Notas del autor: Harry Potter es la propiedad intelectual de J.K. Rowling. Esta historia sólo me pertenece en aquellas partes en las que se desvía de la historia original.
Notas de la traductora: Esta historia no me pertenece. Sólo soy una humilde traductora con un gran aprecio por esta historia.
Capítulo 6
Minerva estuvo presente cuando Albus regresó al castillo después de la que claramente había sido una reunión bastante emocional y lo siguió a su oficina. Por una extraña razón no pudo comprender su expresión mientras él tomaba asiento, lo cual probablemente significaba que algo fuera de lo normal había tomado lugar.
–Albus, ¿hay algún problema? –Le preguntó–. ¿De qué quería hablar esa familia?
–Por favor, toma asiento Minerva. No hay problema alguno –dijo Albus–. De hecho, tuve la suerte de que otro de nuestros problemas fue resuelto. La familia Granger ha decidido adoptar a Harry Potter y criarlo junto a su hija.
–¿Adoptarlo? ¿Tan rápido? –Minerva se tensó un poco y le lanzó una de sus miradas penetrantes–. Albus, si descubro que realizaste algún encantamiento de compulsión sobre esos muggles…
–Te aseguro que no hice nada, y ni siquiera les hice la sugerencia. Ellos tomaron la decisión por sí solos.
Minerva no se calmó.
–¿Y les permitiste tomar esa decisión sin saber los riesgos que el joven Potter lleva consigo?
–De lo contrario, el tema ya había salido durante nuestra conversación ayer. Cuando me reuní con ellos hoy me preguntaron con detalle sobre la naturaleza de la amenaza y de cómo pudieran mantenerse a salvo antes de tomar la decisión. Debo decir que los Granger son los padres muggle más proactivos que he conocido en mucho tiempo, y si su hija es como ellos, será una gran adición a tu casa.
Minerva parpadeó lentamente. El comentario la había tomado por sorpresa, aunque había algo del asunto que aún la confundía.
–Así que encontraste a Harry Potter después de perderlo por siete semanas –dijo–, y, ¿después le encuentras una familia en un sólo día? –Comenzó a preguntarse si Albus pudiera haber manipulado la situación de alguna manera, ¿pero por qué lo haría?
– Creo que Sybill sería una mejor persona con la cual discutir los designios del destino… –le contestó el director–. En uno de sus buenos días, por supuesto. Pero como dije ayer, creo que las reglas normales no aplican en Harry Potter.
Minerva no pudo evitar preguntarse si eso era bueno.
–¿Qué hay que hacer ahora?
–Bastante por el momento –le confirmó Albus–, y necesitaré tu ayuda con algo.
–¿De qué manera?
–Primero, estaré muy ocupado esta semana organizando la seguridad de la residencia de los Granger. Estoy seguro de que podrás encargarte de cualquier cosa que surja mientras tanto. Segundo, me gustaría que te reunieras con el joven Potter y con su nueva familia. ¿Crees que pudieras hacerlo el próximo sábado?
Una reunión bastante necesaria. Se tomó un momento para recordar su agenda antes de responder.
–Sí, creo que no hay problema. Y me encargaré de todo mientras tú no estás.
–Gracias, Minerva. Creo que hemos logrado colocar al joven Potter en un mejor camino.
–Sí, eso espero –dijo con un tono de frustración–. ¿Le informarás a alguien más de este nuevo arreglo?
–Sólo a aquellos que deben saber. Estará más seguro si su ubicación no es revelada más de lo necesario, y como discutimos hace cuatro años, las consecuencias políticas de que El Niño Que Vivió sea criado por muggles son mejor reservadas hasta que él pueda hablar por sí mismo.
–Por supuesto; supongo que eso es lo mejor. Y esa es otra razón por la que es bueno que el pequeño haya escapado de sus parientes cuando lo hizo –le recordó.
–Así es –dijo Albus con brevedad.
–¿Y, Albus?
–¿Si?
–Asegúrate que la seguridad del pequeño sea lo mejor disponible.
Albus le sonrió.
–Los Granger han demandado que Gringotts certifique todas las barreras –respondió–. No tengo opción de darles menos.
Harry observó el salón de clases de Hermione (su nuevo salón de clases) la mañana siguiente mientras la Sra. Granger (no, era mamá ahora) hablaba con la maestra. Sólo había pasado unas semanas en la escuela anteriormente, y esas semanas sólo habían sido un poco mejor de lo que estaba acostumbrado. Su nuevo salón no era muy diferente del de Little Whinging, excepto por los rostros. Esperaba que los niños serían más amables que los de su clase anterior. No conocía a nadie además de Hermione, así que no había razón para que estuvieran en su contra, como la vez anterior, y si lo estaban por lo menos ahora tenía… no, la Sra. Granger le había dicho que no podía utilizar sus garras. No, ahora era su mamá, o lo sería una vez que firmara los documentos. El pensamiento le provocó unas cuantas lágrimas, pero parpadeó para controlarlas, como era su costumbre. De cualquier manera, aún podía… no, no podía transformarse en gato para escapar tampoco. Ser humano era difícil. Tenía que actuar… normal todo el tiempo, aún sin la presión del tío Vernon.
Continuó observando el lugar con los ojos bien abiertos tratando de absorber lo más que pudiera. Comenzó a notar que los otros niños también los estaban observando, así que dio la vuelta y regresó su mirada a la maestra y a su mamá… no, sí, no se equivocó esta vez. Pero notó que la maestra le dirigió una mirada de preocupación y regresó a inspeccionar las paredes, el piso, las mesas, intentando evitar las miradas de los demás; pero cuando notó cada vez más, se dio cuenta que no podía evitarlo. Dirigió su mirada a los rostros de sus nuevos compañeros y notó lo que parecía ser una etiqueta con sus nombres pegada en las mesas en frente de cada uno de ellos. No encontró ningún lugar vacío.
Hermione ya había tomado asiento. Harry quería sentarse junto a ella, junto a alguien familiar, pero no había lugares disponibles en esa mesa. Se preguntó si fue un error el llevarlo ahí. Hermione notó su incomodidad al estar de pie en frente de todos y se levantó nuevamente y se colocó a su lado, pero no le prestó mucha atención ya que estaba enfocado en la maestra nuevamente. Finalmente los adultos habían concluido su conversación.
Su mamá se acercó a ellos primero. Se inclinó y les habló.
–Bien, pequeños, la Sra. Callahan se encargará ahora. Los recogeré después de clases. Tengan un buen día. Los amo. –Besó a cada uno en la mejilla, algo que, en su primer año, sólo les causó un poco de vergüenza. Harry, quien aún se sentía abrumado cuando escuchaba que lo amaban, ni siquiera notó las risas de sus compañeros.
En seguida la maestra se introdujo a su nuevo alumno. No había tenido experiencias previas con niños que habían sufrido abuso, pero esperaba hacer un buen trabajo.
–Hola, Harry. Yo soy la Sra. Callahan –dijo con una sonrisa de aspecto forzado–. Voy a ser tu nueva maestra este año. Sé que faltaste un tiempo a la escuela, pero tus padres y yo te vamos a ayudar para que te pongas al corriente, ¿está bien?
Dijo sus padres, ni siquiera dijo sus nuevos padres. Harry se tomó un tiempo en contestar ya que esa frase constantemente causaba que su pecho se oprimiera y que su mente se perdiera por un momento. Observó a la mujer en silencio. Parecía ser amable, como su antigua maestra, a quien no podía culpar por los problemas que había tenido antes y… espera… tendría que haber respondido. Algo acerca de ponerse al corriente. Parpadeó lentamente y finalmente respondió.
–Sí, maestra.
–Muy bien, Harry. –La maestra se enderezó y se dirigió al resto de la clase–. Niños, tenemos un nuevo estudiante. Su nombre es Harry Potter. Se acaba de mudar aquí de Surrey y ha sido adoptado por la familia de Hermione. Todos, digan por favor: "Hola Harry."
–Hola Harry –repitió la clase.
La Sra. Callahan trajo una silla extra y reorganizó unos cuanto asientos para que Harry se pudiera sentar en la mesa de Hermione, para el gran alivio del niño. Harry notó que los otros niños en la mesa dirigieron sus miradas a la cicatriz en su frente, pero eso fue todo.
Harry estaba bastante atrasado y había olvidado lo poco que había aprendido en la escuela en Little Whinging, pero consideró que la Sra. Callahan era una buena maestra. Tuvo suerte que aún estaba enseñando a leer, y con la ayuda de Hermione, comenzó a aprender como enunciar las palabras nuevamente. La Sra. Callahan no lo llamó ni pidió que respondiera ninguna pregunta, y nadie además de Hermione le prestó mucha atención en clase, lo cual era agradable, por el momento. Atención en su escuela anterior usualmente no terminó bien para él, pero ahí, su único problema es que le costaba un poco ver la pizarra. Recordó que el Sr. Granger (no, papá) le dijo que iban a solucionar eso pronto.
El receso era la parte que más temía aun cuando realmente no tenía razón para hacerlo. Un grupo grande y desorganizado de niños no era su estilo, pensó. Tendía a terminar enfrentándose a un grupo de brabucones cuando estaba alrededor de ellos. Hermione tampoco estaba muy entusiasmada, aunque eso era porque la Sra. Callahan no la dejaba salir con un libro. Ambos terminaron permaneciendo juntos y deambularon por unos minutos. Ya que él no conocía a nadie, y ella no tenía amigos cercanos, no parecía haber nada más que hacer. Pero Harry notó algo que no le había interesado la última vez que estuvo en el patio de una escuela: las barras de mono.
La mayoría de los niños que jugaban ahí eran mayores ya que era un poco avanzado para los pequeños, pero cuando Harry tuvo la idea en la mente, fue directo hacia ellos. Con sus sentidos de gato enfocados, escaló la estructura de metal con la facilidad de un niño con el doble de su edad.
–Eres bueno –le dijo un niño un año mayor que él que se encontraba en la barra inferior.
–Gracias –dijo Harry sonriendo un poco al recibir el elogio.
–¿Quién eres? –Le preguntó el niño.
–Yo… me llamo Harry, Harry Potter, ¿y tú?
–Me llamo Paul, Paul Talbot –le dijo imitándolo.
–Hola Harry, hola Paul. Yo me llamo Tiffany –dijo una niña de cabello corto y rubio mientras escalaba con dificultad cerca de ellos–. ¿Cómo aprendiste a escalar de esa manera?
–Yo… ¿aprendí de mi gato? –Dijo Harry intentando cubrir su secreto. Ambos niños comenzaron a reír. Harry se tensó un poco, listo para huir, pero los niños no dijeron más sobre el tema. De hecho, le sonrieron. Quizás eran buenos niños. Miró abajo hacia donde se encontraba su nueva hermana observándolo–. Hermione, sube –le dijo.
–N...no lo creo. No soy buena escalando –respondió mientras observaba las barras de metal con nervios.
–No es tan difícil –le dijo. Comenzó a descender cabeza abajo, pero aprendió rápidamente que su sentido de balance felino era una metáfora en su forma humana. Se deslizó, pero se logró detener al mismo tiempo que el maestro encargado de supervisar los juegos comenzaba a correr para ayudarlo. Pero logró terminar de bajarse sin la ayuda de nadie e ignoró su desliz completamente–. Vamos, Hermione –dijo ofreciéndole una mano para ayudarla.
Harry se alegró al notar que eso fue suficiente para lograr que lo intentara. Con su ayuda, y bajo la mirada cautelosa del maestro, Hermione logró escalar hasta la cima de la estructura. Se sostuvo con fuerza de los tubos mientras Harry se sentaba con calma a su lado.
–Ella es mi hermana, Hermione –le dijo Harry a los demás, sorprendiéndose a sí mismo cuando sonrió con orgullo.
Tiffany soltó una risita, mientras que Paul exclamó:
–¿Qué tipo de nombre es Hermione?
Harry le lanzó una mirada de enojo, pero la niña en cuestión se sonrojó.
–Es del Cuento de Invierno de Shakespeare –dijo en un susurro.
–Es mejor que Paul –dijo Harry, arrepintiéndose al instante; no por defender a Hermione, pero porque no quería antagonizar al otro niño, quien era más grande que él, y porque lo que dijo no tenía sentido.
Se sorprendió y se sintió mejor cuando Tiffany lo salvó.
–Sí, porque ella es una niña.
Eso hizo que Paul se riera nuevamente.
–Eso sería horrible.
Harry dejó salir un suspiro de alivio y casi se resbaló cuando recordó que se encontraba sentado diez pies sobre el suelo sobre una barra de metal, pero la crisis pareció ser evitada. Los cuatro niños permanecieron juntos en las barras de mono durante el resto del receso, principalmente subiendo y bajando y evitando a los niños mayores, aunque las niñas parecían estar más interesadas en permanecer sentadas en un sólo lugar.
Ya que no estaban en la misma clase Paul y Tiffany no sabían que Harry se acababa de "mudar" de Surrey, y parecieron aceptar su explicación de que los padres de Hermione lo habían adoptado cuando le preguntaron donde vivía antes. El único otro incidente ocurrió cuando Tiffany observó su rostro con detalle y le preguntó de dónde venía su cicatriz. Tuvo que ignorar el impulso a salir corriendo, posiblemente en forma de gato, pero en su lugar murmuró con rapidez que había estado en un accidente automovilístico. Paul y Tiffany temblaron al escucharlo, pero no preguntaron más.
Harry y Hermione regresaron a su clase sorprendidos de que quizás habían logrado hacer amigos.
Los primeros días estuvieron bastante ocupados. Harry tuvo que ir al médico esa tarde para un examen físico completo, y con una cita para rayos x agendada para el viernes para asegurarse de que estaba bien, y para obtener evidencia para el caso contra sus tíos. Afortunadamente, no habían cuestionado la pérdida de custodia, así que eso era algo menos de que preocuparse. Descubrieron que Harry estaba malnutrido y que tenía heridas antiguas que no habían sido tratadas, pero nada que lo pudiera afectar en el futuro. De cualquier manera, ahora le daban bien de comer.
Al día siguiente tuvo cita con el oftalmólogo, donde Harry descubrió que sí necesitaba lentes ya que tenía miopía. Encontró un par de lentes redondos de marco negro, lo cuales no eran considerados de moda, pero su familia estuvo de acuerdo que se le veían bien. Estuvo feliz al poder leer la pizarra el día siguiente y que ninguno de los niños dijo algo sobre sus lentes.
Dan y Emma también lo llevaron al estilista para que se viera más presentable, pero su cabello era tan rebelde que lo único que funcionaría sería raparlo, lo cual a Harry no le gustó. Suspiraron con frustración el día siguiente cuando notaron que había crecido durante la noche.
Mientras tanto, había varios formularios que llenar. Tenían que extender formalmente su custodia temporal de Harry mientras esperaban que se aprobara la adopción temporal, para después tener que solicitar la adopción formal, para la que había una espera mínima de diez semanas. Además, tenían que obtener los registros médicos y de la escuela, y los Dursley no habían hecho un buen trabajo manteniendo todo en orden. Fue por suerte que lograron obtener el reporte de sus vacunas. No sabían si había alguien ayudándolos con magia, pero sintieron que no les vendría mal la ayuda.
El jueves fue un día más tranquilo. Era el segundo día en el que Harry había logrado despertar en forma humana. Se estaba acostumbrando a sus lentes y se sentía más cómodo en su nuevo hogar y escuela. Así que, por supuesto, era el momento ideal para que el mundo mágico regresara y les causara más caos. Todo comenzó cuando escucharon unos golpes en la ventana de la cocina esa mañana.
Emma rápidamente abrió las cortinas y se encontró con lo más extraño que había visto desde… no hacía mucho tiempo, pero era extraño.
–¿Qué…?
–¿Qué ocurre, Emma? –Le preguntó Dan.
–Hay una lechuza con una carta en su pico.
–¿Una qué? –Se puso de pie y se dirigió a la ventana. Y sí, había una lechuza campestre con un sobre en su pico dando golpes a la ventana y mirando a la pareja con aprehensión. El sobre estaba dirigido a "Sr. y Sra. Granger" seguido por su dirección.
–Parece que quiere que tomemos la carta –dijo Dan.
–Ajá… –murmuró Emma. Abrió la ventana con cautela y tomó la carta del ave. La lechuza ululó con fastidio y voló lejos rápidamente–. Parece que está escrita en pergamino –dijo mientras la volteaba y rompía el sello de cera. Deslizó la nota fuera del sobre y la abrió.
Estimados Sr. y Sra. Granger:
He organizado las protecciones mágicas para su hogar, como ustedes lo pidieron. Estaré ahí hoy por la noche, a las 8 en punto, para colocarlas, y les pido que por favor se aseguren que la chimenea no esté bloqueada. También traeré unas cuantas cosas de importancia para ustedes y para Harry.
Sinceramente,
Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore
–¿Brian? –Dijo Dan–. Suena tan normal.
–Mm, 8 de la noche –dijo Emma sin distraerse–. Pues, será bueno salir de esto. Me pregunto que traerá.
–No lo sé. No pareció pensar que Harry ocuparía algo antes.
–A menos que sea parte de las protecciones –sugirió Emma–. Y supongo que de eso se trata lo de la chimenea.
–Eso creo. Por algo lo mencionó. ¿Tenemos algo planeado esta noche?
–No, finalmente. No debería de haber problema.
Los Granger esperaron por el sonido del timbre a las 8 de la noche, pero nunca llegó. En su lugar, a la hora, escucharon un ruido proveniente de la chimenea y al voltear se encontraron con la cabeza de Albus Dumbledore flotando en la llamas de color esmeralda.
Harry y Hermione gritaron y huyeron del cuarto, mientras que sus padres parecían listos para hacer lo mismo.
–Esperen –dijo la cabeza flotante. La imagen era borrosa y parecía desvanecerse en las orillas, y la mayor parte de la barba no era visible–. Mis disculpas por alarmarlos, Sr. y Sra. Granger. Esta era la manera más rápida de revisar la conexión flu. ¿Puedo pasar?
–Erm… sí, sí, por supuesto –dijo Emma recordando sus modales.
–Gracias.
El torso de Dumbledore siguió a su cabeza, teniendo que agacharse para salir de la chimenea. Estaba usando su túnica rojo con negro, y Hermione observando todo desde la puerta gritó lo que todos habían pensado.
–¡Usted es Santa Claus!
Dumbledore se rio ante el comentario.
–No, Hermione, me temo que cualquier similitud es coincidencia. Simplemente estoy demostrando el transporte por la red flu, el cual es como las brujas y los magos viajan a diferentes lugares. Como pueden ver, mientras la llama sea verde, se puede atravesar –dijo mientras agitaba su mano en el fuego mágico.
Dan estiró el brazo con cautela para tocarlo con su mano, seguido de su esposa. Las llamas eran tibias y no transmitían calor al cuarto.
Dumbledore sacó su varita y la apuntó a las llamas.
–Accio baúl. –En un instante, un baúl pequeño salió volando de la chimenea directo a las manos del anciano. Los Granger notaron que era la primera muestra de magia útil que habían visto. Un momento después las llamas regresaron a su color natural y pudieron sentir el calor nuevamente.
–Acérquense, por favor. Todos necesitarán ver esta demostración. –Los cuatro se acomodaron alrededor de la chimenea mientras el director sacaba una urna de tamaño mayor al del baúl. La colocó al lado de la chimenea y la abrió para mostrarles el polvo verde adentro–. Harry –dijo con seriedad, pero se detuvo al notar el nuevo aspecto del pequeño.
–¿Sí, señor? –Respondió el niño.
–Que extraordinario. Esos lentes son muy similares a los que usaba tu padre.
–¿En verdad?
–Así es. ¿Los elegiste tú?
–Sí, señor.
–Entonces, parece que heredaste el sentido de la moda de tu padre. –Dumbledore retomó su tono serio–. Como estaba diciendo, Harry, me temo que es posible que Voldemort regrese algún día, o que sus familiares intenten algo contra ti.
Harry se encogió ante la revelación y lo observó fijamente.
–Si tú o tu familia fueran atacados aquí podrán escapar a través de la chimenea. –Tomó un puño de polvo verde y continuó–. Estos son polvos flu. Se utilizan para crear un fuego mágico que conecta su chimenea con otra. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de las chimeneas mágicas, me he encargado de que la suya esté sólo conectada con la de mi oficina en Hogwarts. Para usarla, deben de lanzar un puño de los polvos a la chimenea y decir claramente "Hogwarts." –Demostró la acción y las llamas se tornaron verdes nuevamente–. Ahora, es posible viajar libremente de un lado al otro.
–Ese sí es un truco impresionante –dijo Dan finalmente. Si los magos podían hacer eso, se preguntó para que necesitaban salir.
–Es un poco más complicado que un "truco," Sr. Granger, pero el sentimiento es apreciado –dijo Dumbledore. Las llamas regresaron a su color naranja–. Las llamas no cambiarán si hay alguien en la chimenea –continuó–. Sin embargo, no dejen la conexión abierta por mucho tiempo ya que pudiera producir un ashwinder, el cual podría incendiar su hogar. Y les aconsejo que sólo la utilicen en caso de emergencias, o si agendamos alguna reunión. Menos formularios de esa manera. Ahora, sobre las protecciones de su hogar… –sacó unas piedras lajas que parecían tener una inscripción en nórdico–. Estas son runas. Son utilizadas para dar energía y magia poderosa que no puede ser creada sólo con una varita. Necesitaré colocar una en cada esquina de su propiedad y otra en cada esquina afuera de su casa. Una vez estén en su lugar producirán un escudo mágico que mantendrá lejos a cualquier intruso, dándoles el tiempo suficiente para que puedan escapar. Si no les molesta, las colocaré ahora.
Dan y Emma se susurraron el uno al otro, pero fue Dan quien habló:
–Más vale. –Se colocó un abrigo y salió con Dumbledore detrás de él.
Debía de ser una escena inusual para cualquier vecino que estuviera mirando, pensó Emma, con Dan caminando alrededor con una linterna en la mano, buscando las esquinas de su propiedad, y lo que parecía un hombre en pijama siguiéndolo y colocando piedras en lugares estratégicos. Por supuesto, lo que los Granger no sabían es que no había posibilidad de que los vecinos los vieran ya que Dumbledore había colocado un encantamiento sobre ellos para que nadie los notara. Después de colocar cada piedra, Dumbledore murmuraba un encantamiento que causaba que la piedra brillara antes de hundirse en el suelo y ser cubierta por la tierra.
Emma y los niños observaron todo desde la puerta. Hermione estaba fascinada por el complejo procedimiento utilizado en las protecciones, pero Harry se sostuvo de la falda de Emma con preocupación.
–¿M...m...mamá? –Dijo. Poco a poco se estaba acostumbrando a la palabra.
–¿Sí, Harry?
–¿El Sr. Dumbledore dijo que Vol…Vol-dee-mort puede regresar? –Dijo entonando cada sílaba.
Emma suspiró y colocó un brazo alrededor de los hombros de Harry.
–Sí, el Sr. Dumbledore piensa que sigue vivo en algún lugar.
Harry comenzó a temblar.
–Pero… pero… ¿por qué me quiere? –Tartamudeó.
–Porque es un hombre muy malo. No le gustó que escapaste una vez y por eso el Sr. Dumbledore piensa que vendrá por ti.
Harry se alarmó y comenzó a llorar.
–¿Pero ahora vendrá aquí...? ¡Vendrá por ustedes también! ¡No debieron dejar que me quedara!
–¡No! –Emma levantó al pequeño y lo abrazó con fuerza–. Nunca pienses eso, Harry. El Sr. Dumbledore nos dijo de Voldemort antes, y aun así te quisimos. Incluso Hermione.
Aun sollozando Harry levantó la mirada para verla a los ojos.
–¿En verdad?
–¡Sí! –Dijo Hermione desde abajo.
–Claro que sí –continuó Emma–. Eres parte de nuestra familia ahora y no vamos a dejar que un terrorista loco y con magia cambie eso. El Sr. Dumbledore y otros magos nos van a proteger, y nosotros vamos a ayudarte a ti y a Hermione a que también aprendan a protegerse. Así que si Voldemort regresa, estaremos listos.
Harry sonrió levemente y frotó su cabeza contra el hombro de su nueva mamá, aún muy abrumado para hablar. Emma regresó su mirada a los hombres afuera deseando sentir la mitad de la seguridad que había expresado. Todos continuaron observando a Dumbledore y su trabajo.
Dumbledore, sin tener idea de la conversación que tuvo lugar en la puerta, habló con Dan un poco mientras colocaba las barreras, preguntándole como se estaba adaptando Harry. Se alegró de escuchar que el pequeño parecía no tener heridas permanentes y que ya había hecho amigos en la escuela. Se rio cuando escuchó que Harry había hecho crecer su cabello en medio de la noche y explicó que sonaba a algo que hubiera hecho su padre. También preguntó sobre el proceso de adopción para asegurarse que iba por buen camino.
–Por cierto –dijo cuando estaba por terminar–. ¿Planeaban cambiar el apellido de Harry con la adopción?
–Probablemente –respondió Dan–. ¿Por qué?
–Pues, eso es comprensible, por supuesto, pero debo advertirles que, por complejas razones legales, el cambio de apellido no sería aceptado en el mundo mágico.
–¿Por qué no? –Preguntó Dan con sospecha, observando fijamente a Dumbledore.
Dumbledore entrecerró los ojos ante la luz de la linterna y contestó:
–Además de su fama, en términos simples, Harry es heredero a un lugar en el Wizengamot y sólo él tiene el poder de cambiar el apellido de su familia cuando llegue a la mayoría de edad.
–¿El Wizen...gamot? ¿El tribunal mágico?
–Correcto. No es de importancia al momento, por supuesto… sólo una advertencia para cuando Harry regrese al mundo mágico. Ah, aquí va la última. –Interrumpió la conversación dejando a Dan meditando sus palabras en privado. Al colocar la última piedra, Dumbledore exclamó un encantamiento más largo. Repentinamente, una bóveda de color naranja, luminosa y transparente, resplandeció alrededor de la propiedad y se desvaneció tan rápido como había aparecido.
Harry y Hermione expresaron su asombro desde el borde de la puerta.
–Gracias, Sr. y Sra. Granger –dijo el director cuando regresó a la casa–. Respiraré con tranquilidad sabiendo que están protegidos aquí.
–Estamos de acuerdo –respondió Emma.
–En cuanto a los certificados, pueden ir a cualquier banco e indicarles que están ahí en relación a una transacción con Gringotts. Les proveerán con la información de un mago intermediario quien les ayudará con el proceso, por un pago mínimo.
–Gracias –dijo Dan.
–Ahora, aún hay unas cuantas cosas más –continuó. Regresó a su baúl, de donde sacó dos collares los cuales entregó a Dan y Emma. En cada uno se encontraba un medallón plateado con una inscripción en nórdico–. Estos tienen encantamientos repelentes de encantamientos repelentes para muggles –les explicó–, normalmente entregados a padres muggles de estudiantes en Hogwarts. Mientras los tengan puestos podrán ver cosas que normalmente están ocultas de los muggles, como la zona de compras mágicas en Londres, e incluso Hogwarts.
Dumbledore después sacó dos libros grandes del baúl y los colocó sobre la mesa de la sala.
–Creo que pidieron información sobre la historia de la magia. El libro de texto de Historia de la Magia utilizado hasta el quinto año abarca conocimiento de historia general, particularmente de Inglaterra, hasta el final de la era de Grindelwald. Historia de la Magia Moderna es el libro más popular en referencia a la historia moderna, e incluye la guerra contra Voldemort, aunque desafortunadamente sigue la tradición de no escribir su nombre.
La familia se preguntó qué quiso decir con el último comentario, pero Dumbledore aún no había terminado. Finalmente, sacó dos retratos del baúl.
–Supuse que también les gustaría tener fotografías de su familia –dijo con solemnidad entregándole una a Emma–. Esta es una fotografía de la familia Fawley, tomada en 1939.
Emma exclamó con sorpresa cuando notó una fotografía con colores vibrantes de una pareja de mediana edad rodeada de cuatro jóvenes, una de los cuales era sin duda alguna su madre a los catorce años–. Sr. Dumbledore, no… no puedo agradecerle lo suficiente… –dijo con lágrimas en los ojos mientras los demás se acercaban para poder ver–. Nunca tuve fotografías de mis abuelos.
–El placer es mío, Sra. Granger. Y la otra fotografía es para Harry.
–¿Para mí, señor?
–Sí, mi pequeño. Estuve abatido al notar que tu tía no tenía ninguna fotografía de su hermana o de su familia en su hogar, pero pude encontrar una para ti. –Dio la vuelta al marco para mostrarle una pareja joven con su bebe en brazos. Sólo Dumbledore sabía que ambas fotografías estaban congeladas para poderlas mostrar al público, pero en un hogar muggle, era razonable.
–¿Ese… ese soy yo? –Preguntó Harry–. ¿Y mis padres... mis padres biológicos?
–Sí, son ellos. Fue tomada el día de tu primer cumpleaños, creo.
Harry admiró la imagen en silencio y una sonrisa apareció en su rostro. Dan y Emma también observaron la fotografía: el pequeño Harry estaba siendo cargado por un hombre joven con el mismo cabello incontrolable y el mismo rostro, incluyendo los lentes, junto a una joven de cabello rojizo. Era obvio gracias a la fotografía que el bebé tenía los mismos ojos verde brillantes de su madre.
Emma recogió a Harry y lo abrazó con fuerza.
–Muchas gracias, Sr. Dumbledore –dijo nuevamente y Dan asintió.
–Fue un placer ser de asistencia –respondió el anciano colocándose su sombrero–. Si no hay nada más no los mantendré ocupados por más tiempo. Buenas noches. –Arrojó un puño de polvos flu a la chimenea y en un parpadeo, desapareció.
