No soy dueña de Harry Potter, ni de esta historia.
Notas del autor: Y finalmente, el juicio de Sirius Black. He estado esperando esta escena desde que comencé esta historia. Tenía bastante planeado en mi cabeza desde el comienzo, pero agregué algo inesperado. Normalmente vemos a Sirius testificar, así que pensé en hacer las cosas un poco diferentes. Espero que lo disfruten tanto como yo.
Notas de la traductora: ¡Feliz Año Nuevo! ¡Y Feliz Aniversario! Muchas gracias por su paciencia y por seguir esta historia. Sus comentarios y la cantidad de personas que siguen esta historia es lo que me inspira a continuar. Finalmente, aquí les dejo uno de mis capítulos favoritos. Y también uno de los más complejos. En especial porque White Squirrel utiliza muchos verbos y adjetivos animales, los cuales no son frecuentes en español. Aun así, ¡espero que lo disfruten!
Capítulo 28
Sirius Black fue llevado en cadenas ante el Wizengamot. Se tambaleó mientras era llevado por los aurores, manteniendo su cabeza abajo para poder ver y no tropezar con sus propios pies. Fue llevado a una de las dos sillas de metal en el centro de la cámara y las cadenas se activaron para atraparlo. Una vez sentado, su cabeza cayó de lado, y miró arriba por primera vez… justo a los acosadores ojos verdes de Lily Potter.
Sí, eran suyos, estaba seguro, y el rostro en el que estaban era el de James cuando era niño.
–¿Harry…? –Movió su boca, pero ningún sonido salió de su garganta. Sólo podía ser su ahijado. Pero el niño estaba sentado con una familia a la que no reconoció… una niña de su edad con cabello castaño ondulado, una mujer con cabello más oscuro pero igual de ondulado que claramente era su madre, y probablemente el padre era quien estaba a su lado. Ambos niños usaban sus túnicas de Hogwarts, y Sirius notó con algo de orgullo que ambas tenían encaje rojo. El grupo de pelirrojos detrás de ellos sólo podían ser los Weasley.
Pero lo que le quitó el aliento fue la mirada en los ojos de Harry. Después de lo que debían haber dicho al niño deberían estar llenos de odio, pero no lo estaban. Tenía una expresión pensativa, como si lo estuviera evaluando, con algo de… ¿lástima? ¿Pero qué había ocurrido? ¿Era posible que ya sabía?
Lanzó una mirada a un lado y vio a Lunático… Lunático, quien tenía razón para odiarlo, pero tampoco lo mostraba. Lucía nervioso y confundido mientras se sentaba ahí en su ropa desgastada. También sabía algo. ¿Pero qué había ocurrido? Sirius no se atrevía a imaginar…
–Auror Shacklebolt, traiga al segundo prisionero –dijo una voz en frente de él. Levantó su cabeza para ver a Amelia Bones presidiendo la corte (debía de estar a cargo de la Aplicación de la Ley Mágica), con Albus Dumbledore sentado a su lado. Un murmullo de confusión comenzó. Después, muchos miembros del Wizengamot perdieron el aliento. Sirius estiró su cuello para ver a quién más habían traído, y no pudo creerlo.
–¡Peter! –Intentó gritar, pero le dio un ataque de tos. ¡La rata estaba ahí! Intentó jalar sus cadenas y estrangularlo antes de recuperar el sentido. Lo que necesitaba era algo de veritaserum para terminarlo todo. Sí, la rata pagaría por todo. Sirius se mordió la lengua para asegurarse de que no estaba soñando, pero por supuesto, en Azkaban nunca hubiera tenido un sueño tan bueno.
–¡Peter! ¡Traidor! –ladró Sirius.
–¿Yo? ¡Es él! ¡Él es el traidor! –gritó Peter de vuelta, sus palabras rápidas, como el chillido de una rata. Intentó jalar sus propias cadenas.
–¡Silencio! –gritó Amelia Bones. Tanto Sirius como Peter guardaron silencio–. Que el registro haga nota de que el segundo prisionero ante el Consejo es Peter Pettigrew. –Hubo gritos alrededor del cuarto, los cuales silenció con su varita.
Sirius comenzó a examinar el juzgado. Observó al resto del Wizengamot. Augusta Longbottom estaba en el asiento de su hijo. Sirius sabía por los gritos de Bellatrix lo que había ocurrido. Sintió escalofríos al ver a Andrómeda. Rayos, había olvidado lo mucho que se parecía a su hermana. Estaba sentada en el lugar en el que había visto a James, aunque no era sorpresa ya que era la elección natural para ser la representante. ¡Y Narcissa estaba en su asiento! ¿Acaso su madre había muerto finalmente? Barty Crouch y Cornelius Fudge también estaban ahí, mirándolo con molestia. Debían tener puestos altos en el Ministerio. Se preguntó si uno de ellos era Ministro. Había otros en la audiencia. Alastor Moody estaba como guardia. Parecía haber perdido un ojo desde la última vez que Sirius lo había visto, y ahora tenía un escalofriante reemplazo mágico que se movía constantemente para examinar el cuarto. A su lado había una joven de cabello rosado que sólo podía ser Nymphadora. ¿Un auror en entrenamiento? Se pudiera haber reído. Más lejos, una reportera rubia con una horrible túnica verde limón lucía bastante contenta ante los eventos mientras una pluma escribía por sí sola enfrente de ella.
Pero Sirius fue rápidamente sacado de sus pensamientos cuando Bones habló.
–Peter Pettigrew fue arrestado anoche en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería…
–¡Qué! –gritó Sirius y no fue el único que lo hizo. Lanzó una mirada de vuelta a Harry para convencerse de que el niño estaba bien.
–¡Orden! –gritó Bones con otro movimiento de su varita–. Fue arrestado bajo el consejo de Lord Potter… ¡Orden! ¡Orden!... Quien notó el comportamiento sospechoso de la rata mascota de su compañero… ¡Orden! Como resultado de ese arresto, el Sr. Pettigrew ha sido acusado de no registrarse como animago, uso criminal de una habilidad animaga no-registrada, y membresía a un grupo terrorista. –Antes de que alguien pudiera reaccionar a lo último, llamó al ¡Auror Shacklebolt!
El auror caminó hacia donde Pettigrew estaba atado y rompió la manga del hombre, revelando su marca tenebrosa.
El juzgado estalló en caos.
La mente de Sirius daba vueltas, apenas registrando los gritos a su alrededor.
–¿Qué? –dijo. ¿Cómo? ¿Qué? ¿Peter había estado en Hogwarts? ¿Con el compañero de Harry? ¿Posiblemente en el cuarto de Harry? ¿Y Harry lo había encontrado personalmente? ¿Cómo era eso posible? ¿Acaso Remus le había dicho algo?
Nadie escuchó a Shacklebolt hablar.
–Evidencia para la defensa, prueba uno –dijo en referencia a la marca de Peter, ya que Lucius Malfoy y sus secuaces estaban protestando lo que pudieran lograr que valiera, mientras que la mitad de los liberales y moderados demandaban saber cómo un mortífago había evadido captura por tanto tiempo y había entrado a la escuela. Unos de los conservadores, Lord Jugson, demandó el arresto de los Weasley por proteger a Pettigrew, lo cual tanto Andrómeda como Augusta Longbottom protestaron. Lord Nott demandó que Harry fuera cuestionado, lo cual fue rechazado como innecesario. Cuando Madame Bones finalmente tranquilizó al Consejo, continuó con el juicio.
–Lord Sirius Orion Black –dijo ella–, está acusado de los crímenes siguientes: membresía a un grupo terrorista, traición, dos cargos de complicidad en el asesinato en primer grado de Lord James Potter y Lady Lily Evans Potter, ser parte de la conspiración para cometer asesinato en primer grado de Harry James Potter, grave violación del Estatuto del Secreto, uso ilegal de magia oscura, intento de asesinato en primer grado de Peter Pettigrew, y doce cargos de asesinato en segundo grado de… –y ahí Madame Bones listó los nombres de las doce víctimas de la maldición de Peter–. Lord Black, ¿cómo se declara?
La voz de Sirius se volvió baja y cansada, pero lucía determinado al responder:
–Inocente en todo.
–¿Está dispuesto a someterse a interrogatorio bajo la influencia de veritaserum?
–Sí.
Fue en ese punto que Lord Malfoy se puso de pie de nuevo.
–Debo objetar, Madame Bones. Es posible que Lord Black practique la Oclumancia basado en su récord y el hecho de que está coherente a pesar de haber sido removido hace sólo unas horas de Azkaban. Por lo mismo, su interrogatorio bajo la influencia de veritaserum no debería de ser confiado.
Hubo más gritos en la cámara ya que muchos liberales protestaron esa moción, pero el punto sobre Azkaban era bueno, tuvo que admitir Sirius. La mayoría de los prisioneros necesitaban semanas para recuperarse después de sus sentencias. Levantaba la suficiente sospecha para matar la idea. ¿Quién hubiera pensado que Canuto lo lastimaría un día? Claro, sabía algo de Oclumancia, pero no lo suficiente para vencer el veritaserum.
–Yo cuestionaría la habilidad de cualquiera de proteger su mente después de pasar tanto tiempo en Azkaban, Lord Malfoy –respondió Andrómeda.
–¿Queremos apegarnos a las reglas, no? –dijo un hombre engreído que resultó ser Lord Smith–. Especialmente después de descubrir la negligencia de hace una década. Llamo a un voto de admisibilidad del testimonio de Lord Black.
–Yo lo secundo –dijo una bruja a la que Sirius no reconoció.
–De acuerdo –dijo Madame Bones–. Sobre la admisibilidad del testimonio de Lord Black bajo veritaserum: todos a favor… todos en contra… –El voto fue cerrado, pero una pérdida–. La moción no pasa. Pero le recuerdo al Consejo que tenemos un testigo sobre los eventos en cuestión. Peter Pettigrew, ¿estás dispuesto a ser interrogado con veritaserum como testigo para la defensa?
–N...no, no lo haré. No defenderé al traidor –dijo la rata. No era una sorpresa. Si hubiera tenido dinero o aliados políticos, Peter pudiera haber soltado todo y usado la maldición Imperio como excusa, excepto que Sirius aún lo hubiera matado. Pero ya que no tenía nada de eso, lo único que podía hacer era mantener la boca cerrada y esperar que Malfoy y Nott lo ayudaran para salvar su propio pellejo.
–Creo que el testimonio de testigos en la escena será suficiente para terminar con este asunto, Madame Bones, aun con estas… sorprendentes revelaciones sobre el Sr. Pettigrew. ¿No está de acuerdo, Ministro? –dijo Lord Malfoy, lanzando una mirada a Cornelius Fudge. Eso respondía esa pregunta. Sirius juró mantener la mirada en ese Ministro si salía de ahí.
–Madame Bones –llamó el auror antes de que Fudge pudiera responder.
–Auror Shacklebolt.
–Quisiera otorgar evidencia para la defensa, como prueba número dos. –Elevó un frasco con un líquido plateado–. Mis propias memorias para un pensador de la interrogación de Peter Pettigrew bajo veritaserum, como fueron presenciadas por mí, auror Scrimgeour, y la Líder de este Consejo.
–¡Objeción! ¡Incriminación! –gritó Lord Malfoy.
–Madame Bones, le recuerdo al Consejo de la Ley de Juicios Uniformes de 1816, la cual permite la admisión de testimonio bajo veritaserum si es recolectado bajo causa probable y restringido a preguntas relacionadas a los cargos. También quisiera recordar al Consejo de la Ley de Crímenes de Guerra de 1980, la cual permite cierto margen en este asunto en casos relacionados con crímenes de guerra, lo cual incluye el caso ante el Consejo en este día.
Sirius vio a Harry y a la familia a su lado sorprenderse ante eso. Comenzaron a susurrar con intensidad con el esposo de Andrómeda sobre eso. Parecía extraño que no supieran sobre esa ley. Quizás la niña era hija de muggles, se preguntó sin curiosidad.
–Madame Bones, llamó a un voto para la admisión de esta evidencia –dijo Lord Malfoy, sin molestarse con su propio argumento. Se comenzaba a dar cuenta que había sido atrapado desde el comienzo. Lord Nott secundó la moción, pero el voto fue a favor de Sirius. Pocos además de los aliados de Malfoy mostrarían simpatía por un mortífago.
–La moción pasa y la evidencia es admisible. Sr. Croaker, por favor entre.
Las puertas de la cámara se abrieron por segunda vez, y Algernon Croaker, el Jefe de los Inefables, entró con una larga vasija de piedra aparentemente llena de agua. Croaker asintió en dirección a su cuñada, Augusta Longbottom, mientras caminaba. Parecía más afable que ella, como un Dumbledore joven, incluyendo el brillo en los ojos, a pesar de tener un sentido de la moda más tranquilo y mantener su cabello color acero y su barba en punta cortos. Pero la mayoría de la cámara estaba enfocada en el artefacto que llevaba con él. Un pensadero no era usado comúnmente en el Consejo ya que las proyecciones no eran fáciles de ver, y, más al punto, testimonio bajo la influencia de veritaserum casi siempre era suficiente, pero el Departamento de Misterios mantenía uno para ese propósito. Llevó el artefacto al frente de la cámara y tomó el frasco de la mano de Shacklebolt.
–Sr. Croaker, ¿ha inspeccionado la evidencia? –preguntó Bones.
–Sí, señora.
–¿Las memorias han sido modificadas de alguna manera?
–No, señora.
–Bien. Les advierto a todos que el testimonio que van a escuchar es bastante perturbador –dijo–. Si alguno de nuestros invitados desea dejar el juicio durante esta parte, deben de hacerlo ahora. –Estaba observando directamente a Harry. La familia de la niña habló en susurros por un minuto, pero Harry parecía decidido a quedarse, y la niña parecía estar insistiendo en quedarse con él. Unas cuantas persona sí se levantaron, y pareció que fue una larga discusión para que la niña de los Weasley (¿una niña Weasley?) no fuera enviada fuera de la cámara.
Cuando los magos y brujas terminaron de salir, Bones continuó.
–Proyecte las memorias por favor, Sr. Croaker.
El inefable asintió y sirvió el líquido plateado dentro del pensadero. Lo dejó mezclar por un momento y después sacó su varita y golpeó la superficie. Una imagen fantasmal de la cabeza de Pettigrew y sus hombros se elevó de la vasija, con un aspecto muy similar al que tenía en ese momento, excepto que estaba luchando contra el agarre de una persona a la que no se podía distinguir. La memoria comenzó con Pettigrew siendo forzado a beber tres gotas de una poción para después quedarse quieto. Entonces, se escuchó el eco de la voz de Amelia Bones.
–¿Cuál es tu nombre?
–Peter Pettigrew –habló la proyección con tono monótono.
–¿Eres un mortífago?
–Sí.
–¿Cuándo recibiste la marca?
–El 30 de octubre de 1981.
–¿Qué hiciste para recibir la marca tenebrosa?
–Traicioné a los Potter con el Señor Oscuro.
Hubo varias exclamaciones de sorpresa mientras que las sospechas sobre lo que había ocurrido en 1981 comenzaban a ser confirmadas.
–¿Cómo traicionaste a los Potter?
–Le dije al Señor Oscuro la ubicación de dónde se estaban escondiendo bajo el encantamiento Fidelio.
–¿Tú eras el guardián del secreto? –Fue la voz de Shacklebolt quien hizo esa pregunta.
–Sí.
–¿No fue Sirius Black? –Otra voz, probablemente la del auror Scrimgeour.
–No.
Sirius miró a Harry. Tenía una expresión de horror en su rostro, y las personas a su alrededor no lucían mejor.
–¿Quién lanzó el encantamiento Fidelio? –se escuchó la voz de Bones de nuevo.
–Lily Potter.
–¿Por qué te hizo Lily el Guardián del Secreto cuando se creía que era Sirius Black?
–James y Lily querían que Sirius fuera el Guardián del Secreto, pero Sirius creía que era muy obvio. Dijo que diría que él era el Guardián, pero cambiaría en secreto con alguien más. Me sugirió a mí como la persona menos probable.
Sirius comenzó a llorar.
–¿Alguien más supo del cambio?
–No.
–¿Por qué no?
–No querían que muchos supieran. Sabían que había un espía entre ellos, pero creo que Sirius sospechaba de Remus.
Se escuchó el ruido de varios papeles.
–Para el récord, te refieres a Remus Lupin, ¿correcto?
–Sí.
Sirius escuchó a Remus soltar un sollozo ante la revelación. Suficientes miradas se dirigieron a él para dejar en claro quién era.
–¿Por qué traicionaste a los Potter?
–El Señor Oscuro me ordenó llevarle cualquier información disponible sobre su ubicación.
–¿Por qué estabas trabajando para Quien-Tú-Sabes?
–Tenía miedo. El Señor Oscuro me había encontrado y amenazado un año antes. Dijo que debía espiar para él o sufrir una muerte dolorosa. Pensaba que iba a ganar, así que yo…
–¡Cobarde! –gritó Sirius sobre la memoria.
–¡Silencio! –soltó Shacklebolt, apuntándolo con su varita.
–¿Qué hizo Quien-Tú-Sabes después de que le dijiste la ubicación de los Potter?
–El Señor Oscuro me marcó esa noche y dijo que tenía planes qué hacer. La noche siguiente, me ordenó llevarlo a la casa, y lo hice. Me ordenó esperar afuera mientras entraba…
–¿Qué ocurrió después?
–Escuché a James gritar: "¡Lily, coge a Harry y vete! ¡Es él! ¡Vete! ¡Corre! Yo lo detendré…"
Varias personas perdieron el aliento mientras observaban con toda atención, ninguna más que Sirius, excepto quizás Harry.
–Vi hechizos. Creo que el Señor Oscuro sólo utilizó la maldición asesina. Se detuvo después de unos segundos. Poco después escuché a Lily gritar: "A Harry no. A Harry no. A Harry no, por favor." Después, "A Harry no. Te lo ruego, no. Cógeme a mí. Mátame a mí en su lugar…" Después, "A Harry no, por favor. Ten piedad, te lo ruego, ten piedad…"
A pesar del tono monótono de Pettigrew, o quizás por eso, sus palabras eran lo peor que Sirius había escuchado en su vida. Ni siquiera durante todo su tiempo en Azkaban su mente había generado ese terrible escenario. A través de sus propias lágrimas, vio que el rostro de Harry estaba enterrado en el pecho de la mujer de cabello castaño, y que Remus se cubría su rostro con sus manos. La mayoría de los espectadores habían soltado un par de lágrimas al escuchar las últimas palabras de Lily Potter.
–Después de eso, vi la luz de otras dos maldiciones asesinas –continuó Pettigrew–, pero después de la segunda, la casa explotó. Corrí adentro, pero no encontré señal del Señor Oscuro. Sólo encontré su varita. La tomé y desaparecí.
–¿Tienes la varita de Quien-Tú-Sabes? –preguntó la voz de Shacklebolt con incredulidad.
–No.
–¿Dónde está la varita de Quien-Tú-Sabes? –preguntó Bones después de una pausa.
–En una tubería abandonada pero protegida en Salisbury.
Parpadeó varias veces y tosió al decir eso.
–¿Mataste a doce muggles en Salisbury?
–Sí.
–¿Cómo?
–Lancé un Confringo a una válvula de gas en la calle, causando una explosión.
–¿Así que nuestra historia de una explosión de gas fue para cubrir una explosión de gas de verdad? –dijo Scrimgeour.
–Sí –respondió Pettigrew, aunque la pregunta no había sido dirigida a él.
–¿Cómo escapaste? –preguntó Bones.
–Utilicé un encantamiento escudo para protegerme, corté mi dedo para encubrirme, me transformé en rata, y escapé a través de una alcantarilla.
–¿Eres una rata animago?
–Sí.
–¿Estás registrado?
–No.
Hubo una pausa mientras la Amelia Bones del recuerdo parecía cambiar de idea.
–¿Viste a Sirius Black matar a alguien ese día?
–No.
–¿Viste a Sirius Black intentar matar a alguien ese día?
–Sólo a mí.
–¿Viste a Sirius Black romper el Estatuto del Secreto ese día?
–Sí.
–¿Cómo?
–Se apareció, sacó su varita, e intentó hechizarme en frente de muggles.
–¿Alguna vez fue Sirius Black un mortífago, que tú sepas?
–No.
La memoria terminó abruptamente y el silencio llenó la cámara. El horror de lo que se había hecho a Sirius comenzó a asentarse. Incluso Malfoy sabía que no había manera de ignorarlo. Por lo menos Pettigrew no había dicho nombres. Andrómeda se puso de pie para hablar, pero Madame Longbottom fue más rápida.
–Madame Bones, pido que todos los cargos en contra de Lord Black sean retirados de inmediato. –Muchos parecían a favor de eso.
–¡Madame Bones, eso es absurdo! –gruñó Barty Crouch, haciendo lo posible por recuperar su honor–. El testimonio del Sr. Pettigrew claramente indica que Lord Black sí intentó asesinarlo y violó el Estatuto del Secreto. Además, no tenemos prueba definitiva de que no es un mortífago.
–¿Por qué no haces tu trabajo y revisas, Barty? –demandó Sirius.
–Eso es suficiente, Lord Black –dijo Bones–. Auror Shacklebolt, remueva sus mangas.
El auror rápidamente dejó expuestos los dos brazos vacíos de Sirius.
–Pido que todos los cargos en contra de Lord Black sean retirados, excepto una falta mínima en contra del Estatuto del Secreto e intento de asesinato en primer grado de Peter Pettigrew –sugirió Lord Smith. Los miembros del Consejo comenzaron a hablar unos sobre otros.
–Madame, Lord Black trabajaba como mago golpeador en esa época, y por lo tanto estaba autorizado…
–Yo secundo la moción de Lord Smith…
–¡Orden! ¡Orden! –Amelia Bones silenció la cámara–. Tengo una moción por parte de Lord Smith para retirar los cargos excepto una falta mínima en contra del Estatuto del Secreto e intento de asesinato en primer grado. ¿Todos a favor…? ¿Todos en contra…? –La moción fue aprobada–. Lord Black, ¿quisiera modificar su declaración anterior?
Sirius observó a la bruja con monóculo con confusión. Ese no era el procedimiento normal. Debía de querer que hiciera algo. Por supuesto, si era encontrado inocente, podría recuperar su trabajo y ella sería su jefa. Quizás está de mi lado, pensó. ¿Pero qué podía hacer? Miró a los Lords y Ladys del Wizengamot, lanzó otra mirada a Harry, y tuvo una idea… quizás una idea nivel merodeador. Sabía algo sobre Cornelius Fudge, y con esa ventaja, quizás funcionara. Sería un pequeño precio a pagar, considerando todo. Después de todo, si ya era Lord Black, no necesitaba el dinero. Lo único que quería era ver a su ahijado.
–Madame Bones –dijo con tristeza, su voz aún rasposa, pero estaba mirando a Fudge–, esa mañana me sentía ahogado por el conocimiento de la muerte de James y Lily, y no estaba pensando con claridad. Me sentía responsable, y sólo podía pensar en venganza. Debería haber ido a ver a Harry en lugar de ir tras Peter. Sí, intenté matarlo, a Peter, por supuesto, pero no estaba pensando bien. Cuando escapó, perdí la cordura. Fue por eso que estaba riéndome en la calle, y supongo que fue por eso que fui encontrado culpable y arrojado en Azkaban sin siquiera ser cuestionado, lo cual no sólo fue una perversión de la justicia, pero un terrible trabajo de los representantes de la ley mágica. –Crouch lo observaba con enojo, pero Fudge comenzó a sudar. Bien–. Pero por lo que puedo ver, eso fue bajo la administración anterior. Preferiría dejar todo esto atrás y no crear problemas, Madame, por lo que estoy dispuesto a declararme culpable de la falta menor en contra del Estatuto del Secreto, y estoy dispuesto a dejar de lado mi derecho de demandar al Ministerio por negarme mis derechos y encarcelarme… a cambio de que el cargo de intento de homicidio sea ignorado.
–Propongo que se acepte la declaración de Lord Black de inmediato –dijo Andrómeda al instante.
–Yo secundo esa moción –dijo Madame Longbottom.
–La moción pasa a voto –dijo Bones antes de que comenzara un debate–. ¿Todos a favor…?
Los liberales en el Wizengamot gradualmente levantaron y encendieron la punta de sus varitas, aparentemente persuadidos por la historia de Sirius, aunque algunos no querían ser vistos como los primeros. Unos cuantos moderados hicieron lo mismo, mientras que los conservadores de Malfoy permanecieron quietos con resolución. Pero gradualmente, más y más varitas fueron levantadas, bajo el peso de las miradas, Cornelius Fudge levantó la suya, y muchos moderados lo siguieron, aunque Barty Crouch no lo hizo.
–¿Todos en contra…?
Los conservadores y muchos moderados encendieron sus varitas. Había muchas personas que no estaban felices de ver que el cargo por intento de homicidio era abandonado como asunto político, aún si no estaban en contra de él. Sería un voto cerrado. Sirius guardó su aliento mientras esperaba el veredicto.
–Con un voto de treinta y dos a veintiséis… –dijo Bones–, la moción pasa.
Sirius sonrió cuando una celebración comenzó entre aquellos que simpatizaron con él en la galería. El escuchar el interrogatorio de Peter debió de haberle dado unos aliados buenos… aliados del lado de la luz. Era bueno estar de vuelta, pensó por primera vez.
–Lord Sirius Orion Black, debe pagar una multa de cien galeones por una falta menor al Estatuto del Secreto, y todos los demás cargos serán removidos de su récord –dijo Bones–. Me disculpo por las acciones de esta entidad hace diez años. Es libre de irse, y quisiera ser la primera en decirle "bienvenido de regreso".
Las cadenas cayeron de los brazos de Sirius y se puso de pie lentamente, sus pies temblando, mientras recibía más aplausos. No se molestó en mirar a la rata mientras daba unos cuantos pasos hacia adelante. Quería correr hacia Harry, pero no podía en su estado actual y había algunas cosas que necesitaba hacer primero. Se acercó al podio y miró a Amelia Bones directo a los ojos.
–Madame Bones –dijo con voz ronca–, no fui el único enviado a Azkaban sin juicio. Creo que el resto fueron mortífagos, pero debería de revisar. –Mientras el Consejo digería ese comentario, lanzó una mirada a su prima, sentada a un lado de su esposo–. Narcissa, ya que estás aquí, supongo que mi querida madre ya no está entre nosotros… Sólo quiero que sepas que la próxima vez que nos veamos… Querré mi lugar de regreso.
Dejó a la pareja rubia furiosa y temblando al perder el asiento, probablemente sin advertencia, y cruzó la cámara hacia los asientos, moviéndose lentamente en dirección a las personas a las que más quería ver, aún si no sabía cómo iban a reaccionar. Remus era el más cercano. Sabía que debía de verse y oler peor que el hombre lobo, y eso era algo, ya que tampoco parecía haber tenido una buena década. Harry aún era abrazado por la familia de la joven Gryffindor. Quien sea que fueran, por lo menos parecía que lo apreciaban.
Pero Sirius tuvo dificultad en mirar a Remus a los ojos mientras se acercaba después de que todos esos secretos salieran al aire. Remus, por su parte, tenía una expresión de arrepentimiento… ¿pero por qué? No tenía razón de pensar que lo que le habían dicho no era cierto. Finalmente, cuando llegó a su lado, Remus tomó su mano y lo jaló para abrazarlo como a un hermano.
Las piernas de Sirius se rindieron y tomó asiento, y comenzó a llorar de nuevo. Merlín, se sentía como una niña.
–En verdad lo siento, Lunático –susurró.
–Más tarde, Canuto –fue la simple respuesta.
–Harry –susurró de nuevo. Intentó acercarse a su ahijado, pero Remus lo detuvo.
–Espera. –Dirigió su mirada a Peter. Eso aún no había terminado.
–Continuando –Amelia Bones habló de nuevo–. Peter Pettigrew, debido a la nueva evidencia, se le acusa de los siguientes crímenes: membresía en un grupo terrorista, traición, dos cargos de complicidad en el asesinato en primer grado de Lord James Potter y Lady Lily Evans Potter, conspirar para el intento de asesinato en primer grado de Harry James Potter, falta mayor del Estatuto del Secreto, doce cargos de asesinato en segundo grado de… –leyó de nuevo los nombres de los doce muggles–. No registrarse como animago, y uso criminal de una habilidad animaga no-registrada. Sr. Pettigrew, ¿cómo se declara?
Pettigrew mostró una sonrisa similar a la de un roedor y se rio nervioso.
–¿Hay alguna posibilidad de reducir mi sentencia, Madame Bones?
Amelia Bones se inclinó y miró fijamente a la rata en la silla.
–Sr. Pettigrew, está enfrentando la posibilidad de dieciséis cadenas perpetuas consecutivas. ¿Quisiera reducir su sentencia a una? –Varias personas se rieron.
La sonrisa nerviosa de Pettigrew desapareció mientras comenzaba a hablar en medio de un chillido.
–¡De acuerdo! ¡Culpable! No importa. El Señor Oscuro regresará y todos recibirán…
–Silencio –Madame Bones lo interrumpió personalmente–. Peter Pettigrew, por su declaración de culpabilidad, este Consejo lo condena a cadena perpetua en Azkaban sin la posibilidad de libertad condicional. –Creó otro fuerte ruido con su varita–. Auror Shacklebolt, lléveselo.
Mientras Peter era levantado de la silla y llevado fuera de la cámara en cadenas, sus ojos se dirigieron a la que una vez fue su familia. Dejando de lado toda pretensión, se sentía desolado bajo las miradas de Sirius y Remus, sin mencionar las de la familia Weasley entera. Harry también se había recuperado, un poco, y lo miraba con enojo, pero fue más allá. Cuando Peter estuvo en el punto más cercano, se inclinó, mostró sus dientes, y bufó a la rata.
Pettigrew tembló.
Muchas miradas se dirigieron a Harry Potter. Sirius y Remus estaban más que sorprendidos. ¿Qué había ocurrido la noche anterior? Sirius vio a la niña sacudir la cabeza. Las expresiones de los padres eran indescifrables y, mirando a su alrededor, vio que los Weasley, excepto el niño más joven, lucían confundidos.
Mientras tanto, alrededor del Wizengamot, los miembros observaban al niño con gran interés. Incluso Andrómeda lucía un poco sorprendida. Ahí estaba el legendario Niño Que Vivió, un niño de once años, quien había capturado al verdadero traidor de sus padres y limpiado el nombre de su padrino casi por sí solo y, Sirius aprendería después, había ganado su primer partido de quidditch el mismo fin de semana. Ahora, para la decepción del niño, agregarían otra línea a la leyenda ya que se había enfrentado a un vicioso mortífago que había asesinado a una docena de personas y lo había asustado con su bufido. Que Pettigrew era sin duda el más cobarde de los mortífagos no haría gran diferencia. Algunos sólo lo admitirían en privado, pero si había alguna duda de que Harry Potter iba a ser un jugador importante, se había ido.
–Sin alguna objeción, declaro concluida esta sesión del Consejo de la Ley Mágica. Jefe de Magos, cedo la palabra.
Mientras Amelia Bones se hacía a un lado, Albus Dumbledore se puso de pie y se acercó al podio, sus ojos con un brillo extraño.
–¿Alguien tiene algún otro asunto que presentar ante el Wizengamot? –preguntó.
Ante eso, el Ministro se puso de pie.
–Quisiera realizar una moción, Jefe de Magos.
–Ministro Fudge.
–Como ustedes saben, Peter Pettigrew fue otorgado póstumamente la Orden de Merlín de Primera Clase por sus supuestos servicios durante la guerra. Considerando las revelaciones de hoy, pido que el honor sea retirado del Sr. Pettigrew inmediatamente… –No había duda que eso sería aprobado, pero Fudge no había terminado. Lanzó varias miradas a Lord Malfoy, Dumbledore, y Harry, como si analizara sus opciones, pero continuó–. Además, hoy hemos visto varios errores cometidos por la administración anterior corregidos gracias a la liberación de uno de nuestros miembros, y el encarcelamiento del asesino que estaba libre. Fue gracias a la intervención de otro de nuestros miembros que estos errores fueron corregidos. Por lo tanto, en reconocimiento por su servicio a la nación, propongo que esta entidad otorgue la Orden de Merlín, Tercera Clase, a Lord Harry James Potter.
Sirius sonrió por quizás primera vez en diez años. El ganador de la Orden de Merlín más joven en la historia se escuchaba bien. James y Lily estarían orgullosos. Que Fudge no pensara en el capital político de incluir a Sirius no era relevante. No se lo merecía.
Harry, sin embargo, no lucía feliz… disgustado, de hecho. Miró a la familia de la niña y después a Sirius con duda, y él sonrió aún más y asintió su apoyo. ¡Tómalo! No te preocupes por mí. Pero Harry no parecía satisfecho. Justo antes de que Dumbledore llamara a votación, elevó su voz.
–Jefe de Magos, ¿puedo hablar?
–Por supuesto, Lord Potter.
El niño sintió las miradas sobre él. Nadie se atrevió a hacer ruido. Parecía tenso bajo la presión, y con razón. Después de todo, Sirius aprendería, era la primera vez que hablaba en público además del breve procedimiento al inicio. Pareció pensarlo por un momento, como si eligiendo sus palabras con cuidado.
–Quiero que todos sepan que Hermione fue instrumental en la captura de Pettigrew. Yo… no pudiera haberlo hecho sin ella.
Sirius comenzó a preguntarse si había más sobre esa Hermione.
–¡Harry! –dijo ella en un susurro.
–¡Sh! –dusurró de regreso–. Así que… si el Wizengamot quiere honrarme con este premio, también debería de hacer lo mismo por ella.
Sirius se cubrió la boca y se dobló mientras soltaba un ruido extraño. Era la primera vez que se reía en una década. Ese niño era tan terco, noble, y amable como su madre había sido.
–Soy testigo de la evaluación de Lord Potter –dijo Dumbledore–. La señorita Granger fue parte vital en la captura de Peter Pettigrew. ¿Tengo una moción para otorgar a Lord Potter y a Hermione Granger la Orden de Merlín, Tercera Clase, por sus servicios a la nación?
–Que así sea –dijo Andrómeda al instante.
–Yo secundo la moción –dijo Elphias Doge.
El voto fue rápido, con casi todos excepto la facción de Malfoy votando a favor.
–Excelente –dijo Dumbledore–. Asumo que el Ministerio trabajará con la Oficina de Lord Potter para organizar la presentación formal del premio. Ahora, si no hay otros asuntos, y después de las decisiones más rápidas que he visto en todos mis años de servicio, sin objeción alguna, declaro como concluida esta Sesión Especial. –Cerró la sesión con otro ruido de su varita.
Lentamente, las personas comenzaron a salir de la cámara del Wizengamot, pero muchos se quedaron, mirando a Harry para ver que hacía. Andrómeda corrió rápidamente al grupo y usó un truco que había aprendido creciendo con sus hermanas y conjuró un muro de niebla alrededor de la familia, ocultándolos. Remus sacó su propia varita y lanzó el encantamiento muffliato que los merodeadores habían copiado de Snape.
–Gr… gracias… prima –tartamudeó Sirius. Había muchas cosas que quería decir, y apenas sabía dónde comenzar. Tomó a su amigo más antiguo de los hombros–. Lo siento tanto, Lunático. Pensaba que tú eras el espía. Si hubiera sabido…
–No Canuto, yo lo siento –respondió Remus–. Debí adivinar el cambio. Debí buscarte a ti, o a Peter, o a Harry…
–No, no, todo es mi… –Sirius se detuvo y comenzó a reír débilmente. No tenía caso discutir ese día–. Míranos, Remus. Ya estás canoso.
–Oye, tú te ves bastante desgastado, Sirius. Finalmente la piel refleja la locura interior.
–Y tú sabes todo sobre eso.
Ambos hombres sonrieron y se abrazaron de nuevo.
Repentinamente, una puerta se abrió en la barrera de niebla y una bruja con cabello rosado saltó dentro.
–Hola, ¿comenzaron la fiesta sin mí?
Sirius sacudió la cabeza.
–No puedo creerlo… ¿en verdad eres la pequeña Nymphadora?
–Sólo Dora si sabes lo que es bueno para ti –dijo con seriedad–. O Tonks. –Andrómeda sacudió la cabeza–. Hace mucho que no los veía –dijo Dora–. ¿Vienen aquí seguido?
–Me sorprende que aún me recuerdes, Dora –dijo Remus.
–¿Cómo podría olvidar ese rostro tan apuesto? –dijo de regreso, guiñando el ojo. Sirius se rió al ver a Remus sonrojarse.
Pero no iba a perder más tiempo. Se acercó al niño con cabello revoltoso que había estado esperando con paciencia durante esa conversación, y se inclinó para estar a la misma altura. De algún modo, ya tenía una mirada más penetrante que Lily detrás de esos lentes. La familia de la niña se acercó un poco más a él.
–Harry… –comenzó. Tragó saliva y parpadeó unas lágrimas–. No se cuánto te hayan dicho, pero… soy tu padrino.
El niño asintió con una máscara de calma.
–Lo sé. –Sirius no estaba seguro de si estaba parpadeando.
–Harry, lo siento tanto… nunca debí de confiar en esa rata. Debí de haber estado ahí para ti. No debiste tener que escuchar todo eso de él. No debiste de ser quien lo capturara… ¡No puedo creer que tú lo atrapaste! ¿Cómo…? Lo siento tanto, Harry. ¿Puedes perdonarme? ¿Puedes perdonar a tu estúpido padrino por echar todo a perder?
Hubo un silencio incómodo. Harry parecía no poder responder. Sirius apenas y notó que estaba de rodillas con sus brazos en frente de él, rogando como un perro. Cuando el silencio de Harry fue demasiado, comenzó a murmurar de nuevo.
–Mírate: En Hogwarts, y un Gryffindor, naturalmente, ¿qué más podrías ser?
Harry finalmente abrió la boca.
–Pues, señor… el Sombrero Seleccionador consideró Ravenclaw.
Sirius ladró una risa.
–Igual que tu madre. Y por favor, llámame Sirius… si quieres, claro…
Harry parpadeó una vez, lentamente, y sonrió.
–Sirius… –dijo, como si diciendo la palabra por primera vez–. Me alegro que no seas un traidor después de todo.
Sirius ni siquiera notó que Harry había extendido su mano ya que lo rodeó con sus brazos y comenzó a llorar. Harry se sintió incómodo al principio, pero se relajó un poco y le dio unos golpecitos en la espalda.
–Y también está esta pequeña –dijo, separándose para estrechar la mano de la niña de cabello castaño–. Harry –dijo con tono pícaro–, si ya tienes una novia…
–¡Qué asco! ¡No! Ella es mi hermana.
Sirius se puso de pie, sintiendo un mareo.
–¿Hermana?
–Adoptamos a Harry hace seis años –dijo el padre de la niña–. Mi nombre es Daniel Granger. Ella es mi esposa, Emma, y nuestra hija, Hermione.
–Adoptaron… –murmuró Sirius mientras también estrechaba sus manos. Era de esperarse, pero no había estado preparado.
–Es una larga historia –agregó Emma.
–Y una que puede esperar hasta que te recuperes un poco –interrumpió Andrómeda–. Harry ha estado muy bien con su nueva familia.
Sirius se preguntó porque actuaba tan evasivamente. Por la barba de Merlín, ¿Harry no había ido a parar con la terrible hermana de Lily? Ahora tenía un dolor de cabeza.
Andrómeda lo tomó de un brazo.
–Deberíamos de irnos –dijo con gentileza–. Remus tomó su otro brazo y lo ayudó a permanecer de pie. Ella hizo a un lado la niebla y comenzó a caminar a la salida. Aunque cuando lo hizo, casi se estrelló contra Ojoloco Moody, quien había estado deteniendo a los reporteros.
–Vamos –dijo él–. Bones y Dumbledore quieren hablar con ustedes. –Con el ruido de su madera contra el piso de piedra, los llevó a la salida donde el Jefe de Magos y la Jefa del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica estaban esperando.
–Lord Potter –comenzó Madame Bones–. Quiero disculparme. Debí advertirle con más detalles lo que habría en el testimonio de Pettigrew.
Harry respiró profundamente.
–Gracias, Madame Bones… pero creo que necesitaba escucharlo eventualmente… aunque quizás no en público, pero me hubiera enterado después de todo, ¿no?
Bones asintió con renuencia.
–Su sobrina habla muy bien de usted, Madame Bones –intervino Hermione–. Apreciamos mucho el trabajo que hace.
El rostro de Amelia Bones se iluminó.
–Gracias, señorita Granger. Me alegra que Susan sea amiga de ambos.
Ya está haciendo aliados, pensó Sirius con una sonrisa mientras recuperaba el aliento. Madame Bones se retiró y Dumbledore se dio la vuelta para hablar con él.
–Sirius, debo disculparme –dijo el mago anciano. Se veía bien después de diez años, aunque obviamente cansado por el día–. Si hubiera prestado más atención a las acciones de Barty Crouch hace diez años, podría haberte salvado de Azkaban.
–No, Albus… –Sirius se detuvo y suspiró. No era bueno seguir discutiendo así–. Todos cometimos errores. Sólo agradezco el tener la oportunidad de estar de vuelta… Harry, si a tus… –No pudo decir padres–. Si a tu familia no le molesta, vamos a almorzar… o cenar… o tomar el té, o… ¿qué hora es?
–No, Sirius, hoy no –lo detuvo Andrómeda–. Vas a ir directo a San Mungo.
–No. Me siento bien. –Se sentía como si estuviera a punto de desmayarse.
–No lo estás. Estuviste expuesto constantemente a dementores por diez años.
–Y ya estoy hablando con enunciados completos.
Ella no lo iba a dejar.
–Sirius, soy una sanadora y tu familiar más cercano, insisto en que pases por lo menos una semana en San Mundo para recuperarte de…
–Al demonio con eso. Quiero conocer a mi ahijado.
–No estás en condición de…
–¿Qué no yo soy la cabeza de la familia?
–Ejem. Creo que yo puedo ser de asistencia –interrumpió Dumbledore. Todas las miradas se dirigieron a él–. El próximo fin de semana está programada una visita a Hogsmeade. Si están de acuerdo, Sr. y Sra. Granger, creo que puedo arreglar una visita especial para que los cuatro se reúnan con Sirius, y tú Remus, si estás interesado, mientras los estudiantes están fuera. Digamos, ¿almuerzo el domingo en las Tres Escobas? Eso le daría a Sirius una semana para recuperarse antes del encuentro. Remus, ¿creo que estás disponible ese día?
Remus asintió. Los niños miraron a sus padres con entusiasmo. Dan y Emma intercambiaron una mirada y aceptaron rápidamente.
–Eso suena agradable –dijo Emma–. Lo esperamos con entusiasmo.
–De acuerdo –dijo Sirius con una mueca, sin querer que su prima notara, a pesar de que se estaba recargando en ella y Remus como apoyo, que sus piernas estaban a punto de rendirse–. Supongo que puedo esperar una semana más. Llévame al hospital… prima Andi. –Se decepcionó cuando Andrómeda no reaccionó al apodo. Siempre le había molestado.
–Prepárense –murmuró y abrió la puerta. Sirius fue cegado por el flash de las cámaras y deslumbrado por los gritos y preguntas ya que parecía que los aurores habían juntado a todos los reporteros afuera de la cámara. La bruja en la túnica verde limón estaba al frente. El grupo intentó empujar para salir, pero había muchas personas y el Ministro de Magia se había colocado en frente de ellos.
–Lord Black, sólo quería disculparme personalmente por el pequeño rol que tomé en su desafortunado encarcelamiento –dijo Cornelius Fudge, estrechando su mano con entusiasmo e intentando salvar su pellejo. Sirius suprimió la urgencia de hacer una mueca. Si el rol de Fudge había sido pequeño, él era un hipogrifo.
–Gracias, Ministro, pero me temo que tengo una cita con una cama en San Mungo en este momento –dijo sin vergüenza.
–Oh, por supuesto, Lord Black. –Fudge lucía un poco decepcionado–. Lord Potter, creo que también le debo una disculpa. Y felicitaciones a usted y su hermana por liberar a su padrino y corregir este error. –Estrechó las manos de los niños para las cámaras. Harry parecía un poco incómodo y murmuró su agradecimiento.
–¿Hay algo que quiera decir a la prensa, Lord Potter? –Un mago en el grupo preguntó.
–Pues… –Comenzó Harry. Miró a Andrómeda, quien suspiró y asintió–. La cosa es… hoy hace seis años mi mamá, mi papá, y mi hermana me pidieron que me uniera a su familia. Incluso ahora, es el momento más feliz de mi vida. Yo… yo nunca pensé en tener alguna conexión más cercana a mis padres que la de mis primos lejanos. Pero hoy conocí a mi padrino, quien es todo menos el traidor que pensé que era, además de a otro gran amigo de mis padres. Así que… aunque fue extraño, no pudiera haber pedido un mejor aniversario.
La multitud soltó exclamaciones de aprecio y respetuosamente comenzó a hacerse a un lado para dejar que Harry y su familia ahora más grande pasara. Sirius sintió unas cuantas lágrimas en sus ojos y se preguntó de dónde había venido ese joven tan considerado. Se parecía más a Lily que a James. Andrómeda y Dumbledore intentaron escoltar a al grupo a través de la multitud sin más preguntas de la prensa, pero fue un camino difícil. Sirius les dijo a todos los que se acercaron que daría una declaración cuando se recuperara, pero justo antes de subir al atrio, vieron a un mago de cabello blanco hasta los hombros y una extraña túnica de color arcoíris se acercó a él. Una niña pequeña lo estaba siguiendo con grandes ojos plateados y tanto cabello rubio que se podía esconder en él.
–Lord Black, Xenophilius Lovegood para el Quisquilloso –dijo el reportero–. ¿Es cierto que en realidad es Stubby Boardman?
La pregunta fue lo suficiente extraña para hacer que Sirius se detuviera.
–¿Stubby Boardman…? ¿El cantante principal de Los Trasgos...? –dijo, inclinando su cabeza–. No lo recuerdo. No creo que mi memoria esté tan mal. ¿Remus?
–Sirius, tu voz es terrible –le recordó su amigo.
–Cierto… No soy yo, lo siento –dijo, dejando a un reportero decepcionado atrás.
