Harry Potter le pertenece a JK Rowling. Todos los gatos puede que le pertenezcan o no a Erwin Schrodinger.
Notas del autor: Las cosas comienzan a avanzar en este capítulo, pero aún hay más que explorar antes de que Harry y Hermione reciban sus cartas de Hogwarts.
Mis disculpas si la navidad parece un poco estadounidense. Fue difícil encontrar regalos populares en 1985 desde mi lado del charco.
Mi conocimiento del karate viene exclusivamente de las películas y del internet así que intenté no dar muchos detalles, y no prometo que sea preciso. Correcciones son bienvenidas.
Finalmente gracias a carick of hunter moon por clarificar los términos relacionados con el Parlamento y la Cámara de los Lores.
Notas de la traductora: Gracias por su apoyo en esta traducción. Al igual que siempre, cualquier consejo, duda, y sugerencia será más que aceptada y trato de corregir errores en cuanto son mencionados.
Capítulo 8
Diciembre, 1985
Un Austin Metro pequeño y de color rojo se estacionó afuera del hogar de los Granger. El asiento de atrás estaba lleno de equipaje y cajas envueltas con papel de diversos colores. Una pareja de edad mayor bajó del auto y en segundos fueron encontrados por un misil de cabello castaño.
–¡Abuelito! ¡Abuelita! –Pero el abuelo Granger estaba preparado y levantó a Hermione en sus brazos cuando llegó a él… bueno, estaba casi preparado ya que Hermione era mayor y su espalda se quejó.
–Hola princesa –dijo dándole una vuelta antes de bajarla.
–¿Cómo está mi nieta favorita? –Dijo su abuela mientras le daba un abrazo a la pequeña.
–Soy tu única nieta, abuelita –le respondió Hermione, concluyendo su conversación usual.
Los tres voltearon a ver la puerta de entrada donde se encontraban Dan y Emma, la última con una mano reconfortante en el hombro de Harry.
–Y este debe de ser el pequeño Harry –dijo la abuela mientras se acercaban.
–Sí, señora… abuelita –dijo Harry mientras ella le tomaba los hombros. Estaba intentando no observar fijamente, pero era difícil cuando estaba conociendo a personas nuevas y aún más cuando lo sostenían de tal manera. Reconoció a los abuelos por las fotografías, por supuesto, pero era diferente conocerlos en persona.
La abuela lo observó de arriba a abajo, notando lo que pequeño que aún se veía. Frunció el ceño ante el cabello alborotado y la cicatriz en su frente, pero se tranquilizó y le dio un abrazo.
–Es un placer conocerte, Harry. Ahora también tengo un nieto favorito.
–Ven aquí muchacho –le dijo el abuelo mientras lo abrazaba con un solo brazo. Harry luchó el impulso de alejarse. Aún después de un mes como humano prefería que le acariciaran detrás de las orejas más que un abrazo, pero sólo obtenía eso de su mamá.
Era extraño tener abuelos, pensó. Ninguno de sus abuelos biológicos estaba vivo, ni tampoco los padres de Vernon. Era extraño poder agregar a dos rostros amables a su familia, por lo menos cuando podían viajar desde Manchester.
–¿Así que finalmente se decidieron por otro hijo, Dan? –Le preguntó el abuelo a su hijo mientras jugaba con el cabello de Harry.
Dan sonrió.
–Sí, bueno, saben cómo es. Se apareció en nuestro jardín como un gatito perdido y nos lo tuvimos que quedar.
El resto de los Granger trataron de no reír ante el comentario. Le habían dicho a los padres de Dan acerca del abuso que Harry había sufrido, pero nada del resto de la historia. Les frustró el saber que los abuelos eran área gris en lo referente al Estatuto del Secreto Mágico. Se suponía que no deberían de saber sobre la magia, pero el Ministerio no prestaría atención mientras nadie más se enterara. Pero como la única magia que podían demostrar era la habilidad animaga de Harry, la cual tenía que permanecer aún más en secreto, Dan y Emma admitieron con frustración que no valdría la pena decirles. Cuando los niños fueran a Hogwarts sería otra cosa.
–Vamos, hay que bajar las cosas del auto –dijo Dan.
Los abuelos llevaron su equipaje adentro mientras Dan y Emma ayudaban con lo demás, asegurándose de colocar los regalos bajo el árbol en preparación a las festividades que tomarían lugar en dos días.
La familia Dursley no estaba teniendo una buena temporada navideña. Harry había tenido suerte de que el magistrado le había permitido ser entrevistado por video en lugar de aparecer en la corte para el juicio. No había visto a sus parientes desde que había escapado y no tenía la intención de verlos nuevamente. Eso era lo mejor del asunto.
A pesar de sus protestas de inocencia, con la entrevista de Harry y el reporte del médico, el caso en contra de Vernon y Petunia Dursley concluyó rápidamente. Su continua insistencia de que "estaban muy preocupados porque su sobrino escapó", cortesía del hechizo de Dumbledore, fue recibida como una mentira descarada. Incluso el magistrado expresó su disgusto ante su comportamiento. Objetivamente había visto casos de abuso peores, pero mantener al niño en la alacena debajo de las escaleras era algo nuevo. Al final, Petunia fue sentenciada a nueve años de prisión por negligencia infantil, y Vernon fue sentenciado a la pena máxima de diez años por negligencia y abuso, ambos recibiendo sentencias largas por el enfoque en Harry y por ocultarlo de las autoridades. Los guardias en la prisión se aseguraron de esparcir los cargos en su contra rápidamente una vez llegaron a sus respectivas instalaciones.
Dudley había sido enviado a vivir con su tía Marge, quien lo puso a trabajar ayudando a criar perros y fue más estricta con él que su hermano, creyendo que necesitaba ser "reformado" de los errores de sus padres. Todo fue la mala influencia de Petunia, por supuesto. Debió de saberlo considerando como terminó su hermana. Marge vendió el número 4 de Privet Drive a una pareja sin niños, la cual todos estuvieron de acuerdo era una familia mucho más respetable que los antiguos habitantes. Nadie se dio cuenta cuando la mujer anciana con gatos, Arabella Figg, también vendió su casa para irse a vivir al campo.
Harry fue despertado el 25 de diciembre por su hermana entusiasmada saltando sobre su cama.
–¡Levántate, dormilón! ¡Es Navidad!
La escuchó correr fuera del cuarto y rumbo al final del pasillo para despertar a sus padres y sus abuelos. Harry gruñó y buscó sus lentes con cansancio sobre la mesita de noche. Navidad nunca había sido feliz para él, pero después recordó que había visto unos regalos con su nombre bajo el árbol, por lo que ya era mejor que el año anterior. De hecho, ya había sido una mejor temporada que el año anterior. Todos en la familia habían hecho lo posible por recompensarlo por los últimos cuatro años y habían buscado que tuviera una Navidad inolvidable. Había comenzado después de que llegaran los abuelos, haciendo galletas navideñas con la receta "secreta" de la abuela. La noche anterior habían tenido una cena de nochebuena maravillosa, con muchas risas al cantar mal los villancicos, y con un servicio en la iglesia a la luz de las velas que Harry disfrutó más de lo que hubiera esperado. Las únicas veces que los Dursley lo habían llevado a la iglesia siempre involucraron comentarios de "raros" como él siendo castigados por relámpagos.
Se giró sobre su estómago y se estiró. Ese era su momento más felino del día, aunque con algo de esfuerzo, pero por lo menos ya se despertaba en forma humana la mayoría de los días. Eso hubiera sido difícil de explicar a los abuelos.
Revisó el reloj ahora que ya podía leer la hora. Eran las 6:43 de la mañana, lo cual sus padres dirían después demostraba paciencia por parte de Hermione. Pudo notar que su hermana no sería detenida así que se levantó con torpeza, con los ojos cansados, y salió de su habitación.
Los abuelos ya estaban despiertos y se estaban riendo mientras Hermione jalaba a sus padres de la habitación también mostrando expresiones de cansancio. Su padre le lanzó una mirada comprensiva a su hijo cuando notó que su entusiasmo era apaciguado por la hora. Harry estaba mejorando, pero aún no estaba acostumbrado al horario humano.
–¡Feliz Navidad! –Exclamó Hermione.
–Mmm… Feliz Navidad –respondió su mamá con el resto de la familia repitiéndolo con dificultad.
–¡Vamos! ¡Hay que abrir los regalos! –Hermione corrió abajo. Esa niña es una fuerza imparable, pensaron todos. Ambos padres culpaban al otro lado de la familia por esa cualidad.
Harry siguió a Hermione abajo, por alguna razón esperando ver a Albus Dumbledore vestido como Santa Claus en el salón, pero no sería el caso. Sí notó que había más regalos debajo del árbol de los que había la noche anterior. Al inspeccionar más de cerca, también notó que varios de los regalos nuevos tenían su nombre, lo cual lo hizo sospechar aún más que había algo extraño. O había algún problema en la lista de Santa, o algo.
Pero aun así, ¡regalos! Eso era algo a lo que se podía acostumbrar, y probablemente ya lo hubiera hecho si estuviera más despierto. El tío Vernon le había dado un calcetín el año anterior; uno, como en broma, por lo que no podía decir que hubiera recibido regalos de navidad antes. Pero esta navidad ya era mejor que las cuatro anteriores combinadas.
Afortunadamente, los adultos no los hicieron esperar hasta después del desayuno, aunque su mamá trajo un plato con varias rebanadas de pan tostado para la familia. Sentados alrededor del árbol de navidad convencieron a Hermione de distribuir los regalos, con Harry ayudándole un poco, aunque estaba distraído por lo grande que era su pila. Al final, ambos niños tenían una pila considerable de regalos, casi igual, y los adultos tenían unos cuantos.
–¿Por qué no abres uno primero, Harry? –Le dijo su mamá.
Harry asintió, con los ojos más que abiertos, y analizó su pila. Tomó el de hasta arriba, uno de los que había aparecido misteriosamente de parte de Santa Claus, y con cuidado rompió el papel. Bajo los estándares de Dudley era algo muy sencillo, un camión de juguete. De hecho, no hubiera sobresalido en comparación con los regalos que sus padres le habían comprado cuando se mudó el mes pasado, pero era su primer regalo de navidad, y se rio con entusiasmo porque no podía pensar en nada más mientras lo sostenía.
Hubo un flash de luz y volteó para ver a su papá con la cámara en mano. Notó varias sonrisas a su alrededor mientras su familia observaba con satisfacción la situación, y él agradeció mentalmente a cualquier poder que lo llevó a estar ahí.
–Bien, parece que a alguien le gusta –dijo su abuela mientras Harry comenzaba a jugar con el camión en la alfombra.
–No puedes ganar contra los clásicos –dijo su papá, salvando a Harry de tener que entender lo que pasó después.
Hermione recogió un paquete pequeño y rectangular de su pila y lo desenvolvió con cuidado para encontrar una copia de uno de los libros de Winnie the Pooh. Leyó el título y lo colocó junto a sus pies como el inicio de lo que obviamente serían varios.
Sus padres y sus abuelos se tomaron turnos abriendo los regalos que se habían dado los unos a otros, aunque Hermione también les había preparado algo. Harry, siendo nuevo en la familia y menos experimentado en dar regalos, no tuvo que hacerlo en esa ocasión. Unos cuantos regalos después, resultó que Santa Claus le había dado a Harry varios juguetes y le había dado a Hermione una combinación de libros y juguetes. Pero cuando Harry llegó al regalo de parte de los abuelos, las cosas comenzaron a cambiar.
Era una caja bastante grande en la que su forma felina cabría con facilidad, pero era ligera y cuando la abrió encontró un oso de peluche grande de color café. Lo que le llamó la atención fue que el oso tenía su nombre tejido en letras rojas sobre el pecho. No había duda sobre ese regalo, era suyo. Después de todos los berrinches que había hecho Dudley por quedarse con todos los regalos, eso significaba más para Harry de lo que sus abuelos sabían.
–No sabíamos qué tipo de juguetes te gustan –explicó la abuela– pero pensamos que todos los niños necesitan un oso de peluche.
–¡Es perfecto! –Dijo Harry–. Gracias, abuelita. Gracias, abuelito. –Y en un movimiento que sorprendió a todos, se levantó y abrazó a sus abuelos sin que nadie se lo dijera.
–De nada, cariño –le dijo su abuela mientras lo abrazaba de vuelta.
Harry se sentó nuevamente, aun sosteniendo al oso. Mientras tanto, Hermione llegó a uno de los regalos que no tenía el tamaño o forma para ser un libro, y cuando lo abrió lo único que pudo decir fue "esos son muchos colores". Después de todo, no es todos los días que una niña recibe una caja con 72 crayolas.
Continuaron abriendo los regalos, y mientras llegaban al final de sus pilas, Harry también encontró un regalo rectangular que tampoco tenía la forma o el tamaño correcto para ser un libro. Pero en ese caso, terminó siendo un video de los que le gustaban a Dudley pero que sus tíos nunca lo dejaron ver.
–La espada en la piedra –dijo Harry con una sonrisa cuando leyó el título con éxito.
–Es sobre el rey Arturo –dijo su papá–. Tenemos el libro en algún lado, pero puede que falten unos años para que estés listo para leerlo.
Harry asintió y examinó la caja. No pudo evitar notar que la imagen en la portada incluía a un niño delgado, a una lechuza, y a un anciano que se parecía mucho a…
–Ese se parece al Sr. Dumbledore…
–Quiero ver –ordenó Hermione mientras se acercaba para ver la caja–. ¡Es cierto! –Agregó.
–Sí, su mamá y yo pensamos lo mismo. Tendremos que preguntarle sobre eso –dijo su papá guiñado un ojo.
–¿Quién es el Sr. Dumbledore? –Preguntó el abuelo.
–El trabajador social a cargo del caso de Harry –dijo Dan–. Cabello largo y blanco con barba, y no creerías la forma en la que se viste. Lo he visto, y aún no lo creo.
–Ah… –basado en lo que el abuelo había escuchado sobre el pasado de Harry tuvo que preguntarse si eso explicaba unas cosas, pero se guardó el pensamiento.
–¿Podemos verla hoy? –Preguntó Hermione con entusiasmo.
–Claro que sí. La veremos en la tarde –dijo su papá–. ¿Por qué no abren otro?
–Oh, cierto. –Hermione tomó un regalo grande y bastante pesado para su tamaño. Rompió el papel y exclamó con sorpresa cuando encontró siete libros, los cuales eran más gruesos de lo que había leído hasta entonces. Observó un lado de la caja e identificó el regalo: la colección completa de Las crónicas de Narnia. Era obvio que la fantasía había sido el tema para los regalos de los niños. Hermione abrazó a sus padres en agradecimiento y dejó la caja de lado, junto al resto de sus libros.
–Eso debiera mantenerla ocupada por un mes –dijo su mamá considerando que eran de un nivel más avanzado al de Hermione.
–Si tenemos suerte –dijo Dan.
Emma frunció el ceño.
–Hemos creado un monstruo, ¿verdad?
–¿Apenas te diste cuenta? –Emma rio ante eso.
–Adelante, Harry, abre otro.
Harry tomó una caja cuadrada que había sido envuelta con dificultad. Era bastante ligera para su tamaño, y notó que la etiqueta decía que era de parte de Hermione. Por lo menos estaba seguro de que eso decía, aún no estaba completamente seguro de cómo escribir su nombre. Preguntándose qué le pudiera haber regalado su hermana, quizás otro animal de peluche, rompió el papel y abrió la tapa, y al ver lo que había adentro comenzó a reír con fuerza.
Dentro de la caja había una bola gigantesca de estambre de varios colores. La tomó, sus ojos abiertos ampliamente, y comenzó a rebotarla en sus manos mientras reía hasta que recordó que había invitados presentes. Tanto Hermione como su mamá le sonrieron. Parecían ser las únicas que entendían la broma, aunque su papá estaba ocultando su rostro entre sus manos, pero los abuelos se miraban confusos.
–¿Una bola de estambre? –Preguntó la abuela.
Afortunadamente su mamá sabía del regalo y tenía una respuesta preparada.
–Hermione está convencida de que Harry fue criado por gatos. Y Harry siempre le hace juego, así que pensamos que sería el regalo perfecto.
–Gracias, Hermione –dijo Harry. Su hermana le sonrió.
–¿Criado por gatos? –Bromeó su abuelo–. ¿Qué tan bueno eres para atrapar ratones?
Harry no notó que sus padres se tensaron ante eso. Sin entender la broma ni dándose cuenta de lo cerca que estaba de hablar de un tema prohibido, respondió con tono de orgullo:
–Bastante bueno.
Hermione frunció el ceño sabiendo que su hermano hablaba en serio, pero la tensión se fue cuando el abuelo comenzó a reír.
–Dan, no nos dijiste que tenía sentido del humor –dijo.
–Bueno… tiene sus momentos.
Dan y Emma se tranquilizaron cuando Hermione comenzó a abrir otro regalo, uno de parte de sus abuelos, pero la situación continuó cuando lo abrió y encontró con un perro escocés de peluche. Tenía un listón rojo alrededor de su cuello con su nombre tejido.
–Gracias, abuelita. Gracias, abuelito… mira, Harry –agitó al perro enfrente de él y comenzó a ladrar–. ¡Guau! ¡Guau! ¡Guau! ¡Guau!
Después de la última broma todos se rieron ante eso. Harry trató de atacar al perro en juego. Su hermana insistió, esperando que él le bufara, pero Harry se dio cuenta que el perro no le molestaba tanto por alguna razón. Cierto, los perros a veces causaban problemas a los gatos, pero ese era pequeño, incluso si usaba su imaginación. O quizás era parcial a los perros negros.
Pero Harry había llegado a su último regalo, y su mamá soltó un gruñido cuando recordó que regalo era. Le pareció una buena idea al momento ya que Harry no había recibido muchos libros. Después de todo aún leía libros con dibujos, y Hermione ya tenía un librero entero de esos para que pudiera leer, pero este era un nuevo libro llamado…
–Si le das una galletita a un ratón –leyó Harry ante las risas de su hermana y sus abuelos. Se detuvo por un momento mientras observaba la imagen de un ratón comiendo una galleta y tomando leche–. ¿Sabrá mejor? –Preguntó inocentemente.
Eso fue mucho. Incluso sus padres se rieron al escucharlo. Hermione estaba retorciéndose en el suelo a pesar del asco que normalmente sentía al pensar en comer ratones, la abuela casi se cayó de su asiento, y el abuelo se estaba riendo con tanta fuerza que apenas podía respirar. Harry no estaba seguro de que era tan gracioso. Después de todo, sabía que un ratón no sabría mejor porque los gatos no podían saborear el azúcar. Pero la risa era tan contagiosa que rápidamente les siguió. De hecho, no pudo recordar haberse reído tan fuerte antes. Pasó un largo tiempo antes de que la familia se calmara lo suficiente para que Hermione pudiera abrir su último regalo.
Era el regalo de Harry para Hermione, el único regalo que había dado y que claramente había sido envuelto con ayuda de su madre, pero él lo había elegido en la tienda. Era mucho más pequeño que su bola de estambre, pequeño y rectangular y de una forma similar a la de sus otros regalos, pero no era otro libro.
Era un pequeño cuaderno rojo con cubierta de piel falsa. Las páginas estaban en blanco ya que en la cubierta se podía leer la palabra "Diario" en letras doradas, y sobre esta la palabra "HERMIONE" se encontraba deletreada con etiquetas de color dorado. Para una niña de seis años, era un diario de muy buena calidad y sus ojos brillaron cuando lo vio.
–¡Harry, es maravilloso! ¡Gracias! –Exclamó Hermione. Sin advertencia, se lanzó sobre él y lo abrazó. Él trató de soltarse, pero como ella había aprendido rápidamente, estiró un brazo para acariciarlo detrás de su oreja izquierda lo cual lo calmó por un momento. El gesto no fue ignorado por sus abuelos quienes comenzaron a reír nuevamente.
Después de una espléndida cena de Navidad en la cual Harry comió más que en toda su vida, y después de ver con entusiasmo La espada en la piedra, sin mencionar jugar con sus juguetes nuevos y comenzar uno de sus libros, Harry se recostó con su oso de peluche y durmió mejor que nunca lo había hecho.
Queridos Sr. y Sra. Granger:
Con respecto a sus preguntas más recientes, creo que sería lo más conveniente si hablamos a través de la red flu. Espero que puedan hablar a las 4 de la tarde el sábado 28 para discutir estos temas. Envíenme una respuesta con esta lechuza si hay algún problema.
Felices fiestas,
Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore
Por lo que la familia Granger se había reunido enfrente de la chimenea el sábado por la tarde a esperar una de las apariciones inusuales del Sr. Dumbledore. Los niños esperaban con entusiasmo ya que les habían dicho recientemente el motivo de esa reunión. Nadie gritó esta vez cuando las llamas se volvieron verdes y el rostro de barba gris apareció en medio, aunque las expresiones en los rostros de los Granger aún parecían perturbadas por su apariencia.
–Buenas tardes –dijo Dumbledore–. Espero que su Navidad haya sido agradable.
Emma sonrió levemente.
–Quisiera decir que fue "mágica", pero creo que eso haría las cosas confusas.
Eso lo hizo reír un poco.
–Así es. Harry, me alegra ver que te estés acostumbrando a tu nuevo hogar. –El niño se encontraba sentado a los pies de su madre usando un suéter nuevo y, aún más curioso, jugando con una bola de estambre. Tendría que decirle a Minerva; quizás se riera ante eso.
Harry levantó la mirada.
–Sí, señor.
–¿Sr. Dumbledore? –Dijo Hermione desde el sillón, poniendo de lado su libro. Estaba muy interesada de saber más de Harry, pero había algo que la había estado molestando desde Navidad.
–Dime, Hermione.
–¿En verdad Merlín transformó a Arturo en todos esos animales?
Incluso con su mente espléndida, le tomó un momento a Dumbledore el enfocar su atención a tal pregunta.
–¿Perdón?
–Una de nuestras películas –le explicó Dan–. La espada en la piedra…
–Ah… –El título le era familiar. Recordó a algún joven hijo de muggles realizando la misma pregunta en los años sesenta, y también en los años cuarenta, cuando el libro fue publicado–. No, lo lamento mucho. Esa fue una invención de los escritores muggle.
–¿Descubrió Bermuda? –Preguntó Harry.
–¿Qué? No lo creo, aunque tendría que consultar una biografía de Merlín para responder bien. Sr. y Sra. Granger, en su carta, preguntaron sobre el estatus de Harry en nuestro mundo…
–No exactamente –aclaró Dan–. Preguntamos sobre lo que dijo el mes pasado: Harry heredó un lugar en el… Wizengamot, su... ¿Cámara de Lores? ¿Eso quiere decir que Harry Potter es un Lord en su mundo?
–La terminología no corresponde exactamente, pero sí. Como el último Potter, Harry es la cabeza de la Noble y Ancestral Casa de los Potter y un Lord del Wizengamot. Sin embargo, al contrario de un Lord muggle, el título sólo es utilizado dentro de las cámaras oficiales del Wizengamot y en correspondencia oficial.
Hermione soltó un breve chillido. Sea o no usado normalmente, su hermano era un Lord y nada iba a arruinar eso para ella.
–¿Y este asiento está vacío en este momento? –Continuó Dan.
–No, no hay necesidad de preocuparse de eso. Como el guardián mágico de Harry, nombré a su prima Andrómeda Tonks como su representante hasta que cumpla la mayoría de edad. Es su familiar más cercano que es… adecuado.
–¿Tengo primos? –Dijo Harry con emoción.
–Espere, espere, tiene que explicar algo –dijo Emma interrumpiéndolo. Había estado tomando notas nuevamente–. ¿Guardián mágico? ¿Qué es eso?
Dumbledore lució un poco molesto ante la tangente, pero respondió con calma.
–Como los padres muggle, normalmente, tienen poco conocimiento o no están involucrados en el mundo mágico, todos los hijos de muggles son asignados un guardián para los asuntos mágicos cuyo deber es asegurarse de su bienestar. Para los estudiantes atendiendo a Hogwarts, ese rol es asignado al director, a menos que haya circunstancias especiales.
–Y ese es usted –dijo Dan con molestia, gruñendo internamente ante el pensamiento de que el mago anciano era personalmente responsable de la crianza de más niños.
–Así es. En el caso de Harry, era huérfano y su padrino no estaba… disponible, por lo que fue responsabilidad del Jefe de Magos del Wizengamot el nombrar a un guardián para él.
–¿Y lo asignó a usted?
–Bueno… de alguna manera. Yo soy el Jefe de Magos.
–Y, por supuesto, se nombró a sí mismo –dijo Emma, apenas pudiendo contener el "¿Por qué no me sorprende?"– ¿Y qué más hace el Jefe de Magos?
–Nada más liderar el Wizengamot –dijo Dumbledore tratando de dejarlo de lado–. Creo que el rol más similar en el gobierno muggle sería el de Lord Canciller.
–¿Qué? –Gritaron Dan, Emma y Hermione al mismo tiempo. Harry sólo miró a su alrededor con confusión.
–¿Es un ministro del gabinete? –Preguntó Dan con sorpresa antes de obligarse a recordar el tamaño del mundo mágico.
–Eso sería imposible, Sr. Granger, ya que el Ministerio de Magia no tiene gabinete.
–Aun así, usted dijo que es el Lord Canciller… y el Secretario de Educación, o algo similar, y la cabeza del MI5. ¿Tiene algún otro título que debamos saber?
–Bueno, nunca lo he escuchado de esa manera, pero hay otro. También soy el Jefe Supremo de la Confederación Internacional de Magos, aunque eso es menos impresionante de lo que suena en términos de influencia.
Dan y Emma palidecieron ante eso.
–¿Confederación Internacional de Magos? –Preguntó Emma escribiendo el nombre–. Y eso es como, ¿Secretario General de la ONU o algo así? –Apenas y quería pensar en lo que la posición significaría en el mundo mágico. Parecía un paso antes de ser tratado como realeza sin saberlo.
Afortunadamente Dumbledore detuvo ese pensamiento.
–Esa pudiera ser una interpretación muy generosa por lo que entiendo de la política muggle. Honestamente, lo único que la Confederación ha realizado en unidad fue el Estatuto del Secreto.
–Aun así, usted es básicamente el mago más poderoso del mundo, políticamente, ¿y cuándo tiene tiempo dirige una escuela? –Preguntó Dan. Había algo bastante inquietante sobre todo eso. Parecía que cada vez que aprendían más de la vida profesional de Dumbledore, menos tenía sentido. ¿Qué estaba ocurriendo?
–No, no, no me entienden –dijo el anciano–. Soy el director de Hogwarts primeramente. Simplemente es mi pasatiempo el moderar los fascinantes debates políticos que toman lugar en el mundo.
–¿Y cómo es que obtuvo todos esos títulos en primer lugar?
Inesperadamente él sonrió ante eso y sus ojos brillaron mientras respondía.
–Cuando uno ha vivido tanto tiempo como yo, Sr. Granger, tiende a acumular un número inusual de cosas.
Dan y Emma no pudieron evitar mirarse el uno al otro ante la obvia evasión. En acuerdo silencioso, dejaron de lado el tema. Algo les dijo que continuar por ese camino no sería productivo o terminaría peor. Los niños también los observaban ahora, buscando respuestas a lo que estaba ocurriendo.
–De acuerdo… –Emma consultó sus notas nuevamente–. De vuelta a los guardianes mágicos. ¿Hay alguna manera de que nosotros podamos asumir el rol para nuestros hijos?
–Desafortunadamente, no –dijo Dumbledore–. Ustedes tienen derechos como guardianes legales en el mundo mágico, pero la ley requiere que todos los niños mágicos tengan a un mago o bruja supervisando sus asuntos.
–Ya veo –dijo Emma. Dio la vuelta al final de su cuaderno, donde había comenzado una lista de cosas por hacer, en la que agregó "trabajar en cambiar leyes anti-muggles" e "investigar opciones de guardián mágico además de Dumbledore". El mago en cuestión se sintió algo nervioso mientras se preguntaba lo que escribía–. Listo. Ahora, usted dijo que Harry tenía una prima a la cual usted nombró como su representante. –Le indicó a Harry que se levantara y se sentara a su lado–. No creo que nos haya dicho antes nada sobre la familia de Harry. ¿Cómo son?
El rostro de Dumbledore se tornó serio.
–Me temo que la respuesta no es buena –dijo con tristeza dirigiéndose al niño–. Harry, tu abuela, Dorea Potter, nació en la familia Black, y aunque tu abuela era una mujer buena, la mayoría de los Black eran conocidos como magos oscuros a los que no les agradaban los muggles o sus hijos mágicos.
–¿Por qué, señor? –Preguntó Harry.
–Porque muchas familias antiguas están más preocupadas en conservar su poder que en otra cosa. No les agradan las familias nuevas que llegan al mundo mágico. Como tal, tienes cuatro primos lejanos por parte de la familia de tu abuela, pero lamento decirte que tres de ellos trabajaron con Voldemort una manera u otra. –Harry respiró profundamente al saber que tantos en su familia habían estado en su contra, o en contra de sus padres biológicos, y que eran malos. Hermione no lucía mejor–. Pero la cuarta, Andrómeda, es una buena mujer –continuó–. Dejó a su familia y se casó con un mago hijo de muggles llamado Ted Tonks. Ella creía en tratar a los muggles de manera justa, como tus padres, por lo que la elegí como tu representante en el Wizengamot.
–¿Cree que pudiéramos conocerla? –Preguntó Emma–. Nos encantaría conocer a algún miembro de su familia. –Harry asintió con entusiasmo–. Y quizás ella pueda enseñarle a Harry acerca de cómo navegar asuntos políticos mágicos antes de que regrese a su mundo.
–Oh, no creo que haya necesidad de que Harry se preocupe de esas cosas a su edad, Sra. Granger.
–No, yo creo es una muy buena idea –la defendió Dan.
–Confío plenamente en la habilidad de la señora Tonks para manejar los asuntos de Harry hasta que él sea mayor de edad. En verdad no hay necesidad de…
"Eso es lo que tememos," pensó Dan.
–Sr. Dumbledore –lo interrumpió–, usted quiere mantener a Harry lejos de su fama, lo cual es bueno, pero su plan haría que no aprenda nada de su legado, y eso suena bastante importante. Especialmente considerando su título nobiliario y que tiene que lidiar con políticas de sangre pura como las que mencionó.
Harry aún volteaba a su alrededor con confusión, pero los ojos de Hermione se entrecerraron. Sus padres no habían dicho mucho sobre lo que habían hablado con el Sr. Dumbledore además de la amenaza de Voldemort, pero estaba comenzando a comprender que había aún más problemas en el mundo mágico.
–¿No es mejor que aprenda lo antes posible? –Continuó Dan–. ¿Y acaso no tengo razón en que esas familias ricas y de sangre pura le enseñan a sus hijos todo eso desde temprana edad? –La mirada de Dumbledore claramente le dijo que tenía razón.
–Además, aún queremos conocerla –dijo Emma–. Ella es la única pariente mágica de Harry que es buena después de todo.
–Su familiar mágico más cercano para ser más preciso, ya que todas las familias están relacionadas, pero sí, entiendo el sentimiento –dijo–. Le mencionaré a la Sra. Tonks sobre la posibilidad de una visita, aunque quizás el próximo verano sería lo mejor, cuando ustedes tengan más tiempo.
Después de una mirada y un movimiento de cabeza de su esposo, Emma aceptó.
–Eso sería adecuado. Gracias.
–Gracias –agregó Harry.
–No hay de que, mi pequeño. ¿Hay algo más que quieran discutir? ¿No? Entonces me temo que tengo que regresar a mis preparaciones para el semestre de primavera. Feliz año nuevo.
–Feliz año nuevo –respondió la familia.
El rostro de Dumbledore se desvaneció de la chimenea y las llamas recuperaron su natural color naranja.
–Acabo de tener un momento de esos de "¿qué rayos acaba de pasar?" –Dijo Dan después de un momento. Le inquietaba el pensar que una conversación a través de la chimenea se sentía casi normal. Emma y él se levantaron y se dirigieron a la cocina para procesar lo que habían aprendido.
En cuanto se fueron, Hermione se bajó del sillón y le susurró a Harry.
–Siempre hacen eso cuando algo no está bien. Voy a ver qué pasa. –Caminó sobre las puntas de sus pies hacia la puerta de la cocina, pero no fue tan silenciosa.
–Hermione –le llamó su mamá.
–Lo siento, mami. –Corrió de vuelta al sillón avergonzada y abrió nuevamente su libro, pero después de un minuto tuvo una idea. Levantó la mirada y le sonrió a su hermano–. Harry, transfórmate en gato y escucha lo que están diciendo –le susurró.
Harry sonrió cuando entendió.
–Okay –dijo también en un susurro. Después de concentrarse por unos segundos, corrió en cuatro patas a la puerta de la cocina. Con su sentido del oído felino pudo escucharlo todo.
–Parece que aún tenemos mucho que aprender –dijo su mamá mientras se servía una taza de té. Harry la pudo oler desde afuera, Earl Grey.
–Lo sé –respondió su papá–. Pensé que había algo extraño con el Sr. Dumbledore antes, pero esto… no lo entiendo. Parece que está a cargo de todo. ¿Cómo puede ser eso posible?
–No lo sé. Y no pareció querer hablar de eso. Parece ser una buena persona, pero me hace preguntarme que es lo que hace detrás de escena.
–Siento que nos falta algo. Mientras más aprendemos, menos tiene sentido.
–Bueno, quizás la Sra. Tonks nos lo pueda explicar. O le podemos escribir a la profesora McGonagall…
–Podemos preguntarles, pero ambas trabajan para Dumbledore…
–Lo sé, pero… –Se detuvo cuando notó algo de reojo. Dándose la vuelta vio una pequeña oreja negra en el margen de la puerta–. Harry.
Escuchó un maullido y el desliz de unas patitas sobre el piso de madera mientras el gatito huía.
–Ambos están trabajando juntos, Dan –dijo Emma con una sonrisa–. Le das a nuestra dulce e inocente hija un hermano, y mira lo que pasa.
–Esto fue tu idea.
–Ay, vamos, sabes que lo querías tanto como yo.
–Sí, lo sé, amor… ¿Y qué tal la persona de Gringotts? Parecía alguien decente.
–Quizás, pero no parecen el tipo de personas que hablen de asuntos políticos, especialmente con clientes.
–Tal vez no –dijo Dan–. Es extraño. El patrón parece familiar, pero es difícil de encontrar con la magia. Es… es… como los asuntos políticos de un pueblo pequeño –se dio cuenta con un chasquido de dedos–. ¿Recuerdas cómo sólo hay unos diez mil magos en Inglaterra? Su ministerio tiene que ser manejado como el consejo de un pueblo… y suena a que los peores aspectos también son reflejados. Todos los miembros son amigos, siempre se ayudan para salir de problemas, tienen empleos importantes en el pueblo, las personas ocupan múltiples puestos, todo es manejado en base a metas personales…
–Por Dios, tienes razón –dijo Emma–. Todo lo que sabemos de su guerra civil tiene aún más sentido de esa manera. Incluyendo a Dumbledore.
–Especialmente Dumbledore. ¿De qué otro modo pudiera haber logrado lo que hizo con Harry sin consecuencias? Es como si lo dejaran ser el Director Local de Educación, el Jefe de la Policía, el Presidente del Consejo, y un miembro del Parlamento.
–Creo que necesitamos leer Historia de la Magia desde el principio. Si es más como la historia de un pueblo que el de una nación… Me pregunto qué tanto piensan ellos que es de esa manera.
–No lo sé. Lo viven. Los términos son diferentes, pero suena a que así son las cosas.
–La pregunta es cómo es que Dumbledore obtuvo tantos títulos a nivel internacional.
–Y sí, esa es la pregunta –concluyó Dan–. A menos que esté en los libros, creo que lo único que podemos hacer es preguntar cuando tengamos la oportunidad.
Albus Dumbledore se encontraba sentado en su escritorio preguntándose cómo es que sus planes para Harry Potter habían cambiado tanto. El niño seguramente adoptaría una actitud independiente con su nueva familia gracias a la personalidad de sus padres. Supuso que eso era algo bueno, pero ciertamente cambiaba sus calculaciones.
Había esperado que Harry Potter llegaría a Hogwarts cinco años y medio después, no después de pasar la mejor niñez, probablemente una resguardada, pero una niñez decente. Había esperado a un niño tímido, con ganas de aprender, y con la posibilidad de crecer en su papel como el Elegido cuando fuera lo suficiente mayor para poder lidiar con eso. En su lugar, ya había escapado un hogar abusivo y había aprendido una habilidad mágica fácil de esconder y que se había pensado imposible. Quizás aún terminaría siendo algo tímido, como su hermana, pero Albus lo dudaba.
Podía ver a dónde iban las cosas. Bajo la tutela de los Granger, Harry regresaría al mundo mágico tan capaz como lo había sido James Potter, y con la habilidad de Lily Evans de enfrentarse a personas educadas a su nivel. Ambas eran cualidades admirables para prepararlo para su enfrentamiento contra Voldemort y los mortífagos, pero si el niño también había heredado el interés de su padre por agitar las cosas, guardaba la esperanza de que el mundo mágico estuviera listo para él.
Albus decidió que necesitaba caminar a la Cabeza de Puerco. De alguna manera, sintió que una conversación con Abe sería la parte menos estresante de su día.
Enero, 1986
Ambos niños estaban sentados con calma mientras sus padres los conducían a través de las calles de la ciudad después de la escuela. Un diciembre cálido había dado pie a un drásticamente frío invierno, y viajaban a su destino bajo un cielo gris y helado.
Los Granger habían tenido suerte de encontrar un dojo altamente calificado y respetado en el área de Crawley, y en el que, aunque con algo de resistencia por parte del mismo dojo debido a la edad, los niños tendrían la posibilidad de alcanzar el nivel del cinturón negro (aunque sin la potencia) antes de que se fueran al "internado" en cinco años.
La mayoría de los niños estarían emocionados al iniciar clases de karate, bueno, aunque quizás no los más reservados; pero Harry Potter y Hermione Granger se lo tomaban muy en serio. Para el resto del mundo, ellos sólo eran dos niños más que querían aprender karate pronto como una habilidad más, pero en secreto ellos sabían la verdad. Ese era el día en el que comenzarían a aprender a defenderse de Voldemort.
El dojo tenía un estilo tradicional y los instructores utilizaban karategi blancos y respondían al título de "sensei". Una clase avanzada estaba concluyendo en la que los estudiantes realizaban movimientos que para los niños parecían impresionantes. Al principio, el club parecía tan serio como los dos niños, pero pronto notaron que era más relajado. Los instructores eran amistosos y conversaban con los niños cuando llegaban. Harry y Hermione se unieron a la fila de una docena de otros niños de cuatro a nueve años, cada uno usando su propio karategi blanco, y luciendo mucho más felices que el par, excepto por uno o dos que obviamente no querían estar ahí.
Mientras Dan y Emma observaban desde el fondo junto a otros padres, el instructor principal se presentó como John, su sensei, y comenzó inmediatamente, enseñándoles a ponerse en posición firme y a hacer reverencias.
–Bien, pero esta vez todos al mismo tiempo. Todos hagan reverencia y digan: "Hola, John-sensei".
–Hola, John-sensei –dijeron la mayoría de los niños en susurros, o quizás los más pequeños eran muy tímidos para hablar más fuerte, pero la voz de Hermione se escuchó con claridad. No era la niña más extrovertida, pero siempre seguía las indicaciones.
–Muy bien. ¿Saben por qué hacemos eso…? Es para mostrar cortesía y respeto. Si los otros maestros y yo los tratamos bien, ¿cómo deben de tratarnos ustedes?
–¡Bien! –Dijeron unos niños.
–Así es. Ahora, cortesía y respeto significan que cuando yo les enseño karate, ustedes lo tienen que usar de buena manera. Y eso quiere decir que no deben de golpear a sus papás o a sus hermanos. Eso no es bueno, ¿verdad?
–No –respondieron unos.
–Digan: "No, John-sensei".
–No, John-sensei.
–Bien. Si utilizan karate fuera de clase alguna vez, sólo lo utilizarán para detener a personas que los quieran lastimar, ¿de acuerdo?
Emma se preguntó si alguno de los otros niños tendría razón para utilizar karate además de detener a otros niños que los molestaran en la escuela. Mientras tanto, sus niños tenían que preocuparse por terroristas. Odiaba admitirlo, pero Dumbledore tenía razón sobre algo: eran muy pequeños para tener que lidiar con eso… aunque eso no les importa a los terroristas.
Después de las instrucciones los sensei les enseñaron a los niños posiciones y movimientos básicos. Los padres decidieron que John-sensei era un buen maestro; hacía que la lección fuera como un juego, siempre asegurándose que entendieran el punto, y ayudaba a los niños a aprender los movimientos correctamente. Los más pequeños no tenían mucha coordinación, pero mejoraron notablemente durante el transcurso de la lección. Harry también comenzó a imitar a su hermana y seguía las instrucciones al pie.
Lo mejor de la lección fueron unos obstáculos diseñados para ayudarles con la velocidad y agilidad. Los niños se celebraban el uno al otro mientras competían tanto como lo hacían los instructores, y todos terminaron divirtiéndose, incluso Harry, y, para su propia sorpresa, Hermione.
Al final de la lección, cada niño recibió un cinturón blanco por su esfuerzo y respeto, y Dan y Emma estaban contentos al notar que sus niños estaban sonriendo tanto como los demás. Preocuparse por magos oscuros podía esperar un poco más.
Marzo, 1986
La familia Granger se encontraba desayunando antes de la escuela cuando escucharon el ruido del correo cayendo sobre la alfombra de la entrada desde la apertura de la puerta.
–Ve por el correo, Hermione –dijo Dan mientras leía el periódico.
–Que Harry vaya –dijo Hermione con su tono mandón de hermana mayor.
Dan levantó la mirada y notó que Harry ya casi terminaba de comer.
–Ve por el correo, Harry.
–Que Hermione vaya.
–Hermione aún está comiendo, Harry. Ella irá la próxima vez.
Harry terminó lo que quedaba en su plato y corrió por el correo. Lo trajo de vuelta mientras leía los nombres de los remitentes. No reconoció a ninguno pero Dan tomó una y la abrió rápidamente.
–Emma, ven a ver esto –dijo después de leer la primera línea.
–¿Qué es, Dan? –Preguntó su esposa.
–Los documentos de adopción están listos.
–¿Ya?
–¿Ya? –Dijo Hermione en eco.
Los cuatro juntos observaron la carta y Dan señaló la línea más relevante.
Por la presente se reconoce que Harry James Potter es hijo de Daniel Mark Granger y Emma Julia Granger.
Después de mucha discusión en familia decidieron que Harry conservaría su apellido en honor al sacrificio de sus padres, aunque Harry hubiera adoptado cualquier nombre a cambio de eso.
–Felicidades, Harry. Eres oficialmente miembro de esta familia –dijo Dan–. Intercambiaron besos y abrazos y Harry llegó a la escuela ese día con una sonrisa imperturbable. Ya era oficial. Tenía una familia de verdad.
De acuerdo a Wikipedia, The sword and the stone es conocida como La espada en la piedra en Latinoamérica y como Merlín, el encantador en España. Yo utilicé el primer título simplemente porque es más apegado al título original.
