Por maravilloso que sería que yo fuera secretamente JK Rowling creando versiones alternas a su historia, no lo soy, y ni siquiera me pertenece esta versión. Todo le pertenece a JK Rowling y a White Squirrel.
Notas del autor: Advertencia: Esta historia no es Harry/Hermione por razones que pronto serán obvias. Tengo una idea diferente en mente la cual creo no ha sido explorada lo suficiente.
Notas de la traductora: Actualizaré esta historia cada dos semanas para darme el suficiente tiempo para editar y tener unos cuantos capítulos adelantados antes de publicar. Como siempre, dudas, sugerencias, y comentarios, estoy a su servicio.
Capítulo 3
–¿Magia? –Dijo Dan Granger.
–Así es.
–¿Magia? –Repitió su esposa.
–Sí.
–…Bien, creo que eso tiene más sentido que cualquier otra cosa –dijo Dan mirando de reojo al anciano vestido de manera ridícula con sospecha–. Eso quiere decir que usted también hace magia.
–Así es, Sr. Granger. Soy un mago, tal como lo es el pequeño Harry aquí, aunque la habilidad de transformarme en un animal no es uno de mis talentos.
–¿Es por eso por lo que huele como yo señor?
Todas las miradas se dirigieron a Harry. Eso era lo más que había dicho sin ser motivado en toda la tarde.
–¿Qué quieres decir Harry?
Harry se reclinó en el sofá para mantener su distancia del hombre extraño y aparentemente mágico. La magia ciertamente explicaba el transformarse en gato, pero estaba seguro que había algo más.
–Puedo olerlo… huele como yo… señor… Hermione también huele como yo… aunque no la puedo oler ahora.
–Mm, me pregunto… –murmuró Dumbledore para sí mismo. Los gatos tenían un buen sentido del olfato, casi tan bueno como el de los perros. Era por eso por lo que eran populares con familias mágicas. Dio la vuelta y sacó su varita de su manga–. Sr. y Sra. Granger, ¿me permitirían realizar un encantamiento de detección de magia? No es peligroso. Simplemente identificará todas las fuentes de magia en esta habitación.
Los Granger sabían que significaba eso, aún si no querían creerlo. Su día aún no había sido lo suficientemente extraño, y si la magia podía convertir a ese niño en un gato, entonces probablemente no podían ponerle freno. Dan miró a su esposa, sacudió los hombros, y asintió en dirección a Dumbledore.
El anciano agitó en el aire el palo esculpido y susurró una encantación compleja. En un momento, un aura dorada lo rodeó, y una más suave rodeó a Harry… y otra a Hermione.
–Extraordinario –dijo–. Los felicito Sr. y Sra. Granger. Su hija es una bruja.
Ambos padres temblaron ante las extrañas palabras, pero no dijeron nada mientras procesaban la información.
–¡Qué bien! –Exclamó Hermione.
–¿También te puedes convertir en gato? –Le preguntó Harry.
–Yo… no lo creo…
–No, señorita Granger, lo siento mucho –dijo Dumbledore–. Normalmente toma años de entrenamiento. Nunca había escuchado de alguien que pudiera hacerlo naturalmente como Harry. Harry, creo que como gato pudiste oler la magia de Hermione, así como oliste la mía. ¿Es por eso por lo que llegaste aquí?
Eso tenía sentido para Harry. Era mucho por aceptar, pero mientras más lo pensaba, explicaba todo, incluyendo el cabello azul. Y el extraño olor debía haber sido magia. Asintió levemente.
–Espere un minuto –dijo Dan finalmente recuperado de la impresión–. ¿Cómo es posible? ¿Cómo puede ser mágica mi hija si nosotros no lo somos? Debe de ser raro, ¿no?
–Así es, Sr. Granger –explicó Dumbledore–. Es cierto que la magia normalmente es hereditaria. Sin embargo, su hija es una bruja nacida de muggles, o padres no mágicos. Y sí, es inusual, con sólo unos cuantos nacimientos de hijos de muggles en el Reindo Unido cada año. Pero seguramente han notado cosas inusuales a su alrededor, ¿especialmente cuando sus emociones se elevan?
–Si… –confirmó Emma–. Pero, ¿qué significa eso?
–Significa que su hija tiene un don extraordinario. Y cuando cumpla once años de edad podrá atender al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería con Harry y otros niños mágicos en las islas Británicas.
–¿Colegio Hogwarts… de Magia y Hechicería?
Dumbledore asintió.
–Así es. Yo soy el director.
Eso también los sorprendió. Sin comprender el pequeño tamaño del mundo mágico los muggles frecuentemente no entendían los múltiples trabajos de Dumbledore, y su actual visita no era incluida en la descripción de ninguno de ellos.
–Si eso es cierto, ¿qué está haciendo aquí?
–Como dije, soy un amigo de la familia del joven Potter…
Los ojos de Emma relampaguearon y la mirada de su marido se tornó seria.
–Y le dijimos que no queremos saber nada de los terribles tíos del pequeño –dijo ella.
–¿Qu…? Disculpe, Sr. Granger. No me expliqué bien. Quise decir que era amigo de sus padres. –La mente de Dumbledore estaba tratando de comprender el último comentario de Emma, pero no tuvo tiempo de cuestionarla al escuchar el susurro del pequeño niño.
–¿Usted conoció a mis padres?
Todas las miradas se dirigieron a Harry. Dumbledore conjuró un taburete y se sentó en frente de él, ocasionando que todos en el cuarto dieran un paso atrás.
–Así es, Harry –le dijo con voz amable–. Tus padres fueron buenas personas y a todos nos dolió cuando murieron.
Los ojos de Harry se abrieron aún más en sorpresa… y confusión.
–Pero… pero… pero tía Petunia dijo que… –hizo una mueca de concentración tratando de recordar las palabras exactas–. Que ellos eran unos borrachos buenos para nada y que murieron en un accidente de auto.
–¿Qué? –Exclamó Dumbledore levantándose nuevamente–. ¿Quieres decir que no te dijeron?
–¿Decirme qué señor?
–¿Por qué habrían de decirle algo? –Exclamó Emma–. Apenas y lo alimentaban.
–¿Disculpe?
–Sí, si era tan buen amigo, ¿por qué nunca comprobó su situación? –Agregó Dan.
–Yo…
–¡También lo obligaron a dormir en una alacena! –Gritó la pequeña. Había tomado la mano de Harry ya que él había comenzado a llorar.
–¡Basta! –Una pulsada de energía salió de la varita de Dumbledore obligando a todos a sentarse. Los Granger estaban sorprendidos ante la muestra de poder, aun cuando fuera mínima para el mundo mágico. Elevó su varita, pero titubeó por un momento. Prefería no hacer eso a otra familia nuevamente, aunque no parecía haber opción. Tenía que descubrir que había ocurrido y analizar el riesgo para el niño. Tomaría toda la información que pudiera de sus mentes, borraría sus memorias de la mañana, y llevaría a Harry a casa.
Pero mientras observaba a cada uno de los Granger algo que vio le perturbó; quizás fuera lo que Harry les había dicho. Aun sabiendo lo que conocía de Petunia Dursley gracias a su visita en septiembre, las historias del niño sobre sus familiares eran sorprendentes. ¿Acaso no fueron los encantamientos desmemorizadores los que habían cambiado su comportamiento de tal manera dos meses antes? Parecía increíble, pero no podía encontrar señal de falsedad o encantamientos en la mente de los Granger, e incluso su hija había escuchado un poco. ¿Qué tipo de personas haría algo así a su sobrino?
Con trepidación observó en la mente de Harry. Era de alto riesgo ya que el contacto vía legilimancia ponía a riesgo los secretos de Dumbledore, pero si la situación había sido tal, necesitaba saberlo; y estuvo abatido al saber que así había sido. Buscó la noche cuando Harry escapó de los Dursley y el rompecabezas tomó forma: el maltrato en casa, los golpes, la magia accidental (los desmemorizadores del ministerio debieron de ser quienes lo habían cubierto), y la transformación en gato para escapar. Tendría que tener una larga conversación con esas personas.
–Parece que hay ciertos problemas con la situación del joven Potter que necesitan ser solucionados –dijo, sus anfitriones aún más molestos por la simpleza de sus palabras–. Aunque seguramente hay fricciones en la familia, y quizás no hayan sido monitoreados adecuadamente, estoy seguro que… una revisión de las circunstancias en el hogar lograrán…
Se detuvo cuando un pensamiento terrible llegó a su mente. Si el amor en verdad era el poder que Voldemort no conocía, como él sospechaba, entonces quizá había puesto todo en riesgo al colocar a Harry en ese ambiente. Una conversación con sus familiares haría que lo trataran mejor, pero no curaría la enfermedad. Tendría que tomar medidas más drásticas… ¡No!
No, eso era algo que no podía hacer. Dumbledore se sentó en el taburete nuevamente, su confianza derrumbada. ¿Acaso se había vuelto tan manipulador en esos años? El sólo realizar la pregunta le hizo saber que había llegado muy lejos. Encantamientos de compulsión y pociones para controlar la mente y lograr que el niño permaneciera en esa casa era lo que Gellert haría. Tendría que crear un plan nuevo para mantener al niño seguro, y rápido. Hasta entonces, supuso que los Granger serían una buena familia para cuidarlo… por el momento… Aun podría borrar sus memorias, a pesar de que el hechizo ahora le dejaría un mal sabor de boca.
Lanzó un leve encantamiento de confusión para cubrir el hecho de que había estado observándolos por más de un minuto y realizado algo inadecuado, y les explicó:
–Sr. y Sra. Granger, no suelo cometer errores, pero temo que he cometido uno muy grave en lo que se refiere al pequeño Harry. Siento que para poder explicar debo de comenzar desde el principio. Es una historia oscura y que preferiría no sacar a luz, pero ya que se refiere a su familia, supongo que él merece saber algo de lo que ocurrió.
¿Más oscuro que morir en un accidente de auto? Se preguntaron los Granger. Dan miró a Harry, después a Hermione, y nuevamente a Harry.
–Adelante –dijo con precaución.
Dumbledore observó al pequeño en frente de él y comenzó a hablar en términos que un niño de cinco años pudiera comprender.
–Harry, lamento que tengas que escucharlo de esta manera, y de un extraño, pero tus padres no murieron en un accidente de auto… ellos fueron asesinados por un mago muy malo. –Ambos niños dejaron salir un grito ahogado–. El nombre del hechicero era Voldemort, quien ya había matado a muchas personas. Tus padres pelearon en su contra, junto conmigo y muchos otros amigos, y por eso es que Voldemort decidió matar a toda tu familia, incluso a ti Harry.
–¿Qué? –Exclamaron Dan y Emma. Hermione dejó salir un chillido y tomó la mano de Harry nuevamente.
–¿Qué… qué ocurrió señor? –Susurró Harry con una expresión de miedo.
–Desapareció. Ni siquiera sus seguidores saben que ocurrió. Muchas personas creen que murió. Nadie sabe cómo es que tú sobreviviste Harry. Sólo puedo adivinar que fue el amor de tu madre ya que murió protegiéndote… y el amor es la magia más poderosa que hay y lo que te pudo haber salvado de la maldición de Voldemort. Fue esa maldición la que te dio esa cicatriz.
La mirada de Harry denotó su sorpresa mientras se tocaba la marca en su frente con un dedo.
–Pero aun después de que Voldemort desapareció tú estabas en peligro ya que sus seguidores podrían ir tras de ti en venganza. Como una de las personas en las que tus padres más confiaban, fue mi deber protegerte. Los únicos familiares con vida de tu madre eran tu tía y tu primo. Yo te entregué a ellos porque así pude colocar protecciones mágicas poderosas que te mantendrían a salvo. Mientras vivieras con tu tía, nadie que quisiera hacerte daño podía entrar.
–No funcionaron –explotó Dan–. Obviamente no lo protegían de las personas que ya estaban ahí.
–No –dijo Dumbledore con tono decaído–. Confieso que nunca consideré la posibilidad. He visto mi error basado en lo que han dicho. Sí tenía a alguien observando la situación… Harry, ¿conoces a Arabella Figg?
–¿La Sra. Figg…? Ella es mala. –Harry se sorprendió a sí mismo al tener el valor de decir eso en voz alta. Estaba preocupado por la reacción del hombre extraño, pero él sólo levantó una ceja.
Dumbledore agregó el visitar a Arabella Figg a su lista mental de cosas por hacer. En cualquier caso, parecía que había fallado en ver las señales de advertencia. Quizás debiera haber encontrado a un squib con niños para vigilarlo. Estaba a punto de responder a las acusaciones que faltaban de los Granger cuando escuchó sonar el timbre de la entrada.
Emma parpadeó y dijo:
–Ese debe de ser el trabajador social. –Se levantó a abrirle.
–Sra. Granger –la llamó Dumbledore y ella lo miró por un momento–. Le pido que no mencione nada sobre la magia a las autoridades no-mágicas.
Emma le lanzó una mirada de molestia.
–Veremos –respondió.
–Como si su atuendo no dijera lo suficiente –dijo Dan.
Dumbledore consideró eso y agitó su varita. En unos segundos había transformado su túnica en un traje de negocios muggle.
Dan sacudió la cabeza nuevamente.
–¿Hace eso todo el tiempo? –Preguntó.
–Sólo cuando es necesario –Respondió el anciano mientras utilizaba un encantamiento rápido para trenzar su largo cabello, aunque no tocó su barba, y movió su taburete al lado del sillón donde se encontraba Dan. Hermione observó con admiración el hechizo para arreglarse el cabello. El traje mejoraba su imagen, aunque Dan pensó que la barba lo hacía ver lo suficientemente ridículo.
Emma regresó junto a la trabajadora social, una mujer mayor de aspecto maternal que cargaba varios documentos.
–Sí, Sra. Wilkins, él está aquí… –pero se detuvo al observar el nuevo aspecto del anciano.
–Sr. Granger, señorita Granger, y supongo que él es el joven Potter –dijo dirigiendo su mirada a cada uno en turno para después prestar su atención en Dumbledore–. ¿Y usted es…?
Se levantó y tomó la mano de la trabajadora. Un leve uso de legilimancia (también se comenzaba a preguntar sobre su uso de ese hechizo), y creó una historia que esperó que la mujer creería.
–Mi nombre es Albus Dumbledore. Fui el encargado del caso cuando el señor Potter fue ubicado la primera vez. Tuve suerte de estar en el vecindario cuando la oficina me informó que había sido encontrado, así que vine personalmente para discutir el tema.
–¿Dumbledore? –Preguntó la mujer. Nunca había escuchado de alguien con ese nombre antes, fuera o dentro de la oficina, sin mencionar que no lo estaba esperando–. ¿Tiene la documentación del evento? –No notó las expresiones de sorpresa de los Granger al ver que tan fácil Dumbledore se adaptaba a su papel.
Colocó su mano dentro de su saco y tocó su varita para conjurar los documentos de custodia muggle necesarios y una tarjeta de presentación. Afortunadamente, la mujer tenía una imagen clara en su mente de lo que estaba esperando. Le entregó los documentos y la mujer los observó con escepticismo, pero pareció aceptarlos.
–Muy bien, Sr… Dumbledore –dijo, para después dirigirse a todos los adultos–. ¿Sería posible hablar con los tres pos unos minutos sin los niños presentes?
Emma volteó a ver a su hija.
–Hermione, ¿puedes llevar a Harry a tu cuarto por favor? –La niña claramente quería quedarse y escuchar, pero tomó a Harry de la mano y subieron las escaleras.
Dan sonrió a pesar de sí mismo. Cuando notó la mirada de su esposa explicó:
–Acabas de enviar a tu hija con un varón a su habitación.
Ella sólo sacudió la cabeza.
–Tiene seis años Dan. Ahora, señorita Wilkins –dijo, dirigiéndose a la trabajadora social–, ¿cuál es la situación?
La señorita Wilkins revisó sus notas y comenzó a hablar, lanzando una ligera mirada de molestia a Dumbledore:
–Puedo reportarles, Sr. y Sra. Granger, que Vernon y Petunia Dursley, los guardianes de Harry Potter, han sido arrestados por abuso y negligencia infantil. La investigación aún está en proceso, pero la policía encontró una cama en la alacena debajo de las escaleras. También encontraron manchas de sangre en dicha alacena y lo que parecía decir "Cuarto de Harry" garabateado en la pared. Parece que sólo dos de las habitaciones estaban en uso a pesar de ser una casa de cuatro cuartos. El hijo de los Dursley ha sido puesto bajo la protección del estado. Aparentemente, tiene significante sobrepeso. –Al igual que los Granger, ella también había notado lo pequeño que Harry lucía.
–Los Dursley mantienen que "están muy preocupados porque su sobrino escapó", pero también expresaron disgusto por tener que cuidarlo. No hay nada definitivo, pero sospecho que estarán dispuestos a dejarlo en manos del sistema de cuidado tutelar –concluyó.
Dumbledore escuchó todo en silencio. Parecía que el ambiente en el que había dejado al niño era en verdad tan malo como sus memorias mostraban. Oh, como quisiera haber escuchado a Minerva cuatro años antes. No, que el niño regresara a ese lugar haría más daño que nada, si es que pudiera lograrlo. Pero dejar a Harry en manos del sistema de cuidado tutelar sería desastroso. Recordó a otro niño que había sido herido por el sistema hacía muchos años. Tendría que encontrar un hogar permanente para el niño, uno con una familia amorosa y una casa que pudiera ser protegida, y tendría que convencer a las autoridades muggle de aceptarlo. Había unas cuantas familias en las que confiaba que aceptarían a Harry con gusto. Desafortunadamente, todas eran parte del mundo mágico, pero no tenía opción.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando, para su sorpresa, la señorita Wilkins le habló directamente:
–Sr. Dumbledore, ¿pudiera decirme cómo llegó el niño con tales guardianes?
Dumbledore suspiró. Con suerte, su explicación no causaría ningún problema.
–Los padres de Harry Potter murieron… víctimas de un ataque terrorista cuando tenía quince meses de edad. Los Dursley eran sus únicos parientes con vida y consideré que quizás sería lo mejor para él quedarse con ellos. Admito que tuve ciertas dudas al momento, pero no había nada que contradijera la idea. Ahora me doy cuenta que cometí un grave error en mis acciones.
–Debió de haber por lo menos una visita de seguimiento cada año –continuó la señorita Wilkins con sospecha–. ¿Qué ocurrió entonces?
–Las hubo. –Bueno, era casi cierto, pensó, ya que Arabella sí lo había visitado unas cuantas veces–. Nuevamente, no hubo nada de consideración.
–Mm… –Se dirigió nuevamente a los Granger–. ¿Y el niño afirma que sólo lo golpearon recientemente?
–Por su tío –aclaró Dan–. Aparentemente, se peleó en varias ocasiones con su primo. Pero durmió en la alacena desde el principio.
–Ya veo –había tomado notas mientras hablaban y verificado varios puntos clave–. Ahora, Harry Potter fue reportado como desaparecido por Vernon Dursley el viernes 13 de septiembre. ¿Dio alguna indicación de dónde ha estado durante las últimas siete semanas?
–Afirma que estuvo viviendo en las calles –dijo Emma. Todo tomó más sentido después de verlo transformarse en gato, y se dio cuenta que Dumbledore tenía razón… nunca podría explicarlo–. Me sorprende que se vea tan bien después de tanto tiempo. No lo dijo, pero creo que ha estado comiendo de la basura. –¿O atrapando ratones? Se preguntó, tratando de controlar la ansiedad que eso le daba.
–Debería de ser examinado por un médico inmediatamente –ordenó la señorita Wilkins–. Tiene suerte que no se congeló considerando las noches que hemos tenido. ¿Ustedes son dentistas? –Ellos asintieron–. Necesitará sus dientes examinados, y supongo que nunca ha ido con un oftalmólogo… No que ustedes requieran continuar involucrados, por supuesto, tengo planeado llevarlo a un hogar de grupo esta tarde para que pueda ser examinado el lunes.
Dan y Emma compartieron una mirada por un largo tiempo, aunque Dumbledore no lo notó ya que eligió ese momento para entrar en acción.
–Señorita Wilkins –dijo–, considerando lo ocurrido, creo que sería lo mejor para el pequeño el encontrar un lugar rápidamente. Tengo unas cuantas ideas para esto, amigos de sus padres, y le puedo asegurar que serán minuciosamente investigados esta vez.
La mujer lo miró con sospecha. Esto no iba a ser fácil.
–Si presenta los documentos adecuados estaré segura de considerar sus recomendaciones, Sr. Dumbledore –le respondió.
La señorita Wilkins realizó unas preguntas más a los Granger de cómo conocieron a Harry esa mañana "para el reporte oficial", lo cual manejaron sorprendentemente bien, y de lo que les dijo Harry antes de pedirle a los niños que bajaran.
–Yo iré por ellos –dijo Emma antes de que alguien pudiera decir algo.
La puerta de la habitación de Hermione estaba abierta, aunque ningún niño notó cuando Emma entró. Para su sorpresa, Hermione y Harry estaban jugando un juego de mesa en lugar de estar leyendo, aunque eso la hizo dudar si Harry podía leer. Por otro lado, ¿podía jugar juegos de mesa? Hermione estaba obviamente acabando con él.
–Niños… –Ambos levantaron la mirada–. Hemos terminado de hablar con la señorita Wilkins y quiere hablar con Harry. Probablemente también tenga unas preguntas para ti, Hermione. –Se acercó un poco más a Harry y se puso a su altura–. Harry, la mujer abajo va a hacerte unas preguntas acerca de cómo te trataban tus familiares durante el tiempo que viviste con ellos. A lo mejor querrá hablar contigo a solas, pero está bien. No va a lastimarte. Sólo dile la verdad de tus parientes. No tienes que volver con ellos pronto, y probablemente nunca, así que puedes decirle todo… pero… pero no le hables de magia ni de ser un gato porque… pues, no te creerá. Hablaremos de eso un poco más, tal vez más tarde, con el Sr. Dumbledore. ¿Está bien?
–Sí, señora –respondió un poco rápido. Ella recordó que había mencionado tener que actuar "normal" con sus familiares.
Asintiendo levemente, Emma dirigió a los niños abajo.
La señorita Wilkins habló primero con Hermione, preguntándole acerca de su encuentro con Harry esa mañana y de lo que habían hablado desde entonces. Ella respondió las preguntas con cuidado bajo la mirada de sus padres. La mujer realizó una serie de preguntas a Harry antes de pedirle que hablaran en la cocina.
Dan y Emma tomaron eso como su señal, se miraron y se pusieron en pie.
–Harry, el Sr. Granger y yo vamos a ir arriba a hablar también –dijo Emma, mirando de reojo a Dumbledore quien estaba sentado en silencio leyendo una revista–. Cuando termines, la señorita Wilkins puede llamarnos si es que no hemos regresado, ¿está bien?
–Si, señora.
–Bien. Vamos Hermione –agregó, no queriendo dejar a su hija sola con el anciano. Los Granger subieron las escaleras, pero se separaron para ir a sus respectivas habitaciones.
Albus Dumbledore estaba sentado en silencio, definitivamente no leyendo la revista en sus manos. Continuó analizando en su mente lo que había ocurrido durante las últimas horas. Se sentía aliviado al saber que el niño estaba a salvo, horrorizado ante las circunstancias que lo habían llevado ahí, y maravillado ante la determinación de los Granger a ayudarlo, aún después de que eso los había forzado de manera drástica a aprender del mundo mágico. Pensando a futuro, tendría que reportar que había encontrado a Harry (y como temía tener que enfrentarse a Minerva cuando regresara al colegio) y encontrarle un nuevo hogar, probablemente teniendo que trabajar un poco para acelerar el proceso en el lado muggle.
Escuchó a medias a través del hechizo de espionaje que había puesto sobre Harry. Eso no era técnicamente inadecuado, ya que él iba a ser el guardián mágico del niño, aunque estaría seguro de no mencionar eso cuando el tema saliera a relucir. La señorita Wilkins preguntó todos los detalles de los incidentes de abuso que Harry podía recordar. El respondió con sorprendente calma, y la trabajadora social lo tranquilizó con gran habilidad cuando parecía estar a punto de comenzar a llorar. La entrevista duró un tiempo, y los Granger regresaron antes de que terminara, aunque lucían extrañamente tranquilos.
Finalmente concluyó y la señorita Wilkins regresó de la cocina con un Harry visiblemente molesto, quien se sentó junto a Hermione en el sofá suspirando un poco. La mujer se paró en medio de la habitación y se dirigió al grupo–. Sr. y Sra. Granger, quiero agradecerles por reportar esto hoy. Sé que le han dado un gran servicio a Harry. Lo que va a ocurrir ahora es que lo llevaré a un hogar de grupo por el fin de semana a esperar un hogar más permanente. En el raro evento de que sus familiares contiendan la pérdida de sus derechos de custodia, ustedes pudieran ser llamados como testigos. Y en el aún más raro evento de que vaya a juicio, pudieran ser llamados a estar presentes ahí también. Sr. Dumbledore, ¿pudiera enviarme por correo sus documentos relacionados a Harry? Lo contactaré si necesito que haga una declaración formal.
Dumbledore asintió con alivio cuando no realizó preguntas que no pudiera responder. Esto por los menos le daba tiempo de crear algo realístico para las autoridades muggle.
–Bien. Ahora, si no hay nada más, será mejor que nos retiremos. Gracias por su tiempo.
–De hecho, señorita Wilkins –la interrumpió Emma–, Harry puede quedarse aquí hasta el lunes.
La mujer se dio la vuelta con sorpresa.
–Oh, lo siento Sra. Granger –respondió–, pero aunque sea por corto plazo, necesita tener licencia.
–Oh, pero tenemos licencia –respondió Dan mientras se ponía de pie y caminaba al escritorio, donde comenzó a buscar entre sus documentos–. Obtuvimos una licencia hace unos cuantos años, pero nada resultó de eso. Todavía debiera de estar al día… ah, aquí está. –Le entregó el documento.
La señorita Wilkins lo analizó y notó que la licencia de cuidado tutelar estaba al día. Se sorprendió y sonrió ante la situación. Eso haría su día un poco más sencillo, y probablemente sería mejor para el niño también. Abrió un folder y sacó el formulario adecuado. Lo llenó rápidamente con el nombre de Harry y otra información.
–Esto es muy generoso de su parte –dijo entregándoles el formulario–. Si están seguros, sólo firmen aquí. –Cuando tomó el formulario de vuelta, se dirigió a Harry–. Harry, te quedarás con el Sr. y la Sra. Granger este fin de semana. Volveré el lunes, y decidiremos que hacer entonces.
–Sí, señora –dijo Harry con una voz que no denotaba ni felicidad ni decepción. Estaba aturdido por todas las extrañas revelaciones y todas las preguntas sobre sus tíos. Por supuesto, estaba feliz al no tener que regresar a ese lugar y poder quedarse con quienes parecían ser buenas personas, pero estaba acostumbrado a esconder su felicidad por miedo a que le pudiera ocasionar problemas.
Dirigiéndose a los Granger por última vez, la señorita Wilkins dijo:
–Muchas gracias. Y por favor, traten de bañar al pequeño, encuéntrenle ropa decente, y denle una comida caliente. No creo que haya disfrutado de nada de eso por un largo tiempo. Buenas tardes.
En cuanto se fue la mujer Dumbledore sacó su varita y regresó su vestimenta a su apariencia "normal."
La boca de Emma permaneció abierta por unos segundos mientras vacilaba entre varias preguntas. Al final se decidió por:
–¿Por qué se vistió de tal manera, Sr. Dumbledore? –Su hija rio.
Luciendo un poco molesto, el anciano respondió:
–Siempre he considerado que los colores brillantes tienen mejor estilo.
Emma sólo sacudió la cabeza al comentario mientras que Dan continuó:
–Estoy seguro que puede adivinar que aún tenemos muchas preguntas, y no sólo sobre Harry, pero por ahora, parece que tenemos que ir de compras. ¿Habría la posibilidad de que regrese más tarde? ¿En dos o tres horas?
Dumbledore estaba reacio a involucrar a la familia muggle aún más en el mundo mágico tanto tiempo antes de que su hija ingresara a Hogwarts, pero cuidarían de Harry el fin de semana, lo cual sería bueno para él. Dumbledore podía ir al castillo y regresar más tarde sin problema.
–Sr. Granger –dijo con una sonrisa algo forzada–, por Harry Potter, felizmente cancelaré cualquier otro compromiso. Informaré a otros magos y brujas que están buscando a Harry que ha sido encontrado y regresaré en tres horas.
–¿Vendrá alguien más en su búsqueda? –Preguntó Dan.
–Les indicaré no hacerlo. Harry, estoy muy contento de saber que estás a salvo aquí. Hablaremos más tarde. Buenas tardes. –Y con un ruidoso crack, Albus Dumbledore desapareció.
–¡Vaya! –Exclamaron Dan y Emma.
–¿No crees que simplemente se va a aparecer de vuelta… aquí? –preguntó Emma.
–Si lo hace, tendré que enseñarle modales. Ya es suficiente que haya venido sin previo aviso. Vamos, tenemos tres horas, hay que arreglar a Harry.
Albus se apareció en las puertas de Hogwarts y rápidamente entró al castillo y caminó a su oficina, asegurándose de hacer llamar a Minerva en el camino. Probablemente lo mejor sería dejarlo de lado de una vez.
Minerva McGonagall llegó a la oficina del director unos cuantos minutos después, y fue perturbada por la expresión en su rostro. Dumbledore tenía esa mirada cansada y preocupante que siempre significaba que algo había salido mal. Una docena de escenarios diferentes pasaron por su mente antes de que siquiera pudiera decir algo.
–Albus, ¿qué ocurre? –Le preguntó–. ¿Encontraste al niño? ¿Está bien?
Albus levantó la mirada, pero no se levantó de su asiento.
–Minerva... sí, así es, encontré a Harry Potter, y él está, por el momento, a salvo. Pero me temo que te debo una gran disculpa.
–¿Por qué, Albus? –Dijo con alivio al escuchar la noticia.
–Debí de haberte escuchado hace cuatro años. Tú tenías toda la razón. Harry nunca debió de haber ido a vivir con sus tíos.
Su alivio rápidamente se convirtió en ira mientras se acercaba al director, inclinándose y poniéndose al nivel de sus gafas con forma de media luna.
–¿Y apenas te diste cuenta? Debiste de haberlo notado esa noche. ¿Qué le hicieron esas horribles personas al pequeño?
–Nada irreversible, creo, pero somos afortunados de que haya escapado cuando lo hizo. Me sorprendió como trataban a Harry como a un elfo doméstico a pesar de ser muggles.
–¿Elfo doméstico? ¿Escapar? –Minerva se sentó finalmente–. Albus, creo que lo mejor será que me expliques todo.
Mientras Albus le explicaba como los muggle habían tratado a su propio sobrino, la sangre de Minerva comenzó a hervir. Estaba prácticamente gruñendo. Estuvo a punto de volar a Little Whinging y ponerles un maleficio pero fue calmada por la noticia de que habían sido arrestados por las autoridades muggle.
–Bien, parece que en verdad cometiste un terrible error, Albus. Tienes suerte de que ha sido arreglado. Aunque nada de esto explica cómo es que no pudiste encontrar al niño por siete semanas.
Inexplicablemente, una pequeña sonrisa apareció en el rostro del director y el brillo regresó a sus ojos.
–Ah, esa es la parte interesante –dijo–. Me sorprendió que pudiera desaparecer y aparecer de tal manera, pero parece que no tomé en cuenta un cierto método para ocultarse cuando realicé el encantamiento de rastreo.
–¿Qué método? ¿Dónde ha estado el niño?
–Parece que Harry Potter pasó las últimas siete semanas en las calles de Inglaterra… como un gato.
–¿Un gato?
–Lo vi transformarse con mis propios ojos Minerva. Un gatito negro de ojos verdes, patitas blancas, y una cicatriz blanca en forma de rayo en su cabeza. Ya es un animago, y aparentemente lo consiguió por magia accidental. Así fue como escapó de la casa de sus tíos.
Minerva estaba sin palabras. Consideró lo que eso significaba, todo lo que sabía acerca de la transformación animaga, pero nada daba indicación a la posibilidad de una aptitud como tal de nacimiento o durante la infancia.
–No había escuchado de nada así –concluyó–. Debiera de ser imposible.
–También sobrevivir el maleficio asesino –dijo Albus con solemnidad. ¿Pudiera ser ese el poder que Voldemort no conoce? Se preguntó. ¿Es que pudiera haber estado equivocado sobre eso también? No por primera vez, o última, consideró en confiar en Minerva el contenido de la profecía, pero nuevamente decidió en contra. Mientras menos personas supieran ese detalle, mejor–. Estoy comenzando a sospechar que conceptos de lo que es normal o posible no aplican a Harry Potter. Pero no creo que esto sea algo que debamos de mencionar a nadie. Creo tampoco Severus tiene necesidad de saberlo.
Minerva asintió. Nunca le había dicho a Severus o a sus rivales que sabía acerca del incidente que había tomado lugar durante su sexto año, o que sabía que los merodeadores eran animagos; y sabía que esto no era el tipo de noticia que Severus tomaría bien.
–Harry apareció esta mañana porque encontró a una bruja hija de muggles de su edad y aparentemente se transformó para hablar con ella –continuó–. Lo encontré con la familia de la pequeña. Me explicó que pudo oler su magia, así como la mía. ¿Sabes algo acerca de eso?
Eso era algo que podía contestar.
–Por supuesto. Los gatos son muy sensibles a la magia. Creo que son mejores que cualquier otro animal no-mágico porque todos los gatos tienen un poco de sangre de kneazle en ellos. Es por lo que son tan populares con los hechiceros. Es una habilidad muy útil de tener, aunque raramente tengo necesidad de ella.
–Ah, eso resuelve ese misterio. Por supuesto, modificaré mi encantamiento de rastreo para encontrar al pequeño en su forma felina.
Minerva no había estado a favor de colocar un encantamiento de rastreo en el pequeño además de la traza del ministerio, pero los eventos de los últimos dos meses la habían convencido de su necesidad. A pesar de sus errores, Albus sabía lo que hacía.
–¿Qué ocurrirá con el niño ahora? –Preguntó.
–La trabajadora social muggle desea transferir a Harry al sistema de cuidado tutelar, lo cual no puedo permitir. Aunque sería mejor, temo que no sería lo suficiente para reparar el daño causado por sus familiares. El niño necesitará una familia permanente, y pronto, probablemente una familia mágica para que podamos asegurarnos que tenga los mejores cuidados. Andrómeda Tonks es pariente lejano, y ella y su esposo probablemente estarían dispuestos a cuidarlo. De lo contrario, quizás los Diggory o los Weasley estarían interesados.
¿Harry Potter creciendo en el caos del hogar Weasley? Eso sería… interesante.
–Tuve suerte ya que la familia muggle que lo encontró estuvo dispuesta a cuidarlo por el fin de semana. Hablaré con ellos un poco más en unas horas. Ah, Minerva, una vez que el pequeño tenga una familia arreglaré que vayas a conocerlo y hablar con él acerca de su transformación.
–Sí… gracias Albus. Creo que eso sería útil. –Y le daría la oportunidad de cuidar al niño personalmente de ahora en adelante.
–Muy bien Minerva, eso es todo lo que requiero por ahora. Debo de ir a informar a Severus que el pequeño ha sido encontrado.
–Por supuesto. –Mientras se retiraba se preguntó si el profesor de pociones estaría aliviado o molesto por la noticia.
