La señorita Li Potter, el señor Squirrel, y la señora Rowling presentan El Animago Accidental.
Notas de la Traductora: Disculpen el día de retraso. No se pueden subir documentos actualmente a la página, aunque encontré una manera de engañar el sistema.
Disfruten!
Capítulo 30
Dan y Emma Granger apreciaron por primera vez la ventaja de tener una conexión privada a Hogwarts a través de la red flu. Aunque era para emergencias, no había nada que impidiera que Dumbledore los dejara usarla como transporte normal. Podrían haber ido al callejón Diagon y viajar hasta Hogsmeade desde ahí, ¿pero por qué molestarse cuando tenían una ruta directa?
Dan y Emma se dieron cuenta al llegar a la oficina de Dumbledore que era una oportunidad única. Muy pocos padres mágicos volvían a ver el castillo después de graduarse, y padres muggles prácticamente nunca lo hacían. Harry y Hermione ya estaban ahí para ayudarlos a ponerse de pie y observaron la oficina del director. Estaba bastante llena, con retratos de antiguos directores llenando las paredes, libros acomodados en donde cupieran, varios instrumentos plateados haciendo ruido sobre mesas pequeñas, y una hermosa ave de color rojo y dorado observándolos con inteligencia desde su percha.
–Ah, buenos días, Sr. y Sra. Granger –dijo el anciano mientras saludaban a Harry y Hermione–. Y bienvenidos a Hogwarts. Me temo que tendremos que saltarnos el tour, con los estudiantes por los pasillos. Yo los acompañaré personalmente a las puertas. Tenemos un carruaje privado reservado para ustedes. Sirius y Remus ya deberían de estar en Hogsmeade.
–Gracias por permitirnos el atajo, Dumbledore –dijo Dan.
–No fue ningún problema. Cuando estén listos… –El director los llevó por una escalera angosta de piedra, pasando por una enorme gárgola hacia el pasillo. Desde ahí, caminaron varias escaleras y pasillos hasta llegar al vestíbulo de la entrada. Dan y Emma no tenían idea de cómo alguien podía navegar ese lugar, pero los estudiantes parecían hacerlo bien.
Desafortunadamente, su presencia atrajo algo de atención. Un Slytherin mayor vio a Harry y Hermione siendo escoltados a través del castillo con dos adultos, incluyendo a una mujer que se parecía mucho a Hermione, e hizo la conexión.
–¿Qué están haciendo aquí? ¡Los muggles no pueden estar en el castillo!
Pero el muchacho se detuvo y se acobardó al sentir la mirada severa de Dumbledore.
–Todos los padres de nuestros estudiantes son bienvenidos a visitar la escuela con invitación de un miembro de la facultad, Sr. Jugson –dijo con tono de advertencia. El muchacho dio un paso atrás–. No es sabio el saltar a conclusiones tan serias.
Jugson se dio la vuelta y se alejó con prisa.
–Mis disculpas –dijo Dumbledore–. Creo que ya han presenciado algunos de los terribles prejuicios en nuestro mundo.
Continuaron en silencio hasta que pasaron el viaducto y la galería para llegar a los terrenos. El inconveniente sendero que conectaba a la estación de carruajes había sido diseñado de ese modo cuando el castillo también era un centro político, además de una escuela. Todas las visitas tenían que pasar por las partes más llamativas del castillo para llegar a lugares importantes, como el gran comedor y la oficina del director. En tiempos modernos, eso era socavado por el hecho de que casi todos los magos y brujas en Gran Bretaña vivían ahí por siete años, y que la escuela ya casi no recibía visitantes.
Y sí, había un carruaje esperándolos, a una corta distancia del resto de los otros carruajes que estaban llevando a los estudiantes a Hogsmeade… un carruaje que aparentemente se movía sólo, excepto…
–¿Qué son esas cosas? –dijo Dan deteniéndose de golpe.
–¿Qué son qué? –respondió Emma.
–Lo que lleva el carruaje.
–¿Qué? –dijeron Emma, Hermione, y Harry al mismo tiempo.
–Dan, no hay nada llevando a los carruajes –agregó Emma.
–Sí. Hay unos caballos-dragones o lo que sea.
–Thestrals, Sr. Granger. –Todos saltaron cuando Dumbledore habló–. Criaturas únicas e incomprendidas. Sólo pueden ser vistas por aquellos que han visto la muerte con sus propios ojos. –Los ojos de Dan se abrieron más mientras procesaba los hechos–. Por esta razón, y por su dieta carnívora, son considerados peligrosos y de mala suerte por muchos magos, pero les aseguro que los nuestros están domados… como caballos. –El anciano les sonrió de manera extraña–. Pueden acariciarlos, si quieren.
–¿En serio? –dijo Dan, pero se acercó con cautela al carruaje. Evitando las alas delgadas de la bestia, recordó su limitada experiencia con caballos y acarició el hocico escamoso e invisible.
Si Emma Granger no supiera lo contrario, pensaría que su esposo se había vuelto loco, acariciando a un animal al que no podía ver. De hecho, considerando la información que acababa de compartir Dumbledore, no estaba lista para rechazar el pensamiento.
–¿En verdad hay algo ahí, Dan? –dijo.
–Sí, ven –dijo con voz suave. Ella se acercó y él tomó su mano con gentileza y la colocó sobre una superficie cálida y escamosa que lucía como aire.
–¡Ah! –Dio un salto atrás por la sorpresa. Se escuchó su relinche mientras el thestral también se alejaba, causando que Harry y Hermione también saltaran, pero Dumbledore tenía razón cuando dijo que estaban domados. Después de que todos los Granger tomaron su turno acariciando al animal, subieron al carruaje con Dumbledore y fueron llevados por el sendero hacia Hogsmeade.
Las Tres Escobas era una posada de aspecto rústico, llena de personas, humo, y ruido. Pero la multitud se hizo a un lado de inmediato para dejar pasar a Dumbledore, incluso antes de que vieran quien caminaba detrás de él. Rápidamente llegaron al bar, y una mujer de aspecto formidable vestida con varias pieles se acercó a ellos con una mirada amable.
–Buenos días, director. ¿Todo bien? –dijo la mujer–. Estos dos parecen muy jóvenes para venir aquí –dijo señalando a Hermione y Harry.
–Una reunión familiar especial, mi querida Rosmerta –respondió Dumbledore–. Necesitarán un cuarto privado para seis.
–Oh, bien, ahí están.
Se dieron la vuelta y vieron a Remus Lupin y Sirius Black en la entrada.
Sirius lucía mucho mejor después de una semana en San Mungo. Aún estaba bastante delgado y se recargaba en Remus, pero estaba limpio, su cabello peinado, el color había regresado a su rostro, y el brillo de vida en sus ojos era mucho más brillante. Incluso en su débil estado, lucía mucho más apuesto que durante el juicio… y con mucha más energía.
–¡Harry! –dijo el hombre mientras se lanzaba adelante para abrazar a su ahijado. El niño parecía estar listo, a pesar de la escena pública, pero terminó dando golpes leves a Sirius en la espalda con algo de incomodidad–. Harry… –repitió mientras se separaba–. Es sorprendente. Te pareces tanto a tu papá, excepto…
–Con los ojos de mi madre –dijo Harry al mismo tiempo que Hermione decía: "Con los ojos de su madre."
Sirius lanzó una mirada a los dos y ladró una carcajada.
–Todo mundo ha de decir eso, ¿verdad?
–Sólo los que los conocieron –dijo Harry.
–Buenas tardes, Sr. Black –dijo Dan estrechando la mano del hombre más joven.
–Por favor, llámame Sirius. Ya me siento lo suficiente viejo con todas las pociones que me dan. –Sirius terminó de saludar a la familia, y después lanzó una mirada al bar–. Rosmerta, ¿aún estás a cargo? –dijo.
–Veo que ya regresaste nada más para darme problemas –dijo Rosmerta con una sonrisa–. Debería esconder el whiskey de fuego. ¿Vienes por tu trago usual?
–Por mucho que me gustaría, no creo que mi hígado lo aguante en este momento –dijo Sirius con tono pesaroso. Aún sonaba un poco como que le costaba encontrar las palabras–. Danos el especial del almuerzo para seis y seis cervezas de mantequilla en un cuarto privado.
–Enseguida. Vayan por el pasillo, hasta el fondo.
Unos minutos después, Sirius, Remus, y los Granger estaban sentados alrededor de una mesa decorada en el último cuarto, Rosmerta les dejó sus bebidas, y Dumbledore se retiró por la tarde, prometiendo un carruaje para llevarlos de regreso.
–¿Qué es la cerveza de mantequilla? –preguntó Emma con sospecha mientras examinaba la botella.
–Oh, no te preocupes, sólo tiene dos por ciento de alcohol –dijo Sirius tomando un trago–. Nadie sano bebe lo suficiente para sentirlo.
–Una categoría que no lo incluye a él –agregó Remus–. Pero sabe muy bien.
–De acuerdo, ustedes dos, sólo una –dijo Emma a los niños con renuencia.
–Ah… aún me parece un sueño… –dijo Sirius después de tomar otro trago de su cerveza–. Parece sólo ayer que estabas aterrorizando al gato en tu escoba de juguete, Harry, y ahora vuelas una de verdad, por lo que he escuchado.
Harry sonrió. El juicio había desviado su atención de la victoria en quidditch, pero el equipo lo había felicitado de nuevo durante la práctica siguiente.
–Así es –dijo.
Sirius sacudió la cabeza maravillado.
–El Niño Que Vivió, sensación de quidditch, y una Orden de Merlín en camino… tenemos tanto de que ponernos al corriente… –Una expresión dolorosa atravesó su rostro–. Mira, hay algo que quiero que sepas primero... Harry –dijo con solemnidad–. Andrómeda me dijo que Dumbledore te envió a vivir con tus tíos después de… bueno, al principio…
–Ella quería que lo escuchara de ti –explicó Remus–, pero Sirius fue tan terco como un perro. –Sirius sonrió y, para la sorpresa de todos, también Harry.
–Lo único que se de la hermana de Lily es que era una persona terrible que odiaba la magia –continuó Sirius lentamente–. No puedo imaginarme que fuera un lugar agradable para ti.
Harry sacudió la cabeza.
–No, no lo fue –dijo en voz baja.
–No sé porque Dumbledore te envió ahí. Fue él, ¿no es así?
Los Granger asintieron.
–Algo sobre barreras de sangre –dijo Dan–. Pero no hicieron que los Dursley fueran buenas personas.
–¿Así que te corrieron? –preguntó Sirius a Harry.
–No, yo, eh… me fui.
–¿Te fuiste...? –dijo Sirius con sorpresa–. ¿Cuando tenías, qué, cinco años? –Harry asintió–. Harry, ¿te golpearon? –dijo con aspereza.
Harry titubeó, hasta que se dio cuenta que eso sería igual de revelador.
–Dos veces –admitió–. La segunda vez fue cuando escapé. –No les diría sobre la alacena si podía evitarlo.
Remus lucía molesto, pero Sirius, en su estado inestable, dejó salir un gruñido animal.
–Voy a matarlos.
–Ey, tranquilo, Sirius –dijo Harry levantando sus manos. Dan y Emma soltaron exclamaciones similares, y Hermione dejó salir un leve grito–. Acabas de salir de la cárcel. No necesitas regresar a una.
–Son muggles, ¿no? Nadie me atrapará –insistió Sirius.
–No, quiero decir que tendrías que ir a una prisión para hacerlo –aclaró Harry. Sirius lo observó con sorpresa–. Tía Petunia no saldrá por otros tres años. Tío Vernon en cuatro.
El hombre continuó mirándolos con confusión.
–Creo que descubrirás que nuestro sistema legal es bastante competente, Sirius –dijo Dan.
Sirius comenzó a reírse de nuevo.
–Ya se hicieron cargo de eso… –dijo–. Lo siento, supongo que me dejé llevar. Nada de eso debió de haber pasado.
–El pasado está en el pasado, Sirius –le recordó Remus–. Andrómeda nos dijo lo buena que es la nueva familia de Harry.
Sirius respiró profundamente y asintió.
–Quiero agradecerles por cuidarlo tan bien.
–Es nuestro placer –dijo Emma–. Harry es un hijo maravilloso.
–No lo dudo –sonrió Sirius. Levantó su botella–. ¡Por la familia!
–Por la familia –repitió el resto de la mesa.
–¿Cómo fue tu semana en recuperación, Sirius? –preguntó Emma ahora que ya se habían relajado.
–Silenciosa. Sólo podía hablar con Remus y los Tonks. Andrómeda comenzó a bloquear mi correo para no ser asaltado por lechuzas, aunque de algún modo el tipo del Quisquilloso logró que me llegara una carta a mi cuarto de hospital preguntándome si estaba seguro de que no era Stubby Boardman. No tengo idea de que estaba hablando.
–Hablé con Andrómeda –dijo Remus–. Aparentemente, Xenophilius Lovegood perdió a su esposa hace un año, y ya era un poco diferente entonces, así que no se lo ha tomado bien.
–Oh, eso es terrible –dijo Emma–. ¿Él era el de la túnica arcoíris? Creo que tenía una niña pequeña con él.
–Sea como sea, puedo atestiguar personalmente a la terrible voz de Sirius, así que no debería de haber más confusión.
–Cierto. Ahora, suficiente sobre mí –dijo Sirius juntando sus manos–. Quiero escuchar todo sobre tu vida en el mundo muggle, y lo que has estado haciendo en Hogwarts este año.
–Ah, bueno, esa es una larga historia –dijo Dan–. Todo comenzó el 9 de noviembre de 1985…
Y así, Harry y su familia se tomaron turnos contando a su padrino y tío honorario todo lo que había ocurrido desde que se había aparecido en su pórtico… sólo dejando de lado la forma en la que se había aparecido. Sirius y Remus intercedieron con la ocasional anécdota sobre sus días de escuela. Después de los primeros minutos, Rosmerta había llegado con sus almuerzos, pero la conversación continuó por mucho tiempo después.
–Esperen un momento –dijo Remus cuando llegaron al final de 1987–. ¿Dijeron que comenzaron a enseñarse por sí solos magia sin varita?
–Sí –dijo Hermione–. Nos tomó un tiempo, pero somos bastante buenos.
–¿En serio? –respondió Sirius–. ¿Qué tan buenos?
–Pues… –sonrió–, este es uno que encontré la semana pasada. –Hermione cerró sus ojos y elevó su mano derecha. Comenzó a susurrar para sí misma, con más y más intensidad, repitiendo el hechizo. Repentinamente, sus ojos se abrieron de golpe–. ¡Lacarnum inflamari! –gritó, y al instante, una bola de fuego azul apareció sobre su palma.
–¡Qué…!
–¡Dios…!
–¡Demonios!
–¡Por las prendas de Merlín…! –Remus le dio un codazo a Sirius. Ambos magos lucían maravillados, mientras que Dan y Emma estaban más preocupados porque su hija estaba jugando con fuego con sus manos.
–Eh, ¿Hermione…? –comenzó Emma–.
–Es el encantamiento de la llama azul –explicó ella–. Se siente como agua caliente, excepto que la parte de arriba es lo suficiente caliente para hervir agua. Y como no es tan caliente, puede quemar todo el día sin combustible. Toma… –Con cuidado pasó la llama a la palma de su madre, quien la estudió como a un animal pequeño del que no estaba segura.
–Eso es increíble, Hermione –dijo Remus con una sonrisa–. ¿Supongo que es detectada como magia accidental por la traza? –Hermione asintió.
–Harry, ¿puedes hacer eso? –preguntó Sirius.
–No aún, pero ya he dominado la mayoría de los encantamientos de primer año. –Y procedió a cortar un trozo de carne y ponerlo en su boca, todo sin tocarlo.
Sirius se rió.
–Lunático, creo que estoy soñando de nuevo. Eso es sorprendente, Harry. Tu madre se enseñó un poco antes de comenzar la escuela, pero nada a ese nivel.
–Bueno, creo que comenzamos temprano –dijo Harry con una sonrisa.
Los niños comenzaron a explicar sobre su régimen de entrenamiento que los había ayudado los últimos cuatro años, junto con otras partes memorables de sus vidas. Los platos habían estado vacíos por un tiempo cuando llegaron al tema de Hogwarts y describieron sus clases. Sirius no estaba contento sobre una de esas.
–¡Qué! ¡Quejicus está dando clases! –gritó. Todos los Granger saltaron.
–Canuto, cálmate –lo regañó Remus–. Dumbledore lo contrató cuando terminó la guerra. Aparentemente, fue un espía para la luz. No fue una decisión popular, lo admito.
–¿No fue popular? No puedo imaginarme a ese "hombre" siendo capaz de enseñar a niños. Harry, si te da problemas, conozco el hechizo perfecto…
–Espera –dijeron Dan y Emma interrumpiéndolo.
–No permitiré que digas a mis hijos que usen magia contra un maestro. No sé qué pleito tienes con él, pero espero haberles enseñado a demostrar respeto –continuó Emma.
–Lo siento... –dijo Sirius agachando la cabeza.
–Fuimos a la escuela junto con Severus Snape –explicó Remus–. Él estaba en Slytherin y… tuvimos varias peleas. No nos agradaba, y nosotros a él tampoco…
–Él y James se odiaban –agregó Sirius–, y sé que sabe guardar resentimiento. No sé si ha intentado lastimarte, pero yo tendría cuidado a su alrededor, Harry.
Hermione lanzó una mirada a Harry que parecía decir ¿ya ves?
–No lo sé, nunca se ha portado peor conmigo que con los otros Gryffindor –respondió Harry.
–Bueno, esperemos que siga así, pero estoy seguro de que no estará contento de que estés en contacto con nosotros.
–Sí parecía más molesto de lo normal ayer en clase –notó Hermione.
–Ha de haber sido por el partido de quidditch.
–Sí, pero sabes lo que ocurrió ahí.
–Aún no sabemos…
–¿Qué ocurrió durante el partido de quidditch? –preguntó Sirius.
Harry suspiró y se debatió si decir algo.
–Durante el partido de quidditch, los encantamientos de control y de freno en mi escoba no funcionaron bien. Casi me estrellé –dijo. Ambos magos lo observaron con terror–. Hermione piensa que quizás fue Snape. Pero creo que fue Quirrell, el profesor de Defensa, o quizás un Slytherin con un artefacto oscuro o algo.
Dan y Emma los observaron. Esa información era nueva para ellos.
–No lo sé, no lo dudaría de Snape –gruñó Sirius–, aún si sólo fue para ganar el partido y no para lastimarte. Sabía mucho sobre las artes oscuras, incluso durante la escuela.
–Pero también hay que pensar sobre el mensaje que me dio –dijo Harry.
–¿Qué mensaje?
Explicó sobre el mensaje codificado en el lenguaje de las flores y sus ideas sobre su significado.
–Lily –dijo Remus–. Es la única explicación. Fueron buenos amigos por mucho tiempo, hasta que tuvieron una gran pelea en sexto año. Intentó disculparse después, pero ya estaba muy involucrado con los sangre pura y las artes oscuras. Conociéndolo, quizás nunca la superó…
–Harry –Dan intentó regresarlos al tema–. Si piensas que alguien está usando magia en tu contra… –Sirius asintió, pero parecía que no confiaba en sus palabras.
–La profesora McGonagall y Madame Hooch ya lo están investigando.
–Bien –dijo Remus–. También podrías preguntar al profesor Flitwick. Pero creo que si te sientes cómodo alrededor de Snape, eso es suficiente para nosotros por el momento. ¿Verdad, Sirius?
Sirius gruñó de nuevo.
–Sólo ten cuidado. ¿Y qué más ha ocurrido?
Le contaron sobre sus amigos y sobre cómo iban sus clases. Hermione era la mejor en todo menos Defensa, donde Harry era un poco mejor, y Pociones, donde Malfoy lo era. Harry tenía buenas calificaciones en todo y era el segundo mejor en Encantamientos y Transformaciones. Ambos habían logrado ponerse al corriente en Encantamientos, a pesar de haber tenido que comenzar en dirección opuesta al resto de sus compañeros y tener que trabajar más. Harry también mencionó las conexiones que había hecho con los otros niños de familias prominentes y la rivalidad creciente con Nott y Malfoy. Nada de eso sorprendió a Remus.
–Por cierto, ¿alguno de ustedes conoce a alguien llamado Nicolas Flamel? –preguntó Hermione.
Sirius movió su cabeza de lado, similar a como lo hace un perro.
–Suena familiar, pero no recuerdo de dónde. ¿Por qué?
–Dumbledore tiene a un cerbero encerrado en el castillo protegiendo algo para alguien llamado Nicolas Flamel.
–Eso es extraño, incluso para él.
–Pensamos que es lo mismo que intentaron robar de Gringotts este verano –dijo Harry.
–Pues, no recuerdo nada tampoco, lo siento –respondió Sirius.
Los Granger continuaron, terminando con una descripción detallada del partido de quidditch.
–Y el resto ya lo saben –dijo Hermione después.
–Harry, me hace tan bien el verte tan bien. Sólo quisiera haber podido estar ahí para verlo –dijo Sirius.
–Yo igual –agregó Remus–. Pero ya estamos aquí, si es que nos quieres.
–Pues, no podemos rechazarlos –dijo Dan con una sonrisa–. Y por lo que nos han dicho, Sirius técnicamente aún es el padrino de Harry.
Sirius sonrió.
–Y uno muy bueno de ahora en adelante, lo prometo. Pero Harry, quiero que saber cómo lograste atrapar a la rata sin saber quién era. Cuando Amelia Bones dijo que tú lo encontraste, estaba seguro de que Remus te había dicho que lo buscaras.
–Lo cual, por supuesto, no hice. Lo que yo quiero saber es como lo espantaste tanto durante el juicio. Lucía aterrorizado, incluso considerando que es una rata.
Harry se mordió el labio y se movió en su asiento con incomodidad. En verdad quería responder, pero no podía, por obvias razones. Aún tenía la sensación de que era importante. Se dio la vuelta para mirar a su familia.
–Mamá, papá, ¿puedo decirles? –dijo en un susurro.
–¡Qué! –dijeron con terror.
–Bueno, él es mi padrino –susurró de nuevo.
–Se supone que no puedes decirle a nadie –dijo Emma.
–Ya hasta Ron está involucrado –agregó Hermione.
Remus había escuchado parte de la discusión con su buen oído.
–Miren, si es algo que tienen que mantener secreto, lo entendemos. –Sirius asintió con renuencia.
Dan y Emma comenzaron a decir que la decisión estaba tomada, pero Harry lo intentó de nuevo. Lanzó una mirada a Sirius.
–Por favor. Él también es uno.
Eso hizo que los Granger se detuvieran.
–¿Qué? Harry, ¿estás seguro? –susurró Dan.
–Bastante.
Dan lanzó una mirada a ambos hombres.
–Miren, nosotros, eh, podemos hablar sobre esto, pero en verdad necesita permanecer secreto…
Ante eso, Sirius elevó su varita y la encendió.
–Honor de merodeador. –Remus rápidamente repitió el gesto.
–¿Disculpa? –dijo Dan.
–Los merodeadores –dijo Sirius–. Así nos llamábamos… nosotros dos, James, y la rata. Los mejores bromistas de nuestra generación. Éramos mejores amigos entonces, y sin importar el número de bromas entre nosotros, el honor de merodeador era sacrosanto, por lo menos hasta que la rata… bueno.
Dan y Emma se susurraron un poco más, pero eso pareció ser suficiente para ellos, si es que mantendrían el secreto por honor al padre biológico de Harry. Asintieron con renuencia.
–Gracias mamá, gracias papá… Así es como. –Harry asintió y se empujó atrás con sus manos, y un momento después, un gatito blanco con negro saltó a la mesa.
Remus se hizo atrás con tanta fuerza que su silla tambaleó.
–¡Por las malditas gárgolas galopantes de Merlín! –dijo mientras intentaba decidir qué decir.
Sirius sólo se sentó con la boca abierta por tanto tiempo que los Granger pensaron que había sido paralizado. Después, se pellizcó a sí mismo, y comenzó a reírse histéricamente, golpeando la mesa con su puño.
Tomó un tiempo para que los dos hombres recuperaran el sentido. Harry se transformó de vuelta a humano y se sentó en su silla.
–Harry James Potter –tartamudeó Sirius–, si tu padre pudiera verte ahora, estaría muy orgulloso. ¿Cómo en el nombre de la magia lograste convertirte en animago a los once cuando nosotros no pudimos hasta los quince?
–Eh… cinco, de hecho –dijo Harry algo avergonzado, para recibir miradas aún más sorprendidas–. Creemos que fue magia accidental… Así es como escapé de los Dursley.
–¿Accidental? –dijo Remus sin poder creerlo–. ¿Eso es posible?
–Pues, así fue… Y el sombrero seleccionador dijo que lo ha visto dos veces antes, pero no dijo quién.
–Y nosotros pensando que sólo eras un jugador de quidditch famoso. De hecho, ahora que lo pienso… –Sirius hizo una mueca mientras intentaba recordar–. Cuando lo estábamos aprendiendo, creo que leímos una leyenda sobre cómo Morgana le Fey fue una animaga desde su nacimiento. Dudo que eso sea cierto, pero aun así, quizás fue una.
–Quizás –dijo Hermione con una sonrisa–. Tendremos que investigarlo. Sería genial si podemos encontrar algún registro.
–Así que, ¿dijeron que los cuatro fueron animagos? –preguntó Emma.
–No, yo no –dijo Remus con incomodidad–. No todos pueden hacerlo. Pero los otros tres…
–Comenzamos a aprenderlo nuestro segundo año –dijo Sirius. Hermione se aseguró de prestar atención–. Terminamos en quinto. Colagusano… Peter… es una rata, como saben. James era un ciervo. Lo llamábamos Cornamenta. –Hizo un gesto con sus manos de algo que parecían astas–. Y yo…
–Eres un perro, ¿no? –dijo Harry.
Sirius lo miró con sorpresa, pero sonrió, elevó sus piernas, y se transformó en un perro negro y grande sentado en su silla, provocando un grito de sorpresa por parte de los Granger. Harry logró no temblar. Ladró una vez y se transformó de vuelta.
–¿Cómo lo supiste?
–Era algo obvio, por la manera en la que estabas rogando el domingo. Además, la manera en la que te ríes es como si estuvieras ladrando. Y esa broma sobre un perro.
–Tendré que tener más cuidado con eso –respondió el hombre perro–. No estoy registrado, y supongo que tú tampoco. De todos modos, yo era Canuto. Remus era Lunático –agregó sin dar explicación–. Pero tú, Harry, ¡un gato! Quiero decir, hubiera esperado un ciervo, pero aun así, es perfecto. Harry, si alguna vez ves a la rata de nuevo, cómetela.
–Harry, no comemos personas –dijo Emma con rapidez–, aún si son malas.
–Habla por ti –dijo Sirius. Remus lució un poco incómodo por un momento, pero Sirius continuó–. Sabes, tenemos que darle un nombre de merodeador, Lunático. No podemos mantenerlo fuera ahora que tiene forma animal, especialmente después de que se deshizo de la rata.
–Cierto, Canuto –dijo Remus–. ¿Qué tienes en mente?
Ambos hombres se acercaron y hablaron en susurros por un minuto, lanzando miradas ocasionales a Harry. Cuando regresaron su atención a él, Sirius sacó su varita y golpeó a Harry en el hombro.
–Por el poder que me ha sido otorgado como el merodeador de edad mayor, yo, el Sr. Canuto, te declaro Sr. Raticida, Hijo de Cornamenta. Usa tu poder sólo en aquellos que merezcan problemas.
–Hay que mantener los problemas al mínimo –lo contradijo Emma–. Ya hemos tenido suficientes por un año.
–No hay nada de malo en algo de diversión, Emma –se quejó Sirius.
–Además, honestamente, siendo el hijo de Cornamenta, no puedo imaginarme que no se meta en algo que no le incumbe antes de Navidad –sugirió Remus.
–Creo que nuestros niños ya llenaron su cuota –dijo Emma.
Nadie habló por un momento, un silencio incómodo llenando el cuarto, hasta que Dan los salvó.
–Esperamos verlos en Navidad –dijo–. Estaremos en la ciudad, hablando mágicamente. Iremos a ver la obra de teatro de Navidad del Teatro Diagonal.
–Oh, cierto –dijo Sirius–. Andrómeda mencionó algo sobre eso. ¿Qué es todo ese asunto?
–Hemos hablado con la bisnieta de Lord Brocklehurst, Mandy, y ella la recomendó –dijo Harry–. Será El mago y el cazo saltarín.
Sirius lucía perplejo.
–¿Es en la que el cazo saltarín salva al mago de un grupo de muggles comiéndoselos?
–Aparentemente, esa es una versión más nueva –explicó Hermione–. La original es sobre ayudar a muggles. Andi leyó el guion y piensa que será muy buena.
–Ah, en ese caso, me aseguraré de estar ahí… –lanzó una mirada a Remus–. De que estemos ahí. –Había aprendido durante los años en confiar el juicio de Andrómeda.
Dan susurró algo a Emma y, después de una breve discusión, ella asintió con una sonrisa.
–Saben –dijo ella–. Sirius… y Remus… recordamos lo maravilloso que fue darle a Harry su primera Navidad hace seis años. Pensamos que sería ideal si ambos nos acompañaran a pasar la Navidad este año para que la compartan con Harry y Hermione. Y, honestamente, ambos lucen como si necesitaran pasar una buena Navidad.
Ambos niños estaban temblando con entusiasmo. Remus sonrió débilmente, pero la sonrisa de Sirius era enorme, con unas cuantas lágrimas.
–Eso es muy generoso de ustedes, Emma, Dan –dijo–. Nos encantaría estar con ustedes. ¿Verdad, Lunático?
–Si no es un problema –dijo Remus con una mirada dudosa–. Supongo que tienen más familia.
–Sólo mis padres –dijo Dan–. Y no les importará. Les encantará ver más magia.
–¿Les dijiste a tus padres…? Lo siento, no soy experto, pero no creo que esté permitido eso.
–Técnicamente, no, pero lo que el Ministerio no sabe no le duele.
Sirius sonrió exageradamente.
–Que rebeldes. Así que sí pueden manipular las reglas. Me alegro que Harry encontrara a alguien que continúe la tradición.
–¡Ja! ¿Manipular? –dijo Remus.
–Sabes lo quise decir. Muchas gracias a todos.
–Un placer, Sirius. ¿Los veremos pronto? –dijo Emma–. La mañana de Navidad a las ocho.
Sirius asintió, pero Remus parecía no estar seguro.
–¿Hay algún problema? –Emma notó su expresión–. Si ya tienes planes…
–No… no… es sólo… Pues, es mí…
–¿Tu pequeño problema peludo? –sugirió Sirius.
Remus lo miró con molestia por un momento.
–Sí… –respondió y bajó la cabeza.
–Lo siento, ¿cuál es el problema? –dijo Emma.
Remus dudó de nuevo, pero explicó algo nervioso:
–Bueno, supongo que tienen el derecho a saberlo. Preferiría que no se lo contaran a nadie más, pero… –respiró profundamente–. Sufro de una enfermedad crónica… la cual no es peligrosa mientras sea manejada con precaución, pero que requiere que sea encerrado lejos de otras personas una vez al mes.
Los Granger lo observaron con confusión. Sus palabras eran extrañas. ¿Por qué había dicho "peligrosa" y no "contagiosa"?
Viendo sus expresiones, Remus tomó otro gran respiro.
–Es… es… licantropía.
–¿Licantropía…? –dijo Dan–. ¿Quieres decir que eres un hombre lobo?
–Sí… así es. –Se preparó para la reacción inevitable… incluso personas que no tenían problemas con los hombres lobo a nivel intelectual reaccionaban con miedo y asco en presencia de uno… pero nunca llegó. Incluso los niños lo miraban sin expresión alguna.
–¿Quieres decir… luna llena, balas de plata, y todo eso? –preguntó Dan–. Por supuesto… Lunático.
Remus estaba atrapado entre una sonrisa y un gruñido. Aparentemente no habían leído mucho sobre el tema.
–La bala de plata es un mito –dijo–. No hace nada, de hecho. Pero sí, en las noches de luna llena cada mes, me transformo en algo similar a un lobo grande con un hambre insaciable por carne humana. Y es en ese momento que yo… que la enfermedad, o maldición, es contagiosa.
–Fui mordido cuando era un niño. Fue sólo por la extraordinaria intervención de Dumbledore que pude atender Hogwarts. Los hombres lobo son considerados… peligrosos. Y durante la luna llena, es desafortunadamente bastante correcto. En el pasado, iría a un lugar lejano lejos de las personas y me encerraba. –Bajó su voz instintivamente–. Durante nuestros días en la escuela, ese lugar era la casa de los gritos en las afueras de la aldea. Sin embargo… Sirius, tú no sabes esto, pero en 1984, una poción fue creada que me permite mantener mi mente humana durante la transformación.
Sirius se atragantó y casi escupió su cerveza de mantequilla en la mesa.
–¿En verdad? –dijo, tosiendo.
–Así es.
–Remus, ¡es maravilloso! ¡Cada vez más cerca de una cura! –dijo, luciendo como si Navidad hubiera llegado antes y abrazó a su amigo.
–Eso espero –dijo el hombre lobo con una leve sonrisa–. Con la poción matalobos, puedo encerrarme en un cuarto durante la luna llena. Es mucho más seguro y menos doloroso… cuando puedo pagarla, claro. La poción es cara y difícil de preparar.
–Lunático, nunca más te tienes que preocupar por eso –dijo Sirius con firmeza–. Yo pagaré por lo que necesites.
–No tienes…
–No me rechaces, Lunático. Cualquiera con ojos puede ver que esto es lo mejor que te ha pasado en diez años y de ninguna manera permitiré que no lo tengas.
–De acuerdo, de acuerdo, puedo ver que no me dejarás decirte que no, Canuto. De cualquier modo, entiendo si Navidad es un problema –dijo Remus con voz baja.
–Pues, ¿cuándo es la luna llena…? –comenzó Dan.
–El 21 de diciembre.
–Oh, bueno, está bien, entonces.
–¿En serio? ¿No tienen un problema con…? –dijo Remus a pesar de sí mismo.
–¿Por qué no? Tú dijiste que sólo es peligroso durante la luna llena.
–Sí, así es. Es sólo que la mayoría de los magos… pues, tienen miedo.
Dan se rio ante eso.
–Remus, hace seis años adoptamos a un niño sabiendo perfectamente que era un blanco para magos oscuros. Hombres lobo apenas y registran. No tenemos ningún problema de que seas nuestro amigo.
Remus sonrió. Era extraño encontrar aceptación en el mundo mágico. Pero por supuesto, la única persona de la que quería escuchar algo había estado observando en silencio todo eso.
–¿Harry…? –Lo miró, pero sus palabras le fallaron.
Harry parpadeó, y después sonrió. Pudo ver los rasgos felinos ahora que sabía que buscar.
–Remus, soy un gato, mi padrino es un perro, y mi prima cambia de forma –dijo Harry–. ¿Por qué no sería amigo de un hombre lobo?
–Sin mencionar –agregó Hermione–, que tenemos un amigo que es un semi-gigante, una maestra que es una gata, otro que es mitad duende, y otro que está muerto. Mi papá y Harry tienen razón. Ser hombre lobo no debería de importar.
Remus tembló y comenzó a llorar por primera vez. Se acercó y abrazó a ambos niños.
–Harry, no tienes idea de lo orgullosos que estarían James y Lily. Puedes ignorar prejuicios y encontraste a una familia que puede hacer lo mismo. Eso es maravilloso. Me encantaría pasar Navidad con ustedes.
Remus se recuperó sintiendo que la conversación estaba llegando a su fin y el grupo comenzó a recoger sus platos y botellas.
–Permanezcan en contacto –ordenó Sirius–. Quiero escuchar todo sobre sus aventuras mágicas, eh... ¿cachorrita? Y de ti también, eh… gatito.
Harry se rio de los apodos de último momento. Hermione lucía menos entusiasmada, pero no dijo nada.
–Será bueno si pudiéramos mostrarles lo que estamos haciendo –gruñó Harry.
–Sí, no es justo que no podamos usar nuestras varitas fuera de la escuela –agregó su hermana.
–Oh, pueden usarlas en mi casa –dijo Sirius–. El Ministerio no supervisa los hogares mágicos. No pueden saber quién realizó el hechizo, así que cuentan con los padres para mantener a sus hijos en línea… aunque muchos sangre pura no lo hacen.
–¿Qué? ¡Eso no es justo! –saltó Hermione.
–Ese es el punto. Adivina quien escribió la ley.
–Pues, justo o no, no me siento cómoda con eso –dijo Emma–. Me sentiría mejor si pudiéramos mantener la legalidad.
–Bueno, si tú insistes, creo tener una idea sobre eso –dijo Sirius–. Remus, ¿alguna vez obtuviste esa maestría en Defensa?
Remus sonrió.
–Así es.
–Eso lo hace fácil. Pueden contratar a Remus como tutor privado y llamarlo lecciones de Defensa. Por lo que he escuchado, nadie cuestionaría eso del gran Harry Potter. –Harry sacudió la cabeza–. De ese modo, los niños pueden demostrar lo que han aprendido y aprender algo más.
–Oh, eso sería maravilloso –exclamó Hermione–. Por favor, ¿podemos? ¿Mamá? ¿Papá?
–Sí, ¿podemos? Hemos querido empezar a aprender a defendernos con magia –les recordó Harry.
–Creo que es una idea excelente –les dijo Dan–. No estábamos muy felices de tener que esperar cinco años y medio para ver lo que nuestros hijos están aprendiendo, sin contar la magia sin varita.
–Genial –dijo Sirius mientras salían del cuarto, escuchando el ruido de las Tres Escobas–. De hecho, ¿por qué no se quedan en mi casa durante la semana entre Navidad y Año Nuevo? Es lo menos que puedo hacer por mi ahijado, especialmente después de que nos han invitado a su hogar.
Dan y Emma querían recordarle a Sirius que sólo los habían invitado a él y a Remus por un día, pero lo reconsideraron. Después de todo, los Tonks habían hecho lo mismo por ellos.
–Creo que puede funcionar. ¿Dónde te estás quedando?
–Pues, al principio pensaba deshacerme de todo y buscarme mi propio hogar… un apartamento en Londres y eso. Nunca quería poner pie de nuevo en mi casa después de ser desheredado por mi familia. Pero Andrómeda habló conmigo, y estoy seguro que saben que es difícil negársele, y logró convencerme de que la mejor venganza sería deshacerme de siete siglos de magia oscura y pureza de sangre y cambiarlo todo… aceptar mi lugar y convertir a la familia Black en una familia de la luz, limpiando completamente la Casa, todo. Así que eso haré… el hecho de querer regresar a la familia probablemente tuvo algo que ver.
Remus se rio. Andrómeda Tonks era tranquila la mayoría del tiempo, pero tenía la manera de obtener lo que quería.
–También podría desheredar a Narcissa, pero Lucius Malfoy es más rico que yo, así que no hará diferencia. Sí expulsaré a Bellatrix. Y agregaré a Dora al árbol genealógico. El tener a una mestiza en el tapiz de la familia hará que mi madre se revuelque en su tumba. –Sirius ladró su risa ante las miradas dudosas de los Granger–. De cualquier modo. Es el número 12 de Grimmauld Place en Londres… pero no lo encontrarán. No es detectable. Sólo busquen por el número 11. –Después, se dio la vuelta y se dirigió a su amigo en ropa harapienta–. Y Lunático, insisto que vengas a vivir conmigo.
Sin ser notado por ambos, dos jóvenes pelirrojos sentados en el bar se atragantaron con sus cervezas de mantequilla y se dieron la vuelta.
–¿Lunático? –susurraron.
–Sirius, no puedo.
–Tonterías. Es lo menos que hubiera hecho James por ti, y que hizo por mí.
Eso pareció convencer a Remus, aunque el hombre lobo aún lucía renuente.
–De acuerdo, insisto que vengas y me ayudes a limpiar el lugar. De acuerdo a Andrómeda, ha estado vacío por seis años y sólo Merlín sabe que está creciendo dentro. Quizás me dé un ataque al corazón si me encuentro con un boggart, y voy a necesitar toda la ayuda que pueda si quiero que esté lista para la fiesta de Año Nuevo.
–¿Fiesta de Año Nuevo?
–Eso dije.
–¿Desde cuándo estás planeando tener una fiesta de Año Nuevo?
–Desde ahora. Inviten a sus amigos –dijo a Harry y a Hermione, quienes rieron–. ¿Qué dices, Lunático?
–De acuerdo, Canuto –dijo lentamente.
Los dos jóvenes en el bar dieron un salto.
–¡Canuto! –susurraron.
–¿Tienes el mapa? –dijo uno al otro–. Por favor, dime que tienes el mapa.
–Por supuesto que tengo el mapa –dijo el otro niño–. Tuve que traerlo, por si acaso. –Ambos niños tenían permiso de ir a Hogsmeade, pero siempre tenían la opción de regresar al castillo con algo de contrabando y eso requería más seguridad.
–Ha sido un placer conocerlos, Sirius, Remus –dijo Dan mientras los Granger caminaban al carruaje.
–Igualmente, Dan, Emma, Hermione… Harry –respondió Sirius. Después de otra ronda de abrazos y despedidas, los Granger dejaron la posada.
En cuanto lo hicieron, dos jóvenes pelirrojos revoltosos corrieron hacia los magos.
–Disculpe, Lord Black… –dijo el primero sin aliento.
–Sr. Lupin. No pudimos evitar… –continuó el segundo.
–Escuchar…
–Lo que ustedes…
–Dijeron…
–¿Supongo que ustedes son los terribles gemelos Weasley? –preguntó Remus.
–Los únicos –dijo el primer gemelo con una sonrisa.
–Escuchamos sus apodos…
–Y si en verdad son…
–Lunático y Canuto…
–Saben qué hacer con esto. –La última línea fue dicho por ambos gemelos mientras entregaban un gran pedazo de pergamino en blanco. Los ojos de ambos hombres se abrieron más.
–Mira esto, Lunático –dijo Sirius–. Nunca creí volver a verlo.
–Siempre pensé que Filch lo había quemado, Canuto –respondió Remus.
–Aparentemente no. Ya que estos dos lo tienen, supongo que aún funciona.
Con amplias sonrisas, los merodeadores tocaron el pergamino con sus varitas.
–Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas –dijeron al mismo tiempo.
Líneas de tinta salieron de las puntas de sus varitas, llenando el pergamino y formando palabras:
Los Sres. Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta
Proveedores de ayuda mágica a los traviesos
Se enorgullecen en presentar
EL MAPA DEL MERODEADOR
Fred y George cayeron sobre sus rodillas de inmediato, haciendo reverencias a sus héroes.
–¡No lo merecemos! ¡No lo merecemos!
Sirius y Remus aullaron una carcajada.
–Nunca creímos poder tener la oportunidad de conocerlos –dijo uno de los gemelos.
–Este mapa ha sido el secreto de nuestro éxito –agregó el otro.
–Fred Weasley…
–Y George Weasley…
–A su servicio –dijeron juntos con otra reverencia.
Sirius se rio de nuevo.
–Oh, esto es genial –dijo–. Tengo que enseñárselo a Harry. –Y con eso, salió corriendo y gritando–. Dan, Emma, ¿puedo hablar con Harry por un momento?
Un minuto después, Harry regresó a la puerta con Sirius. Se acercaron a los gemelos.
–Sres. Weasley y Weasley –dijo Sirius formalmente–. Quisiera presentarles al Sr. Raticida… Hijo de Cornamenta.
Las quijadas de Fred y George cayeron al suelo.
–Harry, esta es nuestra mayor creación –dijo Remus–. El mapa del merodeador. Muestra todo lo que ocurre en el castillo y todos los pasadizos secretos.
–Increíble –dijo Harry mientras examinaba los pequeños puntos moviéndose en el pergamino, cada uno marcado con un pequeño nombre.
–Ha sido una maravillosa ayuda para nosotros… Sr. Raticida –dijo Fred.
–Así es… –una expresión de terror atravesó el rostro de George–. Pero si ustedes son Lunático, Canuto, y el Hijo de Cornamenta –dijo con astucia–, entonces Colagusano era…
–Nuestro conocido mutuo, la Rata –confirmó Sirius con fiereza.
–¡Qué asco! –Escupió Fred.
–No merece que su nombre aparezca en este documento sagrado –agregó George.
–No, tienen toda la razón –dijo Sirius–. ¿Recuerdas los hechizos para modificarlo, Lunático?
–Eso creo, Canuto.
Ambos hombres agitaron sus varitas sobre el mapa, murmurando el encantamiento.
–El Sr. Lunático y el Sr. Canuto han encontrado al Sr. Colagusano culpable de traición del mayor nivel: una infracción al Honor del Merodeador, resultando en la muerte del Sr. Cornamenta. Por lo tanto, el Sr. Colagusano es inmediatamente e irrevocablemente expulsado de los merodeadores.
Repentinamente, el mapa se sacudió y la tinta dio vueltas. Harry podía haber jurado que escuchó un grito de dolor salir de este. Cuando se calmó, la primera línea decía, Sres. Lunático, Canuto, y Cornamenta.
–Mucho mejor –dijo Remus.
–Definitivamente –dijeron Fred y George. Ambos dieron un golpe al mapa con sus varitas–. Travesura realizada. –Después se susurraron por un momento–. Sr. Raticida –se dirigieron a Harry.
–Por mucho que nos duele… –comenzó Fred.
–Y en verdad nos duele…
–Creemos que esto le pertenece. –Y le entregaron el mapa.
–Esperamos que nos lo preste de vez en cuando.
–Eh, claro, gracias… –comenzó Harry.
–Esperen un momento –Sirius los detuvo, quitándoles el mapa–. Yo soy el padrino aquí, Harry, y no sería responsable de mi parte el confiarte tanto poder… –Sonrió y le entregó el mapa–. Así que no dejes que te descubran.
