No soy JK Rowling ni White Squirrel bajo algún tipo de disfraz, incluyendo poción multijugos, encantamientos glamour, capas de invisibilidad, o un representante anónimo. Harry Potter y esta historia no me pertenecen.
Notas de la traductora: ¡Sorpresa! ¡Un capítulo extra! (Así que si abrieron directamente este capítulo, asegúrense de haber leído el capítulo 26 antes). Bueno... no es extra, en realidad les estoy adelantando un capítulo ya que estaré de vacaciones cuando debería de actualizar y no seré capaz de hacerlo de nuevo hasta el año nuevo. Así que, mi siguiente actualización será el sábado, 6 de enero, del 2018.
Sin más, los dejo con un nuevo capítulo. ¡Felices fiestas! ¡Disfruten!
Capítulo 27
Dan y Emma Granger estaban viendo la televisión el sábado por la noche después de la cena cuando fueron sorprendidos por el ruido de la chimenea. Se acercaron con temor y sí, ahí estaba el rostro de Albus Dumbledore en medio de las llamas.
–¿Dumbledore? ¿Qué ocurre? ¿Harry se lastimó durante el partido? –Dijo Emma.
–No, Sr. y Sra. Granger, sus niños están bien. Harry ganó el partido para Gryffindor.
Dan y Emma sonrieron con orgullo, pero la felicidad duró muy poco.
–¿Hay algo más, no es así? –Dijo Dan–. Lo leímos en el periódico esta mañana.
–Sí, lo hay. Algo… inusual ha ocurrido. –Dumbledore pareció tener que prepararse–. Esta tarde, después del partido, sus niños capturaron a un mortífago.
–¿Qué? –Dijeron los Granger al mismo tiempo. ¿Cómo? ¿Qué?
Dan fue el primero en salir de su sorpresa.
–¡Dejó entrar a un mortífago a la escuela! –Gritó.
–Supongo que no quiso decir el profesor Snape –dijo Emma con frialdad.
De algún lugar detrás de las llamas, escucharon una voz joven y familiar, y una risa.
–Se los dije.
–¿Hermione? –Dijeron ellos.
–¡Hola mamá y papá! –Dijeron sus hijos al otro lado de las llamas.
–¡Niños! ¿Están bien? –Dijo Emma.
–Estamos bien, mamá –respondió Hermione–. Pero las cosas son muy complicadas.
–¿Complicadas? Había un mortífago en la escuela, ¿y crees que sólo es complicado?
–Sr. y Sra. Granger, si me pudieran permitir pasar y explicar las cosas… y esperaba que sus hijos pudieran quedarse en su casa esta noche –continuó Dumbledore–. No porque estén en peligro en Hogwarts, se los aseguro, pero porque hay algunos asuntos políticos sensibles en juego, y por privacidad, consideré que sería mejor alejarlos del castillo.
Dan sonrió un poco.
–Bueno, claro que no nos vamos a negar. Será bueno ver a los niños de nuevo. Pasen, si están listos.
–Gracias, Sr. Granger. Harry, Hermione, por favor entren a la chimenea.
Dan y Emma esperaron con anticipación. A pesar de haber hablado a través de una en múltiples ocasiones, sus niños nunca habían viajado por la red Flu. Sólo podían adivinar lo que podría pasar. Después de unos segundos, Hermione salió de la chimenea, mareada y desorientada. Un momento después Harry apareció, pero cayó con más fuerza y terminó en el suelo sobre su hermana. Sus padres se apresuraron a ayudarlos.
–¿Están bien? –Preguntó Emma mientras los abrazaba.
–Es más difícil de lo que parece –murmuró Harry.
Dumbledore llegó detrás de ellos y las llamas cambiaron de verde a su color naranja natural. Esperó con amabilidad a que terminaran de saludarse.
–Así que en verdad capturaron a un mortífago –dijo Dan con voz dura mientras colocaba su brazo alrededor de Harry–. ¿Y cómo ocurrió? –Lanzó una mirada molesta a Dumbledore.
–Parece que este mortífago en particular ha estado escondiéndose como la rata de su amigo, Ronald Weasley.
–Oh, no –Dan y Emma gruñeron. Dan tomó a su hijo por los hombros–. Harry, por favor dime que no te lo comiste.
–¡No! Yo… lo mordí, pero sólo para evitar que escapara.
–Oh, Harry… creo que será mejor que comiencen desde el principio.
Emma preparó algo de té y la familia se sentó a escuchar la historia del día más loco que habían tenido desde el primero, exactamente seis años antes. Harry y Hermione comenzaron con el partido de quidditch para relajar la situación. Dan y Emma felicitaron a Harry, pero se preocuparon por los problemas con su escoba. No mencionaron sus teorías sobre quien lo pudiera haber hecho enfrente del profesor Dumbledore, pero les aseguró que la profesora McGonagall y Madame Hooch lo investigarían en cuanto pudieran.
Después siguió una descripción breve de la fiesta, y se quejaron de haberse perdido la segunda parte. Harry contó sus sospechas y narró minuto a minuto su captura de Scabbers. Sus padres lo regañaron por la tontería de dejar que Ron lo viera transformarse, y de nuevo por el peligro en el que estuvo yendo tras alguien que sospechaba ser animago por sí solo, pero Harry supuso que se lo merecía (y Hermione estuvo de acuerdo).
Y después, lo más impactante: el mortífago en cuestión era Peter Pettigrew, un héroe muerto, lo cual quería decir que existía la posibilidad de que el hombre que era conocido como el gran traidor, Sirius Black, fuera inocente, y recibiría un juicio de emergencia del Wizengamot el día siguiente. Las ramificaciones políticas de eso era por lo que todos los involucrados debían permanecer aislados. Era agradable tener a los niños esa noche, Dan y Emma pensaron, pero las circunstancias podrían ser mejores.
Una vez los Granger estaba seguros de entenderlo todo, Dumbledore se fue, siendo entonces la hora de dormir. Aunque ninguno logró dormir mucho esa noche, no sólo por el juicio. Después de todo, Harry haría su primera aparición en el Wizengamot. ¿Qué cambios nuevos provocaría eso?
Mientras Albus hablaba con los Granger, Minerva McGonagall pensó que le había tocado lo más difícil. Una vez terminó la cena, tuvo que hacer unas llamadas y controlar a una histérica Molly Weasley, junto a su esposo y cinco de sus hijos. Percy fue quien tomó peor la noticia.
–¿Quiere decir que hubo un hombre mayor durmiendo en mi cama por diez años? –gritó.
–Y también era un mortífago –dijo Ron.
Percy se desmayó.
Fred y George no reaccionaron mejor. Estaban furiosos ante las noticia.
–No puedo creerlo –dijo Fred.
–Lo sé. Me siento engañado –respondió George.
–¡Traicionado!
–¡Engañado!
–¿De qué están hablando? –demandó Ron.
–Esta es una de las mejores bromas que hemos visto, y es de alguien malo –explicó Fred.
–¿Eso es en lo que están pensando? –los regañó Molly cuando pudo decir algo coherente.
–Pues, logró que Percy se desmayara, y ni siquiera podemos sentirnos felices –dijo George.
–Lo que no entiendo es cómo es que nunca lo vimos en… ¡ah!
George golpeó a Fred con el codo.
–Además, ¿cómo lo vamos a superar?
La pequeña Ginny lucía dividida entre el terror por lo que había ocurrido, y la maravilla de estar en medio de uno de sus libros. Un mortífago viviendo en su casa por casi toda su vida, y Harry Potter lo había capturado y los había salvado a todos. Era difícil para ella evitar sentirse emocionada por eso, y su reacción hubiera sido entretenida si no fuera tan serio.
Ron, mientras tanto, estaba manteniendo su boca cerrada sobre lo que en verdad había ocurrido, pero su mente estaba trabajando a toda velocidad. Todas las cosas extrañas sobre Harry tenían sentido… bueno, no todas, pero el preferir los sándwiches de carne en conserva, el olvidar comer sus vegetales, el que no le gusten los perros y preferir los gatos. Ron gruñó al recordar eso. Harry Potter era de algún modo más genial y extraño de lo que había imaginado, pero definitivamente necesitaba hablar con él cuando regresaran a Hogwarts.
Al final, todos los Weasley fueron a dormir a su casa. También irían al Ministerio, y con suerte, nadie se enteraría de lo que estaba ocurriendo hasta que leyeran el Profeta. Y Harry estaría en la portada dos días seguidos.
Minerva suspiró. Iba a ser un largo día.
El sol se estaba elevando el domingo por la mañana, aunque el sol nunca iluminaba de verdad las sombrías paredes de Azkaban.
Canuto estaba en su celda, medio dormido, escondiéndose en su mente animal intentado mantenerse cuerdo bajo el peso de los dementores. Si era honesto, agradecía su pelaje tanto como su mente animal. Los días eran cada vez más fríos.
Canuto no contaba los días. Ya era difícil mantener la mente en claro. Ni siquiera estaba seguro de qué mes era… probablemente Halloween, decidió. El pensamiento se quedó en su mente… y lo desanimó aún más.
Estaba seguro de que había seguido el paso de las estaciones correctamente. Debía ser otoño en 1991. Harry debería haber comenzado su educación en Hogwarts. Pudo forzar su mente a pensar cosas felices, y se preguntó en qué casa estaba el niño, y si era tan bueno en la escoba como su padre o en encantamientos como su padre, y si aún era igual a James con los ojos de Lily.
James y Lily.
Fue como si recibiera un golpe físico cuando la memoria de esa terrible noche regresó a su mente: la casa arruinada, la traición de Peter, la desastrosa confrontación en esa calle muggle, y el estar encerrado en ese agujero mientras la rata seguía libre. En algún nivel, ya estaba acostumbrado. Después de todo, la memoria nunca lo dejaba. No en ese lugar.
Escuchó un balbuceo incoherente alrededor de la prisión. Los demás prisioneros se estaban despertando… más ruidosos de lo normal, de hecho. Bellatrix comenzó a gritar incoherencias para que toda la zona de celdas la escuchara, pero entonces alguien gritó a todos que se callaran, y después lo vio: algo plateado flotando entre las celdas. Los aurores estaban cerca.
Canuto fue a la esquina de su celda y dejó de lado su nariz húmeda y su pelaje negro. En su lugar apareció un hombre, delgado, demacrado, y temblando, vestido en trapos y luciendo casi como un cuerpo con su largo cabello cubriendo sus ojos hundidos, los cuales mostraban la única chispa de vida en él. De inmediato, el peso de los dementores se incrementó, aunque se redujo cuando la luz de los patronus se acercó.
Unos segundos después, tres aurores se detuvieron frente a su celda. Dos de ellos, Proudfoot y Williamson, habían estado haciendo las inspecciones últimamente. El tercero era nuevo, por lo menos en su bloque de celdas: un hombre alto con túnica de aspecto africano. Para su sorpresa, el nuevo abrió la puerta de su celda.
–Sirius Black –dijo el hombre con voz profunda y seria–, ven con nosotros.
Black dio un paso adelante con titubeo. Sólo había dos razones para que lo dejaran salir de su celda. Una era que algún idiota en el Departamento de Aplicación de la Ley Mágica había decidido darle el beso para acumular puntos políticos, mientras que la otra era tan buena que incluso con la luz de los patronus, no podía pensar con la suficiente claridad para nombrarla.
–¿Qu...qué ocurre? –Dijo mientras salía lentamente al pasillo, su voz rasposa después de tantos años sin uso.
El hombre de tez oscura le indicó que caminara con su varita.
–Aparentemente, Harry Potter descubrió que no te dieron un juicio y decidió que quiere que respondas a tus crímenes en persona.
¡Harry! Pensó, perdiendo el aliento. Por supuesto, si alguien tenía razón para escarbar detalles de su caso, sería él… ¡y a los once! Oh, el niño debía de odiarlo, pero si iba a presentarse en corte, quizás podría reparar el daño. El ánimo de Sirius Black se incrementó por primera vez en diez años mientras era llevado lejos del hoyo que era Azkaban hacia los botes que lo llevarían a la costa. Lejos de los dementores sintió su mente regresar a él. Sus pensamientos eran lentos y en fragmentos, pero la desesperación ya no lo oprimía tanto.
Mientras subían al bote, habló de nuevo:
–¿Qu...qué día es hoy?
El hombre de tez oscura, a quien Proudfoot había llamado Shacklebolt, no le dirigió la mirada, pero le respondió:
–Domingo, 10 de noviembre de 1991.
Sirius Black recordaría ese día.
Los Granger manejaron a Londres y se estacionaron donde Ted les había recomendado en su carta. Una corta caminata después se reunieron con los Tonks, quienes los llevaron al Ministerio de Magia. Andi estaba usando una túnica elegante de color ciruela con una W plateada en el pecho. La habían visto sin ropa muggle antes, pero todos pensaron que así lucía más poderosa y aristócrata. Dora no estaba con ellos pero atendería con Moody, quien lideraba la seguridad del juicio. Andi y Ted les mostraron como usar la entrada: una línea de teléfonos públicos conectados a la red Flu interior, donde un gran número de personas con ropa extraña entraba sin salir de nuevo… como si eso no fuera evidente.
–Sólo entren, díganle a la voz en el teléfono sus nombres y que atenderán el juicio. Les dará sus identificaciones y los llevará al atrio –explicó Andi.
–Esperen, ¿los cuatro? –Preguntó Emma.
–Sí… oh, no se preocupen, es más grande por dentro.
El rostro de Harry se iluminó.
–¿Cómo la TARDIS? –Preguntó.
–¿Qué es una tardis?
–Es una nave espacial que parece una cabina de policía –explicó Hermione–. El Doctor explora el universo con ella.
–¿El Doctor?
–¡Doctor Who! –Harry y Hermione gritaron, riéndose y señalando a Andi, quien lucía extremadamente confundida.
–Niños –los regañó Emma.
–Es uno de nuestros programas de televisión –explicó Dan.
–Ah, ya. –Andi y Ted entraron a la cabina. Después de un minuto, desaparecieron en el suelo.
Los Granger entraron también a la cabina. No era exactamente más grande adentro, pero parecía estirarse para acomodar a los cuatro. Y sí, dijeron sus nombres y recibieron identificaciones. Y después, sin advertencia, el suelo se abrió debajo de ellos.
Sintieron que giraban rápidamente, el aire moviéndose a su alrededor. Lograron ver cables enterrados y estaciones de metro subterráneas y algunas otras chimeneas, también girando a su alrededor. Dan y Emma y se aferraron a sus hijos y recordaron lo que Andi había dicho una vez sobre como los métodos rápidos de transporte mágico no eran cómodos. Finalmente, llegaron al suelo y los cuatro salieron de golpe de una gran chimenea.
–Lo sentimos –dijo Ted mientras Andi los ayudaba a ponerse de pie–. Se acostumbrarán después de un tiempo.
–Vamos –dijo Andi–. Será mejor que vayamos a la sala antes de que muchas personas se den cuenta de quien acaba de entrar.
El atrio del Ministerio era hermoso: piso encerado, un techo encantado con runas doradas bailando, una fuente decorada con varias razas mágicas. Pero no tuvieron mucho tiempo de apreciarlo todo eso ya que el lugar se estaba llenando de personas apareciéndose o usando la red Flu, muchos de ellos miembros de la prensa, del Wizengamot y sus familias, y ciudadanos con influencia. La noticia se había dispersado con rapidez después de que el Wizengamot había sido convocado: habría un juicio de emergencia para Sirius Black, de entre todas las personas, y que Harry Potter lo atendería. En un lugar tan pequeño y bien conectado como Gran Bretaña, eso se transformó en un circo de los medios de comunicación con rapidez, por lo que Andi y Ted los apresuraron a uno de los elevadores los cuales los llevaron dos pisos abajo a un pasillo más pequeño pero igual de adornado.
La Cámara del Wizengamot estaba en el nivel más bajo del Ministerio de Magia, debajo incluso del Departamento de Misterios… o más bien, abajo y a un lado. Información pública sobre el Departamento de Misterios era escasa, pero se creía que era un área exterior al complejo del Ministerio en el Nivel 9 debido a una formación natural mágica que estaban estudiando. De cualquier modo, era de esperarse que el Wizengamot quisiera reunirse en el lugar más profundo y seguro posible.
Había personas esperando ahí también, la mayoría miembros de la prensa. Fue ahí, mientras se preparaban para entrar, que la presencia de Harry finalmente fue notada. Un grupo de reporteros y fans los rodearon, pero Andi los hizo a un lado.
–Lord Potter no tiene nada que decir hasta después del juicio –dijo Andi antes de empujar a la familia dentro–. Lo siento, pero no creo que puedas irte sin decir algo –dijo en voz baja–. Te ayudaré lo más que pueda. Tengo que tomar mi lugar… o de hecho, tú lugar, Harry. Ted se quedará con ustedes.
El tribunal, porque eso era ese día, comenzaba a llenarse. Una docena de magos en túnicas color ciruela estaban dispersados en los asientos a un lado de la cámara oblonga y adosada. Albus Dumbledore estaba sentado detrás de un podio en la primera fila. Saludó con su mano a los Granger y susurros llenaron la cámara cuando las personas comenzaron a darse cuenta de quien había entrado. A su lado había un hombre corpulento de cabello gris con una expresión de ansiedad, cuyo rostro reconocieron por los estandartes en el atrio como Cornelius Fudge, el Ministro de Magia.
Los otros tres cuartos de la cámara se estaban llenando de espectadores. Ted llevó a los Granger a un grupo de asientos al frente justo a la izquierda de la sección para miembros del Wizengamot. Ted agitó su mano cuando se sentaron y vieron el cabello rosa de Dora al otro lado de la cámara, donde estaba de pie al lado de un hombre viejo con terribles cicatrices recargado sobre un bastón, y con un ojo de color azul brillante que miraba en todas direcciones. Sólo podía ser Ojoloco Moody. Los Granger temblaron ante su mirada penetrante.
La cámara lucía como el lugar adecuado para una reunión de los aristócratas mágicos de Gran Bretaña, con asientos de madera esculpidos y decoraciones de piedra pulida del techo al suelo en patrones. Lo único que lucía fuera de lugar eran las dos sillas en medio del círculo de asientos. Estaban hechas de madera sin detalles y tenían numerosas cadenas para atrapar a quien se sentase en ellas.
–Oh, mamá, papá, ahí están los Weasley –dijo Hermione. Señaló a donde una familia pelirroja de aspecto preocupado entró a través de las puertas de la sala. Tres de los niños encontraron a Harry y Hermione al instante y los saludaron. Dirigieron a su familia a través de las hileras para sentarse detrás de los Granger.
–Hola, chicos –dijo Ron–. Papá, este es Harry y su familia.
–Por supuesto. Es un honor. Arthur Weasley, a su servicio. –El patriarca de los Weasley era el único miembro de la familia presente a quien Harry y Hermione no habían visto antes: alto y con poco cabello, pero con el mismo color rojo que el resto de su familia. Estrechó la mano de Harry con vigor–. Lord Potter, no puedo agradecerle lo suficiente –dijo–. Pensar que había un mago oscuro viviendo bajo nuestras narices todos estos años… Molly y Percy no pueden aceptarlo. Nuestros niños nos han hablado mucho sobre ustedes, por supuesto. Y por lo que escuché, fue un gran partido ayer. –Después se dirigió a Dan y Emma–. Y ustedes dos, son muggles, ¿no es así? Deben permitirme invitarles un trago después del juicio. Es lo menos que puedo hacer después de lo que su hijo ha hecho por nosotros. Por favor, permítanme presentarles a mi familia…
Dan y Emma estrecharon las manos de todos los Weasley, intentando no sentirse desalentados por el entusiasmo del mago. Sus hijos eran escandalosos, pero la pobre pequeña, Ginny, lucía aterrorizada ante la presencia de Harry. No pudieron evitar esperar que eso no fuera muy común entre las brujas jóvenes. Aunque su esposa, quizás, fue la que agradeció con más entusiasmo a los Granger. En cuanto estuvieron cerca, Molly Weasley abrazó a Harry y Hermione con fuerza en agradecimiento por "salvar" a su familia.
–Oh, lo siento, Lord Potter –se disculpó mientras soltaba al niño–. Es que no puedo creer que esto esté ocurriendo. –Harry se enderezó y le aseguró que no había problema.
El cuarto estaba casi lleno cuando otro hombro caminó entre los asientos, con aspecto delgado y decaído, varias cicatrices en el rostro, y cabello castaño con gris. Su túnica era vieja y estaba mal reparada en varios lugares. Estaba observando a Harry, pero no con la misma mirada de adoración que la mayoría de las personas le daban. Lucía triste e incómodo, como si algo lo hubiera perturbado notablemente.
El hombre caminó hacia los Granger lentamente, y Ted se puso de pie para interceptarlo. Intercambiaron unas cuantas palabras y parecían estar discutiendo, hasta que Ted miró a Dumbledore, quien asintió, y se hizo a un lado para dejar pasar al hombre.
Los Granger observaron al hombre con gran interés mientras enfocaba su mirada en Harry y se inclinaba en frente de él.
–Harry Potter –dijo lentamente. Había lágrimas en sus ojos–.Mi nombre es Remus Lupin… Era amigo cercano de tus padres.
Todos los Granger perdieron el aliento. Habían escuchado sobre Black y Pettigrew, pero sólo unas menciones de Remus Lupin, el más misterioso de los amigos de los Potter. De hecho, nadie había mencionado que estaba vivo, y considerando la guerra, no habían tenido razón para pensarlo.
–¿Lo fue…? Yo… encantado de conocerlo… –Harry estrechó su mano con gentileza–. Lo siento, Sr. Lupin, no sé mucho sobre usted.
Lupin suspiró.
–Por favor, llámame Remus si lo prefieres, Harry. – Nadie ignoró que Remus era uno de los pocos adultos que usaban el primer nombre de Harry–. Y no me sorprende. Nuestra pequeña ma… grupo de amigos no terminó bien. Éramos cuatro al principio: tu padre, yo, Black, y Pettigrew. Y… bueno, sabes lo que ocurrió. No podía creer que Black pudiera traicionarnos, pero eso parecía… Dumbledore me envió una lechuza urgente esta mañana y me dijo lo que ocurrió. ¿Tú capturaste a Pettigrew, Harry? ¿Tú personalmente?
Harry asintió.
–Sí, señor… Remus –dijo nervioso–. Aunque no sabía quién era.
Remus sacudió la cabeza y sonrió con tristeza.
–Tan similar a tu padre, Harry… Bueno, si lo que sospecho ahora es cierto, es la ironía perfecta para Pettigrew… Sólo que, me temo que pasé la última década odiando al amigo equivocado. –Suspiró de nuevo y se puso de pie–. ¿Tu familia? –Preguntó, indicando a los demás.
–Ajá –asintió Harry–. Ellos son mi mamá, mi papá, y mi hermana, Hermione.
Lágrimas aparecieron de nuevo en los ojos del hombre ante la idea de que Harry tuviera un nuevo par de padres, mientras estrechaba sus manos.
–No puedo decirles lo feliz que soy de ver que Harry encontró una buena familia. Me hubiera gustado poderlo criar yo mismo, por supuesto, pero hubo… circunstancias atenuantes. Sólo espero que me permitan visitarlo de vez en cuando.
–Por supuesto, Remus –dijo Emma–. Cualquier amigo de los padres biológicos de Harry es amigo nuestro… mientras no sean mortífagos, claro.
Remus mostró otra sonrisa triste y se arremangó la túnica, revelando varias cicatrices en ambos brazos, pero ningún tatuaje.
–Como pueden ver… estoy limpio.
No tuvieron tiempo de hablar más ya que una campana sonó en algún lugar del Ministerio, y el tribunal entero permaneció en silencio mientras Dumbledore se acercaba al podio, con su túnica de color ciruela con encaje especial dorado bailando ante la luz de las antorchas. Elevó su varita, la cual emitió un fuerte ruido.
–Buenas tardes –dijo el Jefe Supremo del Wizengamot con solemnidad–. Declaro el comienzo de la Tercer Sesión Especial del 389° Wizengamot. Quiero agradecer a todos su presencia a pesar del llamado tan repentino. Antes de comenzar, quisiera extender una bienvenida especial a nuestro miembro más joven, quien nos acompaña por primera vez después de once años de ausencia de su Casa. Bienvenido, Lord Harry James Potter.
Hubo un fuerte aplauso y pronto todos se pusieron de pie. Harry sintió a Ted darle un codazo y se levantó también. Estaba cegado por el flash de las cámaras, y pasaron casi tres o cuatro minutos antes de que finalmente se calmaran todos. Harry no creía poder acostumbrarse nunca a las personas llamándolo Lord, y mucho menos a eso. Esperaba que no se repitiera. Aunque en el caos, sí notó a un grupo de Lords y Ladys que sólo se pusieron de pie por amabilidad y no aplaudieron. Decidió mantener su mirada en ellos.
Cuando el tribunal guardó silencio y los espectadores se sentaron, Dumbledore preguntó:
–Lord Potter, ¿le gustaría tomar su lugar en este momento?
Harry parpadeó un par de veces.
–¿Puedo hacerlo?
La multitud se rió. Quizás era un Lord del Wizengamot, pero aún tenía once años.
–Lord Potter, como Jefe de su Casa, tiene el derecho de tomar su puesto en cualquier momento después de su onceavo cumpleaños –dijo Dumbledore con una sonrisa–, con permiso de su guardián mágico, por supuesto.
Quien también es mi representante, pensó Harry.
–Yo… no deseo cambiar mi situación en este momento, Jefe Supremo. Gracias. –Harry se sentó.
–Bien hecho. –susurró Ted después de acercarse a él.
Mientras tanto, Dumbledore continuó:
–¿Hay algún asunto pendiente para la atención del Wizengamot? –Por supuesto, sabía exactamente lo que el asunto era, pero estaba apegándose al guión.
Una mujer con un monóculo, cabello gris, y una quijada cuadrada familiar para Harry y Hermione, se puso de pie.
–Jefe Supremo, yo tengo un asunto –dijo ella.
–Madame Bones –dijo, dándole la palabra.
–Damas y caballeros, anoche llegó a mi atención que hubo ciertas irregularidades alrededor del juicio de Sirius Orion Black, entonces heredero aparente de la Casa Noble y Antigua de los Black… especialmente que no hubo juicio alguno.
Exclamaciones de sorpresa llenaron el cuarto. Aparentemente, muchas personas creían que sería un juicio nuevo. Que el heredero de una Casa Antigua, sin importar lo culpable, fuera encarcelado sin juicio era impensable.
–Propongo que cedamos la sesión al Consejo de Leyes Mágicas para otorgar un juicio inmediato a Lord Black –concluyó Amelia Bones.
–Yo segundo la moción –dijo Andi, poniéndose de pie.
–La propuesta es aceptada –dijo Dumbledore–. Sin objeción alguna, cederemos la sesión al Consejo de Leyes…
–Disculpe, Jefe Supremo –se escuchó una voz untuosa. Un hombre, quien parecía el líder del grupo de magos que no había aplaudido a Harry, se puso de pie. Tenía cabello rubio, casi blanco, que caía sobre sus hombros, con cara larga y nariz elevada. Se recargó un poco sobre su bastón con cabeza de serpiente, y lanzó una mirada fría a los Granger.
–Lord Malfoy –Dumbledore cedió la palabra al hombre con un gruñido apenas suprimido. Los Granger se paralizaron, incluso Dan y Emma.
–Debo objetar ante la presencia de muggles en la cámara del Wizengamot. –Lucius Malfoy habló con la misma voz suave y obsequiosa que le gustaba usar a Draco para salirse con la suya. Un murmullo molesto se escuchó en el cuarto ante la sugerencia, y muchas personas lanzaron una mirada a la familia de Harry–. Estoy seguro de que los padres adoptivos son personas agradables… –Era claro que no creía tal cosa–...pero no puedo condonar que escuchen asuntos importantes del Wizengamot.
Harry y Hermione estaban furiosos. También sus padres, Lupin, y muchas otras personas a su alrededor. Pero Ted se acercó para susurrarles de nuevo:
–Sólo está tratando de acumular puntos con sus aliados. No se preocupen.
Y sí, su esposa se puso de pie de nuevo.
–¿Jefe Supremo?
–Madame Tonks.
–No creo que haya leyes en contra de la presencia de muggles en sesiones del Wizengamot, o en juicios del Consejo de Leyes Mágicas. Además, Daniel y Emma están autorizados por completo bajo el Estatuto del Secreto como familia inmediata, y están aquí por la invitación personal de la oficina de Lord Potter… –varias personas se rieron–...y, si no me equivoco, su presencia fue aprobada por el Jefe Supremo. –Los Granger se sorprendieron de ver un fuego en la mirada que nunca habían visto antes… en Dora, claro, pero no en Andi. Ted tenía una sonrisa enorme en su rostro ante la visión.
–Tiene razón, Madame Tonks. La visita de los Granger fue aprobada por el Jefe Supremo. Lord Malfoy, si quisiera llamar a voto para cancelar la aprobación…
Lucius Malfoy ni siquiera necesitó mirar las miradas molestas que estaba recibiendo para saber el resultado de esa votación.
–Retiro mi objeción, Jefe Supremo.
Dumbledore asintió.
–Sin otra objeción, cederemos esta sesión al Consejo de Leyes Mágicas. Madame Bones, cedo el podio.
El Jefe Supremo tomó asiento y Madame Bones caminó al podio. Elevó su varita para emitir un fuerte ruido.
–Declaro el comienzo de esta sesión del Consejo de Leyes Mágicas para discutir el tema del juicio de Sirius Orion Black, y asuntos relacionados. –Murmullos resonaron en la cámara ante sus últimas palabras–. Auror Shacklebolt, traiga al prisionero.
