Harry Potter le pertenece a J.K. Rowling, y White Squirrel (el autor) y yo (la humilde traductora) elogiamos su valentía por permitir que sus fans tengan tantas libertades con su trabajo


Capítulo 7

Minerva McGonagall localizó la dirección que Albus le había entregado. Ciertamente lucía mejor que el alojamiento previo del niño. No había vivido en un mal vecindario, pero las casas en donde se encontraba ahora tenían más espacio entre ellas, con más árboles y áreas verdes. La casa como tal también lucía más grande, pero por supuesto, como ella lo sabía bien, eran las personas adentro las que importaban. Por lo que Albus había mencionado, los Granger sonaban como una buena familia, pero se aseguraría de investigarlos ella misma con suma atención.

Llegó al vecindario temprano por la mañana, antes del desayuno, e inmediatamente se colocó en la casa de al lado en su forma de gata atigrada de color gris para observar por las ventanas. No estaría muy cómoda esa mañana, pero estaba dispuesta a hacer lo necesario por Harry Potter. Haciendo algo que jamás dejaría que sus estudiantes vieran, ni a varios de sus compañeros de trabajo, capturó a un pequeño ratón para su desayuno. Era bastante buena debido a sus días más atrevidos durante su juventud, pero no era una acción muy digna de una profesora.

Aún para estándares felinos, Minerva podía conservar una mirada bastante fija. Pasó la mayoría de la mañana observando a la familia sobre una silla desde donde podía ver a través de la ventana de la cocina. Aunque ellos sabían que los visitaría más tarde, no dieron indicación de sospechar de ella. Se sintió aliviada cuando encontró que las cosas parecían perfectamente normal, por lo menos lo que podía ver desde donde se encontraba. Le era difícil ver bien al niño, quien parecía ser pequeño y callado, pero podía ver con claridad a la madre dando de comer a los gatitos… ah, a los niños sentados a la mesa, riéndose y hablando. No necesitó el reporte de Albus para saber que eso no era algo que hubiera tomado lugar en la residencia de los Dursley, ni tampoco el abrazo que el padre les dio a los dos niños cuando entró.

La familia pasó el resto de la mañana en actividades ordinarias: unas cuantas labores, y los niños jugando o viendo la televisión muggle. Nada parecía inapropiado, y Minerva se sintió más tranquila al saber que Albus finalmente había tomado la decisión correcta, o que había permitido la decisión correcta.

Esperó hasta después del almuerzo (otro ratón para ella y sándwiches para la familia) y a la hora acordada corrió hasta el final de la calle donde se pudo transformar sin ser vista. Caminó de vuelta experimentando el frío mes de noviembre a pesar de su túnica negra y un sombrero que esperó fuera lo suficiente discreto. Llegando a la casa como si fuera la primera vez que estaba ahí tocó el timbre, lo que para ella era una manera muy extraña de anunciar las visitas.

Un hombre alto de cabello castaño abrió la puerta y la observó de arriba a abajo, obviamente analizando a Minerva ya que era la segunda persona mágica que había conocido además de los niños. Se imaginaba la impresión que había dejado Albus con su forma excéntrica de vestir.

–Buenas tardes, ¿Sr. Granger? –Dijo ella.

–Sí. Usted debe de ser la profesora McGonagall –dijo Dan con tono cálido dándole la mano. En ese momento estaba agradecido de que no todos en el mundo mágico lucían tan absurdos como Albus Dumbledore, aunque la túnica de la bruja no podía ser considerada como la moda–. Por favor, entre.

La encaminó al salón donde Minerva fue introducida a las similares madre e hija, y al nuevo hijo adoptivo. No pudo evitar que su mirada permaneciera en el niño. Aún a su edad era igual a otro niño que había sido uno de sus mejores estudiantes en años, si no es que décadas… excepto por los ojos, por supuesto. Cuando notó que él también la observaba parpadeo rápidamente y él imitó el gesto. McGonagall sonrió y el pequeño sonrió de vuelta. No era muy frecuente que conociera a alguien que comprendiera como comunicarse con un gato. Después de todo, la mayoría de los gatos de los estudiantes se quedaban en sus habitaciones, y ninguno de los de Filch había sido bueno para tener una conversación; y el resto de los humanos no tenía idea, aunque quizás eso pudiera cambiar ahora.

–Tome asiento –le dijo Emma Granger una vez que todos se hubieran presentado–. ¿Le gustaría un té?

–Sí, por favor. Con crema y sin azúcar –respondió. En su forma humana sintió la necesidad de quitarse el sabor a roedor de su boca.

Emma le trajo el té y Minerva lo bebió con cautela.

–Sr. y Sra. Granger, antes de comenzar, tengo que disculparme por mi parte en facilitar el maltrato que Harry ha sufrido. Le advertí al profesor Dumbledore que sus parientes no eran adecuados para ser sus guardianes, pero al momento, confié en su juicio. Veo ahora que debí de ser más imponente, o asegurarme de su bienestar después.

Los Granger procesaron todo por un momento. Podía notar que no estaban contentos con la noticia, pero Emma fue quien respondió.

–Bueno, por lo menos lo intentó. Claramente hubo muchos más errores que sólo el suyo.

Minerva se sintió aliviada, pero sólo asintió antes de dirigir su atención al niño.

–Harry –le dijo con lo que para ella era una sonrisa amable– me han explicado que recientemente pasaste un tiempo viviendo como gato.

–Sí, señora.

–Lograr ser animago normalmente es extremadamente difícil. Nunca había conocido a un mago o bruja que pudiera completar la transformación con menos de un año de estudios intensos. Entiendo que no quieras hablar de tus malos recuerdos, pero me preguntaba si pudieras decirme en que estabas pensando exactamente cuándo te transformaste por primera vez.

Harry volteó a ver a sus nuevos padres, quienes asintieron, y él comenzó a explicarle con un poco de nervios. Minerva controló su ira ante su descripción de sus parientes y lo escuchó con atención. Si esperaba aprender algo nuevo sobre la transformación animaga, fue decepcionada. Su explicación era magia accidental clásica: miedo intenso y un deseo incontrolable por escapar. La forma exacta que su magia tomó debía de ser imposible… ¿pero en verdad lo era? Había muy pocos límites para la magia accidental. No lo hubiera encontrado tan sorprendente si su escape hubiera incluido aparición o desilusionamiento, las cuales eran técnicas muy avanzadas. El niño simplemente parecía haber encontrado una variación más rara.

No, la cuestión era cómo fue que logró replicar su logro.

–Es muy impresionante el que lograras tal muestra de magia a tu edad, Sr. Potter –dijo ella–. ¿Podrías demostrármelo?

Harry miró a Dan, quien asintió nuevamente. Bajó la mirada y se concentró por unos segundos hasta que fue reemplazado por un pequeño gatito negro.

Minerva estaba estupefacta. Albus le había dicho que se podía transformar, pero asumió que le tomaría varios minutos de meditación. El niño no era un novicio. Parecía acostumbrado, y para cuando llegara a Hogwarts, probablemente podría realizar la transformación en un instante.

–Más rápido de lo que me esperaba, Harry –dijo–. Discúlpenme, Sr. y Sra. Granger, pero considerando el tema, creo que es mejor que Harry y yo continuemos la conversación sin la barrera de nuestras especies.

–¿Quiere decir que usted…? –Comenzó Dan.

–Así es. –Y con eso, Minerva se transformó en una gata atigrada con marcas negras alrededor de sus ojos. Notó que la forma de Harry no mostraba sus lentes y se preguntó si fue porque había cambiado por primera vez antes de tenerlos. O quizás era porque eran del mismo color de su cabello.

Relajó su postura usualmente seria y tomó una posición más neutral, pero Harry la continuó observando en posición baja, analizando sus movimientos con sus orejas en punta y su cola en el suelo. Como un gatito solitario, estaba segura de que probablemente no había tenido buenas experiencias con otros gatos. Bajó su postura un poco e intercambiaron parpadeos nuevamente para asegurarle que todo estaba bien.

Ahora era tiempo de investigar. Había utilizado a Harry como excusa para transformarse en gato ya que él era sólo una de las cosas que quería revisar. Usando sus sentidos felinos analizó a la familia con cautela. Había notado que el macho y la reina (ah, otra vez, era fácil comenzar a utilizar los términos gatunos)… que Dan y Emma, quienes sólo parpadearon cuando Harry cambió, aún se sorprendieron cuando un adulto hizo lo mismo, mientras que Hermione rio con entusiasmo y aplaudió unas cuantas veces. Eran claramente nuevos en esto de la magia, pero estaban haciendo un trabajo admirable al adaptarse tan rápidamente; y si le creía a Albus, estaban aprendiendo lo más posible para ponerse al corriente. Claro, raramente había conocido a padres muggle que tomaran tan bien las noticias, y muchos menos considerando el hecho de que también tenían que preocuparse por El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.

Lo que Minerva había sospechado como humana ahora podía confirmar como gata. No había intenciones ocultas por parte de los Granger, nada que su sentido felino le hiciera desconfiar. Sinceramente se preocupaban por Harry, e incluso ya lo querían como si fuera suyo. Era obvio en la manera en la que se movían: aunque no era visible para los humanos, los gatos podían obtener bastante información a través de los movimientos de otros. Y a través del olfato. La casa de los Granger olía a… familia. Ignorando los aromas de la comida y otros probablemente provenientes de sus trabajos como sanadores de dientes, los aromas de felicidad, comodidad y amor llenaban el aire. Había también bastante ansiedad, pero nada de disgusto, ni ninguna división.

Su otra meta era revisar a Harry. La comunicación verbal era rudimentaria para los gatos, pero se podía utilizar. Minerva maulló algo que pudiera ser traducido como, Niño-gatito, sígueme por favor, mientras saltaba de la silla.

Harry se colocó en posición defensiva nuevamente al escucharla "hablar". Aparentemente los otros gatos que había conocido no eran muy platicadores. Pero la siguió y bajó del sillón.

Sólo a unos pasos de distancia, lo suficientemente lejos para tener espacio, ambos gatos caminaron en círculos alrededor del otro. Minerva mostró sus deseos de amistad a través de sus movimientos, lo cual Harry se sorprendió cuando notó que lo entendía. La dejó acercarse para que pudiera olerlo con facilidad. Su aroma expresaba que era un niño nervioso, lo cual era de esperarse, pero también olía a ser feliz, a tener curiosidad, y a estar cómodo en su nuevo hogar.

Harry también olfateó a Minerva, pero dio un paso atrás tratando de procesarlo. Dio un maullido que pudiera ser traducido como, no entiendo los olores.

Los olores son difíciles –maulló ella–. Los aprendes con práctica. ¿Cómo viviste afuera? –Era bueno que podía usar ese tiempo para escuchar su versión de la historia sin filtros. Después de todo, era difícil mentir como un gato, y mucho menos mentirle a un gato.

Comí ratones y comida que humanos no querían. Dormí donde era caliente. Busqué un humano-sirviente, pero encontré familia.

Minerva sonrió, lo más que un gato podía, al término felino que el gatito usó para la palabra "dueño". Había olvidado lo fácil que era hablar con otro animago. Su sencilla explicación expresó más sobre sus sentimientos acerca de vivir en las calles e incluso algunos detalles que no hubiera podido como humano.

Ten cuidado afuera –le advirtió–. Las cosas ruidosas y rodantes son los peores predadores.

Harry asintió ante eso lo que causó que Hermione y sus padres se rieran ante lo que parecía una conversación perfectamente normal en maullidos.

¿Cómo es tu nueva familia? –Continuó.

Harry se acomodó y levantó su cola con entusiasmo.

El progenitor y la dama son muy amables. No bufan ni arañan como los compañeros de manada de mis antiguos padres. Me acarician y me alimentan junto a mi compañera de manada. Mi compañera es inteligente. Es tímida y le gustan los papeles de humanos, pero tenemos amigos juntos. Y le gustan los gatos también.

Cualquier humano pudiera haber notado eso último. Y Minerva notó el olor a felicidad proveniente del gatito. El niño era feliz ahí y amaba a su nueva familia. Era tan claro como lo que había notado en su forma humana. Sacudió su cola con alivio al saber que el desastre de su crianza había sido resuelto. Ahora, para el otro asunto.

¿Mago anciano es bueno contigo? –Le preguntó.

Mago anciano esconde mucho. Piensa otras cosas. Pero lamenta que arruinó cosas y nos protege del mago malo. Dio recuerdos de padres a padres.

Minerva asintió. Se preguntó si Albus tenía idea de lo mucho que el pequeño había notado.

Visitaré a veces. Dime si mago anciano da problemas. –Harry titubeó, pero asintió. McGonagall cambió de vuelta a su forma humana y se dirigió a los demás.

–Bien –dijo–, estoy muy contenta de ver que el joven Potter ha encontrado una familia tan amorosa.

A pesar de haber visto la conversación Dan y Emma se sorprendieron de que hubiera contenido tanto. Hermione claramente tenía muchas preguntas. Todos miraron a Harry, pero el gatito estaba ocupado lamiendo sus patas. Minerva tomó nota y decidió darles ideas de cómo prevenir bolas de pelo.

–Harry –le llamó Emma. El gatito regresó a su forma humana–. Ha estado haciendo eso con frecuencia –dijo–. No cambia de vuelta a menos que lo llamemos.

–También despierta con frecuencia en forma de gato –agregó Dan.

–Mm, eso es inusual –dijo Minerva–. Harry, ¿pudieras mostrarme dónde duermes?

–Sí, señora. –La encaminó hacia la habitación de huéspedes que lentamente se estaba convirtiendo en el cuarto del pequeño. No parecía llevar mucho tiempo habitada, pero no había nada fuera de lo normal.

Minerva sospechó que el problema no era el cuarto.

–¿Podrías mostrarme cómo duermes? –Dijo mientras los Granger observaban desde el pasillo.

–Sí. –El niño se lanzó a la cama, ajustó sus extremidades un poco, y se recostó sobre su estómago.

–Ah, es sencillo entonces –les dijo–. Aún duermes como gato. –Harry se sentó en la cama y la miró fijamente–. Harry, sé que será más incómodo, pero debes de intentar dormir sobre tu espalda. Te ayudará a adaptarte a ser humano otra vez.

Harry se giró e intentó recostarse sobre su espalda por un momento, pero se levantó rápidamente.

–No te preocupes, Harry, te tomará un tiempo acostumbrarte. –Se dio la vuelta y se dirigió a Dan y Emma cuando regresaron al salón–. No me sorprende ver tanto comportamiento felino considerando cuanto tiempo pasó en esa forma. Algunos rasgos animales persisten, pero lo mejor será que ayuden a Harry a controlar los más obvios. –Y les explicó lo más básico de cómo los gatos interactúan con personas a su alrededor: la asociación del contacto visual prolongado con la agresividad, el parpadear lentamente y otras maneras de demostrar vulnerabilidad como señal de confianza, esconderse en lugares pequeños, y por supuesto, el acariciarse contra otros como señal de cariño. Había muchos más, pero habría menos dolores de cabeza y estrés emocional si comprendían esos primero, y estuvo contenta al notar que la familia la escuchó con atención.

Los Granger respondieron con otras acciones que habían notado por parte de Harry: sentarse bajo el sol de la ventana, gatear alrededor de la casa, lamer sus manos cuando esta aburrido o distraído. Todas eran acciones normales para un gato, pero eran algo extrañas para un humano. También notaron su tendencia a dormir mucho, pero era difícil saber si era su lado felino o si a Harry no le gustaba despertarse temprano. Minerva estuvo de acuerdo que las acciones más obvias necesitaban ser corregidas, y que debieran de enfocarse en ellas, mientras que las más sencillas podían dejarlas ser. Por supuesto, tendrían que observar cómo era Harry con otras personas ya que había una línea muy fina entre ser excéntrico y estar loco.

Una vez que el tema del gato animago llegó a su fin, Hermione finalmente tuvo la oportunidad de hacer su pregunta.

–Profesora, ¿cuándo cree que pueda enseñarme a transformarme en gato?

Minerva fue tomada por sorpresa por un momento y le tomó unos cuantos segundos entender por qué. Ningún niño, incluso a la edad de Hermione, pensaría en realizar semejante pregunta en el mundo mágico, pero era una pregunta perfectamente lógica para una hija de muggles quien nunca había sido enseñada lo contrario.

–Me temo que no puedo, Hermione –le respondió–. Primeramente, tu forma animaga es determinada por tu personalidad y por la naturaleza, si es que tienes la capacidad para transformarte. Lo más probable es que tu forma no sea un gato. Y lo más importante, aprender la habilidad de manera normal es muy difícil y puede ser peligroso… Pudiera considerarlo si es que tuvieras una buena razón. –Después de todo, James y Sirius no habían sido tan discretos con sus preguntas–. Pero ciertamente no sería antes de que atiendas Hogwarts.

–Oh… –dijo Hermione decepcionada.

–La transformación animaga es una habilidad muy rara –le explicó Minerva–. Muy pocos magos y brujas se toman la molestia de aprender. Yo sólo lo hice como parte de mis estudios en transformaciones. Aprenderás muchas cosas más útiles una vez que vayas a la escuela.

Hermione pareció más calmada después de eso y Minerva se dirigió a sus padres.

–El profesor Dumbledore mencionó que a Harry le está yendo bien en la escuela –dijo–. ¿Y está haciendo amigos?

–Sorprendemente, considerando que faltó por dos meses –dijo Emma–. Aún se está adaptando, por supuesto, pero Hermione lo está ayudando a aprender a leer, así que por lo menos tiene eso; y por lo que podemos ver, es feliz.

–Es bueno saberlo, Sra. Granger. ¿Han tenido algún otro problema con él?

–Pues… no es un problema sino algo inusual –dijo Dan–. Harry es probablemente el único niño al que no le gusta lo dulce. No comemos mucho dulce en esta casa, profesora, pero Harry dice que mucho de lo que comemos le sabe así. Ahora, no sé si eso tiene que ver con sus parientes, pero…

Minerva no supo si sonreír o fruncir el ceño.

–Considerando lo que he escuchado, puede que sea posible –dijo–. Pero creo que hay una explicación más sencilla.

–¿Qué?

–Los gatos no pueden saborear el azúcar.

–¿En verdad? No lo sabía.

–Así es, Sr. Granger, y el gusto de los animagos tiende a permanecer en la forma humana. Yo también suelo pensar que la cena es algo dulce, y no como postre. A la edad de Harry será algo diferente, pero aun así, ¿él ha mostrado preferencia por la carne?

–Definitivamente –confirmó Emma–. Carne roja en especial.

–Lo supuse. Los gatos son principalmente carnívoros, aún más que los perros. Quizás tengan retos… únicos en tratar de que tenga una dieta balanceada.

Porque tener un hijo que se puede transformar en gato no es suficientemente único, pensaron.

–Muchas gracias por advertirnos –dijo Emma–. ¿Hay alguna manera de contactarla si tenemos más preguntas?

–Una carta dirigida a Hogwarts enviada por el correo muggle será entregada, aunque no será tan veloz como una lechuza. Siéntanse libres de contactarme en cualquier momento. Estoy más que dispuesta a ayudar a Harry con cualquier cosa, especialmente si es un problema felino.

–Muchas gracias profesora –repitió Dan.

–Y ahora, hay algo más. –Se detuvo por un momento para asegurarse que los cuatro la estaban escuchando–. Es muy importante que nadie se entere que Harry es un animago, incluso en el mundo mágico. Todos los magos tienen que registrarse por ley con el Ministerio de Magia, pero el profesor Dumbledore y yo estamos de acuerdo que hay riesgos únicos en su caso por lo que sería más seguro que nadie lo sepa. También tiene que tener cuidado en no causar problemas con su uso. La sanción por no registrarse es sólo una multa, pero el ministerio es muy estricto con otros crímenes realizados por animagos, estén o no registrados. Lo apoyaremos si se diera el caso, pero puede que no sea suficiente.

Dan y Emma palidecieron al ser aconsejados el romper las leyes, especialmente por una profesora tan respetable, aún si la situación lo ameritaba. Querían inspirar a sus hijos un respeto saludable por las leyes, pero por lo que habían escuchado de la situación política en el mundo mágico, quizás cierto escepticismo sería lo mejor. Dieron un paso atrás y hablaron en susurros por un momento. No podía escucharlos pero Minerva pudo notar que no estaban cómodos con la decisión, lo cual era razonable. Escuchó algo sobre tener cinco años para pensarlo.

–Profesora, no anticipamos ningún problema con el arreglo actual –dijo Dan cuidadosamente cuando concluyeron su conversación–. Y le enseñaremos a Harry a ser discreto con su habilidad.

–Muy bien, Sr. Granger. Harry, me agrada bastante tu nueva familia. Sé que serán muy buenos contigo. Espero escuchar cosas buenas de ti en los próximos años. –Harry le sonrió–. ¿Y, Hermione?

–¿Sí, señora?

–Tú eres la hermana mayor de Harry ahora, y como tal, espero que lo mantengas fuera de problemas.

–Sí, señora –dijo con una gran sonrisa.

–Bien, debo regresar a la escuela –dijo Minerva despidiéndose de los Granger–. Pasen buenas tardes.

–Hasta luego –dijo Harry despidiéndola desde la entrada, para la sorpresa de su familia. Conocer a otro gato pareció hacer maravillas con su timidez.

Minerva dejó la reunión con una inusual y sencilla sonrisa. Había sido un año difícil, entre perder a su esposo la primavera anterior debido a una tentácula venenosa, y Albus perdiendo a Harry Potter en más de una manera. Pero por lo menos el niño se encontraba de mejor manera de lo que podría haber esperado. Caminó tarareando para sí misma todo el camino de regreso al castillo.