En el principio estaba JK Rowling, y sin ella ningún Harry fue creado.
Notas del autor: Gracias a Endgame por su buen consejo para este capítulo. Lo he estado esperando desde hace un tiempo, pero tuve que mover las piezas un poco para llegar a este resultado.
Notas de la traductora: Me disculpo por la tardanza. Los miércoles se han vuelto un poco complicados, así que he decidido cambiar mi día de actualización para el Animago Accidental y Aritmancia (mi otra traducción de White Squirrel. Si no la están leyendo, se las recomiendo como mi historia favorita) a los sábados. Sin más, los dejo con una de las mejores partes de esta historia. Muchas gracias por sus reviews y por seguir esta traducción. Disfruten!
Capítulo 26
El festejo se comenzó a calmar en la tarde, aunque seguramente continuaría en la noche, probablemente con whiskey de fuego de contrabando si los rumores eran ciertos. Más de unas cuantas personas decidieron tomar una siesta antes de la fiesta por el entusiasmo. Harry y Hermione se escabulleron para encontrar un lugar tranquilo dónde hablar. El balcón en la torre del reloj resultó el mejor lugar, aún si hacía frío en el exterior.
–Harry, volaste de manera increíble –dijo Hermione–, pero casi me provocaste un paro cardiaco.
Harry lo hubiera encontrado gracioso si no fuera porque su escoba casi le había causado a él un paro cardiaco.
–Sólo me alegro de que le gané a Malfoy. Creo que eso borrará la sonrisa de su rostro por un rato.
Hermione sonrió a medias.
–Harry, tu escoba…
–Sí, lo sé. Le pediré a Madame Hooch que la revise.
–No… quiero decir, sé cuál fue el problema. ¡Fue Snape!
–¿Qué?
–Snape estaba hechizando tu escoba. Lo vi.
–¿Qué quieres decir? El no haría eso.
–Harry, Hagrid dijo que lo único que interferiría con una escoba de alto nivel era magia oscura poderosa. Eso quiere decir que uno de los profesores tuvo que ser quien estaba interfiriendo, y lo estaba viendo, y cada vez que tu escoba se descontrolaba, Snape te estaba observando fijamente y murmuraba algo. Lo hizo, Harry. Y antes de que preguntes, también miré al profesor Quirrell y nunca lo vi murmurar algo.
–Quizás te lo perdiste –dijo Harry con enojo–. Tendría que haberlo hecho antes de que mi escoba actuara. Quizás Snape estaba diciendo el contra-hechizo.
–Harry, sé que fue él.
–No, tú quieres que sea él.
–¡No! No es así. Mira, ¿recuerdas cuando fuiste por la snitch y tu escoba aún funcionaba? Caminé hasta donde estaba Snape y usé un encantamiento levitatorio sin varita para cubrir sus ojos con su cabello.
Harry abrió la boca, muy sorprendido y enojado para reírse.
–¡Tú qué…! N...no… ¡No! No puedo creerlo.
–Harry, tienes que superar tu prejuicio contra Quirrell.
–Y tú tienes que superar tu prejuicio contra Snape –gritó–. Aún si no fue Quirrell, no puedo creer que Snape intentara matarme. No después del mensaje que me dio durante la primera semana. No hay razón.
–Claro que sí. –Las contó Hermione–. No le agradan los Gryffindor. No le agradaba tu padre biológico. Está obsesionado con ganar la copa de quidditch. Es un agente espía entre los mortífagos y necesita mantener las apariencias…
–Pero Hermione, nunca me ha tratado peor que a alguien más. No hay razón para que comience ahora, y aún si la hubiera, matarme sería muy obvio.
–Quizás quiso que pareciera un accidente.
–Si es así, no hizo un buen trabajo si una niña de doce años lo descubrió.
Hermione no tenía palabras. ¿Harry había insultado su inteligencia? Le tomó un minuto darse cuenta de que había comenzado a caminar.
–Harry… Harry, ¿a dónde vas?
–De regreso a la torre –gritó.
–Harry… –se quejó, pero él no respondió. Lo siguió de regreso.
Harry se aseguró de sentarse al lado opuesto de su hermana en la sala común. Tenía un libro en sus manos, pero no lo estaba leyendo. ¿Cómo es que ese día había terminado tan mal? ¡Había ganado el partido! ¡En contra de Malfoy! Debería de haber sido perfecto, pero su escoba se había vuelto loca y todo se fue abajo. Pero no podía creer que Snape intentaría algo así. Quirrell, quizás. O a lo mejor Malfoy… de algún modo… intentó sabotearlo. Quizás obtuvo un artefacto oscuro de su padre. De hecho, eso era escalofriantemente posible.
Harry se sintió un poco mal por molestarse con Hermione, pero estaba muy preocupado para importarle. Después de unos minutos de repetir sus pensamientos, se rindió y se fue. Hermione ni siquiera lo notó. Necesitaba alejarse. Regresó al balcón en la torre del reloj y se aseguró de que no hubiera nadie cerca. Sabía que no debía de hacerlo sin Hermione cerca para cubrirlo, pero necesitaba aclarar su mente. Se transformó en gato y se recostó cerca del borde.
Inmediatamente, su tormenta de emociones se calmó. El gato no sentía todo eso con tanta fuerza, dejando lugar para poder analizar mejor la situación. Era un truco que había utilizado más de unas veces en casa. Respirando profundamente, comenzó a recordar el día. No trató bien a Hermione. Ella sólo estaba intentando ayudarlo, analizando los eventos y concluyendo lo que pudo. Aún estaba seguro que estaba equivocada, pero debió de ser más amable al decirlo.
Examinó el partido en reverso, analizando cada detalle. ¿Malfoy dejó de hechizarlo cuando se distrajo yendo detrás de la snitch? ¿Quirrell dejó de hechizarlo cuando Marcus Flint se estrelló contra él? ¿En verdad fue Snape y Hermione había bloqueado su vista? ¿Fue alguien más? Lo único que sabía es que su escoba no lo había obedecido, y eso no decía mucho a menos que supiera los hechizos que había en esta y que maleficio había recibido, lo cual no sería posible ni para él ni para Hermione.
Pensó en lo que ocurrió antes del partido. Había llevado su escoba a los vestidores. Su escoba había estado bajo llave en su baúl durante el desayuno. Antes del desayuno, había estado en la sala común, dónde Ron…
Se detuvo. Otro pensamiento llegó a su mente… no relacionado con el quidditch, pero más importante. No quería creerlo, pero todo tenía sentido. Tenía mucho sentido para ser una coincidencia, y el riesgo era grande. Tenía que saberlo con seguridad lo antes posible.
Harry estaba a medio camino de regreso a la torre de Gryffindor cuando recordó meterse en una alacena y transformarse de nuevo en humano.
La sala común estaba casi vacía, con personas en sus cuartos o dando un paseo alrededor del castillo. Hermione estaba sentada de lado en un sillón leyendo un libro, con una expresión molesta en su rostro cuando se acercó a ella.
–¿Hermione? –Susurró nervioso.
Ella lo ignoró.
–¿Hermione?
–Oh, ¿me estás hablando de nuevo? –Dijo sin levantar la mirada de su libro.
–Lo siento. No debí gritarte así.
–No, no debiste.
–Mione, necesito tu ayuda.
–¿Por qué no se lo pides a alguno de tus otros amigos? –Dijo, en voz muy alta.
–No puedo –susurró–. Es sobre tú sabes qué.
Hermione lo miró a los ojos.
–Harry, si quieres revisar esa puerta de nuevo, hazlo tú mismo –susurró de vuelta.
–No es sobre la puerta. Es sobre… es sobre mi cuarto.
–¿Eh?
–Mione, ¿recuerdas lo que dijo Ron esta mañana sobre Scabbers? Fred y George cambiaron el color de Scabbers a verde cuando Percy tenía diez años. Percy tiene quince ahora.
–¿Y? Eso quiere decir que Scabbers tiene cinco años.
–¡Sí! ¿No lo ves? Las ratas no viven tanto tiempo.
–Bueno, quizás es una rata mágica.
–Sí, ¿pero recuerdas que el hechizo para cambiar animales de color de Ron no funcionó en él…? –Harry miró a su alrededor de nuevo para asegurarse que nadie estuviera escuchando, y se inclinó junto al sillón, detrás de su cabeza–. ¿Y si no funcionó porque no es un animal? –Susurró aún en voz más baja–: ¿Y si es un animago?
Hermione cerró su libro de golpe y se dio la vuelta para mirarlo de frente.
–¿Puedes pararle con tus teorías de conspiración? –siseó–. La probabilidad de eso es astronómica. Es probable que Ron no sea bueno en encantamientos.
–Pero tendría sentido. Eso explicaría cómo ha vivido por tanto tiempo. Al igual que mi forma sólo ha crecido un poco, pero es un gatito.
–O quizás es una rata mágica extraña y tú estás paranoico.
–Mione, por favor. Conozco a mis roedores. Sabes que tengo un sexto sentido felino. En mi forma humana, me ha estado diciendo que hay algo extraño en esa rata. Y piénsalo. Si tengo razón, quiere decir que ha habido un adulto durmiendo en mi dormitorio todo el año. Necesito saberlo con certeza.
–Harry, si estás pensando lo que creo que estás pensando…
–Estaré bien. Sube a mi dormitorio y distrae a quien sea que está ahí, y yo me ocultaré para olfatear a Scabbers. Si es un animago, le diremos a la profesora McGonagall y si no, nadie se enterará.
Hermione suspiró.
–Si estás tan seguro, ¿por qué no le pides a la profesora McGonagall que lo revise personalmente?
–Lo haría, pero no quiero que Scabbers sospeche algo. Creo que ya tiene una idea. Por eso siempre se aleja de mi aún cuando está bien con otras personas.
–O puede sentir tu paranoia y no le gusta que lo mires como a un tú sabes qué.
–No lo creo. Mira, lo siento, pero tengo que intentarlo. Me va a seguir preocupando hasta que lo sepa. Y si tienes razón y sólo es una rata, podemos olvidarnos de todo.
Hermione gruñó. Era su suerte que su hermano resultara tan terco como ella.
–Es muy peligroso –insistió–. Si en verdad quieres hacerlo, deberías de esperar a la cena. Nadie estará en el cuarto.
–No, todos los profesores estarán en la cena también. No quiero arriesgarme a que se enteren. –Harry miró a su alrededor, pero nadie parecía estarles prestando atención–. Sólo debería tomar un minuto. Estaré bien si distraes a quien sea que esté en el cuarto.
Hermione suspiró de nuevo. Scabbers no podía ser, ¿verdad? No, podrían revisarlo, Harry no encontraría nada, y se callaría.
–Mira, Harry, te ayudaré sólo para que puedas estar seguro, pero necesitamos hablar de tus teorías locas.
Harry saltó en pie y sonrió.
–Gracias, Mione. Vamos.
Hermione renuentemente lo siguió a las escaleras, subiendo los siete pisos al dormitorio de hombres de primer año. A medio camino, cuando no había nadie más en las escaleras, Harry se transformó y dejó que Hermione subiera unos pasos adelante.
Llegaron al dormitorio y lanzaron una mirada dentro. Ron era el único en el cuarto, durmiendo en su cama. Dean y Seamus probablemente estaban caminando en los terrenos, y Hermione creyó escuchar a Neville decir algo sobre los invernaderos, sin duda intentando relajarse después del entusiasmo de la celebración. Eso es lo que ella debería de estar haciendo en ese momento, pensó… sólo sustituyendo los invernaderos por la biblioteca.
Harry pensó que tenía suerte. Sabía lo pesado que dormía Ron. Se deslizó entre la túnica de Hermione y entró al cuarto.
–¡Harry, no! –susurró Hermione. ¿En qué estaba pensando? Golpeó el marco de la puerta–. Ron.
Ron no respondió. Harry se dio la vuelta y bufó en protesta, pero Hermione golpeó con más fuerza y gritó:
–¡Ron…! ¡Ronald!
–¿Eh? ¿Qué…? –Gruñó Ron aún dormido.
Harry se enojó al notar que había arruinado su plan. Necesitaba terminar rápido o esperaba que Hermione lo hiciera. Olfateó la habitación, encontrando el olor de la rata gorda y gris de Ron. Si era un animago, su actuación era muy buena. Pasaba la mayor parte del tiempo durmiendo o mordiendo las sábanas de Ron. Pero el instinto de Harry le decía algo diferente. Caminó alrededor del cuarto; pudo olfatear varios ratones en la torre, pero sólo una rata. Su sexto sentido felino resonaba más fuerte que nunca.
–Hermione, ¿qué haces aquí? No puedes estar aquí –escuchó Harry.
–No hay regla en contra.
Harry siguió el rastro, el cual eventualmente lo llevó debajo de la cama de Ron, donde su excelente visión nocturna encontró a Scabbers.
–¿Qué quieres?
–Harry quiere hablar contigo en la sala común –mintió Hermione, aunque de manera poco convincente.
Estaba tan cerca que olfateó la esencia entera de la rata, y su pulso se aceleró. Scabbers no era una rata ordinaria. Definitivamente era un animago. Pero había algo más, mezclado en el olor de la magia había algo más… algo que no podía definir, mucho menos explicar, pero algo que su sexto sentido felino marcó como de poca confianza.
–¿Por qué no sube él?
–Eh, Fred y George lo tienen atrapado… ¿puedes bajar ya? –Hermione intentó jalar a Ron fuera del cuarto.
Pero fue ahí que Harry se dio cuenta que se había equivocado. Había asumido que Scabbers estaría dormido después del festejo, pero la rata floja estaba un poco más alerta de lo que nunca había demostrado.
Scabbers se despertó nervioso. No era algo fuera de lo común. Estaba escondiéndose después de todo, y esa sensación había crecido más ese año, cuando estaba cerca del niño. Los roedores también tenían un sexto sentido. Les decía cuando había un predador cerca, pero el de Scabbers estaba más alerta que nunca antes. Parpadeó y se despertó de golpe, miró a su alrededor, y vio uno de sus peores miedos (aunque tenía muchos): un gato. Podía lidiar con un gato solo si su "dueño" estaba cerca, pero lo que vio congeló su sangre y colocó a ese gato hasta arriba en su lista: ojos verdes brillantes y una extraña marca blanca en la cabeza de la criatura. Una marca blanca con forma de rayo.
Scabbers chilló y salió corriendo antes de procesar lo que había visto, y Harry dejó que su instinto felino tomara control y lo persiguió sin darse cuenta de que Ron aún estaba en el cuarto.
–¡Scabbers, no! –Por mucho que se había quejado de su rata, Ron no tomó bien el verlo huir de debajo de su cama perseguido por un gato. También los siguió.
–¡Ron, para! –Gritó Hermione mientras intentaba detenerlo, pero se soltó de su agarre mientras intentaba seguir a los animales corriendo entre las camas y alrededor del radiador.
–¡Medias, basta! –Hermione se tambaleó, sin querer bloqueando la salida para Scabbers y Ron. Harry utilizó la oportunidad para acorralar a Scabbers.
–¡Aléjate de él, gato sucio!
Pero Harry no podía parar. Si dejaba ir al animago, nunca lo encontraría, y si lo dejaba transformarse, no sabía lo que ocurriría. Fue la urgencia de permanecer oculto lo que evitó que él mismo lo hiciera.
Con un fuerte ruido que rogó no alertó a los estudiantes de séptimo año, Hermione intentó perseguir a Ron de nuevo, pero terminaron tropezando el uno con el otro. Mientras tanto, Harry se estaba acercando más a Scabbers. La rata se podía mover con más facilidad, pero era un cuarto pequeño con sólo una salida. Scabbers corrió a la puerta, pero Harry se interpuso, lo empujó contra la pared, y lo atrapó con sus dientes, sin morderlo con fuerza para evitar matarlo, pero con el agarre suficiente para provocar que la rata se desmayara. Harry lo sintió con sus bigotes y se aseguró de que seguía respirando.
–¡Scabbers! –Ron se puso de pie e intentó correr hacia él, pero Hermione lo sostuvo del tobillo–. ¡Ey! ¿Qué estás haciendo?
Harry sabía que no tenía mucho tiempo. Tenía que llevar a Scabbers con la profesora McGonagall antes de que se despertara. Sostuvo a la rata entre sus dientes y corrió a la puerta, ignorando la discusión detrás él. Pero no podía seguir así. Su ventaja en cuatro patas no era buena mientras cargaba una rata viva. Cuando bajó unos cuantos escalones, y ya que nadie subía las escaleras, soltó la rata sobre su pata y se transformó.
–¡Harry, idiota!
Se dio la vuelta para ver a Hermione y a Ron observándolo.
–Rayos.
–¿Harry? –Soltó Ron con miedo.
–Ron, él…
–¡Mataste a Scabbers!
–No está muerto –dijo Harry rápidamente.
–¡Ron, cállate! –Siseó Hermione al mismo tiempo.
–¡Oh, Merlín! Harry, ¡cómo pudiste!
–¡Ron! –Lo regañó Hermione de nuevo. Pero él comenzó a correr hacia Harry, intentando tomar la rata. Ella lo detuvo con unos de sus movimientos de karate y lo empujó contra la pared. Los ojos de Ron se abrieron más al recordar la demostración con las tablas al principio del año.
–No está muerto –repitió Harry.
–¡Harry Potter puede transformarse en gato! –Gritó Ron mientras su cerebro intentaba procesar lo que acababa de ver–. ¡Harry Potter mató a Scabbers!
–¡Ron, cállate! –Hermione cubrió la boca del pelirrojo con su mano–. No puedes decirle a nadie.
–¿Por qué lo despertaste? –Demandó Harry.
–Dijiste que el plan era distraerlo.
–Estaba distraído. ¡Estaba dormido!
–Como si tu alboroto no lo hubiera despertado.
–Es Ron. Probablemente no.
–¡Mmm! –Se quejó Ron aún sin poder hablar.
–Pero tenía razón. Es un animago –dijo Harry, sosteniendo a la rata inconsciente.
–¿Qué? –¿Cómo? ¿Qué?
–¿Mmm?
–Scabbers es un animago.
–¿Estás bromeando…? Harry, ¿estás seguro?
–Mione, creo saber a qué huele un animago.
Ron hizo a Hermione a un lado.
–¿Qué demonios está ocurriendo? –Gritó.
–¡Ron, cállate! –Dijeron Harry y Hermione al mismo tiempo.
Harry se acercó y bajó la voz, sosteniendo a la rata.
–Scabbers es un animago. Es un hombre en sus treinta con sobrepeso que se ha estado escondiendo como una rata.
–¿Qué? No puede…
–¡Sh!
Ron finalmente entendió y bajó la voz.
–No puede ser. Ha estado en mi familia por…
–¿Cuántos años, Ron?
–U...u...unos diez…
–Exacto. Las ratas no viven tanto tiempo. Eso es como doscientos cincuenta años en años de rata. –Ron comenzó a murmurar con incoherencia por la confusión y el miedo–. Escucha –dijo Harry–, estoy seguro de que es un animago porque lo puedo oler en él. Yo soy un animago por magia accidental y, ¡no puedes decirle a nadie! Sólo Dumbledore, McGonagall, y nuestros padres lo saben. Y tenemos que llevar a Scabbers con McGonagall porque sólo Merlín sabe qué ocurrirá. –Harry tomó a Ron por la muñeca, Hermione rápidamente tomó la otra, y entre los dos lo jalaron mientras Ron murmuraba todo el camino abajo.
–Ron, ¿sabes lanzar la maldición de piernas unidas? –Preguntó Hermione mientras se acercaban a la sala común.
–¿Qué?
–La maldición de las piernas unidas. ¿La conoces?
–Eh, no.
¿Y el hechizo de parálisis de cuerpo entero?
–No.
–¿Piernas tambaleantes?
–Eh, creo. ¿Por qué?
–Bueno, si Harry tiene razón, deberíamos intentar mantenerlo quieto, pero no confío que uno de nosotros pueda hacerlo sin romperle las patas.
–¿En verdad crees…?
–Vamos, mejor hay que apresurarnos –dijo Harry.
Salieron de la sala común sin llamar la atención y después corrieron por los pasillos, Harry y Hermione aun jalando a Ron para que no se quedara atrás, hasta que llegaron a la oficina de la profesora McGonagall. Harry golpeó la puerta frenéticamente.
–¡Ya voy! ¡Ya voy! –Dijo una voz adentro después de un momento. La puerta se abrió de golpe, revelando a la profesora McGonagall con una mirada más seria de lo normal, aunque palideció al ver quien estaba ahí–. ¡Sr. Potter! ¿Cuál es el problema? –Demandó. Con Harry Potter, podía ser un número de cosas extrañas, de las cuales ninguna le gustaría.
Harry le mostró a la rata aún inconsciente.
–Atrapamos a un animago –dijo sin aliento.
McGonagall observó al niño.
–¿Qué? –¿Cómo? ¿Qué? Podía pensar una docena de cosas, y siempre ocurría otra.
–La rata de Ron es un animago. Pude olerlo.
–Él… él se transformó en gato –dijo Ron, aún sorprendido, señalando a Harry.
Los ojos de McGonagall se abrieron aún más.
–¡Adentro, rápido! –Siseó, apresurándolos dentro de su oficina y cerrando la puerta con llave. Se volteó a ver a Harry–. Harry James Potter, ¿le dijiste?
–Fue un accidente.
–Harry no estaba pensando –lo corrigió Hermione.
–Hermione arruinó el plan.
–¡No es cierto! Tú arruinaste el plan. Dos veces.
–Potter, no puedo creer… eso fue increíblemente descuidado de tu parte –lo regañó McGonagall–. No debes de transformarte aquí.
–Sí, lo sé, pero, ¿podemos hablar de eso después, profesora? No se por cuánto tiempo más esté inconsciente Scabbers.
McGonagall suspiró. Y había estado teniendo un día tan bueno. ¿Por qué no podían compartir una cerveza de mantequilla y celebrar la victoria en quidditch?
–¿En verdad crees que esta rata es un animago? –Tomó a Scabbers con su mano y lo dejó en el escritorio–. ¡Tiene una mordida! –Exclamó mientras lo examinaba.
–Sí, lo siento –dijo Harry algo avergonzado–. Fue la única manera de detenerlo. Y estoy seguro. Puede olfatearlo si no me cree.
–Eso no será necesario, Potter. –McGonagall sacó su varita y la apuntó a la rata–. Veritas Oculum.
Un aura roja rodeó a la rata y McGonagall dio un paso atrás, manteniendo su varita en dirección a Scabbers.
–Por la barba de Merlín, tienes razón.
–¿En serio? –dijo Hermione.
–¿En serio? –repitió Ron.
–Lo siento, Weasley, pero tu rata es un animago.
–¿Quiere decir que un hombre adulto ha estado durmiendo en mi cama por tres meses?
–Eso me temo. –Oh, Merlín, el papeleo sobre eso… –Todos den un paso atrás, por favor. Los profesores nos encargaremos. –Manteniendo su mirada fija en Scabbers, McGonagall se acercó a la chimenea. Encontró con su mano una vasija grande, tomó un puño de polvo verde, y lo lanzó a las llamas–. ¡Oficina del Jefe de Casa Ravenclaw!
Un momento después, la cabeza del profesor Flitwick apareció rodeada de llamas verdes.
–Minerva, ¿qué ocurre?
–Filius, ven de inmediato. Es una emergencia.
Flitwick saltó dentro y salió de la chimenea con facilidad, su varita lista para un duelo.
–¿Cuál es el problema?
–El Sr. Potter –editó McGonagall la historia–... sospechaba que la rata del Sr. Weasley era un animago. Realicé un hechizo y me sorprendí al descubrir que es correcto. Creo que debemos de revelar y capturarlo antes de que pueda escaparse.
–¿Un animago? –Chilló Flitwick con sorpresa–. Sí, sí. Niños, por favor vayan a mi oficina.
–¿Podemos quedarnos, profesores? –Preguntó Harry
–No, Sr. Potter, es muy peligroso –respondió McGonagall.
–Pero ha estado durmiendo en nuestro dormitorio todo el año, profesora. Tenemos derecho a verlo.
–Oh, bien –gruñó McGonagall para terminar la discusión–. Pero mantengan la conexión Flu abierta y estén listos para correr, todos. Aun si "Scabbers" es amistoso, el hechizo lo despertará, y es probable que esté desorientado y sea agresivo considerando lo que le ha ocurrido. –Los tres niños observaron detrás de los profesores–. ¿Listo, Filius? –El Maestro de Encantamientos asintió, su varita en alto–. Uno… dos… tres… ¡Homenum Revertio!
Un rayo de luz azul claro salió de la varita de McGonagall. Cuando golpeó a Scabbers, se despertó, comenzó a forcejear intentando escapar, cayó del escritorio al suelo, sólo para pararse sobre sus patas traseras, creciendo y cambiando, hasta que un hombre estuvo en su lugar, temblando en piernas poco familiares.
Ron soltó un grito de terror y cayó sobre su trasero.
El hombre enfrente de ellos era bajo y gordo, su cabello con tan poco color al punto que ni siquiera podía ser considerado gris, y su ropa estaba sucia y maltratada después de diez años en uso. Aun parecía una rata, con su nariz puntiaguda, ojos pequeños, orejas grandes, y dientes delanteros mucho más grandes que los de Hermione. Se tambaleó con molestia, aún sin estar seguro de lo que estaba ocurriendo, y con obvio dolor por las marcas enormes de dientes en su espalda; y en la confusión, su mirada se enfocó en Harry, y reaccionó en un instinto incorrecto.
–¡Potter! –gritó, sacando una varita de su manga.
–¡Desmaius! –Gritaron dos voces. Dos rayos de luz roja golpearon al hombre en el pecho, y se colapsó en el suelo. Fue entonces que la mente de McGonagall la alcanzó.
–¡Por Merlín! No puede ser… –Exclamó–. ¡Es Peter Pettigrew!
–¡Qué! –Gritaron Harry y Hermione.
–¿Quién?
–Filius, es él, ¿no es así? –preguntó McGonagall.
–No puedo creerlo, pero sí –dijo el Maestro de Encantamientos.
–¿Quién es Peter Pettigrew? –Preguntó Ron de nuevo.
Harry miró al pelirrojo.
–Creí que habías leído los libros –dijo temblando–. Peter Pettigrew era uno de los mejores amigos de mis padres biológicos. Pero… se supone que está muerto. –Harry se dio la vuelta y se acercó al hombre con cautela.
–Debe de haber escapado usando su forma de rata –adivinó Hermione–. ¿Qué estás haciendo?
Harry estaba intentando quitarle a Peter Pettigrew su abrigo raído, lo cual resultó ser sorprendentemente fácil ya que parecía tan desgastado como si hubiera estado usándolo en su forma humana por diez años.
–Es un amigo, ¿no es así? Y está herido –explicó Harry–. Va a necesitar de Madame Pomfrey después… –lanzó una mirada al profesor Flitwick–... de lo que le hizo ese gato.
–Sr. Potter, deberías de dejar que los profesionales… –comenzó McGonagall.
–¡Malditos demonios! –Harry saltó atrás como si lo hubieran mordido.
–¡Harry! –gritó Hermione.
–¡Potter! –gritaron los profesores al mismo tiempo.
–¡Miren! –Harry estaba señalando al brazo extendido de Pettigrew. Donde había removido la manga maltratada había una marca roja, desgastada, pero fácil de identificar ya que una serpiente salía de la boca de un cráneo.
–¡Por las prendas de Morgana! ¡¿Un mortífago?! –Exclamó McGonagall.
Hermione se cubrió la boca con ambas manos y caminó hacia atrás hasta que tropezó con Ron y cayó al suelo.
–¡¿Un mortífago estaba durmiendo en mi cama?! –Lloró Ron. Su tez tenía un color gris verdoso, como si estuviera a punto de desmayarse.
Por suerte, el profesor Flitwick aún estaba alerta.
–¡Expelliarmus! ¡Incarcerus! –La varita de Pettigrew voló lejos de su cuerpo inconsciente y fue atrapado por cuerdas de manera que la marca tenebrosa continuara visible. Después, Flitwick lanzó un complejo hechizo que causó que dos cuerdas delgadas se amarraran alrededor de sus tobillos, las cuales se apretarían a sus movimientos y le impedirían que huyera, incluso si se transformaba.
McGonagall reaccionó y conjuró unas vendas para cubrir las marcas de dientes en su espalda. Sin perder más tiempo, hizo a los niños a un lado y regresó a la chimenea. Arrojó otro puño de polvo Flu y llamó a la oficina del director.
Unos segundos después, escucharon una voz con tono amistoso.
–Buenas noches, Minerva, ¿hay algún problema?
–Albus, tengo a un mortífago inconsciente amarrado en mi oficina.
–Minerva, estoy seguro de que Severus sólo…
–¡No es una broma, Albus! No es Severus… ¡Es Peter Pettigrew!
–¿Qué? –dijo Albus Dumbledore. ¿Cómo? ¿Qué?–... V...voy para allá… –Un momento después, Dumbledore salió de la chimenea con su varita en mano, su barba plateada y su túnica naranja reluciendo con energía, sólo para encontrarse con Harry Potter. Su mente comenzó a correr a mil. ¿El? ¿Aquí? ¿Ahora? ¿Por qué? Miró a su alrededor y vio a Hermione Granger y a Ron Weasley, después a Filius y Minerva, y después, atado en el suelo, a un hombre que se suponía estaba muerto y definitivamente no debería tener ese terrible tatuaje. ¿Cómo había entrado al castillo? ¿Y qué hacía Harry ahí? Con el niño ahí, todo de inmediato era el doble de complicado.
Albus lanzó una mirada a Minerva: ¿Quién sabe qué, por qué, y cómo?
Minerva comprendió el mensaje.
–Filius, ¿podrías regresar a tu oficina, por favor? –Dijo con gentileza–. Necesitamos de hablar de temas algo sensibles.
Flitwick lanzó una mirada sospechosa a Pettigrew y caminó a la chimenea con renuencia.
–¿Qué ocurrió, Minerva? –Preguntó Albus.
Ella tomó un gran respiro.
–Peter Pettigrew es un animago, una rata. Ha estado ocultándose como la mascota del Sr. Weasley. El Sr. Potter lo capturó hace unos minutos.
–¿Harry lo capturó? –Albus pensaba que sabía la respuesta, pero tenía que preguntar–. ¿Cómo?
–¿Cómo crees, Albus? Desafortunadamente, el Sr. Weasley lo vio todo.
Albus miró al más joven de los varones Weasley, quien estaba en el suelo, pálido, y mirándolo con terror. El pobre niño debería estar más que sorprendido.
–Esperaba no tener que lidiar con una situación así tan pronto –dijo con seriedad.
–¿Qu...qué? –Tartamudeó Ron–. ¿Va a desmemorizarme?
Albus negó con la cabeza. Eso era lo que hubiera hecho antes, e incluso entonces no lo haría enfrente de Minerva.
–No, Sr. Weasley, no lo haré. Después de todo, encantamientos de la memoria no son confiables y no son recomendados en niños. Sin embargo, debo recalcar en la necesidad de mantener esto en secreto. Hemos mantenido la habilidad de Harry un secreto por su protección. Atraería mucha más atención indeseada de la que recibe, y este secreto le dará una ventaja adicional si fuera atacado. Sé que es difícil para ti, Sr. Weasley pero, ¿podemos confiar en que guardarás el secreto? ¿Y en que lo guardarás de tu familia si es que hacen preguntas?
Ron se tomó un momento para procesarlo. No había prestado atención de verdad al hecho de que a Harry no le agradaba su fama.
–S...sí, profesor. L...lo haré –dijo finalmente.
–Gracias, Sr. Weasley. Ahora, en lo que respecta a nuestro roedor… –Albus inspeccionó al mortífago… Peter Pettigrew, ¡de entre todos!– Está herido. ¿Qué le ocurrió? –Preguntó.
–Harry Potter –Dijo McGonagall secamente.
–¿Harry? –Albus se dio la vuelta para ver al niño y levantó una ceja. Eso era sorprendentemente violento para un niño de once años, lo cual era preocupante.
–Lo siento, profesor –dijo Harry nervioso–. Me transformé en gato para olerlo… porque estaba actuando de manera sospechosa… pero se despertó e intentó escapar. No quise lastimarlo, pro fue la única manera de detenerlo.
Albus suspiró con resignación. Sólo fue el instinto animal del niño. No era agradable, pero su corazón estaba en el lugar correcto, así que supuso que no debería preocuparse mucho en ese momento.
–Ya veo. ¿Qué ocurrió después?
–¿Después de que calmamos a Ron? –Habló Hermione–. Lo trajimos directo aquí, y la profesora McGonagall lo revisó. No podía creer que Harry tenía razón, pero… –otro pensamiento llegó a su mente–. Profesora, si Peter Pettigrew está vivo, eso quiere decir que Sirius Black no lo mató.
McGonagall se sorprendió de sus palabras. Aún se maravillaba a veces como esos dos niños criados por muggles podían sorprenderla señalando lo obvio.
–Aparentemente no… –dijo con aprensión–. Y si Peter Pettigrew es un mortífago… Oh, Merlín, Albus, ahora que lo pienso, no estoy segura si Black tuvo un juicio. ¿Lo recuerdas?
No era fácil sorprender a Albus Dumbledore, pero ese día estaba recibiendo lo suficiente para todo el año.
–No podría decirte. No recuerdo haber escuchado de uno. Estaba preocupado por Harry y sólo asumí que Barty Crouch se había encargado de eso.
–Barty Crouch, ¿el que envió a su propio hijo a Azkaban con poca evidencia? –Señaló Hermione.
–Eso me temo, Hermione. El hecho de que Pettigrew sigue vivo y con una marca tenebrosa sugiere que Black no cometió por lo menos uno de los crímenes de los que fue acusado.
–¿Quiere decir que Sirius Black podría ser inocente? –Ahora Harry lucía a punto de desmayarse y finalmente se unió a Hermione y a Ron en el suelo.
–No estoy segura de que deberíamos llegar tan lejos, Potter –dijo Minerva–. Aún está en prisión por los otros doce homicidios… aunque viendo esto ahora, no puedo evitar preguntarme si Pettigrew orquestó todo eso.
–De cualquier modo, aún si Black sí recibió juicio, el que Pettigrew esté vivo es suficiente para uno nuevo –dijo Albus–. Minerva, creo que deberíamos hablar con Madame Bones directamente. Por lo que recuerdo, Cornelius Fudge era parte del equipo que arrestó a Black. No tomaría mucho para que Lucius Malfoy lo "convenciera" de intervenir, por lo que sería mejor no darle la oportunidad.
–Sí, probablemente… –dijo–. ¡Pero Albus! Si Pettigrew va a Azkaban, podría decirle a otros mortífagos…
Las cejas de Albus se elevaron.
–Sí, podría… no hay otra opción, entonces… tendremos que usar el encantamiento desmemorizador en él. Necesitamos una historia para cubrir todo esto, en cualquier caso… de acuerdo, escuchen con atención, por favor. Diremos que Pettigrew fue lastimado por un gato en un accidente no relacionado. Harry, Hermione, ustedes creyeron que su comportamiento era sospechoso y lo capturaron con un encantamiento levitatorio.
–Lo cual hubiera sido un mejor modo –mencionó McGonagall.
–Así que Harry y Hermione me dijeron que Scabbers estaba comportándose de manera sospechosa, y cuando fui por él salió corriendo, ¿pero lo atraparon con magia?
Todos miraron a Ron. Esa era una buena historia, especialmente considerando su estado mental. Quizás su plan sí funcionaría.
–Creo que eso está bien –dijo Albus. Agitó su varita en dirección a Pettigrew–. Memento figmentum. –Un brillo blanco rodeó al hombre por un momento–. Listo. Es probable que de ahora en adelante tenga un miedo irracional a los gatos y a ti, Harry, pero no debería revelar tu secreto. Ahora, llevaré a Pettigrew a Madame Bones e intentaré organizar un juicio de emergencia para Sirius Black lo antes posible. Si es tan buena como siempre, creo que será mañana. Contactaré a sus familias, y serán excusados de sus clases para que puedan atender.
El rostro de Ron se iluminó ante la idea de poder salir de la escuela por un día… aún si era domingo. Los rostros de Harry y Hermione también se iluminaron ante la idea de ver a sus padres.
Minerva, sin embargo, lucía menos entusiasmada.
–¿Albus?
–Creo que es lo justo ya que esto concierne a los tres personalmente.
Minerva presionó sus labios juntos.
–Quizás. Pero considerando las circunstancias, no estoy segura de que deban regresar a la torre hasta que sepamos más. De hecho, sería más seguro que no reveláramos nuestra mano muy pronto… ¿Les molestaría quedarse aquí hasta que nos encarguemos de todo?
–¿Y la cena? –Protestó Ron.
–Me encargaré de eso. ¿Nellie?
Hubo un ruido y un pequeño elfo con ojos amarillos y cabello castaño desaliñado apareció en medio de la oficina
–¿La profesora McGonagall llamó a Nellie…? ¡Ah! –El elfo notó a Pettigrew y se ocultó entre las piernas de McGonagall–. ¡Mago malo! ¡Mortífago!
–No te preocupes, Nellie. Lo removeremos pronto. Nellie, por favor envía cuatro platos aquí cuando comience la cena. –Señaló a los niños, quienes finalmente se estaban poniendo de pie–. Estos tres estudiantes me acompañarán a comer.
–Sí, profesora McGonagall. –El elfo hizo una reverencia y desapareció, feliz de alejarse de un mago malo.
–Ah, bien. Mobilicorpus –dijo Albus y Pettigrew se elevó al aire–. Me encargaré de nuestra peste en un instante. Minerva, por favor pide a Filius y a Severus que suban a mi oficina de inmediato. –Ella asintió mientras Dumbledore activaba la chimenea–. Oh, y cincuenta puntos para Gryffindor por ayudar a la escuela a deshacerse de un mortífago. Buenas noches.
Los tres niños sonrieron. Ron y Hermione pensaron que también sería agradable deshacerse de Snape, pero no estaban dispuestos a decirlo en frente de McGonagall. Aun así, cincuenta puntos eran muy buenos. Eran más que los treinta y tres que Gryffindor había ganado después de la victoria en quidditch.
–Harry –dijo Hermione.
–¿Sí, Mione?
–Me arrepiento de todo lo que he dicho sobre tu hábito de atrapar ratones.
