Harry Potter y todos los personajes son propiedad de JK Rowling, y la historia le pertenece a White Squirrel, quien muy amablemente me ha dejado traducirla.


Capítulo 4

La tarde de Harry fue un torbellino de experiencias nuevas. La Sra. Granger comenzó dándole un baño. A Harry se le hizo incómodo ya que, aunque la tía Petunia lo había hecho hasta que fue lo suficientemente mayor, nunca fue gentil al hacerlo; pero Emma sabía que un niño de su edad no debía de estar en el baño por sí solo. Después de eso subieron al automóvil y fueron de compras. Harry nunca había visto el interior de una tienda departamental, y ciertamente tampoco había tenido a alguien que le comprara ropa, pero no se fueron hasta que habían adquirido tres juegos completos de prendas y un par de tenis nuevos. Cuando regresaron a la casa se quitó la ropa vieja y grande de Dudley y se sorprendió de lo cómodo que era su atuendo nuevo, especialmente porque era de su talla.

El desconcierto continuó ya que los Granger le permitieron sentarse en el sillón y ver televisión con ellos hasta que regresara el Sr. Dumbledore. Pensó que cambiarían de opinión, pero nunca lo hicieron. Los Granger en verdad parecían ser buenas personas, no sólo buenas como el tío Vernon y la tía Petunia eran con Dudley, sino que buenos de una manera que él nunca había visto en personas y de la que apenas había escuchado debido a su exposición limitada a personas ajenas a la familia. Le tomaría un tiempo entender que era simplemente porque eran una familia normal; más normal, de hecho, de lo que los orgullosos Dursley en verdad eran. Por ahora, estaba bastante ocupado tratando de procesar todos los cambios en su vida. Incluso, casi tenía la tentación de cambiar de vuelta a su forma felina para que las cosas fueran más sencillas… casi. La calidez del hogar era definitivamente mejor en ese momento.

Exactamente tres horas después de que Albus Dumbledore desapareciera de su salón, sonó el timbre. Dan se levantó a abrir la puerta mientras que Emma tomó el cuaderno en el que había estado escribiendo preguntas toda la tarde.

–Muchas gracias por regresar, Sr. Dumbledore –dijo Dan con frialdad cuando notó que su visita había regresado con el mismo atuendo ridículo.

–Por supuesto, Sr. Granger. ¿Cómo se encuentra el pequeño Harry?

–Mucho mejor ahora que está limpio y tiene ropa adecuada. Pero si no le importa, mi esposa y yo quisiéramos hablar con usted en privado antes de que usted hable con él.

Dumbledore reprimió un suspiro. Era obvio que los Granger no le iban a hacer las cosas fáciles. Pero bueno, ya era muy tarde para hacerse para atrás, y después de todo, se suponía que todos estaban del mismo lado. Asintió y les permitió guiarlo.

Emma les dijo a los niños que subieran nuevamente, algo que estaba comenzando a molestar a Hermione, pero en lugar de sentarse en el salón dirigieron a Dumbledore a la cocina. Los observó mientras tomaban asiento: ambos en frente de él y del otro lado de la mesa, claramente tratando de colocarse en una posición de poder. También notó que Emma tenía abierto un cuaderno muggle con una susbtancial lista de preguntas escritas en una página.

–Bien, primero lo primero –dijo Dan no dejando duda que habría más cosas por venir–. ¿Cuáles son sus intenciones respecto a Harry? –Emma contuvo una risita ante lo dicho, y tampoco señaló que eso era lo que se suponía debía de preguntar respecto a Hermione–. Usted dijo que tenía ideas de donde ubicarlo. Espero que nos perdone, pero aún con confiamos en su buen juicio.

–Los entiendo perfectamente. –Dumbledore no estaba acostumbrado a estar en la posición del interrogado, pero ese día había demostrado ser una lección de humildad–. Puedo decirle que quisiera que Harry se quedara con una familia mágica. Tengo varias familias en mente, amigos y conocidos míos, con sus propios hijos que son tratados bien, y cualquiera de ellos sería feliz de cuidar de Harry.

–Está bien que sean sus amigos, pero hemos visto lo mal que ha estado antes. ¿Qué tan seguro está de que podrán cuidar a un niño adoptado?

–Sr. Granger, le aseguro que cualquier familia en el mundo mágico haría lo posible por la oportunidad de adoptar a Harry, e incluso, lo consentirían considerablemente.

–¿Por qué lo dice? –Preguntó Emma.

–Porque Harry Potter es probablemente la persona más famosa en el mundo mágico de Gran Bretaña. –Dumbledore siendo el único rival, pero eso no tenía importancia.

Dan y Emma parpadearon unas cuantas veces ante eso sin estar seguros de cómo responder.

–¿Famoso…? ¿Cómo es eso posible?

–En nuestro mundo, Harry es conocido como El Niño Que Sobrevivió. Es considerado un héroe por derrotar a Voldemort, aun cuando no fue él quien lo hizo. Hay muñecos de Harry Potter a la venta en todas las tiendas mágicas, y hay una serie de libros para niños acerca de él muy popular, que por supuesto es pura fantasía.

–¿Está bromeando? –Dijo Dan–. El niño tiene cinco años. De acuerdo a usted no ha sido visto en "su mundo" desde que tenía uno. ¿Acaso los magos son tan ridículos, o es una broma muy pesada?

–Quisiera que lo fuera, Sr. Granger –Dijo Dumbledore en un suspiro–. Me temo que la euforia causada por el fin de la guerra era inevitable. Tenía la esperanza de que el criar al pequeño en el mundo muggle, quiero decir, el mundo no-mágico, le daría un poco de humildad. Desafortunadamente, mi plan falló por completo.

–¿Así que ahora lo quiere enviar sin apoyo alguno a un mundo donde ya es famoso y del que no sabe nada?

–Como dije, hay familias en nuestro mundo en quienes confío sabrán educar a Harry adecuadamente. De hecho, tiene una prima lejana en la familia de su padre que considero sería ideal. Y en el mundo mágico podré visitar al pequeño regularmente para asegurarme que no tenga problemas adaptándose.

–¿Cómo pudo y debió de hacerlo? –Reclamó Emma.

Dumbledore bajó la mirada.

–Admito que he dejado mucho a la suerte. Desafortunadamente los Dursley eran la única opción fuera del mundo mágico. Sólo hay unas cuantas familias que saben de nosotros fuera de nuestro mundo.

Ambos Granger le dieron al anciano una mirada seria, pero Emma dijo:

–Concluyamos con este tema… por ahora.

Su esposo realizó la siguiente pregunta:

–Ahora, si nuestra hija va a formar parte de su mundo mágico algún día… lo cual aún estamos intentando comprender… entonces necesitamos saber más de éste. Díganos acerca del tal V… Vol…

–¿Voldemort?

–Sí, el terrorista. Sonó como a una persona terrible. ¿Sigue siendo una amenaza?

–Les aseguro de que no tienen que preocuparse por Voldemort.

–No nos hable con ese tono condescendiente, Sr. Dumbledore –dijo Dan–. Usted dijo que la mayoría de las personas lo consideran muerto. No suena a que usted lo crea.

Debió de saber que respuestas evasivas no funcionarían con ese par. Sanadores muggles eran cultos y entrenados a ser inquisitivos.

–No –respondió con una expresión seria–. Voldemort no ha sido visto desde esa noche, pero creo que lo ocurrido hace cuatro años sólo lo debilitó. Probablemente lo llevó al borde de la muerte y seguramente lo incapacitó permanentemente o ya hubiera regresado; pero aun así, hay rituales de magia negra que pudiera utilizar para restaurar su poder.

Dan tomó el obvio paso siguiente.

–Y usted cree que si regresa, ¿vendrá tras de Harry buscando venganza?

–Estoy seguro. Si hay algo que Voldemort no tolera es el perder. –Era lo suficientemente cierto.

–Pero, ¿un niño de cinco años? –Dijo Emma.

–Me temo que la edad nunca le importó. Atacó a un niño de un año por venganza y para prevenir que algún día venganza fuera tomada en su contra. No tolera cabos sueltos. Simplemente no está en su naturaleza. Pero eso si encuentra la manera de regresar, lo cual pudiera tomar años, o quizás nunca pase.

No parecieron convencidos por sus palabras.

–¿Y los seguidores que mencionó? Usted dijo que también pudieran querer venganza, ¿o no?

–Sí, aunque el riesgo por su parte es mínimo, por ahora. La mayoría fueron capturados y enviados a la prisión de Azkaban. Desafortunadamente hay algunos que escaparon gracias a sobornos o que se defendieron diciendo que fueron afectados por hechizos de control mental; y sin ningún ataque en los últimos cuatro años, sospecho que no quieren arriesgar sus contactos o poder en el gobierno por la posibilidad de que su amo pudiera regresar algún día.

–¿En el gobierno? ¿Quiere decir que hay terroristas en su gobierno? –Gritó Dan–. ¿Cómo puede permitir eso? –Comenzó a levantarse pero su esposa colocó su mano en su brazo para tranquilizarlo, aunque estaba tomando notas frenéticamente ante las últimas revelaciones.

Dumbledore tembló interiormente ante la (desafortunadamente cierta) acusación. Después de tantos años en el Wizengamot a veces olvidaba lo diferente que eran los gobiernos muggle y mágico.

–Sr. y Sra. Granger, no quisiera agobiar a su familia con el pasado…

–A mí no me suena a que sea el pasado –lo interrumpió Emma–, y vamos a aprenderlo ahora o después. No puede evitar que Hermione lea libros de historia.

–No puede evitar que Hermione lea ningún libro –agregó Dan.

–Este es nuestro mundo también, aparentemente, le guste o no –continuó Emma–. ¿No sería mejor si lo sabemos ahora?

–De acuerdo –dijo el anciano con solemnidad. Supuso que debieran de aprender las cosas en algún momento–. Por favor comprendan que lo que ustedes llaman terrorismo para nosotros fue una guerra civil. –Las cejas de ambos se elevaron al escuchar eso, pero no dijeron nada–. Hay un grupo en nuestra sociedad, pequeño pero con voz fuerte, que considera que la pureza de sangre mágica es de absoluta importancia. En sus creencias, personas descendientes de familias mágicas de varias generaciones son superiores a magos y brujas hijos de muggles… como su hija… y hasta cierto nivel superior a los mestizos, o personas que sólo tienen un padre de ascendencia mágica. Aun así, tanto Harry como yo somos mestizos, y si su habilidad singular es indicación, ambos somos magos competentes. Además, expedientes escolares muestran que los magos sangre pura no son más competentes que ningún otro. Sin embargo, el prejuicio perdura porque aquellos que lo mantienen se describen como sangre pura, descendientes de familias mágicas antiguas, ricas, y con influencia política.

Emma continuó tomando notas pero ninguno lo interrumpió.

–En la década de los sesenta un mago fanático que se hizo llamar "Lord Voldemort" comenzó a reclutar seguidores entre los sangre pura supremacistas. Voldemort creía que los magos y brujas nacidos de muggles no sólo debieran de ser tratados como inferiores, pero incluso debieran de ser asesinados. –Como hijos de padres que habían vivido durante la Segunda Guerra Mundial, Dan y Emma temblaron ante tal comentario–. Sus seguidores eran llamados mortífagos, y entre ellos, aunque lo negaron en registros oficiales, había por lo menos dos de los más ricos de los cincuenta miembros del Wizengamot (nuestro Parlamento), y un número considerable de trabajadores del ministerio. Voldemort era conocido por estar involucrado en las artes oscuras, pero no era considerado una amenaza en ese entonces, lo cual le permitió armar sus fuerzas.

Sim embargo, en 1970, mortífagos comenzaron a atacar a varios oponentes, como negocios conducidos por hijos de muggles. Continuaron reclutando y la violencia se expandió. Atacaron a familias de sangre pura que se asociaban con hijos de muggles, a quienes condenaron como "traidores a la sangre," y también atacaron a muggles. La mayoría de los ataques terroristas en las islas de Gran Bretaña entre 1970 y 1981 fueron iniciados por mortífagos. Los mortífagos utilizan máscaras para ocultar sus identidades, por lo que gracias a las numerosas acusaciones al final de la guerra y la falta de pruebas, los individuos con más influencias desafortunadamente lograron escapar seguimiento jurídico por sus crímenes. Las condiciones de nuestro gobierno en esa época tampoco ayudaron.

–¿Qué quiere decir? –Preguntó Dan.

–En 1980 la situación alcanzó el nivel de guerra civil. En su cuspe, Voldemort contaba con un ejército de cientos de seguidores y fue el causante de una época de terror que amenazó al ministerio de magia con la posibilidad de también afectar al resto del continente.

–Espere un momento, ¿un ejército de sólo cientos de personas amenazó a su gobierno? –Dan salió de su ofuscación–. ¿Cuántos magos hay?

–La población mágica de Gran Bretaña es de menos de diez mil personas.

Dan tuvo que reevaluar su visión del mundo mágico. Si diez mil personas eran un país, entonces sólo debía de haber un millón en todo el mundo. Y en una nación tan pequeña, un cuerpo policial o un grupo mediano de terroristas eran una armada; esfuerzos anti-terroristas eran una guerra civil. Unos cuantos malos actores eran una amenaza completa. Y una sola escuela mágica para la población de las islas británicas, a pesar de la organización, le daba un mal presentimiento ya que estaban poniendo todos sus huevos en una misma cesta.

–Así que su nación estuvo a punto de ser capturada… –puso todas las piezas en su lugar, apretando los puños al darse cuenta que Hermione ya había nacido en ese punto–. Y el genocidio de… hijos de muggles hubiera sido el siguiente paso… pero Voldemort intentó asesinar a Harry y fue derrotado. ¿Tan malo fue?

–Sí, Sr. Granger, me temo que así de malo fue.

–¿Y qué pasará si regresa? –Preguntó Emma en un susurro.

–A través de su filosofía, aún si no abiertamente, todavía es una poderosa influencia. Desafortunadamente, es posible que la misma situación tome lugar a menos que sea detenido rápidamente.

–¿Pudiéramos escaparlo? ¿Huir del país? ¿O acaso todos los magos tienen el mismo problema? –Dijo Dan rápidamente.

–A menos que Gran Bretaña caiga, sí, la mayoría de los demás países serían seguros. Con la excepción de Escandinavia, ningún otro país del primer mundo ha estado bajo la influencia de líderes del lado oscuro por varios años. Usted y su familia pudieran escapar prácticamente a cualquier lugar.

Emma realizó la pregunta final del tema, la única que esperaba no tener que expresar:

–¿Pero Harry no puede?

Dumbledore dejó de respirar por un momento mientras consideraba las implicaciones de que ella realizara esa pregunta. ¿Acaso estaban considerando…? pensó. Sería el resultado más afortunado para él. Desafortunadamente, la respuesta probablemente lo cancelaría.

–No –respondió con honestidad–. Como dije, Voldemort no acepta la derrota. Si regresa, perseguirá a Harry al fin del mundo.


Las preguntas continuaron por un largo tiempo después de eso. Hubo bastantes acerca de Hogwarts y alternativas a Hogwarts ya que parecía que Hermione ocuparía algún tipo de educación mágica. Esto llevó a más preguntas sobre cosas como la falta de asignaturas muggle en el currículo de Hogwarts y las razones por las cuales los hijos de muggles no eran contactados hasta los once años. Los Granger también preguntaron sobre la organización del mundo mágico y Dumbledore explicó el estatuto del secreto en detalle, entro otras cosas, y ellos admitieron a regañadientes que probablemente era una buena idea. Finalmente, tenían varias preguntas acerca de lo que podía hacer la magia, y Dumbledore pudo notar que eran preguntas sutiles para comprender para que servía la magia además de para ser asesinados por un maniaco.

El hecho de que por sus habilidades mágicas y gracias a la medicina mágica Hermione pudiera vivir hasta tener 150 años definitivamente era un beneficio, pero no estaban completamente convencidos de en qué país debía de vivir esos años. Al final de la conversación, Emma tenía páginas y páginas de notas, y la voz de Dumbledore estaba un poco ronca. La hora de la cena estaba cercana.

–Sr. Dumbledore, gracias por su paciencia y honestidad –concluyó Dan cuando se pusieron en pie ofreciendo su mano para un apretón por primera vez–. En verdad apreciamos que haya sido tan directo con nosotros.

Dumbledore tomó las manos de ambos Granger. Estaba contento de que parecía haberlos convencido de los beneficios de la magia en general, a pesar de haberles dicho tantas verdades incómodas acerca del mundo mágico. Incluso padres muggle con hijos en edad de escuela raramente aprendían tanto, o reaccionaban tan bien. Le hizo preguntarse nuevamente sobre sus intenciones sobre Harry. Era tentador, bastante tentador, el influenciarlos un poco, pero se obligó a dejarlos que tomaran la decisión por su cuenta.

–Me alegro que pudiéramos discutir estos temas de manera civil –contestó–. Ahora, en verdad debo de hablar con Harry, pero considerando la hora, me esforzaré en mantener las preguntas breves. Pueden acompañarnos, por supuesto, si así lo desean.

–Creo que lo haremos. –Dan aún intentaba mantener al anciano un poco restringido.

Se desplazaron al salón y Emma llamó a los niños para que bajaran. Notó que Harry siempre parecía ser el primero en llegar cuando los llamaba, obedeciendo órdenes rápidamente.

–¿Qué tal su tarde? –Les preguntó.

Hermione ciertamente no parecía tan contenta como esperaban al tener a otro niño de su edad en la casa, pero sus preocupaciones fueron aclaradas cuando su hija habló.

–Harry no es muy bueno en los juegos, mami.

Harry agachó la cabeza y murmuró algo acerca de que su primo siempre quería ganar.

–Mm, está bien cariño. Puede aprender y mejorar. Ahora, vengan. El Sr. Dumbledore quiere hablar contigo, Harry.

–Sí, señora.

Harry se sentó quieto en el sillón con sus manos enlazadas en frente de él. Para entonces Dan y Emma habían notado como ajustaba la mirada y esperaban llevarlo al oftalmólogo pronto.

–Harry –dijo Dumbledore colocando su mejor expresión de abuelo–, quiero disculparme por lo que te hice sufrir los últimos cuatro años. Cometí un error al dejarte con tus tíos y haré lo posible por arreglarlo. Espero que con el tiempo puedas perdonarme por mi error.

Harry observó al anciano sin parpadear. Perdón, en cualquier dirección, no era algo que enseñaran en el hogar de los Dursley. En ese momento, más que en cualquier otro momento durante el día, Harry no sabía lo que quería decir ni lo que "debía" decir. Afortunadamente Dumbledore sólo tocó el tema brevemente y cambió de tema.

–El lunes buscaré una familia que se haga cargo de ti. Probablemente sea una familia mágica. Te prometo que te tratarán bien y que no serán de ninguna manera similares a tus parientes.

Harry agachó la cabeza y susurró:

–Gracias, señor.

–Si te sientes cómodo hablando del tema me gustaría saber que ocurrió cuando escapaste de la casa de tus tíos.

Harry levantó rápidamente la mirada y tembló un poco en esa extraña manera suya, girando su cuerpo mientras mantenía la mirada fija en Dumbledore. Su comportamiento era familiar para el director, pero no podía recordar de dónde. Nunca había visto a James o Lily actuar de tal manera.

Dumbledore dirigió su mirada pensativa en otra dirección por un segundo y Harry pareció relajarse. Comenzó a relatar su historia, aunque susurró la mitad. Motivado por Dumbledore, explicó las luces parpadeantes y el sonido que distrajo a su familia, seguido por como salió de la casa sin darse cuenta que se había transformado. Explicó también cómo había encontrado alimento, agua y lugares cálidos donde dormir afuera.

Para Dumbledore, las piezas comenzaron a tomar lugar. Tendría que interrogar a los desmemorizadores para obtener la historia completa, pero era obvio que Harry había realizado una muestra impresionante de magia accidental además de desarrollar su habilidad como animago. Se asombró ante la astucia del niño para sobrevivir a esa edad y se preguntó cuánto había sido instinto animal. Tendría que consultar con Minerva sobre el tema.

Hermione se sentó al lado de Harry durante la mayoría de la historia. Cuando él tembló ella trató de tomar su mano, pero él la quitó esta vez. Sin embargo, sí le permitió que le acariciara la espalda con su mano ya que era similar a las caricias que las personas que lo alimentaron le dieron cuando estaba transformado en gato. Pero cuando mencionó el atrapar ratas, Hermione tomó un tono pálido y se levantó para sentarse con su madre.

Cuando Harry terminó su historia sobre su encuentro con Hermione esa mañana, Emma realizó la pregunta que todos habían estado pensando:

–Entonces, si no sabía lo que había ocurrido, ¿cómo lo encontró?

Dumbledore frunció el ceño. Había esperado evitar ese tema, pero sintió que necesitaba decir la verdad.

–Tengo ciertas maneras de monitorear los movimientos de Harry con magia –explicó–. Esto es sólo por su seguridad en caso de que ocurriera algo. Sin embargo, estos hechizos aparentemente no lo podían detectar en su forma de gato. Pero eso es fácil de arreglar… –Bueno, ya no había nada más que hacer–. Harry, si pudieras ser tan amable de transformarte en gato, me gustaría corregir los hechizos. Te aseguro que sólo están ahí para que pueda ayudarte si alguien te llevara a un lugar dónde no debas estar. –Bueno, para eso eran sus encantamientos de rastreo.

Dan y Emma consideraron detenerlo, pero si los hechizos ya estaban ahí, no había nada que pudieran decir. Basado en su conversación, parecía que ese tipo de rastreo no era fuera de lo común.

Harry observó al anciano nuevamente, para después bajar la mirada.

–Sí, señor –susurró. Pareció concentrarse por un momento, y después su cuerpo se encogió hasta que hubo un gatito negro con blanco sentado en el sillón.

Dumbledore levantó su varita y murmuró un largo encantamiento. Los Granger no pudieron interpretarlo completamente, pero comprendieron el suficiente latín para adivinar la etimología. Cuando terminó un aura azul rodeó al gatito por un momento antes de desvanecerse.

–Listo.

El gatito permaneció sentado ahí, aparentemente despreocupado.

–De acuerdo –dijo Dumbledore. Se puso de pie, cuidadosamente estirando un poco las piernas después de un largo día–. Creo que será mejor que los deje descansar, Sr. y Sra. Granger. Muchas gracias por su cooperación hoy. Regresaré el lunes para la reunión con la señorita Wilkins y con Harry respecto a su nuevo hogar. Reitero que el mundo mágico debe de permanecer secreto de sus amigos y conocidos no-mágicos, y me gustaría que la habilidad animaga de Harry permaneciera particularmente confidencial por su estado tan… inusual, en caso de que entraran en contacto con alguien más de la comunidad mágica.

–Por supuesto –dijo Dan–. Entendemos perfectamente.

–Sr. Dumbledore –agregó Emma–, han pasado muchas cosas hoy, y necesitamos un poco de tiempo para procesarlo… pero, ¿podría venir mañana por la tarde… en caso de que tengamos más preguntas? –Dan pareció un poco molesto ante la posibilidad, pero no dijo nada.

Dumbledore levantó una ceja y se preguntó qué tipo de preguntas podrían tener para querer hablar con él tan pronto, pero trató de responder con amabilidad.

–Ya que han sido tan generosos al cuidar a Harry este fin de semana, creo que pudiera lograr una visita mañana, ¿quizás a la una de la tarde?

–Eso sería excelente. Gracias.

–Bien. Hasta entonces… –Dumbledore nuevamente desapareció con un ruidoso crack.

–¿Todos harán eso? –Se preguntó Dan.

Después de que Dumbledore desapareció Hermione se levantó y se sentó junto a Harry nuevamente. El gatito no se había molestado aún en cambiar de vuelta. Hermione lo observó por un momento, para después estirar la mano y comenzar a acariciarlo detrás de sus orejas.

–¡Hermione! –Exclamó su madre. La acción le molestaba por alguna razón. El gatito era un niño, ¿o no? No se sentía bien el tratarlo como a un gato.

El gatito se tensó al contacto con los dedos de Hermione, pero después de unos momentos pareció relajarse. Fue sólo cuando trató de sostenerlo con ambas manos que soltó un maullido y saltó del sillón.

Emma sintió que no podía lidiar con un gato inteligente corriendo alrededor de la casa además de todo así que intentó transformar al niño para cenar.

–Harry, voy a ordenar pizza para la cena –dijo–. ¿Te molestaría… cambiar de vuelta a humano para que me puedas decir de qué la quieres?

–¡Sin ratones! –Gritó Hermione. Harry se detuvo en frente de Emma y se transformó, pero no habló.

–Sí, sin ratones –dijo Emma–. ¿Te gustan las anchoas, Harry?

–¡Qué asco! –Se quejó su hija.

Cuando Harry se disculpó y explicó que nunca había comido pizza, Emma se decidió por pepperoni.


Harry Potter descansaba en la cama matrimonial del cuarto de invitados del hogar de los Granger mientras se preguntaba cómo había llegado ahí. Parecía imposiblemente lujoso el tener una habitación donde se pudiera estirar; y de hecho, un poco caliente después de semanas durmiendo afuera y años con sólo una sábana deshilachada. Era un maravilloso lugar para dormir, pero aún lo hacía sentirse incómodo. Había algo erróneo en el hecho de que lo trataban mejor los Granger, a quienes acababa de conocer, que su propia familia, aún si era muy pequeño para entender completamente porque. Revivió todo en su mente, como lo habían invitado a comer con ellos, lo habían abrazado cuando había llorado, le compraron ropa, lo dejaron ver la televisión, y finalmente como la Sra. Granger lo acompañó a la cama para desearle las buenas noches.

Había sido el mejor día de su vida, excepto que no tenía sentido para el niño confundido de cinco años. Sintió que el poder transformarse en gato era lo más normal que había ocurrido ese día, e incluso él podía darse cuenta que era uno de los aspectos que los Granger no sabían maniobrar, pero hacían un mejor trabajo que sus parientes pudieran haber hecho. Y también estaba el Sr. Dumbledore. El anciano era extraño, pero por lo menos sabía lo que estaba pasando. Escuchar la verdad sobre sus padres fue una sorpresa, pero la magia y los villanos, a pesar de lo terrible que eran, sí podía comprender.

Aún no había procesado la noticia de que no tendría que regresar con sus tíos. Nunca había tenido razón para confiar en alguien sobre el tema, y no quería conservar la esperanza. Que había llegado tan lejos aún lo hacía sentirse incómodo. Ni siquiera podía dormir en esa cama enorme. Finalmente, hizo algo que nunca había hecho antes como humano: se giró para dormir sobre su estómago. Instantáneamente se sintió más cómodo… más protegido, de alguna manera. Harry comenzó a quedarse dormido esperando que, como lo hacía todas las noches, no despertaría en su alacena en la mañana; excepto que esta vez, también tenía la esperanza de que nunca más despertaría acurrucado afuera en el frío.


Aunque Hermione y Harry se encontraban en cama, Dan y Emma ciertamente no se encontraban durmiendo. Por acuerdo mental, se encontraban sentados en la mesa de la cocina, y ya que la discusión era particularmente seria, agregaron una taza de té para lidiar con la situación.

–¿Qué piensas de todo esto, Dan? –Dijo Emma.

–¿Qué parte? Nuestra hija tiene poderes mágicos, se vuelve amiga de un niño que puede transformarse en gato, un viejo ridículo se aparece en nuestra puerta, y aparentemente estamos involucrados en una guerra racial como si estuviéramos en un país del tercer mundo, sin mencionar la parte en la que los malos tienen su propio partido político.

–Sí, sé que todo es bastante loco. ¿Pero, y Harry?

Dan suspiró y levantó la mirada al techo.

–No lo sé. Por un momento pensé que podríamos ayudarlo, pero…

–Pues, siempre hemos querido tener otro hijo.

–Sí, queríamos otro hijo que no fuera el blanco de terroristas.

Emma se mordió su labio considerando dejar de lado el tema, pero continuó.

–Entonces, ¿qué consideras que debemos hacer?

–Lo más inteligente sería dejar que Dumbledore se encargara de Harry, mantener nuestra distancia, y huir del país en cuanto veamos problemas.

–Pero…

Dan soltó su taza sobre la mesa haciendo un fuerte ruido.

–Emma, lo siento, ¿pero por qué estamos considerando esto? ¿Por qué necesitamos considerar esto?

–Yo… Yo sé que siente remordimiento por su error, ¿pero en verdad confías en que Dumbledore elegirá una buena familia para Harry?

Él sacudió la cabeza sin titubear.

–No realmente, no. Mejor, claro, pero no creo que confíe en él para buena todavía.

–Exacto. Y también está el problema de su fama en el mundo mágico.

–Pero Emma, no es nuestro problema. –Levantó una mano–. No estoy dejándolo de lado. Lo que estamos hablando es un riesgo considerable que aún no comprendemos completamente. Tengo que preocuparme por mantenerte a ti y a Hermione a salvo. Ese niño no es nuestro problema, y esta no es nuestra guerra.

–Lo sé. También estoy preocupada por nuestra hija, pero si llega a ese punto, también será su guerra. Aún si la llevamos a otro país, este es su hogar, y si ella va a esa escuela… Hogwarts, serán sus amigos quienes estén en medio de todo.

–Mayor razón para irnos cuando todo está bien aún.

–Eso está bien para nosotros, pero Harry no tiene esa opción.

–Y tampoco la tendrá si se queda con nosotros. –Dan se detuvo y tomó un respiro. No quería perder la paciencia con su esposa, especialmente a esa hora de la noche–. Sólo digo, ¿cómo ayuda a alguien si estamos atrapados aquí con él?

Emma presionó su mano contra su frente con cansancio.

–En ese caso, admito que tienes razón –dijo. Dirigió su mirada directamente a su marido nuevamente–. Pero en este momento, Harry sólo es un niño pequeño que ha sido lastimado, que necesita ayuda, y que no tiene a nadie de confianza en su vida que pueda estar ahí para él. Además, encima de todo, Hermione finalmente encontró un amigo, lo cual tienes que admitir es algo que necesita desesperadamente. Y apuesto que es su primer amigo.

Una bombilla se prendió en la mente de Dan y le dio a su esposa una sonrisa débil.

–Por Dios, en verdad estás fascinada con ese niño, ¿o no?

Emma se sonrojó y respondió entre dientes.

–Supongo que si… instinto maternal o algo así… pero, Dan, ¿cuántas veces hemos dicho en los últimos años que íbamos a adoptar y nunca ha pasado?

–Y aún podemos Emma, pero no tiene que ser Harry.

–Es más que eso. No lo sé… –se tomó un momento tratando de comprender sus sentimientos–. ¿Sabes? Mi madre siempre me dijo que a veces tienes que elegir entre lo que es correcto y lo que es fácil. Y siento que adoptar a Harry es lo correcto.

Dan frunció el ceño.

–Emma, ¿estás segura de que, tú sabes, Dumbledore no te hizo nada?

–Lo… lo dudo. ¿O por qué no te lo hizo a ti? No sé de dónde viene esto, pero… de todas maneras creo que es lo correcto.

Su esposo sólo la observó sorprendido ante su convicción tan repentina. Podía ver en sus ojos lo importante que esto era para ella, y tenía que admitir que tenía razón acerca del buen juicio de Dumbledore… o la falta de éste.

–¿Sabes? También le debemos esto a Harry –agregó.

–¿Qué quieres decir?

–Si él no se hubiera aparecido hoy Hermione hubiera entrado en ese mundo en seis años a ciegas, y tal vez nunca hubiera escuchado la historia completa. Por lo menos ahora estará más preparada si algo ocurriera.

Bueno, eso era cierto.

–¿Te das cuenta que estás hablando de unirnos a una guerra? O por lo menos, ¿a una fuerza anti-terrorista? –La presionó Dan.

–Lo sé.

–¿En contra de personas que pueden usar magia? Todo lo que nosotros tenemos es una escopeta.

–Lo sé. No creas que no lo he pensado. Yo también siento como si hubiera perdido la cabeza, pero ni siquiera sabemos si habrá una guerra. Y si la hay, puede que no sea hasta que los niños sean grandes. Lo que sabemos es que Harry necesita una familia, y sin importar lo que él diga, no confío en que el Sr. Dumbledore le encuentre una que en verdad lo pueda ayudar.

–¿Y tú crees que nosotros podemos? Apenas y sabemos algo de ese mundo.

–Podemos más que sus parientes abusivos o que un montón de fanáticos con magia, Dan. Eso es obvio.

Dan recostó su cabeza en sus manos mientras trataba de acomodar sus pensamientos. A pesar de la actitud reacia de su esposa, había ciertos puntos donde podría encontrar fallas en su lógica. Habían querido otro hijo, pero Emma probablemente no pudiera. De hecho, incluso a él le había agradado Harry hasta que descubrió los problemas que tenía. No le agradaba la idea de abandonar al niño, pero la historia del lunático de Voldemort era mucho más de lo que quería aceptar. Y aun así, por mucho que quería asegurarse de que Dumbledore tendría las cosas bajo control con Harry, no podía creerlo. Odiaba admitirlo, pero lo correcto era que el niño permaneciera cerca… ciertamente para que fuera amigo de Hermione si ellos querían. Emma decía la verdad sobre eso también. Un amigo era algo que ambos niños necesitaban. Se armó de valor y levantó la mirada nuevamente.

–¿Qué piensas? –Le preguntó ella.

–Yo… creo que es tarde. Creo que necesitamos descansar… Mira, no voy a decir que no todavía. Pero no quiero considerarlo hasta que sepamos algo de cómo podemos estar a salvo.

–Por supuesto. Yo tampoco. Por eso quería hablar con el Sr. Dumbledore.

–Sí, por supuesto… –Fue sólo en ese momento que Dan comprendió cuantos pasos más adelante se encontraba su esposa–. Aunque, ¿en verdad es él la persona a quien deberíamos preguntar?

–Dijo que él peleó contra Voldemort. Podemos preguntarle de eso también.

–Aunque ciertamente no protegió a los padres de Harry.

–No sabemos exactamente lo que ocurrió con sus padres… Será mejor que escriba esto.

Emma comenzó una nueva lista de preguntas, la cual estaba segura crecería aún más antes de la hora en la que los visitaría el anciano nuevamente.

–Y… por muy difícil que será, si en verdad queremos hacer esto, necesitamos preguntarle a Hermione si está de acuerdo –dijo Dan.

Emma cerró los ojos, parpadeando unas cuantas lágrimas.

–Lo sé. Eso va a ser lo más difícil de todo esto.

–Vamos, será mejor que descansemos. Siento que tendremos otro largo día mañana.

–¡Ja! ¿Sólo mañana?

Terminaron sus discusión y subieron la escaleras con pesadez. Estaban en la puerta de su habitación cuando Dan se detuvo nuevamente.

–Emma –dijo–. ¿Recuerdas lo extraño que siempre se vestía tu madre?

–Sí, pero… no, ¿tú no crees?

–Pues, no sería una de las cosas más extrañas que han ocurrido hoy… y tus padres fallecieron unos años antes de que naciera Hermione en circunstancias misteriosas.

–Algo más que preguntarle a Dumbledore.

Con las posibilidades aun revoloteando en sus mentes, se recostaron por lo que probaría ser una noche sin mucho descanso.