Escribimos y leemos gracias a JK Rowling... Y en este caso, también escribo gracias a White Squirrel.

Notas del autor: La tormenta descrita en este capítulo es la gran tormenta de 1987, la cual ocurrió la noche entre el 15 y el 16 de octubre, matando a veintidos personas y causando daños de más de dos mil millones de libras en Gran Bretaña.


Capítulo 11

Diciembre, 1986

Todos estaban descansando en cama, o por lo menos se suponía que debían de estarlo. Pero un gatito negro con blanco se encontraba caminando entre las sombras del salón, su mirada fija en el árbol de navidad. Harry había esperado hasta que las luces estuvieran apagadas para salir de la cama, fácilmente bajando las escaleras en silencio en sus cuatro patas. Se detuvo junto a Rowena, pero ella sólo le lanzó una mirada molesta por haberla despertado y se volvió a dormir.

Harry se escondió en una esquina del salón desde donde tenía una visión ideal del árbol y la chimenea. Su visión nocturna le permitía ver claramente, mucho mejor que cualquier humano. Era el lugar ideal para ver lo que ocurriría cuando llegaran los regalos de Santa Claus.

Tenía sueño, pero no tuvo que esperar tanto como pensó. No era ni medianoche cuando escuchó a alguien moverse, cuidadosamente navegando en la casa oscura. Caminaron sobre Rowena, pero no notaron los ojos verdes de Harry al otro lado del salón. Y sí, varios regalos nuevos pronto estuvieron bajo el árbol.

Lo sabía.


Febrero, 1987

–¿Sabes? Harry nunca ha ido de vacaciones –dijo Dan–. Deberíamos de ir a algún lugar este verano.

–Me parece bien –dijo Emma–. ¿Qué tienes en mente?

–Bueno, no hemos ido a España desde antes de que Hermione naciera.

–¿Un verano en la playa bajo el sol?

–No me quejaría. Y le haría bien a Hermione salir de la biblioteca por un tiempo.

–Me agrada. Podemos hablar con los niños cuando estemos más cerca…

–¡Ah!

–¡Hermione! –Gritaron Dan y Emma. Corrieron hacia el grito y encontraron a su hija de pie sobre el sillón, apuntando al piso cerca de la televisión.

–¡Hay un ratón!

Fue entonces que vieron al roedor cerca de la esquina de la alfombra. Pero antes de que pudieran reaccionar, Harry bajó las escaleras corriendo.

–¿Un ratón? ¡Yo lo atrapo!

–Harry, espera –dijo Emma, pero Harry ya se había transformado y corrió detrás del roedor. El ratón corrió cerca de la pared y Harry corrió alrededor de la televisión e intentó acorralarlo cerca de la mesa, pero lo evadió. Pronto, el gatito estaba corriendo entre los muebles persiguiéndolo, por poco rompiendo dos lámparas y una vasija.

–¡Harry, detente! –Dijo Dan.

El ratón corrió hacia la entrada con el gatito siguiéndolo instintivamente. Maulló a Rowena para que lo ayudara, pero la gata adulta sólo se hizo a un lado y dejó que el joven lo solucionara.

Un momento después, la familia escuchó un ruido fuerte y un gemido y corrieron a la cocina, donde encontraron al gatito orgullosamente dejando al ratón muerto en medio de la habitación.

–¡Harry! ¡Qué asco! –Gritó Hermione en protesta.

Harry retomó su forma humana.

–Te dijo que lo atraparía.

Emma miró al roedor con asco, igual que su hija. Dan decidió deshacerse de la criatura, agradecido que Harry no intentó comerlo.

–Harry, sabemos que eres bueno en esto –le dijo a su hijo–, pero en el futuro, preferiríamos utilizar trampas para deshacernos de los ratones… Y vete a lavar los dientes, por favor. No sabemos dónde ha estado esa cosa.


Septiembre, 1987

El Quisquilloso

¿Harry Potter en Barcelona?

Por Xenophilius Lovegood

Una familia de magos británicos vacacionando en España dice haber visto a un niño con la apariencia del Niño que Vivió mientras visitaban la catedral de Barcelona el 17 de agosto. La familia, que pidió no ser identificada, reportó haber visto a un niño de seis años hablando inglés, con cabello negro similar al de James Potter y los ojos verdes de Lily Potter, acompañado por una familia desconocida.

Harry Potter no ha sido visto en público desde la noche de la derrota de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado hace casi seis años, y tanto la Ministro de magia, Millicent Bagnold, como el Jefe de Magos, Albus Dumbledore, se han rehusado a responder sobre su ubicación insistiendo que está en un lugar seguro y secreto para su protección.

Aunque la mayoría de los expertos rechazan el reporte como coincidencia, rehusándose a creer que Harry Potter se encuentra en el extranjero y mucho menos moviéndose en lugares públicos con una familia desconocida, éste reportero piensa que la verdadera amenaza ha sido ignorada: Harry Potter ha sido exiliado fuera del país por agentes de la conspiración de Rotfang para prevenir que crezca como un oponente en contra de sus esfuerzos por derrocar el ministerio desde adentro, con la ayuda de magia oscura y enfermedades de las encías.

Pedimos al ministerio que conduzca una investigación para eliminar los elementos indeseables en el Departamento de Aurores y que confirmen la seguridad del joven Potter. La continua integridad del gobierno de la Ministra Bagnold requiere acción inmediata…

HISTORIA CONTINÚA EN PÁG. 3

PARA MÁS INFORMACIÓN SOBRE LA CONSPIRACIÓN DE ROTFANG, VEA PÁG. 5


Octubre, 1987

Rowena fue la primera en levantarse esa noche ya que nunca había podido dormir con lluvia pesada y truenos. En cuando la tormenta tomó fuerza, tomó refugio debajo de un sillón. Harry fue el siguiente, a pesar de llevar ya varias horas dormido, pero el ruido del viento y las ramas cayendo se incrementó después de la medianoche, y el resto de la familia lo siguió. Al principio, Harry y Hermione fueron mandados de vuelta a dormir; pero el sexto sentido felino de Harry, a pesar de ser menos notorio en su forma humana, le dijo que esa no era una tormenta ordinaria.

Un ruido terrible les dijo que una rama había caído contra la casa. Los niños gritaron en sus cuartos. Fue en ese momento que Dan y Emma decidieron que no podían mandarlos de vuelta a sus habitaciones, por lo que tomaron una cobija para que los cuatro se pudieran recostar juntos en el sillón. Escucharon la radio mientras los reportajes del clima se volvían cada vez más serios, y la que al principio había sido llamada una tormenta otoñal llegó a ser conocida como una tormenta de doscientos años.

La familia se abrazó en el sillón mientras el viento tomó más fuerza. Con cada ráfaga había más golpes de ramas contra el techo, y en ocasiones podían escuchar piedras pequeñas rebotando contra las paredes. La tormenta continuó por un largo tiempo, pero incluso en medio de la noche, ninguno pudo obtener más que un sueño liviano. Cerca de las dos de la mañana, horas después aprenderían que el viento tomó la fuerza de un huracán. Los árboles detrás de la casa crujieron por el esfuerzo, y Harry comenzó a quejarse mientras escondía su cabeza debajo de la cobija.

El ruido de las ramas parecía interminable. Hubo un relámpago y el ruido de una explosión al otro lado de la calle, y las luces se apagaron. En medio de los gritos se prendieron nuevamente, parpadeando tres veces antes de brillar más de lo normal para apagarse indefinidamente.

Una rama cayó sobre el lado de la casa, destruyendo la ventana y arrojando trozos de vidrio por todo el suelo. Las cortinas se abrieron y la lluvia y el viento entraron con agresividad a través del marco de la ventana.

–Tenemos que irnos –gritó Dan–. Yo cubriré la ventana.

–Al sótano –dijo Emma, tratando de empujar a los niños asustados fuera de la habitación. Harry y Hermione sintieron un cosquilleo interno que parecía esparcirse por el cuarto. Era la sensación que Harry sentía cada vez que se transformaba, pero nunca era expresada en el exterior.

–Cuiden por donde caminan –dijo Dan pisando un vidrio–. Hay mucho… ¿qué es…?

Los cuatro Granger observaron sorprendidos como los vidrios se elevaban. Los niños sintieron una extraña energía por toda la habitación, y repentinamente los pedazos de vidrio volaron de vuelta a la ventana y se acomodaron en el marco. Las grietas en el vidrio se derritieron y desaparecieron completamente. La lluvia y el viento golpearon contra la ventana reparada, pero esta aguantó, sólo dejando la rama y bastante agua como evidencia de lo ocurrido.

–Increíble… –susurró Dan.

–¿Ustedes hicieron eso? –Preguntó Emma a los niños.

–E...eso creo –dijo Harry y Hermione asintió.

Hubo otro ruido terrible detrás de la casa cuando un árbol cayó. Los niños gritaron y lo siguiente que vieron fue el sillón elevándose, dándose la vuelta y cubriéndolos. Sus padres tropezaron y cayeron al suelo. Cuando se pusieron de pie, todos sus esfuerzos por acomodar el sillón fallaron ya que pareció estar pegado a la alfombra.

–¿Están bien? Preguntó Emma.

Un rostro casi cubierto por su cabello largo y alborotado salió por un lado del sillón.

–Estoy bien –dijo la pequeña.

Una cabeza con bigotes se asomó por el otro lado y maulló antes de volverse a esconder. Sin poder levantar el sillón o convencer a los niños de salir, Dan y Emma no tuvieron más opción que sentarse en el suelo a su lado hasta que la tormenta hubiera pasado.

La casa fue sacudida por la caída del árbol, pero descubrieron después que no hubo daños. El árbol cayó sobre otro, evitando por completo el techo. Durante la siguiente hora, los árboles detrás de la casa cayeron uno tras otro como fichas de dominó, milagrosamente evitando todas las casas en la calle.

Fue después de las cuatro de la mañana cuando el viento finalmente se calmó, pero fue sólo cuando los sonidos de afuera fueron reducidos a una lluvia sencilla que Harry y Hermione salieron de debajo del sillón. Cuando finalmente lo hicieron, su padre descubrió que ya no estaba pegado al suelo.


Una gata atigrada se encontraba caminando esa tarde por la calle destrozada. Había ramas por todos lados y era difícil caminar en la zona. Minerva estaba agradecida de haberse podido tomar un tiempo de la escuela ese viernes. Albus no creía que la tormenta fuera algo de qué preocuparse, pero una lechuza rápida al ministerio confirmó que el escuadrón para revertir magia accidental había estado ocupado por toda Inglaterra debido a todos los niños mágicos que se habían asustado por la tormenta. Ya que los Granger no estaban en el directorio oficial, tomó la decisión de visitarlos personalmente.

Dando una vuelta a la casa en su forma felina, Minerva pudo oler los residuos mágicos de los eventos de la noche anterior, enfocados en el salón. Transformándose en un lugar oculto, caminó hacia la puerta.

–Hola, profesora –dijo Emma cuando respondió al timbre. Una carta esa mañana les había informado de su visita–. Muchas gracias por venir a vernos.

–Estoy más que feliz de ayudar, Sra. Granger. Me temo que sólo tengo unos cuantos minutos, pero después de escuchar sobre la tormenta tenía que venir y asegurarme por mí misma que los niños estuvieran bien y ofrecer mi ayuda si es que fuera necesaria.

–Es muy amable de su parte. Por favor, entre. Niños, la profesora McGonagall está aquí –dijo llamándolos desde las escaleras. La escuela había cancelado las clases por razones obvias.

Dos niños cansados pero sanos bajaron, utilizando zapatos a pesar de que no les gustaba, pero Minerva había notado el piso mojado.

–Hola, profesora –dijeron los niños.

–Hola, Harry. Hola, Hermione. Me alegra que estén bien. Escuché reportes de lo terrible que fue la tormenta y después de ver su calle puedo ver que no fueron exagerados.

–No, al contrario –confirmó Emma–. Han anunciado que fue la peor en tiempos modernos.

–Sí, puedo entender lo escalofriante que fue. Mis contactos en el ministerio dicen que casi todos los niños mágicos en Inglaterra experimentaron algún tipo de magia accidental. ¿Es correcto suponer que lo mismo ocurrió aquí?

Los niños se sonrojaron y miraron a sus pies.

–Sí, profesora –susurró Hermione.

–No hay nada de qué avergonzarse –les aseguró Minerva–. Estas cosas ocurren durante momentos estresantes. Incluso se de algunos adultos que pierden el control de su magia cuando son enfrentados a este tipo de devastación. Comúnmente olvidamos que la magia es nada en comparación con la fuerza de la naturaleza. Usualmente, el escuadrón de reversión de accidentes mágicos repararía daños creados por magia, pero dadas las circunstancias esto no es posible, por lo que vine a encargarme de todo yo misma. Si tienen algo que necesiten que repare… –Se detuvo notando que varias cosas ocupaban reparaciones, aunque no necesariamente por magia.

–De hecho, profesora, los niños no rompieron nada con su magia –dijo Emma. Explicó lo que ella y su esposo habían visto la noche anterior, y Minerva se tranquilizó al saber que su uso de magia accidental fue perfectamente normal. Lo último que necesitaba era que otra cosa imposible ocurriera al lado de Harry Potter.

–Aunque, si no le molesta, le agradeceríamos si nos ayudara con un poco de los daños –concluyó Emma.

–Desafortunadamente, no puedo hacer nada por el exterior de la casa ya que sería sospechoso. Sin embargo, puedo ayudarlos con el salón. –Y sí, unos cuantos hechizos después el salón estuvo seco y limpio, como nuevo.

–Gracias, profesora. Nos ha salvado de muchos problemas. –Minerva asintió.

–¿Profesora? –Dijo una voz pequeña.

–Dime, Hermione.

–¿Hay manera de controlar la magia sin varita?

La pregunta sorprendió a Minerva, aunque supuso que era normal considerando de dónde provenía la niña. Era otra pregunta que los sangre pura no considerarían hacer.

–Si quieres decir magia accidental, sí –explicó–. Cuando creces, te das cuenta que es más fácil controlar la magia cuando se sienten emociones fuertes… Sin embargo, si quieres decir controlar cómo usarla, ese es un talento inusual y no es de mi campo. El profesor Dumbledore tiene experiencia en el tema, pero no muchas personas más. –Se detuvo cuando vio a Harry observándola con entusiasmo, y recordó que Albus le había dicho que las reglas normales no servían para el niño–. Aunque supongo que si alguien pudiera lograrlo, sería el niño que logró ser animago a los cinco años y su hermana extraordinariamente dotada –dijo con una sonrisa–. Ahora, si me disculpan, tengo que regresar a mis clases. Que tengan un buen día. –Dejó el hogar y se apareció en las puertas de Hogwarts preguntándose si se acababa de causar futuros dolores de cabeza.

Mientras tanto, Hermione jaló a Harry de vuelta arriba con entusiasmo. Él se preparó cuando reconoció la expresión que siempre tenía su hermana cuando tenía algo en mente.

–Harry, ¿cómo se sintió la magia accidental? –Le preguntó cuándo entraron a su habitación.

–No lo sé –dijo su hermano–. Algo como… un cosquilleo… en mis brazos.

–¿Cómo electricidad?

–Sí.

–Yo también sentí lo mismo. Creo que si logramos encontrar esa sensación, podremos utilizar magia sin una varita.

Harry lo pensó por un momento.

–A lo mejor… –dijo–. Pero la profesora McGonagall dice que es difícil.

–¿Y? Tampoco sabe cómo te transformas en gato.

–Pero yo tampoco sé cómo.

–Bueno, es magia –insistió Hermione–. ¿Sientes lo mismo cuando cambias?

No lo había pensado de esa manera antes.

–Erm, sí, un poco, pero creo que viene de mi pecho… está como escondida, como que tengo que buscarla. Y luego tengo que concentrarme en mi forma de gato…

–Creo que debemos de intentarlo –insistió dándolo por hecho–. Tal vez es más fácil de lo que la profesora McGonagall piensa. Y pudiera ser útil después.

Harry supo que no debía discutir con su hermana después de eso.


Noviembre, 1987

Harry escaló a la cima de los tubos en el patio de la escuela. Escalar ya era segunda naturaleza para él, y su papá incluso había sugerido que escalara en muros artificiales, aunque nadie más en la familia estaba dispuesto a acompañarlo. Hermione, Paul y Tiffany lo siguieron. Todos eran buenos escalando las barras de metal, aunque ninguno era tan bueno como él.

Ciertos días, los cuatro subían y bajaban los tubos, paseaban en los columpios, o incluso jugaban fútbol. Otros días, como ese, sólo se sentaban en la cima y hablaban.

Paul les estaba contando sobre la boda de su prima, la cual había sido caos controlado. Primero, el sonido había fallado, luego el novio casi vomitó en el altar, y el organista confundió todas las canciones. Después, por supuesto, el pastel de bodas se colapsó debido a lo que su tía llamó "un maldito error de diseño".

Pero cuando les dijo que su tío se había emborrachado y comenzado a cantar melodías de obras musicales durante la recepción, no pudieron aguantar más. Harry y Hermione estaban bien sostenidos, pero Tiffany comenzó a reírse con tanta fuerza que perdió el equilibrio y se resbaló.

El gritó de Paul llamando a "¡Tiffany!" fue seguido inmediatamente por Hermione gritando "¡Harry!" ya que su hermano se había lanzado en un ángulo que estaba segura lo haría caer también. Paul y Hermione estiraron sus brazos hacia ellos y la maestra a cargo corrió hacia ellos, pero ninguno podía acercarse entre los tubos. Sin embargo, todos alrededor se detuvieron y dejaron salir un grito cortado cuando vieron lo ocurrido.

Harry estaba colgado boca abajo, sólo sus piernas sosteniéndolo enroscadas alrededor de un tubo, y sosteniendo a Tiffany con sus manos en una posición que cualquier fan de quidditch hubiera reconocido como el arrebato de Serafini siendo perfectamente ejecutado.

–¡Ah! –Gritó Tiffany levantando la cabeza para ver el rostro de Harry–. Gra… gracias, Harry –tartamudeó. Estiró su mano y pierna hacia una de las barras y comenzó a bajar lentamente, cansada de las alturas por el día–. ¿Cómo hiciste eso? –Preguntó cuándo estuvieron en terra firma.

–Sí, yo también quisiera saber –dijo la maestra mientras los revisaba.

–No lo sé, sólo lo hice –dijo Harry como si no importara.

–Esos son buenos reflejos. Deberías de jugar tenis o algo así.

Harry asintió pensando en lo que sabía del mundo mágico y que probablemente sería un "algo así".


Abril, 1988

La familia Granger se encontraba comprando ropa de verano cuando se encontraron con un extraño individuo. Al instante reconocieron los hábitos inusuales del pequeño hombre. Primero, estaba vestido completamente de morado en un aspecto similar al del Sombrerero Loco. Además, hizo una reverencia enfrente de Harry. Cualquiera de las dos cosas por sí sola hubiera sido suficiente para revelar que era un mago.

–Erm, disculpe, ¿lo conocemos, señor? –Dijo Dan acercándose al hombre.

–Oh, no, lo dudo, por supuesto. Mi nombre es Diggle, Dedalus Diggle –respondió el hombre con entusiasmo. Estrechó la mano de Dan antes de acercarse a Harry–. Es un placer conocerle, Sr. Potter, no tiene idea… –estrechó la mano del niño de siete años con tanto vigor que Harry consideró utilizar un movimiento de karate para librarse antes de que su madre lo ayudara.

–E...encantado de conocerlo, señor –susurró Harry un poco molesto.

–Sí, apreciamos el sentimiento, Sr. Diggle, pero estamos tratando de no llamar la atención –dijo Emma.

–Oh, claro, por supuesto. Nadie escuchará nada de mí; mis labios están sellados.

–Gracias –dijo cortantemente. Decidieron continuar a la siguiente tienda, lejos del amable pero exuberante fan. Gracias a Dios no todos son así, pensaron.


Agosto, 1988

Hermione observó fijamente la linterna que había colocado sobre su mesa de noche mientras intentaba sentir la energía flotando a su alrededor. Después de comparar notas con Harry, ambos determinaron que el efecto más común de magia accidental que habían experimentado eran luces parpadeantes, y también sabían que la magia interfiere con la electricidad, por lo que fue una idea natural. Decidió comenzar con algo sencillo y su primer experimento para controlar la magia sin varita fue el intentar encender y apagar una linterna.

Había trabajado en eso un poco durante el año escolar, y molestado a Harry para que hiciera lo mismo, pero su concentración se había incrementado durante el verano. En ocasiones, ni siquiera sacaba la linterna, sólo concentrándose en sentir su propia magia. Era trabajo difícil ya que su magia normalmente estaba enterrada tan profundo que no la sentía, excepto cuando estaba muy molesta y no prestaba atención. A Harry no le iba mejor a pesar de tener control sobre su habilidad animaga. Pero con meditación, y recordando cómo se había sentido durante la gran tormenta, Hermione lentamente comenzó a traer su magia a la superficie.

Recibieron ayuda inesperada de las barreras alrededor de la casa. Desde que comenzaron a prestarles atención, ambos niños pronto se dieron cuenta que podían sentir el cosquilleo de la magia cada vez que las atravesaban. Eso les ayudó bastante a lograr identificar su propia magia.

Aunque fue difícil, Hermione pensó que podía sentir la sutil sensación de la magia fluyendo en su cuerpo, extendiéndose desde las puntas de sus dedos y rodeando la linterna en finos filamentos. Se concentró en esa sensación e intentó empujar más poder sobre estos. Sintió la magia flaquear, casi perdiendo el control, pero tomó fuerza, y después de cuidadosa presión, y sin presionar ningún botón, la bombilla interna de la lámpara se apagó.

–¡SÍ!

Desafortunadamente, con el flujo de su magia abierto, el entusiasmo de Hermione tuvo un efecto más fuerte de lo que esperaba. La bombilla de la linterna explotó y las luces del techo parpadearon por todo el segundo piso.

–¿Hermione? –Su madre tocó la puerta–. ¿Qué ocurre?

–¿Hermione? –Dijo Harry detrás de ella–. Pude sentir eso desde mi cuarto.

–¿Sentir qué? –Dijo Emma con sospecha.

Bueno, esto va a ser difícil de explicar, pensaron los dos.


Julio, 1989

–¡Mira mamá! –Dijo Harry levantando sus manos una sobre la otra, con una moneda flotando y girando entre ellas. Después de un año de arduo trabajo, él y Hermione finalmente habían aprendido a liberar su magia sin destruir nada (usualmente), y pronto dirigieron su atención a la levitación, el siguiente paso obvio que Hermione había sugerido. Comenzaron con cosas pequeñas como pedazos de papel, sujetapapeles, y plumas, antes de avanzar a bolígrafos y monedas. Sus resultados aún no eran fiables y usualmente les tomaba un tiempo, pero estaban progresando rápidamente, con Hermione siempre un poco más adelante para la sorpresa de nadie.

Sus padres habían tolerado sus "estudios" a pesar de los dolores de cabeza adicionales que causaban ya que sabían que sería útil en un futuro, pero ese no era el momento.

–Harry, deja de estar jugando. Los Tonks estarán aquí en cualquier momento –le ordenó Emma.

–Lo siento, mamá. –Tomó la moneda en el aire y la guardó en su bolsillo para continuar limpiando. Reflexionó que era mala suerte que no habían aprendido como limpiar el salón con magia. Los esfuerzos de Hermione de acelerar su trabajo en la cocina con magia también fallaron, pero los métodos convencionales les permitieron terminar pronto.

Afuera, Ted y Andrómeda Tonks se acercaron a la casa de los Granger con su hija adolescente de cabello rosado y expresión confusa. Dora Tonks no estaba segura de que esperar del premio de su madre por pasar sus TIMOs y no meterse en "tantos" problemas (lo cual había sido en mayoría por tener que pasar tanto tiempo estudiando).

–Creo que estás lista para saber de qué trataban todas las reuniones secretas a las que he asistido los últimos años –le había dicho su madre.

Dora estaba un poco molesta. Sabía la importancia de guardar secretos desde que había decidido ser auror hacía varios años. Pero estaba dividida entre la curiosidad de ser parte del secreto de sus padres, y preocupada porque, aún si secretas, las reuniones políticas de su madre eran bastante aburridas.

Pero esos sentimientos fueron reemplazados por confusión cuando sus padres la llevaron a un vecindario muggle en el sur de Londres. El evento no parecía relacionado con algo político ya que muy pocas familias se rebajarían a eso, incluyendo las liberales. Además, parecían estarse acercando a un hogar con un buzón marcado con el nombre "Granger", el cual no pertenecía a ninguna familia de la que hubiera escuchado antes. Entonces cruzaron la línea de la propiedad y se paralizó por la sorpresa.

–Vaya, ninguna de las casas de mis amigos está así de protegida –dijo al sentir las barreras–. Ni siquiera la de Jason Denbright. –Los Denbright eran una de las familias más ricas que habían resistido a Voldemort, y se habían mantenido ocultos por lo que ella creía muy buenas barreras, pero nada como eso.

Podía jurar que vio a su madre reírse de ella. ¿Qué era ese lugar? Daba la impresión de "protección de testigos", alguien ocultándose ya que estaban bastante alejados de otros magos. Sorprendentemente, la respuesta más obvia considerando la posición de su madre no le llegó a la mente, principalmente porque no prestaba la suficiente atención al trabajo político de su madre, y de lo que sí sabía, no era algo que consultaría con alguien más.

Su madre tocó la puerta y un hombre de la edad de sus padres respondió, vestido completamente en ropa muggle.

–Hola Andi, Ted –dijo con gentileza.

¿Andi? Nadie llamaba a su madre Andi. Ni siquiera su padre la llamaba Andi, y la tía Narcissa ya no tenía el hábito tampoco. La única persona con vida que la llamaría así estaba pudriéndose en Azkaban.

–Buenas tardes, Dan –dijo Andi, aparentemente sin problema alguno–. Esta es nuestra hija, Nymphadora.

Dan la miró de manera extraña cuando su cabello cambió a blanco por la sorpresa. Dora lo forzó de vuelta a rosa mientras tartamudeaba una respuesta.

–S...sólo Dora, por favor. Erm, ¿qué tal, Sr. Granger? –Dijo dando un paso hacia adelante y estrechando su mano.

–Me alegra conocerte finalmente, Dora –le respondió–. Por favor, entren. –Los dirigió al salón, donde el resto de la familia los esperaba–. Dora, quiero presentarte a mi esposa, Emma, nuestra hija, Hermione, y supongo que reconoces a nuestro hijo adoptivo…

Ella notó la cicatriz al instante.

–¿Qué demonios? ¡Es Harry Potter! –Gritó, casi cayendo.

Los ojos de Harry se abrieron de golpe mientras el resto de la familia se estremeció.

–¿Qué demonios? ¡Tu cabello se volvió verde! –Gritó en respuesta.

–¡Cuiden su vocabulario! –Gritaron el resto de las mujeres al mismo tiempo.

El cabello de Dora no sólo había adoptado un tono verde eléctrico, pero también estaba en punta hacia todas direcciones, como si estuviera cargado de electricidad. Con dificultad, lo forzó a la normalidad, y luego se rio. Acababa de sorprender a Harry tanto como él la había sorprendido a ella. La reunión sí iba a ser interesante.

–Dora es una metamorfomaga –explicó su madre–. Nació con la habilidad inusual de cambiar su apariencia física a voluntad. Aunque pierde un poco el control cuando se emociona.

Dora le lanzó una mirada a su madre e imitó su cabello castaño. Después hizo algo aún más difícil e imitó el cabello alborotado de Harry y su rostro. Le guiño el ojo antes de cambiarlo de vuelta.

Harry se rio ante eso.

–¿Puedes transformarte en gato? –Le preguntó.

–¡Harry! –Lo regañó Emma.

Pero Dora estuvo más que dispuesta a aceptar el desafío… Y era mejor que lo que los hombres en su escuela pedían.

–Gato, mm, eso es más complicado –dijo. Tuvo que hacerlo paso a paso para obtener el resultado: primero dejó crecer cabello castaño por todo su rostro, después cambió su nariz y boca por la de un hocico felino; y al final lo difícil. Empujó sus orejas hacia la parte superior de su cabeza mientras les daba forma puntiaguda y transformó sus ojos en pupilas verticales. Mantuvo todo por un momento antes de liberarlo, su rostro retomando su forma original tan rápido como una banda elástica. Respiró profundamente y sacudió la cabeza para despejarlo completamente.

–Increíble… –dijo Harry–. Yo hice crecer mi cabello una vez, pero creo que fue magia accidental.

–Probablemente –dijo Andi–. El color de cabello de Dora cambió a lo que fuera que estuviera viendo durante ocho meses después de que nació.

Dora cambió el tema rápidamente.

–Entonces, Harry… –dijo acercándose al niño y tomando el valor para realizar su pregunta–. ¿Cómo es que terminaste en el mundo muggle?

Harry le contó su historia, con un poco de ayuda de sus… padres, pensó la joven un poco confusa. Eso era inesperado. Él le explicó cómo había vivido con sus tíos quienes eran tan malos que escapó, eventualmente terminando en el hogar de los Granger donde su hermana adoptiva también resultó ser una bruja. Dora estaba segura de que había más en la historia, pero las piezas tuvieron sentido. Había escuchado rumores de que Harry estaba con una familia muggle, por lo que sería criado con relativo poco conocimiento del mundo mágico; aunque debiera de haber algo, era Harry Potter después de todo. Y como su representante, su madre era probablemente su principal contacto, y por supuesto, ella dejaría que un niño famoso la llamara Andi.

–Pues parece que te está yendo bien –le dijo–. ¿Pero tienes idea de lo impresionante que será esta información cuando llegues a Hogwarts?

–Desafortunadamente –gruño Emma.

–Oh… lo siento.

–Es por lo que Dumbledore quería que viviera en el mundo muggle –dijo Andi–. No es por esconderlo, más bien por darle su espacio.

–¿Dumbledore instaló las barreras?

Dan y Emma se sorprendieron que hiciera la conexión tan rápidamente, pero los niños asintieron sabiendo que las debió de sentir al llegar.

–Así que, ¿qué hay de nuevo en el otro lado? –Dijo Dan cambiando el tema.

–Pues, lo más importante es que la Ministra Bagnold anunció su retiro, por lo que habrá elecciones en primavera –dijo Andi–. A menos que Dumbledore sorprenda a todos y decida lanzarse, parece que los candidatos serán Barty Crouch, Jefe del Departamento de Seguridad Mágica, y Cornelius Fudge, Jefe del Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas. Es difícil predecir quién ganará en este momento, y no estoy segura de por quién votar aún. Crouch tomó una postura estricta contra los mortífagos durante la guerra, pero también envió a su propio hijo a morir en Azkaban con, si somos honestos, muy poca evidencia. Se ha vuelto impulsivo y contencioso, pero Fudge, de acuerdo a todos, no es eficiente, es insípido, y es un verdadero político. Ha estado hablando con moderados en el Wizengamot, pero parece del tipo que Malfoy pudiera comprar con facilidad.

–Suena a que cualquier candidato sería un paso atrás –observó Dan.

–Así es. Bagnold ha hecho un buen trabajo. Intenté convencer a Amelia Bones, la Jefa de Aurores, Augusta Longbottom, y Elphias Doge de lanzarse como candidatos, pero ninguno quiere ni acercarse al puesto.

–Bueno, siempre has dicho, si quieres algo bien hecho, hazlo tú mismo –dijo Dora con fastidio; su madre se había estado quejando de las elecciones todo el mes.

Andi la observó con molestia.

–Y Harry necesitaría un representante nuevo. Necesitamos a Enid Croaker libre para cubrir el puesto de los Black, por lo que el siguiente en línea sería Arthur Weasley, y honestamente, por muy bueno que es detrás de escenas, se lo comerían vivo en la Cámara. –Dora notó que convenientemente no mencionó que tampoco estaba interesada en el puesto de ministro.

–De cualquier manera, tengo unas cuantas iniciativas que quiero empujar antes de las elecciones, pero pueden leerlas después –dijo Andi entregándoles varios documentos–. Así que, ¿tienen planes para el resto del verano?

–Sí, iremos a Italia el próximo mes –dijo Emma.

–Oh, maravilloso –respondió Andi–. No he ido desde que era una niña. Mi lugar favorito es la zona mágica de Nápoles, pero las áreas muggles también son hermosas.

Dora pronto dejó de prestar atención mientras sus padres les preguntaban a los Granger sobre sus planes y después sobre las actividades de los niños dentro y fuera de la escuela. Ya que no había atendido a una escuela muggle, no comprendió muchos de los coloquios, pero rápidamente entendió que Hermione era más tranquila y que disfrutaba de la lectura, mientras que Harry prefería actividades más sociales (Bien, lo va a necesitar, pensó). Pero era claro que ambos eran brillantes y… sorprendentemente normales. No es que esperara que Harry Potter fuera como decían los libros, pero era difícil no imaginarse a un gran hechicero viviendo en reclusión hasta que se le necesitara, como Merlín.

Dora fue interrumpida de sus pensamientos cuando Hermione comenzó a preguntar cómo era Hogwarts.

–Bueno, es el lugar más mágico en toda Europa occidental –dijo–. Con torres y escaleras que se mueven; y velas que flotan y fantasmas… y los retratos que hablan.

–¿Los retratos hablan? Increíble.

Era fácil con los hijos de muggles.

–Supongo que estás entusiasmada por aprender magia cuando seas lo suficiente mayor, ¿no?

Hermione se sonrojó con incomodidad, mientras que Harry sonrió un poco nervioso.

–Mamá, ¿podemos enseñarles lo que hemos estado haciendo? ¿Por favor?

Sus padres se miraron el uno al otro.

–Supongo que sí. No es un secreto realmente –dijo Emma.

Harry sonrió ampliamente y sacó una moneda de su bolsillo para colocarla sobre su palma. Movió su otra mano sobre ella y comenzó a susurrar para sí mismo.

–Vamos, vamos, vamos… –Dora lo observó preguntándose si es que iba a hacer lo que parecía que estaba intentando; y después de continuo esfuerzo, la moneda se elevó.

–¡¿Qué demonios?! –Gritó Dora.

–¡Por Merlín! –Dijo su madre.

–¡Por Dios! –Dijo su padre haciendo notar su crianza muggle.

Dan y Emma se rieron de la familia Tonks, lo cual también los sorprendió. Hermione observó con atención a la moneda y después, extendiendo dos dedos, la movió lentamente hacia ella. Sus visitas intercambiaron expresiones de sorpresa.

–¿En verdad? –Dijo Dan–. ¿Ustedes son los que viven en el mundo mágico y piensan que eso es impresionante?

–¿Sin varita? –Dijo Andi–. ¿Y antes de los diez años? Sí. La mayoría de las personas nunca intentan la magia sin varita, y mucho menos se vuelven buenos en ella.

–¿Pero no sería más útil? –Preguntó Hermione–. ¿Qué pasa si pierdes tu varita?

–Perder tu varita es realmente serio… o por lo menos es lo que piensa la mayoría. Básicamente significa que perdiste.

–Bueno, si pudieras levitar tu varita hacia ti, no tendrías porque que perder.

Dora inmediatamente tomó interés en eso. Estaba dándose cuenta rápidamente que los niños criados por muggles tenían la habilidad de descubrir lo más obvio. Estaba segura que Ojoloco Moody podía realizar magia sin varita sin problemas.

–¿Pero cómo pueden hacerlo? ¿No les han enviado una advertencia por el uso de magia como menores de edad?

Andi negó con la cabeza.

–No, es magia sin varita. Será registrada como magia accidental en el Ministerio.

–¿Ahora me lo dices? ¿Y cómo lo aprendieron? ¿Encontraron un libro o algo?

–Oh no, ellos solos se enseñaron –dijo Emma.

–¿En verdad?

–Ajá –asintió Hermione–. Nos tomó casi dos años aprender esto, pero cada vez es más fácil. Tienes que sentir la magia y… más o menos manipularla para que actúe como tú quieres.

–Practicamos sintiendo nuestras barreras –agregó Harry.

–Pues ya sé que voy a hacer como mi proyecto de encantamientos para los EXTASIS –dijo Dora–. No puedo creer que estén aprendiendo magia mucho antes de que entren a la escuela.

–Es que tenemos que entrenar –dijo Hermione con seriedad.

–¿Entrenar?

–Queremos que estén lo más preparados que puedan en defensa personal –explicó Dan–. En caso de que Voldemort regrese.

Dora soltó un grito leve y cayó de su silla.

–La influencia de Dumbledore –le dijo su madre antes de que causara una escena.

–Avísame a la próxima, mamá. –Los Granger reprimieron sus risas mientras se sentaba de nuevo.

–De cualquier modo, es por eso por lo que han tomado clases de karate desde que adoptamos a Harry –continuó Dan.

–¿Qué es karate?

Para cuando la demostración terminó, Dora decidió que a la velocidad a la que iban, esos niños terminarían dándole lecciones a ella. Ambos eran cinturón café, o lo que sea que eso fuera. Harry estaba unos meses más avanzado que Hermione, pero la velocidad y fuerza con la que se movían era impresionante. Harry convenció a su padre de dejarlos usar las tablas, y cuando ambos niños lograron romper trozos de madera de tres cuartos de pulgada de grosor con golpes que Dora estaba segura deberían de romper sus brazos, se cayó de su silla nuevamente. No había duda: si se enfrentaba a ellos sin su varita sería humillada. El mundo mágico se llevaría una gran sorpresa por parte de ellos en dos años.