, Sasuke podía recordar todo a la perfección, no había olvidado nada sin importar todo el tiempo que hubiera pasado. Ajena a las preocupaciones de sus padres o más bien voluntariamente ajena a todo ello, una inocente chica de doce años jugueteaba con una mariposa que revoloteaba entre sus manos, de cortos caballos azabaches y ojos ónix, vistiendo pantalones, botas y chaqueta para el exterior, se trataba de Sarada Uchiha, la hija de ambos y que siempre los acompañaba en esta marcha terapéutica que realizaban año a año, entendía las razones de sus padres para hacer todo esto, pero muchas veces el contexto emocional de la situación se le hacía demasiado y lo admitía sin problema. Escuchando los pasos y tropiezos de su hija, quien como siempre intentaba distraerse, Sasuke y Sakura volvieron el rostro a sus espaldas, vigilando como siempre que su hija no se hiciera daño, encontrando sus miradas en el proceso, realmente y costaba creer que todo aquello hubiera sucedido, que hubieran pasado tantos años y que hoy fueran una familia, pero no era ninguna mentira, era la realidad diaria de ambos y que disfrutaban plenamente.
-Los errores no pueden volver a cometerse— mencionó Sakura con pesar, —pero es una pena que ustedes hayan tenido que pagar el precio— nadie debería pasar por algo así.
-Otros lo han hecho más, ellos no han podido dejar el pasado atrás— sosegó Sasuke, pudiendo vivir tranquilo al dejar el pasado donde pertenecía, pero accediendo a ellos cuando fuera necesario. —No habría podido hacerlo sin ti— confió estrechando las manos de ella entre las suyas.
-Me valoras demasiado— se sonrojó ella entornando los ojos, sorprendiéndose por como Sasuke seguía siendo perfectamente capaz de avergonzarse sin importar todos los años que llevaban juntos.
-Mamá— llamó Sarada, haciendo que sus padres voltearan a verla, —¿ya le dijiste a papá?— preguntó únicamente, solo viendo confusión en el rostro de su padre.
-¿Decirme qué?— cuestionó él, frunciendo ligeramente el ceño al regresar la mirada hacia su esposa.
-Quería que fuera una sorpresa hasta que volviéramos a casa— contestó Sakura únicamente, mordiéndose el labio inferior en espera de su reacción.
-¿Estás?...— comprendió Sasuke, casi pálido a causa de la impresión, recibiendo un asentimiento como respuesta. —Gracias— envolvió sus brazos alrededor de su esposa, abrazándola contra su pecho de inmediato, sorprendiéndola en el proceso.
¿Recibía esa noticia en el aniversario de semejante tragedia? era algo simplemente inesperado para Sasuke y malditamente perfecto, de una manera que solo Sakura podía sorprenderlo como siempre, abrazándolo con todas sus fuerzas amorosamente y haciéndole sentir que no importa que tan grandes fueran los problemas, nada era lo suficientemente terrible como para ocultar la felicidad que Sakura siempre le ofrecía. Con una sonrisa inocente, Sarada abrazo a sus padres, ajena a la tensión o mejor dicho al ápice de melancolía en el ambiente, feliz de que sus padres fueran felices, porque eso era lo única y enteramente importante para ella, para su madre y para su padre, nada importaba más.
El 18 de mayo de 2020, se cumplieron 15 años de la tragedia de Antuco
PD: Hola, hola, mis amores, perdón si me tarde tanto en actualizo o mas bien en finalizar esta historia, pero heme aquí, como cada semana :3 la próxima semana actualizare "Koraka: La Sombra del Cuervo", la siguiente "La Reina de los Vampiros" y por ultimo "El Clan Uchiha" :3 como siempre la actualización está dedicada a DULCECITO311(a quien dedico y dedicare todas y cada una de mis historias por sus maravillosos comentarios) a ZoyNarutera (disculpándome de todo corazón por tardar en actualizar y dedicándole esta historia),y a todos los que siguen, leen o comentan todas mis historias :3 Como siempre, besitos, abrazos y hasta la próxima.
También les recuerdo que además de los fics ya iniciados tengo otros más en mente para iniciar más adelante en el futuro: "Avatar: Guerra de Bandos" (una adaptación de la película "Avatar" de James Cameron y que pretendo iniciar pronto), "La Bella & La Bestia: Indra & Sanavber" (precuela de "La Bella & La Bestia"), "Sasuke: El Indomable" (una adaptación de la película "Spirit" como había prometido hacer), "El Siglo Magnifico; Indra & El Imperio Uchiha" (narrando la formación del Imperio a manos de Indra Otsutsuki en una adaptación de la serie "Diriliş Ertuğrul") :3 Para los fans del universo de "El Conjuro" ya tengo el reparto de personajes para iniciar la historia "Sasori: La Marioneta", por lo que solo es cuestión de tiempo antes de que publique el prologo de esta historia. También iniciare una nueva saga llamada "El Imperio de Cristal"-por muy infantil que suene-basada en los personajes de la Princesa Cadence y Shining Armor, como adaptación :3 cariños, besos, abrazos y hasta la próxima :3
