Todos estos Harry Potter son suyos, excepto los derechos de autor y los derechos a esta historia, los cuales le pertenecen a JK Rowling y a White Squirrel, respectivamente.


Capítulo 24

La mañana de Halloween, el olor a pasteles de calabaza inundó el castillo entero desde las cocinas antes del desayuno. Todos los Gryffindor estaban emocionados por el banquete de esa noche y un sentimiento de festejo estaba en el aire. Algunos estudiantes mayores decidieron decorar la sala común con luces de color naranja y negro y carteles naranjas. Harry y Ron intentaron transformar de color naranja el pelo de Scabbers sin éxito; Harry pensó que los chillidos de la rata sonaban escalofriantemente humanos, pero quizás la celebración la estaba afectando.

Halloween siempre había dejado a Harry y Hermione con una sensación agridulce, sin importar cuanto intentaban conmemorar a los padres de Harry el domingo siguiente, pero estaban de muy buen humor esa mañana porque el profesor Flitwick finalmente iba a enseñar el encantamiento levitatorio en la clase de ese día. Considerando que ese era su mejor hechizo sin varita, era muy importante para ellos aprenderlo con una, y estarían felices de finalmente poder usarlo en público.

Después de una larga lección sobre la teoría del encantamiento, el profesor Flitwick los colocó en parejas para practicar. Harry, como siempre, trabajó con Hermione. En el escritorio de al lado, Ron trabajó con Neville… una combinación peligrosa, aunque Neville y Seamus probablemente hubiera sido peor.

El profesor Flitwick les había enseñado el agitar y golpear, el mismo movimiento que Harry y Hermione habían estado haciendo por un años con sus manos de manera inconsciente, y el encantamiento "Wingardium Leviosa", pero el control aún era un problema. Cuando Harry dijo el hechizo por primera vez, su pluma y la de Hermione salieron disparadas como cohetes y se estrellaron contra el techo. Hubo varias risas ante eso, pero la clase ya estaba acostumbrada a ver su varita volverse loca al realizar encantamientos. El encantamiento levitatorio era más difícil de lo normal porque necesitaba un flujo de magia constante, y era muy fácil perder el control. Practicó el encantamiento unas cuantas veces más, cada vez terminando sin efecto en la pluma o con esta levitando por un segundo o dos antes de ser lanzada contra el techo.

Mientras tanto, Ron y Neville se tomaron turnos realizando el hechizo en su propia pluma sin efecto alguno. Neville parecía cada vez más deprimido al respecto, mientras Ron expresó su frustración en voz alta. Eventualmente, Harry se rindió de intentar lograr que su pluma permaneciera fija en el aire por más de tres segundos y dejó que Hermione lo intentara.

Wingardium Lev… ¡ah! –Hubo un fuerte ruido y un flash de luz azul. Ron había agitado su brazo tan violentamente que había chocado con el de Hermione en medio del hechizo.

–¡Fíjate! –Le gritó Hermione–. Necesitas calmarte. Y es Levi-o-sa, no Levio-sa.

–¿Por qué no lo intentas tú? –Dijo Ron indignado–. Anda, veamos si puedes hacerlo mejor que tu hermano.

Hermione sacudió la cabeza antes de repetir el hechizo.

Wingardium Leviosa. –La pluma se elevó con delicadeza y flotó por unos segundos, y después voló con tanta fuerza que la punta se clavó en el techo.

–Oh vaya, bueno, este hechizo puede ser difícil al comienzo –dijo el profesor Flitwick. Convocó la pluma de regreso.

Y para ilustrar su punto, Seamus Finnigan lo intentó de nuevo.

Wingardium Leviosa. Wingar… –¡BANG!

Ron parecía estar de mejor humor, excepto que no llegó muy lejos con el hechizo para el final de la clase. Y Harry y Hermione lo escucharon quejarse con Neville en frente de ellos mientras salían de la clase.

–Es Levi-o-sa, no Levio-sa. En serio, sé que es la hermana de Harry, pero está un poco loca.

–Oye, estaba tratando de ayudarte –respondió Neville–. Viste lo que ocurrió con Seamus.

Los ojos de Ron involuntariamente se dirigieron a sus cejas, las cuales el joven irlandés había perdido.

–Bueno, eso es cierto –admitió–. Aún así, creo que ambos están un poco locos. Sabes cómo es Harry. Y no entiendo cuál es su problema en Encantamientos.

–Oh, si tan sólo supieras, Ron –susurró Harry a Hermione, quien sonrió levemente.

–Seamus salió librado. –Sally-Anne Perks se había acercado y estaba al otro lado de Harry–. ¿Vieron el terrible corte de cabello que tenía Justin esta mañana?

–Sí –dijo Hermione–. Me lo estaba preguntando.

–Sophie dijo que le prendió fuego cuando intentó el hechizo –reportó Sally-Anne–. Nadie está seguro de cómo lo hizo.

–Oh, Justin –Hermione sacudió la cabeza.

–Sí, bueno, será mejor que nos adviertan si alguna vez lo ponen a trabajar con Seamus –dijo Sally-Anne con una sonrisa–. No hay manera de saber que ocurriría.


El problema más grande que Harry y Hermione tuvieron con Halloween ese día fue cuando varias personas preguntaron sobre "Quien-Tú-Sabes" durante la clase de Historia. Ya que la guerra fue después de la época del profesor Binns, no tuvo mucho que decir sobre el tema, y Harry tuvo que explicar que no recordaba nada y no sabía nada más que lo que estaba en los libros. Pero al final del día, estaban muy emocionados por el banquete de Halloween. Si era similar al banquete de bienvenida, sería una muy buena celebración.

–¿Cómo estuvo Ron durante la lección de vuelo? –Preguntó Harry a Hermione mientras bajaban al gran comedor después de su práctica de karate.

–Bien. Permaneció lejos de mí, pero aun así me ayudó cuando se lo pedí.

–Bueno, no te preocupes. Ya se tranquilizará. Los Slytherin no causaron problemas, ¿o sí?

–Intenté mantenerme lejos de ellos. –Harry asintió con aprobación.

Cuando llegaron al gran comedor se detuvieron por un momento, asombrados. Los maestros habían estado ocupados toda la tarde preparando todo. Muchas de las miles de velas estaban ocultas dentro de calabazas talladas, con rostros en risas silenciosas o muecas exageradas. El comedor también estaba "decorado" con murciélagos vivos, había centros de mesa decorados con el tema de Halloween en ente (aunque como siempre, una parte de lo largo estaba vacío), y en las esquinas del cuarto había calabazas gigantes del jardín de Hagrid que quizás pesaban una tonelada cada una.

–Hola –Ron hizo su camino hacia ellos, muy preocupado por el banquete como para recordar cualquier altercado.

Mientras observaban el comedor, tres de las mesas parecían entusiasmadas, aunque la cuarta, la de la derecha, parecía más tranquila.

–Yo agradezco que hayan decidido continuar con el banquete tradicional –proclamó alguien en voz alta y tono aristócrata. Harry, Hermione, e incluso Ron se detuvieron y vieron a Draco Malfoy explicando su observación a todos los que pudieran escucharlo–. Mi padre dice que las celebraciones después de la guerra son completamente inadecuadas… ¿no lo cree, Sr. Potter? –Malfoy se dio la vuelta y sonrió de forma engreída.

–De hecho, sí –respondió Harry, sorprendiendo al grupo de Slytherins–. Por una vez, estamos de acuerdo en algo, Sr. Malfoy.

–¿Qué? ¿No quieres tener tu propia fiesta celebrándote a ti mismo? –Se burló Theodore Nott.

–No realmente –dijo Harry como si fuera obvio–. Eso no estaría bien, considerando.

–¿Oh, vas a llorar, Potter? –dijo Pansy Parkinson.

Antes de que Harry pudiera responder sobre lo triste que era ese comentario, Ron respondió.

–Sólo estás celosa porque tus padres no te dejaron tener una fiesta como el resto de nosotros.

–Ron… –comenzó Harry.

–Apuesto que ellos son los que están llorando porque Quien-Tú-Sabes fue derrotado.

–¡Ron! –Dijeron Harry y Hermione al mismo tiempo antes de que alguien comenzara una pelea.

–¿Qué? –Ron parecía sorprendido de que no lo estuvieran apoyando.

–Este no es el momento –dijo Harry–. Vamos a sentarnos.

Comenzaron a irse, pero Nott habló de nuevo.

–Bueno, no puedes culparlo si es el caso, Pansy. Yo también estaría llorando si estuviera atrapado con los muggles. –Algunos de los otros Slytherin rieron.

Hermione tomó a Harry del brazo instintivamente antes de que él hiciera algo. Sí, también eran sus padres, pero ella sabía que la paciencia de Harry era más frágil que la de ella después de las últimas semanas. Sintió su magia prenderse, y las velas flotantes alrededor de ellos lo siguieron por un momento. A esas alturas, ambos iban a obtener una reputación por tener poco control mágico.

–Para ser justos, no lo esperaría de él –dijo Malfoy, aunque con cautela–. Todos sabemos que los Potter amaban a los muggle.

–¿Sabes? Suenas a que estás intentando insultarme, Malfoy –respondió Harry–, pero no estás haciendo un buen trabajo considerando que, de hecho, fui criado por muggles. Amo a mi familia, y Sr. Nott, le agradecería que no lanzara calumnias sobre ellos. Buenas noches. –Se alejó resoplando antes de que alguien pudiera decir algo más.

Los estudiantes fueron a sus asientos, y el profesor Dumbledore se puso de pie en la mesa principal.

–Buenas noches –dijo con voz solemne–. Antes de comenzar, quisiera decir unas palabras… Esta noche, hace diez años, el mago oscuro más temido por los últimos cincuenta años fue derrotado. Todos conocemos la historia popular de esa noche. Pero los hechos son que la derrota no fue gracias a un infante… –Hubo susurros alrededor del comedor–...sino gracias a una joven pareja… una bruja y un mago extraordinarios que lucharon con valor durante los últimos tres años de la guerra, quienes dieron sus vidas protegiendo a su hijo, y quienes salvaron a muchos otros haciéndolo. En esta noche de aniversario, quisiera pedirles un momento de silencio en honor a James y Lily Potter.

La mayoría bajó la cabeza en respeto. Hubo algunos susurros molestos en la mesa de Slytherin, pero nada más.

–Gracias. Y ahora, que comience el banquete.

Mientras las mesas se llenaban de comida, Harry se quitó los lentes y limpió sus ojos con su manga. Hubiera estado un poco avergonzado después de esa confrontación con los Slytherin, pero notó que no era el único.

Pero pronto, Ron estaba contando historias sobre las reuniones de su familia.

–Bueno, siempre tenemos una fiesta. Ginny siempre quiere leer el comienzo de Harry Potter en el Expreso Oriental, la parte donde él derrota a Quien-Tú-Sabes… ya saben, ese era al primer libro… –Harry lo ignoró.

Pero los profesores y los estudiantes apenas y tuvieron tiempo de terminar de servirse comida cuando ocurrió. Una gata delgada de pelo castaño entró corriendo a través de las puertas del gran comedor y subió a la mesa principal, maullando como un demonio. Había dos personas en el comedor que hablaban el lenguaje felino. Cuando escucharon el maullido, ambos inmediatamente se pusieron de pie y gritaron:

–¡¿Hay un monstruo gigante abajo?!

Una de esas personas era Minerva McGonagall.

La otra era Harry Potter.

Por suerte, nadie tuvo mucho tiempo para notarlo porque en ese momento, Argus Filch entró corriendo al gran comedor, gritando como un lunático.

–¡Troll en las mazmorras! ¡Troll en las mazmorras! ¡Troll en las mazmorras! –No se detuvo hasta que se tropezó y cayó contra la mesa principal, justo en frente de Albus Dumbledore.

Hubo silencio por una fracción de segundo, y después los estudiantes comenzaron a gritar. Varios comenzaron a correr a las salidas y sólo se detuvieron cuando el director se puso de pie.

–¡SILENCIO! –Gritó Dumbledore–. Traten de no entrar en pánico. Tenemos planes para esto. Ahora, Argus, ¿dónde está el troll?

–Está… está… en las mazmorras del ala este, cerca de las aulas de pociones –dijo Filch rápidamente y con miedo en su voz–, pero no seguirá ahí por mucho tiempo. Casi, nos alcanzó, ¿verdad, Sra. Norris? –Tomó en sus brazos a su gata en medio de protestas.

Dumbledore saltó a la acción y habló con rapidez.

–Prefectos, hagan un conteo de los estudiantes e informen a sus jefes de casa si falta alguno. Después lleven a sus casas de regreso a sus salas comunes. El resto de los profesores, síganme a las mazmorras. No debemos dejar que el troll llegue a las zonas residenciales. Hagrid, sube y advierte a Madame Pomfrey y vigila la entrada a la enfermería. Profesor Binns, baja a las cocinas y advierte a los elfos domésticos. Argus, lo mejor será que vayas con Hagrid. Ahora.

Los prefectos ya estaban contando a los estudiantes y reportando los resultados. Percy Weasley dirigió con confianza a los estudiantes de primero de Gryffindor, como si ningún troll se atrevería a atacar a un prefecto. Las cabezas de casa rápidamente hablaron y determinaron que los únicos estudiantes que faltaban eran los dos que se encontraban en la enfermería.

–¿Cómo es que el troll entró al castillo? –Se preguntó Harry.

–No lo sé –dijo Hermione–. Quizás Peeves lo dejó entrar. ¿En verdad crees que es más seguro regresar a los dormitorios que encerrarnos en el gran comedor?

–No lo sé. Quizás. Un troll no cabría por las puertas de los dormitorios.

–Mmm…

Mientras los alumnos de Gryffindor de primero se acercaban al tercer piso, Hermione notó algo extraño en otro nivel de la gran escalera.

–¿Qué está haciendo Snape ahí? ¿Qué no ese es el camino al pasillo prohibido?

–Sí, así es –dijo Harry–. Eso es extraño… –Bajó su voz–. Quizás debería seguirlo.

–¿Qué? ¡No! ¡No puedes!

Se acercó más a ella.

–Está bien. Viste a la Sra. Norris. Seré más rápido en cuatro patas.

–Harry, no, ¡Percy nos está viendo! Notará que no estás.

–Percy… –Harry consideró al prefecto obsesionado con las reglas y siempre alerta. Tuvo que admitir que las probabilidades no estaban a su favor–. De acuerdo –susurró–. Pero voy a revisarlo en la mañana.

Hermione suspiró y se rindió por la noche. Harry colocó un brazo alrededor de su hombro para tranquilizarla, y la ayudó a subir los últimos niveles.

La casa entera de Gryffindor estuvo sentada o parada en una sala común llena por un tiempo antes de que la voz mágicamente amplificada del profesor Dumbledore sonara en eco por todo el castillo.

–El troll ha sido contenido y está siendo removido del castillo. El toque de queda está en efecto hasta que la ruptura en las barreras sea sellada. El banquete continuará dentro de las salas comunes de sus casas. –En un instante, una enorme mesa de buffet apareció en medio de la sala, cargada por las esquinas por los elfos domésticos, y la misma comida que había estado en la celebración en el gran comedor fue entregada por más elfos. Unas cuantas personas gritaron. Para muchos estudiantes jóvenes, incluyendo a Hermione y Harry, esa era la primera vez que habían visto a elfos domésticos, pero las criaturas con orejas de murciélagos no se quedaron el tiempo suficiente para que pudieran hablar con ellos.

–Hola, Harry.

El par se dio la vuelta y vieron a Ron y a Neville colocarse en fila detrás de ellos para tomar sus platos.

–Así que, ¿hablas gato o algo así? –Preguntó Ron–. ¿Cómo es que supiste lo que la Sra. Norris estaba gritando?

El pulso de Harry se aceleró y Hermione tuvo que frenar el impulso de golpearlo por su estupidez. Ese había sido su peor desliz en años. Rogó que pudiera encontrar la manera de escaparse de esa.

–Algo así –dijo, luchando por encontrar una idea–. La profesora McGonagall lo hace porque es animaga, y me enseñó un poco… dice que tengo el oído, o algo así.

–Ah, sí, les dije que Harry no es normal –continuó Hermione–. Siempre termina con estos talentos raros. A mí no me suena a nada.

–Increíble, eso es extraño –dijo Ron.

–No es gran cosa –dijo Harry–. No es realmente útil, excepto cuando ocurre algo así. Sólo lo aprendí por diversión.

Para el alivio de Harry y Hermione, Ron lo aceptó como otra curiosa característica de Harry Potter, y Neville tuvo la sensatez de no mencionarlo a nadie. Nadie más en la mesa de Gryffindor pareció haberlo notado, por lo que parecía que su secreto estaba a salvo… por ahora.


La mañana siguiente, Harry se deslizó por el pasillo en cuatro patas rumbo a la puerta que llevaba al corredor prohibido. Lo hizo con más cautela esta vez, manteniendo sus orejas en alerta por cualquiera que pudiera acercarse. Después de la noche anterior, las personas estarían observando la zona con más atención, pero aun así, tuvo suerte de encontrar un momento cuando el lugar no estuvo vigilado. Comenzó a olfatear, intentando descubrir lo que había ocurrido la noche anterior… mientras luchaba con su instinto para salir corriendo. Cuando estuvo seguro de que lo había comprendido, huyó.

–Harry, ¿qué ocurre? ¿Qué oliste? –Susurró Hermione cuando llegaron al hueco al final del pasillo y se transformó de vuelta.

–Mione –susurró de vuelta–. Olía a sangre.

–¿Qué? ¿Sabes de quién era? ¿Fue el troll? –Preguntó con miedo.

–No estoy seguro. Había el olor a dos hombres en sus treinta, y venía de uno de ellos. Pero no olí nada que pudiera ser el troll. Quien sea que haya sido, creo que el perro lo mordió.

–¿Quieres decir que alguien intentó entrar? Bueno, tienen que ser Snape y Quirrell… son los únicos en el castillo de esa edad… quizás es por eso por lo que Snape estaba ahí.

–¿Pero por qué intentaría Snape robar lo que sea que es?

–Harry, sabemos que fue un mortífago.

–Sí, pero Dumbledore confía en él lo suficiente para que de clases aquí. Apuesto que fue Quirrell.

–Harry…

–El profesor de Defensa siempre es el primer sospechoso.

–A menos que alguien haya entrado al castillo. Quizás así es como el troll entró.

–No lo creo –admitió Harry–. Solo quisiera que hubiera una manera de distinguirlos.

–Pues, no puedes ir a olfatearlos como gato –le advirtió Hermione.

–Pero si nadie me ve cambiar…

–Harry, no hay muchos gatos con un rayo blanco en su cabeza.

–Sí, supongo… espera, quizás si uno de nosotros puede tocar la túnica de Snape durante la clase podemos hacer que su olor se nos pegue.

Hermione hizo una mueca.

–Primero, eso es asqueroso, y segundo, eso suena a que nos causaría una detención.

–Valdría la pena –insistió–. Sólo finge que te tropiezas o algo.

–Mmm… –Lo pensó por un momento. Probablemente no sería tan difícil–. Quizás –concedió–. Si tengo la oportunidad.

Pero no la tuvo. Snape no se levantó de su escritorio durante la clase entera esa mañana. De algún modo, aún logró ser tan intimidante como siempre, especialmente con Neville, quien parecía aún más incómodo de lo normal. Harry tuvo que conceder con renuencia que eso parecía sospechoso.


El domingo siguiente fue quizás el día más difícil que Harry y Hermione habían tenido en Hogwarts hasta el momento. Mientras todos los demás estaban teniendo un fin de semana relajante, ellos se sentaron rendidos y comieron su desayuno en silencio. Si había un día que les hubiera gustado poder salir de la escuela, era ese.

Ron Weasley pareció no darse cuenta de su actitud y se apresuró a sentarse con ellos, susurrando con entusiasmo.

–Hola, ¿escucharon lo que ocurrió?

–No lo creo, Ron, ¿qué ocurrió? –Preguntó Harry sin verdadero interés.

–Escuché que Marcus Flint tuvo una discusión con Oliver Wood sobre el partido de quidditch de la próxima semana, y después Wood desafió a Flint a ir al pasillo prohibido en el tercer piso.

–Oh no –gruñó Hermione–. No lo hizo, ¿verdad?

–Por supuesto que sí. El rumor dice que Flint apenas y escapó con vida. Dicen que hay un perro gigante de tres cabezas dentro. ¿Qué loco es eso? ¿Qué? –Agregó cuando notó que sus compañeros en Gryffindor sacudían la cabeza–. ¿Qué? ¿Acaso ya lo sabían?

–Lo siento, Ron, supusimos que ya lo sabían todos –le dijo Harry–. Varios de los de séptimo año han estado hablando sobre eso.

–¿Qué? ¿Por qué nadie me habla de esto.

–Porque está prohibido –lo regañó Hermione–. Nadie quiere decirlo en voz alta porque se supone que no deben saberlo. Sólo que Harry parece atraer problemas y logra escuchar cosas que no debe.

Ron aceptó con renuencia mientras comenzaba a comer su desayuno.

Fue cuando varias personas comenzaron a entrar al gran comedor que Harry llevó a Hermione y Neville a un lado para hablar.

–¿Harry? ¿Qué ocurre? –Preguntó Neville.

–¿Les importaría si invito a Ron a que venga con nosotros a ver a Hagrid esta tarde?

Neville sacudió los hombros.

–Está bien.

Pero Hermione lucía sorprendida.

–¿Ron? ¿Por qué? No parece el tipo para llevar a algo así –dijo ella.

Harry sacudió los hombros.

–Creí que querría venir…

–Pero lo escuchaste en Halloween, Harry. No lo entiende.

–Sí, es por eso. Quiero darle la oportunidad de que vea cómo pasamos este día.

–¿Pero en verdad tiene que venir?

–Mione, es nuestro amigo… y, hay que admitirlo, un aliado político. Hemos pasado el día con Paul y Tiffany antes. Es un buen niño la mayoría del tiempo. Aún te ha estado ha estado ayudando con tus lecciones de vuelo, ¿no?

–Sí –admitió.

–Así que quisiera darle otra oportunidad de ver como conmemoramos Halloween.

Hermione miró a Neville para evaluar sus sentimientos sobre el tema, pero la expresión nerviosa en su rostro claramente indicaba que se estaba manteniendo fuera de esto.

–Harry, es… es tu día –dijo–, así que si quieres traerlo, no te detendré. Sólo espero que sepas lo que estás haciendo.

–Gracias, Mione. –Corrió para alcanzar a Ron, quien estaba en camino al patio interior para respirar aire fresco, aunque Ron comenzaba a reconsiderar ese plan ya que el clima de noviembre rápidamente se volvía más frío.

–Oye, Ron –lo llamó Harry cuando encontró al joven pelirrojo.

–¿Qué pasa, Harry?

–Hermione, Neville, y yo vamos a pasar un tiempo con Hagrid esta tarde. ¿Quieres venir con nosotros? Es parte de nuestra tradición de Halloween.

–¿En serio? Gracias, sería genial –dijo con entusiasmo–. No he tenido la oportunidad de conocer a Hagrid aún. Aunque Charlie siempre hablaba de él.

–Genial. ¿Nos vemos en la torre del reloj a la una? Voy de regreso adentro.

–Claro. Nos vemos.

Harry se reunió con Hermione en el castillo y le informó que Ron se les uniría más tarde. Mientras tanto, por acuerdo previo, comenzaron a buscar un lugar oculto con vista a los terrenos donde pudieran pasar la mañana.

–Es una lástima que la torre de astronomía esté fuera de límite –dijo Hermione.

Eventualmente, decidieron que el balcón en la torre del reloj era el mejor lugar. Había varios lugares desde donde podían ver el barranco, pero era menos probable que los interrumpieran en un piso más alto. Se recargaron sobre dos pilares, uno enfrente del otro. Desde ahí podían ver la mayor parte de los terrenos, desde la cabaña de Hagrid, pasando la lechucería, hasta el río. Se sentaron en silencio por un tiempo, disfrutando la calma de una mañana de noviembre.

Después de un tiempo, Harry suspiró, casi con cautela.

–Diez años –dijo en voz baja.

Hermione suspiró también.

–Diez años –repitió.

Hubo un largo silencio.

–Me pregunto si el profesor Dumbledore nos dejaría usar la red Flu para ir… –dijo Harry.

–Quizás –respondió Hermione–. Pero no sería adecuado. Recuerda, no eres el único que perdió a sus padres durante la guerra. Es por lo que ya habíamos decidido ir en vacaciones de Navidad.

Harry asintió y dirigió su mirada a los terrenos, parpadeando sus lágrimas. No estaba avergonzado de llorar… no ese día, de entre todos los días, pero definitivamente era algo privado, algo que no quería que cualquiera viera.

–Lo sé. Pero es difícil –dijo él, casi sin voz–, no poder salir de aquí para el décimo…

Hermione se acercó a él y se colocó de rodillas, colocando un brazo alrededor de sus hombros para poder hacer su raramente usada rutina de hermana mayor.

–Sé que lo es, Harry, pero siempre supimos que vendría este problema. Es por eso por lo que pensamos en ese plan.

Harry se recargó en ella y dejó salir un gemido que sonó sospechosamente como un maullido. Hermione pasó sus dedos por su cabello y lo acarició detrás de su oreja derecha. Necesitaba relajarse.

Fue amable de tu parte invitar a Ron –dijo.

–Ajá… me gusta estar con mis amigos este día.

–Lo sé, Harry. Estoy segura de que será agradable pasar la tarde con Hagrid.

Ninguno dijo lo que estaban pensando: podrían haber invitado a Susan o a Mandy… o a Dean, o a realmente a cualquiera de los Gryffindor. Pero Neville y (para su sorpresa) Ron eran los amigos más cercanos que tenían hasta el momento, y ninguno de ellos quería que eso terminara como una gran reunión.

Se sentaron en el balcón por un largo tiempo, observando los terrenos, disfrutando la paz y tranquilidad. El primer domingo de noviembre siempre involucraba un tiempo tranquilo en familia, además de las visitas, y estaban contentos con pasar la mañana en eso. Se había asegurado de terminar su tarea temprano, para poder tener todo el día libre. Finalmente, cuando se les empezó a acabar el tiempo, Hermione habló de nuevo.

–Vamos, hermanito, hay que ir a almorzar –dijo con una leve sonrisa. Harry nunca la dejaría que lo llamara así en público, pero la siguió sin quejarse.

Después del almuerzo, ambos se reunieron con Neville y Ron en la torre del reloj y caminaron hacia la cabaña de Harry. El hombre enorme abrió la puerta y los recibió con amabilidad. Como siempre, Harry se hizo un lado cuando Fang fue a recibirlos. Para entonces, Hermione y Neville ya sabían que tenían que hacerlo, por lo que Ron fue el único atacado terminando en el suelo sobre su espalda con el sabueso jabalinero lamiendo su rostro.

–¡Ah! ¡Quítate! –Gritó. Neville y Hermione quitaron a Fang, y Hagrid jaló al perro dentro–. ¿Por qué no me lo advirtieron? –Demandó.

–Lo siento, Ron –dijo Hermione–. Creo que ya nos acostumbramos.

–Habla por ti –dijo Harry, manteniendo su distancia de Fang. Neville jaló el perro hacia él con algo de indecisión. Entraron a la cabaña, con Harry y Hermione sentándose en uno de los enormes sillones, y Ron y Neville en el otro.

–Gracias por invitarnos –dijo Harry cuando se sentaron.

–No hay de que, Harry –respondió Hagrid, su sonrojo visible a través de su barba–. Todos son bienvenidos en cualquier momento. Especialmente hoy.

–¿Qué ocurre hoy? –Preguntó mientras probaba y fallaba en ocultar su decepción ante la calidad de los pasteles de Hagrid.

–Ron –comenzó Harry lentamente–, sabes sobre mí y Halloween… y ya que siempre hay muchos turistas en el valle de Godric celebrando el día, nuestra familia siempre celebra la fiesta normal ese día y listo. En casa, el domingo siguiente conmemoramos la fecha. Normalmente pasamos el día con amigos y familia, y visitamos la tumba de mis padres. Excepto que no podemos hacer eso aquí.

–Oh… –dijo Ron, finalmente comprendiendo las expresiones serias a su alrededor–. Lo siento, amigo.

–Es similar para mí –dijo Neville en voz baja, mirando a sus manos–. Mi abuela siempre me lleva a visitar a mis padres el primero de noviembre… y durante los cumpleaños y las fiestas… pero sólo puedo visitarlos durante Navidad o Pascua mientras esté aquí.

–¿Tus padres, Nev?

Neville parecía renuente a responder y lanzó una mirada a Harry y a Hermione, pidiendo ayuda.

–Están en San Mungo –susurró Hermione, lanzando una mirada a Ron que indicaba que no debería preguntar más.

–Oh… –repitió Ron–. Supongo que debe de ser difícil para ustedes. Ustedes, eh, no tendrían que haberme invitado.

–Es lo que queríamos –insistió Harry–. Eres nuestro amigo–. Ron, inconscientemente, puso su frente en alto al escuchar a Harry Potter llamarlo su amigo–. Nos gusta estar con nuestros amigos en este día. De cualquier modo, vinimos a ver a Hagrid hoy porque trabajó con nuestros padres durante la guerra.

–Así es –dijo Hagrid–. De hecho, también trabajé con tus tíos, Ron… Gideon y Fabian.

–¿En verdad? –Dijo Ron con sorpresa–. ¿Cómo eran? A mi mamá no le gusta hablar mucho de ellos.

–Ah, eran buenos muchachos –dijo Hagrid melancólicamente–. Sé que tus hermanos fueron nombrados en su honor, pero eran más como Bill y Charlie… lucharon como leones. –Ron relució con orgullo.

Hablaron por un largo tiempo, intercambiando historias sobre sus familias, con Hagrid, por supuesto, diciendo la mayor parte. Harry les dijo sobre el valle de Godric (Ron había estado ahí, pero la abuela de Neville era muy prudente para ese tipo de cosas, y ninguno había visto la tumba de los Potter), y cómo tomaban el té con Bathilda Bagshot cada año, lo cual impresionó a Neville. Neville no tenía muchas historias que contar ya que aún era muy reservado sobre sus visitas a San Mungo, pero Hagrid los entretuvo con historias de bromas que Frank y Alice Longbottom se hacían el uno al otro durante sus días en la escuela.

–Bueno, Neville, tu padre era muy similar a tu abuelo… dijo.

No puso un jerbo con colmillos en su bolso –dijo Neville con sorprendente fuerza. Los demás niños lo miraron fijamente y él se sonrojó y comenzó a tartamudear–. M...mi abuelo tenía un extraño sentido del humor.

–No, no lo puso en el bolso de tu madre –aclaró Hagrid–. Fingió que era uno normal y se lo dio como regalo.

–Ah, bueno, eso no está tan mal.

–Pues, tu mamá no lo tomó tan bien después de que la mordió. Lanzó unos buenos hechizos a tu padre. Y después le regaló el jerbo a una de sus compañeras.

–¿Ah, sí?

–Sí. Lo gracioso es que continuó cambiando dueños. Nadie lo quería en cuanto veían los colmillos, así que lo regalaban. Y de algún modo, el padre de Harry, quien estaba en segundo año, terminó con él y lo colocó en… pues… el sombrero de alguien. –Todos excepto Ron tenían una buena idea sobre quien era ese alguien, pero no lo querían decir.

Ron se carcajeó.

–¿Y qué ocurrió?

–Ah, se pelearon. Y la mamá de Harry le dijo varias cosas poco amables… no se llevaban bien entonces… y no, no te gustaría recibir la furia de Lily Evans. –Se puso de pie para servirse más té.

Hermione recordó algo que le había estado molestando y aprovechó la oportunidad.

–Hagrid, hablando de animales, creímos ver a Sn… a alguien intentar pasar al perro de tres cabezas en Halloween. ¿Sabes algo sobre eso?

Hagrid casi se tropezó y cayó, lo cual hubiera sido desastroso considerando su tamaño.

–¿Cómo es que saben de Fluffy? –Dijo.

–¿Fluffy? –Demandaron Ron y Neville.

–Hagrid, ¡la mitad de la escuela sabe sobre Fluffy! –Dijo Harry–. Los alumnos mayores se retan para subir al pasillo.

–¿Qué? –Rugió Hagrid–. ¿Por qué están haciendo eso? ¿No saben que es peligroso?

–Hagrid, son adolescentes –dijo Hermione–. Les gusta hacer cosas peligrosas. Especialmente si está prohibido y nadie les dice porque.

–Tienen que parar. Fluffy se porta bien con su papá, pero se toma su trabajo en serio. –Los niños sintieron escalofríos cuando escucharon a Hagrid describirse como "papá".

–Pero la puerta sólo está protegida con Colloportus –dijo Hermione–, o eso dicen. Es fácil entrar.

–Bueno, alguien tiene que entrar a cuidar de Fluffy –dijo Hagrid con orgullo.

Los jóvenes se miraron el uno al otro. Eso explicaba bastante.

–¿Tú estás cuidando a Fluffy? –Preguntó Harry.

–Claro que sí. Es mi perro. Lo compré de un griego el año pasado. Se lo presté a Dumbledore para proteger… eh…

–¿Proteger qué?

–No debí decir eso. No es de su incumbencia. Es un asunto secreto de Hogwarts.

–¿Es la cosa que alguien intentó robar de Gringotts? –Presionó Harry.

–No, no estoy diciendo más. Se están entrometiendo en asuntos peligrosos. Olvídense de todo esto. Es un asunto entre el profesor Dumbledore y Nicolas Flamel…

–¿Quién es Nicolas Flamel? –Preguntó Hermione.

Hagrid abrió su boca, y se molestó consigo mismo.

–No debí decir eso. No debí decir eso –murmuró.

Pero Hermione no había tenido suficiente. Hagrid les había dicho que no debía de usar magia, pero el riesgo parecía muy grande.

–Hagrid, aún si alguien necesita… cuidar de Fluffy –dijo con escepticismo–, ¿el profesor Dumbledore no puede colocar un hechizo más poderoso en la puerta y darte una llave o algo?

–¿Eh? Quizás… –dijo–. Sería una buena idea si hay tantas personas intentando entrar. Tengo que hablar con Dumbledore sobre eso… Miren, no quiero ser grosero, especialmente hoy, pero no pueden seguir preguntándome más sobre… eso. Veré que puedo hacer por proteger la puerta, y eso debería de ser suficiente.

Hermione y Harry parecían escépticos, pero dejaron ir el tema. Hablaron por otra media hora antes de que la conversación finalmente llegara a su fin.

–Gracias por venir a verme –dijo Hagrid cuando se estaba yendo–. Y si vuelven a encontrarse con la pequeña Susan Bones, díganle que también puede venir a hablar conmigo. Conocí a su tío Edgar durante la guerra.

–Claro, Hagrid, hasta luego.

–¿A quién vieron intentando entrar al pasillo del tercer piso? –Preguntó Ron mientras caminaban de regreso al castillo.

–No estamos completamente seguros… –comenzó Harry.

–Estamos seguros de que fue Snape –insistió Hermione.

–¡Snape!

–No lo sé –la contradijo Harry–. Aún creo que fue Quirrell… quizás Snape estaba tratando de detenerlo.

Ron y Neville lucían confundidos.

–Sabemos que tanto el profesor Snape como el profesor Quirrell estuvieron ahí en Halloween –explicó Hermione–. ¿Pero vieron cómo Snape nunca se puso de pie durante la clase el viernes? Creo que estaba herido.

–Oh, apuesto que no estuvo haciendo nada bueno –dijo Ron.

–S...sí –dijo Neville nervioso–. Saben lo molesto que puede ser.

–Supongo –dijo Harry–, pero Snape ha estado aquí por años, y no ha hecho nada tan malo.

–Pero también el profesor Quirrell –notó Hermione–. Tú sólo estás obsesionado con la maldición en el profesor de Defensa.

–¡Oye! ¡La maldición es real! –Dijo Ron–. Mi familia entera habla sobre eso. Pero aun así apuesto que fue Snape. Apuesto que Quirrell va a ser despedido por hechizar a Malfoy. –Incluso Harry se rio de eso.

–¿Así que ninguno de ustedes ha escuchado sobre Nicolas Flamel? –Preguntó Harry.

Neville y Ron negaron con la cabeza.

–Suena familiar –dijo Hermione con frustración–. Sólo que no recuerdo dónde lo leí.

–Sí, igual –dijo Harry–. Tendremos que intentar buscarlo.