Spoiler: Snape mata a Trinity con Rosebud… oh, esperen, esa es otra historia. Harry Potter le pertenece a JK Rowling, y esta historia le pertenece a White Squirrel, nada me pertenece a mí.
Capítulo 23
Los días comenzaron a pasar más rápido. Harry tenía práctica de quidditch tres veces a la semana, en donde Oliver Wood lo introdujo al resto del equipo y lo ahogó con todas las formaciones. Se sorprendió cuando practicó por primera vez con una snitch de verdad ya que no podía sentir magia en esta.
–Debes de tener un buen sentido de la magia para pensar en eso –dijo Wood, impresionado–. Por supuesto, la snitch está encantada para prevenir eso… también contra encantamientos convocadores, levitatorios, congelantes, y cualquier modo de sabotaje. Tendrás que capturarla usando sólo tu habilidad para el vuelo. –Harry sabía eso, por supuesto, pero el hecho de que era posible ocultar la magia de la snitch era nuevo para él.
Incluso como buscador, había bastante que aprender durante la práctica; desde fintas para distraer a cazadores y bateadores del equipo contrario, hasta como permanecer en formación para que lo protejan camino a la snitch. Y necesitarían mucha práctica ya que habían escuchado que Lucius Malfoy había comprado Nimbus 2000 a cada miembro del equipo de Slytherin, lo cual quería decir que a menos que las cazadoras fueran mejores de lo que pensaban, estaría en manos de Harry el ganar el partido antes de que la diferencia de puntos fuera muy amplia.
En el suelo, los murmullos entre Gryffindor y Slytherin se incrementaron en anticipación al primer partido. Harry y Malfoy no iniciaron nada, pero no hicieron mucho para detenerlos tampoco.
Mientras tanto, las clases incrementaron el nivel de trabajo y Harry comenzó a necesitar esforzarse más para evitar que Hermione se volviera muy engreída al respecto. Le recordó en varias ocasiones que aún faltaban ocho meses en el año escolar. Pero pronto pareció que apenas tenían tiempo para saludar a Mandy o tomar té con Hagrid, y antes de saberlo, Halloween estaba cerca. Esa, por supuesto, era una fecha solemne para Harry Potter. Raramente lo mostraba en público, pero la profesora McGonagall, quien había aprendido a leerlo a través de los años, lo notó al instante, y una semana antes de la fecha pidió a él y a su hermana que se quedaran después de clases para una breve charla.
–Sr. Potter y señorita Granger, como puede que sepan, Hogwarts tiene un banquete de Halloween cada año, una tradición antigua que llega hasta la fundación de la escuela. Creo que están enterados que Halloween es una fecha importante para los magos desde la era de los druidas. Ahora, estoy segura que saben que este Halloween es el décimo aniversario de la caída de V...Voldemort… –era difícil para ella acostumbrarse–... y, por supuesto, de la muerte de tus padres biológicos, Sr. Potter.
Harry y Hermione asintieron con tristeza.
–Ya que es el décimo aniversario probablemente haya más celebraciones de lo normal del "día de Harry Potter" alrededor del Reino Unido, pero quiero asegurarles que tratamos de desalentamos activamente tales tonterías y tendremos un banquete de Halloween tradicional. Sin embargo, tienen permitido faltar al banquete si así lo desean, y puedo organizar que su cena sea enviada a la sala común de Gryffindor esa noche.
Ante eso, Harry y Hermione intercambiaron una mirada cautelosa y asintieron.
–Gr...Gracias, profesora –dijo Harry en voz baja–, pero usualmente sí celebramos Halloween en casa, y… conmemoramos ese día el domingo siguiente. Creo que estaremos bien en el banquete.
La profesora McGonagall sonrió levemente.
–Eso es amable de su parte. Pueden, por supuesto, cambiar de opinión en cualquier momento.
–Sí, señora –dijo Harry.
–Hay algo más… –continuó–. Como es el décimo aniversario, si estás de acuerdo, el director quisiera pedir un momento de silencio durante el banquete en honor a la memoria de tus padres.
Los ojos de Harry se abrieron ampliamente. Miró a Hermione en un raro momento de indecisión. Ella colocó su mano en su hombro y le susurró que pensaba que sería algo bueno.
–Cr...Creo que me gustaría eso –decidió Harry–. Eh… por favor agradézcale de nuestra parte.
–Lo haré, por supuesto.
Fue más tarde ese día, mientras Harry y Hermione caminaban al séptimo piso a practicar karate, que algo diferente llamó la atención en el oído de Harry. Era una zona menos ocupada del castillo, y parecía que no eran los únicos que lo pensaban ya que un par de voces discutían en susurros en la esquina del pasillo sin salida. Eso ocurría de vez en cuando, especialmente con parejas, pero fue una frase que Harry escuchó lo que hizo que se detuviera: "Pasillo del tercer piso".
–Harry, qué… –comenzó Hermione cuando lo vio detenerse de golpe.
–Shush –la calló.
–¿Qué es…?
–¡Shush! –Le indicó que se acercara a escuchar.
Observando con cuidado desde la esquina por sólo un momento, vieron a dos estudiantes de Gryffindor de séptimo año discutiendo.
–¿Qué? ¿La muerte dolorosa de la que Dumbledore habló? –Dijo uno de los jóvenes.
–Sí, es un cerbero gigante.
–¡No!
–¡Sí!
–Claro que no, no te creo.
–Entré y lo vi.
–¡No!
–Sí. Sólo se necesita un Alohomora para entrar.
–¿Pero por qué pondrían algo así en el tercer piso?
–Hay una trampilla. Está protegiendo algo.
Hermione y Harry se miraron el uno al otro recordando la conversación que habían tenido con Hagrid a principio del año.
–Ajá, aún no te creo –dijo el otro estudiante.
–¿Por qué no vas y lo ves por ti mismo?
–Pues, quizás lo haga. ¿Sólo tengo que pasar a Filch, verdad?
En ese momento, los dos niños escucharon el ruido de túnicas y pasos caminando hacia ellos y corrieron tan en silencio como pudieron. Parecía que los alumnos mayores de Gryffindor estaban determinados a meterse en problemas. Hermione y Harry continuaron hasta que encontraron un lugar donde pudieran hablar en privado.
–¿Un cerbero? –Susurró Harry con incredulidad–. ¿Cómo un perro de tres cabezas?
–¿Qué más pudiera significar? –Respondió Hermione.
–¿Pero qué está protegiendo? –Se preguntó.
–Harry… no crees… ¿el robo en Gringotts? –Tartamudeó Hermione.
–No lo sé. Y por la manera en la que Hagrid actuó cuando lo mencionó, no creo que nadie quiera decirnos. Pero tengo el mal presentimiento de que están relacionados de algún modo.
–Pero Harry, el profesor Dumbledore… ¿no crees que en verdad colocara un objeto valioso que un mago oscuro quiere aquí, verdad?
–Es Dumbledore –respondió Harry–. No estoy seguro de que no lo haría. Él es quien dijo lo seguro que es Hogwarts… Sólo quisiera que hubiera alguna manera de comprobarlo.
–¡Qué! ¡No puedes estar pensando en ir ahí!
–¡Por supuesto que no! Eso sería estúpido. Además, sabes cómo me siento sobre los perros.
Durante los siguientes días Harry no logró sacarse la idea de su mente. ¿Pudiera el director en verdad llevar el objeto valioso que el mortífago supuestamente quería en Hogwarts para "protegerlo"? No pudo evitar continuar preguntándoselo. Y el viernes en la tarde tuvo otra idea… una idea tan simple que no pudo creer que no lo hubiera pensado antes.
–Harry, ¿a dónde vas? –Demandó Hermione mientras su hermano la llevaba a la gran escalera.
–Hermione, no tan fuerte –siseó–. Tengo una idea sobre el pasillo del tercer piso.
Los ojos de Hermione se abrieron ampliamente con temor.
–Harry, ¡no puedes ir ahí! –Chilló–. Es peligroso… y prohibido. Pudieras meterte en problemas, o ser comido, o…
–¡Shush! Mione, cálmate –la detuvo–. Te prometo que no entraré. Sólo quiero revisar alrededor de la puerta.
–¿Y de qué servirá eso?
–Voy a olfatear alrededor para saber quién ha estado ahí.
–Olfatear alrededor, pero… –Finalmente comprendió lo que su hermano pretendía hacer–. ¡No, no puedes! ¿Qué tal si te descubren?
–Por eso necesito que me cubras y vigiles. Quédate al final del pasillo, y si alguien viene, comienza a llamar a tu gato perdido.
–Harry, no me gusta…
–Por favor. Sólo tomará un minuto. Si sabemos quién ha estado en el pasillo, quizás seamos capaces de descubrir lo que está ocurriendo. Si es el objeto de Gringotts, creo que necesitamos saberlo.
Hermione presionó sus labios, similar a como lo hacía McGonagall, pero no pudo negarlo.
–Mm… de acuerdo, pero por favor ten cuidado.
–¿Cuándo no tengo cuidado? –Dijo Harry con una sonrisa.
–Cada práctica de quidditch –respondió ella sin titubear.
Hermione sugirió inicialmente que encontraran la alacena más cercana para que se transformara, pero no pudieron encontrar ninguna cerca. Así que en su lugar, encontraron un pequeño hueco que estaba fuera de vista de los retratos. Deteniéndose en frente de este, Hermione miró a su alrededor para asegurarse de que estuvieran solos, incluyendo buscar en el techo por cualquier señal de Peeves.
–De acuerdo, no hay moros en la costa –susurró, y por primera vez desde su llegada a Hogwarts, Harry Potter se encogió y caminó fuera del hueco en cuatro patas como un gatito negro con patitas blancas.
La forma felina de Harry había crecido un poco durante los seis años que tenía de conocerlo, aparentemente creciendo a velocidad humana. Mientras el gatito que se había aparecido en el hogar de los Granger tenía el aspecto de uno de tres meses, ahora parecía uno de seis o siete meses y era más difícil ver a simple vista que era un gatito.
Harry miró de nuevo para asegurarse de que nadie más se acercaba y corrió al final del pasillo hacia la puerta cerrada que daba al pasillo prohibido. A medio camino, tuvo que luchar contra el instinto de darse la vuelta, pero continuó. Cuando llegó al final, comenzó a olfatear alrededor de la puerta con su excelente sentido del olfato felino.
Hermione esperó al otro lado del pasillo, vigilando que ningún adulto se acercara. Todos sabían que el pasillo prohibido era cuidadosamente vigilado por Filch, el celador, y su gata delgada, la Sra. Norris, y no estaba interesada en que la descubrieran cerca de ese lugar. Su pulso se aceleró cuando escuchó pasos acercarse. Pensando rápidamente, dio unos pasos fuera del pasillo.
–Medias, regresa, no puedes estar ahí. Regresa, Medias, ven. Gatito, gatito, ven.
Harry corrió hacia ella y Hermione rápidamente lo tomó en sus brazos. Él escondió su cabeza en su pecho para que su obvia marca en forma de rayo blanco no fuera visible. Fue entonces que Hermione se dio la vuelta y vio que los pasos no provenían de Filch, sino de la profesora Sinistra, la profesora de astronomía, quien sonrió divertida y continuó caminando.
–Eso estuvo cerca –susurró al gatito en sus brazos. Siempre había avergonzado a Harry el ser cargado de ese modo, pero lo prefería a ser descubierto. Lo llevó de vuelta al hueco y lo dejó en el suelo. Lanzó una mirada rápida a su alrededor.
–No hay nadie –susurró.
En un parpadeo, su hermano estaba de pie en frente de ella.
–¿Medias? –Protestó.
–Tú lo pediste, bola de pelo –dijo con una sonrisa burlona–. ¿Qué descubriste?
–Muchas cosas extrañas –dijo–. Subamos a la sala común. Probablemente no hay nadie tan temprano.
Hermione miró a Harry con sospecha, preguntándose qué había descubierto para que vacilara de tal modo mientras la llevaba de vuelta a la torre de Gryffindor.
Y sí, la sala común estaba vacía, como era de esperarse a esa hora en un viernes, excepto por una rata gris y gorda que deambulaba en las escaleras de los niños.
–¿Es la rata de Ron? –Preguntó Hermione mientras encontraban un par de sillones cómodos al otro lado.
La rata cruzó miradas con Harry y se paralizó.
–Sí, eso creo –dijo Harry. Un momento después, la rata se dio la vuelta y corrió arriba a sorprendente velocidad. Desde el primer día, Scabbers siempre parecía estar en pánico alrededor de Harry, como si de algún modo pudiera sentir que era un predador. Pensó que el sentido del olfato de la rata pudiera ser lo suficiente bueno para oler el gato dentro de él, pero parecía muy extraño después de todo ese tiempo.
Harry sacudió la cabeza dejándolo de lado.
–Hay algo que no está bien sobre esa rata –dijo él. Hermione sacudió los hombros.
–¿Qué olfateaste abajo? –Demandó.
–Mione –susurró con intensidad–. ¡Olía a muggle!
Era algo extraño cuando Hermione era dejada sin habla.
–¿Mione?
–Eso es imposible. No hay muggles en la escuela.
–Eso es lo que olí –insistió Harry.
–Pero no pueden entrar sin amuletos repelentes de encantamientos repelentes de muggles. Debes de estar mal.
–No lo estoy. Sabes lo buena que es mi nariz.
–De acuerdo, entonces. –Hermione cruzó sus brazos–. ¿Qué oliste exactamente? –Harry suspiró.
–Olí a muchos magos que han estado ahí en los últimos dos días… la mayoría eran olores leves, como si sólo estuvieron ahí por un minuto. Hubo estudiantes, la mayoría mayores, y algunos maestros, pero sólo unas cuantas personas han estado ahí con frecuencia. Un gato que pasa mucho tiempo ahí, hembra, de unos cuatro años, sin esterilizar, la cual sería la Sra. Norris. Después, había un hombre en sus cincuenta que no tenía magia. Estoy seguro.
–¿Pero quién pudiera ser? –dijo Hermione antes de que le llegara la respuesta. Sólo había diecisiete adultos en la escuela… siete hombres y diez mujeres, y seis de esos hombres definitivamente eran magos, incluyendo a Hagrid, aun cuando se suponía que no debía hacer magia–. Ah, debe de ser Filch –se dio cuenta.
–¿Filch?
–Sí, piénsalo. Siempre está barriendo los pisos y eso a mano. Nunca usa magia. Pero no puede ser muggle… oh, tal vez es un squib.
–Tal vez –dijo Harry de acuerdo–. Tal vez por eso es por lo que siempre está de mal humor. Dicen que la mayoría de los squib dejan el mundo mágico.
–Eso debe de ser. ¿Y ha habido alguien más ahí?
–Sí, el profesor Dumbledore estuvo ahí por un tiempo, y también un mago que sólo olía a medio humano… estoy seguro de que era Hagrid.
–¡Hagrid!
–Pues, no puede ser completamente humano, ¿o sí? Mide once pies de alto.
Hermione lució pensativa, como si esa posibilidad no hubiera cruzado su mente.
–¿Cómo sabes que no era el profesor Flitwick? –Dijo después de un momento.
–Flitwick es mayor. Además, el olor era de alguien más… grande.
–¿Pero qué estaría haciendo Hagrid ahí?
Harry estaba listo para esa.
–Todos dicen que le gustan las criaturas peligrosas. Tal vez está cuidando al perro.
–Así que sí hay un perro.
–Oh, sí. El olor está por todo el pasillo. Casi me muero de miedo cuando lo olí. No pude notar cuantas cabezas desde afuera, pero es grande, muy grande, del tamaño de un oso o quizás más. –Hermione se cubrió su boca con sus manos–. Sí, no sé cómo lo hace la Sra. Norris. Yo no aguantaría estar al otro lado de esa maldita puerta.
–Harry, ese vocabulario –lo reprimió.
–Lo siento, pero lo es. No me podrías pagar por estar ahí.
–Eso es bueno saberlo. Investigué cerberos en la biblioteca. Eran utilizados para proteger cosas, pero ya no es común. No estoy segura de porqué, pero eso debe de ser lo que está haciendo. Debemos de decirle a alguien lo que está ocurriendo.
–No sé si ayudaría –la contradijo Harry–. Los maestros parecen pensar que está a salvo con sólo un Colloportus en la puerta, sin importar cuantos alumnos de séptimo año van ahí.
–Eso suena bastante estúpido –gruñó Hermione–. Si siguen yendo ahí, es cuestión de tiempo antes de que alguien sufra esa "muerte dolorosa"... ¿Y el profesor Quirrell? –Le preguntó, recordando la primera lección de Defensa.
Harry le lanzó una mirada molesta.
–Harry, sé que no te gustan sus métodos, pero…
–No confío en él –la interrumpió–. Hay algo… extraño en él.
–De acuerdo –dijo soltando una bocanada de aire–. Lo haremos a tu modo por ahora. ¿No deberíamos de decirle a mamá y papá por lo menos?
–Probablemente. Podemos decir que escuchamos a personas hablar de eso. Aun así, no ha ocurrido nada aún, así que quizás no es tan malo.
Ambos niños esperaban que tuviera razón.
El lunes llovió con fuerza, pero eso no detuvo la práctica de quidditch. Después de todo, el primer partido era en menos de dos semanas, y Oliver Wood estaba listado en el diccionario bajo "fanático". Eso quería decir que Harry Potter tenía un curioso aspecto mientras arrastraba los pies de regreso a la torre de Gryffindor, completamente empapado, cubierto de lodo, y esperando que pudiera bañarse a tiempo para la cena. Ciertamente no estaba de humor para…
–Que bien te ves, Potter. Lástima que eso no va a ayudarte.
Harry consideró ignorarlo y continuar, pero las normas de las Casas Nobles sugerían por lo menos reconocerlo. Apretó los dientes y se dio la vuelta para encontrarse de frente al Slytherin de cabello oscuro. Theodore Nott le sonrió de forma engreída.
–Tal vez seas bueno, pero sabes que Malfoy te va a destrozar en el campo cuando nuestro equipo esté detrás de él. Pierdes tu tiempo.
Harry sacudió la cabeza. Aunque era más sutil que Crabbe y Goyle, era obvio que Nott no haría nada sin la aprobación de Malfoy.
–Ya que Malfoy es quien controla este juego, puedes decirle que si quiere insultar mis habilidades para el quidditch, que tenga la cortesía de hacerlo en persona –respondió.
–Soy perfectamente capaz de pensar por mí mismo –respondió Nott con molestia.
Harry se aguantó la respuesta que quería dar. No había necesidad de empeorar las cosas, pensó.
–Estoy seguro de eso, Sr. Nott. Si me disculpa, estoy muy ocupado. –Y continuó su camino, ignorando los comentarios de Nott. Aunque era molesto. Muchos Slytherin estaban actuando como tontos por el partido, incluyendo unos cuantos comentarios de parte del mismísimo Malfoy, pero el heredero de la Casa de los Nott estaba comenzando a suplantar al nuevo buscador de Slytherin como el más molesto de la manada.
Querido Harry:
Creí que deberías saber que finalmente descubrí algo útil sobre el Teatro Diagonal. Van a anunciar públicamente la producción de Navidad el primero de noviembre. Planean mantener secreto el guion hasta diciembre, pero no será difícil para los más eruditos el comprender lo que están haciendo. Pero lo más importante es que me dejarán leer el guion ese fin de semana. No será la versión final, pero nos debería dar una idea de su posición. Aunque el comodín aún es Adrian Greengrass. Si puedes aprender más sobre su posición, nos ayudaría a desarrollar una estrategia para la primavera (aunque no sería bueno ser muy directo al respecto).
Asegúrate de agradecerle a Amanda Brocklehurst por el tip. El poder de la cultura no debería se sobreestimado.
Sinceramente,
Andi.
Era difícil encontrar a los estudiantes de Slytherin fuera de clases. Que un Gryffindor se sentara en la mesa de Slytherin durante las comidas no sería tolerado, y tendían a viajar en grupos si es que alguna vez iban a los terrenos durante los fines de semana. El tiempo libre durante la clase de vuelo los jueves pudiera ser una buena manera de separar a uno, excepto que Harry ya no iba a esa clase. Eso significaba que la biblioteca era su mejor opción… una razón más por la que Harry y Hermione pasaban su tiempo ahí.
Finalmente encontraron a Daphne en la biblioteca el miércoles por la tarde, justo antes de la cena. Estaba sentada con una niña de cabello castaño y lentes cuyo nombre Harry no podía recordar, aunque sabía que usualmente iban a todos lados juntas. Para el final del periodo libre, Harry llevó a Hermione a su mesa.
–Disculpe, señorita Greengrass, ¿podemos sentarnos? –Preguntó Harry.
Daphne parecía un poco molesta al ser interrumpida por un momento, pero rápidamente tomó un tono diplomático y aceptó con gracia.
–Por supuesto, Sr. Potter.
–No creo que haya conocido a mi hermana aún, Hermione Granger.
–No, no en persona –admitió Daphne–. Encantada de conocerle. –Estrechó la mano de Hermione sin incidente, aunque algunos Slytherin en el cuarto los miraron con sospecha–. Mi amiga, Tracey Davis.
Tracey siguió los pasos de su amiga y estrechó ambas manos.
–¿Cómo te encuentras? Esperaba que pudiéramos hablar por un momento –dijo Harry.
Daphne suspiró con resignación, como si hubiera esperado eso por un tiempo.
–¿Sobre la Ley de Defensa de los Muggles?
–No exactamente. Más sobre tu abuelo, sus creencias y filosofía. Mi representante nos lo explicó, por supuesto, pero queríamos escucharlo de ti.
Daphne elevó una ceja e intercambió una mirada con su amiga. Si Potter era lo suficiente inteligente para hacer más que una campaña directa, eso podría ser interesante.
–Pues, es así, Sr. Potter –dijo Daphne con perspicacia–, y espero que no irás a decir cosas a alguien como Rita Skeeter si te importa el honor de tu Casa…
Harry y Hermione asintieron. Comprendían como esas situaciones funcionaban, además de que Rita Skeeter ya causaba los suficientes problemas para ellos.
–...Mi abuelo dice que quiere lo mejor para el mundo mágico, pero eso sólo es cierto a medias. Lo que quiere es lo mejor para la Casa de los Greengrass. Pero algo que es verdad es que no quiere otra guerra. Los mortífagos están poniendo más y más presión en nosotros porque continuamos manteniendo nuestra neutralidad la última vez. Si no hubieras detenido a Quien-Tú-Sabes… –se detuvo a ver la expresión de Harry–... o como sea que haya ocurrido, hubiéramos estado en problemas en poco tiempo.
–Eso no suena tan difícil –sugirió Hermione–. No dejes que los sangre pura supremacistas obtengan el suficiente poder para iniciar otra guerra.
Daphne y Tracey soltaron unas risotadas.
–Como si fuera tan simple –respondió Tracey con condescencia.
–Primero, si no lo han notado –continuó Daphne jugando con su cabello rubio–, ya tienen el suficiente poder, o están cerca. La mayor parte del dinero se encuentra en el lado conservador, y Lord Malfoy controla a un tercio del Wizengamot y la mayoría del Consejo de Hogwarts. Tiene la misma red política que utilizó para retardar los movimientos del Ministerio durante la guerra. Es sólo que todos los mortífagos que hicieron el trabajo sucio están muertos o en Azkaban.
–Oficialmente –dijo Hermione con astucia.
–Oficialmente –dijo Daphne en acuerdo–, y es mejor que no digas eso en voz alta, especialmente siendo hija de muggles. –Hermione sacudió la cabeza.
–Aun así, tú abuelo tiene los votos para frenarlo, ¿no es así? –Preguntó Harry.
–¿Crees que todos los moderados son neutrales en esto? Aún son familias sangre pura. Son iguales que el abuelo… no quieren otra guerra. Para la mayoría, es buen negocio el mantenerse lejos de ese desastre, y algunos sólo están asustados, pero muchos apoyan a los conservadores tomando el poder del Ministerio si creen que puede ser realizado de manera limpia.
Harry y Hermione intercambiaron una mirada nerviosa. Andi sólo había insinuado esa parte.
–¿Y qué quiere tu abuelo? –Preguntó Harry.
–Se los dije. Quiere lo mejor para la Casa de los Greengrass. Nuestro interés está más en la tradición que en la sangre. Apoyamos mantener la sangre pura más porque es lo que se espera de nosotros que por otra cosa.
Eso era lo que Harry estaba esperando.
–Bueno, hablando como alguien criado por muggles, las tradiciones serían más llamativas si el mundo mágico fuera más acogedor.
–Yyyyy ahí está –lo interrumpió Tracey–. Me preguntaba cuando llegarías a eso. Vamos, Daphne, hay que ir a cenar. –Comenzó a ponerse de pie. Harry frunció el ceño.
–Eh… ¿cuál es el problema? –Intentó. Él y Hermione se levantaron para seguir a las dos Slytherin.
Daphne lo señaló con su dedo de manera molesta, aunque por lo menos no parecía estar a punto de separarse de ellos mientras caminaban.
–Familia neutral, ¿recuerdas? También pudieras haber dicho que debería haber restricciones en los hijos de muggles para reducir su influencia. Después de todo, pudieras corromper nuestras tradiciones tan fácil como las pudieras adoptar… no es nada personal, Sr. Potter, es sólo como hablan los conservadores, y eso es si se ignora la parte sobre mantener la sangre. Tanto los conservadores como los moderados prefieren mantener el status quo.
Hermione estuvo tentada a hacer un comentario sobre la salud de esa sangre, pero eso no ayudaría con la hija de una Casa Antigua. Harry, sin embargo, se enfocó en otro punto y habló después de pensarlo por un momento.
–¿Pero pueden? Sólo hay unos cuantos sangre pura en Hogwarts, y los hijos de muggles son el doble de lo normal.
–Y es por eso por lo que es una crisis en este momento –confirmó Daphne–. Pero eso no va a lograr que Lord Malfoy abrace a un hijo de muggles, ¿o sí?
Ya estaban llegando al gran comedor, y la apariencia de Daphne cambió levemente. Era claro que comprendía que estaba en un espacio más público y adoptó un tono más distante. Aun así, Harry y Hermione la siguieron hasta la mesa de Slytherin.
–Mire, Lord Potter –dijo ella–, puede que hable muy bien, pero eso no lo ayudará en las relaciones políticas al final. Si quiere intentar obtener el apoyo de mi abuelo, va a tener que hacer algo por él.
–¿Qué? ¿Monopolios en escobas o excepciones en impuestos? –Dijo Harry con desdén.
–Expresado de manera vulgar –se quejó Daphne.
–Lo siento –respondió él–, mi representante es mejor para eso que yo, pero me aseguraré de explicar la situación, señorita Greengrass.
Llegaron al grupo de primer año y un niño de cabello oscuro con expresión molesta se puso de pie para confrontarlos.
–Potter.
–Nott.
–¿Tienes algún asunto aquí?
–Estábamos terminando.
–La veré durante la clase de vuelo mañana, señorita Granger –dijo Daphne comprendiendo la señal.
–Sí, claro, gracias señorita Greengrass –respondió Hermione, preguntándose por qué no podía vivir en un mundo en el que pudiera llamar a las personas por su nombre.
–Buenas noches –dijo Harry mientras se iban.
En cuanto el par de Gryffindors dejó la mesa de Slytherin y Daphne se sentó, Theodore Nott la acorraló.
–De acuerdo, ¿a qué juegas, Greengrass?
Daphne sólo sacudió la cabeza y lo miró con molestia.
–Se llaman relaciones políticas, Theo. Deberías de intentarlo algún día.
–¿Qué quería, señorita Greengrass? –Preguntó Draco Malfoy con tono formal.
–Lo que era de esperarse… la Ley de Defensa de los Muggles y el status quo –respondió ella sin querer hablar–. Se lo expliqué... no hay riesgo en eso y lo habrían aprendido de cualquier modo.
Daphne Greengrass raramente pedía consejos, y esa no sería la excepción. Tendría que pensar sobre lo que Harry Potter le había dicho. Había escuchado las palabras antes, pero era raro para ella hablar con alguien criado por muggles, y mucho menos uno con poder real. Esa era la prueba de que no era pura habladuría. Además, si había algo de lo que Potter tenía razón, era la crisis de población en Hogwarts y el hecho de que la dedicación de su abuelo al status quo no podría sobrevivir por mucho tiempo más.
