JK Rowling es la maestra, White Squirrel el aprendiz, y yo soy la escriba.

Notas del autor: En respuesta a los inevitables comentarios, quisiera aclarar que El Animago Accidental no será Ron/Hermione ni Harry/Ginny. Aún no se cuáles serán las parejas en esta historia, pero no tengo la intención de que incluyan a los Weasley. Los Weasley serán parte del círculo de amigos de Harry y Hermione, aunque quizás no tan cercanos como en los libros.

Finalmente, en caso de que no sea claro, los pasajes en itálica en este capítulo son flashbacks.

Notas de la traductora: ¡Sorpresa! (O quizás no si siguen Aritmancia, la otra historia de White Squirrel que traduzco.) En honor a los seis meses de esta traducción, aquí les dejo un capítulo extra. ¡Espero que lo disfruten y gracias por su apoyo y sus comentarios!


Capítulo 15

El andén nueve y tres cuartos estaba en ajetreo el primero de septiembre, lleno de los cientos de familias que estaban enviando a sus hijos a Hogwarts. Lechuzas ululaban en sus jaulas, gatos maullaban en sus trasportines o caminaban alrededor de las piernas de sus amos, y el parloteo de las personas llenaba el aire. Un tren de color escarlata sobresalía en un extremo del andén, seguido de una docena de carros de pasajeros de aspecto antiguo. En la pared del fondo había vendedores ambulantes ofreciendo todo tipo de revistas, baratijas encantadas, y sándwiches, aunque su enfoque era en los padres. Harry y su familia se alegraron al notar que había demasiada actividad como para que alguien lo notara.

En acuerdo mental, los Granger caminaron hacia el área menos atestada cerca del último carro. Estaban seguros de que el tren se llenaría eventualmente, pero sería bueno que abordaran y encontraran un compartimiento desde temprano.

–Este se ve bien –dijo Dan mientras llegaban a un compartimiento en el último carro. Sus hijos asintieron sin comprometerse–. De acuerdo, hay que subir sus cosas. Harry, sube a Hedwig primero… Bien, ahora ayúdame con los baúles. –Harry subió la jaula de Hedwig al tren y se agachó en la puerta para ayudar a su padre a levantar su baúl y el de Hermione. Los libros eran algo pesados después de todo.

Dio un salto fuera para abrazar a sus padres una última vez antes de que se fueran.

Emma los abrazó a los dos e intentó aguantarse las lágrimas, y discretamente acarició a Harry detrás de las orejas.

–Buena suerte, niños. Los amamos y los extrañaremos mucho.

–¡Nosotros también los amamos! –Exclamó Hermione, su tono demostrando que estaba nerviosa. Harry susurró lo mismo.

Dan estaba un poco más calmado que su esposa, aunque también colocó un brazo alrededor de los hombros de ambos.

–Harry, haz lo posible por encontrar amigos que no sólo sean tus fans –le dijo.

–Lo haré.

–Y Hermione, no porque no estés en casa quiere decir que puedes comer todos los dulces que quieras.

–¡Papá!

–Y ambos recuerden lo que dijo Andi. No llamen la atención con su magia sin varita… por lo menos hasta que tengan una idea de cómo reaccionarán las personas. –Ellos asintieron.

–Asegúrense de escribirnos –agregó Emma–. Y que sea doble si ocurre algo extraño. Y estoy segura de que los Tonks también querrán saber de ustedes.

–Lo haremos, mamá –dijo Hermione. Ella y Harry abordaron el tren.

Mientras permanecían en la entrada, Dan recitó:

–Pero sobre todo, usa de ingenuidad contigo mismo, y no podrás ser falso con los demás, consecuencia tan necesaria como que la noche suceda al día. Adiós y Él permita que mi bendición haga fructificar en ti estos consejos.

–Humildemente os pido vuestra licencia –dijo Harry soltando una risa.

–Adiós, mamá. Adiós, papá. Los veremos en Navidad –dijo Hermione. Y entraron al tren, arrastrando sus baúles dentro del compartimiento y deslizándolos debajo de sus asientos.

–Harry, mira, creo que son los Weasley –dijo mientras se acomodaban.

–¿Dónde?

–Ahí, detrás de ti.

Harry se puso de pie y se dio la vuelta para ver por la ventana a una familia de pelirrojos acercándose al tren. Recordó lo que Andi le había dicho sobre los Weasley:

Arthur Weasley ha sido un aliado muy valioso. Claro, no es el mejor para los discursos, y las personas siempre lo han sobreestimado porque es el único Jefe de la Oficina Contra el Uso Incorrecto de los Artefactos Muggles, pero es un partidario incondicional de los derechos muggles, y es brillante maniobrando las cosas detrás de escena. He trabajado con él en la Ley de Defensa de los Muggles y creo que podremos lograr que sea aprobada esta primavera. Su familia es muy buena también, por lo que he escuchado. No se les puede confundir. Sólo busquen al grupo más grande de pelirrojos.

Los Granger se miraron los unos a los otros.

¿Tienen gemelos? –Preguntó Hermione.

Pues, sí. ¿Los han visto?

Sí, en Flourish y Blotts. Su hija estaba comprando el último libro de Harry Potter –dijo ella con tono de fastidio.

Bueno, eso es normal –admitió Andi–. La mitad de las niñas en el país han leído Las aventuras de Harry Potter. Incluso Dora leyó los primeros libros.

¡Oye! Harry Potter en el expreso oriental estuvo muy bueno –protestó Dora para el entretenimiento de los demás.

Los últimos estudiantes pronto abordaron y el tren comenzó a moverse. Todo había sido tranquilo hasta entonces, pero unos minutos después la puerta de su compartimiento se abrió revelando a tres pelirrojos, incluyendo a un par de gemelos.

–¿Les molesta? –Dijo el más joven–. Todos los demás están llenos.

–Adelante –dijo Harry amablemente.

–Pero miren quién es –dijo uno de los gemelos.

–¿Quién? –Preguntó el más joven.

–Harry Potter –dijo el otro gemelo.

Harry aún estaba usando su fleco para cubrir su cicatriz. Incluso lo había dejado crecer durante el último mes, aún si eso lo hacía aún más incontrolable. Pero nada de eso ayudaba si cierto par de gemelos ya sabía cómo lucía.

–¿Qué? ¿En verdad? –El pelirrojo más joven se tambaleó mientras se sentaba al lado opuesto de Harry.

Harry intentó no hacer algún comentario inadecuado.

–Sí, soy yo –dijo.

–¿Cómo se encuentra, señor Potter? –Dijo el primer gemelo con exagerada formalidad.

–Creo que no hemos sido introducidos formalmente –dijo el otro–. Mi nombre es George Weasley, y él es Fred.

–Y este es el pequeño Ronnie –dijo Fred.

–Ron –corrigió el susodicho.

–Un placer conocerlos –respondió Harry–. He escuchado de ustedes. Mi prima, Andrómeda Tonks, está trabajando con su padre en la Ley de Defensa de los Muggles.

Los gemelos se miraron el uno al otro con sorpresa.

–Oh, ha escuchado de nosotros, George.

–Espero que sólo cosas buenas, Fred.

–Esperen un momento, acaban de decir que eres George –Hermione habló por primera vez, señalando al que ahora parecía ser Fred.

–Por supuesto que no. Eso es ridículo. Yo soy Gred –dijo él.

–Y yo soy Forge –dijo el otro.

–¿Y tú eres…? –Dijeron juntos.

–Oh, ella es mi hermana, Hermione Granger –respondió Harry por ella.

Esa respuesta causó que incluso los infames gemelos Weasley callaran por la sorpresa, pero Ron hizo lo contrario.

–¿Hermana? Harry Potter no tiene una hermana.

–Claro que la tiene –dijo Hermione–. Mis padres lo adoptaron cuando éramos pequeños.

–¡Una hermana! –Dijo Forge

Esa es la mejor broma que hemos escuchado en todo el verano –continuó Gred.

–¡No es una broma! –Protestó Harry.

–Oh, pero lo es.

–Desapareces por diez años y regresas con una hermana…

–¡Es incomparable!

–Y es aún mejor porque es cierto.

Harry y Hermione compartieron una mirada nerviosa. Iba a ser un año interesante con esos dos a su alrededor.

–¿Así que en verdad fuiste criado por muggles? –Dijo Ron–. Vaya, Ginny va a estar decepcionada.

–Pues así fue –respondió Harry. Ni siquiera supe sobre la magia o lo que les ocurrió a mis padres biológicos hasta que tenía cinco años.

–¿Qué? ¿Acaso nadie te dijo sobre… Quien-tú-sabes? –Su voz fue casi un susurro.

Harry sacudió la cabeza.

–No. Viví con mis tíos primero, pero ellos… no me querían. Cuando me adoptaron, el profesor Dumbledore vino y nos contó sobre Voldemort.

Los tres Weasley perdieron el aliento por la sorpresa, pero después, increíblemente, vieron que Harry y Hermione los miraban con fastidio, como si decir el nombre más temido en Gran Bretaña no tuviera importancia. Hedwig ululó desde su jaula en la esquina.

–¡Dijiste su nombre! –Chilló Ron.

–Bueno, claro, Dumbledore siempre lo dice.

–Pero él es Dumbledore. Tú de entre todos…

–Basta –lo interrumpió Hermione–. El miedo al nombre sólo intensifica el miedo al objeto. Yo me di cuenta de eso cuando tenía seis años.

Los gemelos se miraron el uno al otro.

–Creo que esto va más allá de nosotros, George –dijo Fred, aparentemente.

–Así es, Fred… –respondió George–. Buena suerte, Ron –dijo con una sonrisa–. Vamos a buscar a Lee Jordan. Trajo una tarántula gigantesca. –Ron tembló mientras salían de la cabina.

Las cosas estuvieron bastante tranquilas después de eso. Harry le explicó lo más que se sintió cómodo diciendo de su historia personal. Ron se confundió las primeras veces que Harry se refirió a sus padres adoptivos como mamá y papá, pero lo tomó bien. Hermione le contó con entusiasmo sobre toda la magia que quería aprender en Hogwarts, lo cual pareció molestarle un poco. Ron les contó sobre sus hermanos y su hermana menor, aunque pareció algo reservado. Harry lo entendió ya que sabía que los Weasley no tenían mucho dinero. Resultó que Ron no sabía nada sobre la Ley de Defensa de los Muggles en la que trabajaba su padre, aunque dijo que pensaba que era una buena idea.

Pasaron parte de la mañana sólo observando el paisaje. Hermione se había metido en la cabeza el descubrir dónde se encontraba Hogwarts basándose en el paisaje, pero Harry dudaba que eso funcionara. Después, escucharon el ruido de un carrito lleno de dulces empujado por una mujer de aspecto similar al de la abuela de Harry y Hermione.

–Expreso de Honeydukes. ¿Gustan algo del carrito? –Dijo mientras pasaba.

–No, gracias –murmuró Ron con sus orejas sonrojadas–. Tengo sándwiches.

–Tú compra algo, Hermione –le dijo Harry.

–¿Estás seguro? –Preguntó ella. Harry asintió y Hermione salió a ver los productos–. Oh, Harry –lo llamó–, tienen empanadas de calabaza… y varitas de regaliz.

–¿En serio? –Harry saltó para unirse a su hermana. La calabaza y el regaliz eran de los pocos sabores dulces que le interesaban a su sentido del gusto felino. Tomó unos cuantos de ambos mientras Hermione tomaba unos pasteles en forma de caldero y lo que Harry consideró una cantidad excesiva de ranas de chocolate.

Mientras tanto, Ron desenvolvió un paquete de aspecto extraño. Sin interés, separó un sándwich mientras los demás tomaban asiento de nuevo.

–Ah, mamá – se quejó–, siempre le he dicho que no me gusta la carne en conserva.

–¡Oh! ¡A mí me encanta! –Dijo Harry–. ¿Quieres cambiar?

Ron lo observó con sorpresa.

–¿Estás bromeando?

–No –dijo Hermione sacudiendo la cabeza–. Mi hermano no es normal.

–En serio, toma una empanada –dijo él.

–De acuerdo… –Ron le entregó un sándwich a cambio, el cual Harry mordió con entusiasmo. Mientras comían, una rata gris y gorda salió de la chaqueta de Ron y comenzó a morder uno de sus sándwiches.

–¡Scabbers! ¡Quítate! –Ron no estaba comiendo el sándwich, pero aun así removió un trozo para dárselo a la rata en lugar de dejarlo que siguiera mordisqueando–. Lo siento, este es Scabbers. Me lo dio Percy porque a él le regalaron una lechuza por ser prefecto –dijo con molestia.

Scabbers lanzó una mirada hacia Harry y se congeló, probablemente porque Harry también lo estaba observando y parecía listo para atacar. Ninguno de los dos se movió mientras el silencio se prolongaba.

–Eh, ¿estás bien, Harry? –Preguntó Ron.

Harry sacudió la cabeza para salir de su trance.

–Ah, sí, lo siento. Es sólo que… me gustan más los gatos.

Fue sólo porque Harry había dicho esa broma por años que Hermione no se rió. Scabbers tomó el trozo de pan con su boca y se escondió de nuevo en la chaqueta de Ron.

–Pensé que sólo se permitían lechuzas, gatos, o sapos en Hogwarts –dijo Hermione.

–No, quieren decir que sólo puedes tener uno de esos tres –dijo Ron–. Pero también puedes tener mascotas más pequeñas.

Terminaron su almuerzo, Ron comiéndose todos los dulces que Harry y Hermione no quisieron. El paisaje afuera se volvió más montañoso y lleno de bosques mientras el tren se acercaba más al norte. Sorprendentemente, sólo unas cuantas personas fueron a visitarlos y tratar de conocer a Harry, pero hubo un grupo más grande después de un tiempo. Ron estaba en medio de un largo monólogo sobre quidditch que sólo le interesaba a Harry cuando se abrió la puerta del compartimiento y tres niños entraron como si fueran dueños del lugar.

Dos de los niños eran grandes y parecían tener una mueca permanente. Si eran de primer año, eran bastante grandes y lucían más como guardaespaldas que estudiantes al lado del niño en medio. Ese niño era pálido, con cabello rubio platino y un aura de superioridad. Harry y Hermione lo reconocieron al instante. Andi les había mostrado una foto de sus familiares con los que no se hablaba y había señalado al pequeño para darles un simple consejo: "Evitarlo".

–Todos están diciendo que Harry Potter está en este compartimiento –dijo el niño pálido mirando a Harry–. ¿Eres tú?

–Sí –dijo Harry intentando decidir si se debía preocupar más por él o por sus secuaces.

–Oh, ellos son Crabbe y Goyle –dijo el niño con simpleza–. Y mi nombre es Malfoy, Draco Malfoy.

Harry se arrepintió de no haberse presentado como "Bond, James Bond". Ron reprimió una risa y Malfoy parecía listo para decir algún insulto en su contra, pero Harry lo interrumpió. Recordando las reglas de etiqueta que Andi le había enseñado, se puso de pie para responder.

–Draco Malfoy, ¿heredero de la Antigua y Noble Casa de los Malfoy?

–¿Has escuchado sobre mí? –Respondió Malfoy con una sonrisa orgullosa.

–Su familia es difícil de ignorar, Sr. Malfoy, considerando todo lo que fue nombrado en honor a su padre.

Ron se sorprendió del aparente cumplido, pero Malfoy notó el tono condescendiente en la voz de Harry.

–Mi padre es un respetable filántropo –dijo, elevando su nariz un poco. Lanzó otra mirada a Ron–. Muy pronto descubrirás que algunas familias de magos son mucho mejores que otras, Potter. No querrás hacerte amigo de los de la clase indebida. Yo puedo ayudarte con eso. –Dijo ofreciendo su mano a Harry.

Harry cruzó sus propias manos con firmeza en frente de él.

–Eso es muy generoso de su parte, Sr. Malfoy –dijo con calma–, pero creo que mi hermana y yo podemos decidir quiénes son los indebidos.

–¿Hermana? –Malfoy miró con confusión a la única niña en el compartimiento.

–Adoptiva –dijeron Harry y Hermione al mismo tiempo.

Malfoy los miró con sospecha, como si algo le hubiera fallado en su cálculo.

–Bueno –dijo–, supongo que lo sabremos pronto.

–Así es –respondió Harry.

–Vámonos –dijo Malfoy a Crabbe y Goyle.

Harry y Hermione suspiraron con alivio cuando se fueron, mientras Ron lucía maravillado.

–Increíble, Harry, ¿cómo hiciste eso? –Dijo–. No creí que nadie pudiera hacer que Malfoy deje ir algo de esa manera.

–Mi prima Andi nos enseñó cómo lidiar con ese tipo de personas. Sólo hay que saber cómo hablarles. Básicamente, hay que fingir que eres mejor que todos los demás y decirlo de manera sarcástica.

Todos se rieron ante eso, y Ron hizo una sorprendentemente buena imitación de la voz de Malfoy:

–Oh, sí, soy Draco Malfoy y mi familia entera ha estado en Slytherin desde hace más de novecientos años, ¿la tuya no...? –Todos se rieron un poco más–. Merlín, ¿por qué querría alguien estar en Slytherin?

–Merlín estuvo en Slytherin –comentó Hermione.

–Quizás, pero ahora todos son unas víboras. Nunca ha habido una bruja o mago oscuro que no estuviera en Slytherin.

–¡No todos son malos! –Protestó Hermione–. Andi estuvo en Slytherin y es muy amable.

–Sí, y Sirius Black estuvo en Gryffindor y mira todo lo que hizo –agregó Harry.

En el bolsillo de Ron, sin ser notado por el niño, Scabbers se relajó y se quedó dormido.

–Supongo que es cierto –admitió Ron–. Pero aun así, mi familia entera estuvo en Gryffindor. Odiaría terminar en Slytherin, ¿saben en qué casa les gustaría estar?

–Creo que me gustaría Gryffindor –dijo Harry–. Mis padres biológicos estuvieron ahí.

–Suena a que es la mejor –dijo Hermione–, pero Ravenclaw no estaría mal. ¿Sabes cómo es la selección? No había nada sobre el tema en Historia de Hogwarts.

–No, lo siento. Nunca les dicen a los de primero. Fred dijo que tenemos que luchar contra un troll, pero creo que estaba bromeando.

–¿Luchar contra un troll? –Gritó Hermione–. ¿No crees…?

–No, por supuesto que no –dijo Harry–. Ni siquiera Dumbledore está tan loco.

Estaban en medio de las montañas y el sol comenzó a ocultarse. Aunque en ese momento estaban atravesando un valle amplio con algunos lagos a la distancia.

–Harry… ¡Creo que es Glen More! –Exclamó Hermione–. Debemos de estar en las Tierras Altas.

–Bueno, construyeron Hogwarts lejos de aldeas muggle –dijo Harry.

–No debemos de tardar en llegar –dijo Hermione con seriedad mientras comenzaba a buscar algo en su baúl–. Ustedes dos cámbiense aquí. Yo iré al baño –dijo sacando su túnica y saliendo del compartimiento.

–¿Siempre es así? –Dijo Ron observando a Harry.

–Sí –dijo Harry riéndose–. Lo mejor es hacer lo que dice.

Unos minutos después los tres ya se habían cambiado. Hermione abrió la puerta del compartimiento de nuevo, sólo para tener que dar un paso atrás y casi ser derrumbada por su hermano, quien se había lanzado en su dirección.

–¡Con cuidado! –Dijo él.

–¡Harry!

Pero Harry se paró en frente de ella sosteniendo un sapo grande.

–Casi lo pisaste –explicó. Hermione puso una expresión seria mientras regresaban adentro. Harry puso el sapo sobre el asiento, entre él y la jaula de Hedwig. La lechuza pareció lanzarle una mirada molesta.

Unos minutos después, un niño nervioso de cara redonda que había pasado antes regresó, buscando en el piso de los compartimientos. Harry lo reconoció al instante.

–Hola, ¿es este tu sapo?

–¡Trevor! –El niño entró de golpe al compartimiento y recogió al sapo–. Muchas gracias. Mi abuela me mataría si lo pierdo. Oh, soy Neville, por cierto. Neville Longbottom.

Harry se puso de pie al instante.

–Neville Longbottom, ¿heredero de la Antigua y Noble Casa de los Longbottom?

Neville corrigió su postura intentando parecer más noble, pero aún lucía pálido y nervioso.

–S.…sí.

–Encantado de conocerte. Yo soy Harry Potter, y ella es mi hermana, Hermione Granger –dijo ofreciendo su mano al niño.

Los ojos de Neville se abrieron más y estrechó la mano de Harry con vigor.

–L...Lord Potter. Es un honor c…conocerle –tartamudeó.

–Nada de títulos fuera de las cámaras del Ministerio, Neville. Sólo dime Harry –dijo el algunas-veces-Lord con una sonrisa.

–Gracias, Ha…Ha…Harry.

–No hay de qué. Tu abuela ha sido un gran apoyo para mi prima, Madame Tonks.

–Oh, c…cierto. Mi abuela me la presentó una vez.

–Ah, y él es Ron Weasley –agregó Harry–. Creo que también es tu primo... bueno, todos somos primos de algún modo. Pero ven, siéntate –insistió Harry. Neville se sentó a su lado, su cabeza dando vueltas, con su sapo sobre sus piernas.

–¿Por qué trajiste un sapo? –Le preguntó Ron–. Claro, yo tengo la rata de mi hermano así que no soy quien para criticar.

–Mi tío abuelo Algie me lo dio –explicó Neville. –Él y mi abuela son un poco anticuados sobre esas cosas. Trevor es útil para algunas cosas. Los sapos son resistentes a la magia, por lo que son buenos para probar hechizos y pociones.

–¿En serio? –Dijo Hermione–. Nunca escuché eso sobre los sapos. Sabía que los gatos pueden sentir la magia, y las lechuzas llevan el correo…

–Sí, creo que muchas personas tenían sapos en la época de mi abuela –dijo Neville elevando los hombros–. Aunque me hubiera gustado más tener un gato.

A Harry le había gustado saber que muchos magos y brujas preferían a los gatos, aún si no le servía de nada en práctica. Neville ciertamente parecía más amable que Draco Malfoy. Harry se preguntó cómo era que esos dos herederos de Casas Nobles eran tan diferentes el uno del otro…

Las Casas Antiguas –explicó Andi –son las familias fundadoras del Consejo de Magos. Había doce originalmente, pero ahora sólo hay seis, e incluso esas están desapareciendo. Puede que sólo queden dos en un siglo.

Bueno, si puedo decirlo –dijo Dan–, en base a todo lo que nos has dicho de las familias sangre pura, suena a que la endogamia está tomando sus víctimas.

Oh, no eres el único que lo piensa. Eso es lo que Hippocrates Smethwyck ha estado diciendo toda su vida. Dudo que sea coincidencia que las Casas Nobles de Smethwyck y Monroe aún estén bien cuando son las únicas que ya no son puras. Incluso Dumbledore dirá lo mismo si se le presiona, pero la mayoría de las familias más antiguas aún se preocupan más por la pureza.

Y más que eso, incluso –les dijo Ted–. Es como una tradición el que las Casas Nobles y Antiguas tengan hijos al mismo tiempo, aún si no se llevan bien entre ellas. Hace años hacía el arreglar un matrimonio más sencillo, pero aún lo hacen hoy en día. Es por eso por lo que hay tres de sus niños en su año.

De esos niños, Harry podía ver que Draco Malfoy era un bravucón similar a los políticos egoístas con los que Andi tenía que lidiar. Pero Neville Longbottom parecía ser su opuesto. Provenía de una familia poderosa, pero no confiaba en sí mismo. Harry estaba seguro de que Neville había aprendido más de etiqueta que él, pero le costaba el tomar parte de una conversación. Necesitaría mucho apoyo si es que iba a lograr enfrentarse a personas como los Malfoy, y con los conflictos entre las familias, lo necesitaría antes que después.

No pasó mucho tiempo antes de que el tren se detuviera. Hermione declaró que se encontraban cerca del noroeste de las Tierras Altas, pero Harry sospechaba que sólo estaba adivinando. Estaba muy oscuro como para ver algo. Los estudiantes se empujaron para salir del tren a un andén que era más estrecho que el de Kings Cross. Ya había unas cuantas personas ahí: estudiantes cuyas familias vivían en Hogsmeade y que casi nunca tomaban el tren, a excepción de los de primer año por la tradición de conocer a sus compañeros. Los alumnos mayores parecían estar caminando en una dirección, hacia donde Harry podía distinguir unos carruajes negros sin caballos, pero los de primer año caminaban hacia una voz profunda y una lámpara elevada bastante arriba de sus cabezas.

–¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí! –Hermione tomó la mano de Harry para permanecer juntos y corrió al frente de la fila, pero ambos se detuvieron y observaron con sorpresa a la persona que sostenía la lámpara: un hombre gigantesco cuyo rostro estaba casi oculto por cabello largo y negro y una barba larga. Bajó la mirada y notó a Harry al instante.

–¡Harry! –Dijo el hombre–. ¡Harry Potter! La última vez que te vi eras sólo un bebé. Es bueno verte otra vez. Eres igual que tu papá, aunque tienes los ojos de tu mamá.

¿Acaso todos los que conocieron a sus padres iban a decir eso?

–Encantado de conocerlo, Señor…

–Oh, lo siento –corrigió su postura y su voz se escuchó con fuerza entre la multitud–. Mi nombre es Rubeus Hagrid, pero puedes decirme Hagrid. Soy el Guardián de las llaves y los terrenos aquí en Hogwarts. Yo los llevaré al castillo. Los de primer año, síganme. Con cuidado, ahora…

Hagrid los dirigió por un estrecho sendero a través de los árboles, hablando con Harry mientras caminaban.

–Pues, Dumbledore me pidió que te llevara de la casa de tus padres a la de tus parientes después de… bueno, después de esa noche –dijo–. Lamento escuchar cómo te trataron, en verdad. Si hubiera sabido… –Su expresión se tornó seria.

–Está bien –dijo Harry después de una pausa incómoda–. Al final todo resultó bien.

Hagrid sonrió entre su barba alborotada.

–Sí, veo que así fue. Tuviste suerte al también obtener una hermana –dijo mirando a Hermione–. Granger, ¿verdad? Señorita…

–Sí, señor. Hermione Granger –respondió ella–. Encantada de conocerlo.

–De acuerdo, justo al doblar estaba curva –dijo Hagrid. Incluso Harry y Hermione soltaron exclamaciones de asombro cuando vieron Hogwarts por primera vez. Habían visto algunos castillos muggle, y no se comparaban con ese. Era enorme, imponente, y brillaba sobre la montaña más alta que daba a un lago, con sus numerosas torres como antorchas en contraste con el cielo estrellado.

Todos se subieron a botes para cruzar el lago. Harry, Hermione, Ron, y Neville se subieron a un bote juntos, justo detrás del de Hagrid. La mayoría de los de primer año no lo notaron hasta que estaban a medio camino, pero Harry y Hermione lo habían notado desde la orilla. Cuando llegaron a mitad del lago, cerraron sus ojos y dejaron que las barreras los bañaran como si fueran olas. Eran inmensamente más poderosas que las de su casa, tan poderosas que se sentían refrescantes y energizantes, y podían sentir los numerosos niveles gracias a los siglos de renovación y mejoramiento. No sólo ellos dos, pero todos los alumnos de primer año se sintieron despertar al pasar a pesar del largo día.

–Increíble –dijeron Harry y Hermione con un suspiro, ambos sonriendo como si les hubieran lanzado encantamientos animadores.

–¿Qué fue eso? –Dijo alguien cerca de ellos. Palabras similares se escucharon en eco en otros botes.

–Esas fueron las barreras del castillo –dijo Hermione–. No tenía idea de que fueran tan poderosas.

–Así es –les dijo Hagrid–. No hay lugar más seguro que Hogwarts. Ningún lugar. Ni siquiera Gringotts después de lo que ocurrió este verano.

Resultó que necesitaban ese golpe de energía. Después de que los botes los llevaron a un muelle subterráneo, subieron por un largo pasaje que dejó a los niños gimiendo sin aire cuando finalmente llegaron al césped afuera del castillo.

–¿Todos aquí? Bien –dijo Hagrid cuando llegaron. Caminó a un par de puertas de roble y golpeó tres veces con su puño gigantesco.