¡Por Dios! ¡Está lleno de JK Rowling! ¡Pero mira! ¡También hay un poco de White Squirrell!


Capítulo 20

Las habilidades de Harry y Hermione para el karate fueron lentamente conocidas por todo el castillo. Durante los primeros días sólo unos cuantos Gryffindor fueron a ver, después fueron unos cuantos Ravenclaw, de todos los años. El celador, Argus Filch, se había dado una vuelta para regañarlos, pero Hermione señaló que practicar ahí no era contra las reglas (aunque eso probablemente era porque a nadie se le había ocurrido hacer una regla al respecto). No fue hasta una semana después de su primera práctica que unos cuantos Hufflepuff salieron de su sótano para verlos en acción.

–Hola –dijo una voz familiar. Harry y Hermione se dieron la vuelta para ver a un niño alto de cabello oscuro caminando hacia ellos.

–Oh, hola Justin –dijo Hermione.

–Hola Susan, Sophie –agregó Harry ya que dos niñas de Hufflepuff habían seguido a Justin Finch-Fletchley al pasillo sin uso.

–¿Así que aquí es donde practican karate? –Preguntó Justin.

–Ajá –dijo Harry–. Pueden observar si quieren. –De hecho ya había varios Gryffindor y Ravenclaw ahí para eso.

–Claro, gracias.

–Eh… ¿qué es el karate? –Preguntó Susan Bones con curiosidad.

–Es una manera en la que los muggles se defienden –dijo Harry.

–La mayoría del tiempo los muggles sólo atacan con sus puños –explicó Hermione–. O quizás con algo filoso. Karate es básicamente una manera de pelear que es mejor que lo que la mayoría de lo que los muggles practica.

–Ajá… –dijo Susan con escepticismo.

–Mira.

Practicaron los kata, caminando en el pasillo con movimientos veloces. Era claro que Harry era el más rápido de los dos, pero Hermione no se quedaba atrás. Los hijos de muggles, Justin y Sophie, estaban impresionados.

–Son buenos –dijo Justin.

–Gracias –respondió Hermione.

Susan, sin embargo, estaba más confundida que impresionada. Sí, eran rápidos y fuertes, pero sólo era un estilo de pelea muggle, no era un duelo o esgrima o nada que fuera común en el mundo mágico.

–Aún no lo entiendo –dijo ella–. Se ve genial, ¿pero para qué sirve?

–Bueno, recuerdas lo que dijo el profesor Quirrell sobre los ataques de muggles, ¿verdad? –Dijo Harry–. Aún a nuestra edad, incluso un muggle normal lo pensaría dos veces antes de enfrentarse a eso a menos que tuvieran un arma… más que nada porque no saben mucho sobre el tema, pero aun así…

Susan asintió lentamente.

–Pero es para más que eso –dijo Hermione–. En realidad es para entrenarnos para ser más veloces y tener mejores reflejos para ser mejores en los duelos. El profesor Dumbledore lo recomendó.

–Sí, esperábamos que hubiera un club de defensa o de duelo en algún lugar, pero no lo hay –dijo Harry–. Quizás el profesor Quirrell nos deje crear uno.

–Harry, en verdad… en verdad crees… ¿crees que Quien-Tú-Sabes regrese? –Susurró Susan.

–Pues, el profesor Dumbledore lo cree, y eso es suficiente para nosotros. Después de todo, si regresa, Voldemort…

–¡Ah! –Susan saltó casi un pie al aire y se llevó una mano al pecho. Justin y Sophie temblaron ante su reacción.

–Lo siento, es un hábito. Estaba diciendo que si regresa, vendrá por mí.

–De acuerdo, ¿a alguno de ustedes dos les da escalofríos cada vez que alguien dice "Quien-Tú-Sabes"? –Preguntó Hermione.

–Oh, –dijo Justin con Sophie asintiendo en acuerdo–. Creo que ustedes dos son los únicos a los que he escuchado llamarlo Voldemort… lo siento, Susan –agregó cuando la pelirroja dejó salir otro grito.

–Es un poco escalofriante –dijo Sophie–. Nada como eso pasa en nuestro mundo… en el mundo muggle… o como sea que debemos llamarlo.

–Sí, hay una gran diferencia cultural –dijo Hermione–. Tuvieron lo que es el equivalente a una guerra civil en el mundo mágico hace diez años mientras que nuestros padres pensaban que todo estaba bien. Toma un tiempo acostumbrarse a eso.

–Tienen suerte de haberlo sabido por tanto tiempo –dijo Justin–. Es tan extraño cómo apenas aprendimos sobre lo ocurrido y de repente todos estaban hablando sobre la guerra y lo terrible que fue, y lo pequeño que es nuestro año, y… –Lanzó una mirada a Susan y después a Harry–. Y todos los familiares que perdieron. Es sólo… me es difícil pensarlo de ese modo. ¿Fue igual para ustedes?

–Al principio. Hemos leído sobre el tema por años, así que entendemos la mayor parte, pero es diferente verlo.

–Desearía que nos hubieran dicho todo esto la primera vez que hicimos, ¿magia accidental? Haría las cosas mucho más fáciles. Mis padres incluso pensaron que estaba poseído. Llamaron a sacerdotes y a todo tipo de doctores y eso. Y también entenderíamos lo que estaba ocurriendo aquí mejor.

–Sí, fue en esa época que nosotros lo descubrimos –dijo Harry–. Creemos que ayudó bastante.

Susan Bones había estado observando la conversación con interés, una vez que se recuperó de escuchar el nombre del Señor Tenebroso por segunda vez. Intelectualmente, sabía que los hijos de muggles llegaban al mundo mágico sin conocimiento de la guerra, pero era inquietante verlo en persona. En verdad no lo sabían. ¿Cómo sería allá afuera sin magos oscuros, huérfanos de guerra, y asesinos infiltrando el gobierno? Y el mundo que ella conocía debía de ser igual de extraño para ellos.

Pero lo más extraño fue lo que Justin dijo… ¿sus padres pensaron que estaba poseído? Fue difícil para ella imaginarse cómo las personas que no conocían sobre la magia reaccionaban ante ella cuando eran empujados a un mundo donde ocurrían cosas que antes se imaginaban tan imposibles como… como… ¡como sobrevivir la maldición asesina! ¿Cómo era en verdad para ellos?

Y después, un pensamiento que la mayoría de los sangre pura no tenían en sus vidas: ¿por qué no se les contactaba a los hijos de muggles a la primera señal de magia? Sería mucho más fácil controlar el estatuto del secreto… necesitaba escribirle a su tía.

–¿Estás bien? –Preguntó Sophie.

–Ah, sí –dijo–. Sólo estaba pensando.


–Esta cosa que parecía la vela de un barco cae del cielo de la nada, y hay alguien colgando de ella. Tuve que dar la vuelta drásticamente y pensé que me iba a caer de la escoba. Creo que la persona me vio, pero no estoy seguro de que creyera lo que vio. Mi papá me dijo después que era algo llamado "ala delta". Y mi mamá me castigó un mes. No pude volar por un mes.

Ron Weasley, como muchos otros en la mesa de Gryffindor, estaba intercambiando historias de sus supuestas aventuras en una escoba mientras esperaban con entusiasmo su primera lección de vuelo esa tarde. Todos los que habían crecido en el mundo mágico habían volado antes excepto Neville ya que su abuela nunca lo había dejado debido a sus múltiples accidentes en tierra. Harry estaba mucho más que emocionado. Volar era lo que más quería aprender en el mundo mágico desde que había aprendido que las escobas voladoras eran reales. Incluso Hermione estaba emocionada por probarlo, aun cuando no podía decir que era tan coordinada como su hermano. Neville, por otro lado parecía estar a punto de sufrir un ataque de pánico de tan sólo pensarlo.

–No te preocupes, Neville –ofreció Hermione–. De acuerdo a Quidditch a través de los siglos, el montar una escoba moderna no suena muy diferente a andar en bicicleta.

–¡Pero tampoco sé cómo hacer eso! –Se quejó Neville.

La conversación fue interrumpida por las lechuzas mientras volaban dentro del gran comedor con el correo. Harry tomó el periódico después de que Hedwig lo dejara a un lado de su plato, mientras que Neville abría un pequeño paquete que había recibido de la lechuza de su abuela.

–Oh, mi abuela me envió una recordadora –dijo Neville con entusiasmo. Los demás voltearon a ver. Parecía una canica grande, o una bola de cristal pequeña con nubes adentro.

–¿Una recordadora? No había escuchado de ellas –dijo Hermione con sorpresa.

–Son muy útiles –dijo Neville. Mira, la tomas, y si el humo se vuelve rojo es porque olvidaste hacer algo… oh… –se detuvo cuando la esfera de vidrio comenzó a brillar de color rojo–. Excepto que… no puedo recordar lo que olvidé.

Neville se concentró, intentando recordar, pero Harry estaba en alerta ya que había notado que Draco Malfoy, junto a Crabbe y Goyle, habían ignorado el correo y dejado la mesa de Slytherin e iban hacia a ellos. La profesora McGonagall también parecía estar en alerta ya que vio de reojo que había dejado la mesa de los maestros y caminaba en su dirección.

–¿Qué quieres, Malfoy? –Demandó Ron, pero Harry lo calmó.

–Buenos días, Sr. Malfoy –dijo con seriedad–. ¿Tienes algún asunto con nosotros?

–He escuchado rumores interesantes sobre ti, Sr. Potter –dijo Malfoy con casualidad.

–¿En verdad? –Respondió Harry–. También yo. Unos nueve libros de rumores, y unos cuantos artículos en el Profeta también.

–Creo que sabes lo que quiero decir, Potter –dijo Malfoy, dejando de lado las apariencias.

–La verdad es que no. ¿Te refieres al rumor sobre mi entrenamiento en defensa en Japón, o el de que soy tan malo en Encantamientos que necesito lecciones adicionales, o el de que estoy elaborando un plan tan vasto, impráctico, y enrevesado para conquistar el mundo mágico con ciencia muggle? –Ron y Seamus se rieron.

Hermione lo miró con confusión.

–No había escuchado el último.

–Lo sé. Lo acabo de inventar. Pero el resto son igual de ridículos. No deberías de creer todo lo que escuchas, Sr. Malfoy.

Hermione sacudió la cabeza y se dio la vuelta hacia donde estaba su compañera de cuarto.

–Lavender, ninguno de esos es cierto, ¿verdad?

–¿Qué tal el de haber declarado como enemigo al profesor Snape? –Dijo Lavender Brown decepcionada.

Malfoy soltó una risotada ante la sugerencia.

He escuchado que estás entrenando en algún lugar, Potter, y que este entrenamiento no es considerado "común". ¿Estás planeando hacer algo con eso?

–No si no lo necesito. ¿Y por qué importa? He escuchado cosas similares sobre ti. –Los Gryffindor rieron.

Ante eso, no hubo otra opción más que cambiar el tema.

–Bueno, espero que estés listo para la lección de vuelo –dijo con impaciencia–. Los Slytherin estarán con ustedes esta tarde y no quiero que ninguno de ustedes nos retrase… ¿y acaso han estado en una escoba antes? –Dijo a Harry y a Hermione.

–No… –dijo Harry, intentando exagerar la actitud altiva de Malfoy–. Hemos intentado varios deportes muggles… no es lo mismo, pero uno tiene que hacer lo necesario allá afuera. –Ahora Ron y Hermione fueron quienes soltaron una risita.

Malfoy comenzó a gruñir, pero McGonagall eligió ese momento para acercarse. No podía decir algo tan fuera de lugar, así que se dirigió a un blanco más fácil.

–¿Tu abuela te envió una recordadora, Longbottom? Deberías de tener un elfo para esas cosas, como las familias respetables.

–Pues, mi a...abuela tiene sus propias ideas sobre lo que es respetable, Sr. M...Malfoy –tartamudeó Neville. La mayoría de los que estaban observando pensaron que no hubiera respondido de tal manera si la profesora McGonagall no hubiera estado tan cerca.

–Claramente –dijo Malfoy y él y sus secuaces se fueron. Neville respiró con alivio.

–No puedo creer que soy pariente de ese bravucón –murmuró Harry.

–Sí, yo tampoco –dijo Neville–. Es… es loco como eso funciona aquí. Tú sabes… lo gracioso es… que hubo una época cuando nos llevábamos bien.

–¿Qué? –Gritó Ron–. ¿Tú y Malfoy?

–Sí, verás, nuestras familias siempre nos llevan a reuniones del Wizengamot y eso, y todos los niños se quedan en el área de juegos. Y cuando éramos pequeños no entendíamos cuanto se odiaban nuestras familias. Pero después de un tiempo, Malfoy comenzó a burlarse de mí porque nunca había hecho magia. Creo que aún espera que repruebe –dijo Neville con tristeza.

–No te preocupes de Malfoy –dijo Harry–. Tú vales doce como él.

–Sí, Gryffindor es mucho mejor que Slytherin –agregó Ron.

–Gracias… –Neville devolvió su mirada a la recordadora, la cual aún brillaba de color rojo–. ¿Pero qué he olvidado? –Agitó la esfera con frustración.


Desafortunadamente, la suerte de Neville no mejoró ese día. La lección de vuelo terminó mal para él en los primeros cinco minutos.

–Coloquen su mano derecha sobre su varita y digan "¡Arriba!"

–¡Arriba!

Harry y Hermione pudieron sentir la magia emanando de las escobas con facilidad. No habían intentado el "hechizo" exacto para llamar a una escoba antes, pero las escobas reaccionaron con fuerza al contacto mágico y ambas saltaron a sus manos. La escoba de Neville ni siquiera se movió.

–¡Vamos, Neville, es fácil! –Dijo Ron ya que él también había logrado que su escoba respondiera rápidamente.

–Intenta sentirla como sientes tu varita –sugirió Hermione.

Neville lo intentó, pero sólo logró que la escoba se moviera un poco. Las cosas se volvieron peor ya que pateó muy pronto durante el primer ejercicio, perdió su equilibrio, y cayó treinta pies, rompiéndose la muñeca.

–Todos deben de mantener los pies firmes en el suelo mientras llevo al Sr. Longbottom a la enfermería –les advirtió Madame Hooch lanzando miradas serias tanto a los Gryffindor como a los Slytherin–. Si veo a alguien en el aire, estarán fuera de Hogwarts más rápido de lo que puedan decir "Quidditch".

Qué imbécil –dijo Theodore Nott tan pronto el par estuvo lejos. La mayoría de los Slytherin comenzaron a reír. Pansy Parkinson obviamente estaba exagerando ya que estaba de pie al lado de Malfoy.

–Lo sé, ¿vieron su cara? –Dijo Malfoy. Hizo una imitación pasable de la expresión de Neville.

Una joven de cabello oscuro llamada Elizabeth Runcorn hizo su propia versión.

–No, fue más así…

Daphne Greengrass era la única Slytherin que no se estaba riendo, parada a un lado, observándolos con desaprobación.

–Oh, cállense –dijo Parvati Patil–. Tiene suerte de que no fue peor.

–Oh, ¿estás defendiendo a Longbottom? –Dijo Pansy–. No pensé que fueras del tipo a la que le gustan los llorones.

Parvati la miró con molestia, pero no dijo más.

–Oh, miren, Longbottom soltó esto –dijo Theo Nott tomando algo pequeño y de cristal del césped.

–Déjame ver –dijo Malfoy. Nott le lanzó la esfera–. Oh, es la estúpida recordadora que le envió su abuela.

–¿Quién usa eso hoy en día? –Dijo Pansy.

–Quizás debió usarla –dijo Elizabeth Runcorn–. Hubiera recordado caer sobre su enorme trasero.

–Probablemente le vaya mejor sin ella –dijo Malfoy jugando con la esfera con sus manos–. O la perdería como siempre pierde su tonto sapo.

–Dámela, Malfoy –dijo Harry en voz baja, dando un paso adelante y mirando fijamente al niño.

La risa de los Slytherin murió al instante. Todos sabían mejor que meterse entre dos Casas Nobles, sin importar de qué lado estuvieran.

Malfoy le lanzó una sonrisa maliciosa.

–¿También estás defendiendo a Longbottom, Potter? ¿Estás declarando una alianza?

Hermione se paralizó y rogó que su hermano recordara las lecciones de Andi. La pregunta era una trampa. Un "sí", incluso tan informal, tendría consecuencias políticas en las que no querían involucrarse. Pero un "no" sería una falta de respeto considerado la antigua asociación entre los padres de Harry y Neville.

Afortunadamente, Harry estaba prestando atención.

–Estoy declarando que no deberías de tomar cosas que no te pertenecen.

Malfoy hizo ese gesto en el que elevaba su nariz, el cual hacía siempre que estaba tratando de tener la ventaja en una conversación. Pero después movió su escoba, un movimiento casual que la dejó lista por si quisiera subir ella en cualquier momento.

Harry no fue tan lejos, pero si tomó su escoba con manos tensas. No había quitado su mirada de Malfoy, pero Malfoy parecía estar ignorando eso.

–¡Harry, no, no puedes! –Siseó Hermione.

Las cejas de Malfoy se elevaron casi de manera imperceptible, y después sonrió de una manera que se suponía debería de lucir amable mientras dejaba salir una leve risa.

–No hay necesidad de causar problemas, Sr. Potter –dijo, como si Harry hubiera comenzado–. Aquí, atrápala.

Arrojó la recordadora en dirección a Harry. Una persona normal hubiera tenido que saltar o moverse para atraparla, pero Harry, con sus reflejos felinos mejorados gracias a años de karate, estiró la mano y atrapó la esfera con facilidad, sin dejar de ver como Malfoy dejaba de sonreír.

Varios de sus compañeros soltaron expresiones de sorpresa.

–¡Excelente! ¿Puedes hacer eso en una escoba? –Harry sacudió sus ojos.

–Me gustaría saberlo también, Sr. Potter.

La clase entera se dio la vuelta para ver a la profesora McGonagall caminar hacia ellos desde la sombra del castillo. Tanto Harry como Draco se pusieron nerviosos, aunque nunca lo admitirían. ¿Por cuánto tiempo había estado observando?

–Y cinco puntos para Gryffindor por defender a un compañero–. Bueno, eso lo respondía.

–¿Qué ocurre, profesora? –Preguntó Hermione.

–Pues, resulta que este año nadie hizo la prueba para buscador en el equipo de quidditch de Gryffindor –explicó McGonagall–. Normalmente, cuando una casa no puede completar el equipo durante las pruebas, hacemos la posición disponible para los de primer año. –Hubo exclamaciones de sorpresa en ambas casas–. He venido a ver si alguno de mis leones estaría interesado en jugar. Y Sr. Potter, si eres tan coordinado en el aire, y estoy segura de que lo eres –dijo con una sonrisa–, creo que serás un gran buscador, incluso durante tu primer año, con el permiso de tus padres, por supuesto.

Aún había varias risitas cada vez que alguien mencionaba a los padres vivos de Harry, pero él las ignoró. Si supiera más magia sin varita, su rostro se hubiera iluminado literalmente ante la idea de poder jugar quidditch ese año. Hermione lo miró con ansiedad esperando que no hiciera algo drástico en su entusiasmo.

–Creo que puedo convencerlos, profesora –dijo con una sonrisa.

–¿Potter? –Dijo Malfoy con escepticismo–. Ni siquiera ha estado en una escoba.

–Si puede atrapar de esa manera, será un gran buscador en poco tiempo, ¿verdad, Harry? –Dijo Ron dándole leve un golpe en la espalda–. ¿Has visto un juego de quidditch, verdad?

–No, pero he leído Quidditch a través de los siglos, así que se las reglas… Y soy bueno en una bicicleta, Sr. Malfoy. Creo que eso es un buen comienzo.

Malfoy miró a Harry con molestia por un momento, obviamente considerando sus opciones. Se había estado quejando en voz alta toda la semana sobre como los de primer año nunca podían ser parte de los equipos de sus casas y presumiendo su entrenamiento en su hogar. Pero retiró su mirada de Harry y McGonagall y mostró una expresión inocente.

–Profesora –dijo–, no me parece justo que una sola casa tenga más posibilidades de jugadores que otras. Creo que estudiantes de primer año de otras casas también deberían de tener la oportunidad de hacer la prueba. –Y sonrió–. Si hay algún problema, estoy seguro de que mi padre puede hablar con el Consejo. –Por supuesto, Malfoy había observado las pruebas y sabía que Terrence Higgs de Slytherin era el único cuya posición era frágil. Cedric Diggory en Hufflepuff era mucho mejor que la mayoría, y Ravenclaw tenía a un buen regular además de alguien en reserva, Cho Chang.

McGonagall también sabía todo eso, pero sabía que Lucius Malfoy tendía a salirse con la suya.

–Esa es una preocupación razonable, Sr. Malfoy –dijo haciendo el esfuerzo de mantener su sarcasmo fuera de su tono–. Cualquier estudiante de Slytherin que quiera realizar los ejercicios puede hacerlo, y hablaré con el profesor Snape sobre hacer la prueba de nuevo.

Malfoy sonrió a Harry victorioso, así como muchos otros Slytherin. Harry pudiera ser lo mejor que Gryffindor tenía para ofrecer, pero bajo cualquier estándar objetivo, Malfoy sería el favorito en esos ejercicios.

–¿Hay algún problema, profesora? –Madame Hooch había regresado de la enfermería.

–Ninguno, madame Hooch –dijo McGonagall–. Como sabes, Gryffindor necesita un nuevo buscador. Me preguntaba si, al final de la lección, podrías liderar unos ejercicios de prueba.

Madame Hooch miró a los de primer año con escepticismo.

–Bueno, supongo que si alguno es bueno al principio, no habría problema. Ya tuve que llevar a Longbottom dentro por una muñeca rota, aunque no fue nada. Todos monten sus escobas de nuevo para comenzar. Y sigan después del silbato. ¿Recuerdan las instrucciones? Den una patada al suelo, con fuerza. Elévense unos cuantos pies, inclínense un poco, y bajen de nuevo. ¿Listos? Tres… dos… uno…

Madame Hooch sopló su silbato y diecinueve pares de pies patearon el suelo. Quince escobas se elevaron diez pies al aire y se mantuvieron, pero cuatro, aquellas controladas por los criados por muggles, no tuvieron tanta suerte. Dean Thomas y Sally-Anne Perks sólo pudieron elevarse cinco pies. Sally-Anne no estaba en peligro de caerse, pero su amiga, Lily Moon, tomó su mano para mantenerla estable. Mientras tanto, para Harry y Hermione, quienes estaban mejor entrenados física y mágicamente, las escobas respondieron con más fuerza a la patada y se elevaron más de veinte pies como un corcho de una botella de champaña.

El estómago de Hermione dio una vuelta, pero permaneció estable. Harry, por otro lado, tenía una sonrisa maniaca. Era fácil. Era maravilloso. Sintió que podía dar una leve indicación a la escoba y dar una vuelta alrededor del castillo. Pero McGonagall lo estaba observando, y escuchó a madame Hooch gritarles que bajaran con el resto. Ambos se inclinaron levemente y bajaron lentamente al suelo.

–Pues, eso fue interesante –murmuró Hermione.

Pero Madame Hooch parecía feliz por su desempeño.

–Bien –dijo–. Necesitamos hacer unos cuantos más de estos ejercicios básicos para que puedan tener una mejor idea del manejo de la escoba. La mayoría de ustedes tuvieron un buen comienzo, pero siempre es bueno recordar lo básico. Sr. Thomas y señorita Perks, un poco más de fuerza en esa patada, y asegúrense de aferrarse con fuerza. Sr. Potter y señorita Granger, creo que ustedes necesitarán un poco de más delicadeza. Ahora, todos en fila nuevamente. De nuevo…

Realizaron el ejercicio varias veces hasta que todos pudieron patear al mismo nivel. Después comenzaron a agregar movimientos: primero elevándose más, después girando hacia la izquierda y derecha. El truco era aprender la diferencia entre cómo subir y bajar, y aún más peligroso, entre acelerar o disminuir la velocidad. Tenían que inclinarse hacia adelante para bajar, pero para acelerar tenían que estirarse a lo largo de la escoba de algún modo. Y había una confusión similar para elevarse y bajar lentamente. Incluso algunos de los sangre pura necesitaron un recordatorio, aunque Malfoy realizó los ejercicios con facilidad, claramente aburrido.

Dean y Sally-Anne necesitaron un poco de más práctica para controlar las maniobras, y casi hubo unos cuantos accidentes. Hermione no se sentía tan confiada, pero como siempre, aprendía rápidamente.

–Empuja tu cuerpo más cerca al mango –dijo Ron Weasley–. Disminuye la resistencia al aire. –Harry y Hermione siguieron su consejo y lograron deslizarse con más facilidad. Ron parecía hablar de más, pero sabía cómo volar. Después, sus escobas giraron y casi se estrellaron. Harry dio la vuelta rápidamente y dejó que Hermione avanzara en frente de él.

–¡Cuidado! –Ron les advirtió–. Hay que tener cuidado con las escobas de la escuela. Fred y George dicen que muchas se inclinan hacia un lado.

–Muy bien, Sr. Potter, pero mantenga su velocidad lenta por ahora –dijo Madame Hooch cuando regresaron al suelo–. Quisiera que hicieran eso de nuevo, pero acomódense en dos filas, una sobre la otra. Eso les dará más espacio para dar vuelta. Necesitarán eso cuando agreguemos más vueltas en unos minutos. ¿Todos listos?

Dieron otra patada y se acomodaron, pero no habían practicado eso mucho así que el resultado fue algo torpe.

–No, no necesitas dar la vuelta, sólo inclínate hacia un lado, así –sugirió Ron. Su cuerpo se inclinó a la derecha y su escoba se movió en la misma dirección.

–¿Qué? –Dijo Hermione con incredulidad. Eso parecía una manera segura de caerse.

–Toma un tiempo acostumbrarse, pero si mantienes tu agarre, no habrá problema si no vas muy rápido.

Harry no necesitó que se lo dijeran dos veces. Se inclinó y se deslizó sin esfuerzo a su lugar en la formación mientras Hermione hacía lo mismo con cautela.

Con la ayuda de Ron y Harry, Hermione estaba comprendiendo mejor. Para el final de la lección, estaba volando los círculos lentos alrededor de los terrenos tan bien como varios sangre pura en el grupo. Pensó que flotar en el aire otoñal era relajante cuando no estaba haciendo algo muy intenso. Pero Harry… él estaba en su elemento como nunca lo había imaginado. Comprendió todas las maniobras en el primer o segundo intento, y cuando se equivocó, fue porque necesitaba un poco de más de delicadeza en su agarre. Cuando finalmente pudieron volar libremente al final de la lección (restringido a velocidades y altitudes bajas y a quedarse en la zona de entrenamiento) estaba literalmente volando en círculos a su alrededor. Por suerte, los Slytherin y los Gryffindor permanecieron separados.

–¿No es maravilloso, Hermione? –Gritó Harry.

–Es agradable… –dijo ella intentando girar la cabeza y seguirlo con la mirada–. Volar con las aves y eso… Aunque parece que te estás divirtiendo de más. –Harry rio y voló arriba y abajo de ella–. En serio, ¿tomaste a escondidas la escoba de Dora cuando estuvimos en su casa? Nadie debería de ser tan bueno la primera vez.

–No, suerte, supongo.

Madame Hooch sopló su silbato y los estudiantes bajaron a la línea de inicio. La profesora McGonagall estaba esperando cerca, transformando unas piedras pequeñas en lo que parecían pelotas de golf amarillas.

–De acuerdo, creo que están listos para unos ejercicios de buscador –dijo Madame Hooch para el entusiasmo de unos–. Están advertidos, no dudaré en castigar a cualquiera que vea volando con imprudencia. No será fácil. Es por algo que los de primer año no forman parte de los equipos. Ahora, todos los que estén interesados den un paso al frente a la línea de inicio.

Harry Potter y Draco Malfoy de inmediato dieron un paso al frente. También lo hizo Ron Weasley.

–Normalmente juego como guardián, pero lo intentaré. –Seamus y Lily también dieron un paso al frente, al igual que Blaise Zabini y Elizabeth Runcorn de Slytherin. Harry miró a su hermana.

–Anda. –Hermione sacudió la cabeza–. Vamos, Mione, sólo inténtalo.

–Bueno, de acuerdo –concedió–, pero sé que puedes ganarme.

–¿Alguien más? –Preguntó McGonagall mientras observaba a los ocho en la línea de inicio–. De acuerdo, uno a la vez. Esto será un simple ejercicio para comenzar. Lanzaré estas tres pelotas. Comenzarán flotando y su objetivo es atrapar las más que puedan antes de que toquen el suelo. Y quiero que sea justo, así que no pueden usar magia. ¿Entienden? –Su mirada se dirigió hacia Harry y Hermione al decir lo último. Los estudiantes asintieron–. Bien. En orden alfabético. Sr. Finnigan, monta tu escoba, por favor.

Seamus subió a su escoba y dio una patada para flotar sobre la cabeza de McGonagall.

–Listo, Sr. Finnigan… tres… dos… uno… Depulso.

Con un encantamiento repulsor, la profesora McGonagall lanzó las tres snitches de práctica una por una. Volaron en arcos simples ya que no estaban encantadas para volar y evadir, como las snitches de verdad. Seamus aceleró como un cohete, mucho más rápido de lo que habían volado durante la lección. La escoba antigua de la escuela se tambaleó y protestó ante la velocidad, pero continuó. La pelota amarilla estaba enfrente de él, y se lanzó y la tomó en el aire. Después se dio vuelta a la derecha y, con más dificultad, tomó la segunda, pero no la tercera. Voló bajo por ella, pero esta cayó al suelo antes de que pudiera acercarse lo suficiente. Aun así, el resto de los Gryffindor aplaudió cuando regresó a la línea de inicio.

Después fue el turno de Hermione. Lucía bastante nerviosa cuando pateó el suelo. Era bastante coordinada por el karate, pero no sentía que podría llevar eso a su vuelo. Cuando McGonagall lanzó la primera snitch de práctica, voló con rapidez hacia ella, sosteniendo el mango de su escoba con fuerza, y se sorprendió a sí misma estirando la mano y tomándola antes de que supiera lo que estaba haciendo. Tomó una estrategia diferente a Seamus e ignoró la segunda pelota, sin esperar poder alcanzarla tan rápido, y se enfocó en la tercera, la cual volaba hacia ella. Se interpuso en su camino y la atrapó tan rápido que le lastimó la mano. Los Slytherin lucían molestos al ver que una hija de muggles estuviera volando tan bien su primera vez cuando regresó a la línea de inicio, pero Harry estaba aplaudiendo con fuerza y gritando su entusiasmo. Cuando aterrizó fue asaltada por Lavender Brown y Parvati Patil, quienes insistieron en conocer su "secreto".

Malfoy fue el siguiente, y desde el momento que sus pies dejaron el suelo fue claro que no había estado mintiendo. En verdad era bueno. Se deslizó con gracia sobre el área de práctica y atrapó las tres snitches con facilidad. Los Slytherin celebraron, y al ver tal desempeño, Blaise Zabini negó con la cabeza y dejó de lado su escoba.

Lily Moon fue una sorpresa y también capturó las tres pelotas, aunque con algo de dificultad, y después fue el turno de Harry.

–Anda, ve y derrota a Malfoy –le dijo Ron, pero Harry sólo estaba preocupado por ser mejor que Lily para poder ser parte del equipo. De cualquier modo, estaba listo para ver lo que las escobas de la escuela en verdad podían hacer. Cuando McGonagall lanzó la primera pelota, Harry voló detrás de ella, compensando el desliz a la izquierda de la escoba sin siquiera pensarlo. La pelota amarilla creció al acercarse y después, en un instante, estaba en su mano. La guardó mientras se daba vuelta para buscar la segunda. La encontró en un instante y se dirigió a ella, atrapando la tercera un momento después. Sus movimientos no tuvieron la gracia de los de Malfoy, pero Harry era un cazador y fue directo por su presa a máxima velocidad.

Eso fue muy fácil, pensó. Mientras volaba a la línea de inicio, unos Gryffindor estaban celebrando, pero otros lo observaban boquiabiertos, sorprendidos de que se pudiera mover tan rápido. McGonagall mostró esa sonrisa que sólo él pudo reconocer, y, al igual que Blaise Zabini, Ron negó con la cabeza y dejó su escoba de lado. También Hermione. También Seamus. Lily aún estaba interesada, pero Harry pudo notar que ella sabía que él estaba en otro nivel.

–¡Potter mentiroso! –Malfoy dio un paso adelante hasta estar casi frente a frente–. ¿Cuánto tiempo llevas volando?

–En serio, Malfoy, es mi primer día –dijo Harry con calma–. Estoy seguro de que hay muchos estudiantes mayores que son mejores que yo.

Nadie es tan bueno en su primer día. –Harry sonrió.

–Te sorprendería saber lo que se puede aprender de los deportes muggles, Sr. Malfoy.

–Ejem –McGonagall los interrumpió antes de que Malfoy pudiera responder–. Creo que aún falta la señorita Runcorn.

Elizabeth Runcorn también logró atrapar las tres pelotas, siendo cuatro los que continuaban al siguiente ejercicio.

Para el segundo ejercicio, McGonagall hizo las cosas aún más difíciles, de pie en medio del área de prueba y lanzando diez pelotas al aire, una a la vez, en diferentes direcciones. Malfoy nuevamente impresionó a la clase con sus acrobacias y atrapó nueve. Harry estaba seguro de McGonagall estaba un poco molesta consigo misma por la proeza del Slytherin. Lily dio lo mejor de sí y atrapó siete.

Harry sabía que quedaría en el equipo de quidditch si atrapaba ocho, pero sería agradable vencer a Malfoy también. Aunque McGonagall no se lo hizo fácil. Estaba moviéndose de un lado a otro en el área con sus instintos de caza al cien, recordando su experiencia atrapando ratones y aves cuando era pequeño. ¡Tres! ¡Cuatro! ¡Cinco! Dio una pirueta cuando una pelota se fue al otro lado y regresó a la mitad de la zona lo más rápido que pudo. ¡Siete! ¡Ocho! ¡Nueve! Estaba seguro de que había ganado la prueba, pero quería un resultado perfecto. Vio la última pelota de McGonagall en el aire al otro lado del área. ¡Estaba muy lejos! Pero tenía que intentarlo. Se inclinó y se estiró a lo largo de la escoba, lanzándose en picada determinado a atrapar la pelota a tiempo. Escuchó varias voces gritar su nombre y estaba seguro de que una pertenecía a McGonagall. Estiró la mano y atrapó la pelota a un pie del suelo, justo a tiempo (apenas) para enderezar su escoba. Con el mismo impulso, se tambaleó al suelo, pero elevó su puño al aire en triunfo.

–¡HARRY POTTER!

Harry se sentó rápidamente ante el grito de la profesora McGonagall sobre las exclamaciones de celebración de sus compañeros. Estaba seguro de que la escuchó bufar mientras se acercaba. Pero antes de que pudiera reaccionar, fue cegado por el cabello castaño y alborotado de su hermana que se había lanzado sobre él en un abrazo frenético.

–Oh, gracias a Dios que estás bien –sollozó Hermione. Harry sonrió mientras ella lo soltaba, pero después lo golpeó en la cabeza con fuerza–. Harry James Potter, ¡no vuelvas a asustarme así! –Le gritó–. ¿Qué se supone que voy a decir a nuestros padres si te rompes el cuello?

Unos cuantos Slytherin se burlaron de que el Niño Que Vivió había sido golpeado por la única persona en la escuela que podía hacerlo, y otros cuantos se burlaron del problema en el que estaban seguros se había metido… pero ellos no eran los más inteligentes.

–Harry Potter, nunca en todos mis años en Hogwarts… –comenzó McGonagall pero las palabras parecían escaparle.

–Tienes suerte de que la lección se acabó, Sr. Potter, porque eso definitivamente cuenta como peligroso –lo regañó madame Hooch.

–Eh, lo siento, profesoras –dijo Harry nervioso–. Creo que me dejé llevar un poco.

–¿Un poco? –Ron había hablado–. Harry, no creo que mi hermano Charlie pudiera atrapar esa última.

–¿En serio? –Dijo Harry con escepticismo–. ¿Qué no fue capitán? –Pero McGonagall lo confirmó.

–Puede que el Sr. Weasley tenga razón, Sr. Potter. Creo que Gryffindor ha encontrado un nuevo buscador.

–Eh… gracias, profesora –tartamudeó Harry.

McGonagall realizó el ejercicio para Elizabeth Runcorn, pero ella sólo atrapó ocho pelotas y concedió su derrota ante Malfoy.

–Si pudieras venir conmigo, me gustaría introducirte a Oliver Wood, el capitán del equipo de Gryffindor –le dijo McGonagall a Harry–. Señorita Granger, tú también puedes venir si lo prefieres. Sr. Malfoy… –se dio la vuelta para hablar con el niño rubio–. Excelente desempeño –dijo sin entusiasmo–. Le informaré al profesor Snape y al capitán Flint.

–Gracias, profesora –dijo Malfoy con una sonrisa que hubiera sido mucho más altanera si no hubiera sido derrotado por Harry Potter.

–Por cierto, señorita Granger, su desempeño no estuvo nada mal –dijo McGonagall mientras caminaban–. Creo que deberías considerar hacer la prueba para cazadora el próximo año.

Hermione parpadeó sin poder creerlo.

–¿En verdad, profesora?

–Ignorando el desempeño de tu hermano, esa fue una muy buena actuación para ser tu primera vez, y la estrategia que demostraste sería buena para la posición de cazadora.

–Hermione, sería estupendo si estuviéramos en el equipo juntos –dijo Harry.

–Gracias, profesora. Eh, lo pensaré.